¡Por fin! Siento la espera.

Debido a ciertos acontecimientos que tuvieron lugar hace unos días, aprovecho para recordaros que no puedo subir capítulos tan rápido como me gustaría. Algunos pueden tardar más de lo previsto, por lo que os pido paciencia y, de haber algún contratiempo, seré yo misma quien os informe de ello, no terceras personas. Terminaré esta historia, cueste lo que cueste. ;)

Ahora, antes del nuevo capítulo, voy a responder algunos comentarios de forma general:

Varios me habéis comentado lo de "The Proposal", así que me gustaría aclarar que nunca ha sido mi intención que la historia se pareciera. Aunque algunas escenas se parezcan, debo recalcar que la situación de dos personajes que se hacen pasar por casados o prometidos ya existe en varios libros y películas. Por ejemplo, Leap year; una que recomiendo que miréis si queréis pasar un buen rato. ;)

Por otra parte, quiero remarcar que, en éste caso, la situación afecta sobretodo a la familia y entorno de los protagonistas. No hace falta olvidar que Zootopia remarca mucho el tema del racismo y el estatus social, que también ha sido utilizado en numerosas ocasiones por las parejas de Hollywood. Shrek podría ser otro ejemplo.

Eso me lleva a mencionar que, aunque Nick no tenga antecedentes penales, ser estafador y evadir impuestos ya se consideraría un crimen, ¿no? Aunque sea menor. Si no recuerdo mal, Judy dice en la película que puede incluso ir a la cárcel por ello. Aunque Glenn no encontrara información peligrosa, el simple hecho de tener un pasado de ese tipo puede afectar a la reputación de Judy en Bunny Burrows y, por consiguiente, a su família, por lo que podrían perder hasta los clientes que les compran las verduras.

Respecto al tema depredador, es curioso que no se mencione pero, ¿los carnívoros se han vuelto herbívoros en la película? No recuerdo si hay algún restaurante de sushi por ahí, pero los peces también son animales. Lo que quiero decir es que, si los depredadores no comen carne porque es animal, entonces se han vuelto hervíboros. El toffu en la escena de la comida me pareció una buena opción para contrarrestar eso. No olvidemos que Nick, en la vida real, sería carnívoro. Por cierto, las bayas de la película, si no recuerdo mal, son arándanos ("blueberries" en inglés).

Y ahora sí, capítulo 10… ¡a leer!

Y la música es...

Conversación de Judy con su madre:

- An early sunrise (Leap year) - Randy Edelman

- A steep but beautiful climb (Leap year)

Escena en la noria:

- Ballycarbery castle (Leap year) - Randy Edelman

- Ana's theme (Leap year) - Randy Edelman

- A steep but beautiful climb (Leap year)

...

Capítulo 10: Vistas dramáticas.

Bonnie iba a necesitar bastante ayuda para fregar los platos, así que su hija se ofreció voluntaria. Aparte de su padre, no quedaba ningún otro adulto en casa que formara parte directa de la família. Los hermanos mayores trabajaban en el campo o fuera del pueblo y ya se habían independizado. Por otro lado, muchos habían acudido a recibirla a la estación en su llegada, a pesar de lo ocupados que pudieran estar. Era algo muy bonito tener a una familia tan unida, incluso si no estaban juntos.

Su madre comenzó una conversación superficial sobre el tiempo y la cantidad de comida que tenía que cocinar cada día, pero Judy sabía que estaba deseando sacar el tema sobre lo que había ocurrido con Glenn. En parte, la policía se sentía decepcionada, pero sabía que sus padres siempre actuaban en base de sus creencias; y en este caso, sólo buscaban lo mejor para ella.

Queriendo facilitarle la tarea a Bonnie, Judy sacó el tema.

—Es curioso pero… a pesar de todo el lío con Glenn, me alegro de estar aquí.

Bonnie bajó las orejas con aire culpable.

—Cariño… si hubiera sabido que…

—No te preocupes, mamá. —Judy le sonrió con ternura. —Yo tendría que haberos contado lo de Nick hace… mucho tiempo. —Apretó los puños bajo el agua del salpicadero, sintiendo el peso de la mentira en su conciencia. —Además, estas cosas hay que hablarlas. Una no decide a quien querer. Tu te enamoraste de papá por su forma de ser y yo… supongo que me sucedió lo mismo con Nick.

Se mordió el labio inferior, pensando que eso no se lo creía ni ella. ¿La forma de ser de Nick? ¡Pero si era precisamente todo lo contrario de lo que consideraría su pareja ideal…! Recordó todo por lo que habían pasado, sus comentarios sarcásticos, los intentos por escapar de las responsabilidades, la forma en que se burlaba de ella… y entonces aparecieron en su mente los momentos en que sí habían logrado conectar. Entre ellos, el viaje en teleférico tras su fatídico fracaso con el jefe o el momento en que habían decidido ser compañeros de equipo y… todo cuanto había venido después. Aquella mirada cómplice de ojos esmeralda, a juego con un hocico respingón y divertido, lograron dibujar en sus labios una pequeña sonrisa que no pasó desapercibida para la madre, quien no pudo evitar suspirar.

—Realmente le quieres, ¿no es cierto?

Judy levantó las orejas, atrapada de improviso con la pregunta. Su cabeza buscaba una excusa pero su voz fue más rápida.

—Somos pareja, mamá. Si no lo quisiera… no estaríamos juntos. —Aunque se negara a admitirlo, sus mejillas habían adquirido un tono más cálido que de costumbre y notaba cierto calor emanando de su propio pecho. Volvió a centrarse en la vajilla para evitar pensar más de la cuenta y un silencio incómodo se abrió paso en la cocina, con el burbujeo del jabón y el agua corriente de fondo.

Bonnie miró a su hija de reojo y no le quedó más remedio que aceptarlo. Su pequeña ya no era una niña. Fuera quien fuera, aquel que la hiciera feliz no necesitaba su aprobación, ni tampoco la de su padre.

Reprimiendo la falta de aire en los pulmones, atrapó un trapo y comenzó a secar los platos que Judy iba dejando escurrir. Cuando ya no pudo soportarlo más, la atrapó y la abrazó con todas sus fuerzas.

—Te queremos mucho, tesoro. Elijas lo que elijas, te apoyaremos.

Judy sustituyó la sorpresa por el alivio en cuanto sintió el afecto de aquel contacto. Si bien había sido una estupidez lo de buscarle novio, en el fondo no podía enfadarse con sus padres. Los quería tanto como ellos la querían a ella y jamás habría podido guardarles rencor por un asunto que ya estaba prácticamente solucionado.

Secándose las patas en el delantal, se dio la vuelta y le devolvió el abrazo a su madre con ternura, olvidando todo el estrés que había pasado en las últimas horas.

—Yo también os quiero mucho, mamá. —Y añadió: —Terminemos de pasar bien la semana y aprovechemos el tiempo juntos, ¿de acuerdo?

Bonnie sonrió con lágrimas en los ojos y asintió con la cabeza mientras se separaba suavemente del apretón.

—Será...—intentó recuperar la serenidad — será mejor que nos arreglemos si queremos ir a la feria.

—Ve primero, yo me encargaré de terminar esto.

—Pero…

—No te preocupes y aprovecha que tienes un poco de ayuda para variar, anda. —Judy empujó suavemente a su madre para que saliera de la cocina y se quedó terminando la vajilla.

Tras varios minutos, cuando estuvo segura de haberse quedado sola, se detuvo y suspiró profundamente.

...

Media hora más tarde, todo el mundo estaba preparado. ¡Hora de salir! Y cuando la família Hopps tenía que salir, era todo un espectáculo.

Decenas de conejitos saltaban por la calle animosamente, riendo y charlando sobre las paraditas que iban a ver o las atracciones donde iban a montar. Y suerte tenían Bonnie y Stu que muchas de ellas fueran gratuitas por la generosidad del alcalde de Bunny Burrows; de lo contrario habrían tenido que gastar una fortuna.

Como algunos de los hermanos mayores de la família sólo trabajaban por la mañana, se sumaron a la excursión para ayudar a cuidar de los más pequeños. Y es que no era tarea fácil encargarse de cien gazapos que no llegaban ni al año de edad. Acertadamente, los Hopps habían decidido que doscientos setenta-y-seis querubines eran más que suficiente y Bonnie no había vuelto a embarazarse desde hacía meses, por lo que los más pequeños superaban las etapas iniciales de salto y primeras palabras.

Judy pudo aprovechar la ocasión para entablar un poco de conversación y enterarse de cómo les iba la vida a Violeta, Martin, Kaleb, Daisy y otros tantos que se habían unido a la fiesta. Aunque sus reacciones ante la supuesta relación con Nick fueron similares a las de sus padres, no fueron tan estrictas. Algunos incluso sintieron curiosidad por la forma en que se habían "enamorado", algo a lo que Judy no sabía muy bien cómo responder.

—Simplemente pasó. —Decía, para salir del apuro y ahorrarse las explicaciones.

En lo que se refiere al zorro, Karin lo monopolizaba bastante, aprovechando que su hermana estaba tan ocupada. El hecho de compartir un secreto como el que tenían, los acercaba considerablemente. Y aunque Bonnie no estuviera completamente tranquila con Nick ocupándose de su pequeña, no podía negar el don que éste tenía con los niños. La mayoría ya se habían acostumbrado a tenerlo cerca e incluso le preguntaban sobre sus aventuras como policía.

Llegados a la entrada del recinto donde se había instalado la feria, llegó el momento de organizarse. Ir todos juntos sería un engorro y la mayoría de los niños no se ponían de acuerdo con qué empezar así que, aprovechando el gran número de adultos, los críos se dividieron en grupos, de menor a mayor edad y por gustos. Unos iban a pasar por la noria, otros por el laberinto de espejos, otro grupo comenzarían por las paradas de dulces… y así todo el mundo contento.

Sin embargo, los adultos supusieron que Judy y Nick se alegrarían de pasar unos minutos a solas después de toda la mañana rodeados de família, incluso si ellos no habían dicho nada al respecto, así que los libraron de tener que hacer de niñeras. O así habría sido si Karin no se hubiera escondido para pasar desapercibida mientras los otros se alejaban.

Bonnie y Stu fueron los últimos en marchar con los más pequeños de la casa y el dúo dinámico, o mejor dicho, trío, se quedaron a solas.

Agradeciendo los pocos segundos de tranquilidad, Judy pudo por fin dejar de fingir su sonrisa y respirar profundamente.

—Deduzco que una siesta te sentaría de fábula ahora mismo. —Murmuró Nick, burlón, mientras la veía luchar contra sus demonios.

—No me hables. —Respondió ella, masajeándose las sienes. —Empiezo a pensar que debería haberme quedado en la ciudad. Al menos no estaría lamentándome.

—Pues yo creo que te preocupas demasiado. —Añadió la pequeña, echando a un lado la cola de Nick para pasar.

—Tú... —Judy estuvo por estirarle de las orejas a su hermana, pero se contuvo. —Para tí es muy fácil decirlo. ¿Sabes lo que me está costando mentir a papá y a mamá? ¿Lo sabes?

La niña se encogió de hombros inocentemente.

—Ellos tampoco te dijeron la verdad, ¿no?

—De todas formas —añadió Nick, para poner paz —, te has librado de una buena con lo de Flenn.

—Glenn. —Replicó Judy, apretando los dientes.

—Como sea. —Nick le restó importancia con la mano. —Te hemos salvado de montar una escena mucho peor. Además, no creo que nadie nos pida una demostración de nuestro… amor. —Sonrió con sorna. —Lo único que tenemos que hacer ahora, zanahorias, es terminar de pasar la semana y divertirnos.

—¡Exacto! —Karin se puso en medio y atrapó las patitas de ambos. —Ya que estamos hasta aquí, vamos a pasárnoslo bien. —Sonrió en dirección al zorro, con ojitos dulces. —¿Y qué mejor manera de comenzar el paseo que comprando algodón de azúcar, verdad Nicky?

Él arqueó una ceja.

—¿A mí me lo dices?

—¿No vas a comprarle un dulce a tu "cuñadita" favorita? —Ella sonrió con malícia. —Piensa que somos… socios. Te interesa tenerme contenta.

Nick dejó escapar una risita, casi divertido por la picardía de la niña.

—Tú no te andas con chiquitas, ¿eh?

—Se llama chanchullo, querido. —Añadió Judy, algo más relajada y con una semisonrisa que delataba la mengua de su mal humor. —Anda, vamos a por esa nube pringosa.

—¡Sí! —Karin comenzó a saltar sin soltarles la mano, elevándose un poco más alto cuando ellos tiraban de sus brazos como si fuera una muñeca, acompañando su bailecillo y sonriendo ante la posibilidad de pasar una divertida tarde juntos.

Poco imaginaban que, no muy lejos de ese preciso lugar, el objetivo de una cámara los inmortaliza a la luz del atardecer.

….

La feria era increíblemente grande. Los tenderetes de comida y dulces se alineaban a lo largo de un paseo muy espacioso, repartiendo diferentes aromas que inundaban el ambiente, atrayendo a los golosos que buscaban deleitar su paladar. Algodón de azúcar, palomitas, gofres de maíz, manzanas de caramelo, hierba confitada, chucherías varias, crêpes de almendra y garrapiñadas, piscolabis de flores, pastas saladas y hasta granizados. Todo en sí un bello conjunto de colores y sabores que harían las delícias de cualquiera.

¿Y qué decir de las atracciones? Había tantas y tan distintas que costaba escoger. Sin embargo, la pequña Karin lo tenía muy claro.

—¡Quiero subir ahí! —Exclamó, señalando hacia la noria y aguantando una enorme nube rosada con la otra mano.

—¿Ahí? —Su hermana observó la cola y calculó que la espera no pasaría de los veinte minutos. —¿Estás segura? ¿No prefieres el tiovivo o…?

—Quiero ver la puesta de sol. —Respondió la niña.

Nick se encogió de hombros cuando Judy le lanzó una mirada interrogativa. Otras criaturas habrían preferido el trenecito de la oruga o los cochecitos escarabajo de choque, pero Karin prefería las altas vistas de una rueda que no parecía tener más diversión que eso, girar…

Aceptó, no obstante, su decisión y se pusieron a la cola, seguidos por una pareja de cobayas enamoradas, tres ratoncillas adolescentes que no dejaban de reír y un hurón solitario con cámara de fotos.

La espera no duró más de diez minutos y el feriante responsable de la atracción los introdujo en la cabina número cinco; no sin sorprenderse por la presencia del zorro y la tranquilidad de las dos conejitas. Incluso les dijo que lo avisaran si querían bajar antes de tiempo; comentario que Nick decidió pasar por alto. Ya estaba acostumbrado; lo que no significa que le complaciera la situación, pero podía entender la reacción de otros conejos frente él.

Judy y Karin se sentaron juntitas, delante de su acompañante, y la cabina se elevó lentamente, alejándolos de la realidad hacia una visión de color anaranjado que bañaba todo el valle. Karin se puso de rodillas para mirar por la ventana, contemplando la viveza del verde que se había vuelto casi marrón, el brillo de la hierba en los tejados naturales de algunas casas, el resplandor del astro rey en el agua del gran lago con barquitas moviéndose entre sus aguas, el fuego cegador en el que se habían convertido los árboles… Un cuadro que se reflejaba en sus ojos y en los de su hermana, acompañado por dos sonrisas soñadoras y llenas de encanto.

De hecho, Judy no recordaba haber visto jamás una puesta de sol tan hermosa. Cuando era pequeña siempre prefería los juegos de tiro o el salto de la rana, pero la noria jamás había formado parte de su lista. Y aunque la vez en que había viajado con Nick en el teleférico, el sol salía, no le había prestado demasiada atención por las circunstancias en las que estaban envueltos. Ahora sí podía ver y saborear un momento de paz. Y ciertamente, lo estaba disfrutando más de lo que imaginaba.

—¿Añadimos esta experiencia a nuestra lista de favoritos, zanahorias? —Nick le sonrió de refilón, observando también el paisaje con un codo apoyado en la ventana y su mejilla descansando en la palma.

Ella lo miró, consciente de que se había olvidado completamente del mundo, y le sonrió de vuelta.

—Sin duda.

—¡Mirad, mirad! —Gritó Karin, toda emocionada. —¡Papá y mamá están allá abajo!

—¿A ver? —Su hermana se asomó por encima de la pequeña. —Ah, es verdad.

—Que pequeñitos son.

Judy sintió el aliento de Nick entre sus orejas y se dio cuenta de que lo tenía justo detrás. Una extraña sensación se apoderó de su estómago, pasando sin aviso a su corazón, que le propinó un pequeño golpe de efecto, dejándola sin respirar durante poco menos de un segundo, tiempo suficiente como para desequilibrarla.

La cabina se detuvo de repente, balanceándose, y Judy sintió tambalear levemente su cuerpo hacia atrás, cayendo inevitablemente entre los brazos del zorro, que la sujetó al vuelo.

—¿Todo bien?

—Sí, sí. Es que me ha tomado desprevenida. —Se excusó ella, riendo para disimular. —Razón de más para regresar al asiento…

—¡Oh! —La pequeña saltó del suyo y se subió al que antes había ocupado Nick. —¡Puedo ver nuestra casa desde aquí!

—¡Karin! ¡Bájate de ahí y vuelve a tu sitio!

—¡Pero me gusta más este!

—Oye…

—Déjala. —Intervino Nick, sentándose junto a su compañera de fatigas y colocando un brazo en el respaldo tras de ella. —Está disfrutando; ¿no la ves, que feliz?

—La seguridad es lo primero. —Judy evadió el cosquilleo en su columna y se levantó un momento para sentar a Karin y abrocharle el cinturón que había incorporado al asiento. —Así es mejor.

—Pero así no puedo ver lo que hay detrás… —Se quejó la niña.

—Pues mira por la ventana que tienes al lado. —Su hermana volvió a su asiento y se cruzó de brazos. —No quiero que nos llamen la atención por no saber controlarte.

Karin resopló y también se cruzó de brazos.

Nick suspiró.

—Bueno, ¿podemos admirar al menos la luna sin enfadarnos?

—¿La luna? —Las dos miraron por encima de sus cabezas, a través de la transparencia del cristal, y se toparon con una enorme luna llena que comenzaba a ganar fuerza tras la ya casi terminada puesta de sol.

—Woah… ¡Es...

—¡Preciosa! —Exclamó Judy, perdida en la belleza del satélite estelar. No vio, sin embargo, la mirada nostálgica que le dirigió un pobre zorro de ojos esmeralda, incapaz de mover la pata para tomar sus hombros.

—Sí… preciosa.

Puede que fuera por el tono en su voz, pero las amatistas de Judy se centraron en Nick para interrogarlo.

—¿Pasa algo?

La sonrisa en sus labios evadió cualquier duda.

—Que empiezo a tener algo de hambre.

—Deberías haberte comprado una nube como la mía. —Replicó Karin.

—Entre tu nube y la noria me habés dejado con un agujero en los bolsillos. —Contraatacó él. —Pobre de mí, muerto de hambre y de sed sin ningún consuelo.

Ella enarcó una ceja.

—Realmente serías un buen actor.

—No lo sabes tú bien. —Añadió la hermana mayor.

—Eso, burlaros de este santo vulpino, que ha dado hasta su último céntimo para que vosotras podáis disfrutar de la tarde.

—Déjalo ya, esto que estamos haciendo no toca ni el dos por ciento de tu sueldo.

—Tengo muchos impuestos que pagar. —Nick sonrió a su compañera de oreja a oreja, con ese rictus que lo caracterizaba, y ella le respondió con el mismo gesto.

—Que yo sepa, alguien te "perdonó" el tener que pagar ciertas deudas pendientes hace tiempo.

Él evadió el comentario con inocencia fingida.

—No sé de qué me estás hablando.

—Un poco más cerca... y hasta podríais besaros.

El comentario cayó como una bomba encima de la "parejita", que se apartaron bruscamente a cada punta del asiento mientras Karin se los miraba con los codos en las rodillas, soportando una sonrisa picarona que lucía en su morrito peludo.

Sin embargo, los comentarios sin sentido que Judy estaba escupiendo en defensa propia, perdieron su atención cuando un brillo apareció a sus espaldas.

El sol se reflejaba en el objetivo de una cámara que parecía haber perdido de vista el paisaje y que los tenía en el punto de mira. El hurón, al captar la mirada curiosa de la niña, desvió la cámara hacia la lejanía, como si hubiera encontrado otra fuente de inspiración, pero su mala actuación no pasó desapercibida para la conejita.

Entonces, la cabina comenzó a moverse de nuevo, regresando al punto de partida y correspondiendo a las plegarias internas de la policía por salir de aquella burbuja que, de repente, se había vuelto asfixiante.

Justo detrás, también bajó el fotógrafo, alejándose lo justo para que nadie los relacionara. No obstante, Karin ya lo había calado. Desconocía el motivo o el interés que podía tener en ellos, pero no iba a quedarse de brazos cruzados.

Aprovechando la confusión entre los que subían y los que bajaban de la atracción, tiró de la manga de Nick para que acercara su oreja.

—No mires, pero ese hurón al lado de la farola nos estaba haciendo fotos. —Le susurró.

El zorro hizo ver que se sacudía polvo del pantalón y echó una ojeada al sospechoso que, efectivamente, estaba posado en la farola como si nada, disimulando mientras el objetivo apuntaba en su dirección.

—Tienes razón. —Susurró sin mover los labios. —Aguarda.

Se dirigió hacia Judy, que estaba todavía recobrando la compostura, y ella se asustó cuando le colocó una garra en el hombro.

—¡¿Qué?!

—Tranquila. —Aunque su reacción le hubiera sorprendido, había cosas más importantes de las que encargarse ahora. —Escucha, mírame y haz ver qué estamos decidiendo qué atracción escogemos ahora.

—¿Por qué? —Ella se serenó ante su extraña petición.

—Al parecer tenemos un admirador. —Nick se puso frente a ella, de espaldas al mirón, y le indicó su posición con los ojos. Ella lo observó brevemente a través del hueco de su brazo en jarra y él añadió: —Karin dice que ha estado tomando fotos de nuestra cabina en la noria. Y me apostaría la cola a que ahora mismo también lo está haciendo.

Judy arrugó su naricilla. Si hay algo que no soportaba, eran los fisgones; y mucho menos que le tomaran fotos sin su permiso.

—Será mejor que no sepa que nos hemos dado cuenta. —Susurró Nick. —Vamos a caminar un poco y pensemos en la forma de… —no llegó a terminar la frase que Judy ya se había escabullido en dirección al sospechoso.

Éste, nada más captar el movimiento, atrapó la cámara con ambas manos y echó a correr, acto que desató una reacción en cadena. Judy se lanzó a la carrera, olvidándose de Nick y de su hermana, y reactivando sus habilidades profesionales.

—¡Alto! ¡Policía! ¡Deténgase en nombre de la ley!