Hola a todos! Espero que hayan pasado una muy Feliz Navidad y que hayan comido a reventar y también espero que Santa les haya traído todo lo que pidieron y no un carbón como a mi. Así que tuve que tomar el dinero que había guardado y salir en busca de mis juegos para mi PS3.
Pasando a lo otro, aquí les traigo el nuevo capitulo de la historia. Espero que les guste mucho. Ahí me dejan un review como regalo de navidad
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~ 1 ~
Miraste por enésima vez tu armario, no había nada que pudieras ponerte para esa noche especial. ¿De cuando acá las reuniones de la secundaria eran de gala? ¿Qué no podrían haberlo hecho en el plantel en lugar de un salón de lujo?
Devolviste la mirada hacia la cama en donde descansaba un vestido de color azul rey de tirantes, al menos era largo. Suspiraste y después de pensarlo dos veces te lo pusiste.
Miraste tu reflejo en el espejo, satisfecha con lo que veías, al menos haber estado fuera de tu hogar expuesta a tanto ejercicio te había hecho bajar los kilos extras que tenias. Ahora si, lucir un vestido como esos era digno de ti…apenas caminaste para colocarte unas sandalias te diste cuenta de un detalle… el vestido tenia una abertura que llegaba casi hasta tu muslo, apenas y podías caminar sin que se abriera.
-Hija… ya llego Leonel- te llamo tu madre mientras cerrabas la abertura con la mano
-Ya voy- respondiste -¿a este quien lo invito?- susurraste para ti, pues se supone que ibas a ir sola por obvias razones (Leonel no era de tu generación, apenas lo habías conocido en la universidad) como se había enterado, ya después averiguarías. Te colocaste unos zapatos del mismo color, la altura del tacón apenas era de 4 cms.
-Te ves hermosa "-"
-Supongo que gracias- le respondiste con un humor que apenas te soportabas –oye mamá, ¿de donde sacaste este vestido?
-Se lo pedí a la vecina- te respondió quitada de la pena mientras terminaba de arreglar tu cabello el cual lo llevabas elegantemente recogido, alguno que otro mechón salía de tu peinado –Te ves hermosa
-Si, lo que sea- respondiste cansada -¿a que viniste?- le preguntaste a Leonel mientras salían a la calle.
-Para ir contigo- te respondió mientras te tomaba de la mano –la invitación era para parejas y no podía dejar que mi novia fuera sola
-Pero no eres de mi generación- le respondiste mientras esperaban a que llegara un taxi –no conoces a nadie
-Te conozco a ti- te dijo sonriente
-Como quieras- le respondiste
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El carro de alquiler paso de inmediato, mientras tanto Leonel te iba platicando de lo que había hecho él cuando estaba en sus años de secundaria, no te sorprendió escuchar que había tenido un poco mas de 7 novias en ese periodo, era atractivo, alto, delgado para nada musculoso, pero tenia un encanto que deslumbraba, aunque también era algo arrogante, pues el que dijera que las chicas se peleaban por él no te había parecido nada gracioso. La platica ceso en el momento en que le llamaste por Milo y después por Aioria, recordando que estos dos eran los dos chicos mas coquetos que habías conocido en el Santuario. Después de eso tuviste que dar una explicación demás de 20 minutos, sobre ellos, los cuales habías conocido cuando estuviste de "intercambio" ya no te acordabas en donde. Leonel te exigió que siguieras hablando de ellos, "deja de molestar ya Saga"… los colores de tu rostro te abandonaron, ahora te habías acordado del mayor de los gemelos, y ahí otra tanda de explicación.
-Como que te juntaste con puros hombres- te dijo algo molesto por las vagas explicaciones
-Siempre he tenido mayor entendimiento con los chicos que con las chicas- le respondiste mientras caminabas hacia la entrada de aquel elegante salón
-Espero que eso cambie- te dijo mientras te tomaba de nuevo de la mano –no me gustaría que estuvieras hablado con chicos a mis espaldas
-¿De cuando acá eres celoso?- le preguntaste mientras entregabas la invitación y los dejaban pasar.
Te colocaste una pequeña plaquita en el tirante derecho de tu vestido y firmaste la hoja en la que confirmabas tu asistencia. La miraste lentamente buscando tu nombre, aunque la verdad, aun recordabas el numero que te correspondía, solo buscabas a tus amigos con los que tanto te habías llevado. Todos estaban ahí. Te adelantes unos pasos, el sonido de la música de inmediato llego a tus oídos, barriste el lugar con la mirada, todos los presentes se encontraban élegamente vestidos, las chicas habían utilizado su mejor gala de la noche, suspiraste y agradeciste mentalmente a tu madre el que hubiera pedido ese vestido prestado, ahora sabias que haber acudido en mezclilla te hubiera convertido en el centro de las miradas. Te percataste de que habían algunas mantas que colgaban, indicando el lugar y grupo al que pertenecías, viajaste al que estaba marcado con la letra E, el grupo especial…. El Coro de la Secundaria.
-¿"-"? ¿eres tu?- te pregunto una voz que te llamo a tus espaldas, pues estabas muy ocupada buscando donde sentarte
-¿Mario?- le preguntaste al chico que se encontraba frente a ti, unos centímetros mas bajo que tú, no había crecido mucho -¿Mario Moreno?
-De verdad eres tú- te respondió mientras te abrazaba –has cambiado mucho
-Tú no has crecido. Sigues igual de bajito que siempre- le respondiste
-No cambias "-", tenia la ilusión de que habías madurado pero sigues igual que siempre, la misma chica torpe- sonreíste hasta que el insulto salió a flote, eso amplio la sonrisa de tu antiguo amigo –ven, tienes que saludar a los demás- te dijo mientras te tomaba de la mano y te jalaba hacia otro lugar.
Leonel se quedo unos pasos atrás de ti, lo buscaste con la mirada, se veía que no la estaba pasando nada bien y eso que apenas habían llegado. Durante el trayecto muchas personas te saludaron agitando su mano o sonriéndote, recordabas sus rostros vagamente, apenas habías intercambiando con ellos algunas palabras, pero lo que mas te hizo sentir especial, es que después de mas de 8 años aun se acordaban de ti. Mario te platico que tus antiguos compañeros estaban en una esquina en especial, pero al nombrar a Renné tu mundo paro. Ese nombre, ese chico… tú primer amor.
-Miren chicos a quien traje- anuncio Mario mientras se detenida en el grupito
-¿Eres "-"?- pregunto un antiguo chico rubio -¿De verdad eres tu?- te volvió a preguntar mientras asentías –Que cambiazo, mira que linda estas, ya no estas gordita
-Eso no se le dice a las mujeres Adrián- le respondiste mientras sentías arder tu Cosmo
-Es que es la verdad, mírate- te dijo mientras hacia que dieras una vuelta en tu mismo lugar –estas hecha toda una bella mujer
-Ahora que lo veo- le comentaste mientras lo veías bien -¿Cuándo fue que creciste? Eras mas bajo que yo, ahora me pasas y eso que traigo tacones
-Lo vez, la gente cambia- te dijo mientras sonreías, miraste a todos los chicos, David, Israel, Isidro… los chicos que se convirtieron en tus amigos, pero no estaba el que Mario había mencionado, te sentiste aliviada
-Hay que darle la razón a Andy- escuchaste una voz a tu lado, alguien había posado su brazo sobre tus hombros, desviaste la mirada hacia Leonel que estaba hecho una furia
-¿Tú crees?- preguntaste mientras ocultabas perfectamente tus nervios, sentías que te ibas a desmayar en cualquier momento, era él –Renné, me asfixias
-Claro. No cambias "-"
-El que no cambia eres tú. ¿Qué confiancitas son estas?- le preguntaste mientras te deshacías de su agarre, pero ahora había encerrado su brazo en tu recién adquirida cintura
-La que da los años- te respondió
A tu lado se encontraba aquel chico por el cual habías estado suspirando tus años de secundaria. Seguía igual que siempre, alto y de un buen cuerpo, sus ojos aun destilaban aquella seguridad de si mismo, aun mantenía ese perfil arrogante y su ya porte "soy el mejor de todos"
La platica se desarrollo de lo mejor, tomaste asiento a lado de ellos mientras que Leonel se había quedado callado, no era por nada pero cada vez que lo veías le indicabas con la mirada de que le habías advertido que no se colara al evento contigo. Comieron entre risas y platicas, hacías todo lo que podías para poder incluir en ellas a tu novio, pero cada intento era frustrado por todos los presentes de la mesa, pues los recuerdos que ellos traían a la conversación descalificaban a Leonel para poder participar en ellos.
-¿quieres bailar?- te pregunto cuando la mesa se encontraba medio vacía
-Sabes que no se bailar Leonel- le respondiste de manera cansada, pues en tu vida habías podido bailar en pareja
-Estoy aburrido- te comento a modo de acusación
-Te dije que no vinieras- le respondiste a modo de susurro para que nadie te escuchara –tu solo tomaste la decisión de acompañarme
-Y aun así parece que vienes sola- te respondió acusadoramente –no me has prestado atención en toda la noche, solo con ellos ¿Qué no tuviste amigas?
-Claro que si- le respondiste mientras mirabas la mesa donde la mayoría de tus ex amigas estaban sentadas con sus parejas –pero ellas están allá y a mi me toco sentarme aquí
-Te sentaron aquí, que fue otra cosa- te volvió a acusar
-Vamos a bailar- te dijo Renné que se encontraba de pie a tu lado –a menos que tu novio no te deje ir conmigo- le miro en forma desafiante
-No sabe bailar- le comento Leonel muy molesto mientras te tomaba fuertemente de tu mano, no esperabas ese gesto de celos por parte de él
-Dime algo que no sepa- escuchaste que le respondió –anda "-" vamos a bailar
-Pero….
No pudiste responder negativamente pues te jalo de tu lugar, te soltaste de la mano de Leonel y te paraste en medio de la pista de baile con Renné, este te comenzó a balancear de lado a lado, muy sutilmente, solo rogabas no pisarlo. El tiempo paso así como tres canciones mas en completo silencio, tu mirada siempre se enfoco en el piso procurando no pisarlo.
-Cambiaste- rompió el silencio –lo único que sigue igual son tus cabellos, siempre largos y bonitos
-Tu sigues igual- le respondiste, él te sonrió
-Claro que no- te dijo para detener los movimientos –ven, vamos a fuera
-Pero…
-Déjalo, no se va a ir- te dijo, pues no querías hacer enojar más a Leonel.
Llegaron a la parte de atrás del salón, en ese sitio había algunas parejitas demostrándose todo su amor, bajaste la mirada al piso, después te percataste de que Renné te llevaba aun tomada de la mano, estabas segura de que te encontrabas roja de pena. Se detuvieron en un punto en el cual se encontraban únicamente los dos solos. Te solto de la mano mientras se alejaba unos pasos de ti, te miro de pies a cabeza
-En verdad que has cambiado- te repitió una vez mas –ahora eres todo una belleza, ya no estas gorda y ya sabes hablar de cosas interesantes
-Muy gracioso- le respondiste mientras tratabas de no reír
-Ademas… te has convertido en algo mas que una humana- te dijo seriamente, sin un atisbo de broma o burla en su voz, lo miraste mientras sentías que tu cuerpo se tensaba
-Disculpa- le respondiste -¿Qué quisiste decir?
-Sabes a que me refiero…. Diosa Athena- te comento mientras una sonrisa que lograste deducir, se formaba en su rostro -¿acaso crees que no lo sabia?
-Renné…. Que…- no sabias que decir, en tu mente había una duda que expusiste cuando te armaste de valor -¿Cómo lo sabes? ¿Quién te lo dijo?
-Mi señor- te respondió –quiero decir…. Su hermano el dios Apolo
-¿Cómo dices?- preguntaste mientras retrocedías unos pasos, en dado caso de que tuvieras que escapar de ahí -¿Apolo? ¿El dios del sol?
-¿No creías que serias la única diosa reencarnada? ¿o si?- te pregunto de manera burlesca –solo he venido para darte un mensaje de mi señor- lo miraste retadoramente mientras se acercaba a ti –deja a los Caballeros del Santuario, renuncia por completo a tu divinidad, entrega el control de la tierra a él, quita la bendición que tienes sobre esas personas y mi señor Apolo salvara tu vida
-Eres un estúpido- le respondiste mientras tu Cosmo se elevaba sin darte cuenta
-No soy tan estúpido como para pelear contra un dios, aunque apenas sepa utilizar su Cosmo
-No te vuelvas a acercar a mi- le respondiste mientras regresabas al interior de aquella fiesta, solo irías por Leonel y saldrían de ahí
-Atacaremos el Santuario y acabaremos con la vida de todos los que estén ahí, si no quieres perder la vida y juras lealtad a Apolo podrás seguir viviendo, sino…
-Haz lo que quieras- le respondiste –al fin y al cabo eso no me interesa
-Por supuesto- susurro sin que fueras capaz de escucharlo
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~ 2 ~
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Miraste el calendario que se encontraba en tu escritorio, ese día cumplías exactamente tres meses y medio que habías dejado el Santuario y dos semanas atrás te habías encontrado con el chico de secundaria que había sido tu primer amor para darte cuenta de que servía a Apolo. ¿Hasta cuando dejarían de pasarte esas cosas raras? Miraste entre todos los papeles que había sobre el escritorio, uno de ellos era la orden de compra de un auto deportivo descapotable, tu sueño estaba a una firma para que descontaran tu enganche y tenerlo en un par de días.
Recordaste el Santuario de nuevo, Shion hacia todo lo posible por tratar de llevar las cuentas con el poco dinero que recibía del gobierno griego y otros mas, muy pocos, solo los que conocían de la exigencia de los caballeros de la orden de Athena y tu a punto de dar un enganche de 124 mil…
Abriste el Google, de inmediato te pusiste a buscar aquel pueblo que habías cruzado aquel día junto con tus tres guardianes, pero no recordabas el nombre, te la pasaste todo el día buscando pueblo por pueblo hasta que diste con Rodorio, acomodaste la información en el mapa y salió el lugar exacto.
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-¿Qué te pasa "-"? ¿no te sientes bien?- te pregunto Armando quien se encontraba sentado contigo
-Nada, solo tengo muchas ganas de vomitar- le dijiste mientras alejabas el plato de comida, Leonel que se encontraba a tu lado puso una mano sobre tu hombro
-¿Acaso no estarás…?- insinuó Raquel quien estaba sentada frente a ti
-¡Por supuesto que no!- gritaste pero te arrepentiste en ese momento –solo me siento mal, algo me cayo pesado
Después de eso te retiraste a tu consultorio para poder estar mas tranquilidad sin la necesidad de tener que soportar los comentarios burlones de tus compañeros. Poco a poco las horas fueron pasando para dar por terminado tu horario de trabajo. Apenas hacías poco mas que dar una que otra consulta ademas de acudir a Urgencias cada 30 a 40 minutos, tu reputación de ser una gran medico muy prometedora iba en aumento, lo que nadie sabia era que ademas de aplicar tus dotes de medicina era que aplicabas también parte de tu Cosmo. Y eso era lo que te dejaba agotada, aplicar tu Cosmo todos los días a cada momento
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Acomodaste los cabellos que se habían colocado frente a tu rostro, desviaste la mirada hacia las personas que se encontraban reunidas en aquel lugar, los gritos de tus compañeras y de sus novios llegaba hasta tus oídos, te acercaste a ellos, en ese sitio también se encontraba Leonel quien se reia de las ocurrencias de Elizandro el novio de tu amiga Johanna.
-Lindo lugar "—", aunque para ser sincera nunca pensé que saldrías con nosotros
-No siempre se puede visitar el planetario del Alfa, es una buena experiencia
-¿Cómo la de simular que estabas embarazada?- te pregunto a modo de broma, lo que consiguió molestarte un poco
-Claro que no, solo me sentía mal. El tener nauseas no es un síntoma exclusivo de la maternidad- le respondiste mientras mirabas hacia el techo en donde se encontraban las estrellas brillando, pero las que mas brillaban eran las de las constelaciones.
-¿Las conoces?- te pregunto Leonel mientras colocaba su brazo sobre tus hombros, una sonrisa apareció sin que te dieras cuenta en tus labios y comenzaste a señalar las que tenias frente a tus ojos
-Esa es Escorpión y su estrella guardiana Antares- desviaste la mirada unos centímetros mas –esa es la virgen de Virgo y su estrella guardiana Spica, la otra es Capricornio y su estrella Nashira- te separaste un poco y miraste a otro lado –esa es Tauro y su estrella Aldebarán esa es Aries y Amal…
-Ya parale- te ordeno Myriam mientras te jalaba hacia otro lado -¿de cuando aca eres una experta en las estrellas "-"?
-Pues desde…- cesaste tus pensamiento, claro que te habías vuelto experta con esas constelaciones. Shion te había enseñado cada una de las 88
Seguiste estando en aquel lugar durante unas horas mas, en ese periodo seguías ilustrando a todos los presentes sobre las 12 constelaciones que habían en el cielo alrededor del sol, sobre sus estrellas principales y sobre la historia de cada una de ellas. Algunos de tus amigos se encontraban ya hartos de tus explicaciones pero tu seguías muy feliz, ademas muchos niños se habían reunido a tu alrededor ademas de personas adultas y de tu edad, cada uno de ellos poniendo atención a tus palabras, los niños te preguntaban acerca de las historias y tu muy sonriente las contabas bajo el brillo artificial creado por aquel planetario.
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-Te robaste toda la atención "-"
-¿Estas enojado Leonel?- le preguntaste mientras te colocabas el cinturón de seguridad y lo mirabas fijamente pues el tono de voz que uso era serio y muy molesto -¿Cuándo me vas a enseñar a conducir?- le preguntaste para desviar la atencion
-Cuando estés lista- te respondió mientras ponía en marca su Chevy rojo 2006
-Estoy lista- le susurraste mientras mirabas hacia el frente. El silencio se hizo presente mientras las calles pasaban a su alrededor, silencio roto por el mismo Leonel
–El examen para la maestría se acerca ¿lo vas a hacer?
-Claro que si- le respondiste mientras mirabas hacia la ventana –no he desperdiciado 6 años por nada, ya el otro año es de servicio y pienso hacer el examen de la maestría para antes de salir
-Aun no terminas la carrera- te dijo mientras se detenía en un rojo
-Tengo la recomendación de mi jefe- le respondiste muy segura –no será necesario que haga el servicio de un año si llego a sacar un puntaje perfecto en el examen
-¿Has pensado en el matrimonio?- te pregunto, cosa que te sorprendió
-No- respondiste de inmediato –aun soy muy joven. No quiero tener una responsabilidad de ese tamaño. Ademas…. Nadie me asegura que tu y yo lleguemos tan lejos
-Nadie lo sabe- te respondió mientras continuaban su camino -¿Qué revelaron los análisis que te hiciste?
-No tengo ninguna clase de infección ni nada por el estilo- le respondiste para continuar con todo el camino en un absoluto silencio
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Las horas pasaban, los días corrían, las semanas transcurrían y fue así que llego el tercer mes que cumpliste después de que habías abandonado el Santuario, dentro de ti; tus pensamientos se dirigían siempre hacia ellos, los momentos libres siempre los dedicabas a ellos.
Una orden de ultimátum en el cual te avisaban que solo contabas con 72 horas para confirmar la compra del auto deportivo, ahora el descuento iba por un 18% ademas de los primeros 5 años de tenencia gratis y seguro total. Pero por mas que querías firmar algo dentro de ti te lo impedía.
Suspiraste y dejaste de nuevo la orden tirada en el escritorio. El reloj marcaba las 3 de la mañana, la afluencia en el turno nocturno no era mucha, ademas del cansancio en extremo que tu cuerpo llevaba en ese momento hacia que la tentación de dormir unas horas fuera fuerte. Te recargaste sobre la cómoda y acojinada silla revestida de piel negra y dejaste que el fresco viento que anunciaba la entrada del otoño te refrescara un poco.
Abriste los ojos lentamente, parecía que te habías quedado dormida toda la guardia así que te pusiste de pie de inmediato, desviaste la mirada hacia el reloj y este marcaba las 3:15 de la madrugada, se te hizo extraño, tomaste tu bata y caminaste directo a los pasillos del hospital, pero este se encontraba en completo silencio, lo único que resonaban eran tus propios pasos. Caminaste por varios pasillos pero te diste cuenta de que no había nadie ni siquiera la enfermera de guardia o los mismos guardias del lugar.
Los nervios se apoderaron de ti, sentías una fuerte presión en tu pecho…. Ya lo sabias
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~ 3 ~
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-Es un sueño- te susurraste mientras seguías caminando por aquellos pasillos que ya conocías de memoria -¿Disculpa?- llamaste a una persona que se encontraba de pie en medio del pasillo –¿Qué hago hablándole a las personas de mi sueño?- te preguntaste mientras caminas hacia la persona que aun permanecía estática, mostrándote su espalda
-De verdad que eres muy confianzuda… princesa- escuchaste que hablo, te detuviste a unos cuantos pasos
-¿Disculpa?- preguntaste mientas a ti acudía la misma duda de siempre, ¿Por qué diablos siempre te hacías la desentendida cuando te hablaban de esa manera?
-De verdad, es un honor conocerte por fin… hermana mía- te dijo mientras lo veías por primera vez
Lo primero que viste fue su altura, demasiado alto, mas alto que tu. ¿De cuando aca todas las personas que conocías eran mas altos que tu? Sus ropas no te sorprendieron en lo absoluto, jeans y una camisa deportiva del equipo del Barcelona. Sus cabellos eran cortos y de un hermoso color chocolate que brillaba gracias a la luz blanca del hospital. Pero sus ojos, esos ojos no parecían normales, esa mirada era un color oro fundido, de verdad, parecían dos llamas de oro fundido.
-¿Quién eres?- le preguntaste sorprendida al ver danzar aquellas llamas de oro en su mirada
-Sabes quien soy- te aseguro mientras caminaba la distancia que habías dejado entre ambos –Lo sabes mejor que nadie mi dulce Athena- te susurro mientras posaba su mano en tu mejilla –soy yo… tu amado hermano…
-Apolo- susurraste mientras el seguía acariciando tu rostro
-Tan hermosa Athena- te comento –Eres tan hermosa
-Déjame en paz- le ordenaste mientras alejabas su mano de ti de un solo empujón –no te atrevas a tocarme
-¿Eres tonta?- te pregunto mientras camina por el pasillo que habías recorrido antes -¿o es que vivir con humanos te hizo estúpida?
-Es algo que no te importa- le respondiste mientras comenzabas a seguirlo –ademas, yo siempre te he mostrado mi rostro, mientras que tú… solo te has estado escondiendo en los sueños que he tenido
-¿Sueños?- te comento mientras entraba a una habitación –No Athena… no son sueños, yo los llamaría… premoniciones
-¿De que?- le respondiste, te diste cuenta de donde se encontraban. La habitación de un pequeño que había quedado en coma hacia no mas de unas semanas
-De la destrucción del mundo Athena- te comento mientras acariciaba los cabellos del pequeño que se mantenía con el respirador
-¿Destrucción?- repetiste mientras mantenías la mirada fija en el niño
-Así es Athena- te dijo mientras tomaba la carpeta de los estudios del pequeño y la veía por encima –los humanos han desperdiciado el mundo que nosotros los dioses les hemos dado.
Toda su vida se la pasan viviendo en guerras, destruyendo la naturaleza y los habitantes que hay. Viven solo para satisfacer su avaricia y sus propios deseos, viven solo para su lujuria y se regocijan en el dolor del prójimo. Esconden su hipocresía en actos de "caridad" pero solo lo hacen por apariencia…
-De ser así… ¿a ti en que te afecta Apolo?- le preguntaste
-Athena- te susurro mientras dejaba aquellos papeles sobre el niño -¿no me digas que…?
-Yo pienso igual que tu- le dijiste mientras caminabas por una parte aparte de él para poderte acercarte –Las personas de hoy en día piensan solo en ellos y en nadie mas
-Me alegra pensar querida Athena, que nuestros pensamientos van en el mismo hilo…
-Pero también se que el día en que mueran van a ser juzgados por sus actos
-Claro, te doy toda la razón amada hermana- te comento mientras se dirigía hacia las maquinas que mantenían con vida al niño –pero de eso ya se ocupara el señor del Inframundo, mientras tanto…- tomo el enchufe
-Deja que sigan con su vida- le comentaste mientras le apartabas la mano de ahí
-¿Athena?
-Soy un medico que esta a cargo esta noche de salvar tantas vidas como pueda y en segundo lugar…. Soy un intento de diosa Apolo, no eres el único capaz de decidir que hacer y que no
-¿Serias capaz de entregar tu vida por asesinos y violadores? ¿por secuestradores y estafadores? ¿por aquellos que esclavizan y explotan la tierra que los dioses les dieron?
-Exageras Apolo- le respondiste porque sabias bien, muy dentro de ti que no lo harías, jamás lo harías
-No Athena, claro que no- te dijo mientras caminaba hacia fuera de esa habitación –pero tu respuesta me lo dejo en claro. Que la diosa de la tierra, la diosa del amor tiene el corazón tan duro que no seria capaz de perdonar a esa calaña de personas
-¿Tú lo harías?- preguntaste mientras lo mirabas desde la cama de aquel niño, un testigo mudo de su encuentro
-No- te respondió sinceramente, demasiado sincero para tu gusto
-¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres de mi?
-El Control de la tierra Athena- te dijo mientras comenzaba a caminar de nuevo en los pasillos
-¿Qué control Apolo?- le preguntaste mientras caminabas detrás de él –Ya te mande a decir con tu perro que yo renuncia a ser Athena
-¿Hablas de Renné?- te dijo mientras reías –lo se, pero no me convenció tu respuesta. Necesito hechos Athena, algo que de verdad me digas que no vas a oponerte a mi
-¿A cambio de que?- le preguntaste
-La prueba de Athena…
-A no, eso si que no- le respondiste mientras agitabas las manos frente a ti de manera de manera negativa –ya me enfrente a media docena y créeme, aun siento los efectos del Seim Samsara de Shaka
-¿Qué estas pensando Athena?- te pregunto pues tu respuesta lo había dejado descolocado –No Athena. Entrégame el Cetro de Nike- rodaste los ojos, el dichoso cetro que tantos dolores de cabeza te causaba
-¿Tanto jaleo por esa endemoniada cosa?- preguntaste –si la tuviera con mucho gusto te la daba, serviría también que me quito de esa responsabilidad que me pusieron a la fuerza. Pero no lo tengo Apolo
-¿Me estas diciendo que no tienes contigo el cetro?- te pregunto algo molesto, caminaste unos pasos hacia atrás por seguridad propia –El cetro siempre permanece a lado de la diosa Athena, no te creo nada
-Claro que si- le respondiste –la susodicha varita del destino se negó a reconocerme como la diosa así que no la pude tomar, esta en el Santuario
-¿El Santuario de Athena?- te pregunto sorprendido
-No, el santuario de tu abuelita- le respondiste irónicamente, logrando que Apolo frunciera el seño –Claro que el de Athena ¿Cuántos santuarios conoces?
-El Santuario de Athena esta prohibido para mi, nadie que no tenga la bendición de ella puede atravesarlo- te comento mientras se acercaba a ti –así que necesito dos cosas de ti
-Mientras no sea dinero, porque estoy en banca rota- le respondiste tratando de seguir con ese valor que te habías auto infundido
-Entrégame el cetro de Nike, aquel que lo tenga tendrá sin duda alguna la victoria- te aseguro mientras posaba sus manos en tus hombros –pero sobre todo, quita la bendición de los hombres que protegen el Santuario, el mundo y Athena
-Apolo, Apolo, Apolo…- le susurraste mientras tomabas entre tus manos las del dios del sol –a mi no me metas en tus problemas, si quieres a Nike ve tu mismo por él, quieres partiles la cara a los Dorados, ve… solo que te aseguro que no podrás, son muy… fuertes
-Athena… ¿me estas dando la espalda?- te pregunto mientras observabas danzar las llamas doradas de sus ojos
-Piensa lo que quieras- le respondiste
-Athena. No te conviene ponerte en mi contra
-Suelta, me estas lastimando- ordenaste al sentir la mano de él cerrarse fuertemente sobre tu muñeca –que me sueltes Apolo
-Athena, iras al Santuario y me entregaras tu misma a Nike, después de eso te sentaras en una silla y esperaras a gobernar junto a mi
-¡Suéltame!- gritaste, Apolo lo hizo pero en el efecto termino arrojándote al suelo frio
-Piensa bien lo que vas a hacer Athena- te dijo muy molesto –no te conviene luchar contra mi, toma una decisión Athena
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Despertaste agitada, tu frente se encontraba perlada de sudor, miraste de nuevo hacia el reloj que se encontraba en tu consultorio. La hora que se encontraba marcada… 3:15 de la madrugada. Tu respiración se encontraba agitada, un dolor punzante te distrajo de tus pensamientos…. Tu muñeca izquierda se encontraba casi morada, los dedos largos y finos de Apolo se habían quedado marcados en ella.
Corriste hacia el pasillo donde se había desarrollado la platica y entraste al cuarto del niño. Habías escuchado del accidente que lo había dejado en ese estado. Colocaste tu mano lastimada sobre la frente del niño y comenzaste a emanar tu Cosmo. Poco a poco el cuerpo del pequeño comenzó a teñirse con una luz dorada, cuando terminaste esperaste a que se despertara, pero no lo hizo, siguió durmiendo.
Los rayos del sol te despertaron de tu sueño. Caminaste de nuevo por los pasillos, el reloj marcaba las 10:43 de la mañana, estabas a punto de terminar tu guardia. Cuando pasaste por el pasillo para ver al niño viste a una mujer llorando, sostenida por los brazos de un hombre. Tu corazón se estrujo al pensar que tal vez ese niño… corriste hacia el interior de la habitación, en ella había un doctor y algunas enfermeras.
-¿Qué paso?- preguntaste, esperando recibir un regaño de los peores, por haber dejado a un niño solo
-Anoche estuviste aquí- te dijo aquel hombre –no se que hiciste o que cosas moviste aquí, pero sin duda… eres una gran promesa
-¿No entiendo?- preguntaste
-El niño acaba de salir de coma- te dijo.
Saliste caminando de aquella habitación. La mujer y el hombre te abrazaron y te dieron las gracias por haber salvado a su único hijo. Miraste la grabación y te diste cuenta de que estabas ahí, moviendo los aparatos y aplicando algunas medicinas. No habías hecho eso y te preguntaste como es que se grabo esas acciones, pero eso no te importo.
Saliste del hospital y tomaste el metro para de ahí ir directo a tu casa. Preparaste todo y saliste de nuevo a la calle.
-Buenos tardes señorita- te saludo una mujer -¿en que puedo ayudarle?
-Un boleto, el mas directo que tenga para mi viaje
-¿Destino?
-Atenas, Grecia
