El tiempo no lo cura todo 10: Último capítulo

Shun, Ikki y Jabú llevaban dificultosamente el cuerpo del desmayado Shiryu hacia la casa de Shunrei. El breve trayecto del restaurante a la limusina, y de la limusina al portal de la casa de Shunrei, les había resultado más difícil de lo que pensaban, porque Shiryu pesaba bastante y ninguno quería arriesgarse a echárselo a los hombros, pues les podía causar alguna lesión. Así que lo arrastraron. El problema fue que a la salida del restaurante, alguien había botado goma de mascar, y se le pegó al Dragón en el largo cabello. Estuvieron un buen rato tratando de sacarlo, hasta que eligieron la salida fácil y decidieron cortarle ese mechón de cabello.

Pero no tenían tijera.

Tuvieron que llevar la limusina a una librería, pero como era la hora del almuerzo, todas estaban cerradas. Finalmente encontraron una tijera en un supermercado y pudieron cortar el mechón sucio.

-Nos va a matar cuando despierte – advirtió Ikki.

-Ya que estamos en esta, podríamos darle un nuevo look - sugirió Shun, pensativo.

-Claro... tú dices para que la matanza sea con una buena justificación – reclamó Ikki -. este tipo no se corta el pelo desde hace más de veinte años.

-Creo que la idea del nuevo look es interesante – dijo Jabú -. Les proporcionaría a él y a Shunrei un buen tema de conversación.

-Pero si ya tienen de qué hablar... de la paliza que alguien le dio – aclaró Ikki, mirando el magullado rostro del Dragón.

-Tal vez eso no sea suficiente, después de lo que él le dijo a ella – repuso Jabú.

-Además – lo apoyó Shun – podemos decir que se cortó el pelo para donarlo a la caridad, y cuando salía de la peluquería alguien lo atacó y fue entonces que lo encontramos.

Ikki se quedó pensando.

-Sería mejor si le decimos que se cortó el pelo como penitencia por sus errores, y lo donó a algún templo – propuso.

Jabú y Shun se mostraron maravillados ante la idea.

-¡Y después de salir del templo, alguien lo asaltó! - dijo Jabú.

-Y también le robó el montón de pelo, por eso es que no está en ningún templo. Ya saben, por si ella se pone a averiguar – repuso Ikki.

Pensando que la idea era magnífica, le cortaron todo su hermoso cabello negro azabache, y lo guardaron en una bolsa plástica.

-Después él puede elegir lo que quiere hacer con su pelo – dijo Shun.

Una vez terminado el corte, los guerreros se dirigieron por fin a la casa de Shunrei. Suspiraron aliviados al comprobar que no había nadie. Sacaron a rastras a Shiryu, le dieron otro golpe y lo dejaron apoyado en la puerta.

-Tenemos un problema – dijo Shun después de un rato.

-¿Y ahora qué? - preguntó Ikki.

-Shunrei nos va a preguntar por qué lo trajimos acá en vez de llevarlo al hospital.

Jabú se quedó pensando.

-Sí, suena a algo que una mujer diría. Entonces, chicos, hay que irse ahora ya.

-¿Y dejarlo solo? - dudó Ikki - ¿Y si se despierta antes de que ella llegue?

-No creo que eso pase – dijo Jabú – porque por ahí la veo llegar.

Los tres guerreros desaparecieron rápidamente dentro de la limusina, y la movieron unos metros para que Shunrei no sospechara.

Pero no fue Shunrei la primera en llegar, sino Eri, que venía por otro lado.

Eri vio a Shiryu desmayado y sin cabello en la puerta de Shunrei, y pensó lo peor: una venganza de mujer celosa que se había cebado en la apariencia de Shiryu.

-¡Qué mujer tan cruel! - murmuró Eri, arrodillándose al lado del hombre desmayado.

Fue en ese momento que apareció Shunrei, y al ver a Eri arrodillada al lado de un Shiryu herido y casi pelado, pensó lo peor: una venganza de mujer desdeñada.

-¡Qué mujer tan cruel! - murmuró Shunrei, arrodillándose al otro lado de Shiryu, y sacándole bruscamente la mano a Eri, que la tenía en la frente del caballero.

-¿Quieres seguir maltratándolo? - preguntaron ambas a un tiempo, y se pusieron de pie, frente a frente.

-Pelea de gatitas... mmmh – susurró Shun sin poder evitarlo, lo que bastó para que Ikki, cansado, le diera un golpe que lo dejara inconsciente.

-Hay que evitar que hagan alguna estupidez – dijo Ikki, a punto de salir del vehículo. Pero se tranquilizó cuando vio que las dos mujeres disminuían sus auras de batalla – asombrosamente altas, reflexionaría un poco después – y se acercaran preocupadas a Shiryu, que se había quejado en su inconsciencia.

-¿Quién te hizo esto? - preguntó Shunrei, con la voz llena de dolor.

Eri la miró asombrada.

-¿No fuiste tú? - susurró. Shunrei se enderezó, ofendida.

-¡Jamás dañaría al hombre que amo!

Eri se llevó una mano al corazón, conmovida.

-¡Oh, Shunrei, lamento haber pensado mal de ti! ¡Lamento lo que intenté hacer con él! ¡Perdóname!

Shunrei sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

-¡Y tú perdóname a mí, Eri, que quise vengarme de ustedes!

Eri no comprendió a lo que se refería y no quería realmente preguntar, pero la curiosidad fue mayor:

-¿Vengarte?

-Fui donde Hyoga, dispuesta a todo, pero... ¡perdóname, Eri!

-¡Perdóname tú, Shunrei!

Las dos se levantaron, totalmente emocionadas, y olvidándose momentáneamente de Shiryu, se abrazaron estrechamente.

En ese momento, Shiryu volvió a quejarse.

Shunrei y Eri, sin ponerse previamente de acuerdo, lo tomaron de los brazos y lo llevaron arrastrando al interior de la casa. Una vez ahí, lo recostaron en el sofá.

-¿Que crees que le habrá pasado?

-No lo sé... - respondió Shunrei – Se ve tan mal, todo magullado, sin su hermoso cabello... No tengo idea. Pero lo cuidaré, tal como lo hacía antes.

-Nadie más indicado que tú – dijo Eri, tomándole la mano a Shunrei.

-Gracias, Eri.

-Y ahora... adiós. Cuidalo mucho, ¿quieres, Shunrei?

-¿Y qué harás tú, Eri?

-Supongo que iré a visitar a cierto guerrero rubio... él y yo necesitamos hablar.

Eri abrió la puerta y se encontró con Ikki, Shun y Jabú, que habían decidido que lo mejor era decirle a Shunrei "la verdad".

Eri los miró con curiosidad. Iba a empezar a hablar, pero prefirió quedarse callada. Les sonrió y se fue.

Shunrei, por su parte, los observaba sin saber a qué atribuir su visita.

-¡Oh! ¡Así que acá estaba! - exclamó Shun, modulando excesivamente las palabras y apuntando teatralmente hacia Shiryu.

-Con razón nunca se ha ganado un Oscar – masculló Ikki.

-¡Ajá! Les dije que sus pasos lo traerían hacia el lugar que más amaba en el mundo, o sea, a la mujer que más amaba en el mundo – repuso Jabú.

-¡Oh, sí lo dijiste, yo te oí, Jabú, y no tiene nada que ver con el hecho de que lo hubiéramos traído, cosa que jamás hemos hecho! - exclamó Shun, con las manos en el pecho.

-Es que Shiryu avisó que iba a cortarse el pelo como penitencia por el daño que te hizo. Como no volvió a la hora señalada, nos preocupamos y vinimos para acá – dijo Ikki.

-¿Así que Shiryu se cortó el pelo... por mí? - se emocionó Shunrei.

-Pues sí. Dijo que haría todo por ti, todo – repuso Shun, emocionado también.

-Y si lo miras con atención, está muy magullado – aportó Jabú -. Nosotros creemos que fue porque estaba tan lleno de dolor por haberte disgustado, que unos malandrines lo emboscaron y lo dejaron así.

-¡Pobre de mi dulce Shiryu! - exclamó Shunrei, corriendo a la cocina para traer un recipiente con agua y un paño.

Mientras ella estaba ausente, Shiryu despertó. Lo primero que hizo fue tocarse la cabeza, y la expresión de pánico que atravesó sus ojos casi hizo a sus amigos echarse a reír.

Ikki tuvo la buena voluntad de ir donde él para explicarle "la verdad".

-Te cortaste el pelo para que Shunrei te perdonara – le contó.

-¿QUE YO HICE QUÉ?

-Sí, fue después de lo del restaurante. ¿No te acuerdas que tomaste cuatro copitas de licor de menta?

-Oh... con razón me duele la cabeza.

-Sí, claro – prosiguió Ikki, pestañeando rápidamente – Luego te fuiste a una peluquería, hiciste que te cortaran el pelo y lo donaste a un templo. Luego te atacaron unos malandrines desconocidos...

-Te robaron tu billetera – agregó Jabú – si revisas, verás que no está.

-Y después te viniste a la casa de Shunrei; creo que tu instinto te señaló que ella era tu salvación – siguió diciendo Ikki.

-Y ella te va a cuidar – aportó Shun.

-Vaya. Nunca se me hubiera ocurrido que el sacrificio de mi pelo sirviera de tanto – se asombró Shiryu, tocándose su rala cabellera.

-Yo creo que te ves muy bien – dijo Shunrei, que ya volvía de la cocina - ¿Recuerdas como yo siempre curaba tus heridas?

Shiryu sonrió.

-Cómo olvidarlo. Fueron los mejores días de mi vida.

Shunrei empezó a curarle las heridas de la cara

-También los míos – señaló ella - . Pero este momento actual no está mal.

Shiryu hizo un gesto de dolor.

-Sí; aunque preferiría estar herido por algún enemigo poderoso, no por unos insignificantes ladronzuelos.

Los "insignificantes ladronzuelos" miraban la escena sumergidos en una atmósfera romántica.

-Estoy extrañando a mi mujer. Voy a verla – dijo Jabú, y se fue.

-Yo voy a visitar a Saori – murmuró Ikki, y también se fue.

Shun se enjugó una lágrima, y también partió a ver qué le deparaba la suerte.

-Podemos imaginarnos que el tiempo ha retrocedido – propuso Shiryu después de un rato.

-Eso es imposible, Shiryu; ni tú ni yo somos los mismos – respondió ella, frunciendo un poco el ceño – Yo soy una mujer casada... bueno, en proceso de separación, con cuatro maravillosos hijos; y tú, tú has seguido tu vida, has continuado con tu misión. Y aunque jamás he podido olvidarte, en cierta forma yo igual he tenido una misión que cumplir.

-Yo soy quien no ha podido olvidarte. ¿Qué hubiera pasado si...?

Shunrei le tapó la boca.

-Son las palabras más tristes "¿Qué hubiera pasado si...?". No lo pienses, Shiryu. No lo imagines, disfruta el presente. Cometimos errores los dos. ¿Qué importa eso ahora?

Shiryu recordó el "viaje" que había hecho gracias al opio, hace algunos meses; le pareció poco prudente mencionarle a ella que ahí, en un mundo paralelo, estaba la respuesta al "¿Qué hubiera pasado si...?"

-Pero entonces, aún podemos construir algo, tú y yo.

-Sólo si podemos aceptarnos como somos, Shiryu.

Shiryu pensó en tomarle la mano y después besarla, pero le dolía demasiado el hombro, y la herida de la frente le producía escozor; además, le palpitaba el pómulo y estaba algo mareado. Shunrei fue a la cocina a renovar el agua y él, sin poder evitarlo, se adormeció y recordó cuando eran tan jóvenes, en Cinco Picos, y ella lo cuidaba después de los duros entrenamientos de su anciano maestro.

FIN

Nota de la autora: ¡Qué romántico! No hay besos, ni caricias, pero chitas que lo encontré romántico. Ella cuidándolo, él todo herido, como siempre... ¿Qué les pareció el final? ¿Triste? ¿Decepcionante? ¿Falta epílogo?

Pues hay un epílogo rondando en mi cabeza:

EPÍLOGO

No en vano Shun pensaba que Shiryu era el más inteligente de todos ellos. No le costó nada al Dragón averiguar cuál era la verdadera historia detrás de su corte de pelo. Se enfureció tanto con los peluqueros aficionados que sólo después de mucho meditar por fin decidió perdonarlos. Eso, y el hecho que Shun, Ikki y Jabú amanecieron una vez completamente depilados (ojo, depilados pero no pelados. Hay una sutil diferencia).

Sin embargo, debió mantener su corte de pelo ya que Shunrei decía que eso le recordaba el gran sacrificio que él había hecho por recuperarla. Así que todos los meses iba a la peluquería para que le recortaran las puntas.

Shunrei renunció a su trabajo en la florería, pues se dio cuenta de que Derek no dejaba de molestarla, aunque ella había dejado las cosas bien claras. Prefirió ser voluntaria a tiempo completo en el orfanato y empezó a estudiar Pedagogía en las tardes.

Por su parte, Kito, el marido de Shunrei, aunque se molestó al saber que ella estaba en una relación con Shiryu, decidió no demostrarlo, ya que no quería llevarse mal con el poderoso Dragón. Tatsumi le advirtió que la Fundación vería con muy buenos ojos que se divorciara de Shunrei y formalizara su relación con su amante. Esta idea se la dio la suegra de Shunrei, Tai, que sorpresivamente se declaró prometida de Tatsumi y se fue a vivir a la mansión.

En la mansión ahora sólo vivía Tatsumi; Saori desapareció un buen día, señalando que necesitaba un año sabático. Muchos la vieron en marchas pacifistas y a bordo del Greenpeace. Ikki la acompañaba, diciendo que no era seguro que la diosa de la Sabiduría anduviera sin protección por alguno de esos lugares.

Como ya no estaba Saori para prohibírselo, Shun volvió a ocupar la mansión en sus visitas a Japón. Tai casi se vuelve loca de felicidad y lo cuidaba más que a su propio hijo. Incluso le permitía que llevara a sus amigas a la mansión, pese a que Tatsumi no lo aprobaba. Además, Shun visitaba casi cada día a los hijos de Shunrei y los llevaba al orfanato para jugar con todos los chicos. Jabú, que pensaba que ya se había librado de él, debió seguir aguantándolo por tiempo ilimitado.

Hyoga tuvo que seguir un tratamiento para su columna dañada; también debió quedarse en la mansión durante un tiempo. Eri se ofreció a ayudarle con el tratamiento y él aceptó. El problema es que después de las sesiones de tratamiento, la espalda de Hyoga parecía estar cada día peor.

Shiryu y Shunrei no se fueron a vivir juntos, pese a los consejos de Hyoga y Shun; sin embargo, se visitaban todos los días. Los hijos de Shunrei se mostraban muy de acuerdo con la nueva relación de su madre, pero ellos preferían no apresurar las cosas. Total, si habían esperado más de quince años, ¿cómo no podían aguardar unos meses más?

Ahora sí: fin. Espero que esta historia haya sido de su agrado, ¡muchas gracias por leer! Echaré tanto de menos escribir sobre esta historia, que creo que seguiré con algunas de las andanzas de Shun, Hyoga o Ikki... como que tengo lago en la cabeza que está dando vueltas y vueltas. Chao!