CAPÍTULO IX
"-Estas jugando con fuego. Llegará la ocasión en que debas arriesgar tu vida por un simple enano. ¿Estás segura que sacrificarte por él vale la pena?
-Él no es un simple enano. Y vale cada gota de mi sangre…"
Ahora era Mandos quien la increpaba y ella lo desconocía, puesto que él nunca se entrometía en los asuntos de los demás, salvo cuando llegaba la hora de juzgar sus acciones para redimirlos o rechazarlos. Tarian se preguntaba que estaba sucediendo en Valinor, pero en este punto dudaba si eran los Valar o su propia conciencia quien la estaba poniendo a prueba. Despertó con un gran interrogante dentro suyo.
En los largos años que llevaba de su vida, nadie le había cuestionado sus decisiones, incluso ella misma actuaba en consecuencia de sus sentimientos sin pensar en las consecuencias que pudiera sufrir. Lo cierto era que los mensajes oníricos la estaban agotando, y ya no deseaba volver a quedarse dormida.
Cuidadosamente, se levantó y se alejó del camastro donde reposaba junto a Kili, para no perturbar su descanso. No quería interrumpir sus sueños, porque además de saber que necesitaba descansar para la siguiente etapa del viaje, no sabría que explicación darle sobre los sueños que la estaban perturbando. No podía decirle que algo la llevaba a tener que alejarse de él por su propio bien. Él no merecía eso y ella tampoco quería hacerlo.
Aún no había asomado el sol y las tinieblas cubrían los cielos, y se sentó junto a la ventana para observar las estrellas.
-Ya no se ven como antes… - Sintió repentinamente la voz de Gandalf-
-No, claro que no, ya nada es como fue antaño, ni siquiera nosotros, Gandalf.
-Es cierto, Auriell. Recuerdo en aquellos días en que te regocijabas al escuchar a los elfos llamarte así.
-Todo es una sombra de lo que fue, ya ni puedo recordar la Maia que fui.
-Pero no todo cambia para peor. Todavía hay bondad en este mundo, no sientas pena por lo que será.
-Siento pena por lo que fue y no volverá a ser… -Tarian volvió a mirar las estrellas, no podía mirar a los ojos a Gandalf sin experimentar una gran angustia-
-¿A que le tienes miedo?
-A mis propias decisiones y sus consecuencias. Temo por Kili, no me importaría sufrir destierro por estar con él, pero, ¿qué sucede si algo le ocurre por estar conmigo?
-Hija, ya no creo que nadie pueda separar a ese enano de tu lado, y aunque es muy joven, ha elegido su camino y aceptado las probables consecuencias. Nada puedes hacer ahora para que decline su decisión. –Gandalf tomó la mano de Tarian para reconfortarla-
-Algunos de los Valar me están hablando en sueños, intentando que cambie de parecer y lo abandone.
-Es a tu corazón al que debes escuchar, nada más… Aunque creo que eres tú misma, que te estas imponiendo una pena que no debería ser tuya, por no haber podido ofrecer tu corazón a Gilmarion de la misma manera que lo has hecho con Kili. Puedo ver en tus ojos que entregarías tu vida por salvarlo a él, y también él haría lo mismo por ti. No veo la razón por la que debas pagar por eso.
-No lo sé, cada vez que veo en sus ojos vuelvo a Númenor, en los días de júbilo. Veo los ojos alegres de Gilmarion, creyendo en mí y en mi amor. E inmediatamente puedo ver esa expresión de decepción. Yo en ese momento creía amarlo con locura, y no fue así. ¿Qué sucede si ahora es igual?
-Eso sólo puedes saberlo tú y nadie más. Calla las voces de tu mente, no creo que los Valar quieran intervenir. En todo caso, aprovechen el tiempo que les queda.
Afuera lentamente había empezado a clarear el día. La última frase de Gandalf resonó fuerte en Tarian, él tenía razón, mientras se debatía en si hacía lo correcto o no, estaba perdiendo el poco tiempo que tenían, que comparado a todos los años que Tarian llevaba desde su despertar, era un suspiro. Se dio vuelta para decirle al mago que tenía razón, y ya no estaba. Había desaparecido misteriosamente, como era su costumbre. Entonces fijó la mirada en el Kili, que aún dormía, tan tierno con sus escasos años, tan perfecto para ser un enano, casi un Edain. Pero aún más bello. Su respiración era calma y podía ver en su expresión paz. En cierto punto, Tarian se preguntaba como su tío permitía que sus dos pequeños sobrinos se embarcaran en tan peligrosa misión, sabiendo el afecto que sentía por ellos. También le intrigaba saber cuál sería la reacción de Dís, la madre de Fili y Kili, cuando supiera que su pequeño hijo había entregado su corazón a un ser de Valinor, que poco tenía que ver con los enanos. ¡Si ella supiera lo feliz y completa que se sentía la Maia entre los Naugrim! O quizás la recibiría con los brazos abiertos, como una madre.
Se alejó de la ventana por la que había estado mirando para acercarse a su amado enano. Se sentó a su lado en el camastro que habían compartido esos días, le corrió un mechón de cabello que cruzaba su bello rostro y recorrió sus facciones con dedos temblorosos. Kili despertó y le sonrió. Se sentó en la cama, la abrazó y le besó el cabello. Luego la alejó de sí, la miró a los ojos y la besó.
Mientras esto sucedía a su alrededor, se había armado tal revuelo que habría despertado al mismo Smaug, pero ellos no se habían percatado. Los enanos habían ido despertando a medida que la luz solar invadía la morada y se habían encontrado con la nueva que Beorn había vuelto. Cuando Tarian despertó del hechizo que le propinaba los besos de Kili, notó el revuelo de enanos indagando al cambiapieles. Medio confundida aún, se paró y se acercó al bullicioso grupo. Se abrió paso entre los enanos y se acercó al dueño de casa.
-Nos tenías preocupados, Beorn, ¿dónde has estado? –Aunque, claro, ya conocía la respuesta-
-Mi señora, no quisiera que se ofenda, pero debía verificar su historia. Los tiempos han cambiado y me he decidido a no confiar ni en mi propia sombra.
-Y haces bien. ¿Ahora nos crees?
-Volví a través de sus pasos para darme cuenta que definitivamente no mentían, de hecho, hasta encontré las pilas de cuerpos de los trasgos quemados. Me alegra saber que todavía mantienes la capacidad de luchar de antaño.
-A mí me habría gustado haber acabado con el mal ya y abandonar esas empresas, pero todavía hay sombras en este mundo, y mientras las haya, aquí estaré para luchar, si no es que la vida me abandona.
-¡Y yo me alegro que así sea, mi señora! La realidad ahora es que verifiqué sus palabras y estoy decidido a ayudarlos. Les daré provisiones para lo que les queda de viaje. Veo su búsqueda como una misión suicida, pero Gandalf y usted saben lo que hacen, y yo voy a apoyarlos. También les facilitaré poneys y caballos, pero deben dejarlos regresar al llegar a la entrada del Bosque Negro, ellos conocen el camino de vuelta.
-Puedes quedarte tranquilo que así será, te doy mi palabra. –Aunque Tarian sabía muy bien que aunque Beorn la respetara, no se iba a quedar tranquilo ni con su promesa-
-Bueno, será mejor que no nos retrasemos más. Hagamos todos los preparativos necesarios ahora para partir mañana a primera hora. –dijo Gandalf, se lo notaba algo ansioso, lo advirtió Kili, de la misma manera que volvió a ver ese destello de tristeza en los ojos de la Maia como pudo percibir en otras oportunidades-
El grupo entero se dedicó a preparar las provisiones. Beorn les ofreció galletas, miel y crema. También les dio varios recipientes para cargar agua y les aconsejó no beber agua del río que atravesaba el bosque, puesto que sus aguas estaban bajo el mismo embrujo que los árboles, y de beber de ellas, dormirían un sueño tan profundo que no podrían despertar fácilmente en días. También les dijo que evitaran comer bayas y frutos una vez allí.
En definitiva debían evitar tocar casi cualquier cosa dentro de aquel bosque. Al parecer, el mago Radagast no mentía cuando se había cruzado con los enanos y Gandalf antes de llegar a Rivendel y les había dicho que una extraña hechicería envenenaba el bosque y que veía la obra de un Nigromante, que por lo que había podido averiguar, estaba residiendo en las ruinas de Dol Guldur, en la región más austral del Bosque Negro. Tarian tampoco podía sacarse de su mente la hoja de Morgul que el mago le entregó a Gandalf, y no podía dejar de ver la malicia que descubrió en los ojos de Saruman al negar cualquier sospecha del regreso del mal. El punto era que el Bosque Verde era un gran nido de hijas de Ungoliant, y eso no significaba nada bueno.
El día terminó con los preparativos y todos se acostaron a descansar muy contentos porque veían más cerca el fin de la aventura, pero Tarian estuvo inquieta toda la noche, no pudo dormir y estuvo todo el tiempo aferrada a Kili con fuerza, tanto que por momentos el enano despertaba por el dolor que le causaban las uñas de la Maia incrustadas en su piel, que aunque era gruesa como la de todo enano, estaba siendo lastimada por la tensión que ella ejercía con sus manos. Confirmó esto la teoría de que Tarian se veía frágil, pero no lo era.
La noche dio paso al día, los enanos se levantaron descansados, al igual que el mago y el hobbit, pero la dispar pareja estaba adolorida y mal dormida. Pero el camino debía continuar de todos modos, por lo tanto, se pusieron en pie, tomaron las pertenencias y se unieron al ansioso grupo para dirigirse al Bosque Negro.
Para el grupo en general fue una linda mañana. El sol brillaba en un cielo límpido y templaba el aire. Estaban de buen humor, incluso Kili que estaba cansado, pero iba en el caballo que Beorn dio a Tarian, y ella llevaba las riendas, así que durmió la mayor parte del camino, y cuando despertaba, estaba de buen humor. Pero ella, con cada trecho que avanzaba se sentía más abatida.
A lo largo de todo el camino, Tarian, Gandalf y Bilbo veían una sombra que corría a la par de ellos por entre los árboles que tenían a su lado y unos destellos como ojos, que los seguían desde que habían dejado la morada de Beorn.
Finalmente, se encontraron ante la entrada del Bosque Negro, Mirkwood, y desde ahí ya se podía divisar lo tenebroso del bosque y lo viciado que estaba el aire dentro de él. Empezaron a desensillar y acomodar sus provisiones. Fue en ese momento que hubo una discusión de como seguirían el camino: algunos de los enanos proponían seguir con los poneys y los caballos de Beorn y no cumplir con la promesa de devolverlos, y otros estaban en desacuerdo, entre ellos la Maia, el mago y el hobbit.
-De haber prestado atención al camino, sabrían como Tarian, Bilbo y yo que Beorn viene siguiéndonos desde que salimos de su morada, para verificar que cumpliéramos. –dijo Gandalf bastante enojado-
-Yo sabía que él no confiaría en mi palabra y hacía bien. ¡Debería avergonzarles ser así de egoístas y deshonestos! –Por vez primera, Tarian sonó inflexible ante los enanos que intentaban faltar a su palabra. Kili no era parte de ese grupo, pero sintió miedo al ver la furia en los ojos de su amada.
Finalmente, tomaron las provisiones y dejaron partir a los animales, y pudieron ver a lo lejos la sombra que los perseguía, ahora volviendo sobre sus pasos. Tarian silbó y desde la distancia se pudo divisar a Alazor galopando desde la distancia hacia ella, con sus negras crines brillando al
Sol.
-Ahora es momento de una pequeña despedida, no definitiva, pero deberán arreglarse por su cuentay sólo con la ayuda de Bilbo para cruzar este bosque. No olviden todos los consejos de Beorn, anden con cuidado.
Gandalf dijo sus palabras y el humor de la compañía dio un giro drástico, los enanos se apenaron, y mucho más Bilbo, que sentía que estaría perdido sin la compañía del mago. Sabiendo todos los peligros que les esperaban dentro de ese tenebroso bosque, no imaginaba la manera de poder atravesarlo sin las habilidades de Gandalf. Y además, era al que más cercano sentía, ya que los enanos estaban obnubilados por la celestial Tarian y no le prestaban demasiada atención al pequeño hobbit.
Kili, que había estado en silencio y apenado por la partida del Istari, pareció entender algo de repente. Levantó la mirada y la dirigió a la Maia.
-¿Cómo "sólo con la ayuda de Bilbo"? Tarian, debes conocer los caminos del bosque.
-Los conozco, pero no voy a acompañarlos. Debo acompañar a Gandalf, todavía so una guardiana de estas tierras y tengo responsabilidades que cumplir.
Ahora el enano comprendía todo: las charlas con Gandalf, las miradas tristes y la mala noche que había pasado. Sintió que su corazón se comprimía por el miedo a perderla, temía por su seguridad. Y en el preciso momento en que iba a decir algo, Tarian lo interrumpió.
-Debes seguir tu aventura junto a tu tío. Prometo volver pronto y unirme a ti, esta vez, para no volver a separarnos nunca más.
Soltó la armadura y la espada que había agarrado para poner en las monturas de su caballo y lo abrazó fuertemente. Tenía miedo de esta misión que se le imponía, pero no podía negarse. Sabía que esto la separaría más de lo deseado del joven enano. Las lágrimas de Kili corrían por el pecho de Tarian que se había hincado para despedirse. Ella tomo su rostro con sus blancas manos y le pidió que abriera los ojos.
- Antoresy Kili, mara mesta! Enomentuvalmë, nai Eru varyuva len. Quiere decir: "Amado Kili, buen viaje! Volveremos a encontrarnos, que Eru te guarde!". Y sé que él te protegerá durante mi ausencia.-Dirigió su mirada a Fili- Confío en que tú también lo protegerás durante mi ausencia. –Miró a la compañía entera, deteniéndose en Thorin- Adiós, amigos, la vida volverá a unir nuestros caminos en algún momento. Sean cautos.
Finalmente, lo besó y le acarició los cabellos, en un gesto protector, casi maternal. Luego de ese beso que duro varios minutos pero para ambos fueron fracciones de segundos, Kili la vio dar la vuelta y alejarse. Había encontrado el amor a una edad muy corta para su raza y había aceptado las dificultades de sus diferencias, pero no estaba preparado para perderla. Él también temía que ese fuera el último beso que recibiría de esos labios y le dolía saber que posiblemente en ese lugar, ante las puertas del Bosque Negro, quizás estuviera perdiendo al gran amor de su vida.
La Maia tomo sus pertenencias, las colocó en la cabalgadura de Alazor, montó en él y comenzó a andar tras los pasos de Gandalf, que se detuvo y giró para volver a prometer que pronto los dos volverían para seguir con ellos su camino. Tarian volteó para ver una vez más a Kili, y él descubrió su bello y blanco rostro surcado por lágrimas. Y lo asombró, a pesar del dolor que sentía, descubrir que aun así era la criatura más bella y sublime que conocería en su vida, y que a pesar de la dolorosa separación, se sentía henchido de orgullo sabiendo que ella había entregado su corazón y su vida eterna a él, un joven y simple enano.
Y así, aquel mediodía, a la luz del sol, Tarian dejó a Kili destrozado para dirigirse junto Gandalf a unirse al resto del Concilio Blanco. Y desde allí, hacia las ruinas de Dol Guldur. Una vez más, su sentido de responsabilidad la estaba alejando de lo que amaba y la hacía sentir completa. Pero no era momento para sentirse una víctima de las circunstancias, porque en definitiva, de este modo, si las sospechas que guardaba acerca del Nigromante se confirmaban, luchando contra este peligro también estaba protegiendo el futuro de Kili, del resto de la compañía y de toda la Tierra Media.
