10. Noche de Copas —


Mirando por última vez el pequeño espacio que se había acostumbrado a utilizar y en donde había pasado muchos de sus mejores momentos con el trío dorado del PSG. Muchos de sus mejores momentos con Taro. «Aquí conocí al Misaki del que me enamoré…» se recordó, rememorando aquella tarde en que el destino o el azar desearon que el castaño fuera el primer en rendir examen médico con la doctora suplente.

Suspiró. No deseaba dejar aquel lugar pero sabía que no era ni por asomo el sitio al que pertenecía. Extrañaba a los niños y las consultas, las revisiones y el ambiente del hospital. Y más aún que eso, sin Taro a su lado, no se veía capaz de seguir presentándose día tras día. Sin nada más que la retuviera, cruzó el complejo hasta la salida, pasó a espaldas de Taro que se había cruzado con Napoleón y dejó rápidamente aquel lugar al que ya no volvería.

Grande fue su sorpresa cuando bastando con cruzar la entrada se encontró con Andy, tan sonriente que le costó creer que aquella mueca cupiera en su rostro.

— Andy… ¿Qué quieres ahora?— le cuestionó, más derrotada que enfadada. No deseaba que Taro se cruzara con el italiano. No cuando creía que la aquella fatídica tare le había aceptado nuevamente.

— Esperaba encontrar una linda chica a la que llevar a casa— aseguró el pelinegro, afable— ¿Qué dices?

— Que no… gracias.

— Hey… Venga, no tienes que ocultármelo— le aseguró— Supe que terminaste con el japonés así que aprovechando que volveré esta noche a Venecia, pensé que tal vez quisieras venir conmigo— le dijo Andy. Por un momento aquella proposición la incitó a refutar algo en contra pero un instante después la alusión a su ruptura con el japonés la hizo reaccionar. No había modo alguno de que Andy supiera aquello.

— ¿C-Cómo…?— la revelación fue precisa. Sin duda alguna, Taro jamás habría decidido por sí mismo dejar las cosas con ella así como así, antes tendrían que haberle provocado y ¿quién mejor y más sutil que Andy Salazar para ello?— ¿Fuiste tú, no?— preguntó, sarcástica— ¿Cuándo? ¿Qué le dijiste, Andy?

— A decir verdad, nada— resolvió el pelinegro sin desmentirla, dejando al descubierto la realidad— Cuando yo llegué, él ya estaba devastado. Solo agregué leños a una hoguera que ya estaba encendida. Solo me acerqué lo suficiente para que el creyera que dejabas que te besara sin más ni más… De ahí, la duda personal hizo su trabajo— el descaro de sus palabras la hizo enfurecer.

— ¡Díselo! ¡Actúa como hombre y dile la verdad!— estalló al fin, descargando todo el poder de su ira en una sonora bofetada que dejó su huella en la mejilla del italiano. Lo que antes había sido burla, se tornó en indignación. Andy también estalló y sus palabras fueron precisas.

— No… Mucho menos ahora— le dijo, prolongando el delirio de Jaqueline que no veía otra solución a la reacción de Taro respecto a ellos.

— ¡Andy Salazar, te exijo que le cuentes a Taro la verdad!

— ¿Y para qué?— cuestionó el pelinegro dos octavas más alto— ¿Para qué logren reconciliarse? ¿Para que obtengan su final de cuento de hadas?— se mofó— No, Jaqueline. No lo haré. Si yo no te tengo… bueno, él no correrá con mejor suerte— le aseguró y su sonrisa de medio lado la instó a levantar la mano una vez más, aun corriendo con la mala suerte de que él la detuviera. Y vaya que era consciente de que con la fuerza de Andy no podría lidiar. Antes de que sus acciones se llevaran a cabo, una voz habló a sus espaldas, captando la atención de ambos italianos.

— ¿Quién dice que no?— cuestionó Taro con una dulce sonrisa. Sus ojos solo divisaban a Andy en su campo de visión y lo retaban a llevarle la contraria con Jaqueline ahí presente.

— Yo pude haber montado la farsa, pero tú decidiste creer en ella— le acribilló el pelinegro.

— Y créeme que ha sido la tontería más grande que he cometido en mi vida— respondió el japonés— Vete, Andy… Has perdido. Cualquier oportunidad que hubieras logrado para tener su amistad… para que ella regresara, se fue para siempre. Lo sabes tan bien como yo— la voz de Taro era firme pero tranquila. No se miraba exaltado ni daba señales de estarlo pronto.

— Te durará muy poco a ti también…— escupió el italiano un momento antes de darse la media vuelta y desaparecer. Jaqueline lo observó sin estar segura de lo que encontraría al girarse. Mientras que a sus espaldas, Taro había —por fin— centrado su visión en la bella castaña que tenía delante.

— ¿No te ibas a ir sin despedirte, verdad?— le cuestionó. Jaqueline giró la cabeza y sus ojos avellana terminaron por hechizarlo una vez más.

— Yo…

— Escucha, sé que no puedo pedirte que te quedes, de hecho no puedo pedirte nada después de cómo te traté… ¿Pero sería mucho pedir que me dejes llevarte al Hospital? No me perdonaría si la mujer que amo tiene que montar un taxi— le dijo y su sonrisa, alcanzó los extremos de sus mejillas, en una mueca radiante.

— ¿La…?

— Pues claro— la cortó, acercándose a ella con cuidado de que ella no diera un paso atrás alejándose de él. Y merecido que lo hubiera tenido— Porque te amo Jaqueline… es la primera vez que me enamoro… y ¡dios! Será la única, de seguro— le aseguró. No obtuvo respuesta. Las palabras no acudieron para Jaqueline, que solo atinó a arrojarse a sus brazos y atrapar sus labios en un beso que les pertenecía a ellos y a nadie más. Un beso que nunca podría compararse con alguno que hubiera dado antes y que a partir de entonces, solo llevaría el nombre de Taro, grabado en cada caricia.

— Yo también te amo, héroe…— le dijo Jackie al separarse.

— No sé qué haría sin ti, pretty girl…— susurró él.

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Viernes (09:00 PM)

Bar Le Fumoir.

De fondo, un piano. Lento, suave. Entonces un saxofón. Sensual, atractivos. Izquierda, derecha y un giro. Una mano sobre su cintura y una sujetando su mano. Una mano sobre su hombro y la otra acariciando sus dedos entrelazados a los suyos. Una escala… Una sonrisa. Cada sensación y cada acto que «In a sentimental mood» lograba provocarles los hacía sentir lo mismo que los había envuelto la primera vez que se encontraron en aquel mismo lugar.

Con delicadeza, Taro giró una vez más a Jaqueline y la besó al mismo tiempo que la pieza terminaba. Aquella noche, habían acudido al lugar en que se conocieron para dejar atrás las tristezas que habían rodeado sus vidas esos últimos días y dar un brindis por una reconciliación que esperaban no volver a repetir. Porque esperaban no volver a separarse.

Habían pasado dos días desde aquel momento en el aparcamiento del complejo y Jaqueline había reanudado sus actividades en el Hospital General de París. Su horario, requería que Taro se levantara más temprano a lo acostumbrado para llevarle al hospital, pero eso parecía no importarle al japonés. Como antaño, Jaqueline había recibido los domingos como días de descanso y los martes libres, en tanto cubriera las jornadas completas el resto de la semana. Y Taro, había planificado ya, el nuevo horario que tendría que seguir. Jaqueline por su parte, lo único que había planificado era un domingo de soccer apoyando en las gradas al PSG cuando el Bayern Munich visitara la ciudad para el primer amistoso de la Champions League.

Acercándose a la barra para coger aire y refrescarse un poco, Taro pidió dos Black Russian que llegaron a ellos casi al instante.

— Sino mal recuerdo… yo prefiero el Gimlet— bromeó la italiana al recibir la bebida.

— Y según Lionel prefieres un Martini— respondió el chico rodando los ojos— Créeme, sé lo que prefieres, pretty girl— terminó, guiñándole un ojo. Jaqueline sonrió al tiempo que depositaba un beso en la mejilla del chico y sonreía, pues luego de un tiempo, Taro aún no había olvidado al que fue su primer rival por el corazón y la atención de la castaña.

Desde la mesa del fondo, Basile Rosy sonrió. Había sido sometido a un tratamiento médico muy fuerte que desde que comenzó le prohibió el alcohol —incluso como bebida de paso— y que como resultado lo había llevado hasta ese bar, para beber su última copa en mucho tiempo. Desde esa noche, había divisado a aquellos dos a los que conocía tan bien y la certeza de que algo duradero y algo hermoso les esperaba juntos lo había asaltado casi con la misma rapidez, con que degusto su copa de whisky de despedida. Hasta esa noche, en que terminado el tratamiento, escapó de los regaños de su mujer para beber una copa más en nombre de los buenos resultados. Y en nombre de ese japonés agradable y esa italiana que había ganado su tutela; que —como no— habían terminado juntos como él suponía pasaría. «Este viejo, todavía tiene buen ojo para construir parejitas…» se dijo con una sonrisa en los labios.

** FIN **


N/F:

* Banda Sonora: In a sentimental mood (jazz romántico)

* Mención especial: ValeMBlackL ¡feliz cumpleaños!


AGRADECIMIENTOS:

Melina; Candy; FrederickGarcia00; ValeMisaki; SusyEugenio; Genevieve Wundt; Patty-Aide; Tsubasa-10; BrenJM


Con cariño, JulietaG.28


** OMAKE **


Una semana después. Martes (02:00 PM)

Estadio Parque de los Príncipes

El encuentro terminó, las tribunas apenas lograban sofocar la emoción y en el centro del campo, ambos capitanes se habían acercados para felicitarse mutuamente. A las orillas, Jaqueline había alcanzado finalmente a Taro, que la envolvió en un abrazo antes de tomarla de la mano para guiarla con aquel a quién deseaba presentarle.

Del otro lado, Genzo también había tomado a alguien de la mano y cuando ambo compatriotas se encontraron al centro del verde campo, sus sonrisas eran demasiado amplias como pasarlas por alto.

— Genzo, quiero presentarte… Ella es Jaqueline, mi novia— le dijo Taro.

— Un placer conocerte al fin— le dijo la castaña al arquero extendiendo la mano y sonriendo con dulzura. Una ternura, casi idéntica a la del castaño a su lado.

— Lo mismo digo… Taro nos sorprendió a todos, con su foto en las redes— sonrió el SGGK. Un momento después, la persona que aguardaba a su lado se acercó.

— Yo también quiero presentarte a alguien— le dijo a Taro— Ella es mi novia. Su nombre es…


PRÓXIMO ESTRENO:

** DEL ODIO AL AMOR **

A veces, se necesita más ímpetu que romance para llegar al corazón de las personas. Y Genzo Wakabayashi, habrá de enfrentarse a la chica de sus sueños... o a la fiera de sus pesadillas. Dos humores explosivos. Un arquero orgulloso. Una chica rebelde. ¿Es amor? ¿O una bomba?


MISAKI REGRESARÁ EN EL MUNDIAL