―¿Qué dices tú, Pius? ―preguntó Voldemort a una de sus recientes adquisiciones, Pius Thicknesse, miembro del Ministerio que había sido embrujado con una maldición Imperius.
Thicknesse miró a Nagini, la serpiente de Voldemort, que centraba su atención en él, deslizándose sobre la alfombra y siseando, como si estuviese evaluándolo.
―Se oyen tantas cosas, mi señor. Si la verdad está ahí fuera no está claroq.
Voldemort rió.
―Hablas como un político. Serás de mucha utilidad aquí, Pius.
Al rato, tras finalizar la reunión mortífaga, Voldemort y Thicknesse se encontraban solos.
―Dime, Pius. ¿Pronto podremos hacernos con el Ministerio?
―Se oyen tantas cosas, mi señor...
Voldemort parecía tener un déjà vu.
―¿Qué dices, Pius?
―Digo que hay mucho entramado burocrático. Y el Ministro no recibe a la gente así como así, menos para ser vilmente asesinado, como usted comprenderá.
―La burocracia no me importa, Pius.
Pius rodó los ojos.
―Ya, pues no es tan fácil...
―Pius, me prometiste resultados.
―Puedo prometer y prometo que no voy a prometer nada.
Pius se marchó, dejando a Voldemort sólo. Este se frotó la frente con la yema de sus dedos.
―Odio a los políticos.
Meses después se encontraban en Hogwarts. Iban a empezar la invasión. Pero Pius se acercó a Voldemort.
―Mi señor, ¿no deberíamos esperar? En fin, esto requiere mucha burocracia, y tendríamos que enviar una carta explicativa a la directora, explicándole nuestras acciones y...
Voldemort le echó una mirada mortal.
Al rato, Voldemort sintió la pérdida de otro Horrocrux. De repente, Pius volvió a acercarse.
―Mi señor... tiene que firmar algunos papeles y...
―¡Avada Kedavra! ―gritó el Señor Tenebroso.
Thicknesse cayó muerto sobre dos de sus compañeros. El político había muerto. Voldemort lo miró un instante. Odiaba a los políticos, y desde luego había lo que muchos deseaban, deshacerse de uno de ellos. Al cuerno con la burocracia.
