EL DIOS PERRO
CAPITULO IX
La descomunal bestia se removió entre los árboles, acercándose lentamente, sus enormes ojos azules se enfocaban en el cuerpo de la joven, pendiente de todos y cada uno de sus movimientos.
La penetrante mirada ocasionaba una mezcla de sentimientos en kagome, impidiendo que le fuera posible romper el contacto visual.
Ahora la fiera manada de lobos, se volvía una manada de tiernos cachorritos al lado de ese ser.
En toda su vida kagome nunca había visto algo igual. Un enorme cuerpo recubierto por un espeso y mullido pelaje castaño, patas que hacían vibrar la tierra con garras afiladas que sin ningún problema destazarían la carne y romperían los huesos de sus desdichadas víctimas.
Un lobo, si eso era, un lobo de tamaño monstruoso.
Que la veía fijamente, hipnotizándola, como una cruel artimaña para que le fuera difícil pensar en escapar y solo aceptar su triste destino.
Ser un pequeño bocadillo.
Ese pensamiento se vio reforzado cuando la increíble lengua rosada y húmeda pero también de gran tamaño se paseó por el hocico dejando al descubierto sus feroces colmillos blancos, saboreando con anticipación a su presa, y esa era ella.
El lobo se detuvo y se plantó imponente a menos de tres metros de ella, las cansadas piernas de kagome dejaron de sostenerla, aun cayendo al suelo kagome no pudo dejar de mirar esos ojos, sus manos aferraron el pasto seco del lugar.
El miedo volvió a rodear el cuerpo de kagome, tanto su respiración como los latidos de su corazón se volvieron sumamente irregulares, abrió la boca tratando de respirar, de llevar más oxígeno a sus pulmones.
Si su mente no le fallaba y kagome estaba completamente que no lo hacía. Los demonios y las extrañas criaturas eran simples invenciones, unas simples mentiras que los padres contaban a sus pequeños hijos para asustarlos, en especial a los niños traviesos que amaban desobedecer las reglas con tal de obtener más diversión.
Más sin embargo también podía recordar las palabras de los adultos y ancianos que juraban en incontables de ocasiones el haber visto a esas sanguinarias bestias destruir aldeas, comer a sus camaradas y también a sus familiares.
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El día había llegado a su fin, los aldeanos regresaban de los campos con sus cuerpos cansados llenos de barro y sudor, algunas mujeres salían de sus hogares para recibir a sus esposos con una sonrisa en el rostro, otras con enojo y unas pocas con sus hijos en brazos.
Los niños se iban despidiendo de sus amigos prometiendo que se reunirían a la mañana siguiente a continuar con los juegos y las travesuras.
La pequeña y dulce kagome caminaba tomada de la mano con su prima Rin que casi parecía una copia exacta de la pequeña Higurashi, reían y brincaban mientras cantaban una alegre canción, era hora de volver a su hogar para la cena.
Kagome miró el balanceo de sus pequeñas manos con una sonrisa en el rostro, desde que Rin había llegado para quedarse a vivir con su familia los días se habían vuelto más alegres y coloridos, siempre había deseado una hermana, no era que le molestara su hermano Sota, eso nunca porque ella lo amaba más que a nadie, Sota era un niño muy cariñoso.
Pero con Rin podía hacer las más divertidas travesuras, podía contarle todos sus secretos y sabía que ella no iría corriendo a contárselo a su madre cuando se pelearan-algo que si era muy común en Sota- y gracias a ella se sentía menos triste o frustrada al escuchar a los adultos quejarse de que ella no actuaba como una niña sino más bien como una niño.
Pero vamos que podía hacer ella, no era su culpa que cazar sapos o escarbar en la tierra en busca de gusanos fuera más divertido que jugar con muñecas o a la casita, esos juegos eran tontos a su parecer y Rin la comprendía.
-kagome-
-¿sí?- kagome dejó de mirar sus manos y dirigió su mirada al rostro de su prima.
-mira, el señor Mioga está saliendo de su casa- Higurashi miró el lugar que señalaba rin.
-¿vamos?- preguntó kagome sabiendo de antemano la respuesta.
Rin exclamó un "si" como respuesta y ambas niñas corrieron en dirección al anciano que empezaba a ser rodeado por otros niños.
Era una pequeña costumbre entre los niños de la aldea, reunirse cada vez que el anciano Mioga salía a sentarse en la entrada de su casa, el viejito contaba fascinantes historias que cautivaba los corazones inocentes de los chiquillos.
La historia que había contado esa tarde el señor Mioga no había defraudado las expectativas de los críos, los que comenzaban a salir de su asombro pedían otra historia con más emoción e impaciencia.
-Señor Mioga ¿es cierto que usted vio a un demonio?- la bulla cesó ante la pregunta para mirar con atención el rostro del adulto.
-Sí, eso es cierto- El anciano sonrió con tristeza- sucedió cuando aún era un niño.
-¿Ehhh?, ¿usted fue un niño?- pregunto un niño regordete ladeando la cabeza con gran confusión.
El anciano soltó una risa suave y asistió afirmativamente con la cabeza.
-¿Cómo era los demonios? ¿Son feos? ¿Qué sintió al verlo? ¿Son muy grandes? ¿Dónde lo vio? ¿Nos podría contar la historia?- las preguntas llovieron sin darle el tiempo necesario al anciano de responder.
El hombre extendió las manos para calmarlos.
-Lo lamento pequeños pero no puedo contarles esa historia.- el hombre rió ante los reclamos y pucheros de inconformidad que hacían los niños
.- Lo siento pero relatarlo sería mi doloroso para mí pero les puedo asegurar.- su rostro se volvió serio y los niños se removieron incómodos ante eso-"Una vez que estés frente a uno de ellos lo único que puedes hacer es rogar para que tu muerte sea rápida e indolora."-
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Y ese consejo estaba llevando a cabo kagome, solamente podía orar a dios para morir de la forma menos dolorosamente posible.
-Han hecho un buen trabajo muchachos.-
La gutural y tenebrosa voz resonó por todo el lugar. Kagome parpadeó confundida dejó de apretar el pasto y alzó su rostro buscando con rapidez a quien había hablado, tal vez y si tenía suerte esa persona la escuchara y viniera a brindarle ayuda.
-¡AYUDA! ¡ POR FAVOR AYÚDEME!- su garganta dolió, sentía que en cualquier momento sangraría por forzarla, volvió a gritar pero parecía que su angustiada voz molestaba a los lobos porque gruñeron de forma audible enseñando sus colmillos.-¡AYUDA POR FAVOR!
Pero no encontró a nadie, solo podía ver a los lobos moverse inquietos pero sin dejar de rodearla y con saliva cayendo de sus hocicos, en medio de ellos sin dejar de mirarla estaba esa bestia.
-Grita todo lo que desees débil humana, nadie vendrá a salvarte-
"No puede ser posible, esa cosa también puede hablar y entenderme" ante ese pensamiento Kagome gimió ya no con miedo sino con enojo y desesperación.
-Bueno, ya no perdamos más tiempo es hora de cenar verdad muchachos- los lobos aullaron conformes- bien chicos…. yo la mató.
El gigantesco lobo abrió su enorme boca, gruño y saltó dispuesto a matarla. Kagome estaba por cerrar sus los ojos para aceptar su destino cuando vio como los colmillos que estaban a escasos centímetros de su rostro se alejaban a gran velocidad.
Una peluda cola paso frente a sus ojos y un estruendo se escuchó alrededor de varios kilómetros de distancia, a los oídos de Kagome llego el sonido de el crujir de la madera de los arboles al quebrarse, polvo y ramas volaron por todo el lugar, los lobos se asustaron, los que reaccionaron con rapidez corrieron al lugar donde provenía el alboroto.
Kagome vio su oportunidad para escapar corrió por donde ya no había lobos, tomó la rama de un árbol que había llegado volando hasta ahí, eso le serviría como arma.
Un flacucho lobo se interpuso en su camino enseñando los colmillos para intimidarla pero para Kagome esa mirada ya no la asustaba en lo más mínimo, no ahora que había estado muy cerca de unos colmillos gigantes que pudieron matarla, movió la gruesa rama y golpeó con todas sus fuerzas al lobo, el animal cayó inconsciente al suelo.
Faltaba poco para llegar a los bordes del bosque, solo unos metros más y ya casi estaría a salvo.
Paró en seco cuando las dos enormes criaturas cayeron justo frente de ella, la bestia blanca gruñía al lobo que estaba debajo de su cuerpo.
Kagome vio a los lobos correr hacia ellos y saltar para morder el cuerpo que estaba sometiendo a su líder, movían la cabeza con saña creando heridas, la sangre comenzó a manchar el blanco pelaje.
-Maldito perro estúpido suéltame- el lobo se removió intentando escapar.
El perro blanco gruño audiblemente sin soltar a su presa, su hocico estaba manchado de sangre al igual que los colmillos, y en el cuello del lobo podía verse una gran herida que emanaba cantidades considerables de sangre que creaban un pequeño charco.
El lobo movió su gran pata y rasgó el pecho del perro quien solo se limitó a lanzar un gruñido de dolor.
-¡Ha llegado tu hora de morir infeliz!- A Kagome no le sorprendió el hecho que pudiera hablar pero si sintió curiosidad porque el perro no abrió la boca para hablar, la voz del perro fue clara e igual de gutural que la del lobo pero esta no intimidaba a la joven, todo lo contrario, la hacía sentir tranquila y segura. Algo que le pareció estúpido porque la bestia blanca estaba por matar a su enemigo y seguramente ella era la siguiente.
El perro apretó el agarre con intenciones de romper el cuello, la bestia castaña se removió más.
Kagome cerró los ojos sintiéndose incapaz de ver morir al lobo.
-¡Deténganse!- el lobo y el perro la miraron asombrados. Kagome no presto atención a las miradas que le daban solo se limitó a correr y golpear a las fieras que lastimaban al perro blanco.- ¡ya basta!
El perro soltó una risa suave y con su cola golpeó a los lobos que querían atacar a la mujer.
-Estas de suerte, pulgoso.- lentamente se movió a un costado pero sin soltar el cuello- al parecer mi señora perdonó tu estupidez, si no fuera por ella ahora mismo estarías muerto.
El canino blanco alzó su propio cuello para después lanzar con suma facilidad el pesado cuerpo del lobo y arrojarlo contra los arboles varios metros lejos de ellos.
Kagome miró todo en silencio.
El perro camino hacia ella, la joven se quedó quieta. El animal se posicionó detrás de su espalda, escuchó como el cuerpo cayó al suelo, a su lado derecho podía ver la peluda cabeza, los ojos rojos y las pupilas de color zafiro que miraban atentos los movimientos del lobo, las puntiagudas orejas moviéndose ante los más leves sonidos y las mejillas que tenían marcas purpuras irregulares. A su izquierda vio las enormes patas traseras y la peluda cola blanca que se balanceaba suavemente.
El lobo se levantó y gruño, miro con enojo a Kagome, deseando destazarla por haberlo dejado en vergüenza.
-Si tienes algún problema con mi señora tendrás que derrotarme- Kagome se sobresaltó levemente al escuchar su voz, la cabeza del perro había quedado sobre su pequeña cabeza y la sombra del perro la cubría.- ¡Más vale que te largues!- la voz resonó como un trueno.
Cuando el lobo se marchó con toda su manada detrás de él, el perro rio divertido.
Y en ese instante al cuerpo de Kagome había regresado el nerviosismo, se había librado del lobo pero ahora estaba frente a un enorme perro del tamaño del castillo del amo Hakudoshi y nadie le aseguraba que ese perro tuviera buenas intenciones.
Kagome se dio la vuelta con lentitud evitando hacer movimientos bruscos, cuando quedó de frente a la bestia miró con atención y curiosidad el cuerpo blanco y peludo del perro que se había acostado a sus espaldas, el animal miraba con atención hacia la dirección por la que se había marchado el lobo, soltó un suspiro y enfocó su mirada en ella. Kagome podía jurar que el animal sonreía.
-Por fin te encuentro, no fue nada sencillo eso te lo aseguro-
-…-
-¿Qué te pasa, estas bien?- el perro acercó la enorme nariz y la olfateó.-
Kagome no movió ni un musculo.
-Maldito, la próxima vez que me lo encuentre- emitió un gruñido de enfado y apretó sus colmillos haciéndolos crujir.
-¿Q-quién eres? ¿Y que es lo que quieres?- Kagome sujetó la rama con fuerza y la puso frente a su cuerpo.
La risa volvió a resonar por todo el lugar. Una pata bajo los brazos de la joven.
-¿Así es como recibes a tu sirviente? Tal parece que mi ama no me quiere- el perro posó la cabeza sobre sus patas frontales y la miró como un cachorro que recibía un cruel regaño.
Kagome sintió deseos de olvidarse de todo y abrazarlo, esa cara a pesar de ser tenebrosa ahora parecía la más adorable.
Sacudió la cabeza y lo miro confundida.
-¿Sirviente? Yo no tengo ninguno-
El perro miró a la joven por unos segundos y volvió a suspirar con un dejen decepción.
El enorme cuerpo fue envuelto por tenues luces moradas y la mujer vio sorprendida al hombre que había aparecido, sus mejillas se colorearon de rojo al ver que este era muy atractivo, una cabellera larga y platinada embarcaban el bello rostro, el hombre abrió los ojos y Kagome casi perdía el equilibrio al ver esas hermosas lagunas de oro fundido, se llevó una mano a la boca para evitar gritar al recordar los ojos de su amigo.
El hombre rio ante la mirada asombrada de la joven.
-Tranquila, no te hare daño- pronunció al ver como la joven levantaba la rama de nuevo.
-¿Quién eres?... y no me digas que eres mi sirviente porque eso no es verdad-"solo los nobles pueden tenerlos" completo en pensamientos la joven.
-Claro que lo soy- el joven se apuntó a sí mismo, a su cuello donde descansaba un collar de cuentas moradas- ¿ves este collar?
Kagome asistió
-Este es el símbolo de nuestro contrato- el peli plata la señalo- al igual que el collar de oro que tienes entre tus ropas.
Un poco incrédula Kagome buscó entre sus ropas y sintió como sus dedos tocaban el frio metal, lo sacó y pudo comprobar que efectivamente era de oro, tenía forma de media luna, en las orillas tenia letras grabadas en otro idioma, justo en el medio de la luna había un perro y debajo de él los kanjis de un nombre.
-"Inuyasha"- leyó
-¿Si?-
Kagome gritó, el peli plata se había acercado a ella mientras examinaba el objeto. El joven la tomó de la cintura evitando así que la chica cayera al suelo tras perder el equilibrio.
-Su…suéltame- se sonrojo más al ver la hermosa sonrisa del peli plata, incomoda empujó al muchacho poniendo una mano en el musculoso pecho, el ojidorado hizó una mueca de dolor y ella se asustó- ¡perdón!… lo siento ¿estás bien?
-Sí, tranquila- el hombre la soltó y se alejó un poco mirando su herida.- ese collar es una ofrenda para ti, al ser mi ama es normal.
-¿Cuál es tu nombre?- inuyasha no la miró, estaba entretenido examinando su herida pero le respondió.
-Está en el collar-
-¿Inuyasha? ¿Ese es tu nombre?
-Si
Kagome sacudió su cabeza, no ese no podía ser el Inuyasha del castillo, Inuyasha había muerto, lo había matado con sus propias manos y tampoco era un demonio, si lo hubiera sido habría logrado escapar del agujero. Lo más probable era que ese nombre fuera común entre los demonios, si eso tenía que ser, parecía una tonta al hacerse ese tipo de ilusiones.
"Grábatelo bien kagome, el Inuyasha que era tu mejor amigo ahora está muerto"- la joven asistió y respiró profundo para evitar llorar.
-Si es verdad que eres mi sirviente, en que momento hicimos el contrato.- Kagome miró seria a inuyasha.
Inuyasha le devolvió la mirada.
-No lo sé-
-No lo sabes- el peli plata asistió- ¡¿Entonces como sabes que yo soy tu amo?!
-Por mis instintos y este collar.- contestó con simpleza inuyasha.
Kagome lo miró asombrada, le era muy difícil creerle.
Se dejó caer al suelo y cubrió su rostro con las manos.
Su cabeza dolía y todo se volvía negro.
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INUXKAG
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-¡Ayuda! ¡Por favor ayúdeme!-sus orejas se movieron al escuchar esa voz a lo lejos.- ¡ayuda POR FAVOR!
Sonrió con satisfacción faltaba poco para llegar con su amo, llevaba varios minutos corriendo por los cielos, siguiendo solo a su instinto para guiarse, se sentía impaciente ya ansiaba conocer a la persona que lo llamaba, que hacía que su cuerpo fuera a su encuentro sin oponerse.
Olfateó el aire, reconoció al instante el pestilente aroma de los lobos, el olor a sangre y otro aroma sumamente exquisito, agradable y tranquilizador.
Podía asegurar que ese era el aroma de su amo, si así de increíble era su fragancia entonces estar con el seria agradable.
A un kilómetro de distancia vio un risco, en la punta vislumbró la figura de un humano que era acorralado por una manada de lobos y el que más sobresalía era el macho alfa de la manada, un lobo color café que se podía comparar a su tamaño.
-Bueno, ya no perdamos más tiempo es hora de cenar verdad muchachos- inuyasha rió, ni loco iba a permitir que dañaran a su amo- bien chicos… yo la mató.
El Inugami vio como el lobo habría su gigantesca boca enseñando los colmillos ya preparado para matar al humano, inuyasha formuló un gruñido y también abrió su hocico, saltó en el aire y justo antes que el lobo tocara a su amo hincó sus afilados caninos en el cuello castaño.
El lobo emitió un sonido de sorpresa, e intentó alejarse pero antes de lograrlo ambos se estrellaron con los árboles, el lobo recibió todo el impacto del golpe y este gruño por el dolor.
Sin perder tiempo inuyasha movió su cabeza para causar más daño en el pescuezo de su enemigo.
Los pequeños lobos llegaron al lugar, rodearon a las dos enormes bestias y gruñeron a Inuyasha, después corrieron a morder las gigantescas patas blancas.
El Inugami se distrajo un poco al intentar alejar a esos molestos carnívoros, un grave error porque el lobo aprovechando su descuido logró someterlo contra el suelo.
-Eres un perro tonto- el lobo lo miró con superioridad- en verdad pensaste que lograrías derrotar al gran Koga… Es una lástima parecías un buen oponente.
Koga quiso morder el cuello de inuyasha pero el Inugami fue más rápido, empujó el cuerpo del lobo con sus patas traseras y después de levantarse del suelo corrió para arremeter de nuevo contra el lastimado cuello.
Algunos lobos los siguieron y volvieron a morder el cuerpo del perro, inuyasha decidió ignorarlos.
-Maldito perro estúpido suéltame- koga se removió queriendo escapar.
Inuyasha gruño… Soltarlo que acaso ese lobo era un imbécil, el no deseaba soltarlo, sus deseos de matarlo eran muy grandes y el sabor metálico de la sangre solo lograba aumentarlos.
Koga movió su pata izquierda, intentando escapar pero inuyasha apretó el agarre, no lo soltaría, sintió como las garras del lobo rasgaban su pecho y como la sangre empezaba a fluir, gruño por el agudo dolor que recorrió su cuerpo.
-Ha llegado tu hora de morir infeliz- el Inugami ya no podía contener sus ganas de matar. Apretó el agarre con intenciones de romperle el cuello al lobo.
Estaba por cumplir su cometido cuando un grito resonó por todo el lugar y sus orejas.
-¡Deténganse!- el perro miró a su derecha, se asombró un poco, nunca imaginó que la humana intentará detener una pelea entre bestias gigantescas, vio a la joven correr hacia él sujetando la rama, preparada para atacar, no se preocupó sabía que no le causaría un gran daño o dolor y sería muy fácil aplastarla.
Felicidad lo embargo, no fue hacia él con intenciones de lastimarlo si no para defenderlo y quitarle a los molestos lobos.
- ¡ya basta!
Inuyasha sintió su cuerpo tensarse ante esa voz, definitivamente esa humana era su verdadero amo, y ante la anterior acción que ella había realizado se había ganado su completa confianza y con gusto obedecería sus órdenes sin importar cuales fueran o si esas significaran su muerte.
El perro soltó una risa suave y con su cola golpeo a los lobos que querían atacar a su señora, los cuerpos de los cuadrúpedos fueron a parar muy lejos.
-Estas de suerte, pulgoso.- Inuyasha lentamente se movió a un costado pero sin soltar el cuello de koga , no deseaba dejar vivir a su presa pero las ordenes de su ama ahora eran su máxima prioridad.- al parecer mi señora perdono tu estupidez, si no fuera por ella ahora mismo estarías muerto.
InuYasha levantó al lobo por el cuello, la sangre salpicó el suelo y con un rápido movimiento lo mandó a volar lejos, koga gimió por el escozor de las heridas, la manada corrió para ayudar a su líder.
El Inugami se sacudió, ramas, hojas y polvo cayeron al suelo. Caminó en dirección a la humana y se recostó detrás de ella, de ese modo si el lobo decidía volver a atacar podría protegerla más fácil y rápido, balanceó su cola esperando que el lobo se marchará del lugar.
Observó como Koga miraba con furia a su señora, el enojado enseño los dientes.
-si tienes algún problema con mi señora tendrás que derrotarme- habló con furia mientras posicionaba su cabeza sobre el cuerpo de la mujer.- ¡Más vale que te largues!- en esta ocasión gritó.
Koga también le dirigió una mirada de furia pero se dio la vuelta, Inuyasha rio divertido al ver como el lobo se iba con la cola entre las patas
Mantuvo su mirada en la dirección por la cual el lobo se marchó, después de un rato soltó un suspiro y enfocó su mirada en la humana que ahora lo veía de frente con una expresión de incredulidad y nerviosismo, él se limitó a sonreír intentando tranquilizarla inconscientemente.
La humana era muy hermosa, su respiración estaba agitada, tenía largos cabellos azabaches los cuales estaban un poco revueltos y llenos de hojas, su piel blanca tenia sangre reseca y muchos rasguños y sus ojos eran de un delicioso color chocolate.
Aburrido por el silencio y sintiéndose tonto por quedarse embobado admirándola decidió iniciar la conversación.
-Por fin te encuentro, no fue nada sencillo eso te lo aseguro- Y era en parte cierto, correr guiado por el instinto era un poco confuso al igual que difícil.
-…-
El silencio reino.
-¿Qué te pasa estas bien?- acercó su enorme nariz a la hembra y la olfateó intentando encontrar anomalías en ella, tal vez su ama estuviera herida y por eso no pudiera hablar, pero no encontró ningún olor que le ayudara a dar un veredicto.
-Maldito, la próxima vez que me lo encuentre- emitió un gruñido de enfado y apretó sus colmillos haciéndolos crujir. Tal vez ese maldito lobo había lastimado de otra forma a la mujer.
-¿Q-quién eres? ¿Y qué es lo que quieres?- la voz salió temblorosa.
Pero se alegró, al hablar había demostrado que estaba bien.
La mujer sujetó la rama con fuerza y la puso frente a su cuerpo intentando intimidarlo, eso le provocó gracia y no reprimió sus deseos de reír, con su pata izquierda bajo los brazos de la joven con suavidad y cuidado, si no media bien su fuerza podría lastimarla.
-¿Así es como recibes a tu sirviente? Tal parece que mi ama no me quiere- Inuyasha acomodó la cabeza sobre las peludas patas e hizo una mueca de tristeza.
Vio como la humana sacudió la cabeza y le dirigía una mirada llena de confusión.
-¿Sirviente? Yo no tengo ninguno-
Observó a la joven por unos segundos y volvió a suspirar con un dejen decepción.
Estaba más que claro que la mujer no tenía ni la más remota idea sobre su contrato.
Lo mejor era regresar a su forma humana para hablar y dejara de sentir el molesto aroma a miedo que empezaba a emanar la mujer.
Su cuerpo fue envuelto por las pequeñas luces moradas, sintió el cosquilleo característico al cambiar de forma, abrió los ojos y rio ante la mirada asombrada de la joven.
Sintió un poco de miedo al ver como la mujer alzaba el tronco.
-Tranquila, no te haré daño-
-¿Quién eres?... y no me digas que eres mi sirviente porque eso no es verdad- la mujer denotaba enfado.
¿Que no lo era?... por dios claro que lo era, si no lo fuera en primer lugar el collar no habría aparecido, sus instintos no le hubieran guiado hasta ella, su cuerpo tampoco se estremecería ante su presencia y eso que ella era un hembra humana mucho más débil que él.
-Claro que lo soy- Apuntó a su cuello, con exactitud al collar de cuentas moradas- ¿ves este collar?
Ella asistió
-Este es el símbolo de nuestro contrato- el peli plata la señalo- al igual que el collar de oro que tienes entre tus ropas.
La joven buscó con desesperación entre sus ropas un poco incrédula ante sus palabras, él sigilosamente se acercó y se encontraba junto a ella cuando sacó el collar de oro con forma de media luna.
-"Inuyasha"
Su cuerpo volvió a estremecerse, a la espera de una orden.
-¿Si?-
La mujer gritó y perdió el equilibrio al intentar alejarse, él la sujeto por la cintura para impedir su caída.
-Su…suéltame- un lindo sonrojo cubría las jugosas mejillas, inuyasha esbozó una sonrisa pero se borró cuando la mujer tocó la herida de su pecho, ¡diablos como dolía! Pensó mientras llevaba una mano hacia ese lugar- ¡perdón!… lo siento ¿estás bien?-
-Sí, tranquila- inuyasha la soltó y se alejó un poco mirando su herida, jaló un poco la yukata blanca ahora tenida de rojo, para examinar mejor y continuó hablando - ese collar es una ofrenda para ti, al ser mi ama es normal.
-¿Cuál es tu nombre?-
No la miró, estaba entretenido examinando su herida, era grande pero después de unas cuanta lamidas estaría mejor, sanaría rápido, al día siguiente cuando mucho, su piel estaría como si nada hubiera ocurrido.
-Está en el collar- su mirada seguía en la llaga.
-¿Inuyasha? ¿Ese es tu nombre?
Dejo de observar la herida para enfocar toda la atención a su ama.
-Si-
Ella sacudió su cabeza como si intentara alejar muchos pensamientos negativos de su mente.
-Si es verdad que eres mi sirviente, en que momento hicimos el trato.- el semblante era de completa seriedad.
-No lo sé- contestó con sinceridad.
Cuando el "despertó" solo podía recordar que en su vida anterior fue un perro y que esas personas a las que había atacado le causaron mucho daño al igual que un grave dolor días antes de su muerte.
-No lo sabes- el peli plata asistió- ¡¿entonces como sabes que yo soy tu amo?!
-Por mis instintos y este collar.- contesto con simpleza y orgullo, señalando su collar de cuentas moradas.
Inuyasha miró con atención a la joven, vio el asombro en su rostro, cómo esta se agachaba y cubría su rostro con sus manos, la vio tambalearse y la atrapó antes de que ella cayera al pasto.
Con sumo cuidado él la tomo en brazos, agarró el collar de oro que había caído al suelo y camino hasta internarse al bosque, tendría que hacer una fogata, la temperatura bajaba y los humanos eran muy propensos a enfermarse.
Al llegar a un lugar que el consideró seguro, la acomodó en el pasto, le puso el collar en el cuello y fue en busca de unos leños.
Regreso con maderas secas y un jabalí, prendió la fogata y disfrutó de su cena.
Escuchó a la joven removerse y la vio temblar a causa del frió.
Su cuerpo volvió a adquirir su forma perruna, se acercó a ella teniendo extremo cuidado de no pisarla con sus enormes patas y lastimarla, se acostó alrededor de a ella, con su hocico la acomodó entre su pecho y patas delanteras, la cubrió con su cola y cerró el "circulo" que había formado con su cabeza.
La joven se removió para acomodarse, acarició el blanco pelaje y sonrió.
Inuyasha también sonrió.
Protegería a esa humana con su vida.
Cerró los ojos para dormir y descansar un rato..
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15/02/2017
Holaaa, por fin acabe este capítulo, enserio fue difícil muchas ideas se me venían a la mente pero al escribirlas no me gustaba como quedaban, lo más difícil fue decidir por fin como sería el comportamiento de Inuyasha con kagome pero ya tome una decisión y eso es bueno.
Como podrán darse cuenta Inuyasha perdió la memoria, no recuerda para nada a kagome, ni si quiera el nombre de ella. -¿Mala yo?... para nada XD -
Si todavía se preguntan cómo es que Inuyasha está seguro que kagome es su ama pues es sencillo, la respuesta es el hechizo que realizó Tsubaki.
Por cierto si he visto Gugure! Kokkuri-san, Kamisama hajimemashita y amo ambos animes.
Como siempre muchas gracias por sus bellos comentarios, a veces estoy a punto de gritar como loca por la emoción que siento al leerlos. Y quería comentarles que le cálculo d capítulos para el final, y no se me exalten habrá lemon 7w7.
Para los que les es más cómodo leer en wattpad pueden encontrar ahí mis historias, mi nombre de perfil es KagometaishoH.
Espero leer que les pareció este capítulo y si me asesinaran por no actualizar rápido XD
Sin más que decir besos y abrazos.
Sayonara.
