CAPÍTULO 8:
Por mucho que odies a una persona tan cercana a ti como lo es tu propio padre, cuando lo ves en una situación como la que yo lo vi, siempre temes la posibilidad de que se vaya. Por eso, cuando la ambulancia se lo llevó, ordené a Tori llamar a mamá mientras yo me iba con él en la ambulancia. El verlo en aquella camilla, con respiración asistid, me hacía sentirme mal. Él, mientras, no decía nada; aunque le podía notar que se moría por decirme algo.
Cuando llegamos al hospital, enseguida se lo llevaron mientras el doctor se quedaba conmigo:
-¿Es usted la hija?- me resultó extraño que no me reconociera, la verdad.
-Sí, lo soy. ¿Cómo está mi padre?
-Le haremos una serie de pruebas primero, pero es preocupante que le haya repetido tan rápido- lo miré extrañada, ¿repetido?- ¿No lo sabía usted acaso?
-He estado ocupada con el trabajo- mentí- ¿Qué le pasa a mi padre?
El médico observó a su alrededor y me ofreció seguirlo a una zona apartada. Fuese lo que fuese, tendría que ser importante para que me llevara a un lugar más privado:
-Señorita West, su padre tiene problemas de corazón.- soltó la bomba- Estas últimas semanas ha estado ingresado anónimamente para averiguar qué le pasa- ahora muchas cosas se explicaban- Que le haya repetido significa que puede que esté empeorando.
Me llevé las manos a la cara y las apreté fuertemente contra mi rostro. Aquello no estaba pasando. Joder. ¿No podía tener un solo respiro en mi vida? ¿Por qué tenía que tenía que unirse mi padre también? Tenía que haberse abierto más. Si nos hubiera dicho esto.
-Necesito salir fuera- me levanté rápidamente- ¿Me avisarán cuando haya más noticias sobre mi padre?- el medico asintió.
Salí corriendo de allí. Mi padre se estaba muriendo y no había estado junto a mí estas semanas atrás no porque realmente estuviese enfadado, sino porque se estaba muriendo. ¿Por qué no me lo había dicho antes? Podíamos haber hecho algo más o, al menos, hubiera sido un poco "mejor hija" con él. ¿Por qué las personas simplemente no se sinceran cuando saben que tienen seres queridos que están ahí para apoyarlos? Las cosas pueden estar como el infierno entre tú y esa persona, pero en estas cosas, siempre estarán ahí.
Respiré profundamente, intentando tranquilizarme. Notaba como cada vez me enfadaba más. No sabía si conmigo, con mi padre o quien fuese. Solo sabía que estaba enfadada y mucho. Quería golpear algo, destrozar algo, lo que fuese. Mis puños estaban apretados. Tomé aire y sin pensarlo, arremetí con la pared hasta que noté como un hilillo de sangre corría por mi mano.
-¡Jade!- ni siquiera me di cuenta que era Tori quien me cogía de la mano hasta que no vi su rostro preocupado observando mi mano.
-Jade- mi madre se unió- Dios, hija, ¿estás loca?
Tomé aire profundamente e intenté tranquilizarme:
-Papá tiene problemas con el corazón que están empeorando- su cara no reflejó sorpresa, sino el reflejo que había descubierto algo que no debía- ¿Lo sabías?
-Tu padre me pidió que no te dijera nada.- no podía creer lo que escuchaba- Fue la razón por la que no asistió a tu cumpleaños…
-¡¿Por qué no me lo dijiste?!- grité prácticamente.
-El me pidió que no lo hiciera.
-¡Se está muriendo, mamá!- me abalancé hacia ella cuando Tori me paró.
-Jade, para…-miró a mamá que bajó su mirada- ¿por qué no va a ver cómo está su ex marido, señora West? Yo me quedó con Jade.
-Gracias, Tori- le dedicó una simple sonrisa, dejándonos a solas.
Tori me cogió entonces, alejándonos un poco del lugar, haciéndome que me sentara en uno de los bancos que había alrededor del hospital:
-Tranquilízate, Jade.
-No puedo- respiré profundamente- Me han mentido.
-Y tenían buena razón para ello- tomó mi mano, aún hecha un puño y señaló todos los nudillos en sangre viva- Mira lo que te has hecho. ¿Qué te crees que te hubiera pasado si te lo hubieran dicho antes?
-No lo comprendes, Tori. ¿Qué harías tú si no te dejaran ver a tu padre, el cual se está muriendo?- cuando me di cuenta de aquellas palabras, fue demasiado tarde- Lo siento…
-Está bien, es solo el momento- pero en realidad sabía que le había faltado el respeto con aquello- Solo te pido, Jade, que le des tiempo, ¿vale?- decidí no responder- Ahora mismo vamos a ir que te curen esto y cuando estés mejor, volveremos para que puedas ver a tu padre, ¿entendido?
-Pero…
-¿Entendido?- ya se veía que no tenía alguna que otra opción.
-Entendido- asentí.
Asique, allí estábamos. En urgencia, los dos grandes tiburones del mundo empresarial. Mi padre malo del corazón, y yo, con el puño destrozado. Por suerte, lo mío no fue nada. Una limpieza rápida y salí al momento con un simple vendado. Sería interesante explicarle lo que le había pasado a mi mano cuando me encontrara con los empresarios. Quizás podía decir que había sido por pegarle a un capullo que creía que podía conmigo.
Después de aquello, me senté en la sala de espera. Mamá había entrado, pero al ser observaciones donde lo tenían, había que esperar que lo subieran a planta para que pudiera entrar. Asique, no me quedó más remedio que sentarme en la sala de espera con Tori a que o saliera mamá, o pasara algo.
-No tienes por qué esperar conmigo.- no era su familia, estaba bien.
-No te preocupes, está bien- sonrió.
-¿De verdad?- volvió a asentir- Gracias… supongo.
-Es lo mínimo que puedo hacer… Además, estoy acostumbrada a estar en salas de espera de hospitales- la miré al momento, ¿cómo debía de tomarme aquello?- Quiero decir, cuando era más joven, tenía una amiga que siempre estaba metiéndonos en líos- empezó a explicar por fin- Seis veces estuvimos en el hospital. Tres ella y tres veces yo. Dos con un tobillo y muñeca doblado intentado hacer skate y una, cuando me arañé saltando una reja….
-¿Una reja?
-Quería tener una chaqueta de moto de mujer que vi y…. bueno, quise robarla de un camión que iba a repartirlas- intenté no reír.
-Toda una hazaña- bromeé, observando sus manos nerviosas cuando las tomé entre las mías- Gracias.
Tori observó nuestras manos y tras un momento, con cuidado, se aferró más.
-Jade- ambas nos levantamos al momento cuando oímos la voz de mamá.- Tu padre quiere hablar contigo un segundo.
No dije nada, miré a ambas, lanzándole una mirada a Tori para que esperara allí y me dirigí por el pasillo al encuentro con papá. Al ser quien era claro, estábamos solos en la habitación. Tendido, vestido con aquella ropa de hospital, con cables por todos lados y respiración asistida; casi causaba miedo verlo. Siempre había estado en mi mente como un hombre de traje y chaqueta que nunca había vestido, al menos, delante de mí, algo que no fuera de alta costura. Ahora, viéndolo de esta manera, casi resultaba duro. Empezaba a odiarme por haberlo detestado tanto estos últimos días.
Había sido una estúpida.
-Feliz cumpleaños- Edward se quitó la mascarilla y me lanzó una sonrisa, la primera en mucho tiempo- Aunque un poco tarde.
-Gracias- intenté sonar lo mejor que pude- ¿Cómo estás?
-Pues quitando estas pintas y que mi corazón, ya no era el que por antaño fue; supongo que bien.- desde luego, aquel ataque debía de haber sido duro porque aquella era la primera vez que lo escuchaba bromear conmigo- ¿Qué le pasó a tu mano?
La miré, estaba un poco morada por la zona de los dedos:
-Una tontería, supongo- la escondí detrás de mí.
-Está bien- no preguntó, lo agradecía- ¿Te sientas, por favor?
Observé la butaca posicionada a su lado. Seguramente, mamá la habría utilizado para hablar con él. Me senté a su lado, pero no conseguía mirarle a los ojos. Había algo que me comía por dentro:
-¿Por qué no me contaste que estabas malo?
-Porque no quería que me vieras débil- resoplé, intentando no llorar- Toda mi vida he querido que me vieras como un gran hombre, pero supongo que lo único que hice es hacer que me vieras como un monstruo…- lo miré a los ojos cuando lo escuché- Y no me digas que no es verdad, porque lo leía en tus ojos cada vez que estábamos juntos.
Muchas veces en mi vida me había arrepentido de muchas cosas, pero esta vez, después de recordar las palabras que le había dicho a mi madre sobre mi padre; me arrepentía de cada una. La gente comete errores, por alguna razón, somos humanos, por alguna razón, cometemos errores.
-Lo hiciste lo mejor que pudiste- intenté quitarle hierro al asunto.
-Y aun así, fallé…- suspiró, tomando el oxígeno para calmarse un poco- ¿Abriste mi regalo?- bajé la mirada- Ábrelo cuando puedas, ¿vale? Por favor, es importante.
-Vale- le sonreí.
-Tu… tu madre me ha dicho que Tori está aquí- no sabía que responderle aquello, si tenía que decir la verdad- No voy a decirte nada. En realidad… disfruta de lo que te ha traído la vida.
-¿Cómo dices?
-No soy tonto… He visto muchas veces la manera en la que ambas trabajáis aunque tú no lo sepas y aunque tengo mis razones…- suspiró- Disfruta de tu vida. Debes de hacer tus bienes y tus males, tus errores y aciertos… Y si estar con Victoria es lo que quieres… adelante.- me quedé sin habla.
-¿Y la razón por la que nunca puedes estar a su lado?- aún estaba sin ser clara.
-Dejémosla en secreto por ahora, ¿vale?- ya tenía bastantes problemas, asique le asentí a aquello- En unos días te vas a Londres… Cuando era mejor persona…- volvió a sonreír, me gustaba ver como lo hacía- Recuerdo que llevé a tu madre a Ámsterdam y allí le pedí matrimonio…
-Papá…- lo paré- Cuidado con lo que dices.
Y aunque ocultó su sonrisa detrás de la máscara del oxígeno, hasta a mí me hizo sonreí un poco:
-Solo digo que un viaje siempre viene bien.
-¿Y qué pasa con tu condición?- no pensaba irme de viaje, sabiendo que él estaba enfermo del corazón.
-Estaré aquí el suficiente tiempo para que realmente te aburras de mí. Solo toma mi consejo y por fin aprende a vivir. No seas como yo… si sabes a lo que me refiero.
Asentí, sabía a lo que se refería. Solo pasaba una cosa, y esa era que era la primera vez que veía mi padre actuar como un verdadero padre. Dando consejos, en vez de dar órdenes. Actuar como un padre, no como un jefe. Me emocionaba incluso.
-Gracias- susurré alzando la mirada.
-No he sido padre estos años, mejor aprender tarde que nunca.
Me levanté de la silla y con cuidado, lo abracé, soltando por fin mi primera lágrima en todo aquel momento. Siempre me había gustado llevar esa coraza de chica mala y demás, pero aquella era la primera vez que tenía a mi padre como padre. Era una experiencia única.
-Te quiero, papá.
-Yo también te quiero, Jade.
La puerta se abrió tras nosotros, entrando el mismo doctor que nos había atendido antes, por lo que tuve que dejarlo a solas. Asique volví con mamá y Tori, que esperaban mi regreso en la sala de espera.
-Está de vuelta- la primera en verme fue Tori.
-Jade, ¿qué tal?- mamá se preocupó al verme.
-Bien, supongo- realmente, no lo sabía- Hemos… arreglado un poco las cosas.- le respondí para alegría de mamá- Es raro verlo convertido en padre por primera vez- intenté bromear para librar tensión.
-Me alegro mucho, cariño.
-¿Tienes aún su regalo?- recordé entonces.
Le había hecho una promesa, ¿no? Mamá no dijo nada, lo sacó del bolso y me lo entregó, despidiéndose para volver a la habitación. Miré el estuche. Sentía que iba a vomitar, pero las promesas se cumplen. Tori me tomó, indicándome que me sentara porque seguramente vería el malestar en mi rostro y esperó a que yo reaccionara.
Abrí el estuche lentamente, casi temiendo por lo que fuera cuando lo que encontré, me hizo sentirme como si volviera a tener seis años. Había sido antes de que papá empezara su camino para convertirme en lo que era ahora. Un verano, cuando fuimos a la playa, encontré una pequeña caracola de la que no me separaba en todo el verano. Un día, de repente, la perdí, lo que hizo que me entristeciera mucho. Papá entonces, para que me olvidara de ella me contó una historia. En ella, la caracola era el hogar de un cangrejo que para sobrevivir, necesitaba la caracola. "Seguramente, ahora mismo la tenga don cangrejo" me llegó a decir. Yo lo creí por ese entonces, tonta de mí. Hasta aquel día. Papá la había hecho guardar en un tarro que habían rellenado para que pareciera el mar, el agua y las olas, pero guardando un pequeño detalle. Un pequeño cangrejo de mentira, asomaba en el lugar donde se abría la caracola.
Cerré mis ojos, aguantando las lágrimas, pero fue inútil. Era la primera vez que lloraba tanto en un mismo día.
-Jade.- Tori se preocupó al verme de esta manera.- ¿estás bien?- Asentí.
-Ahora, mejor que nunca- por primera vez, parecía que las cosas, funcionaban como debían, o al menos, eso esperaba.
-Es preciosa- miró la botella.
-Recuerdo del último momento antes de que mi padre dejara de serlo para convertirse en mi jefe.- tomé el tarro, mirándolo fijamente- ¿Cómo es posible que una cosa tan pequeña tenga tanto significado en nuestras vidas?
-No lo sé- respondió mirando conmigo el regalo- Pero es lo que las hace especiales- respondió volviéndose entonces a mí-Los recuerdos que nos llegan a traer.
Nos quedamos de repente, de aquella manera. Mirándonos a los ojos, sin decir palabra, pero todo a la vez. Recordé las palabras de papá. Vive tu vida, crea tus errores y tus aciertos. Quizás, Victoria fuera una de esas cosas que llegan a tu vida para cambiarla según cómo te afecten. Le había dicho como me sentía, después de haber arruinado el único momento en el que se lo pude decir. Después, se lo llegaba a decir, y esperaba que las cosas fuesen bien.
Sabía que me había dicho que quizás las cosas no funcionaran bien para nosotras, que llegaría a hacerme daño, pero por intentarlo una última vez, no pasaba nada, ¿cierto?
Guardé de nuevo el frasco en el estuche, guardándolo en mi bolsillo y me giré hacia Tori. Era la primera vez que hacía esto en mi vida. Veríamos como salía:
-Tori… ¿vendrías conmigo a cenar una noche?
Vega me miró con ojos como plato cuando me escuchó:
-Jade…- sonrió nerviosa- Ya te dije que las cosas no marcharían bien.
-Lo sé, y lo entiendo, pero me gustas y yo a ti. Por eso, quiero al menos intentarlo. Si me haces daño, lo aguantaré. En la vida se cometen errores y aciertos, déjame que yo sea un acierto o un error en tu vida como tú en la mía.
Tori se levantó nerviosa, caminando de un lado a otro de la sala. Casi creía que me diría que no, pero de repente se volvió y con una sonrisa, asintió:
-Está bien, pero solo una cena.
-Una cena- asentí levantándome para acercarme a ella- Te prometo que solo será una cena. Aunque… tiene que ser con una condición.
-¿Qué condición?- una sonrisa se dibujó en mi rostro cuando vi lo nerviosa que se ponía en aquel momento.
-Pues… que tiene que ser en L'Atelier.
-L'Atelier…- repitió- ¿No es ese el restaurante de Joel Robuchon?- asentí- ¿No es un poco caro?
-Invito yo, ¿recuerdas?- me encogí de hombros.
Tori llegaba a ser muy lista, pero parecía que aún no había cogido el punto de la cuestión que le estaba mandando:
-Ok, pero ese restaurante está en Londres.
-Lo sé.
-En West Street- parecía que finalmente lo iba a pillar, o al menos, eso esperaba.
-Eso es.
-Que está en Londres- lo había pillado- ¿Me estás diciendo que quieres tener una cita conmigo en Londres?
-Así es- por fin lo llegaba a entender.
-No tengo suficiente dinero para ir a Londres.
-No hace falta. Mañana me voy yo y vendrías conmigo, para ayudar en el trabajo-la dejé también sin palabras- Se haría cargo la empresa y viajarías a Londres digamos que de gratis.
-No podría aceptarlo. Una cosa es que trabaje para ti, pero toda esta cita es una auténtica locura.- le negué.
-Asistirás y, ¿sabes por qué? Porque me has prometido una cita y esa es mi condición- finalicé terminando de hablar- Asique, lo que prácticamente te estoy preguntando, es que: Victoria Vega, ¿te gustaría ir a cenar conmigo al restaurante mejor valorado de todo Londres en una cita?- me quedé mirándola a los ojos.
Si no aceptaba, ya no sabía que más hacer, la verdad.
