Sólo puedo decir una cosa: Siento muchísimo haber tardado tanto. Con este capítulo llegamos a la mitad de la historia y el momento en el que los hermanos se encuentren está cada vez más cerca...Gracias a todos por leer.


Capítulo 10: Y un día lo que se perdió podrá ser encontrado

Escrito por snarryvader81

Traducido por Amidala Granger

Esos últimos días Leon se encontró a sí mismo preocupándose por Claire cada vez más. De alguna manera, sabía que su preocupación era infundada —Claire era Claire, al fin y al cabo, y había sobrevivido a muchas cosas para ser considerada más que fuerte— pero en los últimos tres años había habido un… cambio en ella.

Nunca llegó a conocer a Chris Redfield demasiado bien, pero se sintió triste por la noticia de su muerte. Era otra buena persona que había sido víctima de una guerra contra el bioterrorismo, otra muerte aliada.

Sin embargo, no lloró, al contrario que Claire. Los días inmediatos a su muerte llegó a pensar que nunca pararía.

Con el tiempo paró, por supuesto, pero sólo para empezar a vagar por la casa como si de un zombi se tratase, con los ojos cristalinos y una expresión vacía. Era inútil hablar con ella, ya que nunca contestaba.

Las cosas habían mejorado desde entonces, pero él todavía estaba preocupado, especialmente por su inexplicable decisión de abandonar Terrasave y unirse a la BSAA. Meterse voluntariamente en situaciones potencialmente violentas era algo que nunca imaginó que haría. Definitivamente, no le hacía ninguna gracia, porque aunque a ella no le preocupara su propia seguridad, a él sí.

Esa era la razón por la que en estos momentos estaba mirando con el ceño fruncido a su teléfono móvil y marcando con violencia un número. La persona al otro lado de la línea descolgó después de dos tonos.

- Valentine

- ¿Dónde está Claire? – Preguntó sin rodeos – Me dejó un mensaje. Dijo algo sobre una misión en África.

- Ah, sí, eso – oyó el sonido de su pelo contra el teléfono al cambiarlo de una oreja a otra-. Un intercambio de armamento, en un pequeño lugar llamado Kikuju. Está ayudando a DeChant y su equipo a arrestar a unos repugnantes contrabandistas de armas. No debería… no debería ser nada más. – Al igual que a Chris, no conocía a Valentine demasiado bien. Aun así, pudo apreciar algo en el tono de su voz: inquietud, preocupación…

- ¿Por qué eso no hace que me sienta mejor, Valentine? – Hubo una larga pausa.

- No es nada. Sólo… solo es un rumor sobre un hombre rubio que trabaja con Irving. No es nada. Estará en casa pronto, Kennedy. Procura que no te dé un ataque, ¿de acuerdo?

Resopló, se despidió y colgó, preguntándose en silencio mientras marcaba un nuevo número cómo podía ser que un rumor sobre un hombre rubio pudiera inquietar a Jill.

El teléfono sonó seis veces. Empezó a imaginarse a Claire enfrentándose a un hombre sin rostro que llevaba un maletín con el símbolo de un traficante de armas biológicas a un lado, pero entonces ella descolgó.

- ¿Cuartel General? – preguntó esperanzada y jadeante.

- Eh… no. Leon.

- Oh…

- Recibí tu mensaje.

- Ajá. Oye, ¿puedes esperar un minuto? – frunció el ceño.

- Claro – el otro lado de la línea cayó en silencio. Entonces, una pistola disparó siete veces.

- ¡Claire! – gritó, y oyó un "¡Espera!" algo ahogado, seguido de un "¡Lo estoy intentando, Sheva!" - ¡Claire! – Intentó de nuevo - ¡¿Qué está pasando? - Los segundos pasaron, y con ellos los minutos, hasta que finalmente le llegó una respuesta.

- Estoy intentado usar un rifle – dijo escuetamente – y sabes cómo los odio. Casi le doy a un barril de petróleo y hago que todos salgan volando. ¿Has abierto ya la cerradura? - Obviamente, lo último no iba dirigido a él, pero aun así insistió.

- Dijiste que estabas en África. ¿Qué está pasando? ¿Por qué necesitas una pistola? – ella dudó por un momento. Alcanzó a oír pasos apresurados.

- Leon – dijo finalmente – todas Las Plagas fueron… destruidas, ¿no?

Leon cerró los ojos y apretó el móvil con fuerza. Hace cinco años, cuando escribió ese informe, supo que debería haber mencionado a Ada. No debió… falsearlo. Pero no importó cuánto lo intentara, no fue capaz de escribirlo, así que mintió por omisión.

Ada… la única muestra que quedaba de Las Plagas estaba bajo su posesión. ¿A quién se la habría dado?

Tragó con dificultad, sintiendo cómo el terror se instalaba en su estómago mientras formulaba la respuesta.

- Oh, si lo vieras lo reconocerías inmediatamente – le dijo Claire una vez mientras se reía con sorna – No te tienes que preocupar por ello. Nunca se quita las gafas de sol, y no hay un pelo fuera de lugar en su puñetera cabellera rubia. Bastardo narcisista.

Albert Wesker era rubio, ¿no?

- Claire… – empezó, todavía sin estar del todo seguro de lo que iba a decir. Entonces, casi con brusquedad, su voz murió en su garganta. Oyó una motosierra.

RE-RE

Excella Gionne podía asegurar con total honestidad que nunca en su vida había odiado a nadie tanto como a Chris Redfield.

Albert y ella eran totalmente perfectos el uno para el otro. Lo supo desde el momento en el que le conoció. Tenía poder y ambición para conseguir más, y ahora, con el Uroboros, también tenía los medios para conseguirlo. Era como un Dios, y ella podría convertirse fácilmente en su Diosa. Sus sueños eran los de ella.

Y por unos benditos días, los primeros, llegó a pensar que lo conseguiría. Creyó que sólo tendría que esperar a que él diera el primer paso.

Sin embargo, nunca lo hizo, porque un día apareció con Redfield siguiéndole cual patético y apaleado cachorro. Al principio pensó que se trataba de un guardaespaldas. Después se dio cuenta de que Albert no necesitaba un guardaespaldas. Entonces supuso que era una especie de ayudante o subordinado, como Burnside y Birkin. Pero Wesker no se los follaba. En cambio, sí lo hacía con Chris.

Les vio una vez. No sabían que ella estaba ahí, por lo que pudo ver, no sin desagrado y presa del horror, cómo Redfield gemía y se retorcía encima del escritorio como si fuera una especie de animal repugnante.

Sí, sí, esa era una buena comparación. Redfield era un chucho, un perro débil al que debían hacerle la eutanasia. No se merecía ni lamer las botas de Wesker. Desgraciadamente, Wesker todavía no se había percatado de ello. Pero su momento se acercaba, lo sabía, y era gracias a una de las agentes de la BSAA.

- Te veo muy preocupado – dijo mientras atravesaba cuidadosamente su brazo con la aguja. Él ni siquiera se estremeció, y su mirada no se apartó de la pantalla que tenían delante. En ella, dos agentes estaban huyendo de un Majini que blandía una motosierra, disparándole en lo que parecía un vano intento de detener su avance.

- ¿La joven Redfield supone una gran amenaza?

- No – siseó, alejando su brazo de ella en el momento se vació la jeringuilla por completo. – Es sólo una nimiedad sin importancia

Excella guardó lentamente la jeringuilla en el botiquín y se levantó.

- Pero quizás suponga algo más que una nimiedad para tu adorado… agente Christopher. ¿Qué piensa sobre la inevitable muerte de su hermana?

- Que ya estaba tardando en ocurrir – respondió. Sin embargo, Excella sonrió.

Oh, sí. Las cosas iban a cambiar muy, muy pronto.

RE-RE

- ¡Esquívalo! – exclamó Claire, lanzándose a un lado mientras lo hacía. A su alrededor, el aire parecía estar vivo con el olor a muerte, carne quemada, metal y basura. Los cuervos rondaban por encima de sus cabezas, sus gritos aplacados por el rugido de las motocicletas que parecían venir de todas partes.

Golpeó el suelo, pero entonces algo rodeó con firmeza, con una angustiosa firmeza, su tobillo y la arrastró. Sus brazos desnudos la protegían de la suciedad que volaba hacia su cara, cegándola.

- ¡Ayuda! – gritó. Sonó un disparo y la cadena se partió, voló en el aire y la golpeó en la pantorrilla. Dejó de ser arrastrada para pasar a girar por el suelo. Como pudo, se las apañó para levantarse sobre sus pies, tambaleándose ligeramente, y con el dolor acribillándole su pierna. A través de sus ojos llorosos, vio que había muchísimos, por lo menos cuatro o cinco, y dos de ellos estaban…

Su cuerpo se movió antes que su mente y se encontró a sí misma golpeando el suelo otra vez, y el polvo volvió a irritar las heridas abiertas de sus codos. Gateando, consiguió encontrar de nuevo su equilibrio y se levantó una vez más, agarró a Sheva e hizo que se situara a su lado.

Giró su cabeza con rapidez ante el creciente sonido de un motor y apenas tuvo tiempo para procesar que no sería capaz de esquivarla cuando al conductor le explotó la cabeza y se cayó con brusquedad de la moto.

- ¿Qué…? – empezó Sheva, pero entonces sonó otro disparo, y otro y otro. Los Majinis cayeron de sus motos uno a uno hasta que no quedó ninguno, de manera que el ataque terminó tan repentinamente como empezó.

Muy lentamente, el polvo empezó a disiparse. Claire miró desde el francotirador del tejado hasta al equipo de la BSAA que estaba a varios metros de ellas y experimentó una bajada de adrenalina que la dejó algo temblorosa.

Bajó la mirada hacia el armazón quemado de una de las motos. El tanque de gasolina era ahora un agujero irregular en un lado, y pensó que cuando volviera a América, se plantearía cancelar su suscripción a Motociclistas Entusiastas.

RE-RE

- Claire Redfield, éste es Josh Stone, Capitán del Equipo Delta. Josh, ésta es Claire.

- Hola – saludó Claire, extendiendo su mano. El otro la agitó enérgicamente.

- He oído mucho sobre usted, señorita Redfield – dijo – Es todo un honor – Claire se sonrojó.

- Me halaga.

- ¿Por qué soy la única que parece no saber nada sobre ti, Claire? – preguntó Sheva. La mirada de Josh se posó en ella.

- Sheva, ¿cómo lo llevas? Tu primer brote vírico, quiero decir, aunque también es el mío, así que supongo que estamos en el mismo barco. – Sheva sonrió.

- Supongo que lo llevo tan bien como puede esperarse – Claire pasó la mirada de uno a otro.

- ¿Os conocéis?

- Josh me entrenó – asintió Sheva – Me enseñó todo lo que sé.

- Es usted un profesor magnífico, capitán Stone – dijo con una sonrisa – Sheva es una compañera estupenda. No tiene ni idea de lo fabuloso que es tener a alguien tan competente a mi lado.

- ¿Entonces el resto de sus compañeros no han sido competentes? – Claire se encogió de hombros.

- Uno se las apañó para rociar por accidente gas venenoso en la única ruta de escape porque estaba fantaseando con manejar una grúa.

Sheva parpadeó y Josh rió, sacudiendo la cabeza. Metió la mano en el bolsillo y sacó un pequeño dispositivo.

- Ahora bien, Sheva, Claire… el Cuartel General insiste en que continuéis la búsqueda de Irving. Ahora no sólo quieren arrestarle por tráfico de armas, sino interrogarle por el brote vírico, lo que hace que tenga más prioridad que antes. La información que hemos recuperado del disco duro nos hace pensar que ha huido a una zona minera cerca de aquí – se lo dio a Claire –. Hay más información dentro, por si le quiere echar un vistazo.

Asintió, sacó su PDA e insertó el dispositivo.

- El Equipo Delta tiene asuntos que atender por aquí, pero nos reuniremos con vosotras tan pronto como sea posible. Mantened las radios a mano.

- Gracias, Josh – dijo Sheva. Josh asintió y salió por la puerta, dejando a Claire examinando la información que le aparecía en la pequeña pantalla. Honestamente, era del todo inútil, nada que no supiera ya (o que no sospechara, al menos), aunque la mención de un conducto subterráneo llamó su atención. Desgraciadamente, había una nota sobre ello y ella lo dejó estar, haciendo clic en una imagen. Ésta cargó lentamente en la pantalla, y cuando lo hizo, sintió cómo su mundo se hizo pedazos.