Aclaraciones:
- Hablan
- Pensamientos
- "Recuerdos"
oOOoOOoOOo
Los personajes de Bleach no me pertenecen, son propiedad de Tite Kubo
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Nadie emitía un solo sonido, todos estaban reunidos en la sala mirando a la joven que yacía sentada en uno de los sillones. Ulquiorra miraba aquella mujer con cautela, algo le decía que la había visto antes, la detallo fijamente; poseía un largo cabello naranja, sus ojos eran fríos, el color gris de sus ojos era parecido a los de su protegida, pero la frialdad en ellos hacía notar lo diferente que eran ambas, su piel era menos pálida que la de todos ellos, sus labios estaban pintados de con un fuerte color rojizo. Miro sus manos, sus uñas largas y rojas golpeteaban de forma lenta y calmada la copa de vino que sostenía con su mano derecha. La miro levantarse, aquella mujer no vestía como las demás damas de la ciudad, ni siquiera como Nelliel o Tier Halibel, su vestimenta se asemejaba más a la suya, quizás venia de otro sitio donde las mujeres vestían igual que los hombres, había visto eso antes, pero no muy seguido.
Observo como Aizen sonreía, en ese momento no le cavia duda, su padre tramaba algo que los afectaría a todos por igual, quizás hasta morirían en el proceso. Miro a Grimmjow, el peliazul se veía extraño, no dejaba de mirar al suelo, parecía que se negaba a mirar al resto de los presentes, algo le decía que su hermano había hecho alguna estupidez que podía causarle la muerte.
Suspiro. Estaba cansado de estar allí y que nadie dijera nada, últimamente todo le molestaba, todo lo referente a su padre, quizás por fin estaba cambiando como acostumbraba a decirle siempre Halibel, era o eso, o simplemente ya nada de lo que hacia allí tenía sentido.
- Bueno, pero nadie dirá nada. – Aizen fue quien rompió el tenso silencio en la habitación. – Ella es su hermana, mi primera hija.
- ¿Primera hija? – Halibel estaba confundida por aquello. – Creí que yo había sido la primera.
- No te pongas celosa mi preciosa. – Aizen se acercó a ella y acaricio su mejilla sin dejar de sonreír. – Ella fue la primera mujer que convertí, aunque lo hice por un error, ella debió ser quien yo tomara para cumplir mi plan, pero por un error le di mi sangre para salvarla de una enfermedad, pero me equivoque en la dosis de sangre y acabo convirtiéndose en un vampiro.
Grimmjow se sorprendió al escuchar aquello, sentía la fría mirada de Aizen sobre él. ¿Acaso sabía lo que hizo? Esa pregunta le daba vueltas en la cabeza.
- ¿Pasa algo Grimmjow? – No se había percatado de que Aizen estaba justo frente a él. - ¿Me ocultas algo hijo?
- No. – Aquella simple palabra enojo al castaño, quien lo tomo con fuerza del cuello y lo pego contra la pared. – N-No p-padre…
- Siento que me estas mintiendo. – Apretó con más fuerza su cuello. - ¿Qué hiciste?
- ¡Él no hizo nada! – Aizen miro de reojo a Nelliel. – Suéltelo antes de que me olvide de todo y lo mate aquí mismo.
- Nelliel, Nelliel… - Soltó al peliazul, quien trato de recuperar el aliento. - ¿Acaso me retas?
- ¿Acaso no debería? – Sonrió de lado al mirar al castaño dejar de sonreír. – Bien sabes Aizen que de todos aquí, soy la única que no le importaría enfrentarte aunque la vida se le vaya en el proceso.
- Pero entonces, quien protegerá a Orihime. – La simple mención del nombre de su protegida la hizo detenerse. – A la única que le importa sinceramente esa niña es a ti, para nadie es un misterio que Inoue Orihime está viva aun porque no estaba lista para que se concrete mi plan y porque tú la has protegido, pero en pocos días la luna se tornara roja y al fin podre tomar la vida de esa mocosa y completar mi plan.
- Maldito. – Gruño con enojo. - ¡Voy a matarte!
Se abalanzo sobre él dispuesto a cortar su garganta con sus propias manos, pero la pelinaranja se interpuso en el medio y la lanzo lejos de una sola patada en su vientre. Nelliel la miro con rabia y se alzó dispuesta a continuar con lo que había empezado, pero Grimmjow la tomo con fuerza del brazo.
- Detente. – La miro con enojo. – Ella acaba de oírnos, ve a buscarla.
- Orihime. – Sus ojos se abrieron desmesuradamente al escuchar las puertas principales cerrarse. – Pero el sol.
- Espera que se oculte y sal, no ira lejos. – Fueron sus palabras. El peliazul miro a la joven que ahora estaba de espalda a ellos mirando a Aizen como si fuera una deidad. – Entonces padre, debo decir que su parecido con Inoue Orihime no es casualidad.
- No, deberías presentarte hija mía.
- Si, padre. – Se giró hacia sus hermanos y los miro a cada uno, detallando en ellos sus facciones, desde el color de su cabello, hasta la contextura de sus cuerpos. – Mi nombre es; Hanabi, debo decirles que; Inoue Orihime es mi doppelganger. – Miro a Ulquiorra fijamente. – Y fui yo quien ataco a esa niña en la madrugada, volvería hacerlo en cualquier momento si no fuera porque mi amado padre la necesita para su plan.
El pelinegro la miro con frialdad, sintió en ese momento una fuerte rabia consumir su ser, se acercó a ella, pero al mirar como Aizen lo miraba se detuvo.
- Si vuelves a tocarla, juro que te matare. – Dio media vuelta y salió de la sala, no le importo en lo más mínimo escuchar las risas de esa mujer. Estaba dispuesto acabar con todo eso el mismo, simplemente esperaría a la noche y se encargaría de su padre de una vez por todas.
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Ya no recordaba cuanto tiempo llevaba corriendo. Las lágrimas seguían derramándose de sus ojos, su vestido verde se encontraba sucio y lleno de lodo, había caído varias veces desde que salió de su casa huyendo de toda su supuesta familia. Se detuvo frente a la vidriera de una tienda de muñecas, miro su aspecto en el cristal, se detalló perfectamente, pelo naranja, ojos grises, no había parecido con ellos, siempre había estado allí la verdad, sabía que su madre era humana, que ella lo era, entonces porque se negaba a creer que no era hija de ese hombre.
- Quizás, él mato a mis padres y me secuestro. – Susurro para sí misma. – Todos lo decían, tú no eres igual a tus hermanos, a tu padre.
Golpeo el cristal con fuerza, no aguantaba más, quería saber quién era, quería entender donde estaba su familia, su verdadera familia.
- No deberías llorar. – Se giró de golpe al escuchar que le hablaban. Rukia y Renji estaban justo tras ella, la morena la miraba con una pequeña sonrisa. - ¿Estas bien?
- … - Negó. – No tengo a nadie, estoy sola.
Renji miro a Rukia algo extrañado por lo que aquella joven les decía.
- Eres la hija de Aizen y tienes varios hermanos.
- No, ellos no son mi familia, siempre lo supe, pero nunca… - Mordió su labio nerviosa. – Lo siento, no sé porque les digo esto.
- Vamos, ven con nosotros, tal vez podamos ayudarte. – Rukia le extendió su mano. – Mi nombre es Rukia y él es mi esposo; Renji.
- Mucho gusto. – Tomo su mano, sintiendo por primera vez la calidez humana que nunca había sentido antes. – Soy Inoue Orihime.
- El gusto es nuestro Orihime. – Renji la miro, aquella niña debía haber escuchado algo que la pusiera así, tal vez eso haría más fácil protegerla del nido de víboras donde se encontraba. –
Los tres se encaminaron a la mansión que ocupaban en los límites del pueblo. Renji escuchaba como Rukia trataba de animar aquella joven, quien en su mirada podía reflejar tristeza, dolor y mucha soledad, no era el reflejo de la joven que había visto en la fiesta la noche anterior, aun se preguntaba que podía pasarle. Observo el cielo, aun no oscurecería, eso quería decir que ningún vampiro vendría por ella, eso dependiendo si estaban buscándola o se habían dado cuenta de que escapo, sabía que huía, de solo mirar sus ropas notaba que había huido de su supuesta familia. Se detuvo frente a un gran portón negro cubierto de enredaderas, lo abrió con facilidad, el chirrido de las viejas bisagras le molesto, aun no se acostumbraba a su sonido, continúo su camino sin preocuparse por mirar a sus acompañantes, sabía que ambas lo seguían de cerca.
- Se ve que es un lugar muy antiguo. – Orihime miraba embelesada el jardín principal. - ¡Es hermoso!
Corrió hacia la fuente, la cual estaba cubierta enredaderas llenas de flores pequeñas, en el interior de la fuente nadaban pequeños peces de colores, los había visto antes en los ríos que visitaba de niña con su nana y Ulquiorra. De solo pensar en ellos volvía a sentirse triste, dio un largo suspiro para tratar de calmarse.
- Bueno, Ichigo tiene esta mansión desde hace mucho tiempo y ha dejado que la naturaleza prácticamente la consuma. – Rukia se cruzó de brazos y miro a la joven que trataba de atrapar a uno de los peces. No pudo evitar sonreír al ver lo infantil que podía ser. – Pero supongo que no me escuchas.
- ¿Eh? Lo siento. – Se alejó de la fuente algo avergonzada. – Me gusta mucho este lugar, se siente lleno de paz.
- Es demasiado callado. – Renji abrió las puertas de la mansión. – Bienvenida a nuestro hogar.
Inoue entro seguida de Rukia, miro el interior embelesada, adentro era muy cálido, no sentía el frio del exterior, la chimenea en la sala estaba encendida, frente a esta estaba una pequeña mesa de madera pulida, sobre ella se encontraba un florero con rosas blancas, los sillones eran de madera y tenían adornándolos unos pequeños cojines blancos, sobre la chimenea reposaba una gran pintura que reflejaba un oscuro mar con la luna acompañándolo, las ventanas estaban cerradas, pero las cortinas se encontraban atadas a los lados dejando que la claridad se reflejara por los cristales.
- Creí que... – Ishida se detuvo a la mitad de su oración al observar a la pelinaranja. Miro a sus compañeros que le hacían seña para que no dijera nada indebido. – Buenos días señorita.
- Buenos días señor, perdón que llegue a su casa sin avisar.
- ¿Mi casa? – Alzo una ceja visiblemente confundido. – Esta no es mi casa.
- ¿No? – Miro a Rukia, quien negó. –
- Ayer conociste al dueño, no lo recuerdas, ¿Kurosaki Ichigo?
Se sorprendió al escuchar el nombre completo del dueño de la mansión.
- ¿De verdad? ¿El señor Kurosaki es el dueño?
- Mira que por fin alguien le dice señor a ese vejete. – Renji rompió en carcajadas. Rukia le dio con su codo en el estómago. - ¡Rukia!
- ¡No digas tonterías! – Orihime miro divertida como aquella pareja peleaba. Uryu se acercó a ella con tranquilidad. –
- Señorita, si quiere me acompaña y la llevare con Kurosaki. – Asintió. –
- Puede llamarme Orihime si lo desea. – Le sonrió. - ¿Desde hace cuánto tiempo viven aquí?
- Nosotros apenas unos días, pero Ichigo tiene esta casa desde hace unos años.
- No recuerdo haber visto al señor Kurosaki antes. – Susurro para sí. Ishida la miro de reojo. –
- Viaja mucho. – Fue su cortante respuesta. –
Ambos caminaban por el pasillo principal del piso superior, le extraño mirar todas ventanas cerradas y las cortinas aun cubriéndolas, el lugar era oscuro, apenas había alguna luz que les permitiera mirar por donde andaban, aquella situación le recordaba al pasillo que daba acceso a las habitaciones de su hermanos.
- Esta es la habitación de Kurosaki, - Miro como el moreno sacaba una llave del bolsillo de su pantalón y la introducía en la cerradura. – Quizás aun duerma.
- No es necesario que le despi… - No acabo su frase, Uryu entro a la habitación y encendió la pequeña luz de la estancia. Observo algo cohibida la habitación, los muebles eran de un color blanco, todos estaban perfectamente organizados, las cortinas cerradas no permitían que la luz del sol entrara, entro a la estancia al mirar como Uryu miraba a todos lados buscándolo. –
- ¿Por qué entras así? – La joven se sobresaltó al escuchar una voz tras ella. Corrió hacia Ishida. - ¿Eh?
- ¡Me asusto! – El pelinegro negó al mirar como Inoue se ocultaba atrás de él. –
- Solo es Ichigo. – Le aseguro. – Los dejare solos. – antes de irse miro al pelinaranja. – Deberías ponerte una camisa, Rukia y Renji la han traído.
Inoue miro como el pelinegro salía cerrando la puerta a su paso, sin embargo su mirada se posó rápidamente en Kurosaki, quien la miraba interrogante al verla allí en su habitación.
- ¿Qué te ha pasado Inoue? ¿Por qué estas así? – Ichigo se acercó con rapidez a ella y la tomo de la mano. - ¿Estas herida?
Negó.
- ¿Qué pasa? – La condujo hacia uno de los sillones. –
- Usted tenía razón, todos tenían razón. – Susurro. – Aizen y todos ellos no son mi familia, ellos me ocultan algo.
Ichigo la miro mientras ella se cubría el rostro con sus manos llorando.
- ¿Ya lo sabes? – La joven lo miro confundida. – Aizen no es tu padre Inoue, ellos no son tus hermanos.
- ¿De que estas hablando?
- ¿Estas dispuesta a oír la verdad hasta el final?
Orihime no sabía que decir, simplemente se atrevió asentir lentamente, algo le decía que debía saber la verdad, aunque eso significara que su mundo se vendría abajo completamente.
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Algo confuso el final del capítulo pasado, ese era el plan xD
La verdad me alegra que les gustara y no los haya decepcionado con la continuación.
Creo que ahora las actualizaciones serán algo más rápidas ¿Por qué? Bueno, tengo vacaciones al fin y a esta historia lo más seguro es que no le falte mucho para acabar u.u
Y bien, hasta aquí les dejo el capítulo, espero les gustara, el próximo se sabrán algunas cosas y pasara algo más que quizás sea triste, todo depende como lo tomen (¿?)
Duda, sugerencias, ya saben que serán bien recibidas, los insultos no.
Hasta la próxima, cuídense.
