Disclaimer: El mundo de Harry Potter pertenece a JK Rowling y la historia original a Luckei1. ¡Gracias a Luna Black por ayudarme y ser mi beta! :)

Nombre del capitulo sacado del libro de El Hobbit. Fic inspirado en la canción de Dar Williams, We learned the sea, ¡es hermosa, escúchenla!

Capítulo 10: Acertijos en las tinieblas.

Después de dejar la casa de Malfoy, Hermione se apareció en el Ministerio. Los sábados muy pocos iban a trabajar, pero había suficientes para que no se viera sospechosa. Fue a su oficina, pero estaba demasiado sorprendida como para empezar a trabajar de inmediato. La cena con Malfoy la dejó confundida e inquieta.

Draco había dicho que ella necesitaba estar ahí, pero todo lo que hizo fue sentarse y comer. Cuando fue con la pareja no le pidió que lo acompañara, y encontró eso extraño. Su comportamiento era confuso. Primero le estaba gritando, y después le hablaba calmadamente. En verdad había esperado que explotara por lo del vino y los postres pero, en su lugar, sólo rio.

Hermione suspiró. Draco Malfoy en verdad era una persona complicada, más de lo que había imaginado. Todo lo que sabía de él estaba basado en experiencias propias en Hogwarts y lo que escuchaba de él en el trabajo.

Nada de eso era remotamente bueno. En la escuela la molestaba a ella y a sus amigos, la llamaba sangre sucia, y en general era un idiota mimado. Después de la escuela había sido despiadado en su trabajo para Voldemort. Los primeros dos años su nombre estaba asociado con los peores criminales buscados por el Ministerio. En los últimos dos años su nombre ya no aparecía tan regularmente, y en los meses anteriores de su entrega, desapareció por completo. Ahora que lo pensaba, Hermione se dio cuenta de que no había visto su nombre en el Profeta desde dos meses antes de su entrega.

Frunció el ceño. ¿Eso era importante? ¿Significaba algo? Hermione sacudió la cabeza. No era bueno profundizar en él. Él era bueno para esconderse, incluso bajo sus propios ojos; Hermione pensaba que nunca lo entendería. Además, tenía cosas más importantes en que pensar. Principalmente en aprender todo lo que pudiera sobre los mortífagos que Draco le había dado.

Hermione aún estaba buscando en los archivos cuando dieron las seis. A las 6:15 miró su reloj y vio que era tarde. Guardó los archivos con impaciencia, tomó su bolsa y corrió al lobby. Seamus estaba esperando y sonrió cuando la vio corriendo hacia él.

– ¡Lo siento! –dijo, sin respiración. –Estaba investigando algo y perdí la noción del tiempo.

–Está bien, Hermione. ¿Estás lista para irnos?

Hermione asintió, recuperando la respiración. Caminaron por las calles del Londres muggle, platicando mientras caminaban hacia el restaurante. Seamus se detuvo después de 15 minutos frente a un lugar que servía comida tradicional inglesa. Abrió la puerta para que Hermione entrara.

Una vez sentados, les trajeron el menú. Hermione ya había comido pescado ese día, de hecho, ya había comido por el horario de Nueva Zelanda. Pidió una ensalada y un pequeño plato de sopa, Seamus ordenó un filete.

Continuaron platicando, pero Hermione notó que había algo molestando a Seamus.

– ¿Seamus? –dijo una vez que llegó la comida. – ¿Está todo bien?

Él la miró con una expresión vacía.

– ¿Has visto el Profeta del día de hoy?

Hermione sacudió la cabeza.

–No, ¿por qué?

–Hubo un ataque anoche, en Berkshire.

– ¿Mortífagos?

Él asintió.

–Mataron a una familia completa.

Hermione miró a Seamus, esperando por más; desafortunadamente, este tipo de noticias eran normales con los mortífagos, y pensó que él no lo diría a menos que alguien estuviera involucrado.

–Atacaron a los aurores.

Ella jadeó; raramente Voldemort se aventuraba tan cerca del Ministerio, en su lugar, cazaban muggles o magos hijos de estos. Sólo atacaba aurores cuando estaba molesto.

– ¿Por qué? –preguntó.

–Nadie sabe. Nos alertaron de la presencia de la Marca Tenebrosa cerca de las 11 y seis de nosotros fuimos a investigar. Los… los encontramos a todos muertos.

– ¿Quiénes Seamus? –preguntó Hermione, insegura de querer saber la respuesta.

–Los Pruitts. Los seis.

Hermione cerró los ojos y suspiró tristemente.

–Pero había algo más –continuó Seamus. Ella lo miró. –Una nota. De un mortífago, uno con el que estamos muy familiarizados, Lucius Malfoy.

Si la atención de Hermione no había estado completamente con Seamus, ahora lo estaba.

– ¿Lucius? ¿Qué decía?

–Eso es lo extraño. La nota decía 'Regrésenlo'. Eso es todo.

– ¿Regresar a quién?

– ¡Nadie sabe! ¡Eso es lo extraño! El Ministerio no tiene mortífagos encarcelados por el momento, y tampoco tenemos buenas pistas, así que en realidad no sabemos qué hacer con la nota.

Hermione estaba segura de a quien se referían, pero por supuesto, no le dijo nada a Seamus. Sus únicos pensamientos estaban en qué pasaría si Lucius no se calmaba de inmediato. ¿Habría más gente herida? ¿O mejor dicho, asesinada? Se estremeció.

– ¿Cómo va tu trabajo, Hermione? Parece que siempre estás ahí, incluso los fines de semana.

–Oh, el trabajo está bien. Mi tarea actual va bastante bien. Siento que estoy muy cerca de algo, así que me hace trabajar más duro y a veces ni siquiera noto que los demás ya se han ido.

–Pero no deberías trabajar tanto. Has trabajado sin parar un mes, lo he notado. Parece que no has dormido bien.

Hermione le dio una sonrisa tímida.

–No Seamus, eso no es lindo para decírselo a una chica, decirle que no se ve bien.

Él sonrió.

–No me refería a que no te ves bien. –Se sonrojó un poco, Hermione sonrió. –Te ves hermosa esta noche. ¿Qué tal si ya no hablamos del trabajo, te parece?

–Me parece genial. –dijo, ansiosa de pensar en otra cosa.

Pasaron el resto de la cena en una conversación agradable sobre sus amigos en Hogwarts. Hermione se sintió ligera, hacía meses que no se sentía de esa manera. Pudo reír y, por unas cuantas horas, olvidar la guerra y al hombre con el que había cenado hacía unas horas. Se sentía normal, algo que no sentía desde que Malfoy había entrado a su vida, así que aceptó una segunda cita con Seamus.

Después de la cena, caminaron por el Londres muggle viendo a las personas moverse, inconscientes del hecho de que una bruja y un mago estaban entre ellos. Una fría brisa de septiembre sopló, moviendo hojas alrededor de las calles vacías. Farolas y luces de tiendas ardían brillantemente mientras caminaban hacia el departamento de Hermione. Hermione se quedó unos segundos en la puerta del edificio antes de desaparecer.

Hermione estaba muy pensativa, no sólo sobre Seamus, sino sobre las noticias que le había dado cuando entró a la casa de Draco. Estaba tan metida en sus pensamientos que no notó que la luz de la estancia estaba prendida, y que alguien estaba sentado leyendo un libro.

–Volviste. –dijo la voz, que sacó a Hermione de sus pensamientos y la hizo brincar. Se giró hacia el origen de la misma y vio a Malfoy cerrar su libro y ponerse de pie de la silla en la que había estado sentado. Apagó la luz y caminó hacia ella.

Había algo en la manera en que se movió que la asustó. El corazón de Hermione comenzó a acelerarse y su piel se tornó fría. La única luz iluminando la habitación venía de la luna y Draco casi brillaba en la pálida luz plateada. Sus afiladas facciones se mostraban en un rígido contraste en la oscuridad que lo rodeaba y parecía venir de él.

Cuando se acercó a ella, Draco se detuvo, dejando sólo un pie de distancia entre ellos. Hermione pasó saliva e instintivamente se hizo para atrás. Draco sonrió de lado, sintiendo su miedo.

–Relájate, Granger. –dijo, pasando junto a ella y subiendo las escaleras. Cuando escuchó la puerta de su habitación cerrarse, Hermione dejó salir la respiración que no sabía que había estado sosteniendo.

Respira, se dijo a sí misma. Si quisiera lastimarme ya lo hubiera hecho antes. ¿Cierto? Lentamente, Hermione caminó hacia su habitación y durmió inquieta.


Al día siguiente, Draco despertó de un humor horrible. Intentaba convencerse a sí mismo que no había sido por la "cita" de Hermione la noche anterior, pero por alguna razón no podía. No tenía envidia; no, no, no; era más que eso. Era simplemente el hecho de que él no estaba en control de algo que pudiera afectar potencialmente a él y a sus objetivos. Después de todo, era sólo una "cita".

Pero, ¿Qué tal si resultaba en algo más? Y después ellos… ¿tenían algo más? Ella tendría que esconder todo lo que ella, él y Harry hacían, del chico (su cita de anoche ahora, pero si eso no funcionaba, podría ser alguien más; cualquiera), ¿y qué tal si ella no era tan dedicada como Harry? Confiaba en que Harry no dijera nada, ¿pero ella? ¿Podría mantener en secreto esto de alguien quien le importaría más día con día? ¿Volvería a vivir en su departamento en Londres? Podría perder su enfoque completamente por culpa de él.

Draco gruñó y se obligó a salir de la cama. Estuvo de mal humor durante el desayuno, mientras entrenaba con Harry, el almuerzo, y después de nuevo durante el siguiente entrenamiento. Cuando Harry estaba con Hermione, Draco dejaba la habitación para ellos con la esperanza de escuchar algo sobre la "cita" de Hermione; y lo más importante para él, escuchar su opinión del chico. ¿Sean? ¿Shingles? Algo así se llamaba.

Finalmente, justo antes de la cena, su deseo por fin se concedió. Él y Harry volvieron del entrenamiento y Draco fue directo a su habitación, y cómo lo había hecho todo el día, escuchó su conversación, aunque no esperaba aprender nada significante.

–Hey, Harry. –escuchó a Hermione decir.

–Hey.

–Te ves cansado. ¿Cómo estuvo el entrenamiento?

–Malfoy estuvo de humor hoy. El entrenamiento estuvo más duro de lo normal.

– ¿Qué clase de humor?

–Uno muy malo, eso es todo lo sé. –Harry masajeó su hombro, haciendo una mueca de dolor cuando encontró un punto sensible. –Aunque no quiero hablar de ello. Dime como estuvo tu cena con Seamus anoche.

–Estuvo bien. De hecho, estaba planeando discutirlo en la cena.

–Oh, está bien, si quieres. –Draco dejó de escuchar a ese punto. Bien, pensó, finalmente escucharé algo. Sólo le importaba que tan dedicada estuviera en el proyecto. En serio. Ahora, ansioso de que llegara la cena, y la conversación que venía con ella, bajó y comenzó a prepararla.

Cuando todos estuvieron sentados, Harry y Hermione hablaron sobre los Weasley por aproximadamente quince minutos, casi volviendo loco a Draco. Siempre estaba algo dudoso en cuanto a los Weasley se refería, pero hoy estaba esperando los detalles sobre la cita. Porque necesitaba saber dónde estaban las prioridades de Hermione.

Después de unos minutos en silencio, Hermione finalmente habló.

–Creo que deberíamos de tener una suscripción para el Profeta. –Draco la miró intensamente, molesto porque no tuviera nada que ver con lo que quería escuchar. Hermione estaba mirando a la comida en su plato, moviéndola pero sin comer nada.

– ¿Por qué? –preguntó Harry.

–Creo que necesitamos estar al tanto de lo que pasa en el mundo.

–No vamos a suscribirnos. –dijo Draco con un aire de finalidad.

– ¿Por qué no? –preguntó, mirándolo con una expresión vacía.

–No podemos tener lechuzas volando hacia acá todos los días. Se vería sospechoso.

– ¿Para quién? ¡No hay nadie alrededor en kilómetros! –protestó Hermione.

–No puedes estar tan segura. No quiero atraer atención a este lugar.

Hermione rodó los ojos.

–Nada pasará, Malfoy. Estás siendo paranoico.

–No hay periódico. Puedes obtener toda la información que necesites cuando estés en el trabajo.

–Bueno, sí, durante la semana. ¿Pero qué tal los fines de semana?

– ¿Pasó algo, Hermione? –preguntó Harry, un poco preocupado por la insistencia de su amiga.

–Sí. Seamus me contó sobre ello. –El ceño de Draco se profundizó más que en todo el día, pero estaba contento de que finalmente estuvieran hablando de la "cita". –Hubo un ataque el viernes en la noche. Mortífagos.

Escuchaba en su voz que algo la molestaba, pero pensó que era debido a su naturaleza sensible.

– ¿Eso es todo? Los mortífagos atacan todo el tiempo, Granger. No necesitamos una actualización cada que eso pasa. –Habló como si no hubiera necesidad de continuar con el tema.

–Esta vez fue diferente. –dijo, molesta. Miró a Harry. –Atacaron aurores.

Harry abrió los ojos como platos y su tenedor se detuvo a medio camino.

– ¿Aurores?

–Sí. Y sus hijos.

Harry bajó el tenedor, quedándose sin hambre repentinamente.

–Eso es horrible.

Draco sabía que los mortífagos no eran tímidos en cuanto a sus tácticas se refería, pero se quedó callado. Sabía que no apreciarían su comentario. Aun así, él, quien había visto numerosos crímenes y atrocidades frente a sí, se molestó por las noticias. Lo molestaba y avergonzaba estar relacionado con esa gente que mataba niños inocentes. Él también bajó su tenedor.

– ¿Quién… quienes fueron? –preguntó Harry, apenas susurrando.

–Scott y Julie.

Harry dejó de respirar.

– ¡Acababan de tener un bebé! –exclamó, sintiéndose cada vez más enfermo.

Hermione vio a Draco cerrar los ojos y apretar su mano en un puño, haciendo que sus nudillos se volvieran blancos. Frunció el ceño, mirando su mano. ¿Qué le importaba? Él probablemente había hecho cosas peores. Sacudió la cabeza; él ahora estaba ayudando a Harry. No sería bueno investigar los crímenes de Malfoy.

–Hay más. –dijo, Draco y Harry la miró intensamente. –Había una nota. Decía 'Regrésenlo'.

– ¿Qué? ¿Eso es todo? –dijo Harry, incrédulo.

–Estaba firmada. –dijo Hermione, girándose hacia Draco. Cuando sus ojos se encontraron, Draco sintió que ella estaba intentando ver a través de él. –L.M.

– ¿Quién…? –comenzó Harry. Entonces pareció que se dio cuenta del significado de las iniciales y palideció, mirando a Draco.

–Debe referirse a Malfoy. –dijo Hermione, aun mirándolo. Draco estaba paralizado, incapaz de alejar la mirada de ella. Sentía un horrible sentimiento en sus entrañas al tiempo que lentamente encajaba las piezas; su padre había estado ahí, había visto como mataban a los niños, o mejor dicho, los había matado él. Finalmente, cuando fue capaz de alejar su mirada de Hermione, Draco se puso de pie y salió corriendo, como si estuviera enfermó, de la cocina.

–Sabíamos que sólo era cuestión de tiempo, antes de que empezaran a buscarlo. –dijo Harry, más para sí mismo que para Hermione. –Nosotros… sabíamos que iba a haber consecuencias…

– ¡Harry! ¿Cómo puedes decir eso? ¡Cómo puede ser aceptable para ti!

– ¡No lo es, Hermione! No sabía que pasaría; no tenía idea de que estarían tan molestos por su desaparición. Él lo hizo sonar como si apenas fueran a notar su ausencia.

–Tal vez eso es verdad para la mayoría de los mortífagos, ¡Pero su propio padre tendría que notarlo cuando dejara de ir a las reuniones! –Corrió una mano por su cabello, mirando su plato. – ¿Qué vamos a hacer? Esto no puede seguir pasando; ¡no seré la causa de la muerte y el dolor de otra gente! ¡Eso es por lo que estamos luchando para prevenir!

–Hermione, tú no eres la causa y lo sabes. Son esos malvados y enfermos monstruos, quienes se enorgullecen de su horrible trabajo.

–Pero si no estuviéramos aquí, si no nos hubiéramos ido…

–Sí Malfoy no hubiera venido al Ministerio tienes razón, Scott y su familia seguirían vivos. ¿Pero cuanta gente más estaría muerta? Pero algo le pasó para que se entregara. Si eso no hubiera pasado, no se hubiera entregado, no estaría sentándose aquí ahora. No estaríamos cerca de Voldemort, y no hay manera de saber qué hubiera pasado. ¿Se supone que deberías de estar en la lista, recuerdas?

Hermione retrocedió ante ese pensamiento. A Malfoy le habían ordenado matarle. ¿Sin su cambio de… corazón? Ella no estaría viva. Se estremeció.

–Pero Harry, ¡esto no puede continuar! No dejaré que nadie más salga lastimado por lo que estamos haciendo.

–Hermione, podrías irte ahora y nada cambiaría. Tú sabes bien que esto está pasando por Malfoy y por mí.

–No, Potter, es por mí. –dijo Draco, parado en la puerta. Se veía más pálido de lo usual, incluso algo verde. –Y voy a arreglarlo. –Atravesó la cocina y subió las escaleras de dos en dos. Harry y Hermione lo escucharon cerrar su puerta, entonces se miraron el uno al otro.

– ¿Qué crees que vaya a hacer? –preguntó Hermione, después de unos minutos.

–No tengo idea. Nada estúpido, espero.

– ¿Cómo qué?

–Como dejar que lo maten.

Harry se retiró pronto después de la cena, y Hermione se movió al porche. Tomó un libro con ella, pero sus pensamientos estaban girando de forma caótica, haciéndole difícil concentrarse en las palabras frente a ella. Finalmente dejó de intentar leer y dejó vagar a su mente. Rápidamente se encontró con Malfoy en su cabeza, y se permitió intentar encontrarle sentido a sus confusas emociones en lo que a él concernía.

A veces, parecía imposible verlo sin pensar en lo que había hecho, a ella y a muchos otros. Entonces, a veces se metía tanto en lo que estaba haciendo o pensando, o diciendo, que podría olvidar todo. O al menos, no pensar en ello durante un rato. Podía olvidar el hecho de que él había sido el enemigo menos de tres meses atrás, y estaba tan enfocada en su trabajo y en el de Harry, lo que lo involucraba a él también.

Le asombraba que fuera tan olvidadiza. Claro, no quería estar peleando con él todo el tiempo, pero tampoco quería estar bien con él. ¿Tenía que haber un término medio, cierto? Una manera que le permitiera estar alejada de él, pero también una forma de interacción que no tuviera palabras hirientes y varitas. ¿Había algo como no ser amigos, pero tampoco enemigos y no ser simples compañeros?

Pensó en todas las veces que había despertado afuera, calientita en su túnica. Había algo en ese pequeño gesto que taladraba una parte de su corazón y le decía que tal vez, sólo tal vez, había algo en él que pudiera entender. Era la bondad que mostraba, y ella era familiar con la bondad. La apreciaba y la admiraba, siempre que la veía, porque era tan extraña en estos tiempos oscuros.

Cada mañana, pensaba en su bondad y no podía evitar empezar el día tolerándolo. Y usualmente, para el final del día, era considerablemente menos tolerante. Aunque sospechaba, que con cada día que pasaba, el nivel de tolerancia iba lentamente subiendo.


Después de encerrarse en su habitación, Draco comenzó a caminar furiosamente. Tenía que hacer algo para que su padre dejara de buscarlo, y lo más importante: que dejara de lastimar a otros en sus intentos. Sabía que Lucius estaría furioso ante la idea de Draco traicionando al Sr. Tenebroso, y lo tomaría como una traición suya, como el apellido Malfoy y todo lo que venía con ello. Camino de un lado a otro en lo que se sintió como una eternidad, pero finalmente decidió que tenía que hablar directamente con su amo.

Draco se sentó pesadamente en la silla de su escritorio y escribió rápidamente una carta.

Amo,

Escuché sobre el ataque de mi padre a los aurores. Es impulsivo. Estoy trabajando en un proyecto para usted, y no quiero que él interfiera. Si el Ministerio sospecha algo, será la ruina para mí. Todo lo que hago para usted, mi señor. No le he informado de mis acciones porque sabía que incluso usted, con su visión infinita, sospecharía que me he vuelto loco, o peor, en contra de usted. Pero está funcionando; estoy muy cerca. Por favor sea paciente conmigo, mi señor. Y dígale a Lucius que se mantenga bajo control. El enojo lleva a los errores, y no puedo permitirme ninguno si quiero tener éxito.

Su fiel sirviente,

D.M.

Leyó la carta cinco veces, para asegurarse de que era suficiente alabanza y arrogancia para convencer al Señor Tenebroso de que aún trabajaba para él. No sabía si Voldemort había ordenado el ataque a los aurores, pero lo dudaba; no era la forma en que él trabajaba. Y ciertamente no hubiera intentado encontrar un mortífago perdido de esa manera. Draco no tenía que darle al Señor Tenebroso razones para que pensara que ya no le era leal, que aún trabajaba para él, que aún torturaba y odiaba.

Draco ató la carta a la pata de Bubo y la envió a entregarla. La vio desaparecer en el cielo de la noche, y continuó mirando por la ventana, hacia la nada. Volvió a la realidad cuando escuchó una risa venir de abajo; Harry y Hermione estaban afuera.

Frunció el ceño y cerró la ventana, entonces se tiró en la cama. Qué día tan malo había sido. Había estado molesto y extra irritable, explotando contra Harry y Hermione casi cada vez que hablaban. Claro, había considerado a su padre mientras hacía sus planes, pero nunca imaginó que quisiera encontrar a su hijo. Probablemente para torturarme, pensó Draco amargamente. Después de todo, nadie traiciona a un Malfoy.

¡Y aún no había escuchado nada de la cita de Hermione!

– ¡Argh! –gritó, girándose hacia el otro lado, mirando la pared que se atrevía a existir frente a él. ¿Por qué me importa su estúpida cita?, pensó mal humorado. ¡Ni siquiera podía soportarla! Okay, eso no era completamente cierto, pero ahora sí lo era.

–Estúpido, estúpido, estúpido, –murmuró. Era sólo una cita, nada más. ¡Y no le importaba! Se negaba a hacerlo. Había hecho un pacto consigo mismo en el que juró no preocuparse por ella, sin importar qué. Era demasiado peligroso. Al final… bueno, no podía pensar en eso. No cuando estaba de este horrible humor.

Gruñendo, Draco se levantó de la cama y tomó un libro de la repisa. Regresó a la cama y se obligó a concentrarse en las palabras frente a él y alejar sus pensamientos.

Después de una hora, Draco bajó el libro y cerró los ojos. Debería dormir; mañana sería un largo y duro día, como siempre. Pero, primero lo primero. Salió de la recámara y bajó, pasando la puerta cerrada de Harry y la puerta abierta de Hermione. Draco la encontró afuera, leyendo en una silla.

–Vete a la cama. –le dijo, gruñendo.

Ella lo miró y frunció el ceño.

– ¿Y por qué debería hacer eso?

–Porque sí. Ya es hora.

–Y yo sigo leyendo, como puedes ver.

Draco la miró fríamente.

–No me importa.

Hermione lo consideró por un momento.

–No creo que lo haga, no ahora. –Regresó la mirada a su libro y sin despegarlos de ahí, dijo, –Ya no estás tan molesto como hace rato.

Él bufó.

– ¿Desde cuándo te importa?

–No me importa. –dijo, alegremente.

–Estoy bien.

–No lo estabas. Eso es todo lo que dije.

–Olvídalo. Vete a dormir.

–No estoy cansada.

Draco le frunció el ceño.

–Bien. –Se giró y regresó adentro de la casa.

Dos horas después (¡Dos!) ella estaba dormida, y Draco por fin pudo dormir. Aún estaba de mal humor cuando salió con ella, mascullando sobre todo lo malo que había pasado en el día. Cuando la vio, completamente dormida, con el libro abierto en su regazo, sus muecas disminuyeron un poco. Movió a Hermione al columpio y la arropó con su túnica, frunciendo el ceño mientras lo hacía, pero cuidadoso de mantener su humor fuera de sus acciones para no despertarla.

Cuando finalmente se acostó, se relajó. Mañana no podría ser peor que hoy, pensó, sintiendo como su cuerpo sucumbía al sueño.

Draco fue despertado la mañana siguiente por un insistente sonido. Abrió los ojos y se giró hacia la fuente del sonido. Bubo estaba esperando impacientemente afuera de su ventana. Draco se levantó lentamente y la dejó entrar. Había una carta atada en su pata y su corazón latió rápidamente al darse cuenta de quién era. Ahora completamente despierto, Draco se apresuró a desatar la carta.

Joven Malfoy,

Se han encargado de las acciones de tu padre. Y no acepto el que me hayas dejado fuera de tus planes. Tú me obedeces a mí. Nunca olvides eso. Estoy, sin embargo, bastante intrigado. Mantenme informado de tu progreso. Oh, y antes de que envíe a mis leales seguidores por tu sangre, cuéntame de que se trata tu plan. No olvides nada. Lo sabré, sabes que lo haré. Recuerda que tu madre se queda sola mucho tiempo, contigo lejos y con tu padre ocupado haciendo lo que pido.

Draco palideció ante la mención de su madre. El Señor Tenebroso era muy astuto e ingenioso en asegurarse de la lealtad de sus seguidores. La carta sólo estaba firmada con una impresión de la marca tenebrosa. Draco arrugó la carta y la tiró al otro lado de la habitación, y antes de que golpeara el suelo, la volvió cenizas con un rápido '¡Incendio!'. Frunció el ceño; Tenía que renunciar a algo de lo que estaba haciendo, pero ya tenía todo planeado. Rápidamente sacó un pedazo de pergamino y escribió furiosamente.

Amo,

Gracias por mostrar fe en mí. No lo decepcionaré. Continuaré, sabiendo que mi éxito ayudará a nuestra causa y le dará un duro golpe a los amantes de los muggles.

Harry Potter lleva desaparecido ya unas semanas. Me di cuenta de esto, a través mis contactos y mis persuasivas técnicas de interrogación, que planea atacar por su cuenta. Lo estoy guiando y comunicando información y pistas falsas. Actualmente está en Moscú, esperando escuchar de un contacto que no existe. Pasaré por el contacto y lo seguiré llevando más lejos. Mientras lo hago, observaré sus movimientos y todos con los que tenga contacto. Creo que hay un traidor entre sus más leales, y planeo encontrarlo y matarlo, y después llevaré a Potter ante usted. Pero debo esperar hasta que el traidor salga a flote.

De nuevo, le agradezco su confianza. Mis años de inquebrantable lealtad me han ganado su fe en mí, y no lo tomaré a la ligera. Sin embargo, sé que no aceptará mis palabras como simples muestras. Lo mantendré informado y le mandaré muestras tangibles de mi continuidad como su seguidor leal.

Fiel hasta la muerte,

D.M.

Draco leyó la carta múltiples veces al igual que la anterior. Era de suma importancia que usara las palabras y frases correctas para no ocasionar sospechas. Cuando terminó, se vistió y bajo con la carta en mano. Harry y Hermione estaban comiendo el desayuno, hablando tranquilamente.

–Buenos días, Malfoy. –dijo Harry.

Draco asintió, entonces le pasó la carta a Harry.

– ¿Qué es esto? –dijo, viéndola.

–Sólo léela. –dijo Draco, sirviendo su plato.

Los ojos de Harry se abrieron como platos al tiempo que la leía.

–Malfoy… no entiendo. ¿Qué es esto?

– ¿Te dije que lo iba a arreglar, no es así?

–Sí, pero… ¿Cómo es que esto arregla todo? –Hermione tomó la carta y comenzó a leerla.

–Cuando comencé a planear todo esto, intenté pensar en cada posibilidad. –Draco se sentó frente a Harry y Hermione, hablando principalmente a Harry. –Una de las primeras cosas en que pensé fue en el hecho de que mi desaparición no pasaría desapercibida por el Señor Tenebroso. Era demasiado obvio. Este era el plan de contingencia que creé para cuando demandara saber que me había pasado.

– ¿Contingencia? –preguntó Hermione.

–Sí.

– ¿Así que esto fue lo que se te ocurrió anoche? ¿Esta carta? –preguntó Harry.

–No. Ya le escribí y recibí su respuesta esta mañana. Esta es mi segunda carta para él.

Los ojos de Hermione se dilataron.

– ¿Estás escribiéndote con él?

–Lo estoy haciendo ahora, –dijo casualmente, –pero sabía que esto tendría que pasar eventualmente.

– ¿Cómo es que funcionará? No estoy en Moscú.

–Ya me he encargado de eso, hace mucho. Me tomará algunos meses guiarte hasta que encuentre la identidad del traidor. Mientras tanto, le estaré entregando al Señor Tenebroso información sobre ti y sobre el traidor sin siquiera dejar Inglaterra.

– ¿Cuál es esa tangible evidencia que planeas enviar?

–Fotografías. De ti, encontrándote con una persona encapuchada en medio en la noche en un bosque. Yo seré el traidor, tú serás tú mismo y Granger será la que tome las fotografías. Hay un bosque al oeste que es de mi propiedad.

–Y tú ya has pensado todo esto.

–Claro. Tengo muchos planes de contingencia para varios escenarios que puedan surgir.

–Creo que deberíamos de discutirlos. –dijo Hermione.

–Hay docenas; sería una pérdida de tiempo.

–Para ti. –respondió. – ¿Pero qué tal si me involucran a mí? ¿O a Harry?

–Claro que están involucrados. Tengo planes para los eventos de su captura, lesiones, traición y muerte, por nombrar algunos.

–Nunca traicionaría a Harry. –dijo Hermione, ferozmente.

–No, claro que no, –dijo Draco. –pero no lo pensarías dos veces para traicionarme. Tengo que estar preparado para cada situación.

–¿Quién es el traidor del que hablas? –preguntó Harry, aún enfocado en la carta.

Draco sonrió de lado.

–De mí, por supuesto.

Harry frunció el ceño, pero Hermione lo estaba mirando con una expresión de claridad.

–Estás poniendo en su mente la idea de alguien traicionándolo, y dices que planeas encontrar a esa persona, pero siempre has sido tú, y en realidad no estás haciendo nada.

–Tus divagaciones son confusas, Granger. Pero tienes la idea general de las cosas.

–Estás traicionando a Voldemort. –Era una pregunta, pero al mismo tiempo, era una declaración de realización, como si Hermione no entendiera que estaba pasando realmente.

Draco la miró profundamente y ella lo miró confundida.

–Y algunos decían que no eras la bruja más inteligente de nuestra generación.

–Malfoy, –dijo Harry, advirtiéndole.

Draco alzó las manos para indicar que se retiraba. Hermione seguía mirándolo extraño.

–¿Qué? –dijo Draco, cuando parecía que ella no se iba a rendir.

Hermione pareció salir de un trance y parpadeó.

–Es sólo que… no lo sé, supongo que no me había dado cuenta de las implicaciones de lo que estás haciendo. ¿Por qué Malfoy?

Él sacudió la cabeza.

–Ya hemos tenido esta conversación. Ya te he dado mi respuesta.

–Tu isla.

–Sí.

–¿Ahora qué? –preguntó Harry, antes de que comenzaran a pelear, como siempre lo hacían.

–Nada cambia. –dijo Draco. –Continuamos con nuestro entrenamiento, Granger continúa haciendo su trabajo, y yo le enviaré información periódicamente al Señor Tenebroso sobre nuestro avance. En una semana o dos tomaremos las fotografías. –Se puso de pie y tomó su plato. –Y después de pensarlo mucho, insisto en que no obtengamos la suscripción de El Profeta. Demasiado arriesgado.

Harry asintió.

–¿Entonces continuemos con nuestra dosis diaria de golpearnos hasta que el otro ya no pueda?

–Sí; pronto. Enviaré esta carta en unos días. Dado que se supone que estoy en Rusia. Tengo que atrasar mis respuestas con el tiempo adecuado para que parezca que la lechuza voló de un lugar a otro. Quería decirte, Harry, porque si la situación llega a presentarse, será necesario que lo sepas. No veo eso pasando, pero sólo en caso.

Se giró y regresó a su habitación.

–Aun así no confío en él. –dijo Hermione.

Harry suspiró.

–Lo sé. No tienes que hacerlo. Pero Hermione, yo confío en él.

–Y yo confío en ti. Así que supongo que eso me hace confiar en él indirectamente.

–Ponemos nuestra confianza en él cada día que pasamos aquí, porque cada día él podría matarnos o peor, entregarnos a Voldemort. No ha sido nada más que educado con nosotros sobre todo esto.

–Excepto por las razones por las que hace esto.

–Bueno, sí. Tienes razón. Además de eso.

Hermione se detuvo para pensar. No sabía si algún día confiaría en él, a pesar de las cosas que había hecho por ella y por Harry, y las cosas que estaba haciendo. Había demasiado entre ellos, principalmente esa enorme pared que Hermione había construido en su mente. Estaba bastante segura de que él tenía una bastante parecida sobre ella, sobre su opinión de ella. La confianza vendría lentamente, si es que algún día se caía un ladrillo de esas paredes.


¡Lamento la tardanza, pero ando algo apretada de tiempo! Responderé los reviews apenas tenga tiempo, pero quiero decirles que aprecio y leo todos y cada uno de ellos. En serio, ¡Gracias!

¡Hasta el siguiente capitulo!