Gracias a todos por leer!

Ailn es muy cierto lo que dices, robar (sin importar los motivos) no es bueno, lo hice así para que hubiese una confrontación Bella- Edward n.n

EPOV

- Está conmigo Edward- dijo Carlisle y dejé escapar una a sonrisa del alivio, que no duró mucho al ver su cara de angustia

- ¿qu... qué le pasó?- dije esperando que no fuera ella por favor ella no, ella no

- Edward tienes que escucharme primero- dijo mientras levantaba sus manos, intentando apaciguarme

- ¡Eso puede esperar! DIME DONDE ESTÁ ELLA- Carlilse volteó hacia la sala de operaciones y sin pensarlo corrí hasta allá lanzando la puerta.

Bella estaba recostada en su camilla, su palidez mortecina me partió el corazón, creí que estaba muerta y me apresuré a su lado, escuché con una dolorosa alegría cómo respiraba débilmente, tomé su mano pálida y fría y me derrumbé.

¡Ese bastardo! ¿por qué a Bella? ¿por qué a mi Bella?

Carlisle entró tímidamente a la habitación y lo miré

- ¿Estará bien?- susurré con la voz partida

- No lo sé- Mi corazón fue atravezado por mil dagas ante su respuesta.

- El lo hizo- dije furibundo.

- No Edward- dijo con un suspiro

- ¿Entonces quién?

Carlisle dirijió su mirada a una mesita que estaba al lado de la camilla, yo la seguí y allí estaba una daga ensangrentada, mi daga...

Caí de rodillas y las lágrimas rodaron por mis mejillas ¿cómo es que no lo ví? la herida en su costado, también había sido yo...

- El oro es para ayudarnos- dijo Carlisle confirmando mis pensamientos.

Ella todo el tiempo había hecho lo mismo, no se enriquecía con el oro sino que lo daba y se quedaba con el peso del odio de quienes no tenían ni idea. Cada vez la amaba mas a ella... si, la amaba, y me odiaba mas a mi mismo. Si ella moría, yo moriría con ella. Tomé esa determinación silenciosa, mientras Carlisle, muy lejos de mi conciencia llamaba mi nombre.

BPOV

Nadé en la oscuridad por un tiempo, ya no sentía dolor, estaba todo muy tranquilo... Entonces una manita tocó mi cara

- ¡Alice!- dije contenta al abrir mis ojos viéndola parada junto a mi

- Bella, te estaré esperando- dijo ella y se desvaneció lentamente

- ¡Alice! ¡Alice!- llamé, pero no volvió- ¿dónde estoy?

Recordé que me había quedado en el callejón, no sabía si despertaría... ¿Había muerto?... ¡no! no podía habían cosas que tenía que hacer aún.

Mi pierna empezó a doler, y me aferré a ese sentimiento vamos vamos... debo regresar ahora luego mi costado, el dolor se hizo cada vez mas fuerte hasta hacerse insoportable y me sentí sacada de la cálida oscuridad.

Mis ojos se abrieron y todo lo que pude ver era luz, insoportable luz, los cerré y volví a intentarlo, empezó a aclararse todo. el techo de madera... las paredes blancas

- ¡Bella!- decía una voz conocida que me hacía sentir mas cálida- ¿estás bien? Bella ¡Bella! por favor respóndeme.

- hm...- fue todo lo que logré articular, me di cuenta de que mi garganta estaba muy seca- a... agua.

En seguida sentí una mano suave que con cuidado levantaba mi cabeza, mis labios se toparon con una taza, y el agua corrió lentamente hacia mí. Levanté mis manos y sostuve el vaso yo misma, me lo terminé de un solo trago. Me quitó el vaso y me lo devolvió lleno otra vez, bebí mas lento y me recostó otra vez con cuidado cuando le devolví la taza casi vacía.

Hubo silencio por un buen rato mientras me concentraba con los ojos cerrados en todas mis extremidades, mi pierna derecha aún dolía y mi costado también, pero no era algo nuevo para mi. Me lastimaba con frecuencia en mis entrenamientos.

Pero me dí cuenta de algo, la voz pertenecía a Edward, si él sabía... ¡Me matara!. Abrí los ojos de golpe y me lancé hacia un lado, caí de la cama y me arrastré desesperada mientras oía la voz frenética de Edward.

- ¡Bella! ten cuidado- me tomó por debajo de los brazos mientras forcejaba patéticamente y vi en su rostro que estaba profundamente dolido- Bella no te haré daño, no me temas, ¿podrás perdonarme?

Lo miré con mis ojos abiertos de par en par ¿perdonarlo? yo soy la que busca su perdón y absolución... por así decirlo. Me sentó de nuevo en la camilla y miré su expresión torturada.

- Bella, lo siento tanto- sollozó- te he lastimado, ¡soy un mounstro imperdonable!, si me quieres muerto no te fallaré.

- ¡¿QUE?!- Lo miré incrédula y el saltó- Edward qué te pasa

- Yo soy el culpable de que estés aquí- dijo quejumbroso- ¿No lo entiendes?

- Bueno, si lo entiendo, pero lo que no veo es por qué estás comportándote así. Esto bien, ¡mírame!- dije levantando mis brazos moviéndolos.

No lo podía culpar, nunca tuve ningún rencor contra él, sólo hacía lo que tenía podía hacer para ayudar y aún así, era sólo una vulgar ladrona el no era el villano en la situación, sólo un chico que tuvo la mala suerte de toparse conmigo. Pero no importaba lo que le dijera, él siempre tenía esa cara de dolor.

- Ay ¡Por favor! me están dando ganas de golpearte... en serio

- ¡Hazlo!- dijo intensamente.

- ¡Aghhhh!- grité frustrada y me miró alarmado- ¿puedes dejar de hacer eso?

La puerta se abrió de repente y Carlisle apareció detrás de ella.

- ¡Bella! - me dijo alegre.

- Doctor Cullen- respondí- ¿Cómo va todo?

-Mucho mejor gracias a ti, con el dinero que trajiste he podido comprar medicinas y comida, lo he estado usando con cuidado, como me pediste.

- Gracias- dije aliviada.

- Gracias a ti, hijo, creo que ya puedes levantarte de allí, Bella ya está mejor, ve a descansar y a comer algo.

- No es necesario, me quedaré.

-No has comido en días- se preocupó Carlisle.

¡Ya es suficiente!

- Edward, escúchame-le dije y volteó inmediatamente a verme- tu no tienes la culpa de nada, yo fui quien mintió, no te tortures, la única culpable soy yo - le dí una sonrisa y su expresión empeoró.

¿Y ahora qué hice mal? Pensé frustrada.

- Jamás te culpes por esto- dijo con urgencia

- ¿Qué tal si lo dejamos pasar? ya sabes... yo no me culpo, tu no te culpas, y seguimos adelante como si nada hubiera pasado.

-¡Casi moriste!- dijo angustiado

- No es la primera vez...

Me arrepentí al instante Edward palideció y pensé que se desmayaría hasta que su expresión cambió a pura determinación

- No dejaré que corras peligro nunca mas- dijo con intensidad- te protegeré con mi vida- prometió

Me sonrojé y me mordí el labio.

- Ya déjalo - dije escondiendo mi cara detrás de una cortina de cabello.

Pero sin importar lo que le dijera, la mirada de determinación no se iría...