Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, Ghost hunt es propiedad de Fuyumi Ono.

Advertencias: Fic en edición: discontinuidad en la escritura (temporalmente). Posible OOC.

Notas de la autora: Este fue mi segundo fic publicado, también el más largo de todos y uno que finalmente tendrá continuación, por ello y más, lo estoy editando. Lo necesitaba para refrescar mis ideas y para mejorarlo estéticamente. Estoy muy feliz por ello y espero sus seguidores sigan por allí para verlo. Por desgracia tuve un par de inconvenientes como romper mi laptop y se me retrasó la edición, me disculpo por los posibles errores.


Transiciones.

—Ghost hunt—

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Aún cuando nadie deseaba abandonar la habitación, con la insistencia de la joven y la orden directa de Martín de respetar su privacidad, uno a uno todos fueron retirándose de la base.

Oliver Davis, aun negándose a salir, se mantuvo en pie a pocos pasos del sofá, observando al pequeño cuerpo de su antigua asistente luchar con todas sus fuerzas por contener un sufrimiento que ante sus ojos se hacía evidente.

¿Acaso era tonta?, ¿por quién lo estaba tomando?

Era evidente que no estaba bien, su sonrisa era vacilante y totalmente falsa. Sus piernas arrolladas intentaban descontroladamente disimular su temblar, mientras que sus rodillas constantemente chocando entre sí lo hacían aún más evidente; sus manos estrujaban casi con violencia el gastado material del sofá haciendo uso de la poca fuerza que aún parecía mantener su cuerpo; incluso sus lágrimas aún parecían luchar por quebrar la delgada máscara de serenidad que tontamente se esforzaba por mantener a pesar del terror que emanaba de todo su ser.

¿Por qué no lo quería cerca?, ¿por qué se negaba a compartir su visión con él como lo habría hecho en los viejos tiempos?

—Noll, ¿acaso no has escuchado? Dejemos a Taniyama a solas con Madoka para que pueda expresarse con mayor comodidad.

Pareciera que siquiera el increíble respeto de Oliver hacia su padre pudieran lograr la concentración suficiente en sus palabras como para hacerle entender que no debía permanecer allí. Ante esto, Lynda se acercó a él tomando su brazo lentamente, captando abruptamente su atención y conduciéndolo al corredor.

Los ojos de la castaña se mantuvieron clavados en la espalda de aquel suéter color negro mientras cruzaba la puerta, verlo partir se sentía tan nostálgico, tanto como necesitarlo.

—Mai, ¿dónde estás herida? —se apresuró a preguntar Madoka, a medida que confirmaba observando a través de los cristales de la puerta si todos se habían marchado.

—Lo siento, lo siento —fueron sus únicas palabras antes de comenzar a llorar.

—Mai, está bien. No es tu culpa que esto suceda —intentó consolarla y se acercó a abrazarla, pero la castaña pronto se alejó adolorida—. Mai, debes quitarte el abrigo así podré ver que tan graves son.

Esta asintió y con lentitud secó sus lágrimas, comenzando a desprender los botones de su abrigo, prosiguió con su suéter de cuello alto hasta finalmente dejar de su piel al descubierto. Tenía la piel cubierta de marcas de color rosa intenso, algunas de ellas incluso eran de color violeta casi negro, y otras tantas venían acompañadas de cortes afortunadamente no profundos. Su antes tan delicada piel se veía tan magullada, y su pequeña figura tan indefensa que le fue imposible a su jefa ocultar sus propias lágrimas.

—Debemos llevarte a un hospital.

—No. Ya recuerdas lo que dijeron, no importa si soy mayor de edad, si continúo ingresando con este tipo de lesiones van a colocarme a custodia del Estado y quizá hasta cerrar SPR.

—Mai, eso dijeron en Japón, aquí no tienen poder sobre ti a tal punto, además estás herida —insistió poniéndose en pie.

—No sobre mi, pero si sobre SPR, quién sabe podrían entrar en contacto con las autoridades japonesas y enterarse de sus sospechas sobre mi sometimiento a rituales satánicos y ese tipo de cosas, no lo sé, de todos modos estoy bien, creo que puede solucionarse con un par de analgésicos —rió.

—Eres la única persona que puede hacer sonar esas extrañas acusaciones divertidas —sonrió Madoka—, pero esto no es divertido, esas heridas no sanarán con un analgésico Mai, esto se está saliendo de control no puedo permitirte dormir más.

—Creo que ambas sabemos que no puedo evitar dormir y aunque pudiera no solucionaría nada —sus palabras se escaparon de su boca con la misma amargura con la que llegaron a oídos de su jefa, quien volvió a sentarse a su lado y pasó su mano en el cabello de la joven.

—Vamos a solucionar esto, ¿está bien? —tomó el suéter y ayudándola a colocárselo, suspiró—. Ganaste por ahora. No te obligaré a ir a un hospital porque todos sospecharían, pero haremos verte estas heridas cuando vayamos a visitar a Ayako.

—Sabes que las heridas causadas por las visiones curan rápidamente —hizo un gesto de dolor a medida que colocaba su brazo izquierdo dentro de una manga— De todos modos, voy a tomar de mi bolso algunos analgésicos, creo que si me mantengo en la base con Yasu hasta que resuelvan el caso estaré bien.

—Me gustaría verte tan segura cuando vuelva Noll, él desconfía de todo esto, y está muy preocupado —rió ligeramente al observar el rosa en las mejillas de la castaña.

—No es cierto, tan solo quiere saber qué es lo que sucedió —comentó con desilusión.

Al notarlo, inmediatamente su jefa alborotó su cabello y colocando una expresión más seria le dijo—. Puesto que tomaste tu decisión de ocultar esto, ahora debes esforzarte en mantener la máscara sobretodo ante el narcisista de mi antiguo aprendiz y si es posible también ante Lynda.

—Sobre eso, ¿tu la conoces? —preguntó con interés.

—Ya hablaremos de eso. Ahora cuéntame sobre la visión.


—Lo siento Noll. De verdad todos están muy asustados, dicen que nosotros lo trajimos, no quieren hablarme más.

—¿Pero a quién trajimos?, eso es lo que no entiendo. ¿Qué tiene eso que ver con Mai?

—Espera hijo, ¿por qué crees que eso tenga que ver con la joven Taniyama? —interrumpió con desconcierto Martin.

—Es cierto. Entiendo que la visión le haya afectado, pero si como dicen esa otra persona no tiene ninguna relación con los niños atrapados en esta parroquia, ¿qué les hace pensar que la visión de Mai no se trató tan solo de algo referente a ellos? —intervino con algo de confusión el padre, aún evidentemente afectado por lo sucedido.

—Esperen, creo que estamos todos alterados aún y siendo poco claros. Naru, Lynda ¿puedo llamarte por tu nombre? —ella asintió—, aún no nos explican qué fue lo que dijeron los espíritus y qué relación puede guardar eso con Mai —concluyó el joven de las gafas.

—Es que no lo sé, esos niños fueron golpeados y maltratados. Todos presentan cortes y quemaduras, fueron torturados y eso es algo que continúan repitiendo una y otra vez aquí —respondió la médium colocando sus manos en su pecho con horror—. Ellos están sufriendo pero, cuando estábamos examinando el salón de misas en busca de señales más claras ellos comenzaron a inquietarse, decían que había alguien allí.

—Espera, ¿no crees que ese alguien fuera quien les hacía daño?.

—No, yo…

—El primer día que estuvimos en esta parroquia Lynda debió marcharse indispuesta, ese día sintió la presencia de una mujer mayor —interrumpió con evidente molestia Oliver.

—Es cierto, y por lo que pude llegar a entender de los niños es ella quien les hizo daño, también a su compañera miko. Pero ese hombre, no es de aquí, los niños le temen aún más y nos culpan porque está aquí.

—En definitiva…

¿Gene? ¿Qué dem…

—¿Noll?, ¿hijo? —cuestionó algo preocupado, al notar a su hijo totalmente perdido en sus pensamientos.

—Debo ir al baño. Si me disculpan.

Dicho esto se retiró en dirección al baño, apresurando su paso una vez lejos de la vista de sus desconcertados compañeros.

—¿Estará bien? —preguntó Jhon.

—Si, seguro debe ser por todo lo sucedido, debe estar algo aturdido —comentó Lynda— iré a ver si necesita algo.

—Si es así iré yo. Sabemos que Naru puede ser algo grosero en estos momentos —rió Yasuhara.

—No —respondió la chica tomando su brazo—. No te preocupes, he enfrentado su humor por años —concluyó con una sonrisa y se marchó.

Una vez lejos, su sonrisa se borró rápidamente volviéndose casi un gesto de angustia. ¿Gene?


—¡Se que estás ahí, aparece ahora mismo! —gritó dirigiéndose al gastado espejo del baño y luego apoyó sus brazos sobre el lavado frente a él.

—¿Entonces aún podías sentirme? —respondió algo en su mente, haciéndolo dirigir nuevamente su atención a su reflejo que ahora le sonreía con melancolía.

—Siempre pude sentirte. De manera más débil debo destacar, pero siempre supe que seguías ahí.

—¿Y por qué no me hablabas? —la pregunta pareció afectarle, pues desfiguró su gesto de profundo enojo y lo cambió por uno algo de angustia.

—¿Acaso lo hacías tú Gene?

—Noll, yo, tengo tantas cosas que explicarte…

—No es relevante ahora. ¿Qué sabes?, ¿qué está pasando aquí y qué relación tiene eso con Mai? —cambió rápidamente de tema volviendo algo más serio el rostro del reflejo.

—Lo único que puedo decir es que deben resolver este caso hoy. De paso, quizá sería útil que le dijeras a Lynda que entre y se una a esta conversación en lugar de que se quede afuera preocupada, ¿no crees? —sonrió el reflejo.

Aún algo sorprendido por el comentario, el joven Davis abrió la puerta y observó que efectivamente allí estaba, por lo que en silencio la hizo entrar.

—Esto es nostálgico. ¿Hace cuanto tiempo no nos reunimos los tres, chicos? —continuó Gene esbozando una gran sonrisa.

—Bastante creo yo —lo acompañó la médium en su sonrisa— ¿Estás bien?- preguntó acercando su mano al espejo.

—Creo que tendremos tiempo para esto luego —interrumpió de manera abrupta el narcisista—. Ya que no te veo con intenciones de cruzar aún— sonrió para para sorpresa de los dos presentes—. Así que ahora, ¿por qué debemos terminar esto hoy?

—Bien… —inició su gemelo.


—En verdad te has vuelto buena en esto de fingir.

—Gracias Madoka, es muy amable de tu parte.

—¿Bromeas? Mai no fue un elogio, ya te he… —sus palabras se perdieron en el momento que sus ojos tomaron conciencia de la imagen frente a ella.

Su antiguo aprendiz y la misteriosa médium salían del cuarto de baño tomados de la mano, sin siquiera haber notado su presencia.

Esto no se ve bien —pensó. Sobretodo porque no era la única que había visto esa incomprensible escena.

—Ma…

—¿Vamos Madoka? —preguntó ahora la joven adelantándose algunos pasos frente a ella—. Tenemos que decirle a todos lo que vi, y tenemos que resolver este caso antes del anochecer.

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—1.686—

—Gracias por leer—

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