-¿Qué tendrán los ascensores?- murmura para ella misma cruzando el vestíbulo a grandes zancadas.
Lucho por mantener su paso, porque todo mi raciocinio se ha quedado desparramado por el suelo y las paredes del ascensor numero 3 del hotel Heathman.
Quinn abre la puerta del copiloto del Audi 4x4 negro y subo. Menudo cochazo. No ha mencionado el arrebato pasional del ascensor. ¿Debería decir algo yo? ¿Deberíamos comentarlo o fingir que no ha pasado nada? Apenas parece real, mi primer beso con forcejeo. A medida que avanzan los minutos, le asigno un carácter mítico, como una leyenda del rey Arturo o de la Atlántida. No ha sucedido, nunca ha existido. Quizá me lo he imaginado. NO. Me toco los labios, hinchados por el beso. Sin la menos duda ha sucedido. Soy otra mujer. Deseo a esta mujer desesperadamente, y ella me ha deseado a mí.
La miro. Quinn esta como siempre, correcta y ligeramente distante.
No entiendo nada.
Arranca el motor y abandona su plaza de parking. Enciende el equipo de música. El dulce y mágico sonido de dos mujeres cantando invade el coche. Uau… mis sentidos están alborotados, así que me afecta el doble. Los escalofríos me recorren la columna vertebral. Quinn conduce de forma tranquila y confiada hacia la Southwest Park Avenue.
-¿Qué es lo que suena?
-Es el "Dúo de las flores" de Delibes, de la ópera Lakmè. ¿Te gusta?
-Quinn, es precioso.
-Si, ¿Verdad?
Sonríe y me lanza una rápida mirada. Y por un momento parece de su edad, joven, despreocupada y guapa hasta perder el sentido. ¿Es esta la clave para acceder a ella? ¿La música? Escucho las voces angelicales, sugerentes y seductoras.
-¿Puedes volver a ponerlo?
-Claro
Quinn pulsa un botón, y la música vuelve a acariciarme, invade mis sentidos de forma lenta, suave y dulce.
-¿Te gusta la música clásica?-. Le pregunta tratando de hacer una incursión en sus gustos personales.
-Mis gustos son eclípticos, Rachel. De Thomas Tallis a los Kings of Leon. Depende de mi estado de ánimo. ¿Y los tuyos?
-Los míos también. Aunque no conozco a Thomas Tallis.
Se gira, me mira un instante y vuelve a fijar los ojos en la carretera.
-Algún día te tocaré algo de él. Es un compositor británico del siglo XVI. Música coral eclesiástica de la época de los tudor. – Me sonríe-. Suena muy esotérico, lo se, pero es mágica.
Pulsa un botón y empiezan a sonar los Kings of Leon. A estos los conozco. "Sex on Fire" muy oportuno. De pronto el sonido de un teléfono móvil interrumpe la música. Quinn pulsa un botón del volante.
-Fabray-. Contesta bruscamente.
-Señora Fabray, soy Welch. Tengo la información que pidió.
Una voz áspera e incorpórea que llega por los altavoces.
-Bien. Mándemela por e-mail. ¿Algo más?
-Nada más, señora.
Pulsa el botón, la llamada se corta y vuelve a sonar la música. Ni adiós ni gracias. Me alegro mucho de no haberme planteado la posibilidad de trabajar para ella. Me estremezco solo de pensarlo. Es demasiado controladora y fría con sus empleados. El teléfono vuelve a interrumpir la música.
-Fabray.
-Le han mandado por e-mail el acuerdo de confidencialidad, señora Fabray.
Es una voz de mujer.
-Bien. Eso es todo, Andrea.
-Que tenga un buen día, Señora.
Quinn cuelga pulsando el botón del volante. La música apenas ha empezado a sonar cuando vuelve a sonar el teléfono. ¿En esto consiste su vida, en contestar una y otra vez al teléfono?
-Fabray.-Dice bruscamente.
-Hola, Quinn. ¿Has tenido un orgasmo?
-Hola, Brittany… Estoy con el manos libres, y no voy sola en el coche.
Quinn suspira.
-¿Quién va contigo?
Quinn mueve la cabeza.
-Rachel Berry.
-¡Hola, Rach!
¡Rach!
-Hola, Brittany.
-Llámame Britt. Me han hablado mucho de ti-. Murmura Brittany con voz ronca.
Quinn frunce el ceño.
-No te creas una palabra de lo que te cuente San- Britt empieza a reír.
-Estoy llevando a Rachel a su casa-. Dice Quinn recalcando mi nombre completo-. ¿Quieres que te recoja?
-Claro.
-Hasta ahora.
Quinn cuelga y vuelve a sonar la música.
-¿Por qué te empeñas en llamarme Rachel?
-Porque es tu nombre.
-Prefiero Rach.
-¿De verdad?
Casi hemos llegado a mi casa. No hemos tardado mucho.
-Rachel… -Me dice pensativa.
La miro con mala cara, pero no me hace caso.
-Lo que ha pasado en el ascensor… no volverá a pasar. Bueno, a menos que sea premeditado.- Dice ella.
Detiene el coche frente a mi casa. Me doy cuenta de pronto de que no ha preguntado donde vivo. Ya lo sabe. Claro que sabe donde vivo, porque me envió los libros. ¿Cómo no iba a saberlo una acosadora que sabe rastrear la localización de un móvil y que tiene un helicóptero?
¿Por qué no va a volver a besarme? Hago un gesto de disgusto al pensarlo. No la entiendo. La verdad es que debería apellidarse Enigmática, no Fabray. Sale del coche y lo rodea caminando con elegancia hasta mi puerta, que abre. Siempre es una perfecta Dama, excepto quizá en raros y preciosos momentos en los ascensores. Me ruborizo al recordar su boca pegada a la mía y se me pasa por la cabeza la idea de que yo no he podido tocarla. Quería deslizar mis dedos por su pelo alborotado, pero no podía mover las manos. Siento, en retrospectiva, frustrada.
-A mi me ha gustado lo que ha pasado en el ascensor.- Murmuro saliendo del coche.
No estoy segura de si oigo un jadeo ahogado, pero decido hacer caso omiso y subo los escalones de la entrada.
San y Britt están sentadas a la mesa. Los libros de catorce mil dólares no siguen allí, afortunadamente. Tengo planes para ellos.
San muestra una sonrisa ridícula y poco habitual en ella, y su melena despeinada le da un aire sexi. Quinn me sigue hasta el comedor, y aunque San sonríe con cara de habérselo pasado en grande toda la noche, la mira con desconfianza.
-Hola, Rach.
Se levanta para abrazarme y al momento se separa un poco y me mira de arriba abajo. Frunce el ceño y se gira hacia Quinn.
-Buenos días, Quinn-. Le dice en tono ligeramente hostil.
-Señorita Lopez-. Le contesta con su tono formal.
-Quinn, se llama San.- Refunfuña Brittany.
-San.
Quinn asiente con educación y mira a Brittany, que se ríe y se levanta para abrazarme ella también.
-Hola, Rach.
Sonríe y sus ojos azueles brillan. Me cae bien al instante. Es obvio que no tiene nada que ver con Quinn, pero, claro, son hermanas adoptivas.
-Hola, Britt.
Le sonrio y me doy cuenta de que estoy mordiéndome el labio.
-Brittany, tenemos que irnos.- Dice Quinn en tono suave.
-Claro.
Se gira hacia San, la abraza y le da un beso interminable.
Vaya… meteos en una habitación. Me miro los pies, incomoda. Levanto los ojos hacia Quinn. Que esta mirándome fijamente. Le sostengo la mirada. ¿Por qué no me besas así? Brittany sigue besando a San, la empuja hacia atrás y la hace doblarse de forma tan teatral que el pelo casi le toca el suelo.
-Nos vemos luego, nena -Le dice sonriente.
San se derrite. Nunca antes la había visto derritiéndose así. Britt debe ser buenísima. Quinn resopla y me mira con expresión impenetrable, aunque quizá le divierte un poco la situación. Me coge un mechón de pelo que se me ha salido de la coleta y me lo coloca detrás de la oreja. Se me corta la respiración e inclino la cabeza hacia sus dedos. Sus ojos se suavizan y me pasa el pulgar por el labio inferior. La sangre me quema las venas. Y al instante retira la mano.
-Nos vemos luego, nena- murmura.
No puedo evitar reírme, porque la frase no va con ella. Pero aunque se que esta burlándose, aquellas palabras quedan clavadas dentro de mi.
-Pasare a buscarte a las ocho.
Se da media vuelta, abre la puerta de la calle y sale al porche. Britt la sigue hasta el coche, pero se vuelve y le lanza otro beso a San, siento una inesperada punzada de celos.
-¿Por fin? –Me pregunta San con evidente curiosidad mientras las observamos subir al coche y alejarse.
-No-. Contesto bruscamente, con la esperanza de que eso impida que siga preguntándome.
Entramos a casa.
-Pero es evidente que tu si- Le digo, ya saben le hago la pelota para cambiar de tema.
-He quedado con ella esta noche.
Aplaude y da saltitos como una niña pequeña. No puede reprimir su entusiasmo y su alegría, y yo no puedo evitar alegrarme por ella. Será interesante ver a San contenta.
-Esta noche Quinn va a llevarme a Seattle.
-¿A Seattle?
-Si.
-¿Y quizá allí…?
-Eso espero.
-Entonces te gusta, ¿No?
-Si.
-¿Te gusta lo suficiente para…?
-Si
Alza las cejas.
-Uau. Por fin Rachel Berry se enamora de una mujer, y es Quinn Fabray, la guapa y sexi multimillonaria.
-Claro, claro, es solo por el dinero.
Sonrió hasta que al final nos da un ataque de risa a las dos.
-¿Esa blusa es nueva?- Me pregunta.
Le cuento los pocos excitantes detalles de mi noche.
-¿Te ha besado ya? –Me pregunta mientras prepara un café.
Me ruborizo.
-Una vez.
-¡Una vez!-Exclama
Asiento bastante avergonzada.
-Es muy reservada.
San frunce el ceño.
-Que rara.
-No creo que la palabra sea "Rara", la verdad.
-Tenemos que asegurarnos de que esta noche estés irresistible-. Me dice muy decidida.
Oh, no… Ya veo que va a ser un tiempo perdido, humillante y doloroso.
-Tengo que estar en el trabajo dentro de una hora.
-Me bastara con ese ratito. Vamos.
San me coge de la mano y me lleva a su habitación.
Aunque en Clayton`s tenemos trabajo, las horas pasan muy lentas. Como estamos en plena temporada de verano, tengo que pasar dos horas reponiendo las estanterías después de haber cerrado la tienda. Es un trabajo mecánico que me deja tiempo para pensar. La verdad es que en todo el día no he podido hacerlo.
Siguiendo los incansables y francamente fastidiosos consejos de San, me he depilado las piernas, las axilas y las cejas, así que tengo toda la piel irritada. Ha sido una experiencia muy desagradable, pero san me asegura que es lo que nosotras esperamos en estas circunstancias. ¿Qué más esperara Quinn? Tengo que convencer a San de que Quinn es buena. Por alguna extraña razón no confía en ella, quizá porque es tan estirada y formal. Le he prometido que le mandaría un mensaje al llegar a Seattle. No le he dicho nada del helicóptero para que no le diera un pasmo.
También esta el tema Finn. Tengo tres mensajes y siente llamadas perdidas de suyas en el móvil. También ha llamado a casa dos veces. San no ha querido concretarle donde estaba, así que sabrá que esta cubriéndome, porque San siempre es muy franca. Pero he decidido dejarle sufrir un poco. Todavía estoy enfadada con el.
Quinn comento algo sobre unos papeles, y no se si estaba de broma o si voy a tener que firmar algo. Me desespera tener que andar conjeturando todo el tiempo. Y para colmo de desdichas, estoy muy nerviosa. Hoy es el gran día. ¿Estoy preparada por fin? La diosa que llevo dentro me observa golpeando impaciente el suelo con un pie. Hace años que esta preparada, y esta preparada para cualquier cosa con Quinn Fabray, aunque todavía no entiendo que ve en mi… la timorata Rachel Berry… no tiene sentido.
Es puntual, por supuesto, y cuando salgo de Clayton`s está esperándome, apoyada en la parte de atrás del coche. Se incorpora para abrirme la puerta y me sonríe cordialmente.
-Buenas tardes, señorita Berry- Me dice.
-Señora Fabray.
Inclino la cabeza educadamente y entro en el asiento trasero del coche. Taylor está sentado al volante.
-Hola, Taylor- Le digo
-Buenas tardes, señorita Berry-. Me contesta en tono educado y profesional.
Quinn entra por la otra puerta y me aprieta la mano suavemente. Un escalofrió me recorre todo el cuerpo.
-¿Cómo ha ido el trabajo? –Me pregunta.
-Interminable-. Le contesto con voz ronca, demasiado baja y llena de deseo.
-Si, a mi también se me ha hecho muy largo.
-¿Qué has hecho?-Logro preguntarle.
-He ido de excursión con Brittany.
Me golpea los nudillos con el pulgar una y otra vez. El corazón deja de latirme y mi respiración se acelera. ¿Cómo es posible que me afecte tanto? Solo esta tocando una pequeña parte de mi cuerpo, y ya se me han disparado las hormonas.
El helipuerto esta cerca, así que, antes de que me de cuenta, ya hemos llegado. Me pregunto donde estará el legendario helicóptero. Estamos en una zona de la ciudad llena de edificios, y hasta yo se que los helicópteros necesitan espacio para despegar y aterrizar. Taylor aparca, sale y me abre la puerta. Al momento Quinn esta a mi lado y vuelve a cogerme de la mano.
-¿Preparada? pregunta.
Asiento. Quisiera decirle: "Para todo", pero estoy demasiado nerviosa para articular palabra.
-Taylor.
Hace un gesto al chofer, entramos en el edificio y nos dirigimos hacia los ascensores. ¡Un ascensor! El recuerdo del beso de la mañana vuelve a obsesionarme. No he pensado en otra cosa en todo el día. En el trabajo no podía quitármelo de la cabeza. El señor Clayton ha tenido que gritarme dos veces para que volviera a la tierra. Decir que he estado distraída seria quedarse muy corto.
Quinn me mira con una ligera sonrisa en los labios. ¡Ajà! También ella se esta pensando lo mismo.
-Son solo tres plantas-. Me dice con ojos divertidos.
Tiene telepatía, seguro. Es espeluznante.
Intento mantener el rostro impasible cuando entramos en el ascensor. Las puertas se cierran y ahí esta la extraña atracción eléctrica, crepitando entre nosotros, apoderándose de mi. Cierro los ojos en un vano intento de pasarla por alto. Me aprieta la mano con fuerza, y cinco segundos después las puertas se abren en la terraza del edificio. Y ahí esta, un helicóptero blanco con las palabras FABRAY ENTERPRISES HOLDINGS, INC. En color azul y el logotipo de la empresa a un lado. Seguro que esto es despilfarrar los recursos de la empresa.
Me lleva a un pequeño despacho en el que un hombre mayor esta sentado en una mesa.
-Aquí tiene su plan de vuelo, señora Fabray. Lo hemos revisado todo. Esta listo, esperándole, señora. Puede despegar cuando quiera.
-Gracias, Joe-. Le contesta Quinn con una cálida sonrisa.
Vaya, alguien que merece que Quinn lo trate con educación. Quizá no trabaja para ella. Observo al anciano asombrada.
-Vamos-. Me dice Quinn.
Y nos dirigimos al helicóptero. De cerca es mucha más grande de lo que pensaba. Suponía que seria un modelo pequeño, para dos personas, pero tiene como mínimo siete asientos. Quinn abre la puerta y me señala un asiento de los de delante.
-Siéntate. Y no toques nada-. Me ordena subiendo detrás de mí.
Cierra de un portazo. Me alegro de que toda la zona alrededor este iluminada, porque de lo contrario apenas vería nada en la cabina. Me acomodo en el asiento que me ha indicado y ella se inclina hacia mí para atarme el cinturón de seguridad. Es un arnés de cuatro bandas, todas ellas unidas en una hebilla central. Aprieta tanto las dos bandas superiores que apenas puedo moverme. Esta pegada a mi, muy concentrada en lo que hace. Si pudiera inclinarme un poco hacia delante, hundiría la nariz entre su pelo. Huele a limpio, a fresco, a gloria, pero estoy firmemente atada al asiento y no puedo moverme. Levanta la mirada hacia mí y sonríe, como si le divirtiera esa broma que solo ella entiende. Le brillan los ojos. Esta tentadoramente cerca. Contengo la respiración mientras me aprieta una de las bandas superiores.
-Estás segura. No puedes escaparte-. Me susurra-. Respira, Rachel-. Añade en tono dulce.
Se incorpora, me acaricia la mejilla y me pasa sus largos dedos por debajo de la mandíbula, que sujeta con el pulgar y el índice.
Se inclina hacia delante y me da un rápido y casto beso. Me quedo impactada, revolviéndome por dentro ante el excitante e inesperado contacto de sus labios.
-Me gusta este arnés-. Me susurra
¿Qué?
Se acomoda a mi lado, se ata a su asiento y empieza un largo protocolo de comprobar indicadores, mover palancas y pulsar botones del alucinante despliegue de esferas, luces y mandos. En varias esferas parpadean lucecitas, y todo el cuadro de mandos esta iluminado.
-Ponte los cascos-. Me dice señalando unos auriculares frente a mí.
Me los pongo y el rotor empieza a girar. Es ensordecedor. Se pone también ella los auriculares y sigue moviendo palancas.
-Estoy haciendo todas las comprobaciones previas al vuelo.
Oigo la incorpórea voz de Quinn por los auriculares. Me giro y le sonrió.
-¿Sabes lo que haces?- Le pregunto
Se gira y me sonríe.
-He volado desde que tenia 18 años, Rachel. Estas ha salvo conmigo-. Me dice sonriendo de oreja a oreja-. Bueno, mientras estamos volando-. Añade guiñándome un ojo.
¡Quinn me ha guiñado un ojo!
-¿Lista?
Asiento cono los ojos muy abiertos.
-De acuerdo, torre de control. Aeropuerto de Portland, aquí Charlie Tango Golf-Golf, listo para despegar. Espero confirmación, cambio.
-Charlie Tango, adelante. Aquí aeropuerto de Portland, avance por uno-cuatro-mil. Dirección cero-uno-cero. Cambio.
-Recibido, torre, aquí Charlie Tango. Cambio y corto. En marcha-. Añade dirigiéndose a mí.
Después de un rato ya en el aire, me pregunto ¿Cómo puede ver por donde vamos?
-¿Cómo sabes que vas en la dirección correcta?
-Aquí- me contesta señalando con su dedo índice una brújula electrónica-. Es un Eurocopter EC135. Uno de los más seguros. Esta equipado para volar de noche.- Me mira y sonríe-. En mi edificio hay un helipuerto. Allí nos dirigimos.
Pues claro que en su edificio hay un helipuerto. Me siento totalmente fuera de lugar. Las luces de control le iluminan ligeramente la cara. Esta muy concentrada y no deja de controlar las diversas esferas situadas frente a ella. Observo sus rasgos con todo detalle. Tiene un perfil muy bonito, la nariz recta, sus cejas perfectas, su mandíbula ligeramente tensa. Me gustaría deslizar la lengua por sus labios…
-Cuando vuelas de noche, no ves nada. Tienes que confiar en los aparatos-. Dice interrumpiendo mi fantasía erótica.
-¿Cuánto durara el vuelo?-. Consigo decir, casi sin aliento.
No estaba pensando en sexo. Para nada.
-Menos de una hora… tenemos el viento a favor.
En Seattle en menos de una hora… no esta nada mal. Claro, estamos volando.
Queda menos de una hora para que lo descubra todo. Siento todos los músculos de la barriga contraídos. Tengo un grave problema con las mariposas. Se me reproducen en el estomago.
-¿Estas bien, Rachel?
-Si.
Le contesto con la máxima brevedad porque los nervios me oprimen.
Creo que sonríe, pero es difícil asegurarlo en la oscuridad. Quinn acciona otro botón.
-Aeropuerto de Portland, aquí Charlie Tango, en uno-cuatro- mil, cambio.
Intercambia información con el control del tráfico aéreo. Me suena todo muy profesional. Creo que estamos pasando del espacio aéreo de Portland al del aeropuerto de Seattle.
-Entendido, Seattle, preparado, cambio y corto.
Señala un puntito de luz en la distancia y dice:
-Mira. Aquello es Seattle.
-¿Siempre impresionas así a las mujeres? ¿"Ven a dar una vuelta en mi helicóptero"? – Le pregunto realmente interesada.
-Nunca he subido a una mujer al helicóptero, Rachel. También esto es una novedad- Me contesta en forma tranquila aunque seria.
Vaya, no me esperaba esta respuesta. ¿También una novedad? Ah, ¿se refería a lo de dormir con una mujer?
-¿Estas impresionada?
-Me siento sobrecogida, Quinn.
Sonríe.
-¿Sobrecogida?
Por un instante vuelve a tener su edad.
Asiento
-Lo haces todo… tan bien.
-Gracias, señorita Berry- me dice educadamente.
Creo que le ha gustado mi comentario, pero no estoy segura.
Upss… perdón la demora. Espero recompensar con este capitulo.
Gracias como siempre por los comentarios.
Quinn, Quinn es especial, ya sabrán porque. Pero yo estoy enamorada de su personalidad =) es tan tan dominante… (baba)
Solo pido que tengan buena imaginación, porque estoy pensando cambiar algunas cositas para que pueda cuadrar todo con todo. ¿Se entiende?
Actualizare pronto, no se preocupen, No las hare esperar tanto como este fin de semana lo prometo.
