Sé que últimamente estoy tardando mucho en actualizar, pero tengo razones de peso lo prometo! Estoy preparándome las oposiciones, el inglés y además trabajo y tengo que tener tiempo para mí también, así que no doy abasto! Aun así intento sacar tiempo de debajo de las piedras y no dejar esto a medias, puesto que igual que no me gusta leer historias y no saber cómo terminan, no haré lo mismo, lo prometo.

En este capítulo va a empezar la historia de Ron y Hermione. Empezará, como siempre, desde el punto de vista de Rose, pero habrá sorpresas, y eso cambiará.

Espero que os guste!

Ya habían pasado dos semanas y no había salido de casa. Scorpius había venido un par de veces cuando mi padre estaba trabajando, pero ninguna de ellas abrí la puerta. Era sábado por la tarde, y en realidad estaba bastante aburrida al igual que mi padre, los dos tirados en el sofá, haciéndonos compañía.

Rose, Ginny y Harry me dijeron ayer que te echaban de menos, y nos invitaron a cenar esta noche ¿qué te parece? – me preguntó con una ceja levantada.

No sé papá… no tengo ganas de salir de casa – le respondí agachando la cabeza.

Pero tienes que salir cariño, no puedes encerrarte simplemente por un chico. Ya habrá otros que te valoren más que él. Además, mírate, eres hermosa, los chicos solo necesitarán mirarte y se enamorarán de ti perdidamente – no pude evitar sonreír levemente. Era la primera vez que pasaba desde que Scorpius me engañó.

Está bien papá. Pero que sepas que voy porque tú me lo pides – le dije mientras que acurrucaba entre sus brazos.

Como bien estaba contando, esa noche fuimos a casa de Ginny y Harry a cenar. Parecía como otra cena cualquiera, pero ninguno sabíamos que esa noche nos esperaba una noche diferente.

¡Rosie! ¡Qué alegría de verte cariño! Te echábamos de menos – me dijo tía Ginny mientras me abrazaba. Mi primo Albus me miraba desde detrás de su madre.

Hola Rose, ¿cómo estás? – me preguntó cuando llegué a su altura.

Bien, supongo – le contesté. No tenía ganas de hablar de eso.

Escucha Rose. Estuve hablando con Scorpius y… - no quería seguir escuchándole.

Déjalo Albus, por favor. No quiero hablar de él – me separé de él bruscamente y mi primo me miró con tristeza.

Creo que deberías escucharle – me dijo mientras me veía como me alejaba de él – realmente creo que deberías.

El principio de la noche pasó sin sobresaltos. Cenamos comida china que pidieron mis tíos. Todos hablaban menos yo. Entonces salió un tema de conversación que yo tenía un poco aparcado en mi mente: mi madre.

No os imagináis cuanto me gustaría que Hermione estuviese aquí con nosotros ahora – comentó mi tío Harry mientras se le entristecía la mirada.

Muchas noches me acuerdo de ella – dijo mi tía Ginny con una sonrisa a la vez que una lágrima caía por su mejilla – no puedo evitar echarme a llorar. La echo de menos.

Yo también la echo de menos – exclamé yo en voz alta, aunque en realidad sólo lo estaba pensando.

Ron… - empezó tío Harry – ya sé que cada vez que nos vemos te lo digo, pero no puedo evitar necesitar saberlo…

Harry no empieces por favor – exclamó mi padre mientras se levantaba de la silla y se apoyaba en el mármol de la encimera.

Ron, hermano, tenemos derecho a saberlo – le cortó Ginny – sobre todo Rose. Ella se merece saber cómo pasó todo.

Hubo un silencio durante varios minutos. Ninguno nos atrevíamos a hablar.

Era el último año de Universidad – contó mi padre. Todos nos quedamos boquiabiertos y expectantes. No esperábamos que contara nada. Miré a Albus y el solo me asintió con la cabeza – ella iba a acabar derecho y yo arquitectura. ¿Te acuerdas de nuestro pequeño apartamento Harry?

Claro que me acuerdo. Fue una de las mejores épocas de mi vida – recordó Harry con melancolía.

Pues ahí empezó todo – siguió contando mi padre.

RON POV'S.

Era jueves. Ese día había sido agotador en la Universidad, pues quedaban 2 semanas para terminar y ya sería licenciado. Yo tenía 23 años al igual que todos mis amigos. Iba camino al apartamento que compartía con Harry, mi mejor amigo, en el centro de Oxford. Todos decidimos ir a estudiar a esa Universidad, pues en ese momento era la más famosa y prestigiosa de todo Reino Unido. Cuando llegué al piso vi que Harry me había dejado una nota encima de la mesa: He ido al apartamento de Ginny. No me esperes a dormir. H.P.

Maldito Harry Potter – pensé. Harry era el novio de mi hermana Ginny desde el instituto. Estaban hechos el uno para el otro. Ginny compartía piso con Hermione, otra de mis mejores amigas. Vivían a tres calles de nuestro apartamento, y Harry casi siempre estaba metido allí. Estaba pensando en qué cenar cuando de repente sonó la puerta.

¡Hola Ron! – Hermione estaba al otro lado de la puerta. Era una chica bastante más baja que yo. Quizá el problema era que yo era demasiado alto. Delgada y esbelta, con un cuerpo perfecto, el pelo castaño por la cintura, que últimamente había cogido la manía de alisar y unos ojos enormes ojos color chocolate. La conocí cuando tenía 12 años, en el colegio de Hogwarts. Ella siempre había sido la empollona de la clase, y todos sabíamos que iba a triunfar. No fue para menos, pues estaba terminando derecho con las mejores notas de su clase.

Hombre Hermione pasa, ¿qué haces aquí? – le pregunté mientras me apartaba para dejarla pasar. Llevaba unos pantalones vaqueros demasiado ajustados y una camiseta azul celeste que le quedaba estupendamente con su piel tostada.

Harry y Ginny están en casa, ya sabes. Y necesitan algo de intimidad. Así qué… pensé que a ti no te importaría un poco de compañía – me dijo tranquilamente mientras dejaba su bolso encima del sofá.

Para nada. Estaba a punto de cenar. ¿Te apetece algo en particular? – le pregunté mientras me acercaba a ella.

Mmmm… me apetece pizza. ¿Podemos pedir? – me dijo con los ojos brillantes de emoción. Ahí donde la veíais, la perfecta Hermione Granger era amante de la comida basura.

Por supuesto. Barbacoa, como siempre ¿verdad? – le pregunté mientras me acercaba al teléfono.

Cómo lo sabes Ronnie – me dijo mientras se acostaba en el sofá. No pude evitar echarme a reír mientras marcaba el número de la pizzería. Hermione era la chica perfecta cuando estaba frente a profesores y a adultos, callada y responsable. Pero cuando estaba con nosotros cambiaba completamente. Se volvía risueña y bromista, y le encantaba hablar. Cómo no, a mí me encantaba escucharla.

En 20 minutos están aquí – le dije mientras me sentaba a sus pies. Ella levantó las piernas y después las apoyó en mis rodillas. Estuvimos hablando durante todo ese tiempo mientras yo le acariciaba los pies. Era algo que ella adoraba. Cuando llegó el repartidor, devoramos la pizza como si no hubiésemos comido en días y empezamos a beber una cerveza detrás de otra. Cuando nos dimos cuenta se habían acabado las cervezas del frigorífico.

Mmmm… creo que estoy un poco mareada Ron – me dijo riendo Hermione. Tenía el pelo despeinado e iba descalza.

Creo que el alcohol nos está pasando factura – le contesté mientras me reía y me quitaba los zapatos también. Ella se desperezó y la camiseta se le levantó un poco dejando ver su perfecto abdomen. No era la primera vez que la veía así, pues muchas veces la había visto en bikini, pero si era la primera vez que lo hacía estando los dos completamente solos y con unas cervezas de más. No voy a negar que yo siempre me había fijado en Hermione, y más aún a partir de los 16 años, cuando ella empezó a crecer y a convertirse en toda una mujer, perfecta en todos los sentidos. Muchos chicos se morían por estar con ella, pero nunca le habíamos conocido novio a Hermione, excepto Cormac Mclaggen, un jugador de Rugby que le rompió el corazón el último año de instituto.

No quiero irme a casa. Hace frío en la calle y aquí se está calentito – me dijo mientras se acercaba a mí y se apoyaba en mi pecho. Yo empecé a acariciarle el pelo – hueles muy bien, ¿lo sabías?

Vaya, creo que nunca me habían piropeado de esa manera – reí mientras la abrazaba.

Pues yo creo que es bueno. Hueles demasiado… varonil – entonces vi que Hermione no dejaba de oler mi cuello, y me hacía cosquillas con su nariz. Yo cerré los ojos y suspiré, y pareció que ella estaba esperando esa señal, pues cambió su nariz por los labios. Empezó a besarme lentamente el cuello, mientras yo intentaba no gemir, pero me sentía en el cielo.

Hermione, creo que esto no está bien – le dije mientras intentaba separarme de ella. No era que no la deseara, la deseaba y mucho. Pero ninguno de los dos estábamos al 100% de nuestros sentidos.

¿Por qué no? No estamos haciendo nada malo. Además, llevaba mucho tiempo queriendo esto – me dijo a la vez que separaba sus labios de mi cuello y me miraba a los ojos. Caí en sus redes en cuanto fijé mi mirada en la suya. Me absorbió completamente y no pude desobedecerla en nada.

¿Cuánto tiempo? – le pregunté mientras me acercaba más a ella y rozaba mi nariz con la suya.

Demasiado – me dijo suspirando a la vez que acortaba la distancia entre nosotros. La sentí sobre mis labios de una manera salvaje. Parecía una leona cazando a su presa. Y yo sólo pude responder de la misma manera. Sus labios sabían a fresa y eran suaves como el algodón. Le acaricié la cara mientras ella me acariciaba los hombros. Pasé mi mano a su nuca y profundicé el beso. Era una batalla de lenguas, a ver quién aguantaba más. La cogí en brazos y la llevé hasta mi habitación. Cuando cerré la puerta ella se puso de pie y me acorraló contra la pared y empezó a besarme el cuello mientras colaba sus manos por debajo de mi camiseta. Con un rápido tirón nos deshicimos de ella. Hermione se separó de mí y me miró a la vez que acariciaba mi pecho con sus pequeñas manos. Yo aproveche ese momento para quitarle a ella su camiseta. De esta manera quedó expuesta ante mí solo en sujetador. Esta vez fui yo el que se apoderó de su cuello y lo besé como si su piel fuera agua en el medio del desierto. Bebía de su piel con pasión. Sus gemidos eran música para mis oídos y no hacían más que calentarme más. Me sobraba ropa por doquier. Ella bajó sus manos a mi pantalón y lo desabrochó lo más rápido que pudo. Cuando nos echamos sobre la cama ambos estábamos ya en ropa interior. Ella estaba debajo de mí. Era mía, y sólo yo era su dueño. Le desabroché el sujetador y empecé a acariciar su cuerpo con sumo cuidado. Temía que se fuese a romper, pues parecía porcelana. Tenía una piel perfecta. Miré su cara y la vi tirada en mi cama, con el pelo desparramado por la almohada y desnuda ante mí. Ya podía morir tranquilo.

Eres preciosa Hermione – entonces ella se sonrojó por primera vez en toda la noche. El efecto del alcohol se había escapado de nuestros cuerpos para convertirlo en pasión. Comenzamos a besarnos otra vez, ahora con mucha más delicadeza. Nos desnudamos del todo mutuamente y acariciamos lentamente cada parte del cuerpo del otro.

Te deseo Ron – me dijo mientras entrelazaba sus piernas en mis caderas. Yo no necesitaba más señal que esa para llegar hasta el final. Empecé a entrar en ella lentamente. Conforme mi cuerpo iba rozando más el suyo me di cuenta de que esa unión era perfecta, que esa mujer estaba hecha para mí. Empecé a balancearme cada vez más rápido. Ella empezó a gemir. Era una sensación que jamás había sentido en mi vida. Entrelacé mis manos con las suyas a la vez que ella echaba la cabeza hacia atrás y arqueaba la espalda.

Eres perfecta – le dije al oído mientras ella gemía. Entonces empecé a aumentar la velocidad de mis embestidas y ambos llegamos al clímax juntos. Seguíamos unidos cuando nos miramos a los ojos, aún con las manos entrelazadas. Ella soltó una y me acarició la cara, los labios, la mandíbula… y me besó otra vez, tiernamente. Yo la abracé con todas mis fuerzas. No quería que ella escapara de mis brazos. Me tumbé a su lado y la volví a mirar. Estaba preciosa. Ella giró la cabeza y me miró con una sonrisa.

No sabes cuánto hacía que quería vivir esto contigo – me dijo mientras se acurrucaba en mi pecho – ha sido increíble.

Sabes Hermione – ella levantó su mirada y nos miramos a los ojos – te quiero – era verdad, la quería en secreto desde hacía mucho tiempo.

Ella abrió un poco más los ojos sorprendida pero enseguida suavizó su gesto y me abrazó con todas sus fuerzas.

Hermione, me ahogas – le contesté riendo mientras le mordía suavemente el hombro.

Te quiero Ron – me dijo seria a la vez que apoyaba su frente en la mía – creo que te quiero desde siempre.

Y para siempre – esa contestación me salió del alma. Realmente quería que fuera así.

Y para siempre – repitió ella mientras se acomodaba sobre mí para dormir.

Cuando la mañana llegó desperté antes que ella, y pude aprovechar el tiempo para mirarla en secreto, admirando la perfección de su rostro. Esos hermosos ojos cerrados, adornados por unas infinitas pestañas, una pequeña nariz respingona y unos labios rosados y carnosos que para mí eran el mejor manjar del mundo. No pude evitar acariciar su pelo lentamente mientras la abrazaba fuertemente por la cintura y la acercaba aún más a mí. Ella empezó a remolonear y la pude sentir sonreír sin necesitar mirar su cara.

Buenos días dormilona – le dije cariñosamente mientras le besaba la nariz.

Mmm… quiero despertar así todos los días - contestó mientras abría lentamente los ojos.

Podemos despertar así todos los que tú quieras – ella se echó a reír fuertemente y de un rápido movimiento se subió sobre mí.

¿Y podemos despertar de otra manera? – me preguntó insinuándose sobre mí, los dos completamente desnudos. Noté como ella empezó a moverse, rozando su cuerpo con el mío sutilmente.

Dime de qué manera quieres despertar y serás complacida – le contesté suspirando profundamente. Ella se acercó a mi oído y me susurró.

Creo que prefiero enseñártelo.

Y así empezamos de nuevo con nuestra guerra de pasión y lujuria, olvidándonos de que el sol había salido hacía ya horas.