...


Construyamos unas alas


PARTE X:

La "cara"


Su cuerpo se siente flotante, sin peso, como si ni existiese.

Estaba en un lugar que hacía frio, un clima tan severo que las mismas partes de él quemar por tan helada ventisca.

Sus oídos detectaban ruidos extraños, palabras confusas en una lengua áspera y revoltosa, golpes indefinidos que aumentan el dolor de cabeza.

La visión en sus ojos era borrosa, de forma difuminada fue como detectar las siluetas de personas frente a él. Solo manchas oscuras en un entorno de un amarillo sucio, sin brillo, abstracto.

- Herr¹ Rogers.

¿Cómo? Steve no entendió más que su apellido, y muy apenas.

- Despierte, herr rogers.

Pero Steve estaba despierto, él se cayó despierto, aunque sus sentidos parecieran una montaña rusa defectuosa. Él estaba despierto, eh, ¿dónde estaba?

- No es muy atento, soldado. - la voz era demasiado condescendiente, pis un acento extranjero fuera de donde estaba recalcado - Ah, preferiría que te llames "capitán Rogers", ¿hum?

Hizo todo lo posible por tener control de su cabeza, y con gran esfuerzo que se encuentra el mentón lo suficiente para que sus ojos se encuentren con otros más oscuros, tan grandes que se vean directamente a un pozo profundo. No eran ojos humanos, eran de un monstruo.

Escalofríos corrieron por su espina dorsal, sintiendo por primera vez como su respiración se alteró ante el pánico. ¿Cómo son sus sentidos?

Alguien respondió con mucho interés, y luego recibió un golpe en la parte. El golpe en la nuca dolió, pero se tragó el gemido que quiso salir.

— Una mirada muy osada, capitán. Americano tenías que ser. — la voz de aquel ser sonaba paciente y acostumbrada, como si estuviese tratando con un hijo y sus travesuras habituales. Steve quería decirle que no se sentía para nada osado, todo lo contrario, tenía tanto miedo que aún se sorprendía de no echarse a llorar ahí mismo.

Aunque no sabía el por qué temía, ¿qué era lo que ocasionaba toda aquella paranoia?

No tuvo tiempo de razonarlo más, el de ojos terroríficos gritó seguramente una orden en alemán que hizo que dos tipos a sus espaldas lo movieran, le pusieron de pie.

Esta vez un grito de dolor fue incontrolable.

Gritó tan fuerte cuando las plantas de sus pies estuvieron firmes en el pavimento, sintiendo como quemaba el piso a su piel y como el ardor corría por sus venas hasta el fémur, hinchazones de dolor que parecían como si le estuviesen poniendo catéteres de hospital en cada centímetro.

Sus ojos, abiertos tanto como podían, ahora sí enfocaban bien, lo que le hizo notar e impactar al ver sus extremidades inferiores: todas laceradas. Heridas abiertas en diagonales sin rumbo ni medida, únicamente estaban ahí dividiendo su piel y músculos como en algún tipo de decoración trastornada.

— ¡No-no! — jadeó adolorido cuando un tipo detrás de él le hizo caminar al frente, e ignorando su sufrimiento, le hicieron dar pasos y pasos que le parecían interminables sobre el suelo rocoso y resbaladizo, seguramente por su propia sangre.

Hasta que paró. El siguió jadeando y gimiendo de dolor hasta que alguien le sujeto con fuerza del hombro y le hizo hincarse, logrando que gritara otra vez cuando las heridas se abrieron ante la tensión del musculo. Y el frio no ayudaba nada, era como si estuviese cociendo la sangre dentro de él.

— Oh, capitán ya puede descansar. Todo estará bien, todo estará bien. — dedos largos pasaron por su cabello, desde el nacimiento del pelo en su cuello hasta la coronilla, obligándolo a hacerse más pequeño en su posición por los nervios que le recorrían el cuerpo.

Los dedos se tensaron sobre la mata de pelo, jalando y haciendo que cerrara los ojos ante su agonía.

— Capitán, ya hemos perdido demasiado tiempo jugando, es hora de que me diga lo que quiero saber.

— N-no. No.

Pero él no sabía lo que le… oh. Oh.

La mochila.

Ya recuerda, recuerda todo. Su misión, sus hombres, Bucky, esa maldita habitación y del porque está tan herido, pero él ya había salido; los monjes lo encontraron, salió de Bangkok siete años después y ya se ha encontrado con su hermano al que creía muerto y nunca jamás encontraron su mochila logrando que la esperanza de la humanidad siguiera intacta. La mochila estaba en la Torre Stark, en su apartamento debajo del de Tony y Peter.

¿Por qué volvió a esa habitación en Bangkok? ¿Cómo es que lo encontraron? No, no, no, no. Esto estaba mal, esto no era posible.

Sintió la respiración de aquel monstruo contra su lóbulo detrás de su oreja, un aliento picante quemando su órgano.

— Este es tu infierno. Siempre volverás aquí porque aquí me perteneces. Y si no me dices lo que quiero, si al parecer puedes callarte aún contra la muerte, pues veremos que tanto resiste un inocente por tu silencio.

El miedo para Steve se hizo real, de alguna manera ya sabía lo que estaba pasando.

— Abre los ojos, capitán. Mira a quien has arrastrado por tu cobardía.

No quiso abrir sus ojos, no quería enfrentarse a su dura realidad, ya no. Pero el monstruo a su espalda no le hizo una pregunta sino una orden, a la cual le obligó en cumplir. Ese demonio le sacudió la cabeza de forma horrible, logrando que sus parpados ascendieran y su visión se enfocara en un punto al frente.

— ¿Steve? — una vocecita infantil, atemorizada y rota — ¿Steve?

Quiso cerrar los ojos de inmediato, pero no pudo, sólo sintió como se llenaron de lagrimas y perdió el aliento.

Frente a él, Peter estaba colgado desde sus muñecas hasta el techo por una cadena, con su pijamita de Stich rasgada de formas que sus piernitas quedaban expuestas. Sus labios estaban morados, el niño temblaba seguramente por el frio, pero era como si no lo sintiera, únicamente enfocándose en él con sus ojitos enormes estando tan confundidos.

Luego apareció otro hombre con una máscara terrorífica de calavera, navaja en mano y acercándose sin demora a las piernitas de Peter.

— No. — quiso pararse, pero sus piernas ya no daban más y el monstruo le sujetaba del cabello. Pero quería ponerse de pie, quería detener todo aquello porque Peter ahora sólo miraba a la navaja con verdadero terror — No, no, no. ¡Déjalo en paz!

— ¿Steve? ¿Qué me van a hacer? — el cuchillo se acercó a la piernita izquierda de Peter, mientras él seguía gritando.

Arrodillada

¿Qué es lo que pasa?

Te escucho cantar

Esa cancioncita, comenzó a inundar toda la habitación al mismo tiempo que el brillo de la navaja definía el final de distancia entre la piel de Peter y el arma.

No obedecerán,

rabiosos están.

— ¡No! ¡Steve, Steve ayúdame! ¡No! — el niño comenzó a patalear y llorar cuando la primera gota de sangre comenzó a abundar su piel

— ¡Peter! ¡No, no! ¡Paren, paren! — sus piernas no respondían, dolientes y sin sangre a estas alturas, sólo estaba ahí hincado sin poder hacer nada. Otro hombre se acercó al niño para evitar que siguiera moviéndose — ¡Déjenlo en paz! ¡Peter!

¿Cuándo te veré?

Te tengo que ver.

— ¡Mi piecito! ¡Steve!

— ¡Peter!

No puedo huir.

No puedo huir.

— ¡Ya basta!

Y se despertó.

Su pecho subía y bajaba con un ritmo alarmante, sentía todo su cuerpo sudar en frio y lo tensados que se encontraban cada uno de sus músculos bajo las húmedas sabanas.

Parpadeó de forma seguida, esperando que sus ojos enfocaran bien el lugar donde estaba y tratar de distraer a su mente para que lo relajara. Estaba en su habitación del apartamento en la Torre Stark, del lado derecho de su cama gigante y sin duda alguna allá afuera estaba el resto de la ciudad de New York y no una jungla olvidada por Dios en el infierno mismo de Asia.

Sus pulmones por fin empezaron a regular el oxígeno dentro de su sistema, sintiendo como una arritmia era evitada a toda costa y no entraba en ningún tipo de apnea. Se corrió más hacía atrás hasta que su espalda choco delicadamente contra la cabecera, recargando su peso y sus penas en el objeto liso y tibio. Las habitaciones del apartamento tenían un regulador de temperatura intuitiva, manejada por Jarvis, jamás se pasaba frio o calor allí adentro.

Se restregó el rostro con su mano diestra, esperando que las imágenes del reciente sueño desaparecieran.

Tenían a Peter.

¡Cristo, que tenían a Peter!

Llevó una de sus manos a su rostro, estando consciente como ésta está temblando sobre sus parpados, los dedos sacudidos y con sudor frio.

Las pesadillas tan constantes en su nueva vida desde su despertar se supone que dejaron de ser tan agresivas con la ayuda de la meditación continua y su cansancio mental con el que terminaba día a día, pero sin duda alguna, este nuevo episodio de terror le hizo regresar de nuevo al más básico de sus miedos y temblores.

No podía sermonearse por ello, ni avergonzarse, después de todo los gritos de Peter fueron lo bastantes realistas para atormentarlo, recordándolos como el día donde estuvieron a punto de secuestrarlo en Central Park. Los gritos de aquel día regresaron esta noche, y no era algo agradable. Tampoco tener el cuerpo de Peter encerrado en el mismo infierno en el que él estuvo.

El entrenamiento SEAL se encarga de someter a sus reclutas bajo estrés y presión austera, traumática incluso, degradando las identidades de los novatos con el afán de demostrar que una tortura psicológica era peor que una física. Bueno, ciertamente que la técnica de aprendizaje sobre la marcha era buena, pero después de lo que ocurrió en Bangkok, podría decirse que la tortura física era mucho más convincente y rápida si sabías en que puntos dañar; él paso por ambas, a lo que el hermano Ho-Ming dijo que el que se mantuviera en coma por tanto tiempo fue la única manera en poder seguir vivo ahora.

Ojalá le hubieran advertido que regresaría con todas sus pesadillas, mejor se hubiera quedado dormido.

En la civilización lo llaman "Trastorno de estrés postraumático", los Hermanos lo llaman "sombras". Así que, a pesar de salir de la isla, aquellos demonios lo seguían perturbando; No, no habla de metáforas y ojalá solo tuviera el peso de la culpa sobre sus hombros, sino que fielmente, demonios de las sombras asechaban cada esquina de su mente, esperando oportunidades de debilidad en sus barreras para entrar y seguir jugando con su cordura.

Se podría añadir los terrores nocturnos también experimentados, pero eso ya lo hubo superado semanas después de salir del coma. Claro, con mucha hierba de por medio y la meditación con Ho-Ming.

Pero no es como si pueda andar fumando, ni quisiera, marihuana por todo Manhattan, así que lo cambió por ejercicio extenuante y la meditación la realizaba antes de irse a dormir cuando los días resultaban intranquilos y tuviera energías. Además, el cuidado de un niño y su seguridad perimetral realmente podía agotar sus energías, sobre todo porque Peter era realmente una pila eterna de baterías y bastan extravagante para su edad.

Añadiéndole el hecho de que su paranoia subió a un nuevo nivel ahora que sabían, gracias a Natasha Romanoff, que Peter está siendo cazado por motivos que aun permaneces desconocidos, por personas que aun nadie identifica, y el tiempo en que se lleven para encontrar todas las respuestas parecía ignorado.

Estaba más que en claro, que era el estrés actual al que se sometía, el motivo verdadero de sus nuevas pesadillas-semi-recuerdos tan imaginativos. Y para él, es horrible tener que pasar por esto.

— Buenos días, Jarvis.

» Buenos días, señor Rogers. Son las cinco con cincuentainueve de la mañana, con una temperatura de diecisiete grados, el clima parcialmente nublado, pero no se estiman lluvias el día de hoy, perfecto para su rutina de calentamiento al aire libre.

Acostumbrarse a la Inteligencia Artificial fue algo mucho más sencillo de lo que creyó, a dos semanas de estar viviendo en la Torre Stark hablar a la nada y sin estar nervioso porque la IA lo estuviese observando a cada momento. Bueno, sí estaba en toda la torre, pero tras una platica con Peter y Bucky, el mismo Jarvis informó que su programación no era para atosigarlo y que si se lo pedí, sólo grabaría las instalaciones en las que se encontrara Peter y Tony. Eso fue al tercer día y desde ahí, admitía que su confianza con Jarvis nació en el momento que supo que podía conservar su privacidad aun más limpiamente.

Ahora, y aunque no es algo que reconocerá frente a Bucky, se dejó depender un poco de Jarvis. Si alguna vez se preguntó lo que es tener un mayordomo, Jarvis podía ser lo más cercano.

— ¿Alguien despierto? — preguntó mientras alejaba las sabanas y ponía los pies en el suelo

»El señor Barnes aún no vuelve de su servicio, pero confirmo actividad en el pent-house por parte del Señor Stark y el joven Peter.

— Gracias Jarvis.

Mientras caminaba directo al baño que se iluminaba de forma tenue y automática, frunció el ceño. Peter tenía un horario de sueño bien establecido, lo más temprano que podía pararse era sin duda alguna diez minutos antes de las siete, así que no entendía porque el pequeño estaba dormido casi una hora antes.

¡Ah, el viaje de Tony!, recordó de inmediato.

Tony – porque según el hombre aun no era demasiado viejo para "Stark – viajaba alrededor de tres o cuatro veces a la semana en esos tres meses del aumento de su trabajo, pero no duraba más que veinticuatro horas fuera. Esta ocasión sería diferente.

Con la espinita de su pesadilla aun taladrando su mente y la curiosidad por el niño bajo su cuidado, se vistió con su ropa deportiva más la vieja sudadera gris después de haberse aseado, y caminó rumbo al elevador después de haber cerrado correctamente el apartamento.

— Jarvis, al pent-house por favor.

Las puertas metálicas se sellaron una vez dada la orden, y no tardo nada en volverse a abrir y por esta ocasión un paso adelante lo dejo frente a la gigantesca sala de estar en el rascacielos. La vista de la ciudad, aunque aun alejado de los ventanales, era fenomenal durante la mañana y el sol apenas asomándose tras los edificios.

Ojala pudiera tener acuarelas o gises a la mano, pero luego el deseo se amargó, recordando que sus manos ahora sólo servían para arrebatar vidas, no para recrearlas en papel.

Tratando de abstenerse a seguir apreciando el paisaje, subió las escaleras metálicas de dos en dos. Al quinto día de su nuevo trabajo, un sábado en particular, descubrió que Peter definitivamente no era alguien mañanero en lo absoluto; fue así, en su primera travesía por despertar al niño a las diez de la mañana para hacer algo productivo, que descubrió la segunda planta del tan humilde hogar.

Aparte del laboratorio que ocupaba la mayor parte del nivel superior, un pasillo a la izquierda llevaba a cinco habitaciones más; una era la oficina privada de Tony, otra recamara parecía ser planeada para un segundo estudio pero en realidad estaba llena de cajas y un solo escritorio, las otras tres eran habitaciones de Tony, Peter y una para invitados, aunque su protegido aclaró que el único que dormía ahí eran sus padrinos, el tío Rodhey o la tía y madrina Pepper Potts.

La habitación de Peter era la primera, así que no a avanzado mucho más lejos del pasillo.

La puerta estaba abierta, y a paso lento se dirigió a ella escuchando los ruidos de la pantalla que transmitía caricaturas animadas.

Se recargó en el marco de la entrada, dándole una vista rápida a la espaciosa recamara; las paredes de color crema, un closet del tamaño apropiado para Peter más una escalera escurridiza para los estantes más altos, una puerta deslizable que daba a un baño. Y ya. Todo lo demás que decoraba la habitación eran la inmensa montaña de peluches en una esquina, un escritorio de Superman en la yuxtapuesta, con un equipo de química adecuado para su edad, más los inmensos dibujos esparcidos por el piso y pegados en la pared; lo más asombroso, era el único ventanal de dos metros por ancho, era tan largo en altura que llegaba sobre el techo encima de donde se ubicaba la cama, siendo un traga luz impresionante y le permitía a Peter dormir bajo una cortina de estrellas real. O tan real como se podía en la ciudad de New York.

Y por supuesto, recargado contra un peluche peculiar, de esos que llamaban "Tsum-tsum" en forma de Batman, el cuerpecito de Peter casi podía perderse entre los edredones de StarWars y la cama individual cuyo colchón le quedaba bastante grande al niño de seis años; Peter tenía en sus brazos cubiertos por su pijama de Stich, se aferraba a un peluche de una tortuga, los parpados de sus ojitos cayendo lentamente mientras intentaba enfocarse en la pantalla.

Steve estuvo tentado en sonreír tan solo por verlo tan adorable.

Aunque el niño lucía muy adormilado aún, giró su cabecita a su dirección y le sonrió lo más energético que se podía a las seis de la mañana.

— Buenos días Steve.

— Buen día, Peter. — sus voces apenas eran audibles — Estás despierto muy temprano.

— Yo dije lo mismo. — un puchero enojón se apoderó en la boquita de Peter, pero antes de poder preguntar porque de su mal carácter, la puerta del baño de Peter se deslizó. Era Tony.

— No. No te hagas el ofendido jovencito, ya hemos hablado de esto.

Tony, en un traje satinado de un azul oscuro y una corbata ámbar que hacía juego tanto con los gemelos en sus muñecas como con sus ojos tan brillantes y mucho más claros esa mañana, salió a zancadas directo para estar frente a su adoptado. Steve también quería hacer un puchero, porque estaba seguro que era una total injusticia que alguien se viera tan elegante y energético a las seis de la mañana un sábado.

— Que lo hayamos hablado, — comenzó Peter con sus cejitas fruncidas —, no le quita la ofensa en mi contra.

Lo llamativo no era la propiedad con la que un niño de seis años hablase contra un adulto, sino lo más descartado, era que tanto niño como adulto fruncieran de la misma manera las cejas cuando se mostraban molestos. Adorable, nuevamente, pero Steve lo pensaba únicamente por Peter.

Antes de que esos dos comenzaran a discutir – y vaya que Steve se dio cuenta que lo hacían bastante seguido –, carraspeó un poco para hacerse notar. Ambas cabezas castañas se giraron a su persona, y ambos refunfuñando.

— ¡Hey! ¿Qué te trae por estos lares, grandote? ¿No deberías estar haciendo, ya sabes, lo que la gente fitness y vegetariana hacen a estas horas?

— Buenos días, Tony. Perdona por venir tan temprano. Quería… — quería asegurarme que Peter no fue secuestrado por un lunático que vive en mis pesadillas, pero eso no se lo podía decir a su sobreprotector jefe — Necesitaba ver que se encontraba bien.

— Tomas tu empleo muy apecho. — Tony le dedicó una de esas miradas, de las que lo inspeccionan hasta el alma para tratar de ver lo que esconde. Nunca lo logra, o eso espera, y por eso vuelve a su actitud despreocupada, irónica y sarcástica. — Eso es vocación, diré que aumenten tu sueldo.

— ¡No te atrevas! — lo miró directamente — Tony, pase horas peleándome con la señorita Franchesca para que redujera mi sueldo y sólo logré que le quitará media décima.

Él no creía que un guardia de seguridad ganase lo que Tony había planificado en el primer borrador de su contrato, y el día que iba a firmar el original casi le dio una arritmia, porque jamás en su vida vio tantos ceros en un cheque que llevase su nombre. Fue una aventura tratar con la jefa de Recursos Humanos ese día, mientras Bruce – bendito sea el hombre –, se aseguró que los niños se la pasaran viendo películas.

— ¿Quién es Franchesca?

— Tu jefa de RH. — contestó lo más lento posible cómo si de esa forma esperase que Tony recordará a una de sus empleadas más leales. Pero el millonario ladeó su cabeza, sin entender — Alessandra Franchesca. Ya sabes, alta, cabello blanco…-

— ¡Tiene un lunar en la nariz muy grande!

— Muy bien Peter. — el niño le sonrió detrás de su tortuga, pero él se volvió a enfrentar al mayor que seguía sin recordar. Suspiró resignado. — Trabaja para ti desde hace treinta años.

— La mejor amiga de Pepper, seguro. — murmuró entre diente el millonario

— No, se odian a menos que el tema de su conversación seas tú.

— Soy la alegría de las personas, incluso entre las que se odian.

— No, de hecho, disfrutan criticarte. — le consta. Aún no conoce a la señorita Pepper Potts en persona, pero escuchó como entre ella y Franchesca comenzaron una grave discusión por teléfono, y después alguien mencionó el nombre de Tony, entonces fueron puras risas y comentarios tan vergonzosos que salió rápido de la oficina con una sola rebaja mínima en su tan absurda nómina.

No le importa a Tony, quien sonrió aún más divertido y gustoso consigo mismo.

— Pero soy la razón de su fraternidad. Mi existencia es un regalo divino para los mundanos.

— No pienso insistir. — hacerlo, sería no tener fin a una conversación de lo más inútil que avanzaría a ser, de alguna forma extraña, en un tema desvergonzado. Tony tenía un don para eso.

— Entonces mi leal Golden Retriever², estas a cargo de la casa mientras papi no está.

— Un fin de semana encantador.

— No invites a ningún humanoide a mi Torre después de las diez.

— ¿Bucky puede…?

— ¿Barnes es humano o un mapache? — La pregunta sonó tan seria, que por un minuto se lo planteó. Luego recordó el insólito, pero justo odio que Tony le profesaba a Bucky, por lo que controló un bufido decepcionado y encogió sus hombros.

— Depende de a quién se lo preguntes, supongo.

— ¡Tío mapache es un mapache! — contestó Peter por ambos, con tanta seguridad que Steve ya veía tan natural aquello, pese a que aún no conoce la historia. Bucky se erizaba cada vez que intentaba preguntar y le evadía.

Entonces, no invites a nadie o nada, simplemente.

No es cómo conociera a mucha gente, pero no discutió. Tony, contentó con el silencio sometido, llegó hasta la orilla de la cama de Peter para sentarse, intentando jalar el edredón del pequeño quien volvía a tener un puchero refunfuñando en sus labios.

— Muy bien arañita, hora de despedirnos.

— ¡No! — chilló el menor con los cachetes inflados, muy molesto.

Uh, Steve conocía esa cara. Era la cara.

— Oh, no empecemos Peter. — como respuesta, el niño tomó a su tortuga y al Tsum-tsum de su cabeza con rapidez y torpeza, para esconderse los tres bajo los edredones.

¡Teeemprano!

— ¡El sol a salido detrás de la colina!

— ¡Pero no por el edificio de frente!

— Hablaba metafóricamente. — Tony intentó jalar los edredones, y Steve ya sabía que eso era una mala idea antes de que el niño empezará a patalear y diera las manos de su tutor. — Peter, no te enojes o te saldrán lunares gigantes como el de la señora Franchesca.

— ¡No!

Tony sacudió su mano pateada, un poco exasperado y dolido. Mientras tanto, Steve sintió que estaba siendo un mal tercio, un fisgón en una escena tan cálida y familiar pese a lo ruidosa en que se convertía.

Él no debería estar presenciando eso. Era como si interfiriera en un cuadro familiar, en una relación entre padre o hijo. O en este caso, tutor y adoptado.

— Pondré tus maletas en el ascensor. — no esperó respuesta, dio la vuelta y avanzó por el pasillo mientras la voz de Tony se desvanecía a su espalda.

La verdad, no le extrañaba en nada la actitud de Peter está mañana. Si bien el niño aceptaba con una honrosa filosofía el hecho de que su tutor legal trabajara más horas de las que lo veía al día, al menos dormía tranquilo y feliz sabiendo que Tony en algún momento pasaba por su habitación para darle las buenas noches y luego dormir bajo el mismo techo; pero, en los tipos de viajes largos en los que su tutor legal pasaba días fuera de casa, entonces comenzaba el problema.

Era el primer viaje de negocios que alejarían a Tony durante tres días en el tiempo laboral que llevaba Steve a su lado, pero de todas formas ya sabía que tendría problemas en mejorar el ánimo de Peter hasta el próximo lunes que llegase el dueño de Stark Industries.

También le molestaba un poco a él. Sí Tony Stark tenía una vida tan complicada y volátil, ¿por qué motivo adoptar a un niño? Cabe destacar que dicho niño perdió a sus padres en un accidente de avión, ¿acaso el tema de los viajes largos no debería volverse un poco sensible y considerado? Es normal el temor que el niño tiene al imaginar que en una de esas, Tony tampoco regrese; el hombre era, de alguna forma extraña con un inicio bastante retorcido y misterioso, la persona más cercana a Peter como familia sin importar el numero infinito de tíos que el peque pretende relacionar.

Steve aún se sentía confundido por no conocer bien la historia detrás de todo ese conflicto adoptivo, pero sí estaba seguro que Peter la pasaba mal imaginando a Tony lejos de él, como si el niño necesitara una evidencia física de que no lo abandonaría, porque así es como seguramente veía la muerte de sus padres. Un abandono.

Entonces Tony debió de ser más considerado con el niño, hacerse responsable de él no era lo mismo que darle algo de su tiempo, de su cariño y consideración. Esas dos semanas de empleó le consta que Peter era feliz y tenía una vida muy cómoda, pero también que veía con tanto anhelo cada que Bruce abrazaba a sus hijos e incluso cuando reñía a Cooper por sus modales. El anhelo en un niño de seis años, no debería ser permitido nunca. Menos en uno tan adorable como Peter.

Aunque sabe que no le corresponde a él exigir porque solamente está ahí para proteger la vida de Peter y sus beneficios propios, a veces le gustaría plantarse en la oficia de Tony y gritarle que tirarle lujos y juguetes a Peter no le va a hacer tan feliz como una tarde juntos hablando de sus clases en el club deportivo o cosas científicas y adorables que hacían brillar a Peter. Un simple abrazó, haría al niño tremendamente feliz.

Pero Tony parecía que no lo podía ver, y Steve tampoco podía hacer nada al respecto porque sólo era un soldado dado por muerto con pesadillas perturbadoras que deberían prohibirle estar cerca de cualquier infante.

Soltó un suspiro desalentador aprovechando que no era observado por nadie, terminando de bajar las escaleras en busca de algo remotamente parecido a una maleta o valija de viaje. La impresión vino cuando sólo había dos costales obscuros, de muy buena marca, cercas de la entrada del ascensor.

Soltó un bufido interno por haberse imaginado que Stark viajaría con seis maletas enormes o algo así. No era su culpa ni prejuicios mal infundados, sólo que el hombre era tan extravagante que no le extrañaría encontrar en la cocina cucharas de diamante o algo así.

— Jarvis, ¿el auto de Tony ya lo espera en la entrada?

» Listo y en espera, señor Rogers.

— Bien, abre el ascensor Jarvis, por favor.

Al momento de que terminaba de meter el equipaje, escuchó los pasos del otro hombre bajar por los escalones metálicos. No había nada en el rostro del hombre que le diera alguna pista de como resulto su despedida con el niño, pero Steve no esperaba menos que una larga mañana de lágrimas.

Tratar con un Peter deprimido debía ser diez veces peor que tratar con un Peter berrinchudo, suponiendo que lo único que animaría al niño era tener a su adoptador de regreso. Pero eso, claro, no podía decírselo a su "jefe".

— Gracias por el equipaje. Te daría propina, pero no cargó monedas. O efectivo. O dinero, en realidad. Con los robos a la orden del día, no quiero arriesgarme.

Steve no quiso decirle que tan sólo robarle el Rolex de su muñeca pagaría una carrera universitaria. O una buena fiesta de fraternidad, siendo realistas.

— ¿Y Peter?

— Ah, escondido bajo esa montaña de telas. Déjalo, se quedará dormido después de haber madrugado.

Steve sabía que no debía abrir la boca. No era su trabajo, no era su problema. Pero… pero…

— Te ha extrañado mucho.

— Pepper lo ha mimado demasiado. — el castaño le quitó la importancia con su típico ademan de mano. Steve apretó la quijada ante su desinterés.

— Él no entiende que un viaje de negocios no significa que vas a dejarlo para siempre.

Pero fue a oídos sordos. Tony caminó directo al elevador sin inmutarse por sus palabras y sin darle ninguna mirada. ¿Es que el hombre no veía la inestabilidad que provocaba en un inocente?

— Tiene seis años, no entiende muchas cosas. J, desciende.

— No los tendrá para siempre. — arremetió con fuerza, y antes de que las puertas metálicas se sellasen, Tony por fin lo miró.

Y no pudo ver nada más en ellos que una capa completa de indiferencia.

— Se le llama crecer.

Las puertas terminaron por cerrarse y la platica terminó. Mientras tanto, él se quedó ahí de pie intentando comprender qué pasó con el hombre que lo persiguió por toda una nave aérea para convencerlo de trabajar cuidando a su "arañita adoptiva". Estaba consiente que Tony Stark era un experto en el arte del engaño, lo que le preocupaba, era no saber si fingía el desinterés hacía Peter o fingía su preocupación por el niño; ha habido pocos momentos en los que lo ha visto interactuar con el pequeño, cuando lo alza en sus brazos si llega para verle despierto sólo ha ocurrido cortas ocasiones contadas con una sola mano. Pero eso no podía ser suficiente para un pequeño como Peter, quien parecía ser una esponja absorbente de todo el amor de quien lo rodeaba.

Había algo que le faltaba a Peter, el pequeño lo sabía. Incluso él lo sabía, pero la pregunta es, sí Tony estaba enterado también. Lo que no tenía tan seguro en si mismo, era si le gustaría saber la respuesta a eso.

En esas dos semanas, no es como si hubiera tenido la oportunidad de hacerse una mejor opinión del hombre si las veces que lo ha visto el sujeto desborda ego y vanidad.

Y a partir de ahora tenía tres días para tratar de que Peter no planee obtener un título universitario desde su cama.

Sin el espíritu animado pero con la esperanza de que un milagro ocurriera, se encaminó de vuelta a la habitación del infante. Y al llegar, nuevamente recargándose contra el marco de la entrada, la única evidencia de que el niño seguía respirando eran los pequeños barridos que provenían desde la inmaculada bola en el centro de la cama y la desaparición de todos los peluches de la esquina, que ahora rodeaban sus laureles como una barrera protectora.

Casi, casi podía jurar que el Winnie Pooh de la esquina le estaba retando con sus ojos de botones malgastados.

— Peter, ¿sigues despierto? — la respuesta que obtuvo fue una especie de pujido con llanto de cocodrilo³.

No es como si hubiera esperado otra reacción por parte de Peter. Que fuese un niño excepcional, no lo hacía menos infantil; era un pequeño mandón al que tenías que explicarle dos veces el por qué de las cosas para que no insistiera en hacer su voluntad, no le gustaba estar despierto más temprano de lo necesario; quisquilloso, porque todas las noches debía beber un vaso de leche caliente o no se dormiría, su ropa debía estar doblada conforme la usara en el día, o sino no la encontraría por no estar en su sitio y no se dignaría a buscarla sin un lloriqueo. También mostraba una faceta mimada, de esas que eran normales en un niño de seis años rodeado por las facilidades que le brinda un tutor millonario, porque si algo se le metía a la cabeza, no había quien lo detuviera para conseguirlo; no hablaba de juguetes o cosas tan banales sino, por ejemplo, Peter se mostraba reacio a que Tony se fuera durante todo el fin de semana. Y si algo no le parecía a Peter, ese algo se transformaba en una rabieta como actualmente estaba ocurriendo.

Ojalá llorará y gritara únicamente como un niño normal. No, Peter debía hasta diferir en como hacer una rabieta, gimiendo pequeños sollozos forzados contra sus peluches, inflando sus cachetes de aire y enterrado bajo sus edredones sin querer hablar con nadie ni comer.

La primara vez que tuvo uno de esos episodios de "la cara", fue al cuarto día al cuidado de Peter, cuando Cooper le dijo al niño por videollamada que su padre le castigo por su mal comportamiento con un subordinado del trabajo – a Steve toda la historia le sonó a celos por parte de Cooper, pero no dijo nada –, y no podría ir a jugar con él y tampoco al club de deportes.

Terminó la videollamada, estaban en la sala y él apenas se iba a poner de pie para proponerle un juego al niño, cuando esté frunció sus dos cejitas, apretó sus labios rosados y lo miró con un brillo determinado en sus ojitos. La primera fase de "la cara", lástima que aún no lo sabía.

— Steve, quiero ir a hablar con el tío Bruce.

— Peter, Cooper se portó mal y lo correcto es que su padre le sancionara.

— Cooper no se portaría mal con nadie que no lo mereciera. ¡Lo escuchaste! Fue porque ese tal colega se portó tonto con el tío Bruce. — lo que ambos niños llamaban "tonto", Steve lo conocía como "coquetear", algo divertido para él, pero pareciera el peor de los actos para ambos varoncitos.

— No estuvimos ahí, así que no discutiremos quien tuvo la razón. Tampoco desafiaremos la decisión de Bruce.

Uh, la segunda fase de "la cara" inició con los labios ahora haciendo una trompita.

— Entonces quiero ver a Nathaniel y Lila.

— No estaría bien, Cooper está castigado y no es justo que tu juegues con sus hermanos mientras él no puede.

— Pero el castigado es él, no sus hermanos o yo. — Peter ladeó la cabeza confundido, mientras que él abrió la boca para replicar, pero luego la cerró cuando no tuvo nada que decir.

Es que, no podía debatir esa lógica.

— Aún así, no. Comeremos, te llevaré al club y volveremos aquí para que hagas tu tarea, luego podemos jugar algo antes de que vayas a dormir.

Uh, doble. La última fase salió a la luz, con los ojos llorosos de forma dramática, una patadita firme al piso al momento que el niño se puso de pie y lo miró directo, defraudado, decepcionado.

— ¡Hoy no me agradas, Steve! — y al terminar de gritárselo con todo el volumen de sus cuerdas bucales, Peter se fue corriendo a su habitación mientras a él lo dejaba atónito.

Ese día tuvo que pasar horas al lado de la cama de Peter, intentando sobornarlo con juegos, teatro con los peluches, canciones por parte de Jarvis, mucho chocolate caliente, aunque afuera estuvieran a veintiocho grados y cuidando que no se desmayara por estar aguantando el aire dentro de sus regordetes cachetes por tanto tiempo. También aguantar las carcajadas burlonas por parte de Bucky cuando le contó.

— ¡Ese niño te mangoneó! ¡Jajaja! — Bucky se sujetó el estomago

— Jarvis, nueva orden de restricción para Bucky. No podrá acercarse al refrigerador sin antes le des una descarga eléctrica.

»Orden aprobada, señor Rogers.

— ¡Oye, eso es jugar rudo!

Ese día, supo que nada en la historia haría mejor las cosas para Peter hasta que el niño superara su frustración y también que Jarvis gozaba en darle descargas a Bucky. Ambos descubrimientos fueron un poco escalofriantes.

Volviendo al presente, se tragó su propio suspiro desalentador y, gracias a su entrenamiento para evitar las minas explosivas en campo de fuego, fue como pudo esquivar a la gran muralla de peluches hasta llegar y sentarse en la cama de Peter sin aplastarlo. La bolita estaba centrada en el colchón, pero era lo suficientemente pequeña para que él mismo pueda acomodarse cual largo era y poner una mano sobre el ovillo humano.

— ¿Todo bien?

Sin respuesta.

— Peter, vamos amigo, sal de ahí.

Hubo movimiento está vez y el ovillo cambió de volumen haciéndose menos vultuoso, pero no recibió más.

— Bucky horneó galletas. Qué tal si tú y yo bajamos al apartamento y le robamos unas cuantas, ¿eh?

Pasaron los segundos, y recibió otro pujidito más no una señal de que aquella mata de rizos se asomara al exterior.

Peter parecía estar determinado a enfurruñarse ahí abajo, o tal vez ya se quedo dormido por lo calientito que debe de estar ahí. Sea cual sea el motivo de su silencio, Steve no tenía ánimos de sobrellevar eso tan temprano, no después de una noche tan escandalosa de la que acaba de despertar.

— De acuerdo, nos quedaremos aquí un rato.

Pasó su brazo completo sobre el capullito y trato de rodearlo todo, aunque estaba seguro que la mitad de eso eran los mugrosos felpudos que Peter se empeñaba en tener encima de él. Estiró sus piernas y dejó su brazo libre debajo de su cabeza para usarse como almohada.

Bien podía usar su mañana de forma más productiva aprovechando que se ha parado temprano, pero no quería dejar a Peter en ese estado tan desanimado y enojado. Era sábado, de todas formas y no tenían nada planeado para el día, podía permitirse un poco de flojera.

A demás, podía escuchar bajó todas esas mantas, que el niño comenzó a relajar su respiración para quedarse dormido. Dormido y a salvo, en New York, no Bangkok.

.

.

.

Según él, sólo iba a cerrar sus ojos hasta que el estómago hambriento de Peter le obligara a salir de su escondite, pero al final terminó por quedarse dormido rodeado de cojines suaves y aroma a bebé.

Steve siempre fue de sueño ligero, el ejercito solo había hecho de su frágil descanso en un nulo estado de actividad motora, pero con la conciencia alerta en todo momento. Es por eso, que cuando sintió como el pequeño cuerpecito bajo su brazo comenzó a retorcerse intentando pasar desapercibido, su mente ya seguía los movimientos y el ruido.

Peter caminó bajo el túnel de cobijas hasta la parte de sus pies, donde se quedó ahí hablando con Jarvis.

— Buenos días, Jarvis. — susurró el pequeño y la IA le contestó en el mismo tono.

» Buenos días, joven Peter. ¿Se siente mejor?

— Sí. ¿Puedes llamar a Tony?

» Para usted, siempre. Deme un minuto, comunicando línea.

Steve siguió fingiendo que dormía, pero agudizo bien el oído en caso de que Tony se comportara como en el ascensor esta mañana. No importa que pierda su trabajo, no iba a permitir que Peter escuchara alguna tontería de aquel insensible.

A palabra de Jarvis, un minuto o menos para que la voz del otro hombre sonará en la habitación.

— Joven Parker, volvemos a vernos las caras.

Steve gimió internamente, porque esa era la peor línea de las películas del viejo oeste en los ochenta.

— ¡Shh! Steve está dormido.

¿Entonces para que llamas? — del otro lado de la línea, Tony de todas maneras comenzó a susurrar también.

— Yo… Uhm… — Peter sonaba nervioso, y aunque Steve quiso darle ánimos, sólo pudo quedarse ahí para escuchar — Eh, quería disculparme por como actúe en la mañana.

Steve jamás en la vida había escuchado a un niño de seis años disculparse con tanta prioridad y sinceridad. No es que haya conocido a muchos, pero definitivamente él a su edad no pasaría de un "perdón señora".

Pasaron segundos de silencio donde nadie dijo nada, hasta que un suspiro vino después.

— Tenemos un trato Peter, yo trabajo dos meses y medio y tu te comportas. Después sólo seremos tu y yo.

— Lo sé.

— Y no creas que no sé que eres tú el de la mente maestra que convence a Ned de robar los pastelillos de la cocina en la escuela. Eso esta mal. No estás siendo un buen niño.

Oh, y el subdirector Lehnsherr se encargó muy bien de castigar a Steve con la peor de sus miradas reprobatorias ese día. Cuando se lo contó a Tony por llamada, su jefe ni siquiera le estaba prestando atención por estar ocupado tecleando en su computadora, no creyó que realmente le estuviera escuchando.

— Pero Ned quería más, tenía hambre porque no había que desayunar en su casa.

— ¿Y acaso no pudieron pedirlos por favor? ¿Tú no pudiste comprárselos? — la voz de Tony no sonaba molesta, únicamente firme, pero sin tono severo. Steve recordó a su propia madre.

— Lo sé. Lo siento.

— Y sí Cooper estaba castigado, ¿por qué te comportaste tan mal con Steve? Él está ahí para cuidarte, no para que le hagas rogarte con chocolate y ponerlo triste.

— Lo sé. — Peter parecía estar a punto de llorar otra vez, aunque ahora sonaba mucho más sincero que en la madrugada.

— Sé que lo sabes. — Tony se escuchó ahora realmente suave y compresivo — Eres inteligente, mi arañita traviesa, pero no eres un malcriado. No cómo yo, ¿qué dirá la gente al respecto?

— ¿Uhm, que me lo estás contagiando?

Steve ocultó muy bien la carcajada que quiso brotar por su garganta.

— Ahora te crees gracioso.

— Lo siento Tony, de veras. — lamentó el pequeño, sorbiendo la posible mucosidad que salía de su nariz — No volveré a comportarme mal.

Bien. También asumiré mi parte de la culpa por levantarte tan temprano, pero si no lo hubiera hecho, estarías el doble de enojado por no avisarte que me iba.

— No, hiciste bien. Sólo quiero que regreses conmigo.

— Araña, siempre, donde quiera que esté, voy a volver contigo.

Sí Steve fuese un sentimental de primera, como Bucky con las películas románticas, seguramente eso le hubiera hecho llorar. Todo lo contrario, ahora sólo maldecía mentalmente a su jefe por tener que crearle toda esa confusión mental en él. ¿El hombre no podía decidirse entre ser un cretino o el amoroso tutor de un niño igualmente adorable? ¡Que deje de jugar así con su mente!

— ¿Lo prometes? — insistió Peter, y al otro lado de la línea se escucharon murmullos frustrados.

— Peter, hacemos esta promesa siempre que viajo.

— ¡Tony!

— ¡Bien, bien! Lo prometo. Con la mano sobre mi corazón juro, blah, blah, blah. Ahora, tengo que volver a trabajar y tú desayunar.

— Espera, prométeme otra cosa.

— ¿Cuánto me va a costar?

— No sé cuánto te cueste, pero tú todo lo puedes pagar.

— Cieeerto. Entonces, ¿qué quieres?

— Dijiste que después de que termines de trabajar, seriamos tú y yo. Pero, quiero tener a Steve también.

Uhg.

Sí no estuviera bien entrenado, la sacudida que llegó a su corazón se hubiera mostrado en todo su cuerpo y dejado en evidencia.

— Sí, bueno, él puede llevarnos limonada cuando juguemos.

— Tooony.

— Sí, sí, sí. Empaquétalo y ponle un moñito, lo que sea. Ahora déjame trabajar.

Al principio se sintió inexplicablemente bien, ahora estaba ofendido por dejar que Tony hablará de él como un objeto. ¡Así no se podía tomar una opinión razonable y positiva del hombre!

— ¡Gracias, Tony!

— No hagas nada que yo no haría. Ni lo que haría. Sólo, no hagas nada por lo que Pepper y May nos puedan regañar.

Steve pensó que esa lista era bastante corta en comparación a Tony Stark.

» Videollamada finalizada.

— Gracias Jarvis.

El sonido de un objeto dejado en el suelo, después el escurridizo movimiento de telas y sentir por sus piernas como un cuerpecito pequeño recorría de extremo a extremo hasta que un aroma realmente potente a bebé y fresas le pegó en el rostro, seguido de unas palmaditas a su mejilla con suavidad.

— ¿Steve? ¡Steve, Steve, Steve!

Las palmaditas dejaron de ser suaves rápidamente, dándole la oportunidad de abrir los ojos imitando somnolencia.

— ¿Qué ocurre Peter? — la ronquera de su voz era sincera y mientras levantaba los parpados, un par de chocolatines de miel se mostraban frente a él. Los ojos de Peter estaban rojitos, pero volviendo a brillar como siempre — ¿Te sientes mejor?

— Sí. Oye, tengo hambre.

Y tan mandón, como siempre.

— Pues ve a lavarte los dientes y arréglate, te espero en la cocina.

— ¿Podemos desayunar las galletas de tío Mapache?

— Claro que sí.

— ¿Y podemos ir a ver a Happy hoy? Creo que lo dejaran volver a casa.

Happy Hogan, antiguo guardián temporal de Peter, quien recibió dos balas en protección del pequeño Peter cuando intentaron secuestrarlo en Central Park, han pasado casi tres semanas desde que fue internado en una clínica privada de New York. Su recuperación ha sido lenta y aún se estimaba que durase de baja otras dos semanas, pero Peter no dejaba de llamarle cada tres días y preguntar por su gran amigo Happy; el gran hombre gruñía, pero Steve estaba seguro que por dentro era realmente feliz por las llamadas de Peter.

— Sí es lo que quieres.

La sonrisa de Peter crecía y crecía, hasta el punto de ser una hermosa carita feliz sin importar las manchas de lagrimas en su mejilla o la mucosidad escurriendo de su nariz.

El pequeño gateó por su cama y rodó por el obstáculo de felpa que lo rodeaba para dirigirse a su baño personal. Mientras tanto, él se sentó en el colchón un poco maravillado al sentir sus músculos tan relajados sin importar que haya dormido en otra cama.

— ¿Steve? — la voz de Peter sonó nuevamente tímida, a lo que él se giró en su dirección y trato de brindarle confianza.

— Dime.

— Lo siento por comportarme mal. — ojos avergonzados, pestañas caídas y su pequeño labio inferior caído hacía abajo, era la verdadera cara de vergüenza en un pequeño travieso que disculpaba honestamente. Ese era Peter, disculpándose con un empleado de su padre.

Por un momento le gustó la idea de decirle que él no tenía la culpa de nada, que Peter sólo estaba creciendo de una manera extraña con gente extraña a su alrededor y era el niño más inteligente por adaptarse tan rápido a los cambios y excentricidades; quería disculpase con Peter, porque el niño no tenía la culpa de que sus padres murieran y terminará varado en la locura de la vida.

Pero no lo hizo, porque se suponía que el niño debía comenzar en hacerse responsable por sus actos, independientemente del injusto destino que le toque.

— Disculpa aceptada. Gracias por ser sincero, Peter.

Él niño no tenía dificultades en seguir sonriendo cual piraña.

Dos horas después, mientras hubo un azucarado desayuno más un plato de yogurt con cereal y la caricatura matutina que le encantaba a Peter pese a que eran dibujos animados de otra época – Tom y Jerry, ¿en serio? –, estaban saliendo bien arreglados y equipados con lo necesario para hacer de su día entretenido.

Pasaron por el lobby de la torre, y como era costumbre, nadie prestaba atención a un niño saliendo de la mano con un adulto desconocido del ascensor privado del dueño de la compañía. La gente en New York era tan extraña.

— Le hice a Happy un dibujo para que se mejore, pero necesito envolverlo. — dicho dibujo iba enrollado dentro de la mochila de Peter, Steve vio cuando el niño lo alzo con sumo cuidado junto a su botellita de agua y una barrita de cereal con chocolate.

— Podemos comprar un listón para hacerlo moño y enrollarlo.

— ¡Uh! Que sean dos listones, necesito dos moños.

— ¿Para qué? — miró al pequeño extrañado mientras le ayudaba a salir por la puerta de cristal. Peter se sonrojo repentinamente y desvió la mirada, pero de inmediato regresó a él con una enorme sonrisa que daba miedo.

— ¡Eh, un experimento de ciencias!

Bien. Sí. El punto es, que lo mejor era fingir que aceptó aquella vil mentira y seguir caminando.

Hace días que recibió un comunicador por audífono miniatura, discreto para llevar en su oído. De esa manera, al salir de la Torre, Jarvis aun podía usar las cámaras de la calle para advertirle de sujetos sospechosos, también en caso de emergencia podía marcar números de emergencia, que eran Bucky, Tony y SHIELD; este último, únicamente en que el caos fuera muy grande.

»La calle es segura, señor Rogers.

— Gracias Jarvis. — apenas movió sus labios mientras reiniciaba su caminata.

A veces le gustaría que Jarvis pudiera acompañarlo todo el tiempo fuera de la Torre.

— Buenos días, George. — saludo al habitual portero matutino, quien le devolvió el gesto en forma afable.

— Buen día señor Rogers, joven Parker.

— ¡Buenos días, George! — vociferó energético el niño — ¿Cómo sigue de su malestar?

— Todo bien, joven Parker, gracias por preguntar. — reverenció al pequeño y luego se giró a él — Enseguida le traeré su auto.

Mientras el portero se iba, sus ojos seguían alerta por algún cambio, pero debió desviarse cuando la mano que sujetaba la de Peter comenzó a bailar.

— George duro mucho tiempo enfermo, casi todas las vacaciones.

— Apuesto que le agrado que preguntaras por su salud, eso es amable de tu parte.

— Sólo tenía curiosidad, aunque me pregunto que ocurrió con Gabe. Ya no lo he visto.

Gabe. Uh, no, Steve no recuerda a ningún Gabe en la lista de empleados que pertenecieran al tiempo de Porteros.

Aunque el no estuvo sino hace apenas dos semanas y cacho.

Empleados temporales, seguramente.

— Seguro que tiene un trabajo mejor.

Peter sonrió a aquello con tranquilidad, Steve siguió viendo por todos lados. Que lo llamen paranoico, pero siempre tenía esa ansiedad de estar siendo observado.


¹)Her = Señor en alemán. Se pronuncia como "Gerr"

²)Golden Retriever es la raza de perro grandota y de pelaje dorado. Los dibujantes lo presentan mucho para hacer referencia a Steve.

El capi es cortito, lo sé, pero yo que ustedes aprovechaba estos pequeños intervalos de paz, porque ya comienzo a extrañar las escenas de acción :3

Aquí tenemos dos pistas para el drama de los dos siguientes capítulos, que por cierto, la parte buena ya se viene (explosiones, sangre, disparos, WUUU!), Alguien aún interesado in saber que ocurre?