Capitulo 10

Luego de estar más de diez minutos consolando, Shun se sentía inmensamente desgraciado, el hecho de ver a la mujer que más amaba en este mundo, llorando en su hombro, le hacía querer llorar también.

Shun dejo de reprimir sus impulso un poco, por lo que comenzó a pasar su mano por toda la tersa espalda de June de manera cariñosa, hasta que después de varios minutos (que parecieron horas), ella se calmo lo suficiente como para mirarlo de nuevo.

— Lo siento…—se disculpó ella con los ojos hinchados luego de respirar hondo—. Es que yo… es que… me sorprendió el hecho de que se fuera tan rápido, no dije nada en frente de los demás porque no quería preocupar a nadie, pero la verdad es que… es algo impactante —admitió ella mientras se masajeaba las sienes.

— Te entiendo, pero no tienes por qué disculparte, June —indicó Shun con una sonrisa tranquilizadora mientras tomaba su temblorosa mano—. Todos tenemos derecho a sentirnos mal por nuestros seres queridos, incluso aquellos que no nos agraden mucho, al final ellos son nuestra familia.

Familia, que linda palabra, pero no la adecuada para usar en ese momento, ya que esta despertaba muchas emociones dolorosas en la rubia.

— ¡Es que no entiendes Shun! —exclamó June de forma brusca y sorprendiendo a Shun (pero sin soltarlo de la mano) —. Mi padre… él nunca me dirigió la palabra cuando supo que sería un caballero de Athena ¡Incluso intentó que no me comunicara nunca más con mis hermanas! —chilló ella muy exaltada—. Aunque los caballeros que vinieron a reclutarme a mi hogar en Etiopia hablaron con él lo mas educadamente posible (Cosa muy rara)… él… —June tomó aire con tal de calmarse—. Él creyó que todo era un cuento barato y que en realidad yo estaba poseída o algo así —explicó ella ante la vista horrorizada de Shun—. Recuerdo ese día perfectamente… —agregó ella perdiéndose en sus memorias:

"— ¡NO ME INTERESA! ¡NO SE LA VAN A LLEVAR! —gritó el padre de June a unos guerreros del santuario.

¡Pero señor entienda! —Exclamaba el más alto de ellos con voz potente—. ¡Su hija esta predestinada a proteger la humanidad en nombre de Athena! ¡Nadie puede renunciar a su destino! ¡Ya van más de diez veces que le repito lo mismo!

¡ESA ES SOLO UNA ESTUPIDA EXCUSA PARA LLEVARSELA CON USTEDES, CUERDA DE LOCOS! ¡DE SEGURO ELLA TAMBIEN ESTA LOCA! —Bramó el señor Joseph mientras respiraba agitadamente no sin pensaba lo que decía—. ¡SI SE LA LLEVAN, NO LA VUELVAN A TRAER! —advirtió el papa de June con los ojos desorbitados.

¡No somos locos! —terció el otro caballero ofendido—. ¡Tenemos que llevarnos a su hija para que cumpla con su deber! ¡No queremos hacerle nada malo! Solo...

Lamentablemente el caballero no pudo terminar la oración, ya que este tuvo que esquivar un adorno de la cocina que venía a toda velocidad a su rostro, cortesía del papa de June. Poco después de eso, comenzó una serie de insultos y forcejeos por parte del trío, mientras que una pequeña June de seis años observaba todo desde el marco de la puerta, al lado de sus temerosas hermanas"

Durante varios minutos, Shun y June se miraron por un largo rato luego de que la rubia terminara su relato. Shun en ese momento, no podía creer, que luego de varios años de conocer a June, ella nunca le había dicho acerca de ese acontecimiento en su vida hasta ese momento.

— June… —comenzó a decir él luego de un rato—. Él en realidad estaba preocupado por ti, lo sé, sino no, él se hubiera enfrentado como lo hizo con aquellos hombres para evitar que te llevaran.

— ¿Y por qué evitó contactarme o verme luego de que paso todo? —preguntó ella exasperada y algo molesta ante la respuesta del chico.

— A veces los padres dicen cosas sin sentido cuando están enojados, pero estoy seguro que en el fondo él te amaba demasiado, reconozco que estuvo mal de su parte el haberte quitado el habla durante este tiempo, pero no estuvo mucho mejor, que tu no fueras a encararlo —indicó el con tono suave.

June gruñó por lo bajo, y analizó lo que acababa de decir Shun acerca de su padre. Muy para su pesar, debía admitir que lo que su amado decía, era verdad, ella nunca se había molestado en regresarle las respuestas que le enviaba su padre cuando le mandaba una carta, ni siquiera se molestó en visitarlo ni una sola vez, temiendo que el rechazara su compañía… tal vez si ella hubiera puesto un poco de su parte, las cosas hubieras sido…

— No es tu culpa —señaló Shun rápidamente al ver las expresiones de su rostro.

— ¿Qué? —preguntó ella sin entender bien.

— Se lo que estas pensando —indicó Shun mientras acariciaba su rostro con gentileza—. Y no es tu culpa, nadie puede cambiar el pasado, y sé que donde sea que él te este mirando, te querrá por siempre sin importa que.

La chica sonrió de felicidad al ver la preocupación de Shun por ella, pues a con el comentario anterior, pudo notar la calidez del corazón del chico, por lo que poco a poco comenzó a animarse.

Poco después de esto, June se percató de lo cerca que estaban, por lo que comenzó a ponerse un poco nerviosa, aunque por lo visto no era la única, ya que él también notó su cercanía, por lo que comenzó a respirar agitadamente y sudar frió.

— Muchas gracias Shun, eres una persona excelente —añadió ella abochornada mientras se separaba un poco de él—. No sé qué haría sin ti, de verdad.

— Yo tampoco —dijo él más rojo que un tomate y tratando de respirar.

Luego de caminar un rato, hasta llegar al marco de la puerta que daba hacia las escaleras, June se detuvo en este antes de salir de la habitación y tomó la mano de Shun con fuerza, el cual sintió como si su corazón fuera a salírsele por la garganta, y aunque quería salir corriendo de allí, al mismo tiempo deseaba sostener la mano de ella para siempre.

— Mira, muérdago —señaló June con una sonrisa y las mejillas encendidas mientras señalaba el pequeño adorno con algo de pena.

Mierda, justo lo que le faltaba.

— Si —afirmó Shun, quien tenía la cara morada ahora—. Debió colocarlo Shunrei cuando decoramos —añadió él con la voz ronca.

June no dijo nada, pero en el fondo de sus pensamientos (al igual que Shun) le agradecía intensamente a Shunrei o quien quiera que haya sido, por ese gesto.

Shun sentía como si su estomago estuviera en una montaña rusa en ese momento, pues con algo de horror, observó como la rubia, se acercaba más y más a su rostro.

— Te amo Shun —dijo ella con un hilo de voz y cerrando sus ojos azules.

El peli verde en ese instante perdió cualquier percepción de la realidad, pero en algún punto de su cerebro sacó fuerzas para hablar, pero dijo:

— Yo también —murmuró él con la lengua seca y acercándose aun más hacia su rostro.

Lo último de lo que Shun fue consciente, es que sintió fue un cosquilleo en la oreja, ya que poco después, June y él unieron sus labios en un dulce beso, que al principio inicio inocentemente, pero que luego se convirtió en una batalla, en donde sus labios se mezclaban furiosamente, mientras cada uno por su parte, se abrazaba al otro con fuerza, casi como si temieran que ese momento terminara.

Mientras tanto, no mucho después, en la habitación de Kiki y Elene…

—…así es como termina la historia —comentó Shunrei arropando a Elene, quien luego de una hermosa historia contado por nuestra amiga, estaba profundamente dormida.

La pequeña se acurrucó con una sonrisa en el rostro luego de que Shunrei la arropara, provocando que Shunrei también lo hiciera al notar aquel aire de inocencia en ella, a pesar de que ella ya llegaba a los trece años.

Ella observó a Shiryu luego de un rato, y notó como terminaba de acostar a Kiki, (Quien a pesar de la hora, durmió al instante) y supo inmediatamente que él sentía lo mismo cuando observó sus ojos.

— Buenas noches Kiki —dijo Shiryu al pelirrojo antes de levantarse.

Shiryu se levantó con pesadez y se dirigió hacia su amada con paso lento.

— Ha sido una reunión agitada ¿No crees? —repuso ella mientras se levantaba y caminaba hacia Shiryu.

— Demasiado —se quejó el pelinegro mientras la abrazaba por el hombro y se encaminaban a su habitación.

Al momento de llegar al pasillo, ambos caminaron en silencio, pero Shiryu sabía que, mientras caminaban, lo que Shunrei estaba pensando, pues podía ver en sus bellos ojos, una gran tristeza que la invadía. Afortunadamente para él, ella se encargó de aclarar sus preocupaciones:

— No puedo creer que tengas que volver a luchar de nuevo, ha pasado tanto tiempo desde la última vez —admitió ella en voz baja mientras entraba a su habitación con él.

Por su parte, Shiryu no dijo nada por el momento, pero en el fondo de su alma, deseaba gritar al ver a la persona más importante de su vida, en ese estado tan deplorable por una situación que estaba fuera de su control. En silencio él comenzó a cambiarse de ropa, mientras que al mismo tiempo, escuchaba como Shunrei tomaba aire para seguir hablando:

— Es irónico ¿Verdad? —terció ella a su espalda mientras comenzaba a cambiarse también—. Cada vez que tenemos un momento de paz, este desaparece a causa de los dioses o de alguien más, la verdad que resulta un poco tonto —admitió ella con voz amarga y un tono burlón.

Shiryu en cambio, continuó sin decir nada mientras apretaba los puños con fuerza y seguía observando la espalda de Shunrei mientras esta hablaba.

— Se que sería egoísta de mi parte culpar a alguien de lo que nos sucede, pero aun así me gustaría que todo fuera diferente, siempre he deseado que todo pudiera ser diferente —comentó ella mientras terminaba de ponerse el camisón de dormir.

— Shunrei… yo… —intentó decir Shiryu con la voz ronca mientras la tomaba de los hombros.

Shunrei se soltó de su agarre rápidamente, para después tomar el rostro de Shiryu con sus suaves manos, para después hacer que él lo mirara a sus ojos, los cuales demostraban una paz increíble que conmovió al caballero de dragón profundamente.

— ¿Sabes? —Dijo ella con una linda sonrisa—. A pesar de que siempre me preocupe, en el fondo yo se que todo saldrá bien, y siempre tengo la seguridad, de que pase lo que pase, siempre regresaras conmigo.

Luego de este comentario, Shiryu abrazó a Shunrei y apretó los labios con fuerza mientras ella seguía hablando:

— Pero aun así, no puedo sentirme inmensamente triste —agregó ella con la voz quebrada y escondiendo su rostro en el pecho de él—. Y a la vez sentir un gran deseo de llorar.

Shiryu sintió como el débil sollozo de Shunrei llenaba su pecho, quebrando por completo l voluntad del Dragón, quien no pudo evitar consolar a su amada lo mejor posible.

— Shunrei, no llores —pidió Shiryu con voz baja y levantando su rostro lleno de lagrimas hacia sus ojos.

— Lo siento —se disculpó ella con voz temblorosa—. Sé que debo parecer una tonta al llorar por esto, cuando en realidad se, que vas a regresar sano y salvo.

— Se que lo sabes —aseguró él muy consciente de lo que decía—. Pero esta vez no tienes por qué preocuparte, ni tienes por qué llorar.

— ¿Por qué? —preguntó ella con la esperanza reflejada en sus ojos —.

— Porque… esta vez te vienes conmigo —dijo el pelinegro con voz de queda y mirándola fijamente a los ojos.

Shunrei rompió en llanto al oír lo que dijo el caballero de dragón, y solo atino a abrazarlo con más fuerza mientras hacía esto, hasta que después de un rato, ella se quedo dormida en sus brazos y fue llevada por él hasta la cama, en donde reposó a su lado, y pensó durante un largo rato lo que acababa de decir hace poco.

Mientras tanto en la habitación de Shun…

Shun no sabía cuando, ni cómo llegó a su habitación, con June aferrada a su torso mientras se besaban furiosamente, otra cosa que tampoco pensó, fue que sus amigos no estaban muy lejos, y tal vez podrían escucharlos podían escuchar los gemidos de amos si se acercaban lo suficiente a la puerta.

Aparentemente, una parte Shun solo pensaba en ese momento, en pasar el resto de la noche sin importar lo que sucediera con la mujer de sus sueños, pero otra (Muy, muy pequeña), quería detener esto antes de que llegara demasiado lejos.

Justo en el momento en el que su consciencia "buena" comenzaba a ganar terreno en su cerebro, June se despego de él para recuperar el aliento, pero en cuanto tuvo el aire suficiente para respira, comenzó a besar a Shun desesperadamente de nuevo, como si tuviera miedo de que él se alejara de ella de nuevo, rompiendo así cualquier tipo de concentración por parte del peli verde.

Shun intentó en vano tener la cabeza fría de nuevo, ¡Pero santísimo dios! ¡June le estaba besando! ¡Y vaya que sabia besar!

Con algo de timidez de su parte, Shun introdujo su lengua en la boca de ella con delicadez, para luego sentir como su corazón saltó, al sentir como ella correspondía el gesto con salvajismo y un gemido de su parte. No supo después, en qué momento cayó con ella en la cama, pues antes de que se diera cuenta o fuera consciente de cualquier cosa, June ya estaba besando su cuello con pasión, mientras que a la vez le desabrochaba su camisa desesperadamente, entre beso y beso.

— June… —gimió Shun con dificultad mientras ella se quitaba se desabrochaba su blusa.

— ¿Qué? —preguntó ella impaciente mientras dejaba su blusa a un lado de la cama.

— ¿No crees que… que deberíamos… hablar primero? —preguntó él con dificultad mientras ella desabrochaba sus pantalones.

June solo le miró como si estuviera loco al preguntar eso, logrando que Shun tragara saliva ante su mirada, pues era obvio que ella no quería, ni iba a esperar, ya que la rubia no tenía ninguna intención de hablar de lo ocurrido hace poco.

— ¿Para qué? —preguntó ella mientras retiraba con algo de rudeza sus pantalones y sorprendiéndolo ante el gesto.

Ella trato de reírse del rostro que puso luego de que ella hiciera eso, pues al mismo tiempo vio que aquel niño inocente y el hombre; tenían una lucha interna para ver quien ganaba aquella batalla mental.

— Es que… no me parece correcto que estemos haciendo esto… considerando que apenas acabamos de besarnos por primera vez y…

Afortunadamente en ese momento para Shun, quien estaba metiendo la pata hasta el fondo con sus estúpidos comentarios moralistas, fue callado por June con un suave beso en los labios, para después retirarse con una sonrisa en el rostro.

— Shun, contéstame una cosa por favor —pidió ella mientras colocaba las manos de él en sus muslos y sacudía sus rubios cabellos.

— ¿Qué? —dijo él con un hilo de voz y embelesado ante el gesto de su amada.

— ¿Era verdad lo que me dijiste cuando nos besamos? —preguntó con algo de duda en su rostro.

— Por supuesto —afirmó él sin dudarlo y sorprendiéndose a sí mismo por la rapidez de su respuesta.

— Entonces solo piensa en el ahora cariño —afirmó ella con sensualidad, para después quitarse su sostén.

Shun se quedo sin habla al notar el torso desnudo de nuestra amiga, sintiendo como si de repente, lo hubieran llenado de agua hirviendo dentro de su cuerpo, y haciendo al mismo tiempo, que su corazón golpeara con más fuerza de la debida.

—…Yo… Yo… —dijo él con voz apenas audible y la lengua seca.

— Porque tendremos mucho tiempo para hablar del pasado después de hoy mi amor, así que déjame ser yo misma solo por esta vez ¿Si? —comentó June mientras le daba un último beso apasionado.

Cocina de la mansión (3 horas después).

A pesar de las altas horas, Seika se encontraba en la cocina con una cara de cansancio, mientras tomaba una taza de té para tratar de calmar sus nervios un poco, pues luego de la escenita que montó en el comedor con la hermana de June, lo que menos tenía en ese momento era ganas de dormir, a pesar de que su cuerpo le exigía un merecido descanso para recuperar fuerzas.

Seika se recostó en el fregadero de la cocina luego de terminarse su tasa de té, (Y después de masajearse la sienes, un poco) cerró los ojos completamente fastidiada, mientras que a la vez, se colocaba sus dedos índice y pulgar en el puente de la nariz, tratando con esto, hacer frente a la idea de ser perseguida por un tintan.

Lamentablemente, este tipo de situaciones siempre le traían malos recuerdos en especial todos aquellos relacionados con el haber perdido a su hermano, perder la memoria y casi morir a manos de un dios del inframundo hace unos años, haciendo que ella se sintiera a punto de estallar ante tantas emociones juntas.

El ruido de alguien entrando a la cocina la sacó abruptamente de sus pensamientos, al darse la vuelta, notó que era solo el fénix, lo cual hizo que ella comenzara a ponerse un poco nerviosa, al sentirse observada por el fénix.

Ikki miró a Seika en silencio durante unos segundos antes de continuar su camino hacia el refrigerador, ignorando completamente en el proceso a la pelirroja, la cual solo se limito a ver al fénix con un poco de fastidio, (Casi como si fuera un programa de televisión poco interesante), mientras sacaba un vaso de agua de la nevera y comenzaba a tomárselo poco después.

— ¿Qué tanto me ves? —Preguntó por fin Ikki rompiendo ese insoportable silencio para ella.

— No hay nada que ver —contestó ella desafiante y molesta por la forma en que se estaba comportando.

— Lo mismo digo —contestó él altaneramente y logrando que ella se molestara aun más.

Seika al no poder aguantar más el trato del fénix hacia ella, se dirigió fuera de la cocina, esperando no tener que encontrárselo más.

— ¡Espera! —exclamó el fénix con tono algo apenado.

¡Bonita forma de empezar a cambiar!

— ¿Qué pasa? —preguntó Seika algo irritada por la actitud mientras se volteaba.

— Escucha… Seika… —dijo él con dificultad—. Perdón por… ajem… la forma en que te trate al llegar ¿De acuerdo? —refutó el apartando la vista un poco sonrojado.

Por supuesto que a Seika casi le da un infarto al escuchar lo que salió de la boca del fénix, ya que sus ojos se abrieron como platos y su boca por poco no toca el suelo de la impresión, Ikki… ¿Ikki? ¡Ikki! ¡SE DISCULPÓ! Seika tomó una profunda bocanada de aire mientras trataba de no desmayarse de la impresión antes de por fin responderle:

— ¿Qué dijiste? —preguntó ella como si de verdad no hubiera escuchado bien.

— Lo siento ¿Está bien? No me hagas repetirlo ¿Te quedo claro? —apuntó él sonrojado y con una mirada de advertencia.

— Meridiano —bromeó ella un poco más relajada y sonriendo ante su sorpresiva disculpa—. Es solo que me sorprendiste un poco, por lo que se de ti, no eres muy amable con todo el mundo que digamos, sin ofender claro está —se apresuró a decir ella ante su mirada.

Ikki suspiró y pensó que al final no había sido tan difícil para él decir "lo siento", aunque también fue un gran paso en su largo camino a la redención de sí mismo.

— Voy a acostarme un rato ¿No vas a hacer lo mismo tu? —preguntó ella con los ánimos levantados y sonriendo a Ikki.

— Iré más tarde, nos vemos después —se despidió el fénix con una media sonrisa mientras Seika se retiraba.

Mientras la pellirroja subía a su habitación, ella se preguntaba a si misma que podría haber provocado aquel cambio tan rustico fénix, pero en ese instante sacudió su cabeza para librarse de esos pensamientos, ¿Desde cuando le importaba tanto lo que pensara Ikki?, total él y ella no se conocían lo suficiente como para que ella tuviera por qué preocuparse por él, aun cuando él fuese un buen amigo de su hermano, luego de esto Seika llegó a su habitación, en donde se recostó en su cama y rezo por que al día siguiente todo saliera bien para todos los habitantes de la mansión.

Mientras en Hong Kong…

En lo más profundo de la ciudad, Urano miraba la ciudad desde la cúspide de un edificio de oficinas, esperando algo que cambiaría su destino seguramente si se realizaba.

Estaba algo ansioso, pues todavía no había recibido ninguna noticia de sus informantes acerca de lo que quería, pero en el fondo de sus pensamientos, confiaban en que recibiría algo muy bueno por parte de estos cuando regresaran.

Poco después, el titán tomó un espejo de su escritorio y se observó con detención el rostro, las arrugas de su este habían desaparecido con lentitud, y su cabello se había vuelto más vivo, dándole un aspecto más vivaracho y joven, a pesar tener tantos años como la tierra que pisaba.

Aun así, Urano sabia que esto se debía al poder que comenzaba a ganar, desde que la invocación a sus discípulos del tártaro, había iniciado.

Poco después del incidente de Nueva York, él había invocado los poderes de sus fallidos hijos e hijas, prometiendo reclamar el trono con la ayuda de estos y bajo la promesa de vengarse también, de aquellos que los destruyeron en el proceso.

El sonido de la puerta abriéndose, borró todo pensamiento de su cabeza, para captar después su atención en hombre muy alto y de aspecto fornido, el cual entró por la puerta con aspecto muy serio, Urano hizo una seña con la cabeza para que se sentara en la silla en frente de su escritorio, lo cual este se apresuró a hacer.

— Buenas noches mi señor —saludó el desconocido fortachón inclinando la cabeza antes de sentarse.

— Deja los formalismos y ve al grano ¿Quieres Ponce? —pidió el titán con malas pulgas mientras se sentaba en su asiento.

— Mi señor, ya hemos descubierto el lugar en donde se abrirá la puerta hacia el tártaro —indicó Ponce—. Aparentemente, la ciudad será la Atlántida, señor.

Urano sonrió complacido al escuchar esto, y junto las palmas de sus manos mientras pensaba en cuál sería la mejor manera de llegar hasta la Atlántida, pues considerando el hecho de que sus poderes no habían regresado completamente, también debía pensar en cómo evitar que Athena no lo molestara mientras intentaba abrir la puerta hacia el tártaro y liberar a sus hijos.

Inmediatamente después de unos minutos, se le ocurrió la solución, mandaría a batallar a sus guerreros contra los caballeros de Athena, con tal de evitar cualquier interrupción, mientras que él por su parte se encargaba de la apertura de la puerta.

Aunque en el fondo sabía que era una batalla perdida, esperar que las chicas que se habían escapado no le dijera a nadie, Urano se había llevado un tremendo chasco cuando se enteró de que se lo había dicho precisamente a Athena, su furia había sido tal, que mato de un solo golpe a los mensajeros y amenazo con hacer lo mismo a todos en la habitación sino se retiraban, lo más lamentable de todo esto para él, es que de haber ocurrido unas horas más tarde, él tal vez podría haberse hecho cargo con sus nuevos poderes renovados, pero lamentablemente la invocación de estos tardó más de los esperado para el titán.

— Puedes retirarte —indicó Urano con una voz fría y libre de sentimiento.

Ponce se retiró lo más rápido que pudo cuando escucho a su maestro, pues lo sentimientos de su amo estaban últimamente muy a flor de piel luego de la malas noticias recibidas anteriormente, y él no quería ser el próximo en la lista de muertos.

Urano meditó en silencio que haría para evitar la interrupción de cualquiera de sus familiares olímpicos, puesto que él no quería ninguna molestia por parte de nadie durante su ascenso a la cúspide olímpica pues ya tenía más que suficiente con la hija de su nieto Zeus.

De nuevo se le ocurrió una ingeniosa idea, por lo que se dirigió al centro de la habitación y comenzó a concentrar su cosmo con fuerza, mientras respiraba de manera silenciosa y comenzaba a pronunciar una extraña lengua.

Poco a poco, un círculo brillante comenzó a aparecer en el suelo de la habitación, iluminando todo el lugar. Cuando Urano terminó de decir la última de las frases en esa lengua extraña, observó el circulo e inmediatamente se introdujo en el.

En alguna parte del Tártaro*

Urano aterrizó pisando fuerte en un elegante salón de color azul eléctrico, con hermosas y bellas columnas que daba a entender a uno, que estaba en el interior de un gran palacio. Lejos de impresionarse con las altas paredes hechas de diamantes, el piso de nácar y el resto de los tesoros que estaban allí, él se dirigió al centro de la estancia, en donde se encontraba una mujer muy alta y bella, cuyos rizos negros caían por sus hombros como una lluvia en el atardecer, mientras que sus manos se movían con tranquilidad por una lira que tenía en su regazo.

— Tardaste más de lo que yo creía Urano, demasiados siglos diría yo —susurró melodiosamente la mujer mientras seguía con su triste melodía.

— Tuve que arreglar algunas cosas —respondió Urano sin sorprenderse al notar que ella sabía de su llegada.

— Lo sé, pero eso está de más en esta conversación ¿Por qué no me dices de una vez por qué viniste? —preguntó ella dejando de tocar.

— ¿No lo sabes? —comentó él de manera irónica y con una ceja levantada a la mujer.

— Claro, pero me encanta oírlo de tus labios, sabes que disfruto oír a los idiotas —respondió ella de manera irónica.

Urano respiró profundo ante el insulto de ella, ¡Definitivamente era la misma!

— Veo que no has cambiado… ¿Eh? Nix* —dijo su hermano con fastidio al notar la sonrisa de ella.

— Lo mismo digo querido, lo mismo digo —respondió ella sin inmutarse y sonriendo de manera aun mas irónica.


N/a: Como siempre, quiero agradecerles a todos por sus sugerencias, aportes, comentarios, criticas, ya que estos me han ayudado a superarme a mí mismo cada día y a reinventarme como persona.

Gracias a pegaso., Darkacuario, y a kategoddess por todo su apoyo y comentarios positivos. Me gustaría que me dieran sus opiniones del capi, pues creo que me pase con Shun y June ^//^, ojala les haya gustado.

CuttingEdge19: Me alegra que te unieras al grupo de comentaristas y que te gustara el fanfic. En realidad precisamente porque no existían fanfics de Shun y June, comencé a escribir fanfics de Saint Seiya, nos vemos en el próximo capi.

Alyshaluz: Es un placer ver caras nuevas por aquí, nos estamos viendo.

Saint fan: Veras Saint… es complicado, pero cuando te pones a ver un poco la historia, te das cuenta de que Urano quería conocer un poco más acerca de las antiguas ciudades, aunque él ya lo sabía en realidad, buscó a un experto en la materia para aclarar algunas cosas. En sí, no tiene mucho que ver con el santuario, sino que el padre de June nunca apoyo que ella fuera caballero de Athena, espero que este capi te haya aclarado un poco las dudas, adiós y gracias por comentar.

*Tártaro: es un lugar de tormento y sufrimiento eternos, parecido al Infierno del Cristianismo y al Inframundo de las religiones paganas.

*Nix: era la diosa primordial de la noche. También es llamada Nicte, y en los textos romanos que tratan este tema griego, su nombre se traduce como Nox.[