10. El final de un amor que nunca comenzó
Para borrar los recuerdos dolorosos la única escapatoria son los recuerdos felices; pero hay veces en que ser feliz también duele… incluso más que el dolor mismo.
Ya había pasado una semana desde "aquel incidente" o así trataba de llamarle Sakura, a lo que había pasado con el único sobreviviente del clan Uchiha. Después de ello, cada mañana se levantaba en la madrugada para ver hacia su ventana, aunque era desalentador para ella saber que no había ni una luz que diera señales de que él aun habitaba ese lugar.
Trató de convencerse que todo lo que había dicho era mentira, que incluso él dolor con el cual la miró siempre no existía. Pero como distinguir entre esa mezcla de emociones, como saber que era lo que realmente sentía Sasuke; si al haber compartido con él uno de los momentos más importantes de su vida, también había sido lo más doloroso.
—Como si fuese tan fácil elegir entre una de las dos cosas; creo que no se si elegir entre la felicidad de ese momento o el dolor que estoy sintiendo y que de seguro me acompañara hasta que sea una anciana— decidió no pensar en eso nuevamente, con una semana de reflexión era suficiente para saber que el asunto no tenía solución, y más aun, el futuro era incierto y oscuro para ella.
Observó el reloj de pared y comprobó que su mente había volado muy lejos esa mañana, ya que tenía media hora para alistarse y partir al hospital.
—Nieve— la ventana del living dejaba ver aquellos copos que se esparcían entre Konoha y anunciaban que el invierno había llegado —es como si me estuvieran dando una señal— pensó la de cabellos cortos que tomó su abrigo y salió rauda hacia el hospital de Konoha. Su ausencia en esa semana ya había sido justificada con la Hokage, quien no entendía el extraño comportamiento de su pupila, pero si conocía un rostro con una mirada de dolor; fue por ello que no se negó a darle la semana libre a la Haruno que prometió trabajar turnos extra la próxima para compensar los días perdidos, sin embargo hoy estaba dispuesta a hacer su jornada habitual.
Checó por última vez la casa en la que vivían Sasuke y Karin, pero nada, ninguna señal de vida.
—Ni modo— caminó rápidamente y pasó por el restaurant de ramen al que acudía habitualmente su mejor amigo —lo había olvidado por completo, la próxima semana es el cumpleaños de Naruto y no le he comprado nada. Demonios, creo que tendré que correr uno de estos días, sino me matara— le relajaba pensar en esas ocasiones en las que compartía con sus amigos. Ella siempre pensó que ellos tenían un poder mágico para arrebatarle el dolor aunque fuese por unas horas. Sonrió de lado y entró al hospital, el camino se había hecho muy corto al solo pensar en algo que no fuese Sasuke.
—Había olvidado que hoy es mi día en maternidad, creo que podré relajarme con aquellas preciosuras— aunque a veces se viera como una mujer fría, uno de los mayores sueños de la kunoichi de cabellos rosa era el de ser madre.. y más aun que el padre de sus hijos fuera —.. ya ya, concéntrate Sakura, deja de pensar tonterías— se colocó su delantal y amarró sus cabellos.
Como era de costumbre había acudido esa mañana a comer ramen, el mejor desayuno según el rubio que degustaba sin calma los fideos del plato.
—¡Quiero otro más! — le pidió al cocinero que sonrió al ver al chico tan animado.
—Te ves muy enérgico hoy Naruto— comentó el mayor que ya estaba sirviendo otra porción del tradicional platillo.
—Qué bueno que se nota, pues esta otra semana cumplo 18 años— dijo muy emocionado el rubio, que no esperó y engulló con maestría la nueva porción de ramen.
—Supongo que harás una gran fiesta—
—Al…ghro.. ashmi— trató de responder con la boca llena.
—Cierra la boca Dobe— una voz obligó a Naruto a tragar más rápido lo que tenía en la boca.
—¡Teme! ¿Qué haces aquí? Pensé que no te gustaba el ramen— comentó el hiperactivo chico.
—Hmp.. nada en particular, solo acompañaba a ….—
—Sasuke-kun, espérame aquí tengo un trámite que hacer— una melosa pelirroja dijo esto y le robó un beso al pelinegro que frunció el seño.
—Vaya… ¿Cómo dejas que haga eso? Se supone que tú…— el portador del sharingan le mandó una mirada asesina al hijo del cuarto, que prefirió seguir comiendo; sabia que cuando su amigo lo miraba así era mejor no seguir preguntando —pobre Sakura-chan— fue el único pensamiento que rondaba la mente del rubio.
Ya había pasado la visita en la mayoría de las salas de la maternidad, ahora solo descansaba en su voz con una humeante taza de café. La mañana había sido más dura de lo que había pensado, sobre todo porque ese día los bebes parecían más irritados que en otras ocasiones.
—Ahora….— dirigió su vista hacia el diario mural donde estaba marcado con claridad los ingresos y controles prenatales —Ya veo, tendré que dar muchas buenas o malas noticias— desde que había iniciado sus guardias en el hospital, sabía cuando importante era la noticia de un nuevo ser que venía en camino.
Se estiró y dejó pasar a la primera paciente, que curiosamente no tenía ningún dato en su ficha, cosa que le extraño mucho. —quizás no quiere hacer su identidad algo público.. Qué extraño— pensó mientras veía como la puerta se abría lentamente y dejaba pasar a la primera ¿paciente?
—¿Tú? — la ojiverde se sorprendió al ver quien había entrado a su box.
Había terminado con su "desayuno", pero seguía en el puesto Ichiraku ya que había decidido esperar a su amigo que tomaba una botella de Sake.
—Tan temprano y tomando sake Teme— comentó en tono inquisitivo Uzumaki.
El pelinegro dejó a un lado la botella con aquella bebida y suspiró pesadamente.
—Eso no te importa usuratonkashi— le dijo el ojinegro que dejó la paga y se dispuso a marcharse de aquel lugar.
—¡Espera Teme! No se te olvide que esta otra semana cumplo año, así que no faltes—
—Hmp— le ignoró olímpicamente.
—Si quieres…— sabía que se iba a arrepentir por lo que iba a decir— si quieres puedes llevarla contigo— el Uchiha continuó con su camino, dejando con una enorme duda a Naruto —¿me pregunto si será capaz de llevarla a la fiesta? — no quería herir a Sakura, sin embargo sabía que esa era una oportunidad o para que la pelirrosa reaccionara o simplemente lo dejara ir. Pero lo que no sabía era que eso ya no era algo que dependiera de la ninja médico.
La pelirrosa esbozó una escueta sonrisa al ver a la persona que se asomaba en su consulta y por supuesto un gran abrazo.
—Pensé que demorarías más— afirmó la kunoichi que no quería soltar a Sai, quien se sonrojó al instante en que sintió el cuerpo de Sakura cerca del suyo.
—No era una misión difícil, así que en cuanto este entregue mi informe podemos partir— a pesar de tener unas grandes ojeras, él seguía sonriendo porque había esperado con ansias el momento en el cual ella le respondiera.
—Creo que podríamos esperar unos días, pues veras que se acerca el cumpleaños de Naruto y sé que me matará si no asisto—
—Supongo que no hay problema.. bueno Sakura tengo que ver a la Hokage-sama, así que después hablamos— hizo una pequeña reverencia y salió del lugar de trabajo de la chica que suspiró. En parte estaba feliz de ver a su amigo sano y salvo, sin embargo una cuota de tristeza le embargaba debido a que tenía que responder a la confesión que había hecho el ex-anbu. Y ella ya conocía aquella respuesta.
En el lapsus en que había hablado con Sai, no había notado que la enfermera había dejado una ficha en su escritorio. El sonido de la puerta la volvió a la realidad..
—Pase— dijo sin prestar mucha atención a quien se dirigía a ella.
—Qué demonios… quería que me viera una médico competente— esa voz, esa voz la podría reconocer aunque estuviera a kilómetros de distancia.
—Pero que dem…— cuando poso sus ojos verdes en su próxima paciente, sintió como su boca se abría casi hasta llegar al suelo y sus ojos se desorbitaban —¡¿Qué haces tú aquí? No recuerdo que este fuera un lugar para que viniera gente como tú, Karin— pasó de asombro a la rabia en cuestión de segundos, recibiendo solo una mirada burlona por parte de la pelirroja.
—Vengo como paciente así que modera tu trato Sakura— la de lentes tomó asiento concienzudamente frente a la Kunoichi que la examinaba con ojos asesinos.
—Supongo que no tengo remedio ¿Cuál es tu consulta? — apoyó el codo en su escritorio y la miró sin emoción alguna.
—Pues esa es una pregunta estúpida, no se supone que esto es una consulta prenatal— la de cabellos cortos sintió como un balde de agua fría caía sobre ella en ese preciso instante, su boca se secó y sus manos sudaban copiosamente. Fijo aquellos ojos verdes en la pelirroja y pudo distinguir un sonrojo poco usual en la chica.
—¿Y entonces que hay con eso? — trató de preguntar sin interés.
—Pues que quiero saber si estoy embarazada o no— lo que más se temía con aquella consulta se estaba haciendo realidad, lo único que ella no podría separar. La última esperanza para la pelirrosa parecía muy lejana.
—Recuéstate en la camilla Karin— indicó como una robot. Pensó en solo hacer su trabajo y pasar por alto todo lo que su imaginación le estaba indicando en esos momentos.
La pelirroja hizo lo que le había dicho su rival y se descubrió el abdomen. Sakura se situó a su lado y con sus manos en el abdomen de Karin empezó a emitir chakra para localizar efectivamente o no un embarazo.
Sus manos empezaron a temblar y sus ojos se cristalizaban… sentía como la angustia no la dejaba discernir con claridad en esos momentos, pero estaba segura, más que segura.
—Efectivamente estás embarazada Karin, de aproximadamente mes y medio— fue lo único que atino a decir, para después entrar rápidamente al baño con la excusa de lavarse las manos, sin embargo eran sus ojos los que tenía que enjuagar en esos momentos, porque lo menos que quería era ser descubierta por ella. Se miró al espejo y los notó visiblemente rojos, hinchados y opacos; sería casi imposible disimular eso; se apresuró a enjuagar su rostro para evitar quejas por parte de la pelirroja.
Salió del baño y vio a Karin que ya estaba sentada en frente de su escritorio con una sonrisa de "oreja a oreja" literalmente hablando. Tomó asiento y cogió una papeleta que relleno con algunos datos de la ficha que había ignorado y que en estos momentos le estaba costando uno de los momentos más amargos de su vida.
—Estoy segura de que Sasuke estará muy feliz con esta noticia; el siempre quiso restaurar su clan y ahora podrá hacerlo junto a mi— comentó con malicia la chica de lentes que estaba atenta a los ojos de la kunoichi que apretaba el lápiz con fuerza y trataba de escribir derecho en aquel papel.
—Nunca podremos estar juntos… a pesar de eso esta será la única noche que estaremos juntos. Restauraré mi clan, pero no te utilizaré para eso, porque no te permitiré que conozcas de nuevo el dolor Sakura—
Al escuchar esas palabras de la boca de la de cabellos largos se le vino a la mente eso que había dicho Sasuke, antes de entregarse a él.
—Entonces ¿él sabía que ella estaba embarazada y aun así decidió hacerlo conmigo? — al pensar en eso apretó tanto el lápiz que este se rompió dejando que la tinta manchara la papeleta que estaba casi lista y manchando la camiseta de Karin que le dedicó una mirada de odio.
—Cómo puedes ser tan incompetente, reclamaré al hospital por esto— la pelirrosa no la tomó en cuenta y colocó algo encima para seguir escribiendo aquel papel. Cuando hubo terminado dejó su lápiz a un lado y le extendió el brazo a la chica para que cogiera el documento.
—Bueno esa es la citación para tu control en un mes más y algunas indicaciones que espero esta vez Sí entiendas y sigas al pie de la letra, porque de ello depende la salud del bebé y la tuya— la de lentes la miró con altanería y soltó una carcajada.
—Así que tú serás mi ginecóloga… pues eso lo hace más interesante—
Ignorando las palabras de Karin le indicó que no se perdiera al recoger unas vitaminas en la farmacia del hospital. Esta simplemente salió del box dando un gran portazo y lanzándole un desprecio a Sakura que aun no asimilaba nada de lo que había ocurrido hacia unos minutos.
Dejó que su cabeza descansara entre sus piernas y retuvo entre sus dedos aquellos sedosos cabellos rosados que cubrían un rostro marchitado por la decepción. No podía creer que todo hubiese ocurrido así, que venía en camino un hijo de Sasuke y que eso era el final de todo, ya que ella no estaba dispuesta a quitarle el padre a esa criatura que venía en camino. Y tampoco creía capaz a Sasuke de abandonarlo, sabiendo que él había perdido a toda su familia con tan solo 7 años de edad.
—En verdad ahora se acabó Sasuke-kun— ahogó un gemido entre sus manos y jaló de sus cabellos sin compasión, tratando de liberar aquel dolor. Sintió como las lágrimas mojaban su uniforme y el piso sin detenerse; se colocó en posición fetal en la silla de su escritorio y trató de contener los gritos de dolor mordiendo sus manos, sino sabía que eso llamaría la atención de sus colegas y por supuesto de su maestra Tsunade.
Ese día había sido un infierno, desde la mañana hasta los últimos minutos de su turno; los embarazadas parecían haberse puesto de acuerdo para venir con el peor humor posible y ella tampoco estaba en las mejores condiciones posibles como para hacer bien su trabajo.
Siguiendo la rutina diaria entrego el turno al médico entrante y se dispuso a recoger sus cosas, ya que a pesar de estar con el peor ánimo tenía que comprar el regalo para Naruto.
—Supongo que una dotación de ramen para un mes sería un buen regalo— pensó la pelirrosa que recorría las calles del centro de Konoha en busca de aquel obsequio. Observó las vitrinas con calma, hasta que se detuvo en una; aquel símbolo había llamado por completo su atención, pues claro ella lo conocía muy bien y a la vez lo detestaba por todo el sufrimiento que le había traído.
No lo dudó y entró al lugar, vio dos llaveros uno que el símbolo del clan Uchiha y otro con el símbolo que usaba Naruto en su playera. No lo dudó y compró aquel para el rubio y el otro.. pues el otro era algo que ella quería conservar, quizás en algún momento serviría de algo.
Bastante satisfecha salió de la tienda con el regalo comprado y con el resto de dinero que le había comprado le regalaría unos cupones para que Naruto comiera en el restaurant Ichiraku, era el complemento perfecto de ese regalo.
—Creo que no sería mala idea que comprara algo de ropa, después de todo a veces hay que mimarse un poco— ella sabía que esa era una medida para distraer su mente y no pensar en lo que había ocurrido en la mañana.
Recorrió las tiendas y vio ropa de invierno, prendas ajustadas, otras un poco más abrigadas; sin ninguna idea en mente entró a una de ellas y empezó a revisar los percheros en busca de algún vestido que fuera agradable a la vista y abrigado para esa época. Sin mucho tiempo perdido vio uno que se acomodaba a sus necesidades, de un color rosa pálido, se complementaba perfectamente con el color de sus cabellos; manga larga y con cuello amplio de un color negro, al igual que los puños de las mangas y bolsillos a los lados. Cuando se lo probó encontró que era muy corto por lo que buscó una falda escocesa que tuviera los mismos tonos; después de probarse todo lo pago y siguió recorriendo tiendas. Nuevamente paró en seco cuando vio la vitrina.
—Siempre las vitrinas— se mordió el labio inferior con fuerza, sabía que no tenía que entrar, mejor dicho, sabía que no tenía si quiera que pensar en comprar algo allí. Pero era una buena perdedora o eso quería pensar ella, por lo que decidió que ahí haría la última compra del día.
Y finalmente había llegado el cumpleaños de su hiperactivo amigo, habían sido días oscuros y poco animados, sino fuera por Uzumaki que iba todos los días a recordarle de su fiesta, su humor hubiera estado por los suelos.
Se vistió rápidamente con las ropas que había comprado, se arregló escasamente y cogió el regalo, iba 1 minuto tarde y eso era mucho para el rubio que seguramente haría un gran escándalo.
Sin importarle la falda corrió por arriba de los tejados para acortar camino y llegar al lugar donde había sido citada. Cuando golpeó notó que la mayoría de sus amigos estaban allí: Lee, Neji junto a Tenten, Ino, Shikamaru y Chouji; Sai apartado en un rincón, Kakashi, Tsunade e Iruka… todos estaban ahí, incluso él.. y aunque ella sabía que vendría, igualmente sintió un vacio en su estómago.
—Feliz cumpleaños Naruto— trató de sonar emocionada porque sabía que esa fecha siempre había sido importante para el joven, pero sus palabras y la expresión de su rostro no estaban acordes en esos momentos. El hijo del cuarto Hokage lo había notado y sintió culpa por haberle dicho a Sasuke que invitara a Karin, aun así quería que ella se divirtiera. La pelirrosa le entregó ambos regalos y los ojos del chico brillaron al ver los cupones para comer todo el ramen que pudiera.
—Pasa Sakura-chan, ya están todos aquí— la kunoichi dejó su abrigo en un perchero cercano y caminó directamente hacía Sai que sonreía cálidamente. No pudo evitarlo y lo abrazó con mucha fuerza, mientras era observada por un celoso pelinegro que apretaba con fuerza el vaso de refresco que sostenía entre sus dedos.
—Qué bueno que estás aquí Sai— se apretó más al cuerpo del chico que empezaba a sonrojarse furiosamente.
—Vayamos junto a los otros— la de cabellos cortos asintió tímidamente y casi inconscientemente tomó la mano del pintor que no dudo en apretarla entre sus dedos.
—¡A todos muchas gracias por haber venido! — agradeció animosamente Naruto.
Todos conversaban muy animados, menos Sasuke que tenía literalmente pegada a Karin a su brazo.
—Podrías soltarme, no es que vayas a perderte en este lugar— levantó una ceja y la miró con algo de desprecio.
—No quiero hacerlo, porque veo como esa pelo de chicle te come con la mirada— Sasuke frunció el seño al escuchar ese comentario, él más que nadie sabía que Sakura no tenía el más mínimo interés en él, después de lo que había ocurrido hacía una semana.
Sakura notó que todos estaban concentrados en beber y comer, por lo que sacó de su cartera una pequeña caja envuelta en papel de regalo.
—Ese regalo es para Naruto ¿verdad? — la de ojos verdes le sonrió a Sai que no había entendido nada. Se acercó lentamente a Sasuke y Karin.
El pelinegro se sorprendió al ver que la ninja médico iba en dirección hacia donde estaba él, miró en todas direcciones, pero vio que solo estaba él.
—Sakura— pronunció con voz ronca y sensual, ella le miró con una sonrisa melancólica, una que nunca había conocido. Y ante toda expectativa se sorprendió.
—Karin esto es para ti— la pelirrosa extendió el pequeño regalo y le hizo un ademán a Karin para que lo cogiera. La de lentes dudó un momento, después de todo ellas eran enemigas.
—Vaya, no sabía que andabas con estas pelo de chicle— la aludida solo miró hacia un lado, Sasuke pudo ver como torcía aquella sonrisa melancólica en una mueca de tristeza; la pelirroja no perdió tiempo ya abrió rápidamente el paquete, cuando vio lo que estaba en su interior sus labios se curvaron triunfalmente.
—Es para felicitarte por tu embarazo, como médico creo que sería bueno que supieras que estoy feliz por ti— como pedía mentir de tal manera, pensaba la aprendiz de Tsunade. Se recriminaba por ser tan masoquista, pero mientras más dolor sintiera, más ganas le darían de olvidarlo.
Todos se voltearon al ver la escena en la que Sakura le había entregado un regalo a Karin, no era desconocido para nadie que la integrante del equipo 7 odiaba a la pelirroja. Pero aun mayor fue el asombro al ver lo que contenía aquella caja.
—Parece que te me adelantaste con la noticia pelo de chicle— Sasuke que estaba observando todo en primera fila, no entendía porque su ex compañera le hacía ese regalo a su compañera de casa —bueno Sasuke-kun creo que esta noticia te hará muy feliz— la pelirrosa decidió alejarse antes de que sus lágrimas se hicieran visibles…— estoy embarazada.. vamos a ser padres— una sonrisa maliciosa contra una mueca de asombro de todos los presentes que ahora entendían porque un par de zapatos de bebé habían sido un regalo para Karin. Naruto sintió que su quijada llegaba hasta el piso, vio como su amiga pasó rápidamente por su lado y se disculpaba por no poder seguir en la fiesta.
—Sakura-chan—
—Vamos Sasuke-kun ¿no estás feliz por la noticia? — el pelinegro frunció el seño y miró con odio a la de lentes que trataba de mostrar una expresión inocente.
—Nos vamos a casa— en frente de todos los presentes cogió a Karin del brazo y la sacó a rastras del lugar, mientras que Sai miraban con preocupación la dirección en la cual había partido la pelirrosa.
