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La medicina había funcionado, o eso quería creer. La hemorragia de sus oídos continuaba, seguía murmurando cosas para sí mismo, seguía retorciéndose como si algo le doliera... Pero no había convulsionado en todo lo que iba del día. Claro que había pasado prácticamente toda la mañana inconsciente, despertándose hacía un par de horas. Pero sentía que había una mejoría en Sanji, y eso le daba la suficiente fuerza como para seguir cuidándole aunque no hubiese dormido ni comido desde la noche anterior.
Se puso de pie para buscar las medicinas que iba a administrar al rubio dentro de poco, y mientras lo hacía escuchó voces fuera de la enfermería, como murmullos. A los pocos segundos Brook se había asomado por la puerta, mostrando también el violín que llevaba en sus brazos.
—¿Puedo pasar? Zoro-san me dijo que las cosas están tranquilas...
—Pasa, Brook, pasa.
—¿Está todo bien? Pese a lo que me dijo, Zoro-san parece desanimado.
—Supongo que es por lo de hace un par de días... Ya sabes, cuando se puso mal…—El médico recapacitó y corrigió—: Peor
—Oh... ¿Pero ya está bien? —Brook sabía que esa no era la pregunta adecuada, pero, si él estaba consciente de la situación, unos cuantos segundos de embriaguez sentimental no hacían daño.
—No sé si "bien" sea la palabra adecuada. Pero podría decirse que ya no está tan mal como antes.
—¿Crees que pueda tocar algo para él? Yo creo que sería bueno... Pero Chopper-san es el doctor, después de todo. —Mostró su violín con cierta timidez, esperando ansioso una respuesta positiva. Llevaba días armándose de valor para entrar, y le tomó aún más tiempo decidir qué tocar; en su carrera como músico y pirata, jamás había tardado tanto para encontrar la canción adecuada.
—La verdad, la condición de Sanji es bastante compleja... No estoy seguro de qué pasaría.
—¿Puedo al menos probar? Si empieza a ponerse feo, me detengo.
—Si es así... Podemos intentar.
El esqueleto sonrió y preparó su mente y su corazón para resistir la tristeza que le provocaba ver a su compañero de esa manera. El violín sonaba con delicadeza, dejando ver un arcoiris de tristes colores, un azul tan puro como ese mar con el que cocinero soñaba. Esa sinestesia había hecho a Chopper soltar un par de lágrimas, mientras que el cocinero parecía tomarle gusto a la canción si era interpretada de esa manera. La sangre no se había detenido, lo murmullos tampoco, pero éstos ya no parecían tan malos como antes.
—Es como si sólo estuviera dormido... Detrás de las señoritas hasta en sueños... —Brook sonrió, triste, porque sabía que no era así.
Poco a poco las lágrimas de Chopper dejaron de caer, siendo reemplazadas por una sonrisa entre aliviada y nostálgica. Aliviada porque el rubio dejaba de moverse tan bruscamente, sus manos dejaban de hurgar en sus oídos, y una especie de sonrisa divertida se dejaba entrever en sus labios mientras murmuraba cosas poco a poco más entendibles. Y nostálgica por la canción que el músico tocaba, aquella que se usaba tanto para los momentos de alegría como para los de tristeza. Dejó de ver a Sanji por un momento, y volteó a ver a Brook, como indicándole que se acercara para apreciar lo que había conseguido: que ese hombre, siempre alterado hasta en sus sueños, respirara con más normalidad mientras seguía en su alucinación.
—Así te ves menos peligroso... Yohohoho. —La risa del esqueleto no era tan sonora como siempre, pero al menos se escuchaba menos taciturna a comparación de las que había soltado mientras tocaba.
Sin embargo, la primera frase entendible que el cocinero soltó hizo que el ambiente cambiara completamente: el mayor dejó de tocar por un momento, dejando que la tristeza que el comentario le provocó hiciera mella en su espíritu. Sabía que no estaba en sus cabales, que probablemente no les recordara... Pero de igual forma, que preguntase a quién le importaba su cordura le afectó, aunque no tanto como el cese de la música al hombre recostado en la camilla.
—A nosotros... —dijo casi en un susurro, más para sí que para Sanji.
—No, no... Tranquilo. —Chopper trataba de calmar al rubio acariciando su cabello con un poco más de insistencia, intentando que dejara de moverse tanto, rezándole a quien fuera que lo escuchara para no volver a pasar por un momento tan horrible como lo fue el evento del cigarro y el de hacía poco con Ussop.
El momento en que Brook se quedó en shock al ver el cuerpo de Sanji temblar y sus manos manchadas con la sangre de sus oídos fue corto para quien lo viera desde afuera, pero para ellos y para el espadachín de afuera fue eterno. Un eterno instante de impotencia y culpa. La música volvió a sonar, esta vez teñida de colores aún más tristes que antes, creando un ambiente de pesadez emocional que solamente parecía tranquilizar al hombre en la camilla.
—¿Te gusta? —No quería sonar falsamente positivo como Ussop o Franky, o pésimamente aparentar estar relajado como Zoro... A ninguno le funcionaba hablarle así. Él sería sincero, le mostraría a la nueva tripulante de los Mugiwara: Tristeza, un ser capaz de disfrazarse y confundirse con cualquier sentimiento, demasiado directa y franca, lo suficiente como para resultar pesada e indeseable. Ella se combinaba con cualquier cosa que ocurriera; la risa de niño pequeño que el rubio había soltado, por ejemplo.
—¿Qué te divierte tanto? ¿Te ayuda la música? —Ambos observaron cómo cerraba los ojos, pero no inconscientemente, sino como si buscara relajarse, dormir. Brook pensó que era un buen momento para comenzar a cantar.
Los movimientos que demostraban que estaba incómodo fueron disminuyendo otra vez, hasta prácticamente desaparecer; la hemorragia se mejoró, la preocupación de Chopper por una convulsión súbita también se redujo al volver a ver una sonrisa, ahora nostálgica, en el rostro de su paciente, mezclada con una gran paz.
—Esa canción... ¿Siempre ha sido un solo? —Las escenas de su antiguo barco pirata llenaron la mente del músico, haciéndole recordar la forma en la que había utilizado la canción en aquel momento, deseando no tener que hacer lo mismo con Sanji.
—Podemos hacerla un dueto, si quieres... Estoy seguro que sabes lo que sigue.
Chopper se sorprendió bastante al oír cantar al cocinero de una manera tan clara. Primero por su condición; si le era difícil hablar, pensó que le habría costado más entonar la letra al ritmo de la melodía, aunque fuese susurrando. Segundo, porque recordaba la letra... poco a poco iba recordando la realidad y su pasado.
Dejaron de cantar para comenzar una conversación un tanto extraña, como la que tendría un niño adormilado con su abuelo.
Llegó un punto en que Sanji comenzó a preguntarle cosas que no comprendía, dejándole entre confundido y preocupado, sobre todo por la forma en la que comenzaba a llorar. Sin embargo, al doctor no le preocupaba; creía que era necesario que liberara el estrés y la ansiedad que estaba reteniendo, y el llanto era una forma no tan violenta para hacerlo, considerando el estado en el que estaba. Era como él mismo había dicho: agridulce.
Tuvo una idea, una idea millonaria considerando el momento: Las nanas del North Blue. Hace un tiempo, hablando con Sanji sobre cualquier tontería, surgió el tema de la infancia del rubio en ese mar. No dijo mucho, pero sí mencionó que le encantaban los cuentos y las canciones de cuna. Unos días más tarde el músico buscaba alguna revista entre los libros de Sanji y se encontró con un libro repleto de canciones con su respectiva partitura; preguntó primero qué eran, las dejó en su lugar por respeto a los ojos ausentes de su amigo al verlas, y ahora usaría las que alcanzó a copiar en una libreta para poder volver a hablar de tonterías con él.
Con eso en mente, el mayor comenzó a tocar en su violín la que su ausente corazón le había susurrado cantando. Chopper mostraba de nuevo una sonrisa que dejaba escapar cada tanto sollozos de un cariño impotente. Después de tocar un buen rato, el que él consideraba el mejor cocinero del mundo le dio la oportunidad de decir algo que, tristemente, no podría haber dicho si todo marchara bien.
¿Fuertes era la palabra exacta para describirlos? Claro que los Mugiwara eran inigualables en muchos aspectos, y en fuerza y lucha tampoco estaban mal; pero... en ese momento, nadie podía llamarse fuerte sin mentir, nadie, ni Chopper, ni Robin, ni él.
Y fue cuando reflexionó en ello que se dio cuenta de que esa indeseable tripulante se quedaría con ellos si lo peor sucedía... Ella se quedaría si La Muerte los visitaba... Y no, no eran lo suficientemente fuertes como para alejarla, él lo supo desde el incidente con el cigarro.
—Me duele... —Trató de tranquilizarlo, de mantenerlo con ellos usando su música cada vez más triste—. No quiero ir... —
La hemorragia volvió, el tono suplicante y dolorido también... Llegó la medicina y el momento de espera, que también pareció durar más tiempo que la existencia del universo.
En un día, en esa enfermería de paredes grises, se podían sentir demasiadas eternidades. En el momento en que cambió a una canción diferente, Sanji abrió los ojos lentamente, mirando extrañado al reno que en ningún momento dejó de acariciar su cabeza, quien le saludó con cierto temor a arruinar lo que ya habían conseguido.
—¿Estoy muerto? —Recordó todo lo que había pasado, y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no pegarle ahí mismo por siquiera suponer que ya no estaba entre los vivos—. Pero él es La Muerte... ¿No?
El comentario hizo que Brook riera, comenzando otra vez una conversación con un niño pequeño y adormilado, que sonreía tranquilamente mientras la canción que ahora tocaba cambiaba a un ritmo menos lento, pero siempre tranquilo, acogedor, nostálgico.
—Brook... ¿Cómo se llama la que estás tocando ahora?
Chopper contuvo un grito de felicidad... Lo había conseguido, había logrado que Sanji volviera parcialmente a la realidad. Quiso salir corriendo, llamar a Zoro y al resto, contarles con alegría que tal vez no todo estaba perdido, que Sanji se curaría... Pero se contuvo, a sabiendas de que no era del todo seguro, que alguien podría llamarlo por su verdadero nombre y mandar a la mierda el avance que tenían... Por lo que sólo miró a Brook, quien en su esquelético rostro mostraba la sorpresa que sentía.
Ambos lo sabían: tanto la música como la medicina habían ayudado al hombre en la camilla, quien poco a poco fue quedándose dormido, sin terminar la plática que habían comenzado antes.
—Chopper-san... —llamó sin apartar la vista de Sanji.
—¿Sí?
—¿Puedo pedirte un favor?
—Claro.
—¿Puedo quedarme aquí? ¿Tocarle para que se calme?
—No hay necesidad de pedir permiso... Sanji gusta de tus canciones y tu compañía. Nadie había logrado nada si quiera cerca de lo que hiciste.
—¿Se pondrá bien? ¿Es una buena señal?
El silencio se lo dijo todo, y su experiencia se lo recalcó.
Quizás podría esperar un milagro, confiar en que su música o la medicina de Chopper mejorara la situación. Pero no, Brook, que era por mucho el que más sabía de la muerte, no podía permitirse llegar siquiera dos escalones de esa escalera en las nubes a la que habían subido Ussop y Franky... Porque el dolor de la caída es demasiado y si no vivía ese infierno junto a Sanji, su música no lo alcanzaría.
Cooperativa: sin mucho que decir, dejamos este capítulo aquí. Esperamos que les haya gustado, esperamos sus comentarios y críticas constructivas en el área de los reviews.
Nos leemos el miércoles!
