ANUNCIO: Debido a que Danharu ha tenido una creciente popularidad he decidido que todos los capítulos escolares serán narrados por ella, así que este y aproximadamente cinco más serán narrados por ella.
No recuerdo desde que capitulo no agradezco sus reviews así que esta vez contestaré los últimos cuatro:
-Maral87:Jajajaja la verdad es que Killer sería el novio soñado pero no creo que Danharu lo vea como algo más que un amigo, no sé, habrá que ver…
-RenTheKiller: ¡Me encanta que te agraden los capítulos!
-HannahZepeda: Bueno, la primera carrera cuenta como ganada ¿no?, al menos ganó una oportunidad de golpear a Ace en el trayecto :D
-Scarlett-chwan: No había pensado en darle mucho protagonismo a Dan pero ya que así lo deseas, así será. Esperemos no los patee muy fuerte. D=
¡Saludos a todos!
Capítulo 10: Conversaciones confusas.
Las bocinas y el ruido se hicieron presentes por toda la playa, el "bing-bing" de los carros acorazados de los marines resonaba en mis oídos, no recordaba desde cuando era sensible al sonido pero al parecer eso me iría a costar la vida, un hombre quizá de unos 30 años se iba acercando a mí mientras que yo sólo podía taparme mientras sucumbía ante el dolor. Recordé entonces que hace apenas unos días una doctora invitada especial de la clase de biología comenzó a hablar sobre el sonido, las partes del oído y su importancia en nuestras vidas. Bufé. Menudos recuerdos me venían a la mente en un momento crucial.
"El oído coordina los movimientos" resonó la voz de la doctora Kureha en mi consciente.
Entonces por ello era que casi no podía moverme, maldije para mis adentros y comencé a buscar las llaves del auto en mi bolsillo, una sombra se coló frente a mí y con un extraño artefacto hizo que una potente y llameante llamarada apareciese frente a nosotros, abrí mis ojos por la sorpresa, era como si el chico sacase fuego de entre sus dedos y su cuerpo fuese el mismo elemento, me preocupe cuando fijé en que aquél chico era Ace.
Bien pudiese ser que ahora, después de un año, le tratase mal pero aún aquellos recuerdos en los que él y yo salíamos, reíamos y disfrutábamos comenzaron a surgir en mi mente, me preocupaba que aquél fuego descomunal se apoderase del cuerpo d él y le viese quemarse y retorcerse en el suelo, como aquellas imágenes de guerra que solía encontrar en internet.
Alargué mi mano para tocar su pie y comencé a musitar palabras de preocupación que él no escuchaba pero pareció entender, lanzó el arma junto con su capa llena de gasolina, me tomó en brazos, agarró mis llaves con un dije del Rey del Soul guindando de él y encendió mi auto. Me depositó con delicadeza en el asiento de copiloto y cerró la puerta en un santiamén.
Mi cabeza dolía muchísimo y comenzaba a pensar que la fiebre aparecería de un momento a otro, sin embargo no había certeza de que eso llegaría a pasar.
— ¿Estas bien? —su voz fue cálida, sonreí, después de tanto alboroto escuchar un sonido que no molestase era como un milagro, no, era como comer chocolate luego de pasar semanas sin probar su sabor. Alejé mis manos de mis orejas poco a poco, casi parecía que lo estuviese haciendo en cámara lenta y lo observé. No tenía camisa y, en cambio, tenía un pantalón que le cubría todas sus piernas y un sombrero que no había notado que llevaba hasta ahora, una cara triste y una feliz— ¿Ahora te gusta el teatro? —pregunté cambiando de tema, él observaba al frente y, a la vez, atrás.
—No. ¿Por qué lo preguntas? —por un instante sentí su mirada, un sonrojo que no esperaba apareció, subí mis piernas al asiento, aunque por un momento me sentí avergonzada de poder ensuciar la tapicería suspiré al recordar que el auto era, ahora, mío. Señale su sombrero y él sonrío— Ah, no, los rostros tienen un significado distinto al que crees…
Miré por la ventana, en la playa que ahora estaba lejos una llamarada se extendía por todo lo ancho y largo de ella. El fuego, puño de fuego, Ace.
—Puño de fuego —murmuré y lo miré como solía hacerlo antes, con calma— no vuelvas a hacer eso…
— ¿el qué? —preguntó.
—Arriesgarte de esa manera, si los marines te atrapan –-
—Si me atrapan —interrumpió— tú me salvaras ¿verdad? —sonrío hacia mí durante unos segundos que parecieron una década— aunque no me gustaría que te arriesgaras por mi…
Lo dijo en un murmullo que apenas escuché pero me hizo feliz, sonreí antes de comprender todo lo sucedido y mi estado actual. Si llegaba a casa seguramente Iva estaría y no quería preocuparlo, además Trafalgar estaría esperándome en la puerta o algo por el estilo para preguntarme qué demonios hacia yo en la carrera, además de ganarle claro.
— ¿adónde vamos? —aventuré a preguntar.
—A tu casa —respondió.
—No puedo ir a casa a esta hora, vamos a la tuya…
— ¿Estas bromeando? —reprochó— si llego a esta hora el viejo hará mi tumba —nos miramos el uno al otro, no sabía si él estaba pensando lo mismo que yo, quedarnos a la intemperie observando el mar o cualquier otra cosa que tuviésemos en frente, repentinamente la lluvia se llevó esos pensamientos y otro apareció sin más— …hotel… —pronunció con dificultad.
Ambos nos sonrojamos y nos ignoramos a nuestro modo, yo observaba el camino por la ventana y él veía la carretera. Estacionó el auto en un sitio que no reconocía, salió y llamó al timbre de la casa, desde lejos parecía una casa simple pero en cuanto Ace regresó y nos introdujimos en la casa estacionando el mercedes en la cochera me di cuenta que la casa vendría siendo lo suficientemente grande como para seis o más personas.
—Oh Ace, has traído a una hermosa chica contigo —escuché una voz masculina algo dulzona, como de un casanova buscando una chica desprevenida, en este caso sería yo— Un placer, soy Tatch, pero tú puedes llamarme como desees —tomó mi mano y la besó.
— ¿Asqueroso, por ejemplo? —interfirió Ace con una gran sonrisa como si no le molestase la actitud de su amigo.
—Se lo he dicho a la dama, tú debes llamarme "Tatch-sama" o algo por el estilo —sacó un cepillo de su bolsillo y peinó su larga melena vuelta tupé. Callada como estaba sólo me dedicaba a escuchar su larga conversación que no lograba comprender, sobre un tipo oscuro o algo por el estilo, me sentía cansada y mi cuerpo exigía dormir, sin embargo no se lo diría con su nakama frente a él, ¿o sí? —Disculpe señorita, no escuché su nombre —la voz del chico me sacó de mis pensamientos, aun así Ace lo tomó del hombro y le sonrío.
—Es Danharu y no creo que sea del tipo que te gusta —levantó una ceja en símbolo de duda—Todas son mi tipo, amigo —me miró desconcertándome por completo, nunca me había topado con alguien que realmente se creyera un romeo— además, mira esos ojos azules que parecen el mar ¿a ti te gusta el mar, no?
La pregunta se quedó por momentos vagando hasta que Ace se tapó el rostro con el sombrero y musitó palabras que no escuché en el oído de Tatch.
— ¿por qué no lo dijiste antes? —Sonrió— síganme…
Ace me tomó de la mano como si supiese que, de un momento a otro, seguramente sucumbiría ante el dolor y el sueño, su mano era cálida y sentí como si el hombre a mi lado realmente fuese un puño de fuego, observaba el lugar con una tapicería que hacía que pareciese de piratas, el suelo era de madera y las paredes no tenían un color particularmente atractivo, lo único llamativo eran las fotos que estaban por todo el sitio.
Un hombre con gran mostacho blanco abrazaba a varios chicos.
Uno de ellos pude identificarlo como Tatch. Otro era Ace, abrí mis ojos como platos al verlo, apreté su mano inconscientemente.
—Te lo cuento luego —dijo. Llegamos a una especie de cocina que, a decir verdad, no estaba muy limpia, los platos se encontraban con comida en el fregadero y el agua goteaba sobre ellos.
—De haber sabido que venias con ella hubiese limpiado —sacó tres vasos de vidrio y los colocó en la mesa frente a nosotros, bastante larga a decir verdad, caminó con pesar a la nevera y saco dos botellas de sake.
— ¿dos? —murmuré.
—Sí, una para mí y otra para ustedes —las colocó en la mesa y comenzó a servir—siéntense, no tengan pena.
Ambos soltamos la mano del otro y nos sentamos dejando una silla de por medio.
— ¿Acaso no hay agua? —pregunté. Ambos negaron con la cabeza, serví sake en mi vaso como si en realidad fuese agua y comencé a beber sin parar, ambos me miraron atónitos en cuanto vieron el vaso vacío.
—Creo que buscaré la tercera —en realidad yo no pensaba beber demasiado pero poco a poco sentí como me daba gusto ver el mundo desde esos ojos, borroso y nuevo, lleno de risas y bromas.
El sueño y el dolor desaparecieron junto con mi conciencia.
Mis ojos pesaban pero eso no impediría que yo abriese mis ojos y me encontrase con un ambiente poco familiar, a mi lado encontré una botella de sake vacía, mi cabeza quería explotar pero supuse que no sería por eso sino por la carrera del día anterior, mi teléfono sonaba sin parar haciendo escuchar el tono respectivo de mi alarma para despertar…
— ¡No puede ser! — Grité. Faltaban dos horas para que las clases comenzaran si llegaba a darme prisa aún podría mantener mi listado perfecto y alcanzar con rapidez la clase. Cuando me levanté sentí un cálido brazo en mi abdomen que hubiese apartado con agilidad sino me hubiese envuelto y tomado con más fuerza.
— ¿A dónde vas? —preguntó con una voz ensimismada, por un instante hubiese querido que fuese Ace pero Dios seguramente me odiaba y me mando un Romeo borracho, sin camisa y con gran fuerza— conejita-chan —su voz me pareció un tanto vomitiva en ese momento y no por el alcohol precisamente.—¡Ace! —Grité pidiendo su ayuda.
—Oh, no debes resistirte —se acercaba cada vez más a mi rostro, hasta que finalmente puño de fuego lo apartó de mí, no podía estar más avergonzada en mi vida, Ace se encontraba cubierto de agua de la cabeza a los pies y, considerando que yo me encontraba en el piso no faltaría mucho para que yo pudiese ver más allá de lo que la toalla quería ocultar, en cuanto pude me levante y lo golpee en la cabeza.
— ¿Por qué me pegas? —Había hecho un puchero inocente, ese chico realmente me exasperaba— el que te estaba acosando era Tatch…
—Sí, pero él no está exhibiéndose… —comenté sonrojada.
— ¿Qué? Pero si él no está usando camisa tampoco —respondió, ambos vimos al hombre en el suelo que se sobaba con dificultad el chichón que le había propinado Ace.
—Como sea, debo irme —busqué mis llaves pero no las conseguía por ningún sitio que buscase— Oye, Ace, ¿dónde están mis llaves?
Él apareció con una sonrisa ya vestido con el uniforme respectivo de la clase especial—Aquí—en sus manos vi mis llaves, no podía creer que aún las tuviese, o peor, que yo no se las haya quitado. El camino a casa no hubiese sido incomodo si el efecto del licor hubiese estado activo pero ya hace mucho que había pasado y ahora a mi lado estaba un Portgas D. Ace contento de acompañarme a casa.
—El tiempo hoy es perfecto ¿verdad? —sólo asentí, no sabía por qué pero su actitud me hacía pensar que la noche anterior tras el licor había hecho o dicho algo que no recordaba.
—Portgas-kun —le llamé, él pareció haberse enojado por la forma en la que lo había llamado pero saqué esos pensamientos de mi mente— ¿Qué paso ayer?
—Nada de lo que te puedas arrepentir —con una sonrisa continúo: — Sólo bebimos hasta que nos cansamos ¿por qué?
—Por nada… —susurré, estacionó mi auto frente a la casa— ¿esperaras o te llevaras mi auto? —no sabía realmente porqué pero una sonrisa aún más resplandeciente apareció en su rostro.
—Esperare —Respondió, yo le hice una seña para que entrara conmigo a la casa, no podía ser tan cruel como para dejarlo afuera esperando, entramos y yo lo dejé en la sala donde muchas veces en el pasado él había estado, subí a mi habitación y fijé en que sólo tendría 20 minutos para arreglar todo y marcharme para llegar justo a tiempo, con las ganas que tenia de quedarme en la ducha, cuando estaba guardando el cuaderno de matemáticas mi teléfono comenzó a sonar, lo tomé y miré el mensaje de un número desconocido.
¿Cómo estás? Respondí que me disculpara pero no tenía registrado el número y de un segundo a otro me contestó Roronoa, tonta sonreí estúpidamente, no sabía cómo había conseguido mi número pero parecía haberlo encontrado de una u otra manera, guardé el cuaderno mientras que bajaba las escaleras y respondía el mensaje a Zoro.
Cuando llegue a la sala me conseguí a un increíblemente presentable Ivankov hablando plácidamente con Ace— ¡Dan, ojala me hubieses dicho que la paz había llegado al país y los hubiese invitado a un pastel en el okama bar! —comentó haciendo alusión a la pelea de "Aceland y Danharuland", la guerra de la lluvia purpura la había llamado Ivankov alguna vez.
—Oh, hablando del Okama Bar —cambié de tema— Quiero ir a ayudarte hoy —sonreí.
— ¿estas segura? —Preguntó— no será como cuando tenías catorce.
—No, porque ahora será legal —le guiñe un ojo e hice señas a Ace para irnos. En cuanto nos subimos en el mercedes un mensaje del pelo verde apareció.
Esto sonará raro, pero… ¿Cuándo se llega a Shabaody qué camino hay que tomar para llegar a la escuela? No sabía si era mi imaginación o realmente lo estaba preguntando, el instituto quedaba muy cerca de esa avenida y él no sabía cómo llegar. Suspiré. Respondí su mensaje y comencé a ver alrededor por si veía el auto de Zoro pero, en cambio, lo vi a él caminando apenas respondiendo el mensaje que yo le había mandado.
—Para —le dije a Ace quien resignado freno suavemente, abrí la puerta y lo llame animada.
— ¿Danharu? —dijo sorprendido.
—Vamos, sube —incluso le abrí la puerta cómo si yo fuese el caballero de aquella extraña amistad entre nosotros. Él entró saludando de paso a Ace, quién al parecer la sonrisa se le estaba borrando quién iría a saber por qué. Observé a Zoro por el retrovisor y sonreí tontamente, desde que hace unos días me contó la historia de su niñez, acerca de Kuina y demás no podía parar de reírme, pero no como burla sino como símbolo de honestidad y pureza. Me parecía poco creíble que un hombre como él, serio, con semblante asesino y con ansias de ser un gran espadachín se dejase ganar mil y un veces por una niña, no sé, pero seguramente eso le habrá lastimado el ego de una forma u otra, claro, cuando era niño, pues ahora Kuina estaba muerta, según él Tashigi se parece mucho a su amiga de niñez, sin saber por qué un frío recorrió mi espalda haciendo que volviese a lo mío.
No quería hablar de cómo el peliverde había conseguido mi número telefónico y tampoco quería concentrarme en lo mucho que había disfrutado la noche anterior, iba a iniciar conversación sobre música cuando Ace repentinamente habló:
— ¿tú eres el amigo de Luffy, verdad?
—Sí —asintió— y tú debes ser su hermano de la clase especial, Luffy nos habló de ti en cuanto terminó la carrera de la playa…
Ace sonrío: — Sí, así es Luffy, pero… —no sabía por qué pero por alguna razón me encontraba tensa, aquella voz que Portgas estaba usando era la que siempre usaba para tratarme mal, si, así me hablaba algunos días atrás— primera regla de las carreras, nadie habla de eso fuera de la pista.
Suspiré.
—Oh, entonces —comenzó a hablar Zoro con una sonrisa de autosuficiencia— ¿hace mucho que conoces a Dan?
Perfecto, él había tensado aún más el ambiente, estábamos a tres largas cuadras del instituto y el semáforo se había posado en rojo. Ace frenó.
—Hace dos años más o menos —respondió.
—Como casi no se les ve hablar, pensé que se odiaban o algo —Juré que tomaría en algún momento alguna de las espadas de Zoro y cortaría la tensión de una vez por todas pero el arranque del auto me hizo tranquilizarme.
—Es una larga historia —sonrió, como diciendo que no hablaría más del tema, mire por el retrovisor y Zoro había observado extrañamente a Ace para luego verme a mí y levantarme una ceja en símbolo de interrogación, yo solo le sonreí, quizá le contaría después, quizá.
— ¿Qué tal le está yendo a Luffy? —preguntó, desviando el tema, la tensión finalmente fue aflojada.
—No lo sé, se niega a que incluso Nami le ayude en matemáticas —respondió. Ahí termino la conversación, no porque hubiésemos llegado sino porque realmente no tenían más nada de qué hablar, su única conexión éramos Luffy y yo, y ya habían dejado claro las cosas. Luffy no estudia y yo, bueno, no sé qué concluyeron ellos pero realmente parecía que estuviesen peleando por la custodia de algún niño. Nunca pensé que llevar a Zoro al instituto causaría tanta tensión.
En cuanto estacionó el auto pude divisar en la distancia a la única chica cabello rosa que he querido en mi vida, Perona.
— ¿les molesta si me adelanto? —Pregunté con una enorme sonrisa, ambos solo asintieron, yo Salí del auto asegurándome de no dañar la hermosa puerta del mercedes— Ah, Ace lleva mis llaves a casa, déjaselas a Iva.
— ¿por qué? —Preguntó— ¿acaso no te llevaré a casa?
Lo miré confundida, por ahora no había ganado toda mi confianza, si tuviese que elegir entre uno de los chicos que estaban en mi auto para que me llevasen a casa, en esos momentos escogería a Zoro, al menos él no me ha tratado mal porque quisiese sino que simplemente esa es su actitud ante todo.
—No —respondí, mis pies comenzaron a caminar solos y por unos instantes pensé en lo que aquellos chicos estuviesen hablando mientras Ace aparcaba, ¿de mí? ¿Luffy? ¿Carreras? ¿Dinero? ¿Sake? Pagaría millones para saberlo— ¡Perona! —la llamé y ella se giró, su ropa era como siempre, un colgante de corazones, dos coletas y una falda con detalles hermosos, yo nunca pudiera vestir así, demasiado rosa para mi estrafalario gusto.
— ¡Dan! —Gritó, pero al posarme a su lado su mirada cambió— tengo que contarte algo.
—Yo también —comenté pensando en el día de ayer, pero espere a que ella continuase la conversación.
—Sabes, hace dos días cuando te dije que había perdido a mi Kumashi… —comenzó.
—Oh sí, nunca me dijiste como lo conseguiste —caminábamos con calma, aun había mucho por recorrer y yo solo tenía oídos para mi mejor amiga en esos instantes.
—Quien lo encontró fue… —se detuvo y comenzó a jugar con sus dedos—…un chico.
— ¿Eh? —Musité al ver como sus mejillas se tornaban del mismo color de su cabello— ¿Quién?
—No te diré el nombre —comenzó a caminar nuevamente conmigo a su lado— pero él hizo crush…
— ¿Crush? ¿El verdadero crush? —Era un juego de palabras que prometimos que usaríamos cuando consiguiésemos los chicos de nuestras vidas— ¿o como el que te dan los actores?
—El verdadero —respondió cansinamente, ahogue un grito para luego soltar una lagrimilla.
—Mi amiga está creciendo —murmuré para mí misma— ¡En cuanto lleguemos al salón me dices! ¿Sí?
Ella negó: —No, ya dije que no te diré el nombre —su actitud me confundía, yo le contaba todo y ella quería ocultarme cosas, bien hay cosas que no se deben decir pero ya me había echado todo el cuento y ahora me debía decir el nombre del protagonista ¿verdad?
—Entonces no te contaré —dije como si fuese una chica de cinco años. Ambas nos sacamos la lengua y continuamos hablando de otras cosas que seguramente solo nos interesaban a las dos porque ¿a quién le interesaría que los peluches de la tienda de Dressrosa estaban subiendo de precio? A nadie, supongo. Todo el camino hacia el aula se me hacía raro que mi teléfono no hubiese sonado haciéndome saber que un mensaje de Killer o Eustass había llegado, siempre alguno de los dos me escribía, mayormente Killer para hablar de imagine dragons y cosas así, saqué mi celular y fui yo quién envié un mensaje.
¿Qué comeremos hoy? Yo pido chocolate Muchas veces salíamos por ahí durante el receso de clases y no quería que esta vez fuese excepción, al entrar al salón me conseguí a un tranquilo Eustass dibujando algo en un block, no sabía que a él le gustase dibujar así que deje a Perona repasando algo para la clase que vendría y yo me acerqué a él.
— ¿Qué haces? —pregunté sentándome en el asiento de enfrente.
— ¿Qué haces tú aquí? —no despego si quiera su mirada del block.
— ¿Estudiar? —respondí sarcásticamente, así nos habíamos tratado desde hace mucho, con patadas en forma de palabras, pero al parecer él no se encontraba de humor, su mirada se había vuelto de pocos amigos, si es que ya no poseía esa mirada naturalmente— ¿Qué tienes?
Dejó el block en su mesa y me tomó del brazo para irnos fuera del aula, el profesor Montblanc abrió la puerta en ese momento pero Eustass sólo le dijo que me "tomaba prestada un rato" y nos marchamos, me preocupe porque para él un rato pasa a ser el día entero.
Ni siquiera intenté zafarme, hacerlo sería como intentar quitar una serpiente que te muerde, sólo se clavan más los dientes.
La cantina, él compró dos chuches mientras yo le esperaba sentada, esperando que el león me tragara entera. Antes de sentarme me miró con superioridad y tomó un sorbo de café.
—Para ti —me ofreció uno, lo tomé y bebí un poco.
—Bleh, le falta azúcar —musité, iba a levantarme a echarle más pero Eustass me mostró unos sobrecitos donde claramente decía sugar por todos lados— ¿y bien?
—Tú misma lo has dicho, azúcar —echó tres a la mía, justo como me gusta.
— ¿Qué tiene que ver la azúcar con que me hayas sacado del aula? —pregunté.
— ¿tan importante es ese maldito título de la clase especial? —su mirada se transformó en odio puro.
—Espera, espera, ¿de qué va la conversación, es de azúcar o de la clase especial?
—Las dos cosas, no, en realidad tres —apartó su café, ya sabía yo que era muy raro verle tomar algo que no le gustaba del todo— tu eres el azúcar, la clase especial es Portgas D. Ace y el tercero es Killer.
— ¿Qué pasa con Killer? —pregunté sin comprender y, ahora que me fijaba, en ningún momento respondió a mi mensaje, él no es así.
— ¿ahora te preocupas, hipócrita? —se levantó de la silla bruscamente haciendo que las empleadas nos vieran extraño.
— ¡Siempre me he preocupado de ustedes! —Dije molestándome, no entendía nada de la conversación— No me digas que estás hablando de la carrera —bajé la voz un poco.
— ¿carreras? —Escupió como si esa palabra fuese basura— ¡Una mierda! —Él parecía más un dragón que un león en estos momentos— Killer, ¿es que no te has dado cuenta de lo que le pasa?
No respondí, esperando que él me dijera qué tenía.
—Le gustas, hipócrita —increíblemente le hice más caso al hipócrita que ya era la segunda vez que me lo decía en el mismo día y no al "le gustas".
—Y eso qué, eso no significa que sea hipócrita —me levante del asiento calmada y comencé a caminar pero su mano me tomó del codo lastimándolo.
— ¿es que acaso no ves si quiera como estas actuando con tus nakamas? —cada palabra suya era como una bala y él seguramente lo sabía pero no lo demostraba, lo decía con orgullo.
—Estás alterado, Eustass —murmuré.
—No, tú, maldición —con su mano desocupada desordeno su cabello— Killer y yo te vimos llegar en tu auto con Portgas ¿acaso no sabes lo que significa que un chico te traiga al instituto con tú auto?
Me callé, no lo había visto de esa forma ¿Quién lo pensaría? ¡Sólo ellos!
—Ace y yo no tenemos nada, Eustass —comencé a perder los nervios, mis piernas comenzaron a flanquear y no pensaba caerme así que me senté de vuelta y comencé a tomar café hasta que lo acabe— ¿Cómo esta Killer?
—Si no lo sabes es porque no te ha enviado mensaje alguno ¿verdad? —Había dado en el clavo y yo no le mentiría.
Asentí: —Yo le escribí —dije. Él se sentó frente a mí y me pasó un café que en algún momento había tocado sus rojos labios, era mi amigo así que ignore eso de "besos indirectos" y bebí— como desearía tener las botellas de ayer aquí —murmuré, Eustass había escuchado pero prefirió ignorar el comentario.
— ¿él respondió? —Negué— entonces está mal… —asentí— ¿Qué planeas hacer?
—hablar con él.
— ¿y qué le dirás? —le miré incrédula.
— ¿Qué crees que le diré? —Tomé café— ¿que el azúcar no se puede ligar con él y que las clases especiales no estorban?
Ambos nos miramos por segundos.
—El azúcar no se puede ligar con él —repitió mis palabras— ¿y con quién entonces? —Me tomó de la barbilla y me obligó a mirarlo a los ojos— yo no estoy disponible —sonrió, había vuelto a ser el mismo idiota de siempre.
—Oh, qué lástima, hubiese sido divertido prostituirte —sonreí cansinamente. Él sabía que él no sería mi respuesta para Killer, éramos amigos, eso y nada más. Comenzamos a caminar a clase pero él se detuvo a mitad del pasillo— ¿no entraras?
—No, ese profesor seguro hablara de oro oculto —contestó— no tengo ánimos de escucharlo…
—Rebelde.
Sonrió: — Por cierto, Killer estará en la azotea, es donde siempre va cuando –
—Cuando esta triste, lo sé —continúe mi camino sin decir nada más, el profesor no me dijo nada por irme sin más, supuse que fue porque no me perdí de mucho, en cuanto se retiró fui al asiento de Perona.
— ¿Qué pasó? —inició ella la conversación.
—Killer —ella abrió los ojos sorprendida— al parecer, le gusta una chica tonta que no sabe ni siquiera qué hacer con su vida a futuro…
— ¿Sabes el nombre de esa chica? —preguntó inocente, claramente estaba hablando de mí y ella no lo entendía, levante los brazos a ver si ella decía mi nombre pero solo se quedó pensativa— En serio, dime…
— ¿por qué tanto interés?, tu no me dijiste quién te gusta… —si hubiese tenido cinco años hubiese insertado mi dedo meñique en la nariz, oh, tiempos aquellos en los que no te decían nada por hacer esa asquerosidad.
—Está bien, está bien, te diré —agudicé mis oídos pero Buggy entro haciendo mucho ruido e hizo que me sentara en mi puesto, nunca estuve más molesta con él como ahora, con esa estúpida nariz roja de la que todo el mundo se burlaba.
Me llegó un mensaje de Perona que me hizo apartar la mirada de la pizarra: Killer.
¿Killer qué? No te diré quién le gusta envié el texto y vi como ella comenzaba a murmurar cosas como "la humanidad sucumbe ante la estupidez" y cosas así. Me llegó otro mensaje de ella que me dejó helada en el sitio, no pude prestar más atención a la clase y solo podía pensar en salir corriendo y aclarar las cosas.
Me gusta Killer, escribío. Me gusta, me gusta.
Esas palabras se repetían en mi mente, maldición, quería otro café o sake.
Buggy dio un adiós a la clase e irónicamente yo salí antes que él, huyendo de la mirada de Perona pidiéndome respuestas.
¿Cómo se le dice a una amiga que el chico que le gusta no le gusta ella sino su amiga en cuestión? Subí las escaleras y tropecé con muchas personas pero no me importó, incluso tropecé al pequeño Chopper pero ya le pediría disculpas luego. Los últimos escalones los subí de dos sin preocuparme si me caía, resolvería todo de inmediato sin importar qué.
Al llegar pude observar en una de las esquinas una larga cabellera rubia, avancé silenciosamente hacia él intentando callar mi agitada respiración.
— ¿Cómo está mi enmascarado favorito? —pregunté sentándome a su lado.
—Eustass te contó —se limitó a decir, yo asentí— tonto…
—Es tu capitán —respondí en burla. Él me miraba pidiendo una respuesta que yo sabia pero no había pensado como formularla.
— ¿y bien, qué dices? —miró al horizonte.
—Hakuna matata, sé feliz —sonreí— yo, soy una idiota Killer, nadie más que tú sabe que soy un chico en el cuerpo de una chica.
—Entonces soy gay —afirmó, como si fuese muy fácil decirlo, yo reí por lo bajo.
—Tonto —le di un pequeño golpe en el brazo— de todas maneras conozco a alguien a la que le encantaría comer con cierto chico de máscara azul…
—Como si me interesara —comento despreocupado.
—Esto sonara raro pero, no hay nada mejor que conocer a otra persona cuando alguien te ha ponchado—su aura comenzó a tonarse negra, creo que lo ofendí— vamos, no te pongas así… estoy segura de que te agradará, de hecho, ya te agrada —sonreí y él me miró confuso, no hice caso y lo lleve del brazo al comedor donde seguramente estaría Perona y Eustass comiendo, al llegar el lugar estaba lleno de vida, el grupo de Luffy estaba en una mesa apartada de muchos o mejor dicho, las demás personas se apartaban de ellos a saber por qué. Dejé a Killer allí, le guiñe el ojo y me retire dejando al trio que pronto se convertiría en un dúo, realmente a Eustass no le hubiese estado estar entre ellos dos, es una persona que se preocupa a su manera, los mugiwaras me recibieron con los brazos abiertos, literalmente, reímos a más no poder sobre las tonterías que hacia Luffy, las tonterías de Usopp, el terrible humor negro de Robin, del profesor Franky haciendo poses supers, Sanji intentando conquistar a Nami o a Vivi, los únicos que solo me acompañaban en risas ahogadas eran Chopper y Zoro. Al final mis mejillas dolían horrores, ya no podía reír más.
—Oye —me llamo una súper voz.
— ¿Si? —El profesor Franky resultaba ser una persona realmente divertida fuera de clases, sonreí.
—Saldremos a comer helado hoy por la tarde ¿vendrás con nosotros? — ¡Helado! Ese manjar congelado de múltiples sabores, por supuesto que iría, asentí sin pensarlo dos veces pero luego paso por mi cabeza el okama bar, ya le había prometido a Iva que le ayudaría con los clientes, bueno, de una u otra forma me las arreglaría para llegar. Arrastré los pies hasta que llegue a sentarme al aula y noté que ni Eustass ni Perona habían llegado aún, suspire, quince minutos o menos que pasaría sola…
Me senté frente a Koala para hablar de tonterías, no sé, ella no hablaba mucho conmigo aunque teníamos conexiones en común, Sabo era amigo de ambas (más de ella) así que eso valía para hablar ¿no?
— ¡Koala-san! —Dije emocionada, ella me observo con curiosidad y dijo mi nombre por lo bajo, parecía estar escribiendo unos memos en un cuaderno— ¿Qué haces?
—Memo, —respondió— hablando de eso —no sabía exactamente de qué iba la conversación— ¿tienes dinero?, es para una fundación muy importante.
—Oh, bueno, no es como donar sangre —saque mi cartera del bolsillo y fijé en que solo tenía dos berries, ¿desde cuándo dos berries servían para algo? Ni siquiera me serviría para el pasaje para llegar a casa, ni para el helado, mucho menos para la fundación de la que hablaba Koala, sudaba frio, no podía creer que tendría que caer bajo y pedir dinero a alguien. Al instante Eustass cruzo la puerta y fue como si el Señor me hubiese enviado una señal musité un "ahora vuelvo" y me arrodillé ante Eustass.
— ¿Qué tienes, me pedirás matrimonio? —ante aquella pregunta muchas de las personas nos observaron extrañados pero no me importaba, si había algo que nos caracterizaba a Eustass y a mi es que ambos nos seguimos la corriente en las estupideces que cometemos.
—Así es, quiero pedir tu mano en sagrado matrimonio para poder tener una noche caliente contigo legalmente —Dije tomándole la mano, me había pasado pues eso significaba mucho para ambos. Nadie tiene una noche con cualquiera, bueno él sí, yo no.
—Pero qué dices, para tener una noche no necesitas casarte —Y ahí va él, ya sabía yo que me diría eso.
—Pero yo me quiero casar.
—Ni de broma, ¿acaso me has visto con alguna chica con actitud a macho cabrío? —Vale, eso sí que me había enojado de cierta manera, golpee su cabeza fuertemente.
— ¿Quién es macho cabrío? —él se intentaba sanar la zona afectada.
—Y vas y lo preguntas —nos miramos con enojo para luego sonreír a carcajadas.
— ¿me prestas dinero? —Extendí mi mano, él solo me observo como si estuviese loca— Vamos, si no tienes dinero ¿Cómo compraste los dos cafés?
—Amenazas —dijo simplemente, claro, cómo no iba a saberlo si era de lo más obvio, baje la cabeza y le musite un "inservible" que quizás no escucho, le di mis únicos berries a Koala y me declaré oficialmente en quiebra, podría haberle pedido a Trafalgar pero no le tenía esa confianza. Antes de llegar el maestro, Perona llegó y me lanzó una mirada de furia de la cual no me quería enterar del motivo, sólo rece porque tuviese dinero en el bolsillo, terminaron las clases y yo guardé todo lo que tenía en el bolso. Les había pedido dinero a muchas personas y, al parecer, ninguno tenía ni siquiera para ellos mismos, suspire.
Me detuve en una ventana del instituto y miré hacia abajo, los árboles se veían tan pacíficos moviéndose de esa manera en el jardín cubriendo a las personas.
—Oye, ¿Por qué no has bajado? —una voz gruesa me llamó.
—A eso iba, Zoro, pero… —suspiré nuevamente, creo que me desinflaré si continúo así.
—Pero… —me animo él a continuar.
—No tengo dinero.
Él se unió a mí, observando también el jardín.
—Yo… —lo miré—…pago.
Reí a carcajadas a más no poder, él, el chico con la deuda más grande en el mundo pensaba pagarme a mí un helado.
— ¿de qué te ríes? —gritó molesto.
— ¿en serio le deberás más a Nami-san por pagar mi helado? —limpie las lágrimas que se habían escapado de la risa. Él pareció dudarlo por un instante.
—Si quieres tú puedes entrar en deuda con ella —sonrío.
—No, no —una deuda con Nami sería una deuda con el mismísimo demonio— paga tú, la próxima invito yo…
Ambos nos dirigimos a la entrada riéndonos de ridiculeces que ambos hacíamos hasta…
—Estudiantes —nos llamó una voz que ambos conocíamos bien.
—Profesor Mihawk —dijimos sorprendidos.
Nos habló de las clases que habíamos perdido y que, si faltábamos otra clase del club, estaríamos fuera. Ninguno quería estar fuera pero tampoco queríamos ir mucho a sus clases. Caminamos hasta la entrada y cuando por fin llegaron los demás comenzamos a contar anécdotas y de cómo sería el helado que escogeríamos, al parecer Luffy quería un banana Split, que le iba al dedo con su apellido "Monkey", un mono comiendo banana Split, perfecto…
Todo lo demás transcurrió con tranquilidad, si es que estar con los mugiwaras es tranquilo. El helado que pedí estaba fuera de mis gustos pero realmente no quería exigir demasiado al pobre y endeudado Zoro, una tinita de vainilla estaría bien, ni siquiera tenían el chocolate que yo deseaba para las tinitas, frente a la heladería había un parque y decidimos sentarnos allí a comer, yo no quería ir porque se me estaba haciendo tarde, pero me dio igual porque sabía que el okama bar cerraba a las dos de la mañana.
— ¡Oigan miren, miren! —Luffy comenzó a hacer maniobras con su helado de fresas y kiwi, pronto Usopp y Chopper comenzaron a imitarlo, reíamos muchísimo, mis mejillas dolían.
Sanji no perdía oportunidad para coquetear con todas las chicas, yo me alejaba de él y me quedaba al lado de Zoro para evitarlo, me molestan el tipo de personas que se enamoran de todo el mundo a su alrededor, aunque él de cierta manera era cómico. Culminé mi helado y me apoyé de Zoro fingiendo dormir, la verdad es que el helado se me había subido a la cabeza congelando mi cerebro.
— ¡No es justo, Danharu-san debería estar así conmigo! —escuché decir a Sanji, no quise siquiera subir la mirada, estaba demasiado cómoda como para hacerlo.
— ¿Uh? ¡Esto no lo hacen contigo por ser un cocinero pervertido! —respondió Zoro.
—Si sigues hablando me vas a despertar —murmuré por lo bajo, él pareció hacerme caso.
—Wooo~ —las voces de los demás chicos se escuchó— Zoro le hace caso a Danharu.
—En verdad ella debe ser "Jigoku"* —Comenzó Luffy.
—Sí, es Jigoku*, sin duda —culminó Usopp, no hice caso sólo seguí pensando y pensando…
Olía bien, a bambú quizá. No iba a preguntarle su perfume pero sí que le quedaba bien al espadachín. Todos nos despedimos en la parada de autobús, yo afortunadamente no tenía que caminar mucho para llegar al okama bar que dirige Iva.
La estructura del local era totalmente extraña, por fuera mantenía un ambiente serio (teniendo toques rosas, por supuesto), pero al entrar te podías encontrar con un montón de colores que expresaban la diversidad y libertad que allí hay.
La mayoría de los travestis que allí se encontraban me conocían, por otra parte los homosexuales no me comprendían y las lesbianas muchas veces querían que me les uniera en la bebida, nunca les hacía caso.
Me acerqué a la barra y llamé a Inazuma.
—Inazuma —grité— ¿Dónde está Iva?
—Yo estoy bien, Emporio-chan —Él y su mala actitud, yo nunca me había llamado a mí misma por ese apellido y él lo sabía muy bien, pero cada vez que él se molestaba por algo que yo hacia él me llamaba de esa manera y así ha sido desde que tengo memoria.
—Vale, vale. Me alegro que estés bien —lancé mi mochila por arriba de la barra— ¿Dónde está Iva?
—En su despacho, pero tiene una reunión privada.
Siempre tenía reuniones privadas, a veces me preguntaba si él no estaría haciendo algo de trabajo ilegal allí dentro del despacho, quité esas ideas de mi mente mientras limpiaba las mesas desocupadas y pasaban más okama dentro del local.
*Jigoku: Infierno, infernal.
N/A: ¡Capítulo súper, ultra, mega largo!
Aprovecho para preguntar, ¿Qué parejas les gustarían que se formasen en el fanfic? ¡Créanme que sus plegarias serán escuchadas así que dejen reviews!
