Vivaz memoria

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El invierno, para Kurama, era una temporada pesimista.

Un periodo de algunos meses, orientados en la posición del Sol, que se aproximaban temiblemente sobre sus inocentes criaturas y la Naturaleza misma. Era cierto que la Naturaleza tenia algunos hijos que soportaban mejor el frió, que se cubrieran de hielo y protegían todo el invierno hasta derretirse en la siguiente temporada, y hasta algunos que necesitaban del invierno, pero el no. Kurama tenía pocas a su disposición, muy contadas eran sus semillas que daban origen a ese tipo de plantas, a esa inmunidad misteriosa y asombrosa tenían para sobrevivir.

Para él, el invierno era la mudanza de sus criaturas, un tiempo de inactividad de sus poderes, una temporada de semanas enteras en las que solo podía encerrarse y esperar la siguiente temporada. En otras palabras, la soledad era la única palabra con la que podía darle un significado amplio y certero al invierno, porque era soledad lo que cargaba cada entrada del frió, la lluvia, la nieve, la caída de los pétalos helados...De peor manera lo habían tratado las últimas semanas, brindándole un frió extremo y total cuando despertaba por las mañanas, gritando y sudando luego de una pesadilla. Pero no cualquier pesadilla. Kurama se dio cuenta.

No habían sido pesadillas, fantasías ni premoniciones, siempre habían sido recuerdos, vivencias. Una vida. Su vida. Sentía que eran una pesadilla porque al despertar le dejaban dolor y confusión. Creyó que fueron fantasías porque eran imposibles, improbables al cien por cien. Premoniciones porque recientemente había conocido a Hiei y se imaginó que tendría esa vida con él, que sentiría esos sentimientos y diría esas palabras, pero no eran premoniciones. Eran recuerdos.

Cayó de rodillas. Sus pantalones se mojaron por la nieve derretida pero nada le interesaba más que la migraña que volvía para torturarlo y las imágenes que se le aparecían en la mente, desde algún lugar de su cerebro.

Toco la puerta con manos temblorosas. Estaba en su subconsciente. Youko lo contemplaba de lejos, dispuesto a intervenir si hacía falta. Las manijas pronto estuvieron desprovistas de espinas y su fuerza de voluntad abrió la puerta. Tuvo otro recuerdo, otro ataque que amenazaba con desarmarlo pero lo soporto y temerariamente avanzo,… y entonces...

Grito. Las imágenes se organizaron en una secuencia de tiempo ordenada, tenían color y nitidez, cobraban sentido...Las voces, las reconocía, las caras, las escenas, los lugares...Todo le pertenecía.

La memoria sellada se había desatado dentro de su cabeza y no podía hacer nada, ni siquiera encontrar un escape a ese lacerante dolor emocional que lo golpeaba cada vez que las escenas se iluminaban, se coloreaban, conseguían el sonido de fondo y las palabras se oían coherentes... Vio a su madre más adulta, distinta a la que vio un mes atrás, cuando le dijo que iría a la universidad. Vio su transformación de Youko, controlada y perfeccionada, ejecutando alguno de sus hurtos, un robo que había olvidado y que había sido fundamental en esa vida. Vio una casa decente, cortinas a docenas, una habitación vacía y un guardarropa de indumentaria negra acompañada de otras de color. Se vio a si mismo hablando con Yusuke, peleando con demonios distintos a los que había tratado, vio a Hiei a su lado y podía jurar que se estaba quejando, poniéndose nervioso por las muecas que dejaba ver en su cara. Escucho el feliz cumpleaños que le dedicaba su madre, escucho a Yusuke pedir su ayuda para declarársele a Keiko y escucho las ingeniosas excusas de Hiei antes de marcharse por la ventana o la puerta, sus bufidos de impaciencia.

Sintió todas las emociones y sensaciones posibles, todo lo que podía sentir un ser vivo en toda su vida…Esa fue su vida, una vida que habría tenido cuatro años adelante. Una vida en la que conoció a Hiei en su último año de la universidad, una vida en la que se casó con él por obra de un juego...Una vida en la que Hiei lo buscaba para matarlo y en el que lo perseguían sus enemigos y el Rekai porque jamás accedió a ser Detective Espiritual; una vida en la que Youko buscaba la vanagloria con el mayor logro de la historia...

Todo regreso a su mente.

Pero el dolor continuaba. No se iría, a menos...

- Aparece, Hiei.

Sin darse cuenta, su cabellera estaba bañándose de los fragmentos blancos que caían del cielo. Nevaba otra vez, tal como una lluvia triste. Ya no le importaba el sitio ni las condiciones, solo que apareciera, que estuviera cerca... Quiso mirar el cielo y encontró a Hiei delante suyo. Su capa negra seguía la brisa helada y sus botas estaban hundidas en los charcos de agua.

No supo cómo mirarle, ni siquiera se movió. Solo había deseado verle; no pensó qué hacer cuando lo tuviera en frente.

De un abrupto, se puso de pie y lo agarro de sus prendas para abrazarlo, hundiendo la cara entre su hombro y el cuello, abrigado por la bufanda. Lo brazo fuertemente, pasando sus manos por la columna dorsal del joven, palpándola para confirmar que fuera real.

- El vacío...

- ¿Hn?- Hiei apenas pudo decir algo, lo tenía firmemente aprisionado contra él.

- El vacío que he sentido todo este tiempo fue por ti. La soledad, la ansiedad y hasta la desesperación, la paranoia... Siempre fuiste tú. Me sentía vacío e incompleto. Me estaba volviendo loco.

El kitsune lo soltó y encaro.

- Tú...

"No me olvides", recordó de pronto. Kurama amplio los ojos, cayendo en cuenta que Hiei no lo evadía, ni hacia preguntas.

- ¿Me recuerdas?

Hiei se restó a mirarle, de un modo que no le gusto.

- Hiei. ¿Me recuerdas?

- Si- musito, casi imperceptiblemente.

Kurama tomo su mentón con la mano libre y vio algo increíble.

- Cumpliste...lo que dije...- balbuceo, perdiéndose en un mar de interrogantes- ¿Desde cuándo?

Hizo una mueca ante la pregunta, como si de un ataque al abdomen se tratase, y en vez de evitarle la mirada se quedó allí, dejando que lo contemplara con toda la incredulidad y desconcierto que fue capaz de transmitirle en ese momento.

- Hiei… ¿Hace cuánto lo sabes?- Tuvo el deseo de gritarle pero se moderó, creyendo que había un error, que debía tratarse de una equivocación.

- Kurama...

- ¡¿Cuándo recuperaste la memoria?!

Le sorprendió el grito. Lógico. Y sabía que la respuesta no iba a gustarle nada.

Podía sentir el temblor en las manos de Kurama, su inquieto y nervioso agarre, sus ojos de gran expectación, esperando que hablara. Hiei lo sabía. La reacción de Kurama lo había tomado por sorpresa, pero tampoco podía esperar que continuara siendo el tranquilo y paciente en esa situación. Eso habría sido pedir mucho, mas conociendo el lado emocional del pelirrojo.

- ¡Hiei! ¿Cuándo...?

- Hace un tiempo- exclamo, molesto por la insistencia. Entendía lo que le sucedía pero tampoco era para exigirle a gritos toda la verdad- Sé quién eres hace un tiempo.

- ¿Lo sabias? ¿Y no me dijiste?

- ¿Me hubieras creído?

- ¡Si, te creería! ¡Y pudiste demostrarlo, además! No me mires así, cuando toque tu Jagan vi fragmentos de mi memoria sellada en mi mente, tu Jagan de alguna manera me hizo ver detrás la puerta de mi subconsciente.

Hiei no le entendió al decir "sellado en mi mente" o "la puerta del subconsciente" pero si sobre lo que su Jagan era capaz de lograr. Iba a decir algo cuando Kurama se lo impidió, agregando:

- ¿Esos son los secretos del Jagan? ¿Puedes ver hasta el más mínimo recuerdo y pensamiento que tengo?

- Se supone que eso sucede con las mentes débiles.

- Pensé que era el futuro. El Jagan también es clarividente- Se pasó una mano por su frente, desarreglando sus cabellos, no sabía que pensar exactamente al respecto. ¿Hiei sabía lo que habían vivido juntos y no le dijo una palabra cuando lo descubrió? No lo concebía como cosa suya- Creí que era nuestro futuro pero era nuestro pasado. Irónicamente, un pasado que se supone que tendremos en cuatro años.

- ¿Qué demonios viste en mi Jagan? Y a mí no me culpes de las alternancias del tiempo, ¡fue ese maldito pájaro!

- Lo hecho, hecho esta. En este mundo y en este tiempo ya no existe ese demonio, no hay nadie a quien culpar.

- Me culpas a mí- replico el demonio de fuego, viendo cómo se alejaba para pensar con calma.

- ¿Porque no actuaste?- interrogo, deteniéndose, ansioso por saber. La migraña había desaparecido para ser reemplazada por un tren de dudas inagotables- Cuando descubriste quien era y recuperaste la memoria, ¿Porque no me la regresaste?

- No es...

- ¿No sabias cómo?- interrumpió, hablando un poco más fuerte. Hiei le contestaba en voz baja y esa no era una buena señal- Hiei, contéstame.

- Porque no quería esto. No buscaba verte- gruño en voz firme. Alzo un puño, confirmando la sinceridad de sus palabras y el fastidio que le producía expresarlas- Yo no quería esto, no quería pensar que esos bobos y detestables sueños eran del futuro, y tampoco te quería a ti en ellos- exclamo, gruñendo entre dientes- Tanto quieres la verdad, bien, es esta. No hice nada para ayudarte a recordar porque no quería que lo hicieras. Que no supieras nada hubiera sido mejor a este disparate. Prefiero no recordar nada. Los recuerdos no tienen significado más que para ti, porque a lo que a mí respecta habría elegido no saber nada.

- Eso...no es verdad. Mientes.

- ¿En serio? No quiero esta memoria, la repudio. Recordarte a ti era lo último que habría querido hacer. Quiero olvidarte- Hizo una mueca, carente de emoción, escondiendo sus manos bajo su capa- A ti y a esta mugrosa memoria que nos acosa.

- No es solo memoria, Hiei. Es nuestra vida- Contra las rudas palabras del youkai, encontró la fuerza para replicarle, contra el hueco de angustia y dolor que se llenaba con sus desprecios- Tuvimos esa vida juntos. Se suponía que el deseo de hombre era que no nos volviéramos a encontrar, olvidándonos del otro y que nuestros caminos jamás se cruzasen pero lo hicieron. Nos cruzamos, Hiei. El hechizo o lo que fuera que hizo ese demonio no funciono, solo nos devolvió años atrás de conocernos. Pero es más que eso, en vez de encontrarnos en cuatro años nos conocimos ahora, ambos detectives espirituales, empleados del Rekai, sin un tesoro en medio y sin brechas entre fugitivos de la ley. Nadie me persigue a mi o a Youko en esta nueva realidad, ni siquiera recordaba a los Cuatro Elementos o la historia del Amo de la Naturaleza, y tu estas aquí. ¿No es curioso?

- ¿De qué hablas? ¿Dices que algo del tiempo o del destino nos reunió aquí?

- Algo así. Como...una segunda oportunidad.

- Continuas siendo un ningen- entrecerró los ojos, fastidiado- Como suponía, esa memoria te influyo y crees que lo que sientes ahora es real pero no es cierto, Kurama, tu no sientes eso por mí.

El kitsune de cabellos rojos temió la insinuación que conllevaban esas palabras. Le asusto su significado.

- Hiei... Es real.

- Hn- hizo un sonido entre dientes sin gracia alguna- Alguien como tú, astuto ladrón, ha caído en una trampa. No estoy diciendo que no haya sido real, lo fue, pero eso fue en otro mundo, otro tiempo, ya no pertenece a esta nueva situación. Ya no nos pertenece. Es un recuerdo por el que sientes nostalgia por tus bobos sentimientos humanos: no significa que sea real ahora.

- ¿Qué quieres decir?- Su voz se hizo trémula ante la posibilidad de lo que Hiei estaba sugiriéndole.

- Quiero decir que no deseo volver a recordar nada sobre eso jamás y, por supuesto, tampoco repetirlos. Desde ahora, lo olvidare. A ti y a esa vida tan nauseabunda.

- ¡No hagas esto! Esa memoria fue y es parte de nosotros, no es solo un mero recuerdo y no vamos a destruirlo,... lo que sentimos es tal y como entonces.

- ¿Sentir? Habla por ti. Para mí, es solo un recuerdo que deseo olvidar. Y tú, deberías borrar eso también.

La oscura figura del demonio desapareció, dejando una sombra de donde había estado y la marca de sus botas.

- ¡Hiei!

No comprendía. ¿Hiei buscaba olvidar? ¿Cómo olvidar el único recuerdo que importaba? ¿Quería deshacerse de eso? No era la memoria lo que lo impulsaba a sentir un cariño especial por él, era un afecto que tuvo desde siempre, desde el instante que lo vio a los ojos y supo que quería quedarse con el.

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A la hora de reunirse, Kuwuabara comentó que Yusuke había cenado temprano y que se encontraba afuera, entrenando su agilidad en la nieve, en preludio del rescate.

Kurama no bajo a cenar, lo que extraño a más de uno y del que Kuwuabara agradeció el plato sobrante. El kitsune sabía que hablaban de él y de sus cambios en el manejo de la operación. Hasta Yusuke, volviendo de la intemperie con el pecho al descubierto, había admitido que no se comportaba como el mismo y que debían tener cuidado porque Kurama podía equivocarse y eso les costaría el rescate de Keiko. Kurama estaba de acuerdo pero no podía hacer mucho para cambiarlo.

En la tarde, aprovecho salir para recoger a las semillas mágicas que había arrojado con anterioridad por el territorio de nieve, encontrándolas rápidamente porque había dejado un pequeño yoki dentro de ellas, tanto para saber dónde estaban en un momento de crisis como para llevárselas y cambiarlas de lugar si era necesario. Kurama guardo algunas en una pequeña bolsa, en su pantalón y mochila, en tanto las demás las escondió en su cabellera.

Debía irse preparado. Buscando a Keiko sin dudas se encontrarían con más conflictos que pormenores y no iba a repetir la misma vergüenza otra vez. Menos ahora, cuando Yusuke estaba tan desesperado que hasta le exigió a Botan, muy serio, que le daba plenamente igual si Koenma les concedió o no el permiso para salir de la jurisdicción de Japón y tratar con la Organización de la Fuerza de Hike directamente, en territorio inglés y en busca irrefrenable de la castaña. La opinión de Koenma ni su permiso importaban para este caso, pero lo que Kurama temía era que, en vez de enviar ayuda, aparecieran espías de la Fuerza Especial o peor, que alertaran a los Detectives Espirituales de ese país, imposibilitándoles el libre procesar de la misión. (Como si solo en Japón sucedieran cosas sobrenaturales...)

- ¿Puedes quitar la vista de la ventana y dejar de verte como la doncella en espera?

- Lo intento.

- ¿Y porque no empiezas apartándote y corriendo las cortinas? Me avergüenza verte así.

- ¿Acaso tú no eres yo?- Kurama finalmente se alejó de la ventana, y miro al ladrón- Sabes lo que siento, ¿O piensas lo mismo que Hiei y quieres que olvide todo?

- Esa es tu decisión… Como si me gustara esta situación.

- Pues acostúmbrate, ¡no voy a olvidar!

- Esa determinación no te ayudara.

- ¿Porque Hiei quiere olvidar? ¿Lo que pasamos, una historia, los años juntos? ¿A mí?

Youko suspiro, bajando las manos a los costados de su cintura. Se sentó a su lado.

- Siempre hemos sido de pensar mucho en los detalles y buscar opciones. No dudo que ya tengas tus teorías.

- No puedo creerlas.

- Son justas y razonables.

Kurama lo miro incrédulo.

- ¿Cómo es posible que digas eso? Tú también lo viste, estuviste allí cuando la memoria exploto en mi cabeza.

- Recuerda que somos dos mentes separadas. Tú tienes tu parte y yo la mía. Lo que yo sepa o recuerde es parte de mí, pero a diferencia de ti puedo separar lo que quiero que sepas y lo que tienes que saber. Nuestra memoria es un océano, Shuichi, cada uno tiene su punto de embarque y su puerto final. Chocamos y combinamos las aguas de nuestro conocimiento y recuerdos pero gradualmente nos separamos de nuevo. La diferencia es que yo tengo control sobre las olas de mi parte, mientras la tuya es terreno de pescadores ilegales.

- ¿Dices que tengo una mente fácil?

- No, pero para mí, sí, muy fácil.

- ¿No sientes nada por esa vida porque nadie puede culparnos de nada ahora? Si, Youko, tú serás libre, pero te lo recuerdo: yo estoy casado.

Youko lo había estado viendo con una seriedad digna de que iba a golpearlo en cualquier momento pero al oír las últimas alusivas se carcajeo divertido.

- ¿Estas casado? Este no es ese mundo, esa realidad ya no existe.

- Para mí sí, es real.

- ¿De qué hablas? Sentí tus ansias de llorar al oír sus frías palabras y si estuvo actuando lo fingió muy bien…En fin, evitemos ese tema sino dramatizaras y pasaras toda la noche con los ojos puestos en la ventana. El no vendrá.

Kurama negó con la cabeza, terco.

Youko lo miro significativamente.

- Tú sabes que no volverá...Porque él no te ama.

Era doloroso…Muy doloroso que otra parte de ti te dijera eso.

- Es nuestra segunda oportunidad y será la definitiva. A ti también te importa, ¿cierto?- El demonio lo callo con un dedo en sus labios y luego en los suyos propios- ¿Y eso?

- Ese es mi secreto, Shuichi.

Era extraño. Tenía de compañero y amigo a un demonio que cohabitaba en su interior. Sin embargo, dejo de pensar en él al volver al mismo tema de la semana. Hiei. ¿En qué pensaba? ¿Dónde estaba? ¿Qué hacía? E inconscientemente volvió su vista a la ventana, recordando vivamente todas las veces que habían vivido juntos.

Ahora que lo pensaba, ¿no que Higurashi había destruido sus recuerdos? Pero entonces,… esos eran los recuerdos de Youko, las memorias que el conservaba. Kurama frunció el ceño. Su otro yo le había estado robando la memoria.

"Eres un maldito", le dijo en pensamientos.

"De nada, Shuichi".

Se habría quedado despierto toda la noche reviviendo los recuerdos, sin embargo, el cansancio de ese día agotador pudo más y se cubrió con la manta antes de cerrar los ojos y dormir.

Una presencia con esencia de yoki apareció en la habitación y Kurama se levantó en alarma, quitándose la manta de encima para llevar su mano a su cabello.

- Kurama.

Inmóvil, reconoció esa voz.

La oscuridad del cuarto se fundió con los colores provenientes de la ventana y creo destellos azules, un fondo azul oscuro en todo cuanto podía ver.

Kurama contuvo el aliento.

No creía que fuera real, esperaba que Youko lo sacara de ese sueño de esperanza, y al mismo tiempo deseaba quedarse allí para vivir de la mentira.

Ante el silencio, pudo ver la indecisión en los ojos de Hiei, la duda entre quedarse o irse,... Se acordó a que había venido y decidió hacerlo rápido, lejos de esos sentimientos que amenazaban con consumirle de nuevo.

El kitsune casi respingo cuando lo vio acercarse. Temió lo que pudiera hacer. Si Hiei le había dicho que lo odiaba, que repudiaba la memoria que compartían, ¿pensaría lo mismo que aquella vez y había venido para matarlo? Ojala que no, pero la lógica de esa posibilidad era innegable y Kurama se sintió poco alentador.

¿Defenderse, debería defenderse? No. Jamás podría liberarse de Hiei.

Hiei llego a la mesilla de noche y lo miro en la oscuridad, levanto su mano derecha y Kurama no supo que estaba haciendo hasta que descubrió un brillo rojo y el asombro fue espontaneo. Entre sus dedos estaba colgada la pulsera que había perdido. El hermoso brillo sedoso de la gema de Nograd ilumino el cuarto por un momento.

La mano de Hiei continuaba tendida, esperando que recogiese la joya. Irónico, estaba seguro que en vez de devolverle la gema se la hubiera arrojado en la cara, tirado al suelo, gritado un insulto sobre lo que esa gema representaba e irse por donde sea que hubiera entrado. Pero, no hizo nada de eso.

Continuaba allí, presente y real, el escenario a color azul y la mano de Hiei esperando a que recogiera la piedra preciosa y acabara con todo. ¿De verdad, acabar así con todo?

Con lentitud, alzo su brazo y en vez de tocar la cadena o la gema en sí misma, poso su mano sobre la del demonio, sonriendo ante su sorpresa, quedándose así unos segundos antes de decidirse y coger la cadena, llevándose a Hiei en el proceso. El demonio casi pierde el equilibrio, logro detenerse a tiempo, antes de cortar la prudente distancia para con el kitsune. Se maldijo. No quería eso. No deseaba volver a eso.

Kurama tomo la pulsera. Se relajó. Hora de marcharse. Sonaría a cobardía pero prefería alejarse de Kurama a quedarse más tiempo en su mismo espacio, con su presencia peligrosamente y amenazadoramente cerca. Simplemente estar cerca de él lo intimidaba.

Vio a Kurama a los ojos, sereno y callado, admirablemente valiente a soportarlo todo, besando su mano como un devoto. Su interior tembló en una sacudida al ver eso.

Esas manos de naturaleza hostil lo empujaron para atrás, el choque bruto de su pecho contra su cuerpo lo hicieron perder el equilibrio y no cobro noción de otra cosa que no fuera su calor, su toque, su rudo beso que tentaba terreno al sentirlo sobre él, cayendo juntos. Deslizo un brazo por la espalda de negra capa y aprisiono detrás su cuello para acercar su cara- aunque ya era imposible que se acercaran más-. Ante sus ardientes caricias, le recorría un espasmo de calor. Su beso era apasionante, desesperante como el suyo.

- Te extrañe- susurro, entre el beso sofocante.

Con poco espacio para respirar, Hiei toco su frente con la suya propia, con la huella de la existencia del Jagan, y cerró los ojos.

Escucho un murmuro silente entre los labios del joven demonio de fuego y sonrió. El jamas hablaría de amor, no deseaba palabras bonitas de su parte, después de años de vivir a su lado sabía que no obtendría nada de eso.

En cambio, le sucedió un beso menos brusco, repleto de mensajes, aferrándose a su cuello al tiempo que le despojaba de la ropa y entrelazaba los dedos en su cabellera, con la piel ardiéndole ante el camino de esas manos sobre su piel. La cercanía ya era imposible de igualar, especialmente con ese calor envolviéndolo de nuevo…

Cuando lo vio detenerse, quedándose a observarlo intensamente, le dijo en voz delicada que lo amaba y el, en vez de responderle, beso la punta de sus cabellos. Era suficiente declaración.

Esa noche fue la primera vez que hicieron el amor en ese nuevo mundo.

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