Petricor
Capítulo 9: Síndrome de Estocolmo
Disclaimer: Dragon Ball ni sus personajes me pertenece. Esta historia está hecha sin fines de lucro.
Videl jamás esperó que el medio saiyajin medio humano llamado Gohan le fuese a decir que la amaba. Había sido una sorpresa y no había sabido como tomar sus palabras.
Ella no sentía lo mismo.
¿Debía mentirle y decirle que era correspondido? No, ella no era esa clase de mujer.
¿Debía rechazarlo? Era la opción más prudente, después de todo él era el enemigo, aún cuando en medio de su declaración le había dicho que a su regreso la ayudaría a escapar.
Sin embargo Videl Satán prefirió no dar una respuesta al muchacho y volver a la comodidad de su habitación compartida, refugiándose en medio de las mantas que la protegían del frio de la noche. Pensó muchas cosas bajo las cobijas, como por ejemplo, que de todas formas ya eran algo con Gohan, pues el último mes se llevaban besando a escondidas en innumerables ocasiones.
Videl podía saber el estado de ánimo de Gohan por la forma en que la besaba, una actividad que había aprendido y perfeccionado gracias al híbrido. Sabía que cuando estaba contento, sus besos eran fugaces, producto de la alegría del momento. Cuando estaba triste, la besaba con lentitud y profundidad, quizás buscando en ella la tranquilidad que necesitaba. Cuando estaba angustiado, la besaba con una necesidad arrolladora. Aquel día, sin embargo, la beso lentamente, como si quisiera recordar cada sensación que ella pudiese regalarle antes de irse, transmitiendo una calidez única y envolvente. Ella presentía que algo ocurría, pudo sentirlo, tal como él quería que lo hiciese. Se sintió plena, como si su alma estuviese en paz.
Nunca quiso realmente detener los ósculos del joven. Su mente le decía que debía de dejar sus actividades furtivas y concentrarse en cosas importantes, como por ejemplo buscar una escapatoria de aquel lugar, pero simplemente no podía dejarlo. En el fondo, sabía que se había hecho adicta a Gohan, a su comportamiento protector, su perfeccionismo al entrenar, su cansado mirar y absurdo actuar. Definitivamente lo iba a extrañar.
Trató de cerrar sus ojos para dormir, pero no podía. El hijo de Goku seguía apareciendo en su mente.
Sería una noche muy larga.
Al día siguiente, las terrícolas fueron despertadas por golpes iracundos en su puerta, que aumentaban en intensidad en cada segundo que pasaba.
- ¡Malditas mujeres! – Gritó una voz furiosa desde fuera de su habitación – si no están listas en un minuto, yo mismo entraré a buscarlas a desayunar.
Las mujeres se miraron con pesar. Sin el amable Gohan, su estadía en Vegetasei sería bastante diferente. Se arreglaron con rapidez y salieron al encuentro de su nuevo carcelero, un hombre adulto con marcados músculos, grandes entradas en su frente y largo cabello. La mirada de perversión atemorizó a Videl, que se agarró instintivamente del brazo de Mai.
- Mi nombre es Radditz, hijo de Bardock – indicó el hombre de manera petulante – y desde hoy seré su guardia de día. Cualquier incumplimiento a alguna de mis órdenes conlleva un castigo determinado por mí.
Definitivamente nuestra suerte ha cambiado para peor.
Radditz cumplió fielmente su palabra. Cualquier retraso, cualquier dialogo silencioso que fuese alcanzado a escuchar por el sádico saiyan, trajo aparejado un castigo a las mujeres.
Violet lucía un gran hematoma en su mejilla izquierda producto de una confrontación con el guerrero, que no dudo en castigarla por su insolencia. Mai caminaba con miedo a su lado, abrazando su cuerpo con temor. Videl, por su parte, lamentaba la falta de entrenamiento, pues el sádico guerrero había sido implacable con la negativa a entrenar unas sucias humanas. La única que no temía a su presencia era Lázuli, que mantenía su actitud de desgano.
- ¿No le tienes miedo? – le preguntó Mai una noche.
- Es un debilucho – respondió la rubia ordenando su cabello tras su oreja – para mí no es un desafío.
Videl, que ahora podía sentir el ki de los demás, estaba de acuerdo en que Radditz no era tan poderoso como el resto de saiyans, pero aún así tenía un poder de pelea superior al de ella.
- Podrás vencerlo con facilidad en unos meses – le dijo Lázuli una noche mientras la hacía entrenar su ki – con el entrenamiento necesario, podrás hacerlo.
- ¿Y tú, Lázuli? – Preguntó la muchacha de largo cabello negro - ¿Puedes vencerlo? Me has estado enseñando como usar el ki, pero jamás he podido sentir el tuyo.
- Y jamás podrás sentirlo, pues no soy humana completamente – le explicó la mujer mirándola fijamente a los ojos – soy un androide, creada en base a una humana, la verdadera Lázuli murió el día que yo nací.
- ¿Qué estás diciendo? – preguntó confundida la justiciera de ciudad Satán.
- Mi nombre actual es número dieciocho – contestó con simpleza – fui creada por un científico loco para destruir a Son Goku, quien me salvo de la muerte. Tengo energía infinita, por eso no puedes sentir mi ki ni yo el tuyo. Ha sido mi esposo quien me explicó lo que te estoy enseñando, pues él sabía que yo subiría a la nave del simio y tendría que ayudar a quienes estuviesen interesados en el escape.
- ¿Sabías que esto ocurriría? – volvió a preguntar Videl, sintiendo su rostro lívido y el mundo girar a su alrededor.
- No sé nada con detalles – dijo dieciocho – sé que Bardock ha estado planeando algo muy grande desde que fue a la Tierra por primera vez y los muchachos se han estado entrenando. Sé que debía venir en este viaje para vigilar que el mono no traicione a los chicos y para mantener a salvo a todas las mujeres.
Esto era mucho peor de lo que ella pensaba.
Era una conspiración.
- Dieciocho – dijo Videl a la mujer rubia, con el nombre que ella realmente se identificaba - ¿Goku está vivo? – preguntó con temor.
- Sí – respondió la rubia – Goku no falleció después de su batalla con idiota de Vegeta, ha estado entrenando todo este tiempo para recuperar a su hijo Gohan.
Recordó a Gohan y su expresión al hablar de su abuelo. Él lo admiraba, lo quería. Bardock había sido su gran apoyo en aquel inhóspito planeta cuyos habitantes lo despreciaban. De pronto, sentía mucha lástima por el muchacho. Había sido burlado toda su vida. El abuelo que lo había raptado y enseñado todo lo que sabía, lo ha estado engañando brutalmente. Le había hecho creer que su padre había sido asesinado. Lo había entrenado salvajemente, lo había hecho depender emocionalmente de él. Sintió una profunda rabia por el saiyan mayor y una inesperada nostalgia por el hibrido.
Te echo de menos Gohan.
Ella sabía que los saiyajin tenían sus mayores expectativas en su eventual embarazo. Su próxima gestación del heredero era bastante esperada por los guerreros. Sin embargo, en los cuatro meses que llevaba en tratamiento, no había señal alguna de gestación en ella.
Escuchó murmullos respecto a la decepción del rey, que ansiaba que la muchacha concibiera pronto. Videl, en cambio, se aferraba a la esperanza de no quedar embarazada aún.
Gohan volverá y me rescatará.
Lo echaba profundamente de menos. El rostro del mestizo se le aparecía en sus sueños, volviendo a profesar el amor que le declaraba. Soñaba con tiempos distintos, donde podía compartir su vida al lado de Gohan, en una gran casa en el campo, algo que jamás imaginó que querría para sí, una chica citadina acostumbrada al bullicio de ciudad Satán.
- ¡Felicidades! – Las palabras de los científicos Tsufur despertaron a Videl de sus pensamientos – está embarazada señorita Mai.
Videl se sintió bastante sorprendida por las palabras del llamado doctor Raichi. Mai, quien se había transformado en un gran apoyo en su estadía en aquel lugar, era la primera en concebir un nuevo hibrido saiyajin. Sin embargo, al observar a la mujer mayor, se dio cuenta que ella no se encontraba aterrada, como hubiese sido su propio caso, sino más bien tenía una extraña sonrisa en su rostro, como si pareciese feliz por la noticia.
Algo no estaba bien.
Un mal presentimiento la embargó y decidió investigar a su amiga. Hace un tiempo ya la había notado diferente, escapando en las noches al igual que ella, estando decaída. Lo último podía entenderlo ahora, pues se encontraba en cinta. Los escapes nocturnos los había atribuido a la búsqueda de caminos o salidas para la gran huida, aunque quizás, ahora que lo pensaba, podían deberse a otra cosa diferente, a algo similar a sus propias salidas cuando Gohan estaba aún con ella en el Planeta.
Esa noche decidió seguir a Mai. Identificó su ki y en cuanto vio que salía de la habitación, caminó tras ella conteniendo el aliento.
Por favor Mai no estés haciendo alguna estupidez.
El pavor se apoderó de Videl cuando vio a su amiga abrazando al guardia Celga, en medio de lágrimas y besos. Él le respondía con alegría, acariciando su cabello y luego su vientre. Tardó unos segundos en entender la situación. Celga era el saiyajin encargado de donar su semilla para inseminar a Mai pero ellos en cambio de habían enamorado en medio de corretajes nocturnos.
Tal como me pasó con Gohan.
La idea fue eliminada rápidamente de su cabeza. Ella no estaba enamorada de Gohan y tampoco podría tener un hijo de él.
Sus pensamientos volvieron a su amiga, que lucía radiante en compañía del hombre que amaba. No podía escuchar la conversación, pero era bastante probable que estuviese relacionada al embarazo anunciado el día de hoy. Decidió darles la privacidad que necesitaban y se dirigió con cautela a su habitación. Esa noche soñó con una hermosa bebé de ojos y cabello negro en sus brazos.
Tres meses después, Mai ya comenzaba a lucir una curva en su vientre y su felicidad era prácticamente papable para el resto. Estar embarazada le había otorgado una especie de inmunidad a los malos tratos de Radditz, que actualmente golpeaba a las mujeres con regularidad cuando no se encontraba de buen humor.
Videl sentía su costado izquierdo arder fuertemente luego de la golpiza que el saiyan le había dado el día anterior, luego que ella le dijese que Gohan era mucho mejor cuidador que él.
- Ese bastardo jamás será mejor que yo – le había dicho mientras golpeaba a la pelinegra.
Los Tsufur eran conscientes de los golpes que manifestaba con cierta regularidad en su cuerpo, empero, no trataban de ayudarla ni de curar sus heridas, aún cuando su estado de salud no permitiese el embarazo del heredero del rey.
Una vez, tratando de cubrir las espaldas de Mai, había discutido con Radditz en un intento de distracción a favor de su amiga. Casi había perdido un diente y había terminado con su nariz rota. En otra oportunidad, Radditz se había molestado debido a la lentitud con la que comía, por la que decidió desquitarse con ella golpeándola despiadadamente.
Esa noche, cuando vio a Mai salir de la habitación para su habitual reunión con Celga, Videl sintió el ki de Radditz a su alrededor.
No, Mai.
Miró a Dieciocho que mantenía su mirada fija en el techo y a Violet que ya se encontraba dormida antes de salir de la habitación corriendo en busca de Mai. Sintió que había más personas junto con Radditz y la desesperación se apoderó de ella.
La encontró, pero demasiado tarde.
Mai era sostenida por tres guardias del Rey, mientras que Radditz le tomaba la cara con expresión de burla y Celga se encontraba tendido en el piso, mientras un saiyajin le sostenía la cola y dos más afirmaban sus brazos. Videl se mantuvo escondida detrás de una pared, consternada y abrumada.
- ¡El Rey los condenará a muerte por esta ofensa! – Gritó el hombre de largo cabello negro – y a mí por fin me dará el reconocimiento que merezco.
Condenados a muerte.
Videl debía a buscar ayuda. Gohan estaba a miles de kilómetros de distancia y no conocía a ningún saiyan que estuviese dispuesta a ayudarla.
Excepto uno.
Corrió con todas sus fuerzas buscando al padre de Radditz. Sintió su ki en el invernadero donde se reunía con el nieto del saiyajin a escondidas. Lo encontró ahí recitando un extraño poema en otro idioma a una de las flores del lugar, con la mirada serena.
- Gine fue quien comenzó con este lugar – dijo el anciano sin dejar de observar la delicada flor en sus manos – y lo conservó hasta el día de su muerte, en la guerra contra Freezer. Ella no era una luchadora, era diferente, amaba la vida. Yo nunca vi su muerte en mis visiones y no pude salvarla – señaló con pesar.
- Mi amiga Mai – comenzó Videl a hablar, interrumpiendo al saiyajin – será condenada a muerte, debo salvarla, debes ayudarme, a ella si podemos proteger.
- No es posible Videl Satán – le respondió mientras dejaba la flor en su lugar – ella morirá mañana.
- ¡Podemos salvarla! – Gritó apretando sus puños, dejando que las lagrimas escapen de sus ojos – ayúdame, por favor – suplicó.
- No puedo – indicó el hombre mientras se giraba a la muchacha – y lo siento mucho – le dijo antes de golpear su cuello con delicadeza, noqueándola.
Cuando Videl se despertó al día siguiente, el dolor en su nuca le recordó lo acontecido. Se levantó con desesperación y quiso correr a buscar a Mai sola.
- Videl – la voz grave de Dieciocho la detuvo – ya está muerta.
- ¡No es posible! – gritó, cayendo al piso consternada.
- Nos informaron hoy en la mañana – contestó la androide – vino un soldado saiyan a avisarnos que no olvidemos que la pena por traición es la muerte.
- ¡Pero estaba embarazada de uno de ellos! – Chilló la otrora justiciera - ¡Debieron esperar a que diese a luz!
El llanto no le permitió razonar ni entender razones. Videl lloró hasta que sintió que no le quedaban más lágrimas y dejó de comer los siguientes tres días.
- El Rey se molestará con nosotros de permitimos que la humana siga así – dijo el Dr. Myu a su colega – en este estado jamás quedará embarazada.
- ¡No me interesan las órdenes del malnacido saiyajin! – contestó el llamado Dr. Raichi – es preferible que ellas no sean fecundadas por los inmundos genes de esos infelices.
- Pero si no lo logramos nos mataran – susurró el primer científico – y así jamás lograremos eliminarlos.
- ¡Y si lo logramos también lo harán! – Reprendió su colega – mientras más de ellos existan, menos probabilidades de venganza tenemos.
- ¿Qué sugieres hacer Raichi? – preguntó Myu.
- Un arma contra los saiyajins – contestó con una sonrisa.
Videl sentía como su cuerpo se debilitaba. Extrañaba a Gohan, extrañaba a Mai. No sentía las fuerzas para seguir luchado contra los saiyajin y se sentía absolutamente apagada. La Videl Satán que llegó a Vegetasei ya no existía. La muchacha que quería luchar con todas sus fuerzas contra el imperio saiyan había sido eliminada y ahora sólo quedaba una cáscara con la imagen de Videl. Ese caparazón con su imagen la saludo aquella mañana con grandes surcos negros bajo sus ojos, el cabello desordenado y la piel sin el matiz rosa que alguna vez tuvo.
Si Gohan estuviese aquí, podría haberme ayudado a salvar a Mai.
Pero él no estaba y no sabía cuánto se demoraría en regresar. Lo necesitaba tanto. Sin Mai y sabiendo que Dieciocho era una androide, la ausencia del hibrido se sentía aun más. Necesitaba de sus brazos y su apoyo. Y porque no, también extrañaba sus besos, su aroma y su sonrisa. Su corazón palpitaba ante el recuerdo del muchacho y su necesidad constante de él.
Si Mai estuviese aquí conmigo, me hubiese molestado con que estoy enamorada de él.
Se sonrojó ante tal pensamiento.
Bardock observó como la muchacha perdía su fuerza y energía habitual. Algo no estaba bien y sus planes se complicarían si la chica enfermaba debido a su lamentable estado de salud. No había comido en cuatro días y hoy, dos semanas después de la muerte de su amiga, de Celga y su hijo nonato, se mantenía con un mínimo de alimentos, más que nada obligada por orden de los Tsufur, y constantemente en cama debido a su estado anímico que no le permitía salir de ella.
Era el momento de hacer un movimiento en su enfermo juego de ajedrez. Los primeros peones habían sido sacrificados. Dos alfiles en camino y un caballo luchando lejos.
Es hora de mover a un Rey para que la Reina pueda desplazarse.
El Rey Vegeta se encontraba en la sala de trono, borrado como acostumbraba a estar desde la supuesta muerte de su hijo mayor.
- Mi Rey – dijo el anciano vidente mientras realizaba una reverencia al monarca – requiero de su autorización para emprender un viaje fuera del planeta.
- ¿Dónde piensas ir Bardock? – preguntó el hombre, mientras se tambaleaba sentado en su trono.
- Mis visiones me indican que en el planeta Pyks hay un mineral precioso que nos dará recursos para seguir con nuestra cruzada – respondió de manera sería.
- Permiso concedido – contestó el monarca sirviéndose vino en una copa – y antes que te vayas Bardock, una pregunta de tu señor.
- Dígame majestad – indicó el padre de Goku.
- ¿Cuánto más falta para que la hembra quede impregnada de mi esencia? – Preguntó con prepotencia el monarca – estoy harto de esperar un nuevo heredero.
- Sólo van unos meses mi señor – refutó Bardock con el ceño fruncido – queda tiempo por delante, no deje que la ansiedad lo embriague.
- Celga marcó a la mujer que estaba preñada – rebatió el Rey Vegeta bebiendo el contenido de su copa – y tú dijiste que tu hijo estaba unido a su mujer terrícola, ¿Estás seguro que no es necesaria la unión para que podamos reproducirnos? – preguntó con desprecio.
- Mi señor – respondió con calma el guerrero – si en un año ninguna de las otras mujeres logra concebir, será prudente considerar esa opción, mientras tanto, los Tsufur han indicado que no es necesario ensuciarnos con las terrícolas.
- Puede ser – dijo mientras llenaba una nueva copa con vino.
No podría seguir engañando al monarca por más tiempo. Debía moverse rápido, contactar a su hijo nuevamente en la Tierra y estar antes que Gohan regrese de Shamori. Por ahora, debía ver a la mujer antes de su viaje.
Radditz no había golpeado a las mujeres después de la muerte de Mai, no porque sintiese algún tipo de empatía con ellas y su dolor, sino más bien porque su propio orgullo al haber descubierto a un traidor lo llenaba de una especial complacencia. Por fin había podido demostrar que valía algo a sus pares y su rey.
Él no era un traidor como el imbécil de Celga, era un guerrero y salvador de su raza. Entrenar a los Shamori y permitir que los namek tomasen el control del planeta como su padre le pidió, no era un acto de traición. Bardock había sido honesto con él pidiéndole esta misión. El vidente le había explicado que debían limpiar a los traidores reales de su raza y los enviarían a Shamori a una muerte segura. Al ver a su sobrino alejarse de la humana que amaba, su nivel de satisfacción aumento considerablemente. Se imaginó a Gohan viendo como todo su escuadrón era asesinado y él, maltrecho, regresaba a Vegetasei humillado.
Había disfrutado desquitándose con ella, golpeándola. Romperle la nariz sólo era la punta del iceberg de sus planes con ella. Quizás incluso podría divertirse con ella una vez que Gohan estuviese muerto. La miró con lujuria mientras ella se incomodaba en su asiento del comedor.
Si, definitivamente se divertiría con ella.
- Radditz – interrumpió su padre al saiyan de largo cabello – debo llevarme a la terrícola de cabello negro unos minutos.
- ¿Por qué padre? – preguntó con molestia a su progenitor.
- Por mis visiones – respondió con hastío – debo preparar lo que el destino tiene reservado.
Videl vio al abuelo de Gohan acercarse a su mesa sin dejar de mirarla. Dejó su tenedor a un costado y se levantó de su asiento.
- No quiero hablar contigo – indicó con profundo desagrado.
- Vendrás Satán, debemos hablar – señaló tomando el brazo de la chica mientras la retiraba del comedor – hay una forma de salvar a tu amiga – susurró la muchacha.
- No hay forma de revertir la muerte – refutó Videl con pesar.
- Si la hay – reprendió el hombre mayor – y tu amiga junto con su amante podrán volver a la vida con ella.
- No puedo creerte – bufó la justiciera - ¿Qué clase de magia podría lograr aquel milagro? – preguntó con desconfianza.
- Las esferas del dragón – indicó Bardock – debes conocer la leyenda.
- Exacto, una leyenda – reprendió ella – no existen.
- Si existen – interrumpió a la chica de ojos azules – están en posesión de mi hijo Kakarotto, y viene en camino a este planeta con ellas.
- ¿Por qué me estás diciendo esto? – Preguntó con enojo la joven – has mentido a tu propia sangre, me dejaste sufrir todo este tiempo pudiendo explicarme lo de las esferas del dragón y por lo que entiendo, tu hijo no viene a hacer amigos.
- Yo amaba a mi mujer Gine – contestó el vidente – era lo que más amaba en el mundo y la perdí, teniendo el poder para evitarlo, no pude salvarla. Ahora te doy el conocimiento que el hombre que amas vendrá a rescatarte y ayudará a cumplir con mis propósitos.
- Yo no lo… - trató de decir ella.
- ¿Aun no lo ves? – Preguntó con ironía – pensé que los humanos eran más inteligentes – indicó dejándola nuevamente en la entrada del comedor, con pensamientos confusos en su cabeza.
Los siguientes cinco meses, Radditz volvió a ser despiadado con las tres mujeres que continuaban bajo su cuidado. Golpeó a Videl en varias ocasiones, la que se defendía tratando de golpearlo de vuelta, sin mucho resultado. Asimismo, cuando se topaban en los pasillos con las otras muchachas que se encontraban en la otra área del castillo, no dudaba en manosearlas y mirarlas con excitación enfermiza.
Cuando Videl se encontró con Lunch en un pasillo y le consultó por su situación actual, Radditz fue implacable en su correctivo contra la heroína.
- Así aprenderás a dejar de desobedecerme puta – le dijo mientras tomaba con una mano el largo cabello negro de Videl mientras que con la otra empuñó un ataque de energía que quemó el cabello de la justiciera.
Videl lloró amargamente mientras Dieciocho le arregló el desastre en su cabello esa noche. Con unas tijeras intentó recortar los mechones chamuscados de la joven, que se aferró a un solo pensamiento en su cabeza.
Gohan, ven a rescatarme.
Radditz estaba dispuesto a romper su espíritu, y ella no lo permitiría.
Podía golpearla, podía matar a sus amigas, podía arruinar el cabello que su amiga Erasa había ayudado a hermosear los últimos años, pero no rompería su alma.
Ella era Videl Satán y saldría victoriosa.
Había transcurrido ya un año desde que Gohan se había ido y aún no tenía noticas de su regreso. Bardock había vuelto un par de días atrás y la había mirado con pesar cuando se fijó en su corto cabello y el hematoma en su cuello, producto de un nuevo golpe de su hijo.
- Gohan volverá pronto – fue lo que él le dijo.
A ella le había costado entenderlo, pero Bardock había tenido razón cuando le dijo que ella estaba enamorada de su nieto. Al principio se había negado a aceptar sus sentimientos, pero cuando se recostaba en las noches, lo echaba de menos, extrañándolo profundamente. La necesidad que tenía de él había adquirido un nombre nuevo con el que llamar a ese sentimiento, aquel que nunca había sentido antes en la Tierra. Estaba enamorada de él. Enamorada de su captor.
Rió al pensar que se había enamorado del hijo del anterior campeón de las Artes Marciales cuando ella era hija del campeón actual. Una extraña ironía.
A veces se preguntaba, ¿Gohan seguiría enamorada de ella?, o ¿la amaría tanto como ella sentía que lo amaba a él?
Su ausencia solo había abierto sus ojos y acrecentado sus sentimientos por él.
Un año, dos meses y tres días desde la partida de Gohan.
Videl se encontraba mirando las estrellas por su ventana cuando un estremecedor ki entró a la órbita de Vegetasei. Nunca antes había sentido un poder así desde que había aprendido tal habilidad ni conocía a nadie tan poderoso para tener un ki así.
Nadie excepto él.
Salió volando por la ventana en busca de Radditz con un solo pensamiento en mente.
Vamos a arder juntos Gohan.
Él había vuelto al planeta.
Hola! Aquí Yuki! Esta semana no pensaba subir Petricor, estaba full con mi entrada para el concurso pero la inspiración cambio de fanfiction éste día jueves, así que decidí guiarme por la musa y avanzar con el capítulo que hoy subo.
Dije unos capítulos atrás que tenía planes con el personaje de Mai. Bueno, no eran buenos planes.
Siguiente capítulo narrará lo acontecido en la Tierra, con Goku. Aunque esta vez sí o sí irá después de Onironauta. (Ups, spoiler).
Toda sugerencia y crítica constructiva en bien recibida. Nos leemos y gracias a quienes han dejado review :D
