¡Hola! Aquí llego con el octavo capítulo. No quería tardar tanto en subir, pero con los exámenes no pude hacerlo antes. Aun así aunque tarde, el capítulo de este mes es más largo que el del anterior y espero seguir aumentando su tamaño en los meses venideros. Espero que os guste.
¡A leer!
VIII. Dudas
Mello despertó en una habitación tan blanca que al principio le cegó su brillo, alzó el rostro de entre sus brazos y se retiró la cortina de cabello dorado de los ojos, entonces, enfocó sus adormecidas pupilas de azabache y pudo ver frente a él un enorme ventanal, nunca le había gustado mucho el sol, pero llevaba tanto tiempo sin verle que a punto estuvo de chillar de felicidad cuando sus rayos dorados le cegaron. Pero entonces giró la cabeza hacia la derecha y su júbilo se desvaneció, encima de la mesilla había un marco de plata con la foto de una muchacha sonriente, no se había equivocado, pues podía reconocer perfectamente a la mujer que le dirigía una sonrisa congelada en el tiempo. Era Yagami Sayu.
L estaba sentado en cuclillas en un cómodo sofá mientras frente a él, Hikari jugaba con unos puzles, Kira le había llevado ropa y después le había dejado allí encerrado, vigilando a su hijo, el niño estaba construyendo con Legos una réplica del triángulo de Dios aunque estaba aún algo atrasado y eso que ya iba por la pieza tres mil. Durante un momento, Elle dirigió su profunda mirada negra hacia la salida donde dos guardias armados estaban situados a cada lado de la puerta, el niño parecía ajeno a ellos, pero para L era imposible no verlos, incluso cuando no estaba mirando. Uno de ellos le devolvió una mirada vacía de fanático y el ex detective se volvió a concentrar en el hijo de su enemigo. Hikari había salido a su padre, no solo en el aspecto físico, sino también en su inteligencia, como su prodigiosa construcción demostraba, al verle, el moreno no podía evitar acordarse de Near. Un nudo se formó en su garganta al pensar en el albino, llevaba tanto tiempo sin verle… ojalá estuviera bien.
Su tren de pensamientos fue interrumpido cuando el niño se lanzó hacia sus piernas abrazándole sonriente –No me estabas haciendo caso- dijo con voz acusadora pero son borrar la mueca feliz del rostro – ¿Miras hacia la puerta porque quieres ir fuera?- preguntó en voz baja, como si fuera un secreto, y L le miró sorprendido, no espera ser tan transparente para un crío tan pequeño –Ven- le dijo entonces Hikari tomándole de la mano y tirando de él para que se levantara. Le llevó hacia la puerta, y cuando el moreno pensaba que los guardias les iban a detener, estos simplemente se apartaron para dejarles pasar, aunque sí que les siguieron mientras andaban. Para Elle, andar encorvado nunca había sido un inconveniente, pero en aquel momento, haciéndolo por culpa del hijo de su enemigo, se sentía extrañamente ridículo.
Entraron en un ascensor que había al final del pasillo y Hikari le soltó tan solo para ponerse de puntillas y marcar el número cien, inmediatamente después las puertas se cerraron y el ascensor comenzó a bajar, tan deprisa, que por un momento L tuvo la impresión de que el suelo había desaparecido bajo sus pies.
Near miraba al hombre que lo cargaba como si se tratara de un fantasma, lo había visto morir, estaba convencido, junto con el resto de su equipo anti-Kira. Cuando L había escapado u desaparecido en los bajos fondos, él había intentado seguir con su legado sin llegar a darse cuenta de que si el mejor detective del mundo no había podido vencer a aquel cretino con ínfulas divinas, un niño como él, por muy genio que fuera, era todavía menos capaz. Había contactado con el moreno y otros oficiales de la ley para actuar, incluso en contra de los deseos de su mentor que le había advertido de que acabaría perdiendo. Le había creído acabado, y él…él se había creído con derecho a suplantarle.
Al final, L había tenido razón como siempre y por su culpa habían matado a su equipo cuando perdieron, o eso había creído hasta ahora.
–Gevanni- susurró mirando los profundos ojos grises del hombre, este sonrió un poco pero no le miró, el chico albino dirigió su propia vista en dirección hacia donde el moreno mantenía sus ojos fijos. Su boca se abrió por la sorpresa. Era su habitación, el cuarto al que le habían llevado después de su captura, con la puerta vigilada por guardias armados. Hasta entonces no había pensado en escapar, estaba preocupado y contento a partes iguales, y además confuso al sentir tanto aprecio por una persona a la que no solo no conocía en profundidad sino que al parecer, le había traicionado. Sin embargo, al ver la puerta ante sí, Nate no pudo contenerse, dio un puñetazo a su captor y pegó un brinco aterrizando en el suelo de culo, sin perder un segundo, se levantó y empezó a correr en dirección contraria.
Oyó gritar a uno de los guardias "¡Capitán!" y sintió nauseas, no podía creer que le hubiera engañado de semejante manera, que el hombre que le había llevado regalos y consolado cuando sus puzles se caían fuera un fanático. Llegó a la esquina y la dobló, pero no pudo llegar mucho más lejos, justo entonces sintió un poderoso brazo enrollarse en su cintura con tanta fuerza que salió volando hasta que choco contra el fuerte pecho de Gevanni, entonces pudo escuchar – ¿De verdad creías que te dejaría escapar?-
Cuando las puertas del ascensor se abrieron, L tuvo que cerrar los ojos al sentir los rayos del sol cegándole, se puso una mano en la frente y caminó unos pocos pasos, pero entonces la mano del niño le detuvo –Cuidado, si sigues andando caerás al vacío- dijo Hikari, y ante sus palabras, L abrió los ojos de nuevo viendo ante sí la abrupta abertura del nivel, y tras ella, la ciudad cuya vida seguía fluyendo. Nunca había sido muy amigo de las grandes aglomeraciones de personas, pero ver los coches, considerablemente disminuidos y las personas aún más minimizadas por la distancia, casi le hizo sentir libre de nuevo. Sintió los tirones demandantes del hijo de su enemigo y se volvió observando la naturaleza desplegada del jardín. Era una maravilla.
A través de las cámaras, Light observaba la escena con una sonrisa. La cara de esperanza del moreno era un soplo de aire fresco, y debía reconocer aunque solo fuera para sí mismo, que le parecía una escena hermosa en su totalidad. Su hijo y su mayor amenaza jugando juntos. Elle nunca le había parecido un hombre de juegos, pero viéndole sonreír de aquella manera, tan dulce, tan sumamente inocente, contradecía su primera impresión. A su lado Hikari reía mientras ambos, arremangados, trataban de atrapar a alguno de los Koi que nadaban en el riachuelo artificial que recorría el perímetro del parque. Lo que más enternecedor le resultó fue ver cómo no solo el antiguo detective estaba en cuclillas, sino también su pequeño que, imitándole, se había metido también el pulgar en la boca.
Elle observó al niño que le imitaba, y se sintió más raro que nunca, un mini-Light copiando su postura favorita era algo que no se veía todos los días. Pero a la vez le resultaba hermoso, y de nuevo, la añoranza se apropió de él. La añoranza, no por su libertad como cabría esperar, sino por una familia, más concretamente, por una familia con aquel niño adorable y su padre no tan encantador. Era lo que más deseaba, concluyó, también era lo que no podía tener.
Sabía por qué Kira le había puesto de niñera de su hijo, solo había dos razones posibles, que quisiera restregarle por las narices una vez más que había ganado, lo que sinceramente, él dudaba pues el japonés ya le había torturado con eso lo suficiente, o quería tentarle y Hikari era la manzana prohibida. Había más de un ochenta y cinco por ciento de posibilidades de que así fuera. Sabía que su mirada el día anterior cuando los había visto abrazándose no había pasado desapercibida, y de pronto, el niño estaba bajo su responsabilidad. Quería reír, ¿cuántas veces había caído ya ante las trampas de aquel hombre? Si seguía así acabaría por creer que realmente se trataba de un Dios, pensó sarcásticamente. Nunca había sido derrotado, nunca hasta que Light había llegado a su vida con aquella mente prodigiosa y su cara de niño bueno.
Kira cerró su ordenador y salió de la habitación yendo hacia el ascensor, recorriendo el mismo camino que unas horas antes había hecho su hijo y su amante, porque L era su amante, por mucho que lo negara. Aunque pronto dejaría siquiera de intentar negarlo, lo había visto en sus profundos pozos negros, Elle estaba a punto de rendirse. Light se frotó las manos, dentro de muy poco, podría presentar ante el mundo a su diosa.
Mello miró hacia la puerta que se acababa de abrir y examinó a la figura parada en el umbral con ojo crítico. Llevaba un traje negro, caro, probablemente hecho a medida y una corbata azul marino, del mismo color que la camisa. El gesto serio hacía que su cara juvenil pareciera mucho mayor y acentuaba las líneas de expresión, aunque lo que más gravedad aportaba a su rostro eran sus ojos castaños oscuros que le miraban de una manera que le hacía sentir totalmente indefenso. Llevaba el pelo negro algo más corto que la última vez que lo había visto, aunque no parecía contento con el corte pues se lo echó hacia atrás con una mano en el mismo momento en el que uno de sus zapatos de cuero italiano se posó en la habitación.
Así vestido, con el pesado reloj de acero en su muñeca y el alfiler de plata en su corbata, Matsuda Touta resultaba imponente.
¿Qué os ha parecido lo de que el torturador misterioso de Mello resultara Matsuda?
¿Alguno lo vio venir? ¿Y lo de Gevanni?
Hacédmelo saber en vuestros comentarios.
¡Hasta el mes que viene!
