Aclaración los personajes son propiedad de CLAMP y de Tite Kubo, es una obra sin fines de lucro, sólo con motivos de entretención.
El destino
Capítulo 10
Al distinguir aquellos ojos café oscuro, Sakura palideció y prácticamente huyó del escenario en medio de los vítores de los asistentes, intentando infructuosamente, cubrirse un poco. El conjunto de ropa interior que llevaba era minúsculo y demasiado sensual.
Sin poder sacarse la imagen de Touya recostado ligeramente sobre la barra del bar, taladrándola con su mirada, vació todo el contenido de su estomago, al llegar al inodoro del camarín. La expresión de él, era una mezcla entre incredulidad y enojo. Había notado como tenía la mandíbula tensa y sus manos hechas puños.
Sin perder el tiempo, y despavorida se vistió con su ropa normal. Quería huir a su casa, pero se detuvo en seco. Hanataro, su taxista, la esperaba para una hora más y ella no quería esperar. Desesperada y con las manos temblorosas, marcó desde su móvil el número de Tomoyo.
Luego de tres tonos, la voz sobresaltada de Tomoyo sonó por su teléfono.
–Sakura ¿estás bien? –preguntó compungida.
–Tomoyo, necesito que vengas por mí, estoy en el club –respondió Sakura paseándose como león enjaulado en el camarín.
Tomoyo se incorporó rápidamente y comenzó a vestirse.
–Llegaré en veinte minutos, pero dime ¿qué pasó? ¿Te encuentras bien? –Afirmando el celular entre su cara y cuello, mientras buscaba uno de sus zapatos bajo la cama.
–Estoy bien, pero necesito irme, por favor –susurró casi al borde de las lágrimas.
–Te llamaré cuando esté fuera de Clow.
–Gracias.
Sakura cortó la comunicación y algunas lágrimas escaparon de sus ojos, pero ella las limpió con rabia, no iba a llorar por Touya. Pero verlo había significado revivir muchas cosas. Entre ellas, el dolor que había sentido cuando él se había marchado, olvidándose por completo de ella. Touya era el hermano más celoso que hubiese podido tener. Nunca dejó que tuviese novio, interrumpió cuando iba a besarse con un chico por primera vez, casi lo mató con la mirada asesina que le dio. Lo que desencadenó que por poco ningún chico se atreviese siquiera a hablarle.
Pero ella lo amaba, era su hermano y siempre la había protegido. Nunca había terminado de entender, qué diantres había sucedido para que él se fuese, sin jamás regresar. La última vez que le había visto, fue en el funeral de su padre, el pobre Fujitaka.
Como los minutos transcurrían lentos procedió a quitarse todo el exagerado maquillaje, incluyendo esas ridículas pestañas postizas. Dejó su cara sin una pizca de cosméticos. Y se miró en el espejo con detenimiento, si se comparaba con la Sakura de dos años atrás había cambiado muchísimo. Su rostro se veía más adulto y en esos momentos más triste.
Cuando Tomoyo la llamó a su celular, ella cortó la llamada sin contestar, y se apresuró a salir del club. Yamazaki la observó en silencio y le abrió el paso, ella aún tenía los ojos enrojecidos por el llanto.
Buscó con su mirada el automóvil de Tomoyo y estaba justamente a la salida del callejón, que llevaba a la puerta lateral de empleados, está vez su amiga traía un convertible de color azul oscuro. Al parecer estaba sola, ya que ella se encontraba sentada al volante y no se veían los carros de su grupo femenino de guardaespaldas.
Corrió rápidamente al encuentro de su amiga, pero una sombra se atravesó en su camino y se sobresaltó al sentir un agarre en su brazo derecho.
–¿Qué diablos haces en este lugar, Sakura? –escuchó la gruesa voz de su hermano, era la misma que usaba, cuando se enfadaba con ella.
–Touya –susurró muy bajito. Levantó su mirada y casi se desmayó al ver la ira en los ojos de él.
Intempestivamente, Touya aflojó su agarre, pero sin soltarla y cayó al suelo de rodillas. Sakura miró con sorpresa a Tomoyo que respiraba agitadamente y provista de una palo de beisbol, que sabe dios de dónde sacó.
–¡Suelta a mi amiga o lo lamentarás! –bramó, con la mirada incendiada de valentía. Al notar que aquel desconocido, no soltaba a Sakura, levantó el palo otra vez, pero la voz temblorosa de su amiga la detuvo:
–¡Espera Tomoyo! No lo golpees, él es mi hermano –susurró con la voz en un hilo. Tomoyo quedó exactamente paralizada, inspiró profundamente y dejó caer el "arma" al suelo.
Touya se incorporó y soltó a su hermana, se sobó uno de sus hombros haciendo una mueca de dolor. El golpe de Tomoyo, le había pegado fuerte en el cuerpo, pero también en su orgullo. Rápidamente volteó a ver a su atacante y aterrorizó a Tomoyo con una mirada de psicópata, que solía usar cuando se enfrentaba a algún enemigo, llámese los pretendientes de Sakura.
–Lo siento –musitó–. Creí que era el atacante que persigue a Sakura –completó avergonzada, agachando la mirada.
–¿Atacante? –Arqueó una ceja y se volvió hacia Sakura, quien no terminaba de reaccionar –¿De qué demonios está hablando esta mujer, Sakura?
Sakura se fijó con detenimiento en su hermano, quien vestía un largo abrigo que le llegaba más abajo de las rodillas y se notaba más delgado que antes. Su expresión de dureza de minutos atrás, había sido sustituida por una mueca de innegable preocupación. Y eso terminó de indignarla.
–No es de tu incumbencia Touya–.musitó Sakura, esforzándose por parecer calmada.
–¿Cómo que no? ¡Eres mi hermana! –gritó apretando los puños, haciendo que sus nudillos se tornaran blancos.
–Bastante tarde vienes a recordarlo– espetó, con un significativo rencor en cada palabra que conformó la frase, como si lo hubiese guardado demasiado tiempo en su interior.
–Sakura, jamás lo he olvidado…
La risa falsa y dolida de Sakura no le permitió seguir hablando, los ojos verdosos de ella, le reclamaban un millón de cosas, que él no era capaz de entender.
–¡Cállate! –Se acercó a él y comenzó a gritarle frases dolorosas, hundiendo su dedo índice en el pecho masculino, en cada reclamo –. Después del funeral de papá, te fuiste. Te olvidaste que yo existía, Touya. No vengas ahora, a decir que nunca te has olvidado de mí. ¡Son casi dos años! –sentenció con los ojos llorosos, pero sin derramar ninguna lágrima.
–Sakura, por favor cálmate –suplicó Touya ante el bombardeo de alegatos en su contra–. Deja que te explique.
–¡Me vale madre lo que tengas que decirme! Si ya te olvidaste de mí por tanto tiempo, sigue haciéndolo, hoy ya no te necesito –Lo miró fríamente, como jamás había mirado a nadie.
–¡Maldita sea! –gritó sulfurado– ¡Te comportas como una nena! –Pasó una mano por su cabello que se encontraba un poco desordenado–. Ahora mismo me vas a explicar, porque estás trabajando de bailarina en este lugar.
–Touya…–su voz era suave y amenazadora, como la calma antes del caos– creo que no has entendido, tú no tienes derecho a preguntar nada sobre mi vida. Absolutamente nada. ¡¿Entiendes?! –Gritó completamente sulfurada y con las mejillas rojas de ira.
–Claro que lo tengo, eres mi hermana. Y te guste o no, dejarás este trabajo hoy mismo –Volvió a sujetarla y comenzó a caminar, pero ella plantó los pies en el suelo con toda la fuerza que era capaz.
–¡Lo tuyo son palabras, contra hechos! –bramó alterada.
Tomoyo estaba perpleja viendo toda la escena de los hermanos. Ahora que observaba bien a aquel sujeto, podía notar que se parecía al chico que salía en la foto, que Sakura conservaba en su casa. Aunque evidentemente, ahora era más adulto y su aspecto era de un hombre duro y frío.
No había querido interrumpir toda la conversación de ellos, incluso había sentido la necesidad, de alejarse y volver a su carro. Pero la mirada furibunda que le regalo Touya, la había dejado plantada en su lugar, sin ser capaz de moverse. Pero ahora las cosas se estaban poniendo tensas y ambos hermanos eran un par de tozudos, ninguno de ellos se escuchaba realmente.
Tomoyo acostumbrada a analizar todo, olvidándose un poco de los sentimientos. Creía que sería sensato escuchar la versión de Touya y luego rechazarlo, si es que aquella explicación no convencía a Sakura. Pero la castaña estaba haciendo todo al revés. Además podía notar que el hermano de su amiga, tenía un temperamento demasiado explosivo y volátil. Terminaría llevándose a Sakura por la fuerza. Y si se trataba de ser honesta, ni luchando las dos juntas contra él, podrían ganarle. Dispuesta a evitar un enfrentamiento entre los dos, intervino.
Se posicionó en el camino de Touya, quien arrastraba a la castaña con el entrecejo arrugado y con la postura de "me joderé al que intente detenerme". Tomoyo suspiró y soltó –Creo que debes darle tiempo –Apuntando a Sakura, quien le daba a Touya una mirada de profundo desprecio.
–Sal de mi camino, me llevaré a Sakura, ella no puede estar exponiéndose de esta manera, más cuando dices que hay alguien que quiere atacarla –. Analizó con la voz preocupada de un hermano mayor.
–Comprendo –murmuró Tomoyo– el punto es que ella ya no es una niña, y no debes obligarla, será contraproducente y sé que tú no quieres que ella te odie aún más – lo miró con sus ojos azules colmados de sabiduría, que desarmó la convicción de Touya.
Lentamente Touya soltó a Sakura, quien sin esperar un segundo corrió al carro de Tomoyo y se acomodó en el asiento de copiloto.
Tomoyo se dispuso a seguir a Sakura y le dio la espalda a Touya, recogió el bate de beisbol. Cuando se alejó dos pasos, escuchó como Touya carraspeaba. El hermano de Sakura tenía una mirada llena de culpabilidad, el tipo se veía realmente mal.
–Espera –pidió –, necesito saber cómo estará ella, ¿podrías ayudarme con eso? –murmuró entregándole una tarjeta de presentación.
–No creo que haya problema, de hecho me gustaría saber tu versión de la historia –comentó la ojiazul, curvando imperceptiblemente sus labios hacia arriba.
–¿Por qué? –preguntó el moreno con las cejas levantadas.
–Porque así sería más responsable emitir un juicio –sonrió–. Te llamaré mañana.
Sin decir nada más, Tomoyo siguió caminando hacia su carro. Touya la observó un poco embobado, la amiga de su hermana era realmente atractiva, pero lo más interesante era su personalidad, era avasallante.
Tomoyo se posicionó en el volante–¿Dónde vamos? Hay tres alternativas: Tu departamento, mi casa o tal vez…la casa de Li –consultó la pelinegra, con una sonrisa comprensiva en los labios, una vez que se sentó en el puesto de conductor.
Sakura entornó los ojos, era increíble como Tomoyo podía leerla, como si se tratase de un libro abierto. Quería estar con Shaoran en esos momentos, la llegada de Touya era un golpe bajo, para el cual no estaba preparada. Se sentía lastimada y herida, todas las noches que su mente caía en los recuerdos de su hermano, ella se refrenaba y espantaba aquellos sentimientos, alejándolos como si se tratase de una mosca. Por eso que lo que quería ahora, era sentir el amor de Shaoran, que él la rodeara con sus brazos y pudiese olvidarse de Touya, y llenarse de él, de Shaoran.
Al no obtener ninguna respuesta por parte de Sakura, Tomoyo dijo: –A la casa de Li, entonces –sonrío y comenzó a conducir. Aceleró a fondo, provocando un gran chirrido. Sakura se quedó pegada en el respaldo del asiento, por la velocidad que adquirió, en cuestión de segundos, aquel automóvil.
–Tomoyo, yo…–se detuvo un momento y añadió– quiero agradecerte todo lo que haces por mí.
–No es nada que tú no harías por mí –comentó alegre– pero si me permites darte un consejo, habla con tu hermano, escucha lo que él deba decir, luego con toda la información, toma una decisión.
–Lo sé Tommy, pero es tan difícil verle la cara y no recordar su abandono. Además tuve que pasar muchas cosas sola, porque él desapareció –suspiró.
–Entiendo –dijo–, no te pido que sea mañana o pasado, pero no tomes la decisión antes de hablar con él. Yo tengo su número –murmuró mientras sacaba la pequeña tarjeta de su bolsillo, y jugueteaba con ella entre sus dedos. Lo cual hizo, que casi perdiera el control del carro. Sakura tenía los dedos enterrados en la manilla para sujetarse. Tomoyo conducía como una demente.
–Gracias. Sabes Tomoyo, debo decirle la verdad a Shaoran. No quiero que él se sienta traicionado, enterándose por otra persona sobre mi trabajo.
Tomoyo pisó a fondo el freno, lo que hizo que Sakura instintivamente, se afirmara con ambas manos del tablero, para no golpear la cara contra éste. La pelinegra se volteó a verla.
–¿Cuándo se lo dirás? ¿Y cómo? –preguntó con una mueca de preocupación.
–Aún no lo sé, pero debo hacerlo. Y pronto.
Momentos después, llegaron a las afueras del edificio, donde se encontraba el departamento de Shaoran. Tomoyo insistió en acompañar a Sakura hasta el hall del edificio, y luego esta última observó como la pelinegra volvió a su convertible y aceleró como una descocada, para alejarse de allí. En verdad, Tomoyo conducía como una maniática.
Cuando estaba afuera del departamento de Shaoran tocó el timbre y esperó un minuto, pero del otro lado no se escuchaba nada, lo intentó otra vez, pero nada sucedió. Comenzó a llenarse la cabeza, sobre lo imprudente que era al haber ido a casa de su novio, eran pasada la una de la madrugada, quizás él ya estuviese durmiendo. Iba a irse, hasta que sintió que la puerta se abría.
Miró como Shaoran se restregaba los ojos y vestía "milagrosamente" ambas partes de su pijama.
–Sakura, que agradable sorpresa –sonrió con ternura–. Aunque ¿Cómo rayos llegaste hasta aquí?
–Oh Shaoran, Tomoyo me trajo – se arrojó a sus brazos, dándole un abrazo apretado. Su nariz fue inundada con el familiar y embriagador aroma de su novio –, necesitaba verte. De veras, lo necesitaba –. Hundió su cara en su pecho y Shaoran la apretó contra sí mismo y se preocupó por su Sakura, ya que tenía una mirada profundamente melancólica.
–Entremos –susurró en el oído de la castaña y tomó su mano, para dirigirla hasta la habitación que Sakura conocía muy bien.
Ella se quitó los zapatos, y se acurrucó al lado de Shaoran, quien le acarició ligeramente el cabello. Se quedaron abrazados en la cama, en medio de la oscuridad, con el silencio de acompañante, hasta que Shaoran habló.
–¿Por qué estás triste, cariño? –preguntó mientras deslizaba su mano por la espalda de ella, provocando que se estremeciera más por la pregunta que por la caricia.
–Me encontré con Touya al salir de trabajar –susurró modificando ligeramente los hechos.
–¿Touya? –preguntó, intentando recordar quién diablos era Touya.
–Sí, él es mi hermano –aclaró Sakura.
–¿Tu hermano? –rememoró aquella plática, que tuvo hace tiempo con Sakura y Tomoyo, aquella en la que él se entero de muchos aspectos que desconocía, hasta ese momento, sobre la vida de Sakura. Ella habló de su hermano, pero no había mencionado su nombre.
–Sí, él desapareció luego del funeral de papá –suspiró y gimoteó haciendo que su voz saliera temblorosa–. Luego de ello no volví a verlo hasta el día de hoy.
–Oh mi pequeña –susurró y la apretó más contra su cuerpo.
–No sabes la falta que me hizo. Durante mucho tiempo tuve la firme creencia, de que él regresaría por mí. Pero cuando las deudas del hospital de mi padre, hicieron que remataran la casa y todo lo que poseíamos, allí recién pude caer en la cuenta que él no volvería–. Liberó un lánguido suspiro y hundió su rostro en el pecho de Shaoran.
–Tranquilízate mi pequeña, todo estará bien –musitó cerca de su oído– ¿Qué fue lo que te dijo al momento de verte?
–No mucho la verdad, él intento explicarme algunas cosas, pero no se lo permití. No quiero hablar con él. No estuvo cuando lo necesité y tal vez por culpa de Touya, terminaré perdiendo lo más valioso para mí…–Sakura se tensó al descubrir que estaba siendo traicionada por su propia boca, soltando información de más.
–¿A qué te refieres? –preguntó Shaoran evidentemente interesado en el vuelco que había tomado la conversación–. ¿Qué es eso tan valioso? –agregó utilizando las mismas palabras que su novia. Se incorporó ligeramente para ver en las penumbras los ojos de Sakura.
Sakura no apartó la vista de aquellos ojos ámbares y curiosos, que la atravesaban. Su cerebro trabajaba, a un ritmo frenético, ideaba miles de posibles explicaciones a cada segundo. Pero ninguna parecía convencerla. El momento de decir la verdad había llegado. Inspiró grandemente y en su mente ideó una frase coherente.
–No es un "eso", es un "alguien" –inspiró nuevamente–.Tú eres la persona más valiosa para mí. –miró la profundidad que le regalaban los ojos dorados de su novio y por segundos eternos, se perdió en ellos.
Shaoran sintió ese calor en el pecho, tan característico que experimentaba, cada vez que estaba cerca de Sakura. Acarició su rostro, se acercó disminuyendo la escasa distancia, entre ellos y la besó tiernamente. Ella respondió aquel delicioso beso, con la misma tranquilidad que imponía Shaoran.
–Te amo –susurró ella, en el momento en que él abandonó brevemente sus labios para respirar–. Pase lo que pase, jamás dudes que te amo–.Los ojos se le llenaron de lágrimas, pero se esforzó por no dejarlas salir, cumpliendo su cometido.
–Nunca lo haré –prometió él mientras volvía a derretir los labios de Sakura con sus besos.
Sakura sabía que posiblemente, Shaoran no estaría en condiciones de cumplir su palabra, cuando la verdad saliera a la luz, pero por ese momento quiso creer. Creer que él la amaría a pesar de sus mentiras. Creer que no le importaría que ella fuese una stripper, no era una stripper en la totalidad de la palabra, pero era una stripper al fin y al cabo. Quiso creer que Shaoran jamás dudaría del gran amor que ella sentía y sentiría por él, porque en el fondo intuía que lo amaría para siempre.
Esa noche Shaoran le hizo el amor, de la forma más tierna que hubiese podido imaginar la chica de cabellos castaños. No estaba esa lujuria latente de las otras ocasiones, esta vez todo el acto, estuvo plagado de palabras hermosas, susurros, caricias que desbordaban el alma de aquellos dos jóvenes.
Shaoran había besado todos los recovecos de la cara de ella, quien se había mostrado totalmente complacida. La había desnudado sin premuras, con delicadeza. Besando cada rincón del cuerpo de ella, palpando suavemente sus curvas con las manos cálidas.
La devoción con la que besó y lamió los pechos de ella, casi la hace obtener su liberación, pero Sakura quería explotar al mismo tiempo que Shaoran, por lo que le rogó con los ojos que la hiciese suya. Como si hubiesen estado unidos en mente y pensamientos, él comprendió los deseos que ella tenía, sin mayores preámbulos se zambulló en el interior de Sakura. Aprisionando el delicado cuerpo femenino entre el colchón y su propio cuerpo.
El ritmo que marcó el hombre castaño era lento y delicioso, ninguno de los dos pronunciaba palabra alguna en aquellos momentos, pero sus ojos no dejaban de tener contacto, atentos a cualquier atisbo que les permitiera, entregarse a la misma locura que el otro.
Permanecieron con ese ritmo constante un lapso indefinido, no sabían cuánto tiempo llevaban unidos. Hasta que Sakura sintió como aquel sentimiento de bienestar y placer se acercaba, tomando ventaja de su poco control. Ella envolvió a Shaoran con su mirada y él de forma sorprendente percibió, aceleró levemente el ritmo, la sensación placentera tanto en uno como en el otro, comenzó a crecer hasta hacerse insoportable, culminando ambos al unísono, con la liberación más maravillosa que hubiesen experimentado.
Ninguno de los dos dejó de mirarse, mientras aquel instante de placer ocurría. Tampoco dejaron de hacerlo cuando el placer disminuyó. Shaoran no se salió del interior de Sakura, dio un giro y ella quedó sobre él, la unión permanecía y fue en esa postura como Shaoran se durmió. Ella no pudo dormir, lo que acababa de pasar era lo más maravilloso que pudiese ocurrir, ahora conocía el significado de hacer el amor. Aunque las veces anteriores, se había sentido rebosante de afecto, está vez estaba más allá. La entrega había ido más allá de lo físico. Se mantuvo quieta y despierta sobre Shaoran, hasta que los primeros rayos del sol tiñeron la habitación del chino.
Sakura no se cansaba de mirar todos los rasgos de su novio, que al estar dormido, no tenían ese semblante serio de siempre, aunque en ese aspecto era poco lo que podía quejarse, Shaoran se mostraba siempre dulce y tierno con ella. Los tentadores labios de él, la llamaban tal como el polen atrae a las abejas. Ligeramente acarició sus labios con uno de sus dedos, los recorrió lenta y tortuosamente, cuidando ser delicada, para no despertarlo. Ella tomó la decisión de creer en Shaoran y en el amor. A penas el dejara de dormir, le contaría toda su verdad, absolutamente todo.
Shaoran comenzó a removerse y abrió ligeramente sus ojos, observó con detenimiento que los de su novia, lo observaban con una extraña expresión, como si estuviesen acongojados.
–Buenos días, pequeña –musitó Shaoran y envolvió a Sakura entre sus brazos, con fuerza y delicadeza, al mismo tiempo. La besó con ternura, que resquebrajó los aires de sinceridad de la castaña, pero la valentía tomó el poder esta vez y continuó.
–Shaoran –suspiró Sakura–. Tengo que hablar contigo –se arrimó más hacia él, como si su calor fuese de vital importancia.
–Dime, amor –se mantuvieron abrazados y el silencio, los rodeó como una niebla de incertidumbre.
El estomago de la castaña, permanecía retraído y con una sensación de vacío gigantesco. Por más que intentaba hilar la forma adecuada de comenzar, no la encontraba. Decidida enfocó su mirada anegada de lágrimas en los orbes ámbares de Shaoran, y suspiró. El castaño al ver las lágrimas no derramadas de su novia, se preocupó de inmediato y se incorporó, lo que obligó a que Sakura hiciese lo mismo. Quedando él sentado en la cama y apoyado en el respaldo y ella a horcajadas sobre él. Se miraron breves instantes, Shaoran iba a preguntar a Sakura el motivo de su infelicidad, pero los susurros de ella lo detuvieron.
–¿Recuerdas cuando dije que temía perder a la persona más valiosa para mí? –le dio una mirada de legítimo miedo.
–Pero dijiste que yo era esa persona, ¡y a mí no me perderás! –exclamó totalmente convencido–. Por favor, no pienses que vas a perderme, yo te amo y lo haré siempre.
–Lo que ocurre Shaoran es que y-yo, te he mentido en algunas cosas –dijo con la voz pastosa y cerrando los ojos, haciendo que un par de lágrimas recorrieran sus mejillas. Sakura agachó la mirada, ante la incredulidad que poseía el rostro del castaño.
La expresión relajada de Shaoran desapareció, tal como el agua se evapora al aplicarle demasiado calor. Frunció profundamente su entrecejo y sin llegar a ser brusco, sostuvo la barbilla de Sakura, obligándola a mirarlo.
–¿De qué estás hablando? –arguyó con la quijada tensa, intentando mantener la calma. Pensaba tal vez que se trataba de algo sin importancia o de una broma estúpida. Consiguiendo calmarse a medias.
Sakura se sentía confundida y sólo atino a tomar las manos de Shaoran y besarlas ligeramente, Shaoran la dejó hacer y notó el evidente temblor en las manos de ella, pero se mantuvo impertérrito frente a su novia.
Pasaron algunos segundos, que para Sakura contaron como un par de siglos. Hasta que Shaoran insistió con su pregunta.
–Sakura, contéstame, ¿en qué me has mentido? –suplicó con tristeza.
Shaoran pensaba que Sakura era la persona más transparente que había conocido, ¿cómo era posible que le hubiese mentido? Pero más que contentar esa pregunta, la premura era saber ¿qué cosas no eran verdad?
–Sobre mi trabajo –soltó de repente y los colores desaparecieron de su cara en ese momento–. Te he mentido sobre mi trabajo –señaló esta vez más segura que antes, pero no por ello, menos nerviosa y menos asustada–. Shaoran, la verdad es que yo no trabajo como niñera –Su cuerpo no dejaba de temblar y le costaba trabajo hablar sin que su voz saliese temblorosa, se detuvo un momento para indagar las expresiones que pasaron por el rostro de Shaoran. Pudo notar sorpresa, luego enfado y al final algo de curiosidad.
–¿En qué trabajas entonces? –preguntó.
–Antes que todo, quiero que sepas que he intentado decírtelo desde que acepté que te amaba, pero me he comportado como una cobarde y no ha sido hasta este momento en que he logrado reunir el valor suficiente, para decirte esto –inspiró profundamente, creyendo fervientemente que el aire que ingresaba a sus pulmones, le darían el valor suficiente para terminar la confesión de su realidad–. Trabajo en un club para caballeros, soy una bailarina.
Shaoran se quedó congelado, era como si estuviese en medio de una pesadilla, no era posible, que las palabras que acababan de salir de la boca de su amada, fueran las mismas que él había entendido.
–¿Club de caballeros? ¿Bailarina? –balbuceó, intentando reafirmar su convicción, que su oído y su cerebro, habían malinterpretado las palabras de Sakura.
–Sí, trabajó allí hace más de un año– sonrió amargamente, los colores de su rostro aún no habían regresado.
Shaoran sintiéndose enfurecido, tomó a Sakura y la alejó de él, se levantó, se vistió con la parte de abajo de su pijama y comenzó a dar vueltas en la habitación. Sakura observó toda la escena aterrada, no sabía que saldría de todo este embrollo.
–¡¿Me estás diciendo, que eres una de esas mujeres que se desnudan por dinero?! Bramó indignado y resentido. La furia que sentía era tal, que necesitaba golpear algo, necesitaba botar la tensión de algún modo. Y fue como una de las paredes pago las consecuencias–. ¿También te acuestas con ellos?
Sakura se puso aún más pálida, si cabía esa posibilidad –¡Claro que no!¡Shaoran, déjame explicarte! –rogó, se incorporó ágilmente y sin importarle su desnudez lo abrazó.
Shaoran se quitó a Sakura de encima con fuerza desmedida, lo que provocó que ella casi cayera, al perder el equilibrio por el empujón. Sakura intento tocarlo nuevamente, pero él la esquivó como si ella tuviese una enfermedad contagiosa.
–¡No me toques, Sakura! –gritó–. No quiero que una mujer como tú, me toqué nunca más.
–¡Shaoran, por favor escúchame! –suplicó, llorando desconsoladamente.
–¿Qué me vas a decir? ¿Acaso quieres cobrarme por la ropa que te he sacado? ¿Es eso? –preguntó con rabia y sin filtrar ninguna de sus interrogantes. La miró fríamente, pero no era una mirada sobre ignorarla, era una de genuino desprecio. Caminó hacia uno de los muebles, donde descansaba una lámpara de diseño moderno, abrió uno de los cajones y sacó un pequeño fajo de billetes, se volteó hacia Sakura y lanzó los billetes a la cama deshecha–. Ahí están sus honorarios por los servicios prestados, espero que sea suficiente. Me he divertido, pero ya no será necesario que siga trabajando para mí –sentenció y salió de la habitación.
Sakura se quedó de piedra, frente a todos los pronósticos que su obsesiva imaginación había previsto, sobre este encuentro, nunca imaginó que él la humillaría de esa forma. Estaba al tanto que, si le contaba sobre su trabajo, podía perderlo. Pero no pensó que también perdería su corazón y su alma en el proceso. Shaoran había destruido ambas cosas, sin ningún tipo de compasión.
Sin decir nada tomó sus pertenencias y se vistió con la mente nublada. Casi como una autómata. Ni siquiera podía llorar, porque de pronto sus ojos se habían secado, al igual que sus sueños, aquellos que incluían a Shaoran.
Antes de irse, recorrió con los ojos aquella habitación, era la última vez que vería ese lugar donde había sido tan feliz. Recordó sin poder evitarlo, los momentos vividos hace apenas unas horas, en esa misma cama. Sintió que su alma se partió en dos y aunque sentía la urgencia de llorar, las lágrimas no brotaron de sus ojos.
Salió del complejo de departamentos, sin un rumbo fijo, sólo quería alejarse del lugar, alejarse de los malos recuerdos, hace veinticuatro horas, aún vivía el sueño de ser la novia de Shaoran, luego había aparecido su hermano, lo que la había orillado a sincerarse con el amor de su vida. Sus peores miedos, se habían cumplido con creces. Shaoran la odiaba, jamás podría volver a estar con él, a sentir su olor, su calor. Cuando fue consciente de eso, sintió un dolor grande en su abdomen, lo que la obligó a sentarse en una de las bancas que había en el parque por el cual transitaba.
La mañana se hizo tarde y la tarde llamó a la noche, en todo el tiempo ella no había podido pararse de nuevo. Ni siquiera había sentido hambre o alguna necesidad biológica. Sólo estaba ahí con el cuerpo hecho un ovillo. Sin pensar nada. Sin sentir nada. Con un vacío en su interior, que sólo una persona podría revertir.
Al notar lo oscuro que estaba, se dispuso a marcharse, para ello usó toda la fuerza que tenía y emprendió el rumbo a su casa. Ni siquiera sabía dónde estaba, así que tomó un taxi que la llevase a su hogar.
Cuando llegó a su casa, los recuerdos de su primera noche con Shaoran, la golpearon como un rayo y fue en ese preciso momento en que finalmente pudo llorar. Se derrumbó a penas cerró la puerta, las lágrimas se agolparon en sus ojos y no dejaban de caer. Era tanta su tristeza que inclusive no podía respirar por los espasmos que provocaba el llanto. Los recuerdos dolorosos y los felices se mezclaban haciendo mella en su cordura. Amaba a Shaoran, pese a sus palabras aún lo amaba, lo amaría siempre. Aunque ella no lo reconociera aún, guardaba la esperanza que Shaoran meditara las cosas y la perdonara por haberle mentido. Tenía la esperanza que él la entendiera, que alguna vez pudiese comprender, cuan difícil había sido para ella la vida, desde que su padre había muerto. Aún tenía esperanzas que su amado Shaoran la volviese a querer y fuesen felices el resto del tiempo.
Las lágrimas de a poco fueron cesando, y un cansancio aterrador la invadió, quizás si dormía lo suficiente podría despertar de esa pesadilla, y volver a una realidad en la que Shaoran le sonreiría, la protegería y le diría que todo estaría bien.
–Ojala algún día vuelvas a mí, Shaoran–susurró al momento en que sus parpados se tornaron pesados y ya no supo de nada.
Notas de la autora: Holaaaaaa, siento mucho la tardanza de este capítulo, pero la verdad me costó bastante terminarlo, principalmente porque este comienzo de año laboral ha sido explosivo y con un millón de cosas que hacer.
Ya pedida las disculpa procederé al análisis del capítulo.
Primero apareció el celoso hermano de Sakura, pienso que tendrá un rol importante en los próximos capítulos. Pero como pudieron apreciar, Sakura le dejó clarito que ya no tenía ningún derecho a meterse en su vida.
Finalmente Sakura se confesó con Shaoran, no pretendía que eso ocurriera en este capítulo, pero ya saben que la inspiración es la que manda a la hora de escribir. Me dio mucha pena escribir la parte en la que Sakura se enfrenta a las duras palabras de Shaoran, más cuando esa misma noche habían hecho el amor. En esos momentos odie a Shaoran...
Espero sus comentarios sobre su percepción de esa escena y ver que pasará en el próximo capítulo.
Les dejo enormes cariños y espero con ansias sus reviews.
Un abrazo.
