Esta historia no me pertenece. Todos los derechos son de cancercute, su autora, la historia la encontrarán en mis favoritos bajo el nombre de Intimacy. Le he pedido a ella permiso para traducirla porque, a mí en lo personal, me parece una historia excelente. Sin duda alguna de las mejores en el Takari y creo que cualquier persona que ame el Takari debería leerla.


Capítulo 10

Agitó su frapuccino oscuro de cereza de Seattle que tenía sobre la mesa frente a ella. Tomó un sorbo al frappe, miraba la sonriente expresión que TK le regalaba, se halló divertida al contemplarlo.

-Recuérdame de nuevo, ¿por qué estamos aquí?- preguntó él, levantando una ceja. Recargándose en la silla sin dejar de verla.

-Porque me preguntaste a dónde quería ir.- respondió, poniendo su bebida en la mesa. Sonrió.- Te dije que quería un café.- él asintió.

-El café apesta. Lo odio. Sabe horrible.

-No es cierto.- rió.- ¿Quieres probar?- le ofreció su bebida.

-No gracias.- sonrió.- No tomo drogas. Soy libre de cafeína. Tú, por otro lado, eres una drogadicta. Tal vez ya no deba salir contigo.- se rió.

-Bien.- empujó hacia atrás la silla y se puso de pie.

-Estaba bromeando.- ella se atacó de la risa.

-Caíste.- sin dejar de reír, se sentó de nuevo.

-Sabes que tus chistes no dan risa.- afirmó el rubio.

-Lo que digas, TK. ¿Estás seguro que no vas a ordenar algo?

-Estoy seguro. No importa de todos modos. Irás a ver el juego mañana, ¿verdad?

-¿La competencia interescolar? ¿Ya es mañana?- él asintió.- ¿Qué si me niego?- le retó.

-Yo mismo te arrastraré hasta el gimnasio.

-Ja. Claro. Por supuesto que iré, no me perdería la oportunidad de reírme de ti cuando falles un tiro.

-Ups. Ahí es donde te equivocas. Verás linda, Kari, yo nunca fallo un tiro.- dijo muy seguro.- Te lo puedo garantizar. ¿Quieres apostar?

-Oh, ¿en serio, señor "soy un genial MVP"? ¿Cuál es la apuesta?

-Si fallo un solo tiro durante todo el juego, puedes hacer lo que quieras conmigo. Pero si no fallo...- sonrió, como un malvado villano.- Tendremos una cita.

Ella sintió que su sangre se elevaba al rostro, pero de inmediato luchó para recobrar la postura y frenar el sonrojo, lo que le salió bien. Una cita con TK. Como fuese, si perdía o ganaba, las consecuencias no eran malas. De hecho, ella salía beneficiada en ambas.

-Ok, es un trato entonces.- aceptó.

-Mejor que vengas al juego o si no...- hizo una pausa.

-¿Si no qué?- preguntó desafiante.

-O si no ya no te hablaré y pretenderé que no te conozco.

-Qué infantil, TK.- dijo Kari.- Además, no creo que eso suceda. Soy irresistible.- se rió.

-¡Ja! ¿De dónde viene esa arrogancia?- preguntó sorprendido.

-A decir verdad, de ti.

-Mmm gracias. No sabía que fuera tan influyente. Tengo un gran efecto en la gente. Oh, espera, quise decir, un gran efecto en las chicas.- sonrió al momento que Kari le daba el último sorbo a su café. Empezó a toser y se aclaró la garganta.

-Monstruo egoísta.- comentó.

Riendo a carcajadas, él se levantó del asiento.

-Vamos, ya terminaste. Salgamos de aquí.

-Relájate, rubio. No te pongas amargado, pareces un viejo.

-¡Ja!


El reloj marcaba las 6:52am, y en unos escasos momentos el juego daría comienzo. Los jugadores estaban en los vestidores alistándose para el momento.

-Bien, chicos.- habló el entrenador, atrayendo la atención de todos.- Si quieren ganar ésta temporada tienen que hacer todo lo que les dije allí. Jueguen como nunca antes. Y asegúrense de que todo sea en equipo. No hay un "yo" en esto. Si alguno de ustedes piensa en llevarse la gloria, mejor no juegue. Porque si ganamos, lo hacemos como equipo. Yo no tolero perder. Fueron el número uno en la temporada del año pasado y sé que pueden ganar ésta.

-El entrenador tiene razón.- agregó su capitán, Ryuk.- Vamos a patear el trasero de algunos perdedores. Halcones a la de tres.- todos los jugadores se juntaron formando un círculo, extendieron sus brazos derechos al centro, uno sobre otro.

-1, 2, 3 ¡Halcones!- gritaron todos al unisono y trotaron hacia las puertas, entrando a la brillante y enorme cancha. Cientos de personas, sentadas en las gradas esperando a que el juego comenzara, empezaron a gritar al verlos.

Los jugadores se sentaron en sus bancas designadas. TK miró entre la multitud a Kari. No le fue fácil localizarla entre tanta gente. Pero al hallarla, junto a Zoe, ella le sonrió. Él respondió el gesto de la misma manera, sintiendo, de alguna manera, que su corazón se elevaba un poco.

Después de un breve momento, el anunciador dio el oficial inicio al juego y el referí hizo sonar su silbato. Cinco jugadores, incluido TK, fueron a la cancha y otros cinco del otro equipo, las Panteras, también Ruji, el jugador más alto de los Halcones y el más alto del otro equipo se encontraron al centro del lugar, el referí sostenía al balón. Él lo aventó al aire y los Halcones lo atraparon. Ruji se lo pasó a TK. El rubio lo fue botando por la cancha hacia el lado contrario. Lo lanzó suavemente sobre unos jugadores que lo estaban bloqueando, parado en la línea de los 3 puntos, encestó.

-Tres puntos para Takaishi, número 11. Los Halcones tienen su primer tiro.- dijo el anunciador por el micrófono.

El juego se volvió emocionante, con la gente apoyando a ambos equipos. Los Halcones la llevaban de ganar por cinco puntos, y al final del primer cuarto, el marcador iba 11-16. Con TK habiendo hecho la mitad de esto.

-¿A dónde irás después del juego, K?- preguntó Zoe, comiéndose unas palomitas.

-Mmm no sé, Z. Aposté con TK sobre el juego.

-¿En serio?- prestó su atención a la castaña.- ¿Qué?

-Bueno, él dijo que si durante todo el partido no falla un tiro, me invitará a salir. Pero si pierde, yo puedo hacer lo que quiera con él.

-Oh, una cita.- sonrió burlonamente.- ¿Esto va hacia algún lado, K?

-Realmente no lo sé. No tengo idea.- se rió.

-Supongo que lo veremos.- suspiró Zoe.

El segundo cuarto comenzó y el grupo de nuevos jugadores entró. El juego continuó, las Panteras estuvieron desafiando en el marcador a los Halcones. TK fue excluido del segundo y tercer cuarto, facilitándole al otro equipo que robara el balón. El juego se puso más intenso, impredeciblemente el tercer cuarto terminó en un empate de 34.

-TK, tú entras en el último cuarto. Kouji, Takuya, Ken y Ryuk, vayan a la posición D y cuiden su espalda. Asegúrense de que TK tenga el balón en los últimos ocho segundos.- les explicó el entrenador.

-Seguro, entrenador.- dijo Ryuk.- Vamos equipo, a la cuenta de tres... 1, 2, 3...

-¡Halcones!- gritaron. El referí sonó el silbato, señalando que el tiempo había terminado.

Comenzó el cuarto de final. Había una enorme tensión en el gimnasio mientras los jugadores competían por elevar el marcador. Había decisión en el rostro de TK y cada vez que botaba el balón, se veía como un profesional. Un sexy profesional, cabe decir. Era evidente cuánto él había trabajado por los músculos de sus brazos. No era muy exagerado, sólo lo justo para robar suspiros...

Kouji le pasó el balón a TK, y en el momento en que lo recibió, un oponente lo empujó fuertemente de los hombros. Afortunadamente fue capaz de prevenir una caída. El referí sonó el silbato.

-¡Falta!

Los jugadores se colocaron a los lados libres de TK. Era un tiro perfecto, sin sonar el timbre, el marcador apuntaba 41-43 en favor de los Halcones.

El partido continuó hasta los últimos treinta segundos. Las Panteras fueron capaces de subir su puntaje y terminar en un empate. Ambos equipos no pudieron marcar otra anotación y quince segundos cruzaron el reloj. Las Panteras tenían el balón, un jugador lo botaba por la cancha. Kouji pudo quitárselo, se lo pasó a Ryuk y luego a TK. Los últimos ocho segundos se marcaron y se colocaron en la posición D. TK estaba libre a excepción de un oponente que tenía en frente.

-Acéptalo, Takaishi. No lo harás en cinco segundos.- tentó al rubio intentando robarle el balón.

-Ni tú.- respondió TK. Falceó por la derecha, pasó a su oponente y corrió a la cancha. Tiró el balón que entró al tiempo en que el segundo silbato fue escuchado. Un rugido de la multitud estalló.

-Ganan. ¡Los Halcones de Odaiba! Con un marcador de 48-51.


Toda la gente salió del gimnasio. La banda, los fanáticos, anunciadores, todos emocionados ante la exitosa victoria de los Halcones de Odaiba, dejaron el lugar lleno de color por el confetti y Kari, sentada en las gradas... esperando. El auditorio estaba en silencio ahora, quién diría que momentos antes la música de la banda lo llenaba, haciendo a los jugadores sentirse emocionados y triunfadores. Ella recordó cómo se veía él, a través de la multitud de jugadores y porristas. Aquella sonrisa en su rostro llena de satisfacción. El instante en que sus ojos se encontraron a través del gran revuelo en la cancha. Fue perfecto. Ambos se sonreían y se sentía... tan bien.

Ese sentimiento cuando se logra algo y ella está ahí a un lado. Justo ahí cuando las cosas fueron terriblemente magníficas. Él sintió el apoyo, como de alguien que creyó en él más de lo que él creía en sí mismo.

-No lo olvidaste.- su voz sonó a espaldas de ella, rompiendo el silencio que por un momento invadió el gimnasio. Ella se volteó y lo miró, tan fresco y limpio en su playera verde y pantalones militares, después del juego. Él tenía esa sonrisa de emoción que lo hacía resplandecer. Haciéndola a ella sonreír también.

-¡Felicidades!- alegremente se levantó del asiento.

-No fallé un tiro, ¿o sí?- sonrió.

-Bien. No lo hiciste.- ella cruzó sus brazos sobre su pecho.

-¿Puedo tener un abrazo?- él sonrió aún más. Kari alzó una ceja sin dejar de mirarlo.- Vamos.

-Ok, está bien.- respondió con cierta resignación y se acercó a él. Él pasó sus brazos por su pequeña cintura y la sostuvo en su pecho en un fuerte pero confortable abrazo. La cercanía de sus cuerpos brindaba calor para cada uno, él la mantuvo cerca y ella se lo permitió. Era tan agradable. Ella se sentía protegida, cuidada, especial y... segura. Pegó su rostro al pecho y sintió un calor cubrir sus mejillas. Ese abrazo fue más de lo que se pudo imaginar.

-Eres tan pequeña.- dijo él, descansando su barbilla en la cabeza, no dejándola ir.

-Me haces sentir como un enano.- comentó.

-Qué bien. Como Dormilón en Blanca Nieves. Muy lindo.- sonrió burlándose. Con eso, ella lo empujó mirándolo con una expresión molesta.- No he terminado de abrazarte aún.- protestó, tomando su mano y sosteniéndola entre las suyas.

-¿Qué pasó con la falta de hace un momento? ¿Está tu brazo bien?- miró su lado izquierdo.

-Sí, está bien. Pasa todo el tiempo.

-¿Interrumpo algo?- se escuchó la voz de un chico a su lado.

-Sí, lo estás haciendo, Takuya.- bromeó TK.

-¡Ja! No escuches a este tonto.- dijo Kari.

-Sí, sí, lo que sea que estaban haciendo, perdónenme. Kouji dará una fiesta en su casa, ¿quieren venir?- miró a TK.

-Yo paso, hombre.- Ya tenía otros planes.

-¿Seguro?

-Sí.- afirmó TK, Takuya los dejó solos de nuevo.

-Puedes ir con ellos, ¿sabías?- dijo Kari.- A celebrar.

-No. Quiero celebrar contigo.- respondió, dándose cuenta de que aún sostenía su mano, cosa que ella no notó.- Además, quiero mi cita.- pasó sus manos sobre los hombros de ella.

-Como digas, TK.- ambos salieron del gimnasio. Ya había anochecido.

Caminaron a lo largo del pavimento por la acera, platicando y bromeando sobre cosas sin sentido que veían. Mientras lo hacían, la atención de Kari fue capturada por un collar afuera de la vitrina de una joyería.

-Espera.- se detuvo a mirarlo. Tenía una cadena de plata y el pendiente era muy bello. Tenía dos corazones unidos, uno más pequeño que otro y había un par de diamantes incrustados en el corazón más grande.- Es muy bonito.- estaba deslumbrada, pero su sonrisa se borró al ver el precio.- ¡Fabuloso! Está carísimo.- suspiró.- Ven, vámonos.

-Qué mal.- comentó TK, mientras seguían su camino. De repente, Kari sintió una gota caer en su brazo desde arriba.

-Oh, Dios. No me digas que va a llover.- miró hacia el cielo sin estrellas y cerró los ojos al sentir que una gota cayó en su nariz.- Por favor que no llueva.

Justo cuando dijo eso, comenzó una tormenta. Un rayo atravesó el cielo y el agua cayó a cantaros. Rápidamente se movieron, cruzando la calle hasta llegar a un elegante restaurante. Miraron el camino frente a ellos que estaba ya todo mojado y un sin fin de gotas no dejaban de caer, dejando todo bañado a su paso. Entonces, se puso peor. Una nube pesada cubrió el cielo haciendo que cayera más agua, la gente empezó a correr hacia un lugar para refugiarse.

-¿No es esto locamente divertido?- preguntó Kari irónicamente mientras se burlaba. Mirando la lluvia ante ella. El rubio la miró sonriendo.

-Sí, lo es.- la tomó de la mano y la jaló con él, cruzando la calle hacia el parque bajo el aguacero. Ambos se empaparon de agua fría.

-¿Qué estás haciendo, TK! ¡Estamos mojados!- ella lo empujó de un brazo, riendo.

-Es a lo que llaman diversión, bonita.- gritó, debatiendo entre el ruido de la lluvia. Se acercó a ella y la tomó entre sus brazos cargándola como una pareja de recién casados.

-¡Hey! Bájame, fenómeno. Te mataré si me dejas caer.- dijo mitad asustada, mitad divertida, sosteniéndolo del cuello fuertemente temerosa de caer.

-¡Wow! ¿Comiste? ¡No pesas nada!- corrió hacia la luz mercurial más cerca sin dejar de cargarla.

-¡TK!

-¡Relájate! Puedo sostenerte, demente. No te pongas nerviosa.- la bajó lentamente sobre sus pies y se rió de ella.

-No soy una demente, tú lo eres. Pudiste haberme tirado.

-No haría eso. Eres muy ligera. Probablemente desnutrida.- se burló.

-¡Ugh! Como digas. Al menos no soy un tonto cerdo. Tú comes como si no hubiera mañana.- le enseñó la lengua. Luego comenzó a hacerle cosquillas en el cuello.

-¡Oye!- rápidamente la apartó al mismo tiempo que Kari se hacía hacia atrás.- ¿Cómo sabes que me dan cosquillas en el cuello?- preguntó, levantando una ceja.

-No lo sabía. Ahora sí.- respondió. En eso TK se acercó a ella.- No, no. No lo hagas, no te me acerques Takaishi, juro por Dios que no te perdonaré.

Él corrió hacia ella, quien lo esquivó, corriendo tan rápido como lo fuera posible para que no la alcanzara. Ambos se persiguieron como niños jugando en el parque bajo la lluvia. Se reían como idiotas hasta que les dolió el estómago. Corrió de él, pero estaba a una distancia muy cercana en la que sabía le haría cosquillas. Y no pudo evitarlo. Pero por supuesto, su movida no fue desaprovechada para el jugador de básquetbol. Él fácilmente la atrapó y la tomó de la cintura atrayéndola a su pecho.

-¡No, TK! ¡Por favor, no!- trató de zafarse pero sus brazos estaban muy firmes. Él no le hacía cosquillas, tan sólo la sostuvo en sus brazos para que estuvieran cara a cara. En un momento de silencio se miraron a los ojos, sin pronunciar una sola palabra, todo lo que podían oír era el sonar de la lluvia en el suelo. Gotas resbalaban por sus rostros, pero no importaba. Él la sostenía, de la cintura fuertemente. Como si le perteneciera sólo a él y a nadie más. Ella estaba roja como tomate pero no se notó en la oscuridad. Entonces, él rompió el silencio.

-¿Creíste que no lo haría?- sonrió al empezar a hacerle cosquillas. La torturó tanto que casi pierde el aliento. Ella jadeaba al respirar, intentando quitarse las manos de TK.

-¡TK... basta!- se rió un momento más hasta que empezó a llorar.- ¡Por favor!- en un intento de zafarse le pateó la rodilla.

-¡Auch...!- él la soltó para tocarse su parte afectada.

-¡Oh por Dios! ¡Lo siento tanto! ¿Estás bien?

-Sí, supongo.- él enderezó su espalda para ver el rostro horrorizado de Kari.

-¿A qué clase de jugador de básquetbol le duele el golpe de una niña en su rodilla?- dijo.

-Probablemente a algún guapo, sexy y rubio jugador de básquetbol que fue pateado por su linda amiga e intenta mostrarse dolorido para que ella pueda ser dulce y cuidar de él.- sonrió.

Ella volteó los ojos antes de acercarse.

-¿Así que quieres que sea dulce?- con sus manos formando un círculo, lo abrazó por el cuello mientras él le sostuvo la cintura, acercándose más a ella.

-Sí, por favor.- ambos se sonrieron, probablemente riéndose en su mente de las cosas que hacían.

-Te atrapé.- dijo Kari y de repente le hizo cosquillas en el cuello. Él la apartó mientras la castaña se reía.

-No es justo, demente.

-Lo que digas, fenómeno. Oye no te quiero haciéndome cosquillas nunca más. En caso de que lo olvidaras, aún está lloviendo y me estoy enfriando.- dijo, cruzando sus brazos sobre el pecho. La lluvia aún no paraba sobre ellos.

-Ok, no lo haré. Sólo por tu bien, demente desnutrida.- se burló atrayéndola a su lado. Rozando el brazo de ella con su mano. Ella se acomodó intentando mantenerse caliente. Llevándola consigo, él corrió a la calle opuesta, dejando atrás el gimnasio en donde hacía un momento habían tenido el juego.

Se cubrieron bajo los techos de algunas tiendas y restaurantes hasta llegar a la esquina de esa calle.

-Tengo una sorpresa.- él dijo sonriendo y la tomó de la mano. Al detenerse en la esquina ella vio un convertible Hyundai en color negro, totalmente nuevo y brillante. No tan costoso, pero adecuado para un estudiante de secundaria.

-¡Oh por Dios! ¿Es para mí? Gracias TK.- sonrió felizmente mientras él mantuvo una expresión seria.- Relájate, sólo estoy jugando.- intentó reprimir su risa.

-Muy graciosa, Kari.- se burló.

-Perdona, no debí hacerlo. TK, ¿es este tuyo? Digo... ¿cuál es la ocasión?

-Genial, ¿no es así? Mis padres lo compraron. Se supone que sería un regalo de despedida ya que se irán a Londres. Pero supongo que me lo darán antes.- se encogió de hombros.

-¡Qué genial! Ahora puedes ir a donde quieras. Aunque siento mucho que ellos se alejen.

-No, está bien. De todos modos, Matt se queda conmigo. Y además, ellos estarán allá en un trabajo decente. Vamos.- abrió la puerta para que pudiera entrar, luego fue al asiento de piloto.

-¿Sabes conducir?- preguntó.

-No.- respondió seriamente. Volteó a verla, ella mantenía una expresión confusa y preocupada.- Relájate, estoy bromeando.- se rió.

-Jajaja.- se burló.- Muy gracioso. Y sí, me voy a relajar porque estoy muy, muy congelada por tu culpa.- lo acusó, cruzándose de brazos.

Él soltó un soplido.

-Lo disfrutas como quiera, admítelo.- le sonrió. Luego estiró sus brazos hacia el asiento de atrás buscando una toalla de su mochila. Distraído por ella, no pudo encontrarla rápido. Al contemplar la mirada perdida de Kari en el camino la halló fascinante, ver las gotas escurriendo por su cabello. Su empapado cabello color chocolate, cuán suaves parecían sus mejillas que lo invitaban a acariciarlas, se preguntó cómo se sentiría al rozar sus dedos sobre ellas. Ella era tan bonita, iluminada por una luz mercurial de la calle. Sus ojos castaños brillaban, sus delicados labios color cereza se estremecían por el frío y su sonrisa... lo cautivó. Podía sentir su pecho latir como tambor, por lo que empezó a inhalar para relajarse. Pero al tiempo que lo hacía, pudo oler ese atractivo aroma fragante a lavanda en una temporada de lluvias en primavera. No podía dejar de sonreír mientras exhalaba. Intentó recuperarse antes de que ella lo descubriera sonriendo como idiota. Pasó sus manos por el mojado rubio cabello y suspiró con deleite.

-Aquí está la toalla, princesa.- dijo bromeando.

-No tiene tu sudor ¿o sí?

-¿Qué si lo tiene? Es el sudor de TK Takaishi de todos modos. Muchas chicas matarían por tener esa toalla.- sonrió de una forma engreída.

-Sigue soñando, rubio. Es todo lo que haces.- rodó los ojos.- En serio, ¿está limpia?

-Sí, lo está, princesa. No la usé. Así que no te pongas como una psicópata de la limpieza conmigo, no soy tan asqueroso.

Kari lo ignoró riéndose, secando su cabello con la toalla. Dios, tenía la esencia de su colonia masculina. Hundió la cara en ella, fingiendo secarse pero todo fue para esconder el rubor de las mejillas y la sonrisa que no podía quitar. Incluso ya hasta podía sentir el calor en el rostro.

-No intentas sofocarte a ti misma con mi toalla, ¿verdad?

Se rió, volviendo a su color normal. Encendió el carro alejándose de aquella calle. El camino fue demasiado relajante, sólo escuchando la lluvia en el exterior. Nadie dijo nada, era un cómodo silencio. Kari miró afuera por la ventana, sonriendo a las gotas mientras TK se mantenía viendo al frente, aunque de vez en cuando veía el rostro angelical de la castaña y sin darse cuenta, se fue sonriendo durante todo el trayecto a casa.

Y aquí tengo todo cuanto necesito

Justo aquí en el asiento de copiloto

No puedo mantener mis ojos en el camino

Sabiendo que ella está a centímetros de mí

-No puedo ir a casa, aún.- dijo Kari, rompiendo el silencio.

-¿Por qué?

-No traigo mis llaves. Tai las tiene. Y creo él está con tu hermano en algún lado. Tengo que esperarlo.

-Ah bien. Le diré a Matt que estás conmigo.

Al llegar a su casa y que él detuvo el carro, ambos salieron corriendo hacia el poche, riéndose de ellos mismos. Entraron hasta la sala.

-Espera. Deja te consigo algo de ropa.- TK fue a su habitación y tomó algo de prendas secas mientras Kari lo esperaba.- Ten.- regresó, llevando en las manos una camisa limpia y unos shorts.- Son los más pequeños que tengo.

-Gracias, sólo tomaré la camisa. Me voy a ver tonta si me pongo los dos.- se rió.

-¿Mi ropa es de tontos?- él levantó una ceja.

-Claro.- se rió, evidentemente bromeando.- ¿El baño?

Señaló la puerta a una lado de la cocina. Ella se encerró ahí. Se quitó la blusa mojada y se puso la de TK. Pese a que era una de las más pequeñas para TK, le quedaba demasiado grande. Cubría totalmente su falda y las mangas le llegaban hasta los codos.

Mientras estaba aún en el baño, arreglándose, TK también se había terminado de cambiar, en realidad sólo se quitó la playera quedándose así. Descansaba en la cama, mirando al techo y pensando en lo feliz que estaba siendo esa noche. El timbre sonó. Se levantó y fue a abrir. Se sorprendió al ver a Takuya.

-Al fin estás en casa.

-Oye, amigo. ¿Qué necesitas? Pensé que estabas en la fiesta.

-No, sólo vine a verte. Kouji te marcó tres veces.

-Gracias por la camisa, TK.- salió Kari, vistiendo la enorme prenda, dejando al descubierto sus perfectas piernas, de inmediato se sonrojó al ver al rubio sin camisa, con ese abdomen tan sexy. Takuya dejó caer la mandíbula y sus ojos parecían salirse las orbes.- Oh, hola Takuya.- sonrió.- Iré a sentarme al sofá.- los dejó solos.

-Qué dia... ¿Qué? ¿Cómo? ¿Qué estaban...?- Takuya se perdió al verlos, ambos en esa casa.- Tú no lo... ella... ¿lo hicieron?- preguntó.

-¿Eh? ¿Qué? ¡Claro que no! ¿Qué estás pensando? No voy a hacer eso con ella.- respondió sorprendido, pensando un momento en eso y temeroso al responderle.- Amigo, no haré nada estúpido.

-Mmm bueno, ¿pero qué esperarías que pensara al llegar a tu casa y verte semi desnudo y que ella saliera de repente con tu camisa mostrando sus perfectas piernas? La vi sonrojarse. Entonces, ¿qué piensas que podría ser lo primero que se me viene a la mente?

-Oye, antes que nada, tú tienes una mente pervertida. Segundo, la dejé ponerse mi camisa porque nos mojamos. Tercero, ella lleva una falda abajo de eso, que obviamente le queda muy grande. Y por último, ¡no estábamos haciendo nada!- explicó molesto en voz baja.

-Ok, ok.- Takuya movía sus manos en defensa.- Bien, no estaban haciendo nada. No te creerías de todos modos. Pero me atraparon por sorpresa.

-Sí, sí. Entonces ¿por qué estás aquí?

-Kouji te marcó tres veces. Te quería en la fiesta, amigo.

-Escucha, dile que no puedo. Me quiero quedar aquí con ella. Su hermano vendrá a buscarla.

-Mmm ya veo, bueno, te veo el lunes.- ligeramente golpeó el hombro de TK.- Y... Me gusta la chica. Es excelente para ti, hermano.- el rubio se rió antes de responder.

-Sí, lo que digas. Te veo luego, amigo.- cerró la puerta luego de eso. Fue hacia la sala con Kari quien amarró la camisa a su cintura y enrolló las mangas hacia arriba.

-La expresión de Takuya me hizo pensar en lo que estaría pensando cuando me vio.- le explicó Kari al darle a él la atención que le prestaba a la pantalla de televisión.- Pero su cara era muy graciosa.

TK, aún sin camisa (Oh, vamos chicas! Ya pueden babear! Yo lo hago, justo ahora. Jaja), se sentó junto a ella en el sillón y se rió.

-Ponte una camisa, por favor. Me distrae mucho.- dijo.

-¡Ja! Soy sexy, ¿verdad?- sonrió dejando ver todo su ego.

-No, es simplemente horrible.- intentó dejar de reír.

-Lo haré a tu manera hoy, Kari.- dijo TK levantándose y yendo a su habitación por una camisa blanca.

-¿Qué tiene de malo ponerse una?- ella siguió a TK y se detuvieron en el marco de la puerta, mirando al rubio que ahora iba vestido. Notó una guitarra en la cama.- ¿Tú tocas?

-No, es de mi hermano.

-¿Qué hace en tu cuarto?- levantó una ceja.

Él la miró, dudando en si decirle o no.

-Bien, sí toco, algo... bueno muy poco.

Ella se echó a reír sin poder detenerse.

-Oh, TK Takaishi intenta ser el nuevo Troy Bolton. Yendo a High School Musical.- se rió aún más.

-Estás siendo muy molesta hoy, ¿verdad, psicópata?- se salió, cerrando la puerta tras de sí, divertido con la castaña.- ¡Pareces una plaga! Deja de invadir mi cuarto, puedo contagiarme de una enfermedad.- se burló.

-Bien, bien. Pararé.- disminuyó su risa.- Entonces, ¿me explicarás de la guitarra?

-Bueno, me aburro, mucho.

-Claro que sí...- ambos escucharon un golpe en la puerta.

-¿Es tu hermano?- preguntó Kari.

-Probablemente.- fue a abrir la puerta y se hallaron con sus dos hermanos, respectivamente, riendo como idiotas.

-Hey Teeks.- saludó Matt.- Gran juego, hermano.

-¿Está Kari aquí?- preguntó Tai.

-Aquí estoy, Tai.

-Bien, vámonos.- pasó su brazo por los hombros de su hermana y casi al salir dijo.- Oh, TK, gracias por cuidar de ella.

-Claro, no hay problema.

-¿De dónde sacaste esa camisa?- le preguntó a Kari.

-Yo se la presté. Es que nos mojamos con la lluvia.- explicó el rubio.

-Ok. Gracias, pequeño. Nos vemos, Matt.- se despidió Tai y fue hasta su carro. Kari volteó sobre sus hombros y le sonrió a TK, pronunciando un "gracias".

Él le devolvió la sonrisa.


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