Antes que nada GRACIAS a la persona que me deja los reviews ^^ sin dudas eso me motiva a seguir, pero no te preocupes que aunque nadie mas comente yo estoy decidida a terminar con esta historia, asi que no la dejare inconclusa jaja cualquier sugerencia siempre es bienvenida como dije anteriormente, asi que si tenes alguna idea no dudes en decirlo :) Trato de subir todos los viernes, pero por ahi se me complica y me demoro! En fin, que disfruten el capitulo! GRACIAS!
Había llegado el momento de retomar las actividades con The Gavinners. Tenían que terminar con la gira que habían dejado inconclusa, aunque la terminarían en la ciudad. Ya tenían todo listo y preparado para tocar en el Coliseo Sunshine el día siguiente. Klavier estaba muy emocionado ya que contaría con la presencia de la famosa cantante borginiana, Lamiroir, y su célebre pianista Machi Tobaye. Los había conocido durante su gira cuando viajó a Borginia, y ahí quedó maravillado con la voz y el talento de Lamiroir. Al llamarlos para que lo acompañaran durante su concierto, estos aceptaron encantados y en ese momento estaban en un avión para reencontrarse con él. Nada podía salir mal. Caminaba por la calle de vuelta a su oficina cuando oyó una voz familiar a sus espaldas.
—¡Mira Polly! ¡Es el señor Gavin!
Al darse vuelta se encontró con la encantadora Trucy y el joven Apollo.
—¡Hola preciosa! ¿Qué andas haciendo por aquí? —saludó con una sonrisa.
—Salimos a pasear por el centro con Polly, ¿verdad? —dijo pegándole leves codazos al abogado.
—Ehh… si, así es. Buenas tardes señor Gavin.
—Buenas tardes señor Frente. ¿Regodeándose aún de su victoria en los juzgados? —Apollo parecía ponerse nervioso—. ¡Oh, vamos! Yo aún lo estaría. En fin, justo estaba pensando en ustedes.
—¿De veras? —los ojos de Trucy parecían brillar.
—¡Claro! Verán, mañana daré un concierto en la ciudad.
—¡Sí! ¡He visto las publicidades por todos lados! Me moría por ir pero las entradas son difíciles de conseguir —dijo frustrada.
—Bueno, no tendrás que preocuparte por eso linda. Yo mismo los invito a que asistan, tengo algunas entradas con un 20% de descuento, y además tendrán un lugar privilegiado tras bastidores —Klavier le guiñó el ojo.
—¿¡De verdad!? ¿Oíste eso Polly? —estaba realmente emocionada— Vamos a ir, ¿verdad Apollo?
—Yo… señor Gavin no es necesar…
—Oh, déjate de tonterías, mira su cara de felicidad. ¿Vas a privarle de eso? Aunque puedes ir tu sola si quieres.
—Mi papá quiere que Polly sea mi cuidador —respondió ofuscada.
—Entonces no se hable más, los espero. Les mandaré las entradas junto con unas credenciales VIP a su despacho. Ahora si me disculpan tengo cosas que hacer.
—¡Adiós señor Gavin! —saludó emocionada— ¡Muchas gracias por la invitación!
—No es nada, adiós señor Frente.
—Adiós señor Gavin.
Desde hacía semanas que no veía a Ema, más precisamente desde la fiesta anual de la policía. No habían trabajado en ningún caso, ni tampoco encontró ninguna excusa oportuna para ir a verla. Hasta ese momento. Era hora de darse una vuelta por la estación de policía, decidió.
Ema estaba en su oficina sin nada que hacer, tomando un café e investigando en internet nuevos equipos que posiblemente adquiriría en un futuro cercano. Estaba enfrascada en el mundo cibernético cuando oyó que golpeaban la puerta. Rápidamente minimizó las ventanas y abrió unos informes para disimular que estaba trabajando. Desinteresada, invitó a la persona a pasar mientras sorbía un trago de café. El tibio líquido fluía por su garganta cuando observó la imponente figura de Klavier Gavin abrirse paso por su oficina. La sorpresa fue tal que el café quedó a mitad de camino, haciéndola ahogarse y toser sin control. Klavier sonrió extrañado.
—Lamento haberte sorprendido —dijo mientras Ema intentaba componerse—. No tengo tu número, sino te hubiera avisado que vendría.
—No… es eso. El café estaba caliente —mintió.
No esperaba ver a Klavier, aun tenia latente el recuerdo de lo vivido en la fiesta de la policía. Los olores y sensaciones todavía rondaban en su mente, y a veces se sorprendía a si misma imaginando qué hubiera sucedido si no los hubieran interrumpido. Se sonrojó al recordar todo aquello estando Klavier parado frente a ella.
—¿Cómo has estado, Ema? —notó la tensión en su cuerpo y lo nerviosa que estaba—. Te he traído algo.
—Bien, ¡Oh! No era necesario señor Gavin —dijo al observar el paquete de bocaditos que éste le entregaba.
—No es nada, pasé por un kiosco y los compré para ti —rodeó el escritorio y se apoyó en el mismo junto a ella— Ya te dije que no me trates de señ…
—Estoy en horario de trabajo señor Gavin —lo interrumpió. No podía volver a caer en su trampa, era mejor mantener las distancias—. Preferiría mantener las formalidades.
—Como guste, Fräulein Skye —no deseaba presionarla.
—¿Qué lo trae por aquí?
—Quería invitarla a salir mañana por la noche… —Ema palideció— A mi concierto que daré mañana en la noche, aquí en la ciudad. Todo corre por mi cuenta, será mi invitada especial —sonrió.
—Yo… no creo que pueda señor Gavin. Quiero decir… le agradezco la invitación pero tengo mucho trabajo que hacer.
—¿Es que nadie puede tomar su lugar? No debería trabajar tanto Inspectora Skye. Necesita relajarse.
—El crimen nunca descansa. Y me siento más segura haciendo el trabajo por mí misma. No quiero que se cometan errores.
—Está bien, aquí le dejo esta credencial por si cambia de opinión —la dejó en el escritorio—. No quiero interrumpirla más, me retiro.
—No hay problema —suspiró aliviada—. Gracias por la invitación señor Gavin, que tenga buenas tardes.
—Señorita Skye, de verdad me encantaría verla allí —agregó mirándola a los ojos—. Adiós.
El corazón de Ema se disparó una vez más. Claro que no iría, sería como meterse en las fauces de un lobo hambriento. Por supuesto que eso era lo que Klavier quería, deseaba tenerla cerca, en su territorio, bajar sus defensas una vez más. Se había aparecido así sin más en su oficina con su porte de galán seductor, su sonrisa increíblemente sexy y su mirada atrapante, teniendo el detalle de comprarle sus bocaditos favoritos para ablandarla y luego hacerle esa propuesta descabellada. Pero ella no caería en su juego, decidió, no otra vez. Tomó la credencial en sus manos mientras comía un bocadito, y luego de observarla unos segundos la guardó en un cajón.
Todo estaba listo en el Coliseo Sunshine al día siguiente. Sin duda sería una noche extraordinaria, habían agotado todas las entradas y había una gran expectativa tanto del público como de los medios sobre el gran show que The Gavinners daría junto a la famosa artista borginiana Lamiroir. Klavier estaba muy emocionado por el concierto, se había tomado un receso de los escenarios pero ya extrañaba toda la adrenalina y energía que causaba tocar ante miles de personas. Esa mañana, luego de ultimar detalles junto a Daryan, decidió ir a su casa a darse una ducha y a relajarse un poco. Sería una larga noche seguramente. Deseaba con fervor que Ema asistiera, pero no lo creía posible. Seguramente ya había encontrado alguna excusa para no ir, y tampoco podía obligarla a hacerlo, pensó con frustración mientras se dirigía a su camarín en busca de sus cosas. Recogió su chaqueta pero cuando se la puso notó que sus llaves no estaban allí. Buscó en su pantalón, en el piso, en toda la habitación, pero las llaves no estaban por ninguna parte. Era algo sumamente extraño teniendo en cuenta de que entre las llaves se encontraba la de su motocicleta, vehículo en el que había ido hacia el lugar del concierto por lo que era imposible que se las hubiera olvidado en su casa. Klavier estaba seguro de que las había dejado en su chaqueta. Su instinto se activó enseguida y tuvo un presentimiento extraño por lo que inmediatamente se comunicó con la estación de Policía.
—Hola oficial, habla Klavier Gavin. Necesito que envíen alguien al Coliseo Sunshine, por un tema de seguridad simplemente.
—Hola señor Gavin, no hay problema, le enviaremos a alguien para que se encargue.
El rostro de Klavier se iluminó ante una ocurrencia.
—Disculpe, ¿la Inspectora Skye se encuentra de servicio?
—Así es.
—¿Puede enviarla a ella?
—Claro, la enviaremos inmediatamente señor Gavin.
—¿Oficial? Por favor no le diga que he pedido por ella, ya sabe, para que no haya malentendidos.
—Ningún problema señor Gavin, no se preocupe. Que tenga una excelente noche.
—Muchas gracias, adiós.
Ema se encontraba en su oficina preparando unos informes de unos arrestos por delitos menores que había efectuado esa mañana cuando golpearon la puerta. Inmediatamente se puso tensa e intranquila, temía que fuera Klavier insistiendo con que fuera a aquel concierto, no había pensado ninguna excusa razonable y ahora la tomaba por sorpresa. Suspiro aliviada cuando vio a un oficial ingresar en su oficina.
—Disculpe la interrupción Inspectora Skye.
—Oh, es usted oficial, ¿qué desea?
—Se le ha asignado un trabajo de seguridad en un evento esta noche.
—¿Si? Está bien, en unos minutos voy para allá —dijo acomodando sus cosas—. ¿Qué evento?
—El concierto de The Gavinners, en el Coliseo Sunshine.
Ema palideció, no podía ser posible. Había dado por sentado que no iría a ese concierto, que no se metería en el territorio de Klavier por nada del mundo, que cumpliría su horario y luego iría a su casa a descansar. Y ahí estaba el oficial, anunciándole que tenía que ir a ese mugroso concierto.
—¿N-No hay nadie más que pueda ir? —preguntó dubitativa.
—No inspectora Skye. Están todos ocupados, pero créame que se mueren por ir a ese concierto.
—¡No podría sentirme más afortunada! —exclamó con sarcasmo.
Juntó sus cosas y salió rápidamente. No quería ir allí pero el trabajo era el trabajo, el destino le había jugado una mala pasada, hasta parecía que se le burlaba en la cara, aunque por más que refunfuñara y se quejara tenía que ir a cumplir con su deber. Al menos estaría trabajando, se consoló, podría mantener las formalidades y las distancias con el señor Gavin y así evitaría las incomodidades. Simplemente sería un trabajo de unas horas, alejaría a las fans y mantendría el orden, solo eso.
Klavier llegó malhumorado al Coliseo Sunshine, había tenido que tomarse un taxi ya que no tenía las llaves de su motocicleta. Daryan se encontraba afinando su guitarra en el escenario.
—Vaya, para ser que estamos por dar un show alucinante tienes una cara de perros que asusta —exclamó divertido.
—Ya cállate. Me robaron las llaves de mi motocicleta así que tuve que venirme en taxi. Además allí estaba la llave que abre la funda de la guitarra que Lamiroir me regaló. Tendré que romperla para poder sacar la guitarra.
—Un día complicado por lo que veo. Pero relájate, será una noche memorable. Ve a cambiarte que ya falta poco para que comience el show, en unos minutos la gente empezará a ingresar.
—Lo mismo digo para ti, Daryan.
Dicho esto se retiró hacia su camarín, necesitaba calmar su malhumor sino no podría disfrutar del show. Al girar a toda velocidad en uno de los pasillos chocó con alguien de manera estrepitosa y, ante semejante impacto, ambos cayeron al suelo.
—¡Demonios! ¿Es que acaso no te fijas por dónde va… —al levantar la vista vio los ojos fríos de Ema clavarse en los de él con furia.
—¿Y me lo dice a mí? Discúlpeme señor Gavin por interponerme en su carrera contra vaya a saber qué. La próxima vez intentaré tener más cuidado al cruzarme en su camino —respondió con ironía.
—Yo… lo siento. Estoy un poco alterado, no fue mi intencio…
—Mire señor Gavin, no me interesa. Sólo déjeme hacer mi trabajo que para eso me pagan —dijo levantándose —. Ahora si me disculpa, tengo que continuar revisando las entradas por su seguridad.
Mientras Ema se alejaba, Klavier observó sus lentes en el suelo, detrás de un tacho de basura. Rápidamente los tomó y alcanzó a Ema.
—¡Señorita Skye! Sus lentes.
—¡Oh! No me había percatado de que se me habían caído. Gracias —dijo un poco más calmada.
—Sería una lástima que los perdiera. Son muy bonitos.
—Lo son, ¿verd…
Un recuerdo pasó como un rayo por su mente, una imagen borrosa que no logró descifrar. Ema tomó su cabeza ante la fuerte jaqueca que la invadió en un segundo.
—¿Ema? ¿Ema, estás bien? —preguntó Klavier alarmado.
—M-mi ca-beza, duele.
Sus rodillas se le aflojaron, pero Klavier la tomó en sus brazos antes de que cayera. La llevó a su camarín a toda velocidad y la recostó en un sillón. La dejó allí por unos segundos mientras buscaba a un médico pero volvió rápidamente a su lado.
—Ema, por favor dime algo —le tomó la mano y le acarició el rostro.
Ema abrió lentamente los ojos al tiempo que el médico entraba a la habitación.
—Ya le dije que me trate de manera formal cuando estoy trabajando —respondió con un susurro.
Klavier sonrió más tranquilo dejándole lugar al doctor para que la revisara.
—Listo, no es nada grave. Sólo fue una fuerte jaqueca seguida de una baja de presión —dijo luego de unos minutos— Tome esta pastilla y estará como nueva. Con su permiso.
Ema se incorporó en el sillón cuando el doctor se retiró de la habitación.
—¿A dónde cree que va? —preguntó Klavier.
—A buscar agua para tomar la pastilla y a continuar con mi trabajo, ¿algún problema señor Gavin?
—¡Claro que sí! ¡No puede trabajar en ese estado!
—Ya oyó al médico decir que no es nada grave y que estaré como nueva. Métase en sus asuntos, fiscal.
—Ema te acabas de desmayar, descansa un poco. Llamaré para que alguien te suplante.
—Señorita Skye, señor Gavin. Y no me desmayé, solo me desvanecí. Me siento mejor, de verdad —bajó el tono de voz al ver la real preocupación de Klavier en su rostro—. Gracias por preocuparse.
Él extendió su mano una vez más y la deslizó por su rostro.
—Me asustaste, y mucho —Klavier notó como Ema se ponía tensa bajo su mano—. Pero me alegra que ya esté bien. Voy por ese vaso de agua, descanse unos minutos más.
Ema suspiró aliviada al ver que Klavier salía por la puerta. Estaba justo donde no quería estar, en su territorio, prisionera de sus encantos y frágil por la baja de presión. Se levantó para esperar a que él volviera, así no se sentiría acorralada en aquel sillón. Caminó alrededor de la habitación inspeccionándola. Allí había una gran cantidad de ropa y objetos de la policía, como esposas y cascos. El toque de rock se lo daban unas cadenas que colgaban del techo y las guitarras que estaban a la espera de unos cuantos acordes. Una gran "G" estaba dibujada con lápiz labial en uno de los espejos, si bien el camarín era de toda la banda, por todos lados se veía la esencia pura de Klavier Gavin. Se miró al espejo y observó como el color poco a poco volvía a su rostro. ¿Qué demonios le había pasado? El repentino dolor de cabeza, la presión baja, ¿a causa de que habían sido? Recordó lo que había sucedido, el choque, el cruce de palabras, los lentes… Los lentes, después de eso había sucedido todo. Lana se los había regalado cuando era una niña y aun los conservaba, eran una de sus posesiones más preciadas. Los buscó en su cabeza pero allí no estaban, tampoco en su bolso, seguramente Klavier todavía los tendría en su poder. Oyó la puerta abrirse y tras esta apareció Klavier con un vaso de agua.
—Aquí está el agua, ¿se siente mejor?
—Sí, gracias —respondió mientras recibía el vaso para tomar la pastilla—. No tiene de que preocuparse, puedo continuar con mi trabajo.
—¿Segura? Puedo llamar y pedir que manden a alguien más.
—Señor Gavin, estoy totalmente en condiciones de continuar con mi trabajo. Con su permiso —abrió la puerta para salir.
—Fräulein, sus lentes —dijo sacándolos de su bolsillo.
—Gracias.
Los tomó y apurando el paso huyó del camarín. Klavier observó el reloj, ya faltaba poco para que comenzara el concierto, sería mejor prepararse para el show.
Cuando enfilaba hacia el escenario vio llegar a Lamiroir junto a Machi Tobaye y su representante e interprete, por lo que fue a recibirlos rápidamente.
—Buenas noches, sean bienvenidos —exclamó con una sonrisa— Es un honor para mí recibirlos esta noche.
—Muchas gracias señor Gavin —respondió Romein LeTouse, su representante—. Tanto Lamiroir como Machi Tobaye se sienten muy honrados por su invitación. Están muy ansiosos.
—Va a ser una noche magnifica. He dispuesto un camarín para ustedes. Por favor pasen y siéntanse cómodos, en la segunda mitad del concierto subirán a cantar.
—Gracias, que tenga un gran comienzo.
El concierto comenzó de la mejor forma. El Coliseo Sunshine estaba a rebosar de gente, todos delirando con la música de The Gavinners. Ema observaba con atención escondida desde un costado del escenario. Sin dudas Klavier sabia como tratar a las masas, le daba al público exactamente lo que quería. No cantaba nada mal y su música, si bien dejaba aturdido a cualquiera, era pegadiza y llegó a gustarle un poco. Solo un poco, decidió. El público vibraba con cada canción y coreaba a la par de Klavier. Era un buen espectáculo. Finalizada la primera mitad, la banda se retiró del escenario para tomarse un descanso de 20 minutos.
Ya en su camarín, Klavier estaba hidratándose satisfecho con la primera parte del show. Estaba ansioso por subir de nuevo al escenario, esta vez con la compañía de Lamiroir y su joven pianista, Machi Tobaye. Oyó que abrían la puerta mientras la golpeaban suavemente y se sorprendió al encontrarse con la encantadora Trucy y Apollo.
—¡Así que vinieron! —los saludó.
—¡Fiscal Gavin! ¡Muchísimas gracias por las entradas! —respondió Trucy emocionada—. ¡Ha sido increíble!
—Nada como la música para animarse tras un juicio, ¿no? Ya casi estamos listos para la segunda parte. Tengo muchas ganas de que llegue este momento.
—Va a cantar Lamiroir, ¿verdad? La "Sirena de las baladas" —preguntó Trucy.
—Así es… El cartel decía que ha venido en exclusiva para actuar en este concierto. —agregó Apollo.
—Sí. Resulta que la vi cantar en un viaje al extranjero. Su voz… es divina. Sabía que debía invitarla a actuar con nosotros.
—Lamiroir dice "me elogia demasiado" —intervino Romein.
—Ah, permítanme presentarles al señor Romein LeTouse, representante de Lamiroir y, dicho sea de paso, su interprete —los presentó Klavier.
—Es un gran honor para nosotros estar aquí. Y un gran honor para Lamiroir actuar en este país.
Una voz suave como viento llenó la habitación pronunciando palabras ininteligibles para los presentes.
—¡Ooh! ¡Es Lamiroir! ¡Voy a conocer a Lamiroir! —chilló Trucy extasiada.
Una hermosa mujer entró en la habitación cubierta con un velo, hablando en borginiano.
—"Esperábamos poder actuar juntos desde hace tiempo" —tradujo el intérprete.
—Ah… Lamiroir, tu voz… es arte. —dijo Klavier.
—"Pero sin su piano para guiarme… no es más que una voz" —dijo Lamiroir a través de Romein presentando a Machi Tobaye.
—Toca el piano en todos los conciertos de Lamiroir —agregó Trucy—. Es un magnifico pianista.
—Permítanme presentarles a Machi Tobaye. Es ciego… —LeTouse lo presentó— por eso nunca se aleja mucho de Lamiroir. Siempre están juntos.
—Lamiroir es tan… ¡exótica! ¡Y misteriosa! Parece muy guapa. Al menos sus ojos.
—Su música es como ir de viaje… —agregó Gavin.
—¿Cómo? —preguntó Trucy confusa.
—Ella recorre el mundo y cuenta lo que ve en sus canciones. Aunque su aspecto y su voz son exóticos sus canciones resultan cálidas y cercanas.
—Cuenta lo que ve en sus canciones… ¡Qué poético!
—Esta noche ha tenido la gentileza de poner música a una canción mía, la "Serenata de la guitarra". Espero que les guste.
—¡Qué ganas de oírla!
—Ha llegado el momento. En la siguiente parte vamos a darle un respiro al rock duro de The Gavinners. Lamiroir, el escenario es suyo.
—Los miembros del grupo no tocaran durante la balada de Lamiroir. Solo los suaves tonos de Machi y la dulce voz de Lamiroir… —dijo LeTouse.
—Y mi guitarra, claro —intervino Klavier.
—¡Yupi! Noches como esta son las que dan chispa a la vida —Trucy estaba radiante de alegría.
—¿Salimos al escenario ya? —preguntó el fiscal.
—Buena suerte, fiscal Gavin.
—No dejen que les roben sus corazones, ¿eh? —respondió con una sonrisa.
Los 3 partieron al escenario seguidos de Trucy y Apollo, Romein por su parte volvió al camarín que tenía asignado.
La presentación fue de ensueño, Lamiroir realmente cantaba como una sirena. Tenía una voz dulce como la miel y suave como una brisa de verano. El público quedo totalmente hechizado bajo los encantos de tan hermosa mujer. Machi Tobaye acompañaba perfectamente cada nota con su piano, y Klavier hacia lo suyo con su guitarra. El espectáculo contaba con un numero de magia en el que Lamiroir, ante los ojos atónitos de los asistentes, desaparecía del escenario durante unos segundos apareciendo en una plataforma entre el público. Los oyentes aplaudían enloquecidos, tan enloquecidos que no notaron el incidente que ocurría en el escenario. En mitad del truco de magia, la guitarra de Klavier se incendió sin explicación alguna para sorpresa de este, que cayó hacia atrás y desde el piso intentaba apagar el fuego con sus manos inútilmente mientras Lamiroir entonaba las últimas estrofas de la canción. Desesperado llamó a gritos a los de seguridad para que lo ayuden. Fue un gran susto tanto para él como para los pocos que presenciaron el episodio. Por suerte, finalizada la canción tenían un nuevo intervalo en el que podría relajarse después del exabrupto.
Al bajar del escenario se dirigió directo a su camarín.
—¡Oye tú! A mi camarín, ahora —le ordenó a un empleado.
Este lo siguió sin decir nada, con los nervios a flor de piel.
—¿¡Por qué no se me ha informado de esto!? —le preguntó una vez dentro del camarín.
—¡L-lo siento fiscal Gavin! He preguntado al encargado por lo ocurrido…
—¡El que haya sido responsable va a terminar en la hoguera!
Trucy y Apollo observaban toda la escena desde la puerta del camarín.
—¡Apollo Justice! ¿¡Ha sido usted el que ha intentado prenderme fuego!?
—Ey, ¡yo no he sido! —protestó confuso.
—¡La "Serenata de la guitarra" ha sido una catástrofe!
—¿Así que la guitarra no era parte del espectáculo? —preguntó Trucy desilusionada.
—¿¡Parte del espectáculo!? ¿¡Quien prendería fuego a una guitarra a propósito!? —respondió molesto.
—Pero pegaba tan bien con la letra… —insistió Trucy—. "Arde en mi corazón. Fuego… Consume mi amor y mi vida".
—Un momento —Klavier se calmó—. ¿Creen que el público pensó que…?
—¡Creyeron que era parte del espectáculo! Al menos yo lo pensé.
Klavier sonrió ante la idea, al menos el accidente había pasado desapercibido, pero aun así no podía dejar de lamentar la pérdida de la guitarra. Era una de las mejores guitarras que había tocado en su vida, y además era un regalo de Lamiroir. Trucy le comentó lo fascinada que había quedado con la canción entonces, agradecido, Klavier le regalo una copia de la misma autografiada por la cantante y el mismo, la niña la recibió encantada.
Faltaba poco para que comenzara la tercera y última parte del show. Apollo decidió quedarse tras bastidores, por lo que Trucy salió acompañada de Klavier hacia el escenario.
—Que los viejos descansen entre bastidores. ¡Es la hora del rock! —exclamó Klavier mientras partía con Trucy.
Ema caminaba por el pasillo cuando vio al fiscal acompañado de una niña enfilar para el escenario. Ya casi era hora de la tercera y, por suerte, ultima parte del show. Faltaba poco para volver a casa, aunque a decir verdad había disfrutado un poco del concierto, pero aun así estaba cansada y malhumorada así que esperaba que todo terminase pronto. La puerta del camarín de The Gavinners se abrió una vez más y se sorprendió al encontrarse con Apollo Justice.
—¡Ey, pero si eres tú! El chico de Wright… —exclamó sorprendida.
—¡Inspectora Skye! —parecía ser que Apollo tampoco esperaba encontrársela allí.
—Llámame Ema —le regaló una sonrisa— ¡No hay necesidad de títulos después de haber compartido un bote de polvo de huellas!
—Está bien… Um, Ema, ¿Qué haces aquí?
—¿No es obvio? Estoy picando algo —respondió mientras comía unos bocaditos malhumorada—. ¿¡Crees que quiero estar aquí!? ¿¡Yo, a cargo de la seguridad de este antro!?
—¿Seguridad? ¿Ha pasado algo?
—Con ese cretino pomposo nunca se sabe. Parece que está irritado porque han robado algo. Quería que alguien vigilase esto durante el concierto. ¿Por qué no deja de actuar como una estrella de rock?
Apollo la observaba confuso. Se había puesto de malhumor nuevamente, y eso le quitaba las ganas de entablar una nueva conversación con Apollo. Cada vez que este la interrumpía mientras saboreaba sus bocaditos, Ema le lanzaba uno para que se callara, y tampoco lo dejaba tocar nada de lo que había en el pasillo.
—Así que este es el camarín de Lamiroir —comentó frente a una de las puertas.
—Como se te ocurra entrar ahí, yo…
No pudo terminar su oración cuando un disparó resonó en el pasillo tomándolos por sorpresa.
—¿Qué ha sido eso? —preguntó Apollo nervioso. Otro disparo colmó sus oídos, provenían del camarín de Lamiroir— ¿Ha sido… un disparo?
—¡Tu, apártate de mi camino! —le ordenó a Apollo mientras se colocaba detrás de la puerta desenfundando su arma.
—¡E-Ema!
—¡Lamiroir! ¡Lamiroir! —gritó golpeando la puerta. Al no obtener respuestas intentó abrirla—. No está cerrada con llave… ¡Voy a entrar!
Ingresó con Apollo pegado a sus talones, pero allí no había nadie excepto Romein LeTouse, quien estaba tendido en el suelo sobre un charco de sangre.
