...


°ENTRE GEMAS Y BALONES°

CAPÍTULO DIEZ: Resultado final

El segundo tiempo del partido comenzó, y el cronómetro volvió a correr. Ambos equipos regresaron a la cancha con las energías renovadas. En el rostro de Jasper había una enorme sonrisa que parecía imposible eliminar. "No por mucho" pensó Perla mientras veía a la gema naranja de reojo. Las gemas realizaban pases, tiros y botaban el balón por toda la cancha. Las voces del público no dejaban de resonar.
— ¡Muéstrales quién manda aquí, entrenadora Jasper! –exclamó Peridot desde las gradas. Lapislázuli la miró, y después le susurró algo a Rose. Al instante, ambas gemas gritaron:
— ¡Crystal Gems al poder!
Amatista volteó hacia ellas y levantó el pulgar en señal de agradecimiento.

Poco a poco, el ambiente en el gimnasio comenzaba a volverse más tenso: el cronómetro seguía andando y el equipo de Jasper seguía en la delantera con 2 puntos más. En una ocasión, le pasaron el balón a Amatista y ella corrió para preparar un tiro de "bandeja": Botó el balón y se preparó para realizar un lanzamiento hacia la canasta con una sola mano. El balón giró alrededor del aro de la canasta lentamente, pero no entró; Amatista había fallado.
—Ugh, ¡MALDICIÓN! –exclamó la gema violeta mientras se agarraba el cabello violentamente y se lo halaba, exasperada. Garnet se acercó a ella.
—No te desconcentres, Amatista. Aún podemos hacerlo –murmuró la gema alta, y Amatista se limitó a suspirar y a gruñir entre dientes. Posteriormente, ambas gemas regresaron a sus respectivas posiciones para reanudar el juego. Ahora quedaban tan sólo tres minutos para que el partido finalizara: Si el equipo de las Crystal Gems no actuaba en breve, la oportunidad desaparecería tan rápido como un rayo al caer.
Perla observó a sus compañeras de juego; dos de ellas estaban agitadas, sus miradas cansadas y casi rendidas. Las otras dos eran Amatista y Garnet; la primera ya no estaba enojada, pero aun así tenía el ceño fruncido y todo su cuerpo estaba tenso. La segunda, por otro lado, estaba con las manos recargadas sobre los muslos, pero Perla no podía saber lo que pasaba por su cabeza a esa distancia y con los lentes puestos. ¡No podían rendirse ahora, ya que habían llegado tan lejos!
— ¡Podemos hacerlo! –exclamó Perla de repente, y las gemas cercanas voltearon a verla. Después de unos segundos, sus compañeras asintieron con la cabeza, y las del equipo contrario se limitaron a reír secamente.
Cuando realizaron el tiro libre, lo primero que vio Perla fue a Jasper cogiendo el balón a la velocidad de la luz para después correr con suma rapidez hacia la canasta, evitando al equipo contrario con bastante agilidad a pesar de su gran tamaño. Al parecer, esa era la verdadera jugadora Jasper, la cual tenía una velocidad y unas habilidades increíbles que no había mostrado anteriormente en ese juego.
"No… ¡no otra vez!" Pensó Perla. Sólo quedaba un minuto más antes de que los árbitros pudieran hacer sonar el silbato para finalizar el juego.

Todo había pasado tan rápido… ¿En verdad ese era el fin?

Sin embargo, poco antes de que Jasper llegara a la canasta, unas rápidas manos actuaron y le arrebataron el balón en un abrir y cerrar de ojos. Los rostros de Perla, Amatista y las demás gemas del equipo se iluminaron al ver que ahora Garnet tenía el balón en su posesión, botándolo a través de la cancha mientras se dirigía a la canasta contraria.

Sin duda alguna, la única que podía hacerle frente a las fabulosas habilidades de Jasper era Garnet.

— ¡Perla! –gritó Garnet, y la susodicha asintió; sabía lo que Garnet estaba por hacer… y aunque estaba muy nerviosa, no podía desaprovechar la oportunidad que su compañera y líder estaba a punto de otorgarle. Garnet colocó el balón por encima de su cabeza, y con fuerza, lo lanzó hacia Perla con las dos manos. Por suerte, las gemas contrarias no lograron tomar el balón, ya que se dirigía a su destino con bastante velocidad. La gema pálida abrió los brazos, lista para recibir el objeto redondo: El balón rozó sus dedos, y Perla lo rodeó con sus delgadas y largas manos. Después, ella se giró hacia la canasta del equipo contrario y se preparó para realizar su lance desde la línea de tres puntos, aquella que, si conseguía anotar, le daría tres puntos a su equipo, y por ende, la victoria. Perla sentía las gotas de sudor bajando por su frente.

Estaba muy nerviosa.

Sin embargo, no podía darse por vencida; todo el equipo dependía de ella y de esa jugada.

Había entrenado todos esos días pasados, conocía las técnicas y estaba preparada para esto. Había tenido una excelente entrenadora que la había ayudado a comprender el baloncesto y a apreciarlo. No necesitaba más: Toda la información la tenía en su cabeza, los ángulos, el impulso, la velocidad. Perla sabía lo que hacía, pues tenía fe en sí misma porque Garnet, Amatista y las demás tenían fe en ella.

Tres conocidos ojos aparecieron en la mente de Perla.

"Puedes hacerlo" Susurró Garnet en su mente, una pequeña sonrisa iluminando su rostro libre de lentes de sol.

"Sí" susurró Perla de vuelta. "Puedo hacerlo, porque tú estás aquí. Gracias a ti, aprendí a amar el baloncesto… y con él, aprendí… aprendí a amarte".

Aún quedaban ocho segundos.

El juego aún no había acabado, y por ende, ella tampoco.

— ¡Hyaaah! –Perla lanzó el balón hacia la canasta con una sola mano, y todas las gemas presentes en la cancha observaron el balón caer dentro de la canasta sin interrupción, boquiabiertos.
— ¡NO! ¡NO! –gritó Jasper una vez que el balón rebotó en el piso. El gimnasio se quedó en completo silencio cuando el objeto redondo se detuvo.
Perla respiraba de manera agitada, una mano aferrándose a su pecho.
—Lo… ¿lo hice? –susurró para sí misma. En un abrir y cerrar de ojos, los árbitros hicieron resonar sus silbatos para finalizar el juego. Perla dirigió su mirada hacia los marcadores electrónicos.

Efectivamente, el equipo de las Crystal Gems había obtenido tres puntos más en el último momento, dejándolas victoriosas por un punto de diferencia.

— ¡SÍ! ¡ESA ES MI PERLA! –gritó Rose en ese momento, y Lapislázuli gritó de felicidad también. El resto del gimnasio se unió al estallido de gritos de victoria, felices de que el equipo local hubiera ganado.

—Por todas las piedras… –susurró Perla mientras se llevaba las manos a su rostro para cubrir su boca, tratando de contener su emoción–. En verdad ganamos… ¡lo logramos! ¡Le hemos ganado al equipo de Jasper!
Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, y una pequeña gema llegó y la abrazó por detrás.
— ¡Bien hecho, Perla! ¡Eres la estrella del partido! –exclamó Amatista mientras abrazaba a la gema pálida por la cintura–. ¡Esa jugada ha estado genial! ¿Quién diría que serías tan buena en esto, eh?
— Oh, Amatista –murmuró Perla entre lágrimas mientras se giraba para abrazar a Amatista de vuelta, sus delgadas manos perdiéndose en la frondosa melena de la gema violeta–. No puedo creerlo, ¡hemos ganado!
Amatista rio alegremente.
— ¡Así es! Y esa horrible gema por fin dejará en paz a Garnet.
Perla se separó de su amiga y ambas se observaron. Posteriormente, las dos estallaron en carcajadas de felicidad y alivio. En eso, la gema pálida sintió que la tocaban por el hombro y se giró.
— ¡Perla! ¡Has estado maravillosa! –dijo Lapislázuli mientras abrazaba a su amiga–. ¡No sabía que podías jugar así!
Perla rio suavemente mientras regresaba el abrazo.
—Para ser sincera, yo tampoco.
En ese instante, Rose se acercó a ellas, y Perla corrió a abrazarla.
—Rose… muchas gracias por venir –susurró la gema pálida mientras sentía que las lágrimas volvían a caer. Sabía que le mancharía el vestido blanco a la gema gigante, pero en ese momento no le importó; sólo quería estar cerca de ella.
—Oh Perla, querida –susurró de vuelta Rose, la cual acariciaba la corta cabellera de la gema que era como su hija–. Estoy muy orgullosa de ti y de tu equipo. Todas jugaron bastante bien, ha sido un juego cardíaco.
—Rose… –los brazos de Perla se aferraron al gran cuerpo de la otra gema mientras que Lapislázuli y Amatista observaban la escena, enternecidas. Instantes después, Rose separó a Perla suavemente y le sonrió con aire travieso:
—No pienses que he olvidado nuestra pequeña promesa… –susurró la gema rosa. Perla parpadeó, ligeramente confundida, y Rose desvió su atención: La gema pálida siguió la dirección de su mirada, y se encontró con su entrenadora Garnet no muy lejos de ahí, la cual la observaba pacientemente mientras Rubí y Zafiro sonreían a su lado.
—Ve con ella, te está esperando –la animó Rose, y Perla asintió. Se secó las lágrimas y corrió a encontrarse con Garnet.

Cuando Perla se acercó a su amiga, Rubí y Zafiro retrocedieron un poco para darles su espacio. Después, entrenadora y alumna se miraron por unos instantes. Perla quería felicitar a Garnet por la victoria, decirle que se encontraba muy feliz de saber que Jasper por fin la dejaría en paz, y que gracias a la adrenalina de los últimos momentos tenía unas increíbles ganas de abrazarla y besarla.

Pero de sus labios no brotó ninguna palabra.

La gema pálida comenzó a juguetear con sus manos, típico gesto de ella cuando estaba nerviosa. Garnet reprimió una pequeña sonrisa al notar ese acto; a estas alturas, lo reconocía fácilmente y comprendía su significado.

—Ese fue un lanzamiento excelente, Perla –comenzó Garnet mientras colocaba una mano sobre la cintura–. Has mejorado mucho desde que comenzamos.
Perla sonrió tímidamente. Los halagos de la gema que estaba frente a ella siempre hacían que su corazón se acelerara.
—M–muchas gracias Garnet, pero nada de lo que hice hoy hubiera sido posible sin tu ayuda. Te estoy profundamente agradecida por tus enseñanzas… por todo –Perla inhaló, tratando de reprimir las lágrimas que querían volver a salir–. Por fin Jasper te dejará en paz.
Garnet se acercó un poco más a la gema pálida. Perla alzó la vista para verla mejor; casi podía sentir la respiración de su amiga por la cercanía.
—Sí. Lo hicimos –susurró Garnet, y su sonrisa se amplió. En un abrir y cerrar de ojos, la gema alta tomó a Perla por la cintura y comenzó a darle vueltas felizmente. Perla se sobresaltó al principio, pero al cabo de unos segundos se dejó llevar y comenzó a reír energéticamente mientras alzaba los brazos y disfrutaba de los giros. Garnet rio con ella, y ambas gemas gozaron del momento a pesar de los ojos curiosos que comenzaban a posarse sobre ellas. Finalmente, las carcajadas amainaron y Garnet se detuvo lentamente para dejar a Perla en el piso con gran suavidad. Sin embargo, sus manos no abandonaron la cintura de la gema pálida, y las manos de ésta última se quedaron en los hombros de su amiga; Ambas se miraron intensamente, y a pesar de los lentes, Perla pudo observar los tres ojos polícromos de Garnet llenos de alivio y regocijo.
— ¡INACEPTABLE! –gritó Jasper de repente, y todos los presentes dirigieron su atención hacia la gema en cuestión. Perla y Garnet se separaron y la miraron; pisando fuertemente, con las manos hechas puño, la cara arrugada y rechinando los dientes, Jasper se acercó a Garnet y a Perla. Detrás de ella estaba Peridot, la cual parecía intranquila–. ¿Crees que has ganado, Garnet? ¿Crees que aquí termina todo?
Garnet se colocó delante de Perla de manera protectora. Se acomodó sus lentes y, con su usual calma, repuso:
—Tenemos un trato, así que sí, hemos ganados y aquí termina todo.
—Jasper, el marcador lo dice todo; por favor, ¡deja a Garnet en paz! –intervino Perla mientras se ponía al lado de Garnet y rodeaba el brazo de su amiga; no la dejaría sola en esto, ni tampoco pensaba quedarse en segundo plano. Jasper gruñó y sacudió la cabeza, frustrada. Peridot colocó una mano sobre el hombro de la entrenadora.
—Entrenadora… –susurró la gema verde mientras alternaba su mirada entre Jasper y Garnet, sus ojos denotando preocupación. Jasper sacudió su brazo bruscamente para quitar la mano de Peridot, haciendo que ésta última cayera al piso. Perla se cubrió la boca con una mano, reprimiendo un gemido de asombro.
—Dos años… –continuó Jasper–. Dos años estuve preparándome para volver a enfrentarme a ti y obtener la victoria… ¡Me rehúso a irme derrotada! ¡YO DEBERÍA SER LA NÚMERO UNO, NO TÚ!
Perla se aferró un poco más al brazo de su amiga; la verdad es que le daba pena ver a Jasper así de alterada y albergando tanta sed de venganza. Pero, ¿qué podían hacer para ayudarla? No las escucharía, y menos en ese estado.
— ¡Si le vuelves a gritar a Garnet de esa manera, te las verás conmigo! –interrumpió Rubí de repente. A su lado estaba Zafiro, mucho más serena que la pequeña gema roja.
—Si continúas gritando así, los presentes comenzarán a inquietarse; si no quieres más problemas, deberías tranquilizarte –agregó Zafiro. Jasper miró a ambas gemas, y su cara se arrugó aún más.
— ¡Ustedes…! –comenzó la gema naranja, pero Garnet dirigió su atención hacia sus pequeñas amigas:
—Rubí, Zafiro, déjenme esto a mí –murmuró, y después volvió a mirar a la otra gema alta–: Jasper, el juego ha terminado. A mí no me importa ser la mejor jugadora de todas, ni ser conocida en todo el Homeworld, ni tener cientos de premios con mi nombre. ¡Sólo quiero que dejes a mis seres queridos y a mí en paz!
— ¡TONTERÍAS! –estalló Jasper–. A pesar de todo lo que hice para sacarte de mi camino, las tácticas que usé para deshacerme de ti… ¡aquí estás como si nada! ¡No es justo!
En ese instante, Jasper levantó un puño con la intención de pegarle a Garnet, pero ésta, con sus rápidos reflejos y antes de que Perla pudiera actuar para ayudar, alcanzó a detenerla por la muñeca. Muchos de los presentes gimieron de asombro. La mano de Jasper tembló locamente, y después de eso, abrió su mano y la dejó caer, pesarosa. Garnet liberó su muñeca después de eso.
—…Patético –susurró la gema naranja. Al escuchar eso, Garnet hizo una mueca de dolor que sólo Perla pudo percibir; al parecer, su amiga tampoco sabía cómo ayudarla en su desesperación.

Momentos después, la policía llegó al gimnasio y se llevó a una cabizbaja Jasper con ella. Garnet, Perla y el resto de las gemas la observaron partir. Poco a poco, el gimnasio comenzó a despejarse, y los presentes comenzaron a retirarse. Perla, que seguía abrazando el brazo de Garnet, bajó la mirada.
—Ojalá hubiera algo que pudiera hacer para ayudarla. No tenía idea de que ser la número uno era tan importante para ella –murmuró la gema pálida.
—…Odio esta sensación de impotencia –fueron las únicas palabras de Garnet, pero Perla la comprendía perfectamente; después de todo, ella se sentía igual.
—Diamante Amarillo… –susurró una tercera voz en ese momento, y las otras dos gemas alzaron la vista. Junto a ellas estaba Peridot de pie, y a sus lados estaban Rubí y Zafiro, vigilándola.
— ¿Peridot? –Perla alzó las cejas. La gema verde se veía agobiada.
—Ese es el nombre de una gema muy importante para Jasper: Todo lo que Jasper hace es para tener la aprobación de Diamante Amarillo. El baloncesto no era una excepción –explicó Peridot mientras colocaba su extraña mano sobre su brazo contrario y bajaba la mirada–. Yo… no tenía idea de todo lo que Jasper te hizo hace dos años, Garnet.
Garnet alzó una ceja, confundida, y miró a las dos pequeñas gemas que la acompañaban; ambas asintieron al mismo tiempo, y la gema oscura comprendió que ellas le habían comentado a Peridot algo sobre eso.
—Diamante Amarillo… –susurró Garnet para sí misma.
—Quiero crear mi propia tecnología robótica –continuó Peridot, mirando a Garnet con seriedad–. Cuando Jasper llegó a esta escuela, se enteró de mi objetivo y me pidió que fuera su asistente para ayudarla en lo que me pidiera, y yo a cambio obtendría los recursos necesarios para sacar adelante mi proyecto, así que accedí. Jamás creí que sería capaz de lastimar a otras gemas con tal de complacer a esa tal Diamante Amarillo. ¡Yo solo quería progresar en mi tecnología robótica! Y al final no obtuve nada…
—Dice la verdad –intervino Zafiro–. Hemos revisado su expediente y efectivamente ha trabajado con los profesores del instituto que imparten las clases de tecnología del Homeworld.
Garnet y Perla se quedaron boquiabiertas. Rubí se encogió de hombros.
— ¿Qué? Estuvimos investigando un poco antes de que el partido comenzara –aclaró Rubí. Peridot miró a las gemas pequeñas de reojo, ligeramente perturbada.
—Eeeeeen fin –la gema verde reanudó su habla–. Ya no quiero saber nada de la entrenadora Jasper. Haré como que nada pasó con ella si ustedes me dejan trabajar tranquilamente en mi proyecto, ¿de acuerdo?
Perla y Garnet se miraron.
—Eh, seguro. Nosotras no tenemos nada que ver con tu proyecto después de todo, así que… suerte con ello –respondió Perla. La gema oscura asintió.
—Gracias por la historia –dijo Garnet. Peridot desvió la mirada, ligeramente incómoda.
—Bueno, yo me voy… supongo que las veré en el instituto… –Peridot le echó una última mirada a las gemas pequeñas, ligeramente desconfiada, y después se giró para dirigirse a la salida del gimnasio mientras susurraba para sí misma–: A este paso me dará un ataque de jaqueca…
—Eso ha sido extraño –comentó Perla después de que la gema verde se fue.
—Efectivamente –asintió Garnet–. No sé qué clase de gema sea esa tal Diamante Amarillo, pero espero que Jasper reflexione sobre sus acciones y su forma de realizarlas.
—Pienso lo mismo. Querer impresionar a alguien usando esa clase de métodos no es… precisamente saludable.
Ambas se quedaron en silencio después de eso. Instantes después, alguien aclaró la garganta, y Garnet se sobresaltó.
—Oh, por cierto –comenzó ella–. Quizá ya sea un poco tarde, pero quisiera presentarte a dos gemas muy importantes para mí.

Perla la miró y sonrió: Sabía perfectamente de quiénes estaba hablando.

—Chicas, vengan acá –las llamó Garnet, y Rubí y Zafiro, las cuales seguían de pie no muy lejos de ellas, se acercaron rápidamente.
— ¿Nos llamaste, Garnet? –preguntó Rubí, una enorme sonrisa plasmada en su rostro. Sus ojos se encontraron con los de Perla, y la pequeña gema le guiñó el ojo a ésta última. Perla se cubrió una pequeña sonrisa con la mano.
—Sí. Ella es mi amiga Perla, la gema de la que les he hablado –comenzó Garnet, y después miró a la gema pálida–. Perla, ellas son Rubí y Zafiro.
Perla colocó un mechón de cabello detrás de la oreja, y posteriormente se puso de cuclillas para estar a la misma altura que las otras dos. Con una amable sonrisa, saludó:
—Es todo un placer conocerlas, Rubí y Zafiro. Espero que podamos ser buenas amigas.
—Me agrada la idea –asintió Rubí. En eso, Zafiro cogió la mano de Perla, y Rubí cogió la otra mano libre de la gema pálida.
—Estoy segura de que así será –murmuró suavemente Zafiro mientras entrelazaba su mano disponible con la de Rubí. Así, las tres estaban unidas. Perla, parpadeó, maravillada con la seguridad que emanaban las pequeñas gemas. Finalmente, sonrió y rio con suavidad.
— ¡Magnífico! –exclamó Perla mientras agarraba con más fuerza las manos de Rubí y Zafiro.

Después de charlar por unos instantes más, Rubí y Zafiro dijeron que tenían que irse, así que se despidieron de las otras dos y se retiraron del gimnasio. Después de eso, la gema pálida se puso de pie y miró a Garnet, la cual había observado la escena con curiosidad.
—Bueno, eso fue inesperado –admitió la gema oscura mientras cruzaba los brazos. Perla sonrió de manera inocente.
—Qué puedo decir, Rubí y Zafiro son encantadoras –mencionó Perla; lo que pasó en el gimnasio sería un pequeño secreto entre ellas tres.
—Algo me dice que se encariñarán contigo muy rápido –sonrió Garnet–. Tal y como me pasó a mí.
— ¿Tú lo crees? –preguntó Perla, halagada, pero cuando registró las últimas palabras de su amiga, su cuerpo dejó de responder y se paralizó.
—Sí –respondió Garnet, la cual no estaba consciente del estado actual de Perla.
—P–perdón, ¿qué has d–dicho? –tartamudeó la gema pálida de repente, refiriéndose a las palabras anteriores de Garnet.
—Que sospecho que se encariñarán contigo muy rápido –repitió Garnet. Al ver el rostro de Perla totalmente azul, la gema oscura alzó una ceja, ligeramente extrañada–. Perla, ¿te encuentras bien?
La gema en cuestión regresó al presente gracias a la voz de Garnet, e inmediatamente agitó la cabeza con brusquedad para despejar la mente.
— ¡S–sí, me encuentro perfectamente bien, nunca había estado mejor! –en ese momento, un pensamiento y una cierta gema alta aparecieron en la mente de Perla de repente–. ¡Santas gemas! ¡Garnet, yo también tengo que presentarte a alguien! ¡Sígueme!
Y tras esas palabras, Perla tomó a su confundida amiga de la mano y la llevó hacia donde estaban Rose, Amatista y Lapislázuli.
— ¡Hey, qué tal chicas! –saludó Amatista con una sonrisa maliciosa cuando Perla y Garnet se acercaron.
—Eh… hola. ¡Oh, Rose! –exclamó Perla mientras se acercaba a Rose, tratando de evitar la mirada que le estaba dando Amatista–. Rose, ella es mi amiga Garnet… Garnet, ella es Rose, la gema de la que te hablé antes.
— ¡Oh! Por fin pude conocerte, Garnet. Perla me dijo hace un tiempo que estaba teniendo clases intensivas de baloncesto con alguien –comentó Rose con una suave voz, y después susurró–: De hecho, últimamente lo único que hace Perla es hablar sobre ti.

Las mejillas de Perla se tiñeron de un profundo color azul.

— ¡R–Rose! –exclamó la gema pálida, nerviosa. La gema rosa soltó una pequeña risita, y Garnet sonrió. Posteriormente, ésta última liberó suavemente la mano de su amiga para estrechar la de la enorme gema que se encontraba frente a ella.
—Es bueno conocerte, Rose –mencionó Garnet suavemente. Rose estrechó con fuerza la mano de la gema oscura.
—Lo mismo digo, Garnet –respondió Rose–. Por cierto, ese ha sido un partido de baloncesto realmente excitante. ¡Le has enseñado a Perla a jugar muy bien! ¡No sabía que ella era capaz de jugar así!
—También fue una novedad para mí –Admitió Garnet, y Perla le dirigió una mirada de soslayo a la gema oscura ante este comentario–. Pero ha mejorado. Y mucho.
—Por supuesto, y todo ha sido gracias a ti –agregó Lapislázuli.
—Seeeeh, quién diría que la nerd tendría talentos así escondidos –añadió Amatista.
—Ugh, ¡Amatista! Si me propongo algo, puedo cumplirlo. Es sólo que... nunca antes había tenido razones para jugar baloncesto –explicó Perla.
—Y a pesar de eso, hoy jugaste con el equipo oficial del instituto –dijo Rose suavemente. Perla bajó la mirada unos instantes, pensativa, y después alzó la mirada para encontrarse con los grandes ojos de Rose mirándola:
—Sí –repuso la gema pálida, y sus ojos se dirigieron a la gema oscura que estaba a su lado–. Tenía una razón para hacerlo: Quiero estar ahí para aquellos seres importantes para mí.
Una enorme sonrisa iluminó el rostro de Garnet al escuchar esas palabras.
—Aww, ¡es hora del abrazo grupal! –exclamó Amatista, y de repente, abrazó a Garnet y a Lapislázuli, que eran las que estaban más cercanas a ella.
— ¡Espléndida idea! –añadió Rose con una suave risa mientras abrazaba a Perla y a Lapis. Perla se puso colorada cuando sintió el brazo de Garnet rodeando su cintura.
— ¡Un hurra por la victoria! –mencionó Amatista.
— ¡Hurra! –gritaron las cinco gemas al unísono, y después estallaron en felices carcajadas. El resto de las jugadoras del equipo del Instituto Crystal Gems se acercaron a ellas y se unieron a la celebración.

El juego había terminado.

...


¡Y ahí está! Un capítulo largo ya que el último estuvo algo corto y para celebrar esas hermosas escenas Pearlnet del episodio de "Cry for help". Este Stevenbomb está jugando con mi corazón de fangirl, y seguro no soy la única que pasa por eso. Aún así, ¡me encanta!

La escena de Perla y Garnet girando felizmente estuvo en mi mente mucho antes de que saliera el episodio del lunes. ¡Buu! Pero no me quejo; me encantó esa escena, la verdad. Y el baile de fusión. Y ese movimiento de dedo de Garnet. Ugh, estoy hablando demasiado, lo lamento.

¡Muuuuuchas gracias a todos por sus reviews! Significan mucho para mí. Espero sus impresiones acerca de este capítulo también~ Y bueno, nos acercamos al final de esta historia...

¡Nos vemos en el próximo capítulo, y muchas gracias por leer! :)