One More Secret

Bastó un par de bostezos para que Marinette lo mandara a dormir. En un primer momento, se negó, pero no tardó en ceder pocos instantes después porque se quedó dormido solo. Ella lo acomodó como pudo sobre la cama improvisada y lo observó. No pudo evitar sonreír y preguntarse si, sin el traje dormía también acurrucado como un felino. Pasó su mano por la cabellera rubia y enseguida lo notó ronronear. ¿Aun dormido? Marinette tuvo que aguantar la risa por miedo a despertarlo, pero siguió acariciándolo. A ella le gustaba Adrien por ese corazón noble y las ganas de hacer lo correcto, por la bondad que le salía. Chat Noir, en ese aspecto, no era distinto. Dios, si hasta estaba dispuesto a morir por Ladybug, quien, en teoría, le gustaba.

Su pregunta, su especie de miedo, era si Adrien gustaría de ella por ella o por ser Ladybug. No creía (ya no creía, mejor dicho), que decía lo que decía por decirlo, porque tenía un alma de bufón, pero ahora su miedo no era ese.

El rostro de Tikki apareció frente a ella y le sonrió simpatizando.

—¿Qué piensas?— preguntó. Marinette sacudió la cabeza.

—Cosas que no importan ahora.

Tikki estuvo por hablar, pero el bastón hizo un sonido particular. Marinette se estiró a tomarlo y vio la llamada entrante con el icono de Alya.

Atendió. Ella estaba en los alrededores y Marinette se detuvo a orientarla por donde tenía que entrar y donde estaba ella. Al cabo de unos minutos, alguien tocaba una de las estanterías como si fuese una puerta y la voz de su amiga se hizo oír por encima del murmullo de la radio. Marinette corrió una de las paredes improvisadas con cuidado y la hizo pasar. Le hizo gesto de silencio y le señaló al minino durmiente.

—¿Qué le pasó?—inquirió con curiosidad, mientras se sentaba en el suelo y descolgaba la mochila para acomodarse mejor.

—No durmió en toda la noche—respondió, sentándose, cerca de él—. Ni en todo el día.

—El cansancio lo consumió —acotó su amiga y Marinette asintió.

Entonces notó una mirada de cariño hacia el rubio y Alya sonrió.

—Sí, lo vi estos días. Parecía nervioso todo el tiempo—comentó en un suspiro—. Hay que darle crédito por preocuparse así por su compañera.

Marinette asintió, de nuevo, esta vez con un aire más pensativo.

—Hablando de Ladybug ¿pudiste verla?— preguntó su amiga mientras revolvía su mochila, Marinette negó con la cabeza.

—No, exactamente—empezó a mentir, intentando no ponerse nerviosa—. Si estuvo, fue cuando estaba… eh, durmiendo.

Alya asintió, casi sin prestar mucha atención.

—Que raro que, conociéndose ustedes, no se haya involucrado más...—señaló.

—Bueno, no sé… quizás aún sigue herida… y… que se yo… quizás esta ocupada haciendo otras cosas, con su vida privada y todo eso…

—Claro, debe estar preocupada porque su identidad está en juego. Es, honestamente, entendible.

Marinette asintió reiteradas veces. La morena sacó una tablet de entre sus pertenencias y la encendió, frente a la mirada atenta de su amiga. Por

—Aunque me interesaría saber cuáles son los motivos del médico para creer que de todas las personas, tú eres Ladybug.

—Ah… no tengo idea. Calculo que será porque el tipo de…¿herida?—sugirió ella—. El Dr. Fablet es médico, debe tener algún fundamento.

Alya asintió con gravedad. Inhaló y exhaló aire en el mismo tono y Marinette se encogió en el lugar.

—Sí, también puede ser eso—comentó—. Se supone, además, que los trajes de Ladybug y Chat Noir son mágicos, tienden a amortiguar los golpes.

Marinette asintió, insegura ya por el tono que hablaba su amiga.

—Por más que los supervillanos enviados por Hawk Moth tengan más fuerza, cualquier herida que ellos tengan con el traje sería mucho menor comparada con la de cualquier civil. Incluso la tuya… que no fue muy grave, gracias a todos los cielos.

Alya la miró, tocando algunas cosas en su tablet. Luego se inclinó hacia ella, mostrándole el video que preparó. Marinette tomó entre sus manos el objeto y observó: era un video de una camara de vigilancia del hospital.

Mostraba como de la ventana de una habitación entraba o salía Chat Noir, dependiendo de la hora que se mostraba en la esquina superior del video. Marinette vio como, todas las noches, sin falta, el rubio aparecía, cargando un morral que parecía pesada y se iba, minutos después, con el mismo morral vacío.

Levantó la vista a Alya, quien solo gesticuló para que siguiera viendo. Pálida como una hoja, Marinette volvió la vista al aparato y vio los once días que estuvo allí. El último día, la noche anterior, se mostró como salía, cargando con una persona y escalaba hacia arriba para. La cámara de seguridad cambió a una que estaba en la azotea, donde se vio, pese a la oscuridad y por el movimiento, que quien parecía Chat Noir subía allí y dejaba a su acompañante a su lado. Hubo un destello de luz en donde se pudo apreciar, claramente, como aquella persona en pijama se transformaba en quien parecía Ladybug y después, ambos, desaparecían hacia un costado. La cámara volvió a cambiar y se mostró, nuevamente, a Chat Noir y quien parecía Ladybug, entrando a la habitación por la ventana para que, unos minutos más tarde, Chat Noir saliera con una chica con vestimenta de calle y una mochila hacia una dirección desconocida.

Marinette volvió a levantar la vista hacia Alya, quien no dejó que su amiga dijese nada antes de abrazarla con fuerza.

.

Sí, en perspectiva, ambos tendrían que haber tenido más cuidado para esas cosas. Los dos se confiaron demasiado en que no iba a haber cámaras de seguridad en aquellas partes de la clínica. Alya le dijo que después de clases fue a la clínica y como que robó los videos que aún no habían sido entregados a la policía, que las cámaras estaban puestas en cada piso y según el ala; que se dio cuenta que era la habitación de Marinette por esos detalles, que en sí el rostro de la persona o sus rasgos físicos no se veían, pero que sí se podía dilucidar quien era al cotejar la lista de asignaciones de cama con la ubicación de las cámaras.

—Tuve mis sospechas, como el Dr. Fablet; además de que también me metí donde no debía para ver los registros de ingresos de las guardias—le relató—. Cuando Chat Noir ayer me dijo que estaba en un lugar donde se la podía visitar, sabía que mentía; ninguna herida que se asemejaba con la gravedad que él hablaba que Ladybug tenía coincidía con los diagnósticos dados en todas las clínicas y hospitales del area.

Lo más parecido era lo de Marinette. Alya calculaba que un médico podía hacer algunas suposiciones más o mejores fundadas, pero que también tendrían que ver que tan interesado en Ladybug estuviese.

Marinette no sabia que decir, ni como reaccionar. Su amiga se dio cuenta por un descuido que ambos tuvieron. Sopesó la idea de despertar a Chat y avisarle, pero… no quería despertarlo. Ya demasiado tenía con todos esos días casi por su cuenta, su preocupación por ella y todas las cosas a las que tenía que atender como Adrien. Se quedó callada y la escucho, Alya no le reclamaba por no habérselo dicho, hasta en cierto punto parecía entenderlo. Ahora. Le pidió disculpas por, en su momento, haber intentado descubrirla, pero… Marinette entendía aquello; eran los primeros meses donde ella y Chat Noir eran LA sensación por ser la novedad. Ella apenas le contó que tuvo que decírselo a sus padres también.

—Entonces, el sabe quien eres...—señalo a Chat Noir—. Tu…

Marinette negó la cabeza con demasiado ímpetu. No iba a decirle quien era Chat Noir.

—No, nunca. Fui muy estricta respecto a eso y no… él respeta esa decisión. Entiende que es por nuestra seguridad.

Alya asintió.

—Entonces eso de que Adrien…

Marinette asintió y se sonrojó. Estiró la mano hacia Chat Noir y empezó a acariciarle el cabello, intentando distraerse de la situación en sí, produciendo el ronroneo que ella ya conocía. Alya la miró, viendo por primera vez ese evento; una sonrisa particular se asomó en sus labios.

—Me acuerdo estar en el auto de él, yendo a la clínica y a él hablándome para distraerme del dolor—no era mentira, pero… tampoco la ayudaba a sentirse mejor respecto a seguir mintiendo.

Alya sonrió por ver esa escena que parecía tan normal para Marinette.

—Parece comportarse como uno de verdad.

—Si, los trajes… hacen eso. A él más. Y es divertido a veces.

—Lo recuerdo, lo he visto antes.

—Cuando se enfrentaron a Audimatrix—asintió ella.

—Si no fuese porque se que te gusta Adrien—Marinette se tensó involuntariamente—. Diría que es recíproco lo suyo.

Por toda respuesta, ella sonrió.

Alya, en complicidad, la codeó.

—Imaginate si fuese Adrien.

Dios santo y todo el coro angelical. Que alguien le pare el carro a la intuición de esa mujer.

—¡Au!—el quejido de Chat Noir acompañado con llevarse las manos a la zona que sintió el tirón. Se dio vuelta y miró a Marinette con reproche—. Apreciaría que tengas más cuidado, mi… Marinette.

Alya tuvo que reprimir la risa mientras su amiga se deshacía en disculpas intentando explicarse. La radio los interrumpió ante la mención de "noticia de última hora" y, más tarde, el avistamiento de una persona akumatizado. Escucharon la ubicación y en cuanto la locutora anunció que se estaría previendo la aparición de Chat Noir en los próximos momentos allí, el trío dejó de prestar atención.

—Bueno, supongo que eso es el llamado a la acción—Alya se dirigió a Chat Noir, quien se desperezaba mientras asentía a sus palabras.

—Deberé pedirte que te retires a un lugar seguro—dijo, poniéndose de pie—. Hablaré con milady para saber si ella estaría disponible y sino, te llamaré a ti.

—Con que soy la segunda opción, ¿eh?—Alya señaló, haciéndose un poco la ofendida

—Yup. Lo siento. No, miento; no lo hago—el otro se encogió de hombros y levantó las manos—. Ladybug siempre estará primero para mí

Le guiñó un ojo y la otra rompió en risas cómplices, pero accedió a irse. Mientras la veía irse, Marinette recordó por qué decidió que viniese en primer lugar y tuvo que correrla algunos metros, dejando a Chat Noir atrás.

—Me olvidé de pedírtelo, pero si puedes encontrar algo el Dr. Fablet…

La morena rió y le guiñó un ojo.

—Voy a empezarles a cobrar por mis servicios de recadera a ustedes dos ¿eh?

Marinette rió y la vio irse antes de darse vuelta y encontrarse con Chat Noir y Tikki esperando por ella.

—¿Tanto tiempo con ella y no se lo pediste?¿De qué hablaron?—inquirió el rubio inclinándose sobre ella y mirándola con sospecha complice.

Marinette no tardó en alejarlo sutilmente, divertida.

—Nada que te interese, gatito—replicó—. Ahora, vamos; tenemos que salvar París.

El tono de confianza, la postura y el hecho de que no esperó una respuesta de su parte para transformarse, provocó una sonrisa amplia en el rubio y no tardó en seguirla.


Perdonen no haber podido subir el capitulo estos últimos días, a diferencia de cómo he venido haciéndolo. Me enfermé y tuve que hacer reposo.

Pero, la buena noticia es que ya estoy medianamente mejor y aquí me leen.

No soy muy buena con las escenas de acción, y tampoco sé como encarar lo que sigue, pero... algo saldrá (?)