Fatal Quidditch

-¡Ya estoy en casa!- Una voz masculina retumbó en el pequeño apartamento, cuyos propietarios venían arrendando desde hacía un par de meses, con el fin de encontrar un sitio para vivir cercano a sus locaciones de trabajo y a sus sitios de estudio. La vida no parecía tener ningún inconveniente, todo parecía transcurrir según la caída tranquila de las aguas de un río, sin sobresaltos, sin sorpresas, todo en paz entre Yao Wang y el mundo muggle al que había vuelto, escapando de su pasado y de un corazón adolorido, que por más suturas que tuviese, no sanaba. Las heridas aún estaban demasiado abiertas, demasiado vivas como para curarse de la noche a la mañana con o sin magia.

-¡Im Yong Soo!- exclamó llamando a su compañero de departamento, a aquel surcoreano, primo en segundo grado por el lado de su madre- Tiene todo hecho un chiquero aru- Suspiró al ver tendidas las cosas por todas partes sin orden alguno; ropa, libros, hojas volando, pizza de hacía un día o dos, Yao tenía claro que nunca más debía dejar al pelinegro sólo por más de 10 horas de nuevo, o el pandemónium cundía en su "tranquilo hogar". Sin embargo, hubo algo que llamó la atención del joven chino, y es que si bien todo estaba revuelto, no parecía ser un desorden típico, sino más bien, unos indicios de alguna pelea. Había unos jarrones rotos y las cortinas de la ventana del salón estaban arrancadas desde sus argollas.

Algo malo había sucedido, no hacía falta ser un detective para notarlo.

-¡Im Yong Soo!- Volvió a llamar Yao, esta vez más asustado, buscando indicios de que su primo se encontraba bien ¿Y si había sido un ladrón el que había entrado? Yao rogaba que sólo fuese eso…y no algo peor, o mejor dicho…

Alguien peor…

Que no fuese Iván el que lo había encontrado…

Con desesperación, aceleró su búsqueda por los cuartos, la cocina, el baño, su habitación, todo en caos, todo como únicos vestigios de una pelea. Tragó saliva con fuerza al percatarse de que la puerta que daba a la habitación de su primo se encontraba entre abierta y que un líquido rojo se esparcía por el suelo…un gran charco de brillante y lúgubre sangre.

Con el alma en un hilo, Yao abrió la puerta con fuerza para toparse con una horrenda escena que nunca podría saca de su mente por más que quisiera; frente a él, y en un charco de sangre, Im Yong Soo se encontraba tendido, con el estómago abierto, de él brotando la sangre a chorros, dejando ver las viseras y los órganos cercenados por algún objeto de gran filo, un machete quizás o un cuchillo como los que utilizaban en las carnicerías para cortar los músculos de los animales en el matadero, tal y cual se había convertido el pelinegro ante la furia de un asesino al que no le había importado, si quiera, limpiar un poco el desastre que había ocasionado, es más, parecía que había jugado hasta los órganos vitales del muchacho. Había disfrutado del asesinato tal cual un cruel y brutal psicópata lo hacía al torturar, tal como habían hecho con su primo.

Sin embargo lo más brutal no era la escena gore sub-real que tenía por delante, sino más bien, la expresión de terror que estaba plasmada en los muertos ojos del coreado, los músculos del rostro contorsionados en el rigor mortis con una expresión que había mantenido en los últimos segundo de su vida, al ver el rostro silencioso de su atacante; la piel ahora pálida, gélida, cobrada por la mano del ángel de la muerte, mostraba manchas de sangre, como si su asesino lo hubiese tocado, como si hubiese buscado algo en los rasgos aterrados del joven que yacía sin vida en la alfombra de la habitación.

Yao sentía que no podía resistir por mucho tiempo más el observar el cuerpo de su primo, se había quedado paralizado ante tan horripilante visión, no podía pensar, no podía respirar, no podía gritar, simplemente, no podía reaccionar ante la escena que tenía enfrente, no podía no podía, no podía ¿Quién le había hecho eso a Im Yong?...Simplemente no encontraba ninguna explicación racional ante el asesinato, pues robo no había sido…no, eso había sido personal, como si alguien simplemente se había querido ensañar con la persona del sur coreano.

Las manos del joven chino temblaban y se llenaban de sudor frío, sentía como su cuerpo se estremecía y pronto perdería la consciencia ante la escena, se sentía debilitarse, caer y caer y caer cada vez más en el frío que lo invadía en esos momentos, recordando que una vez oyó, que muchas personas sentían esta descompensación física al encontrarse con la imagen de un cadáver, pero difícilmente creía que alguien podía imaginarse lo que él estaba sintiendo en esos momentos.

Entonces fue cuando lo vio, no se había percatado en tal nimiedad comparado con el resto de la escena, pero que al entenderlas con dificultad comprendió su absoluto significado, y más importante, supo en aquel momento quien había sido el asesino de su primo menor.

Allí estaban las letras del alfabeto ruso, pintadas en la blanca pared de poster arrancados con la misma sangre perteneciente al coreano, como una sentencia perpetua para Yao.

-Eres sólo de mi pertenencia, Yao- Lo sabía, lo había oído en más de una ocasión, lo había leído en cientos de cartas, las últimas sin respuesta, lo sabía…sabía que había sido Iván el causante del tal atrocidad.

-Te lo dije una vez, Yao, tú eres mío y de nadie más…ningún tercero se interpondrá nunca más entre nosotros- La voz gélida que pretendía ser infantil se escuchó a las espaldas del chino, quien paralizado como estaba, no podía escapar de su presunto próximo asesino.

Iván se acercó desde las sobras al joven de cabellos negros y lo rodeo por la cintura y el cuello con el brazo, dejando que el otro pudiera sentir su respiración en el cuello descubierto.

-Nunca podrás escapar, nunca podrás esconderte de mí, Yao, porque eres mío y sólo mío ¿No es divertido, da?- Y con una risa carente de alegría, el Ruso desapareció con Wang en sus brazos, abandonando la escena del crimen que los policías no encontrarían días más tardes producto del fuerte olor a descomposición que comenzaría emanar del cuerpo sin vida del joven muggle.


Roderich caminaba a paso firme por las calles de Hogsmeade, tratando de no perder su aristocrática compostura a medida que una rabia interior lo consumía poco a poco desde la vez que Elizabetha, su Betha, le había dicho que estaba embarazada y que le importaba un reverendo rábano casarse con él, pues no lo iba a hacer.

Él lo sabía, lo intuía, sabía que Gilbert debía estar metido en todo esto, sabía que siempre la culpa era de ese estúpido e insufrible alemán albino con complejo de superioridad y problemas de narcisismos graves; Roderich sabía que Gilbert conocía al padre del bebé de Elizabetha, era algo obvio de suponer, no había que ser Merlín para pensar en ello.

El día era cálido, mas el austriaco no sentía la fina brisa primaveral que se acercaba para abrazarlo, en su mente pasaban mil y una ideas de convencer a Elizabetha de abortar a ese "error" que llevaba en su vientre y recobrara el escaso sentido común que tenía y se casara con él.

-¡Oh! ¿Qué hace el podrido señorito en día de clases en Hogsmeade?- Una voz raspada y con un acento marcado resonó a sus espaldas. Gilbert lo encontró primero- ¿Por fin decidiste sacarte esa vara del trasero y relajarte un poco o qué? ¡El mundo podría acabarse en unos momentos por esto!

Roderich apretó fuertemente sus puños y se volteó para encarar a aquel albino con sonrisa ególatra en sus pálidos labios, y con esa mirada borgoña fija en sus ojos.

-¡Kesesesese! ¿Qué pasa señorito? ¿Te has quedado mudo ante mi awesome presencia?- Inquirió divertido Gilbert, acortando la distancia física que había entre su opositor, aquel Ravenclaw que una vez le arrebató el amor de su Eli, aquel que la marchitó…Lo detestaba más que a nada en el mundo, incluso, le daba mucho más asco aquel austriaco que aquel ruso loco de Iván.

A Roderich no hizo más que aumentarle su cólera, no lo soportaba, ya no podía más, debía enfrentar a ese…a ese rastrero bueno para nada – Lo sé todo- Dijo tratando de aparentar un tono firme en su voz que ocultase el temor y la furia que llevaba dentro.

-¡Wow!- A su vez contestó Gilbert- No me sorprende que lo sepas "todo", Edelstein, siempre has sido un sabelotodo insufrible- Y rió Beilschmidt, así sin más, con cierto afán provocativo contra su enemigo. Roderich afiló su mirada violacia, detestaba ser humillado y más por ese insufrible, él era un caballero con modales de porte aristocrático, nacido en el seno de una buena familia de Viena, no como ese imbécil, cuyo único noble aporte era su apellido, todo lo bueno lo había sacado su hermano menor, pero hasta cierto punto. A su juicio, los Beilschmidt estaban podridos desde sus entrañas.

-No, Gilbert, me refiero a que sé "TODO" sobre el embarazo de Elizabetha- Su voz se había vuelto afilada, logrando callar las carcajadas del albino alemán, quien de inmediato se puso en guardia.

-¿Y eso qué?- Le apestó mosqueado- Elizabetha es libre de contarle su embarazo a quien desee, aun que me sorprende que te lo hubiera dicho a ti, precisamente, tú no eres más que un hijo de puta manipulador para ella.

-Siempre eres tan vulgar- le apestó el austriaco, no lo soportaba, detestaba demasiado a Gilbert Beischmidt como para mantener la calma que aparentaba- Sí precisamente me escapé del colegio fue para venir a hablar contigo, o más bien, intentarlo, pues sé que tú conoces al padre de "esa cosa" que lleva Betha dentro de ella, y si vine a hablar es para que me ayudes a convencerla de abortar ¿Quién querría a una impertinente mujer con un hijo sin padre? Nadie, no valdrá nada, pero si logro convencerla, se podrá casar conmigo y podrá tener…

¡PAFT! Un fuerte golpe en la mejilla derribó a por completo al austriaco, azotándose contra el duro piso.

-¡¿PERO QUE DIABLOS HA…?!- Otro golpe en la nariz propinado por Gilbert y uno más en la mandíbula le cerraron la boca suelta y llena de veneno al austriaco. Roderich estaba shockeado, el dolor era muy fuerte, y ya podía sentir el sabor metálico de la sangre en su boca, pero aún más, se sentía confundido a tal limite por los golpes que Gilbert le había dado, que no era capaz de seguir enfrentándolo.

El albino por su parte se encontraba colérico, sus ojos rojos destilaban de odio hacia Edelstein. Con fuerza, lo tomó por la solapa de la chaqueta de señorito que llevaba y lo colocó contra una pared.

-Escúchame bien bastardo, porque sólo lo diré una vez- Siseó- Elizabetha no se hará un aborto, lo que lleva en el vientre no es una cosa, si no un feto, y no te acercarás, ni soñarás con siquiera tenerla porque ella es demasiado mujer para una mierda como tú, y porque el padre de ese niño o niña te hará pedazos de forma muggle antes de que siquiera se te ocurra acosarla. Ese niño es mío ¡¿ME OÍSTE?! ¡Y no dejaré que toques a mi awesome familia, ¡¿ME ENTENDISTE PEDAZO DE MIERDA BARATA?!

Por el miedo, Roderich no pudo más que asentir con la cabeza, esperando no ser golpeado nuevamente de aquella manera tan salvaje.

Gilbert lo soltó y lo dejó allí tirado, caminando en dirección hacia su bar, pues en la parte superior se encontraba su mini departamento de ex –soltero. Necesitaba relajarse, había quedado con Antonio allí para ver cómo podrían efectuar su plan de ataque contra el trío de víboras y recuperar a sus personas preciadas; por lo demás, necesitaba una buena jarra de cerveza bien helada, sus nudillos se estaban hinchando por la fuerza del golpe, y no era tan nenita como para correr por una poción que aliviase el dolor momentáneo que acarreaba la victoria. No, Gilbert Beilschmidt saborearía el momento, por largo tiempo, en que el ese señorito podrido se dio cuenta de que Elizabetha es su Eli y de nadie más.
-¿Una Carta? – Sin embargo, el torrente de pensamientos que llevaba hasta entonces, cuando vio un sobre pegado a su puerta, con la clara letra de Antonio en él.


A miles kilómetros de distancia de Hogwarts, en el área nuclear de la bella Inglaterra, se encontraba en Londres el Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas mágicas, y en su interior, más específicamente en la sala de esperas de la Cuarta Planta, se encontraba un cabizbajo español; había tomado un tren a Londres de emergencia a primera hora de la mañana tras enterarse que Felicciano sería trasladado a Italia nuevamente en compañía de su abuelo, y que el hermano de su "tomatito", de su Lovi-love, no presentaba mejoría alguna, de hecho, parecía decaer cada vez más, era como si se fuese consumiendo poco a poco en ese extraño estado de coma en el que se encontraba y a lo que los Sanadores no podían dar una explicación certera, era el primer caso de ese tipo que habían visto, y los magos británicos consideraron que era tal vez alguna maldición cuya fuente se hallaba en Italia, la tierra natal del pequeño Hufflepuff, y por lo mismo era más conveniente trasladarlo.

-Antonio- Un voz grave lo llamó con calma, el español levantó su oliva mirada para encontrarse con Caesar, el abuelo de los gemelos Hufflepuff, y el único pariente vivo que tenían- Gracias por venir y por la preocupación.

-No debe darme las gracias señor Varga- Sonrió Carriedo- Feli es un gran chico, y debía venir a saber de él…de su…estado…-Pero a pesar de tratar de demostrar su usual optimismo deslumbrante, su voz se iba a apagando con cada palabra que articulaba, no era demasiado bueno fingiendo alegría donde no la había.

Caesar Vargas observó esto y frunció la boca en una mueca de tristeza y comprensión, sentándose al lado del joven, cuya cabeza había vuelto a su posición de reflexión y angustia. El hombre italiano sabía lo que ocurría, era fácil que los chicos, Antonio, Gilbert e incluso Francis, confiasen en él, por lo que los planes contra el trío de Slytherins, y averiguar que les sucedía en verdad a los gemelos, no era un asunto del todo vetado para su persona-Debemos permanecer fuertes- Declaró el viejo hombre, quien a pesar de sus años, seguía mostrando valor de Gryffindor- Y lograr que los chicos se recuperen, o si no, les habremos fallado, no debemos decaer, Antonio.

El aludido subió levemente la mirada, y asintió con suavidad. ¡Qué diferente podían llegar a ser los conceptos de valentía entre las casas enemigas que eran Gryffindor y Slytherin!

-Sí…-Salió como vaga respuesta desde los labios del castaño, cuando en eso, cientos de gritos de horror se escucharon desde la planta baja del hospital; ambos hombres no se hubiesen movido, de no ser porque aquellos alaridos se acercaban a su posición.

De inmediato, tanto como el viejo Vargas y el joven Carriedo alistaron sus varitas y se colocaron posición defensiva frente al pasillo que daba a la habitación de Feliciano, si un potencial enemigo deseaba pasar, primero se las debía ver con el viejo auror italiano y con el demonio de ojos verdes.

Más gritos se oyeron, pero con eso, se escuchaban crujidos y extraños sonidos de cuerpos siendo separados ¡¿Qué rayos estaba pasando?! Se preguntaban los escasos valientes que se quedaron en la salita para observar lo que sucedía; Fue entonces cuando un hombre se acercó demasiado a la escalera, y como si por "obra de magia" fuese, se partió por la mitad, dejando regados sus órganos, músculos y litros de sangre por todo el blanco piso. Un espectáculo grotesco que no hacía más que rememorar las masacres propiciadas por los mortífagos hacia quienes tenían enfrente durante aquellos años de oscuridad donde Quien-no-debe-ser-nombrado, reinó con toda su majestad.

-¡¿QUÉ MIERDA?!- Exclamó Antonio, retrocediendo unos pasos, lo suficiente para ver como una luz de vela caía parpadeante sobre un inexpresivo rostro…un demasiado conocido para su gusto.

-Lo-vino…-A penas pudo decir al ver a su amante lleno de sangre sobre su cuerpo desnudo, tanta que no se sabía si él era el que sangraba o era producto de los posibles desmembramientos que había hecho; sus ojos se encontraban completamente opacos, posesos de una fuerza extraña, maligna- ¡LOVINO! ¡LOVINO!- El español bajó su varita, nunca sería capaz de enfrentarse a quien más amaba, a pesar de que él posiblemente intentase asesinarlo como lo hizo con aquel hombre cercano a las escaleras hacia unos escasos minutos. No, Lovino ¡¿Qué le habían hecho a su Lovino?! ¡¿QUÉ LE HABÍAN HECHO A SU AMADO?!

Aquel grito pareció despertar por escasos segundos al italiano, quien miró desconcertado el lugar en el que se encontraba y el estado en él que se encontraba, lo último que podía recordar era unos fríos y brillantes ojos violetas, una carcajada femenina carente de toda alegría, y una mirada verde, cansada, que se debatía entre lo compasivo y el deber.
-¿Qué…?- Trató de articular, pero el italiano no pudo terminar la fase, pues de inmediato cayó débil al piso, su cuerpo no era capaz de sostener su peso por mucho más tiempo- La…hermandad…Iván…no…no…son humanos…ellos…ellos…-fue lo único que pudo decir, antes de que la inconsciencia se lo llevara en sus brazos y que Antonio corriera a socorrerlo, mientras las lágrimas se resbalaban por sus morenas mejillas.


El estadio en los jardines del colegio se había llenado con una extrema rapidez, y parecía más rebosante de vida que nunca, y es que aquel partido se convertiría en una de las finales más reñidas de Quidditch, que se tuviese conocimiento en las últimas décadas, las diferencias entre los puntajes de las casas que se batirían en duelo, sólo se diferenciaban en 20 puntos, 20 escasos puntos que podrían resolver la Copa de Quidditch de ese año y dejar a la casa ganadora como líder a la Copa de aquel año ,y Gryffindor se moría por ganarle a Slytherin, quienes se habían llevado ambos trofeos por cuatro años consecutivos y no deseaban que aquel día, se lapidara como el quinto.

-¡El último partido de la temporada!

-¡Las Apuestas ya están abiertas!

-¡¿Ganará nuestra genial casa?!

-¡¿O los tramposos Slytherins se alzarán con la copa nuevamente?!

Los gemelos pelirrojos de primer año, Fred y George Weasley, ya habían comenzado con el negocio de las apuestas "ilegales", las cuales según ellos "daban mayor sabor al evento", sin embargo, cuando la Profesora se enteró de lo que estaban haciendo aquellos "ángelitos", los mandó directamente a la biblioteca, "perdiéndose" el último partido. Si claro, con el mapa que le habían encontrado a Filch, estarían sin ningún problema gozando del Quidditch.

En los camerinos de Gryffindor, las cosas no eran menos emocionantes, todos los miembros del equipo iban de aquí para allá, repasando tácticas mentales, movimientos, coordinándose entre sí, y asegurándose de que nada de la indumentaria les faltase ¡Necesitaban ganar! Necesitaban alcanzar la gloria y devolverle la felicidad de la victoria tan esquiva a su casa.

Sin embargo el capitán del equipo, Alfred, no parecía tan hiperactivo como en otras ocasiones, de hecho, parecía ensimismado anotando estrategias en una pizarra mientras parte de su mente se quedaba con los recuerdos de las palabras leídas en celta, pensamientos dirigidos hacia la identidad de Alfred Crowley y su misteriosa relación "amorosa" con Arthur Kirkland. Su mente volaba muy lejos del estadio de Quidditch y necesitaba poner todo de su parte para poder atraerla donde debía estar en esos momentos.

-Hey Jones… ¡Tierra a Jones!-El grito del sub-capitán, Charlie Weasley lo trajo nuevamente a la realidad; confuso, miró al resto del equipo quienes en silencio esperaban las indicaciones del rubio, y ciertamente preocupados por la falta de atención de su capitán, era mayor a la normal- Hey, amigo ¿Estás bien verdad?...

-¿Qué…? ¡Ah! Sí, sí, no se preocupen…-Cerró levemente sus ojos por unos segundos, poniendo todo en orden en su cabeza- ¡Bien! ¡¿QUÉ QUIERE PATEAR EL TRASERO DE ESAS SERPIENTES?!

-¡YO!- Gritó un emocionado y joven Wood, arrancando unas risas de simpatía de sus compañeros mayores.

-¡Me gusta tu energía!- Le aprobó Jones, sonriendo y alejando las nubes de tormenta de su mente- Lefevre, RIckford- Dos jóvenes, una chica de castaños cabellos y pardos ojos y un chico azabache y oji-gris, cuadraron sus posiciones imitando a soldados- Por favor, no se maten con la bluggers entre sí, el chiste es derribar a esas serpientes…no entre ustedes- La chica sólo rodó los ojos y asintió, y Rickford resoplo resignado y asintió. Alfred suspiró, eran unos excelentes golpeadores ese par…si sólo no se odiaran tanto…- MJ, Brena, sé que se han memorizado el nuevo plan de ataque, confío en ustedes chicas- Ambas cazadoras sonrieres y enseñaron sus dedos en alto- Charlie…caza esa snitch antes que Kirkland, no me gusta ver su cara de satisfacción.

-¡Oh! ¡Descuida Alfred, le joderemos la fiesta a ese engreído!- Charlie rió con sus carcajadas bonachonas y determinantes, aliviando la tensión que el americano sentía en esos momentos.

-Bien…Oliver por último…no te mates ¿bien?- Oliver Wood asintió con fuerza, listo para la acción- No creo que quede algo más por decir, hemos practicado bastante, así que sólo nos queda la…

-¡VICTORIA!- Gritaron los siete jugadores con fuerza, a medida que tomaban sus escobas y salían al estadio, rebosante de energía y vida, todo teñido de verde y rojo, los colores de ambas casas.

Los gritos eran ensordecedores, todos se encontraban preparados para presenciar el épico partido.

-¡Y YA SALE EL EQUIPO DE GRYYYYYYFFFIIIINDORRRR!- La voz del nuevo comentarista, Lee Jordan, se escuchó por todos los parlantes del lugar- ¡JONES, LEFEVRE, RICKFORD, SWAN, PETTERSON, WOOD YYYYYY WEASLEY!- Las tribunas de Gryffindor aclamaron a quienes se elevaban ya en sus escobas, unos pendones rojo y dorado mostraban su favoritismo por ellos- El equipo a cargo del Capitán Alfred Jones ha tenido una excelente temporada este año ¡Y que vayas jugadas! Jones se quiere retirar de Hogwarts con toda la gloria que conlleva aplastar a esas sucias serpien…

-¡JORDAN!- La voz de McGonagall resonó interrumpiendo las palabras del chico, sacando risas de las tribunas escarlata y de los mismos jugadores.

-¡Lo siento profesora!...Pero bueno, desde el otro lado del estadio ya sale el ¡EQUIPO DE SLYYYYYYYTHERIIIN! ¡MORAN, LYNCH, MCGREGOR, LESTRADE, O'BRIEN, MORRISON YYYYY KIRKLAND!- Las ovaciones desde las gradas verde plata, no se hicieron esperar cuando sus jugadores hicieron un vuelo alrededor del estadio- Kirkland es el capitán, y la temporada que ha hecho también ha sido envidiable, y está más que dispuesto en hacerle la competencia al trono a Jones, sin embargo yo estoy seguro que Jones lo aplastará como la sabandija…

-¡JORDAN POR ÚLTIMA VEZ!

-Sí, sí profesora… Hace Ingreso al estadio Madame Hooch, quien será nuestro árbitro en el partido del día de hoy. Y ahora un pequeño momento informativo sobre el Quidditch para los incultos y herejes que no estén familiarizados con este hermoso y noble deporte. Las reglas del partido son fáciles, hay 3 Cazadores, dos Golpeadores, un Guardián y un buscador por lado; los Cazadores deben pasarse la Quaffle entre ellos a manera de marcar tantos en los aros apostados a los extremos del campo, el deber del Guardián es impedir que el equipo contrario marque. Los Golpeadores, por su parte, impiden que las Bluggers golpeen a los miembros de su equipo (Salvo si son Rickford y Lefevre, su odio/amor mutuo es demasiado grande para no golpearse un poco entre ellos) enviándoselas al equipo contrario, con el fin de derribarlos. Y por último, los Buscadores son los más penalizados ¡Y no es por menos! Su deber es coger la diminuta Snitch dorada antes que su adversario, el equipo que atrape la snitch recibe inmediatamente 150 puntos, y el juego termina en ese momento. ¡Bien! Luego de este momento cultural que según el programa de mi estimada y adorada Jefa de Casa, la Profesora McGonagall, debo decir, ¡PODEMOS IR DIRECTAMENTE A LA ACCIÓN!

Dicho profesora se llevó una mano a la casa, su expresión era entre el "no tienes remedio" y la diversión.

Madame Hooch se elevó en su escoba, con la Quaffle entre el brazo y mirando a ambos capitanes, quienes, con recelo se acercaron. Alfred se mostraba serio, tratando de imitar aquella sonrisa ególatra que Kirkland siempre tenía en su rostro a la hora de enfrentarse en el Quidditch, pero vaya que fue su sorpresa al ver a un disminuido Arthur.

El Slytherin se veía más pálido de lo normal, demasiado, su rostro estaba demacrado y ojeroso y su cabello parecía menos brillante; cualquier persona que tuviese dos dedos de frente diría que el chico estaba anémico y que en ningún caso debía volar en esas condiciones, pero aún así…Kirkland trataba de mostrarse tan imponente como siempre frente a Jones.

-¿Te encuentras bien, Kirkland?-Preguntó Madame Hooch, visiblemente preocupada- ¿Seguro que puedes volar?

-Se lo aseguro, Madame- Contestó a su vez Arthur, tratando de disimular dolor- Ni muerto…permitiré que un Gryffindor me venza.

La mirada de Arthur se volvió más afilada y se fijó en Alfred, quien a su vez, sostuvo el duelo con entereza.

-Me parece bien entonces, dense la mano para que comience el juego- Habló Hooch interrumpiendo la tensión del momento. Casi con asco, ambos se dieron el apretón y sin más, cada uno huyó por su lado, directo hacia sus equipos correspondientes.

De inmediato, la profesora de vuelo hizo sonar su silbato y lanzó la Quaffle al aire, dando por iniciado el juego.

-¡Y la quaffle la atrapa Swan! ¡Petterson! ¡Swan! ¡Petterson! ¡Jones! ¡Esquiva una blogger enviada por Lynch! ¡Linda respuesta de Lefevre! Me agrada esa chica es de armas tomar y muy guapa...

-Jordan…

-Sí, sí profesora, Jones se mueve por entre el área de los Slytherin, envía un pase hacia Swan, Swan se acerca, Swan esquiva, marca…marca… ¡MARCA! ¡Y ES 10-0 A FAVOR DE GRYFFINDOR!

Las gradas escarlatas explotaron en júbilo ante el tanto por la chica que ahora hacia piruetas sobre la escoba para celebrar, sin embargo, pronto tuvieron que volver al juego, pues Moran, de Slytherin se había hecho de la pelota y se la alternaba con O'Brien y Lestrade, no había que negarlo, el equipo de Slytherin era fuerte y lo demostró cuando equilibró el tablero de marcar. Necesitaban atrapar la Snitch, y lo necesitaban ahora.

Alfred se encontraba nervioso, las pelotas paradas abundaban, el ambiente se había embravecido y marcar tantos se les hacía difícil a ambos equipos. De vez en cuando se oía la voz de Jordan relatando los acontecimientos por sobre el clamor de la masa, pero aún así, la guerra que se desataba en el campo de juego hacia que cualquier sonido que no fuesen instrucciones se disipase con rapidez.

-¡MUEVE TU ESCOBA WEASLEY!-Le gritó Jones a su buscador una vez que por los pelos Wood frenó una Quaffle de O'Brien.

-¡ESO INTENTO!-Exclamó de vuelta Charlie, apegándose más hacia Kirkland, por si éste veía la esquiva pelota, y así tendría más chances de atraparla.

Alfred se concentró en los pases, Brena iba a su derecha y MJ se había quedado cerca de la portería por si perdían la Quaffle, ella los detendrían. Marie Lefevre y Daniel Rickford jugaban prácticamente al tenis con Lynch y McGregor, tratando de derribarse y derribar a los del otro equipo.

-¡JONES MARCA! ¡EL MARCADOR YA VA EN 20-20! ¡QUÉ PARTIDO, SEÑORES! ¡QUÉ PARTIDO!- Alfred había logrado anotar y nuevamente iban igualados, si sólo la snitch apareciera…si sólo…

Y como si Merlín hubiese escuchado sus plegarias, un destello dorado elevándose cada vez más, hizo que los buscadores se apegasen al palo de sus escobas y subieran como flechas cada vez más alto, tratando de alcanzar a la pelota que danzaba lejos del campo.

Arthur se sentía pésimo, esa mañana había estado vomitando y nuevamente sus heridas se estaban abriendo, moría lentamente y aún así se las había apañado para jugar el último partido de la temporada frente a Jones, jamás le daría la satisfacción a ese idiota de verlo derrotado. Ningún impuro se alzaría sobre él, aún cando se encontrase agónico.

Giró levemente su mirada, Weasley le seguía muy de cerca, debía bendecir que era más liviano que su contrincante. Aceleró aún más el vuelo y estiró su mano derecha justo a tiempo para que sus dedos se cerraran alrededor del frío metal dorado, sin embargo, al hacerlo, sintió que sus fuerzas desaparecieran abruptamente y se precipitará sin límite hacia el campo, cayendo a toda velocidad.

-¡Kirkland!-Gritó Charlie asustado, podía ser su enemigo, pero nadie se quedaba indiferente cuando se ve a una persona entrar en caída libre sin nada que lo detuviese.

Alfred giró justo en ese momento su cabeza al escuchar gritos de horror; sus pupilas se dilataron y un frío bajó a su estómago al darse cuenta de que era Arthur quien se iba a matar pronto.

-¡ARTHUR!- Gritó poseído por una extraña fuerza y a toda velocidad se lanzó a receptar al chico que iba inconsciente. Si no hubiese sido por un segundo extra que tuvo, no hubiese llegado a tiempo suficiente para tomarlo en brazos y caer con mayor suavidad al suelo, con Kirkland entre sus brazos, pero ambos sanos y salvos.


"Cuando vienes aquí, me siento importante, me siento querido, me siento protegido, Al"

Arthur despertó horas más tardes de su accidente tendido en una cama de la enfermería y solamente acompañado por el viejo director del colegio, Albus Dumbledore, quien, sentado en una silla a su lado, le brindaba una pequeña sonrisa de comprensión y dolor.

-Nuevamente, estabas soñando con amor imposible…-Musitó el hombre, sirviendo un vaso de agua con la jarra sobre la mesita de noche.

-Se volvió un imposible cuando me lo arrebataron, Albus- Masculló el joven, ovillándose más en las sábanas, aún vestía el uniforme verde y plata de Slytherin, pero ya no estaba la diminuta snitch entre sus níveos dedos- ¿Quién ganó?

-Tú casa- Dumbledore hizo una leve mueca ante ello, seguía siendo un Gryffindor después de todo- Deberías estar orgulloso, a pesar de tu caída, le ganaron a Gryffindor 170-20, quedaron como líderes de la Copa de este año.

-No me interesa ese estúpido juego de niños de juntar más puntos, es absurdo.

-Es una tradición más vieja que nosotros dos juntos, Arthur- Sonrió el anciano, bebiendo un poco de líquido- Los estudiantes se esfuerzan al máximo por ganar un punto para sus casas, se sienten orgullosos de representar el ethos que cada uno de ellos lleva muy dentro.

-Sigue siendo…una tradición absurda- Volvió a decir- ¿Qué gana uno al demostrar ser el más inteligente, el más audaz, el más "trabajólico" o el más valiente, si muchas veces ni ellos mismos creen en ello?- Arthur enfrentó su verde mirada contra la azul de Dumbledore, dos miradas viejas y llenas de experiencias, impenetrables cuando deseaban serlo.

-No creo que el joven Jones pensara lo mismo…-Susurró como si nada el viejo mago- Él fue quien te rescató cuando caías, a pesar de que son enemigos declarados desde primer año. Se desligó por completamente del juego para poder auxiliar a su contrincante…eso es un acto heroico no planeado, y merece unos puntos.

Arthur se quedó mudo ¿Alfred F. Jones…rescatándolo? ¿De verdad era eso posible? Un fuerte dolor azotó en su costado, las heridas volvían a abrirse y la sangre salía por borbotones, era horrible, su cuerpo estúpidamente humano, ya no soportaba la magia, el ser que él era. Se destruía, se consumía…

Dolor, era el castigo por ser quien era, por ser la misma magia transmutada en un ser humano, debía pagar por ese pecado, pero no lo deseaba vivir, vivir realmente y no como lo había hecho durante cientos de años en su vida, deseaba respirar, ser libre…estar con…"él".

Estar con Alfred, con su amado Alfred, aquel niño que lo protegía sin importar las consecuencias, quien lo amaba más allá de todos los límites, un amor inocente que duró décadas…y que terminó abruptamente una noche…abandonándolo…dejándolo sin esperanza, aferrándose a la vida como pudiera, y tratando de cumplir un promesa que no podría realizar, que estaba cansado de tratar de hacerla realidad, cansado de luchar contra el dolor…quería morir, ya no podía más…ya no podía seguir sobreviviendo, ya no le importaba la promesa, sólo quería morir y estar con Alfred, con sus padres, sentirse seguro nuevamente en ese oasis que era su vida, quería morir y ser simplemente magia, no quería manchar su alma con el ritual, no quería manchar su magia uniéndose a un impuro…sólo quería conservar esa pureza que conservaba, sólo quería conservar la parte más especial de su ser inmaculada…quería morir para poder lograrlo, quería descansar.

-Mátame Albus…-Dijo apenas el Slytherin- Mátame de una vez por todas y acaba con este martirio de años, no soy capaz de cumplir con mi madre…quiero unirme a ella y a mi padre…y a Alfred…quiero desaparecer y volverme magia…mátame…no quiero sentir más dolor…

-Arthur…me pides demasiado, sabes que no haré tal cosa, a penas has vivido…

-¡TENGO 106 AÑOS, ALBUS! ¡HE VIVIDO MÁS QUE UN SER HUMANO PROMEDIO!

-La mayoría de ese tiempo has permanecido encerrado en una burbuja, aislado del mundo que te rodea casi por propia voluntad- Dumbledore no alzó la voz, nada sacaba con ponerse a gritar con Arthur, debía demostrar su madurez apenas dos años mayor que la persona que simulaba ser un adolescente frente él- No has vivido.

-¡Estuve vivo cuando Alfred estaba a mi lado! ¡Lo estuve cuando mis padres aún vivían! ¡ESTABA VIVO CUANDO SÍ TENÍA UN PROPÓSITO PARA HACERLO! ¡AHORA NO SOY MÁS QUE UN CONDENADO!

-¡Sigues estando vivo! ¡Tus hermanos mayores te quieren, son ellos quienes te protegen ahora! ¡Hay más personas en tu mundo de las que había antes!

-¡¿Mis hermanos?! ¡Si fuera por ellos ya me habría muerto! ¿Qué más personas? Sólo tú no te has alejado de mí, y es porque te conocía desde hace mucho tiempo…¡Dime por quien más vale la pena tratar de seguir viviendo!

-Tal vez por Alfred F. Jones…-Un silencio se hizo luego de las palabras mencionadas por el mago- No es tú Alfred, sin embargo, es una persona que se preocupa por ti

-Mientes, y lo haces jodidamente bien, Albus- Replica, porque quiere creer en él, quiere creer en sus palabras, pero le es imposible. Sabe que se ha enamorado de Jones, sabe que le recuerda de manera muy vaga a Crowley, pero no puede enamorarse de él, le es vetado, un imposible.

-Sabes que digo la verdad, pero eres demasiado terco para reconocerlo…

-No Albus, el dolor de reconocer aquel sentimiento…sería peor que la misma muerte de forma impura…


Alfred estaba tirado en su habitación, encerrado, decaído. Habían perdido, sí, pero el Quidditch en esos momentos era lo menos importante para él, si no saber el estado de Kirkland.

Luego del accidente del campo de Quidditch dieron por finalizado el partido al ver que Slytherin había ganado, pero a nadie le importó demasiado, si no que todos se preocuparan al ver sangrar al buscador de las serpientes y convulsionar fuertemente entre agónicos espasmos de dolor.

Por unos momentos, Alfred pensó que Arthur se moriría entre sus brazos.

Se levantó de la cama y se cambio de ropa por una más cómoda, un simple canguro y vaqueros, y rápidamente emprendió una carrera hacia la enfermería, pasando por el lado de sus desganados compañeros de casa que a pesar de haber perdido, no le recriminaban nada a su equipo, ellos estuvieron fantásticos, pero las serpientes les ganaron. Además a Jones le dieron 100 puntos por salvar a Kirkland, algo es algo.

Alfred corrió por los pasillos, saludó vagamente a Nick que le dio su apoyo, y esquivó a Pevees que ponía trampas para los incautos; no se detuvo hasta llegar a la enfermería de puertas cerradas…pero aún así…llegaban los sonidos de una discusión hasta el pasillo.

-¡Estuve vivo cuando Alfred estaba a mi lado! ¡Lo estuve cuando mis padres aún vivían! ¡ESTABA VIVO CUANDO SÍ TENÍA UN PROPÓSITO PARA HACERLO! ¡AHORA NO SOY MÁS QUE UN CONDENADO!

-¡Sigues estando vivo! ¡Tus hermanos mayores te quieren, son ellos quienes te protegen ahora! ¡Hay más personas en tu mundo de las que había antes!

¡Esa era la voz de Arthur! ¡Y el otro era Dumbledore! Y parecían tener una muy fuerte discusión. ¿Arthur quería morir? Se oía desesperado, se oía triste, abrumado…jamás pensó oír aquel tono de voz proveniente del egocéntrico Slytherin.

-¡Sigues estando vivo! ¡Tus hermanos mayores te quieren, son ellos quienes te protegen ahora! ¡Hay más personas en tu mundo de las que había antes!

-¡¿Mis hermanos?! ¡Si fuera por ellos ya me habría muerto! ¿Qué más personas? Sólo tú no te has alejado de mí, y es porque te conocía desde hace mucho tiempo…¡Dime por quien más vale la pena tratar de seguir viviendo!

-Tal vez por Alfred F. Jones…-Un silencio se hizo luego de las palabras mencionadas por el mago, Alfred se quedó pasmado por ellas y no pudo más que acercar su oreja a la puerta de roble para saber si podía captar otras palabras- No es tú Alfred, sin embargo, es una persona que se preocupa por ti

¿Qué Dumbledore dijo qué? Bueno, preocuparse no era necesariamente la palabra indicada, sino más bien, sana y psicópata curiosidad hacia lo que era Arthur Kirkland y su prometido desaparecido en acción.

-Mientes, y lo haces jodidamente bien, Albus

¿Era eso decepción lo que oía en su voz? ¿Arthur Kirkland estaba decepcionado…de esas palabras? ¿Acaso Arthur quería que él, Alfred, lo protegiese?

-Sabes que digo la verdad, pero eres demasiado terco para reconocerlo…

-No Albus, el dolor de reconocer aquel sentimiento…sería peor que la misma muerte de forma impura…

Ok, eso sorprendió a Alfred definitivamente, y no pudo controlar lo suficiente en el impulso de idiotez que lo embriago e hizo posesión de todo su cuerpo, cuando decidió cegado por algún extraño sentimiento, abrir las pesadas puertas de roble e intervenir como el invitado no deseado en esa discusión.

Albus y Arthur giraron sus rostros hacia Alfred, quien plantado en la puerta, no sabía que decir, simplemente actuó. Una posibilidad era correr como un cobarde hacia su habitación y no salir de allí hasta que finalizara el año, pero él no era así, él era un Gryffindor, valiente, tenaz, y si ya la había cagado, pues tendría que asumirlo como hombre que era.

-Yo…emmm…vine a saber cómo se encontraba Kirkland…- Dijo a penas, pensando una excusa coherente para disculparse de su actuar espontaneo.

Dumbledore miró a Arthur con una sonrisa de "te lo dije" marcada en sus labios y se levantó de su asiento, mirando al joven rubio parado sin moverse.

-Creo, Joven Jones, que usted y el joven Kirkland tienen muchas cosas de las que hablar, y no podría haber interrumpido en un momento mejor que este para hacerlo…Hasta luego, Arthur, es siempre un placer hablar contigo.

-Albus…-Dijo el Slytherin en la cama como si con ello pudiese detenerlo, sin embargo, el anciano director, salió por la puerta, sonriéndole a Alfred y alentándolo para que caminase dentro.

El ambiente era incomodo, demasiado incomodo, era odio lo que había entre ellos ¿Cómo se suponía que se debía reaccionar cuando se descubrían nuevos sentimientos ocultos? ¿Cómo ver a los ojos del otro…sin mentir?

Jones avanzó y Kirkland se encogió más en sus sábanas, dándole la espalda al americano para evitar enfrentarlo, en parte por el dolor que azotaba a su costado con heridas mágicas, y en otra para tratar de evitar la mirada que Alfred había puesto sobre él.

-Yo…Kirkland…sé…sé lo que eres…sé quién eres en realidad…- Las palabras salieron de manera espontanea de la boca de Alfred, necesitaba soltar todo lo que por meses había averiguado.

Arthur abrió sus grandes ojos verdes, iluminados por la magia, los trazados de los nudos en su cuerpo se hicieron más visibles que nunca, se mostraban producto del miedo del que fue preso en ese momento.

Alfred abrió su boca por el asombro, al ver las líneas verdes que cubrían el cuerpo de Arthur.

-Te felicito- dijo con pesadez el Slytherin- Te has dado cuenta quien soy realmente ¿Estás feliz?

-Yo…- esas marcas, se le hacían tan familiares…eran…como parte de sus más viejas memorias. Un zumbido comenzó a sonar en sus oídos, demasiado fuerte para ser ignorado; como fue capaz, se acercó más a Arthur, y con sus dedos, rozó la piel de este justo por donde estaban los nudos, cayendo inconsciente al piso.

-¡Alfred!- Para Arthur parecía un Deja vú, una vez vio a su Alfred caer…y ahora a Jones lo veía en misma condiciones ¡¿Por qué el destino era una soberana perra con él?!

Largos minutos pasaron, Arthur había olvidado su dolor, y ahora mantenía en su regazo la cabeza de su amado, rogando por que despertara; los nervios lo traicionaban, comenzaba a derramar brillantes lágrimas de diamantes por sus pálidas mejillas. No quería perderlo…

-No a ti…no a ti…por favor, despierta Jones…¡sólo hazlo, idiota!

Y como si sus plegarías hubiesen sido escuchadas, Jones abrió los ojos, pero había algo extraño en ellos, era como si mirase todo lo conocido como si fuese nuevo…algo nuevo pero a la vez viejo…

-Jones…-Susurró Arthur, pero el aludido negó, confuso, con la cabeza.

-No, Arthur…No me apellido Jones…

Mi apellido es Crowley…

A Arthur el mundo se le vino encima.


SÍ! LOS HE VUELTO A DEJAR CON EL SUSPENSO MUAJAJAJAJ QUE MALA SOY!
No la verdad necesitaba escribir algo así, era necesario, pues bien! el misterio está seudo resuelto, Alfred F. Jones es Alfred Crowley y ya sabe que Arthur es un hijo de la Sangre
Bien, lo subí antes de año nuevo en mi país, lamento no haber subido antes, la U es una perra cuando quiere, pero me complace decir que soy la mejor de mi carrera^^ así que entré en competencia por una beca! Es Awesome!
Mil gracias a quienes siguen aún esta historia, a mi wife, a Soli, a la Kanon (Por fin actualicé yei! y sube las demás fotos!)
Les quiero desear un muy feliz año nuevo, que cumplan todas sus metas y expectativas y eso... ¡FELIZ 2013!
Con amor! PRONGSKJ!