¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. Les ruego que se den una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.

¡MUCHAS GRACIAS A MIS LECTORAS DE PRUEBA! Kala–neechan por reírse de mis locuras y a Yukime–chan por leer mis barrabasadas.

Un especial agradecimiento a Ekléctica, quien se dio el enorme trabajo de corregir el fic.

Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, y en este caso se recomienda mucho, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D

Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!


ADVERTENCIA.

Principio 47 para ver y entender Manga: Nada demora más un romance que vecinos entrometidos.

Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.


Capítulo 9: Hay Amor en el Aire.

Coliseo.

4 días después.

09:15 am.

El Santuario bullía de actividad. Si bien no habían activado ningún grado de alerta, era obvio que preparaban una buena defensa. Serra había brindado mucha ayuda, sobre todo al momento de describir a Gran Fuego, sus técnicas y objetivos. Curiosamente, nadie estaba muy preocupado: quizás al no tener noción de lo que realmente significaba esta amenaza, nadie la tomaba en serio… o como dice el Sun Tzu: "Toda guerra se basa en el engaño. Por ende, cuando esté en condiciones de atacar, finja incapacidad," entre otros sabios consejos. Pero no estoy del todo segura.

Con su cola agitándose de ese modo, Flopsi, la curiosa mascota de Serra, levantaba polvo y hacía vibrar las estructuras cuando por accidente golpeaba una de ellas. El dragón–mascota había causado un extraño furor entre los santos: Máscara de la Muerte estaba fascinado, lo mismo que Kanon y Aldebarán. La más que imprevista y enérgica llegada del dragón hizo maravillas con la popularidad de Serra, y había ayudado no solo a que la chica se sintiera más cerca de casa, sino además a que los demás santos ya no la mirasen con tanto recelo, si es que esto fue así en un principio.

Es que Serra era muy especial. Aunque fuera extraterrestre, una guerrera, tuviera extrañas habilidades y aunque la hubieran tomado por una aparición, bastaban cinco minutos conversando con ella para que todo eso quedara de lado. Era muy agradable… aunque ya había demostrado tener su genio. Shura las vio negras cuando insinuó que una mujer debía permanecer en casa (para colmo de colmos, Isabella también le escuchó) y Docko tuvo que aguantar una dura madrina, debido a que la chica no estaba de acuerdo con sus bonsáis (Serra tuvo la impresión que el árbol sufría y aún no la hacían cambiar de opinión).

"A VER: ¡HAZTE EL MUERTO!" Pidió Máscara de la Muerte. Flopsi le miró unos segundos, asintió con energía y en un súbito movimiento, dio un salto y cayó sobre su espalda, fingiendo estar muerto, remeciendo el coliseo hasta sus cimientos. "¡ENCIMA INTELIGENTE! YO QUIERO UNO DE ESTOS." Aseguró alegre.

"¿No te importa que parezca un perro maltés en su forma de bolsillo?" Preguntó Saori curiosa.

"Su forma dragón hace que el ridículo valga la pena, Princesa." Aseguró Máscara, mientras acariciaba la nariz de Flopsi, que seguía de espaldas en el suelo, aunque con los ojos abiertos, una mirada dulce, y agitando la cola.

Los dorados observaban muy divertidos. Al estar Saori allí, había más que los usuales seis dorados. Shion, Máscara, Shura, Aldebarán, Shaka, Camus, Afro y Mu disfrutaban de las monerías del dragón. Los demás santos o se encontraban en las doce casas, o atendiendo asuntos personales, como era el caso de Milo (él y Alisa habían llevado a Kyrus a control médico) y Aioros. Serra no estaba allí. Shura se puso de pie y bajó a la arena, en donde Máscara jugaba con Flopsi, y tomó un trozo de madera que había allí.

"Hey, Flopsi." Shura llamó la atención, agitando el palo. "A POR ÉL." Dijo mientras lo lanzaba. El dragón no se demoró ni un pestañeo en ponerse sobre sus cuatro patas y salir disparado tras el palo. La risa fue general.

"Estoy contenta." Dijo de pronto Athena. "Estoy pasando un momento agradable con ustedes." Aseguró momentos antes de volverse hacia Shion y jalarle la manga. "¿Puedo montar en Flopsi, Shion?" Preguntó con los ojos brillantes.

"¿Está usted loca? Flopsi será manso, pero ni en broma dejo que lo monte: se puede hacer daño." Este reclamo de Shion salió de las genuinas profundidades de su alma.

"¡Ay, no dejas que me divierta!"

"Vamos Excelencia: la princesa no se va a hacer daño con todos aquí." Se apresuró a decir Aldebarán, siempre presto a apoyar a su diosa.

"¿Y si se cae del dragón? Mi corazón no aguantaría ese susto." Chistó enojado el Patriarca. "No quiero verla entre las patas de esa criatura." Todos los dorados, más Saori, le quedaron viendo con cara de circunstancias.

"El corazón del Maestro está en excelentes condiciones." Aseguró Shaka tranquilo.

"No sólo reaccionaríamos antes que la Princesa se cayera, sino que además podemos reanimarlo en caso que sufra un ataque." Afirmó Camus, con relajo. Shion entrecerró las cejas.

"Podemos llevarlo a un centro asistencial con la misma rapidez." Concluyó Mu con una sonrisa.

"¿Puedo montar a Flopsi, Shion?" Insistió Saori con ojos grandes. "¿Porfis, Porfis, Porfis, Porfis, Porfis?" El Patriarca suspiró.

"No."

"¡Qué malo eres!" Rezongó la diosa con los ojos llorosos.

"Así no ocupo cariño."

Saori miró a sus santos en busca de apoyo, pero estos no más se encogieron de hombros. Cuando a Shion se le metía una idea en la cabeza, era terco como una cabra y no había manera de hacerle cambiar de opinión. De momento, la diosa no vería sus deseos cumplidos, ya que su tutor le negaba el permiso. ¡Ratas!

"¿Han visto lo bonitas que están mis rosas?" El comentario de Afro sacó a todos de onda, y más de alguno quedó colgado. El santo de piscis parecía estar en su salsa: en sus manos había una preciosa rosa de color naranja con bordes rojos. "Me consideraba un buen jardinero hasta que conocí a Serra: tengo que pedirle que me enseñe un truco o dos. Ayer estuvo en mi jardín largo rato y no sé que tiene, pero hasta mis rosas venenosas se alegraron de verla y no le hicieron daño."

"Eso es verdad. Desde que le echó una buena palabra a todas las plantas del Santuario, estas están MUY bellas." Aseguró Shaka. "Sin mencionar contentas: mis árboles se alegran de verla."

"¡Eso es verdad! Hasta las plantas de mi casa parecen sanas." Aseguró Máscara. Todos le quedaron mirando.

"Tú no tienes plantas en tu casa, Máscara." Dijo Mu muy seguro. El santo de Cáncer se encogió de hombros.

"¿Y lo que crece en el techo?"

"Eso es maleza." Explicó Shura.

"Oh." Máscara ni se inmutó por la aclaración. "El caso es que hasta yo tengo que reconocer que el Santuario está precioso. Esta es una de las primaveras más lindas que recuerdo. ¿O no han visto el bosque? Nunca lo había visto así."

"Dudo que haya estado más precioso antes." Afirmó Shura, quien miraba al horizonte. "Por cierto, ¿dónde se metió ese dragón?"

Ni que lo hubiera invocado, Flopsi apareció al poco rato, arrastrando algo pesado con él. Saori y los demás dorados estallaron en risas al ver que en vez de ir por el palo que Shura había lanzado, Flopsi había regresado con una columna, siendo esta la razón de su retraso.

Shion se acomodó en las gradas y fijó la vista al cielo. Desde hacía varios días que se sentía melancólico. Quizás la inusitada belleza del bosque y de las plantas estaba despertando muchos recuerdos en él. Suspiró y miró en dirección del bosque.

"No." Se dijo a sí mismo. "El bosque ha estado más bonito antes." Añadió calmado y con conocimiento de causa. Si bien Serra había causado un gran cambio… el bosque aún no llegaba a su máximo esplendor.


Flashback.

¡Qué chasco! Como detestaba hacer las rondas a esa hora y encima en este sitio tan alejado de todo. No le gustaba el bosque. Nunca pasaba nada allí que valiese la pena. ¿Por qué lo habían mandado al bosque? No había hecho nada malo… ¡Venga! Encima lo habían enviado solo con lo aburrido que estaba. Shion se llevó las manos detrás de la cabeza y suspiró de fastidio. Nunca más cubría el turno de nadie, por muchos favores que le debiera: podían cobrarle el favor en momentos inoportunos, como le había pasado ese día.

Estaba convencido que Iñaki y Docko le habían metido en este problema nada más porque eran los únicos que sabían que esa noche iba a salir con Melissa.

"Me las pagan." Gruñó tras patear una piedra. "Seguro ahora se están riendo de mi." Bueno, nadie dijo que ser un santo dorado de dieciocho años fuera fácil de sobrellevar.

Shion siguió caminando cada vez con más fastidio. ¿No se suponía que esto era tarea de los guardias? Bah. Athena le había dicho que este tipo de actividades forjaban el carácter y que no se quejara tanto. Pero… ¿Para qué quería forjar su carácter cuando ya había pasado por pruebas tan… duras? Si bien adoraba a su diosa, una mujer ya mayor, no le encontraba ni pies ni cabeza a la razón que le había dado para justificar su guardia.

Había alguien no lejos, distinguió una silueta sobre aquél pino, que definitivamente era humana. Se detuvo a observar mejor, para ver quién era. Nunca se sabía cuando podían atacarles, ni en dónde. Sin embargo se relajó pronto… reconoció a aquella persona.

Estaba sobre una rama de aspecto firme, con la espalda apoyada contra el tronco, en una envidiable actitud de relajo. Dormía profundo, eso era cosa segura, tan profundo que no parecía haberle detectado a él. Shion aguantó la respiración al verle. ¡Es verdad! Ella pasaba mucho tiempo en ese bosque, cuando no estaba en su casa.

La observó en silencio algunos minutos. Le admiraba ese equilibrio que tenía: ni siquiera en sueños sufría caídas. Su larga trenza caía por sus hombros y colgaba en el aire. No estaba usando su armadura, ni tampoco su atuendo de entrenamiento, sino ese extraño vestido suyo que por su corte y confección le recordaba que además de ser una amazona, era una joven mujer.

Shion sonrió travieso y decidió jugarle una broma. Nunca perdía la oportunidad de hacerlo. Además ¿para qué se dormía en el bosque, expuesta a este tipo de travesuras? Se iba a reír mucho, ¡Cómo se reiría! En punta de pies, y con movimientos casi gatunos, Shion se acercó al árbol, planeando qué iba a hacer exactamente. Entonces miró hacia arriba.

La amazona estaba en calma y no parecía haberse dado cuenta de que estaba allí, cosa curiosa, pero eso no fue lo que llamó su atención… Ella… no tenía su máscara puesta. ¡El Asustado Fue Él! Clavó la mirada al suelo en el mismo segundo que se dio cuenta de que le había visto el rostro, sin alcanzar siquiera a reparar en los detalles.

Aguantó la respiración y regresó sobre sus pasos, con los mismos elegantes y cautos movimientos, pero esta vez para pasar inadvertido en su fuga, rezándole a la diosa para que su compañera de armas no lo descubriese: una cosa era jugarle una broma y otra muy distinta era mirarle el rostro sin la máscara. Eso sí que no. ¡La tipa era una sádica cuando se lo proponía! Sin mencionar que no le hacía gracia perder la cabeza ni involucrarse en una pelea de mil días.

Fin de Flashback.


"¡MÍRAME SHION!" Este alegre y juvenil grito lo distrajo de su recuerdo. Saori le llamaba con un inusual entusiasmo. El Patriarca miró en dirección de la diosa. "MIRA SHION: ¡SIN MANOS!"

Lo que vio casi le provoca el puñetero infarto con el cuál había estado amenazando momentos antes. Flopsi correteaba por el coliseo y en su lomo, Saori se divertía en grande, sin parar de reír. Furibundo, Shion se volvió hacia los dorados, que, con la expresión más inocente del mundo, le miraban como si el hecho de que la atolondrada diosa estuviese montando un dragón de otro planeta no fuera la gran cosa.

"¿Quién La Ayudó A Subirse Allí?" Exigió saber Shion, con una gran vena pulsándole en la frente.

Por respuesta, los dorados miraron hacia otro lado y se pusieron a silbar cada uno una melodía diferente.


Bosque del Santuario.

Era la hora del anochecer. El Sol estaba a punto de desaparecer en el oeste, y sus últimos rayos hacían del ambiente algo muy bello. El bosque estaba en silencio, mecido por unas cuántas suaves brisas.

Serra se había mantenido principalmente en el bosque. Decía que la ausencia de árboles la hacía sentir muy extraña. En esos días había ido de un extremo a otro del Santuario, jugando y explorando, cuando no tenía que asesorar a Shion y los dorados respecto de la amenaza que se cernía sobre la Tierra. Tan sólo había dormido una noche entre las amazonas, las demás noches las había pasado en el bosque, observando las estrellas en dirección a su mundo, preguntándose qué tal estaría su gente.

Extrañaba a sus amigos. Si bien aquí habían sido muy amables, y en muchos casos muy divertidos, no era lo mismo como en casa, menos aún sabiendo las penurias que estaban pasando. Pero algo había en ese Santuario que lograba hacerle olvidar de a momentos su pena… o más bien alguien.

Serra se sentó en el columpio que apenas había improvisado y se meció en él. Se había sacado las botas, las muñequeras y la capa. Su cabello se lo había atado y se dejaba mecer por la inercia, mientras ponía atención a los sonidos de los árboles. Así la encontró Aioros.

El santo de Sagitario sonrió. En esos días, había acompañado a Serra todo lo que había podido, pero por más tiempo que pasara junto a ella, más se convencía que no era el suficiente. Se acercó con calma hasta la chica y cuando ésta estuvo a su alcance, le dio un ligero empujoncito al columpio, sorprendiéndola.

"¿Qué haces tan sola por aquí?"

"¡Mi señor Aioros!" Exclamó Serra dando un respingo.

"¿Te asusté? No es bueno tener la guardia baja."

"Tan solo me sobresalté." Le dijo Serra con coquetería. "Y mi señor se equivoca al decir que estaba sola: el árbol me acompaña."

"¿No voy a lograr que no me llames 'mi señor', verdad?" preguntó Aioros derrotado. Serra negó con la cabeza. "Me haces sentir viejo… ¿Te molesta si te acompaño?"

"Vuestra presencia nunca me molestaría." Aseguró Serra, quien se puso de pie, tomó su capa y la extendió en el suelo, donde se sentó con delicadeza. "Venid, sentaos conmigo."

Aioros se sentó junto a Serra y observó el paisaje. El sol apenas acababa de ocultarse en el horizonte: no debía quedar más de veinte minutos de luz. Los ojos de Fantasma comenzaron a brillar muy tenues. El santo de Sagitario miró de reojo a la chica, que miraba hacia el cielo, pasando sus largos dedos por su cabello. ¡Qué Linda se Veía! Tan juguetona y tan diplomática al mismo tiempo. Era como una niña alegre, pero cuando la ocasión lo requería, era una dama, en todo el sentido de la palabra.

"Cuéntame de tu hogar." Le dijo de pronto. "Pero no me hables de la guerra que hay allí. Cuéntame como es."

"¿Por qué mi señor desea saber de mi hogar?" Preguntó Serra casi con sensualidad. Aioros le sonrió.

"Porque si eres tan bonita, entonces tu mundo debe ser precioso." Le piropeó sin ningún recelo. Las mejillas de Serra se sonrosaron.

"Si es así, entonces os contaré como era antes de la devastación." Le dijo con voz suave. "¿Mi hogar? Bueno… mi hogar no está en la ciudad. Voy allí seguido, no me queda muy lejos de casa. Vivo en el bosque de los Árboles Milenarios. Allí hay una aldea pequeña: vivimos sobre y entre los árboles."

"Eso suena muy divertido." Dijo Aioros con los ojos cerrados y muy en calma. "Con razón te gustan tanto las acrobacias. ¿Qué hace una chica tan linda como tú, entre los senescales?"

"¡Mi señor me está avergonzando!" Exclamó Serra, con el nerviosismo propio de una chica a quien nunca han piropeado.

"Es mi deber como Santo de Athena decir la verdad." Aioros le guiño el ojo coqueto, al tiempo que se echaba en el suelo cuán largo era y ponía los brazos detrás de la cabeza.

"Eso se lo dirá a todas." Afirmó Serra, mirando al cielo. "Pero os lo diré de todas maneras. Los senescales somos guerreros del Rex, como ustedes, santos, lo sois de Athena. Soy la Senescal de la Tradición."

"¿Por algo en especial?" Preguntó Aioros. Serra lo miró y se tardó en responder, a propósito.

"Porque lo heredé de mi padre." Afirmó. "El número de Senescales siempre varía, así como sus títulos. No es como en vuestro caso, que las mismas armaduras y títulos permanecen. Sin embargo, el título de Senescal de la Tradición siempre ha sido cosa permanente a través de las épocas."

"Suena lógico, sino, no sería tradición." Aioros volvió su mirada hacia Serra y se dejó perder en sus ojos. "Entonces supongo que el tuyo es un cargo importante entre los senescales."

"No más importante que el cargo que ocupan los demás senescales. Somos un comitatus que sigue al Rex y que cuidamos del reino. Entre nosotros, somos todos iguales." Serra se detuvo unos instantes, también perdida en los ojos de Aioros.

"Si es un cargo que permanece, entonces algo de peculiar ha de tener."

"Sí. Hay una diferencia: los guerreros de la Tradición guardamos un secreto… el cuál no lo sé. Todavía no me es revelado: dicen que lo tengo que descubrir yo, cosa que no he logrado."

"¿Alguna idea?"

"Muy vaga. La Tradición restaura el genio creador, o las Mores Maiores, de las culturas. Cuando se olvida, entonces vienen la crisis y los imperios caen. Mi padre me decía que es una fuerza que viene de adentro."

"Creo que entiendo."

Aioros se sentó y se acercó a Serra, que había bajado la mirada y abrazado sus rodillas. La luz ya casi era nula y las estrellas habían aparecido en el cielo casi sin que se diera cuenta. Fantasma parecía tener la cabeza en otro sitio, y se veía muy, muy apenada. Quiso abrazarla, pero no le pareció lo prudente, por muchas ganas que tenía de hacerlo.

"Te veo triste, doncella." Le dijo con cariño.

"No estoy triste… estoy angustiada." Serra negó con la cabeza. "Todo pasó muy rápido… temo por mi aldea, por mi ciudad, mis compañeros de armas y mi señor Wamba." Suspiró, dejando caer los hombros. "Tan rápido que pasó todo."

"¿Qué pasó? Si no hago mal en preguntarte…"

"Algo horrible."

Serra miró a los ojos a Aioros y comenzó a contarle sobre una batalla… una pelea desesperada contra Gran Fuego el día en que ella iba a viajar a la Tierra con este mensaje para Athena. El santo de Sagitario abrió los ojos como platos al reconocer en el relato de la chica la horrible pesadilla que había tenido justo la noche antes que Serra llegara al Santuario. Fantasma detuvo su relato y abrazó aún más sus rodillas… si tenía ganas de llorar, la chica no derramó ni una lágrima. Aioros la rodeó con un brazo.

"… creí que sería mi fin. ¡Esa lava putrefacta estaba justo encima de mí! Vi pasar mi vida en un segundo."

"¿Qué pasó? No entiendo como escapaste de eso."

"Yo tampoco, mi señor." Serra lo miró a los ojos y para sorpresa de Aioros, recostó la cabeza en su hombro. "Hubo un golpe de luz dorada, un cosmo repentino y muy poderoso que detuvo aquél aliento devastador. Me dio tiempo para elevarme en el aire, y luego Asterio me jaló de un brazo y me sacó de la zona de peligro."

Aioros tragó saliva. Si había soñado con aquél campo de batalla, si había despertado de súbito con el cosmo encendido… ¿acaso se debía a que había intervenido él en la batalla? Jamás lo sabría. De momento se concentró en disfrutar de la linda presencia de Serra, quien parecía ya más tranquila.

"Ya se hace tarde. Mejor te escolto hasta el recinto de amazonas."

Ambos se pusieron de pie y luego que Serra se hubo puesto sus botas, muñequeras y su capa, en silencio se pusieron a caminar hasta dicho recinto. A Aioros le llamó la atención que Serra caminase un poco detrás de él. Curioso. Pronto salieron del bosque y llegaron a la entrada del recinto, al cuál Aioros ya no podía entrar.

"Vos tenéis algo especial, mi señor." Le dijo Serra al despedirse. "Me tranquilizáis mucho. Os lo agradezco ex cordis."

"El gusto es todo mío."

Ambos, de pie uno frente al otro, se sonrieron como estúpidos sin hacer nada más que eso. Fantasma se había sacado la máscara de visitantes hacía escasos segundos, por lo que el Santo de Sagitario pudo observarle el rostro sin estorbos. Aioros ladeó un poco la cabeza y sorprendiendo a Serra, puso su mano en la mejilla de la chica y se inclinó para besarla en los labios. Un beso de despedida que tomó a Fantasma totalmente fuera de guardia. Abrió mucho los ojos y no atinó a responder el beso. Afortunadamente, Aioros interpretó esto a la sorpresa. Cuando se separaron, el santo de sagitario le guiñó un ojo al tiempo que Serra se llevaba ambas manos a los labios.

"Buenas noches, querida Serra."

"B–Buenas noches."

La chica observó como el santo se alejaba, con los brazos detrás de la cabeza y silbando alegremente. Se puso un poco pálida y lentamente bajó las manos. Un ligero tinte verde subió a sus mejillas al tiempo que sintió algo de náuseas en el estómago. Su corazón eso sí, latía como enajenado y tenía un extraño cosquilleo en sus labios, en su cara y en su piel.

"¡Que Mata Pasiones!" Exclamó en voz baja, apenada asqueada.

Continuará.

Por
Misao–CG


Próximo Capítulo: Las Penas de un León.

"¿Un beso? NO SÉ QUÉ ES ESO." Dijo Serra con una dolorosa honestidad. La Chica no parecía mentir. "¿Qué es un beso?" Preguntó algo alarmada, debido a la reacción que estaban teniendo las chicas.

"¿Acaso estás diciendo que NO SABES lo que es un beso?" Le preguntó Shaina totalmente incrédula. ¿Cómo era posible que no supiera QUÉ era un beso?

"¡Por Mi Honor De Senescal Que No Sé Lo Que Es Un Beso!" Exclamó Serra sujetándose del lavaplatos, con algo de nerviosismo: quizás había hecho algo malo y ella sin saber.


PS: Que No Cunda El Pánico: tal como pudieron leer en los adelantos, Serra NO sabe lo que es un beso, y tampoco tiene porqué saberlo. El beso, tal y como lo conocemos, no es instintivo, sino cultural. Esto quiere decir que es un invento del ser humano, pero ocurre que su uso es tan generalizado, que lo creemos como una forma natural e instintiva de expresar cariño cuando no: el ser humano aprende a dar besos, no nace sabiendo darlos. Por esto es que Serra no sabe qué es un beso, porque en su cultura, jamás llegaron a esta solución, por lo tanto, no existen los besos en su mundo (aunque acaba de experimentar uno). No se extrañen: estas barreras culturales también existen en la vida real. Por ejemplo… cuando un griego asiente con la cabeza, en una señal que muchos de nosotros podemos identificar como un 'sí', en realidad quiere decir que 'no'… ¡No saben como sufrí por eso, ni las vergüenzas que pasé! Eso es porque también el acto de asentir o negar y los significados que le damos a eso, son culturales y no naturales. Ahora ya que tienen un poquito más de tiempo y me dejo de dar lata… ¡GRACIAS POR LEER!


Algunas traducciones del latín.

Rex: Rey.

Ex Cordis: Desde el corazón, de corazón.

Datitos culturales:

Comitatus: La institución del comitatus es común a todos los pueblos indoeuropeos (de donde vienen griegos, romanos, germanos, etc), así mismo como muy temprana (luego evolucionó a formas más refinadas). Consiste en un grupo de guerreros de confianza que siguen a un líder en la batalla, que puede ser un Rex, un Dux (líder o duque) o un Princeps (príncipe), y son leales únicamente a él, y ante el cuál se subordinan voluntariamente. Para que se hagan una idea, piensen en el Rey Arturo y sus caballeros.