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Esmeralda solo se dejó caer al suelo cuando al día siguiente se miró al espejo y pudo ver de nuevo aquellas horrorosas alas rosadas y esos pequeños y brillantes ojos. Se arrepintió por no haberse podido controlar la noche anterior, definitivamente algo andaba mal. Se vio tentada a contarle a Perla acerca de su problema, pero considerando que ella ya tenía planes, lo último que Esmeralda quería en aquellos momentos era hacer que Perla se molestara con ella. Esmeralda agradecía el hecho de que Perla fuera muy exigente y hasta cierto punto paranoica con respecto al disfraz, Cuando Esmeralda hacia memoria no podía recordar una vez que la hubiese visto como una Changelling.

En los siguientes días Esmeralda y Jewel se encontraron solo un par de veces en citas bastantes cortas, hasta que una tarde Jewel la invitó de nuevo al jardín al cual la había invitado la primera vez. El sol había empezado aponerse cuando ambos cruzaron atreves de la puerta principal. Esmeralda no había vuelto al Jardín desde aquella primera cita, aún tenía en su memoria aquel lugar compuesto de sombras y luces de faroles. Pero en el día, el Jardín tenía un aire diferente, las flores se extendían por el césped bañadas por los tibios haces de luz al atardecer, el sonido de los arroyuelos inundaba el laberinto de árboles y se podía ver todas toda clase de aves preparándose para pasar la noche.

Esmeralda observaba maravillada la belleza de aquel pequeño pedazo de paraíso mientras caminaba abrazada bajo el ala izquierda de Jewel. Ella escuchaba fascinada todos los conocimientos de Jewel acerca de flora y fauna que demostraba Jewel, aunque en realidad no fuera mucho más de lo que Esmeralda sabía.

Caminaron durante un largo tiempo, hasta que llegaron a una zona alejada cerca de la caída de una cristalina cascada desde donde se formaban los riachuelos. Allí permanecieron un largo rato hablando hasta que el brillo del crepúsculo se hizo tenue bajo un cumulo de nubes que anunciaban que pronto habría de llover. Frente a ellos se desplegaban los árboles colina abajo y al fondo un hermoso bosquejo de la ciudad. Jewel se había vuelto a acercar a Esmeralda mirándola con aquellos ojos flameantes que la hipnotizaban y le hacían despertar en su interior todos aquellos sentimientos. Por un momento Esmeralda se vio tentada abandonarse nuevamente pero recordó su promesa y giró la cabeza bruscamente y se alejó lo más rápido que pudo.

Para Jewel las huidas de Esmeralda se estaban convirtiendo en situaciones molestas y preocupantes, en ese punto ya no tuvo duda de que había algo más que ella le estaba ocultando y la mantenía alejada. Pero esta vez no dejaría que ella se fuera sin poder ayudarla. Estuvo siguiendo el camino por el que habían llegado hasta que llegó a la puerta principal, Había empezado a caer una ligera llovizna que anunciaba la tormenta que se avecinaba cuando Jewel vio que Esmeralda se perdía por un callejón en la mitad de la manzana. Rápidamente corrió para alcanzarla. Ella estaba a mitad del callejón y caminaba un poco más despacio cuando escuchó un trotar detrás de ella, se giró rápidamente para ver a Jewel justo en frente.

-Esmeralda, quédate conmigo, yo… lamento ser tan impulsivo no es mi intención ofenderte- Dijo Jewel

-No eres tu Jewel, solo no puedo seguir haciéndote daño- Replico Esmeralda

-Entonces… ¿Por qué te sigues alejando?-

-Solo déjame en paz Jewel-

Esmeralda se dio la vuelta y dio varios pasos decididos, pero se detuvo en seco cuando reflexionó y pudo sentir el filo de sus propias palabras, giró nuevamente y pudo comprobar que Jewel seguía parado en el mismo lugar, congelado sin poder decir nada. El corazón de Esmeralda ya no se encontraba atravesado por la angustia y sin mirar a Jewel a los ojos le dijo: -Puedes guardar un secreto-

Ella no esperó a que Jewel contestara se libraría de ese peso así le costara su libertad. Lentamente se quitó el disfraz dejándole ver a Jewel primero una bellísima y brillante crin roja como las rosas. Luego descubrió dos hermosos ojos verdes resguardados bajo la caricia de unas largas pestañas, su pelaje era negro pero brillante y voluminoso. Sus cascos eran tan delicados y plateados que parecían zapatillas de cristal. Y por último ella extendió sus alas, dos hermosas y delicadas alas de mariposa con los colores del arcoíris.

-¿Acaso eres un ángel?- Acertó a decir Jewel luego de un momento

-¡¿Qué?! No- dijo bruscamente dejando su actitud solemne- soy una Changelling

-No es posible. No eres como ellos-

-Lo sé- dijo Esmeralda bajando la mirada- te entiendo si no quieres volver a verme-

-Eres hermosa, la más hermosa poni de toda Equestria-

Esmeralda se sentía contrariada, estaba segura de que él la rechazaría, por un momento se sintió confundida pero después pudo sentirse realmente alagada, porque aunque Jewel quizá no tuviese buen ojo para lo hermoso la opinión de él valía muchísimo. En ese momento Esmeralda dejó que en su interior creciera el amor y es esa ocasión ella los ojos de ella se convirtieron en un intenso fuego verde beso a Jewel. Durante unos breves momentos Esmeralda pudo sentir como manaba de su interior la felicidad. Pero sus instintos no se habían alejado de ella aun, A penas sintió el dulce gusto del amor, drenó todo lo que pudo del corazón de Jewel hasta que él cayó al suelo sin fuerzas para mantenerse en pie.

-Los siento, lo siento- Dijo Esmeralda echándose junto a Jewel, la lluvia había empezado a caer y se mezclaba con las lágrimas de Esmeralda. Ella permaneció acariciando la crin de Jewel durante un buen tiempo hasta que él despertó. Miro a Esmeralda con los ojos entre abiertos y le dijo:

-Sabes Esmeralda… tus besos me quintan el aliento- Ella sonrió denuevo.