EPOV

Se notaba la sobrecarga de humedad, el aire pesaba, los olores lo teñían de extrañas mezclas. No había llegado allí de casualidad. Antes de irme de Forks, antes de hacer lo que tuve que hacer, me hice a mí mismo una promesa.

No quedaría impune. No había sabido dónde estaba, hasta que me había propuesto saberlo.

La noche en Anchorage fue horrible. Aún no sabía el motivo que me había llevado a buscarla. Creí que viéndola, alguna parte de mi alma rota no estaría tan destrozada. Me equivoqué. Lo único que había conseguido era hacerme más daño. No la olvidaría nunca, ni aunque pasasen mil años, el mundo viviese otra era glacial o simplemente se extinguiese... Dejarla era lo peor que había hecho en toda mi existencia. Me arrepentiría toda mi vida... pero sería mi calvario. Eso era lo que tenía que hacer, y fue lo que hice. Tenía derecho a hacer su vida; terminar el instituto, ir a la universidad, casarse, tener niños, un jefe estúpido, arrugas...

Tenía un nudo enorme en la garganta. Esa odiosa sensación que tenía cuando deseaba llorar y no podía se había hecho permanente. Me habría gustado tanto compartir eso con ella... Pero la realidad era bien distinta, y yo me odiaba por ser lo que era. Aún así, ni Tanya era capaz de ver eso. YO ERA UN MONSTRUO. Cruel y sin escrúpulos. Porque cuando olí su sangre, olvidé quién era. El instinto superó a la razón, me convertí en lo que había tratado de evitar todos aquellos años. Quise su sangre tan sólo para mí... por eso paré a Jasper.

Y cuando aquella maldita noche en Anchorage había pedido la copa había deseado ahogarme en mi desgracia y no salir nunca más. Cuando se insinuó con las mismas palabras que ella había pronunciado.... Eso fue demasiado, para ambos.

Luego estaba Alice, a cada mirada que me dedicaba, su reproche se hacía palpable. No habíamos hablado desde que dejamos Forks. Jasper con su infinita culpa. La tristeza de Esme en cada movimiento. El enfado de Emmet por haberle robado a su hermana pequeña. El constante reproche de Rosalie... Y luego estaba Carlisle, la sensación de derrota, decepción, pesimismo... Fue demasiado.

Todo aquello me había llevado a un solo punto. Venganza.

No podía permitir que nadie la hiciese daño, y mucho menos nadie de mimando.

Por eso estaba en Ciudad Del Este.