Holaaa! Espero poder meter un broma graciosa en esto… si sale bien, y si no…

Capítulo 10

Draco

Otra cosa que tenía en compatibilidad con mi castaña es la mente maquiavélica. El plan para la venganza era bueno. Aportes por aquí, críticas por allá y ¡un plan tendrás! Fuimos trazando el plan meticulosamente todos los días después de las clases. Los Gemelos se nos unieron el miércoles anterior a la broma. Nos aportaron ciertos artilugios de Sortilegios Weasley. La broma estaba preparada. Todos los hechizos y muñecos hechos, puestos en simulación y listos para actuar el miércoles en la noche. Los detalles artísticos quedaron a cargo de él y la castaña. Ambos se quedaron dormidos en el sillón. Estaban exhaustos, verdaderamente. En algún momento de la noche, ella se acurrucó en su pecho, tratando de entrar en calor. Y la recibió gustoso. Así quedamos: abrazados y acurrucados en el medio de la sala, con materiales de muñecos medio escalofriantes. Así desperté. Con MI castaña en brazos. Y fue feliz. Muy feliz. Prolongué el momento al máximo antes de ver la hora en el reloj de madera encima de la chimenea. Eran las seis. Me levanté y la llevé en brazos hasta su cama. La deposité suavemente con un beso en la frente.

-Descansa, Princesa-Susurré en su oído. Medio sonrió. Me fui por la puerta del baño a mi dormitorio y agarré ropa limpia para bañarme. Tengo que admitir que me duele todo el cuerpo por dormir en el piso, pero no lo cambiaria ni por 1000 noches en la mejor cama del universo. Definitivamente.

Terminé mi baño y bajé a juntar todo. Bien. Nuestra sala no estaba taaaan mal. Depende del punto de vista de cada uno.

Si lo viera su madre, diría que es un escándalo el hecho de que un lugar habitado por un Malfoy esté en ese completo desorden. Si lo ve Blaise, diría que estaba más decente que su cuarto en la Mansión Zabinni. Todo dependía de los puntos de vista, al igual que todo lo que pasaba en cualquier lado. Su madre exageraría para mal. Blaise par bien. Trató de ser objetivo y pensó que su madre estaba más cerca del punto.

Había por el piso las cosas que Hermione había dicho que se llamaban caratulinas… o algo parecido. Eran prácticas. Habían rojo sangre, negras y blancas. Tenían pedazos de pelucas tiradas por ahí y ropa desgarrada en los sillones. La sangre artificial estaba en la geografía de la habitación. Lo que había en la chimenea… ¿Era un brazo falso? Mmmm, tendría que considerar guardar esa peluca negra. Le gustaba. Al menos, los maniquíes estaban bien armados y con las tanzas bien colocadas en las partes que tenían que estar. Lo que daba escalofríos era ese animal peludo en el centro de la habitación. De un negro azabache con pequeños pelitos falsos blancos en sus mmm… ¿Pequeñas patitas? Empezó a recoger todo lo inutilizable y lo fue amontonando. Los maniquíes y el pequeño y lindo animalito estaban escondidos por si los objetos de la broma aparecían por allí, en especial el pelirrojo. No se esforzó en esconderlos, sólo los puso detrás del sillón. Hermione había traído una vieja grabación de sonidos escalofriantes para poner mientras nuestras víctimas se retuercen de miedo… y nosotros de risa. Lo puse con el viejo casette.

Cuando dejé la sala medianamente ordenada, eran casi las 7. Hice todo de la medida de la palma de mi mano y lo metí en mi mochila.

Fui a preparar café. Una taza para cada uno. Hermione bajó con cara somnolienta.

-Buenos días, leona- Saludé antes de llevarme la taza a los labios. Murmuró un hola no muy claro. Le pasé su café con una sonrisa.

-Dale, desperézate, que tenemos un día largo por delante…-

-Si, Malfoy… lo que digas.-Murmuró.- Gracias por el café. Verdaderamente lo necesitaba... Más vale que esto salga bien, porque juro que yo misma iré a patearles las posaderas a esos dos estúpidos para que dejen en paz a mis amigas… No pienso montar esto nuevamente… por lo menos por un tiempo.- No puedo más que estallar en carcajadas.

-Lo que digas, cariño, pero ahora tenemos que ir a clases.-

-¿Puedo quedarme?-Parece esperanzada.

-No, tienes que ir a clases… mantener la fachada, sobre todas las cosas. Ahora, muévete o te llevo.- Amenacé.

-Pues inténtalo…- No terminó la frase, que ya la tenía cargada como la princesa que era.- ¡Suéltame, Draco Malfoy!

-Te lo dije, querida, ahora no te quejes.-

Y así llegamos al Gran Comedor. Yo entre risas y ella entre masculladas sin sentido. Así nos encontró nuestro "equipo de bromas". Al igual que el resto del colegio. No le dimos importancia. No merecía nuestra importancia.

-¿Vamos a clases, señores?- Pregunté con mi leona en mis brazos aún.

-¿Piensas bajarme, Malfoy?-Preguntó… nuevamente.

-Nop- Susurro en su oído.

-Bien… avísame cuando llegamos a Runas.- ¿Acaba de acomodarse y quedarse dormida en mis brazos? Sí. Era el mejor día de mi vida.

-¿Vamos?- Sólo asienten.

Cada cual se fue separando en sus respectivos sectores. Llegué al último piso sin siquiera restos de cansancio. Verdaderamente, no pesaba. Entré y me senté en el último banco. La acomodé en mi regazo y la abracé protectoramente. No la sacarían de mis brazos ni con una palanca. Cuando entró la profesora, la desperté.

-Granger… Despierta, la profesora llegó.- Se acurrucó más. La dejaría seguir durmiendo, pero la profesora nos miraba.- Dale, que nos está mirando la profesora como para venir a tirarte un cubo de agua…- Digo divertido. Despierta poco a poco y la siento a mi lado. Con el medio cerebro abierto, saca todos los materiales necesarios de mi mochila, ya que la suya la dejé en la Torre. Sólo sonrío.

-Gracias por despertarme- Murmura.

-No hay de que… por lo menos no te desperté diciendo que un psicópata quería casarte contigo.-

-Uf, si… ni que el chico de sexto curso se declare tan rápido…- Dice divertida.

Bien... había aprendido a tomarme el asunto con calma… Ya podía reírme del tema no tan forzadamente.

-No encontró el valor suficiente… aún. Prepárate para que caiga del suelo en una escoba con un anillo.

-No llames a la lluvia, cariño…- Susurra en medio de un bostezo.

Le ofrezco el seguir durmiendo, pero se niega. La hora pasa y al terminar, un gran estruendo hace sobresaltar a todos, menos a la castaña y a mí. Daba justo la casualidad que este era el piso donde Weasley y Bott custodiarían. Todos salimos apresurados. Allí estaban los Gemelos, con cara de preocupación, evacuando todo el piso. Como buenos premios anuales que somos, ayudamos con todo lo que pudimos, pero necesitamos la ayuda de nuestros ayudantes. Y quedamos los 8 solos en el pasillo.

Saqué los muñecos. Era la hora de jugar un rato…

Los muñecos cobraron una aparente vida, dando un aspecto más terrorífico. Ya de por sí te turbaba el hecho de ver a un muñeco pálido con una túnica desgarrada y manchada de sangre. Tenía un cabello negro y el rostro cortado y ensangrentado. En el cuello tenía colgado a lo que parecía un elfo doméstico con los ojos en blanco y la cabeza girada.

La araña no estaba mucho mejor… chorreaba sangre de la boca y en sus pinzas había un brazo cortado enfundado en un pedazo de túnica. Cada uno de ellos hablaría. Y nosotros seríamos las voces. Los Gemelos se encargarían de que nadie los escuchara y que nadie pasaba por aquí por casualidad. Sí, sería gracioso… pero si no lo vivías, claro.

Los colgamos en el techo y los escondimos. Los casettes estaban escondidos detrás de una armadura.

Ahora, a comenzar con la retirada sigilosa. Hermione se desviaba hacia la torre y recordé que allí estaba su mochila. Me escabullí detrás de ella y la tomé en brazos, haciéndola asustar. Se puso a gritar, por lo que tuve que taparle la boca. Le expliqué que, si la iba a cargar, lo iba a hacer bien. Intentaba parecer exasperada, pero la mirada divertida la delataba.

Fuimos y agarró su mochila. Nos dirigimos a las mazmorras. Snape nos tenía una linda clase preparada, seguro. Aún no podíamos mirarlo a la cara.

La clase paso… violenta e incómoda. Al igual que el almuerzo, aunque más relajado. Y las clases de la tarde… hasta que me di cuenta que estábamos en la Torre concordando los últimos detalles del plan. Tomamos un aperitivo y nos vestimos todos de negro. A la hora del toque de queda, salimos. Los Gemelos tenían a favor el Mapa del Merodeador. Se lo habían pedido a Potter. Vimos a los Prefectos en sus puestos y el equipo que recibiría su venganza fue exactamente donde debía. Iban con caras malhumoradas. Me había enterado por los gritos de Weasley a Hermione que estaba bajando sus notas, y que Bott no había conseguido nada con Lovegood. Y ninguno parecía feliz por ello.

-Estos idiotas con sus torpes rondas…- Masculló furioso el pelirrojo. Ahogamos risitas.

-No te quejes y sigue, que mientras más rápido terminemos con la zona más rápido nos iremos.- Bott al menos tenía algunos rasgos de Ravenclaw… al menos conservaba inteligencia… que poco le iba a servir.

Siguieron en silencio. Y cuando llegaron al punto, la cosa comenzó.

La castaña y la rubia susurraron los nombres de sus compañeros de casa. Y se asustaron. Bebés, pensé.

Ellos cayeron en el cebo y respondieron.

-Vengan a buscarnos…- Y el susurro era insinuante.

Y fueron. Y a cada paso que daban, deseaban el no haber dado los anteriores. A cada paso, aumentaban los ruidos extraños y las corrientes sin razón. Pero ellas seguían llamándolos. Y ellos acudían, como los idiotas que eran.

Hasta que Weasley reaccionó. Curioso, pensé que lo haría Bott primero.

-¿Crees que debemos seguir?- Susurró. Era un susurro lleno de miedo. Comenzó a tropezarse con sus propios pies.

-¿Por qué no?- Es algo parecido a decir: Dame una razón y juro que salgo de aquí como si tuviera una Saeta de Fuego en el culo.

El pelirrojo sólo se encogió de hombros.

Ahora, a separarlos por unos minutos… Ambas chicas los llamaron a direcciones diferentes. Bott izquierda, Weasley derecha.

Weasley se llevó el susto de su vida. Una araña gigante con extremidades en sus patas se acercaba a él lentamente. Trató de huir, pero lo petrificamos. La araña comenzaba a recorrer su cuerpo con sus patas. Y la voz de Hermione salía de su boca.

-¿Qué pasa, Ronnie? ¿No te gusta que una linda chica te acaricie esa cara preciosa que tienes?- Pregunta con inocencia.

Y el pobre Ronnie estaba con un miedo hasta la médula. Intentó gritar, pero cuando la araña comenzó a flotar y adquirir un matiz verdoso, opto por… mearse en sus pantalones.

-¿Qué te pasó, Minnie?- Susurró. La araña comenzó a arder, y Hermione habló furiosa.

-¡TE DIJE QUE NO ME LLAMARAS ASÍ!- Aulló la arañita.

Y no soportó más. Se desmayo.

Bott no estaba mucho mejor. Tenía a un cuerpo flotando ante él, con un elfo doméstico pegado a su cuello. Los muñecos chillaron. Bott chilló y casi sale corriendo, de no ser porque estaba encerrad por una pared. Comenzó a golpearla, acompañado los golpes con chillidos. La perturbadora "niña" llegó y le susurró con la voz de la rubia…

-¿Por qué huyes de mí? Hace unas horas me buscabas…- Comenzó un ruido de sollozos del muñeco.- ¿Ya no me quieres?- No contestó… - ¡¿ YA NO ME QUIERES?!- y su respuesta fue una entrada en shock. Cuando los dos estaban en el suelo y sin posibilidad de reconocerlos, salimos y los levantamos, parando los efectos de ciencia ficción. Los dejamos medio desarreglados dentro de un aula y se fueron.

Nada había pasado.

Pero la broma había sido un éxito.

Los gemelos se fueron por un lado. Nosotros fuimos a la torre.

Dormimos los 6 ahí. Juntos en el comedor. En el piso, pero con colchones.

Me dormí igual de cómo desperté.

Con mi castaña abrazada a mí.

Sí. El mejor día. Lejos.