Oscuridad, polvo y fluidos, un paso, otro paso, una cabeza, un paso otro paso, más polvo, un paso, otro paso, mi cuchillo brillando, "Tú no eres nadie aquí" Se burlaba un bulto, jirones de carne sueltos en su pecho y un fluido blanco salía de su garganta cortada, "Vamos a demostrarle quien manda aquí jefe" Dijeron al unísono la cabeza y un cuerpo medio derretido sobre un montón de polvo.

"¿No te sientes más fuerte?" Una mano difusa hecha de sombra apretaba el cuchillo por encima de mi mano, me dolía la cabeza, escuché un llanto por detrás de mí, me di la vuelta y vi a Asriel, me miraba aterrado y había un charco de vómito a sus pies, más polvo, "Como pudiste Chara… Pensaba que éramos amigos, pero realmente el único monstruo del Subsuelo eres tú" El cuchillo quemaba, pero no podía soltarlo.

"¡Un, dos, tres, chocolate inglés!" Resonaba a lo lejos, niños y niñas jugando, un bloc de notas en mi mano, mis planes de muerte, "Nunca más os burlaréis de mí, imbéciles…" Apreté el cuchillo, un pequeño muñeco al estilo hombre palo dibujado en el papel, con un gran cuchillo en su mano, "Os demostraré quien manda"

"¿No te gustaría un caramelo? De seguro te encantará" Decía con una gran sonrisa entregando el dulce envenenado, "Deberías aprender quien manda aquí, ahora dame eso" Ordené cogiéndole de la camiseta, "Vas a callarte y permanecer quieto aquí, o te mataré maldito niñato" Dije apretando su cuello con fuerza, "Oh vaya, es una pena que no haya muerto" Solté secamente a mi compañero.

"¿Y ahora qué eh? Ahora que no hay ningún maestro no eres tan chulita" Me empujaron rodeándome, "Que te den" Mascullé dándole un guantazo antes de salir corriendo de ahí, "Ojalá pudiera matarlos a todos ellos" Farfullé en una esquina solitaria con rabia y odio.

"Los humanos tienen que morir Chara" Susurró la voz a mis espaldas, subí una mano a mi cabeza doloridamente, "Y en un momento dado, también los monstruos" Sangre con polvo, llamas por todos sitios, ¡El hereje tiene que morir! ¡ÉL es el diablo! Resonaban las voces de la gente a través del fuego, "Ellos nunca cambiarán, te discriminarán y te golpearán donde más duele, porque tú eres superior a ellos"

"Cállate ya…" Musité apretando el cuchillo, se tornaba de un rojo oscuro como la sangre, se oía una risa que resonaba con eco por todos sitios, "No temas, tu alma es la más fuerte que jamás se haya visto… Tú lograrás nuestro objetivo, nunca morirás, incluso si tu cuerpo se pudre bajo tierra" Se río de mí poniendo sus manos sobre mis hombros, noté como se acercaba hasta mi oído.

"Demuéstrales quien es el verdadero demonio"

"¡Chara…!"

Silencio.

"¡Chara…!"

Silencio.

Abrí los ojos, sentía los párpados hinchados, "¡Chara! ¡Has despertado!" Sollozó Asriel sobre mí apretando mi mano, "¿Te encuentras bien?" Preguntó con una clara preocupación en todo su ser, "No lo sé…" Murmuré con la voz ronca, sentía un malestar en todo mi cuerpo, me dolían los músculos, sentía la cabeza pesada y mucho, mucho frío, como si se tratara de una gripe.

"¡Mi niño!" Llegué a escuchar, debía ser mamá, "Oh mi niño menos mal que has despertado, nos temíamos lo peor…" Se frotó la cara con cansancio, tenía ojeras, "Por favor, debes hacer un esfuerzo y mantenerte consciente, ¿de acuerdo? Gaster no tardará en venir" Aclaró mientras me cambiaba un paño que tenía sobre la frente.

"Está bien…" Dije con la voz ronca. Miré un poco desorientada hacia el frente pero no tardé en desplomarme de nuevo sobre el colchón mareada. Esperaba que de verdad no tardara mucho.

No pasó mucho tiempo desde que me desperté y me volví a caer dormida, por suerte para cuando tuve que despertar de nuevo, Gaster ya estaba aquí, él y yo a solas, "Chara, Chara... Me pregunto que habrás hecho para acabar en ese estado, eres realmente un humano muy enfermizo, ¿no es así?" Se burló mientras me tomaba la temperatura.

"Irradias un aura llena de magia, un hecho bastante peculiar, ya que nunca has mostrado indicios de poder utilizarla a pesar de tenerla, a no ser claro está que me estés ocultando algo" Me miró acusadoramente diciendo esas palabras como puñales que me hacían revolver el estómago de solo recordar la escena, no podía contarle de mi extraña capacidad de volver en el tiempo y menos aún sobre lo que hice... Pero, ¿realmente volví atrás? No tenía muchas opciones a elegir.

"No veo que te podría ocultar, no es como si pudiese tener muchos secretos teniendo a alguien siempre encima" Dije recriminatoriamente, como si fuese parte de su plan científico no dejarme intimidad y estuviesen compinchados de alguna manera, "¿De verdad? Qué pena para ti vivir así" Contestó sarcástico.

"Iré al grano, tu estado actual es muy común en los monstruos jóvenes que recientemente utilizan por primera vez su magia, no es como si tuviese ganas ni curiosidad de saber en que has estado experimentando… Pero entre tú y yo, tarde o temprano les vas a tener que decir sobre tus capacidades si no queremos un desgraciado accidente, los monarcas se han tomado muchas molestias para que el reino te aceptara tal y como eres, les debes un poquito de sinceridad, ¿no crees…?"

Me retorcí en mi sitio y miré a otro lado evitando su vacía mirada, de alguna manera sus palabras habían conseguido llegarme en lo más profundo y sentía arrepentimiento, él tenía razón… Si no era sincera ahora, nunca podría ser aceptada completamente, incluso si me aterraba la idea de tener que confesar que no era un humano normal, si no lo hacía en algún momento lo descubrirían y sería peor…

"Chara… No tienes por qué hacerlo todo en soledad, tengo la sensación de que te has estado exigiendo demasiado durante tanto tiempo, pero ahora estás con nosotros y te vamos a cuidar, pero debes dejarte ayudar antes de que sea demasiado tarde" Levanté un poco la mirada para observarle mientras decía eso y pude notar la sinceridad en sus palabras.

Pensaba que no podía encontrarme peor de lo que ya estaba hasta que las lágrimas empezaron a salir sin previo aviso, estaba tan débil y tan cansada de todo… "Yo… Tan solo quiero ser feliz Gaster…"

Lloriqueé con la voz quebrada, sintiendo esa extraña sensación de energía que fluía de cuando en cuando en mí desde que tenía esta condenada magia conmigo, aunque si lo pensaba bien, siempre estuvo en mí aunque no la conociera…

Siempre hubo muchas cosas en ti que desconocías y desconoces, Chara… Sentí un pinchazo en la sien y noté por un momento la mirada de Gaster clavada en mí sospechosamente pero pronto cambió a la de antes.

"Todos queremos ser felices… Pero no siempre podemos serlo, y tú empezarás por solucionar tus problemas" Dijo serio pero calmado, yo aparté ligeramente la mirada un poco jadeante por la fiebre, me molestaba que lo nombrara pero él tenía razón.

"Está bien…" Murmuré a media voz, no me agradaba la idea de lo que podría estar sugiriendo con esto, pero no es como si tuviera otra opción tampoco, estaba en una encrucijada que no me agradaba en absoluto, sabía bastante bien que aunque Gaster hubiese venido con buenas intenciones, también tenía una doble moral y siniestra forma de pensar.

"Muy bien, así me gusta humano… Yo te ayudaré si cooperas, joven Prinx" Y tal como esperaba no tardó en poner una condición a su gran ayuda, le miré con desprecio intentando alejarme, pero en mi estado bastante esfuerzo era mantenerme consciente.

Casi podía sentir la ira de la impotencia, una ira que no solo era mía y resonaba en mi cabeza, …Y en un momento dado también los monstruos Estuve a punto de consumir todas mis fuerzas solo para sacar un cuchillo, pero esa mirada vacía de Gaster, esa sonrisa permanente que adornaba su huesuda cara.

"Interesante…" Soltó divertido por la situación, y no hizo nada más que frustrarme más, ¿qué tenía en contra de mí? "Ya he terminado mi revisión, humano, no tienes nada que no se solucione con comida mágica… Será mejor que cuentes tu secretito pronto, no queremos accidentes, ¿verdad su alteza?" Y cuando me miró, parecía como si hablara con alguien más, pero tuvo un efecto horrible que me hizo hervir la sangre.

Salió de la habitación y por un momento noté que algo tiraba de mí y me hizo perder el conocimiento.

Me froté la cabeza con aturdimiento y miré a mi alrededor… Este lugar se me era familiar, como si ya hubiese estado aquí antes, di un brinco de sobresalto y terminé por abrir los de par en par. Sabía perfectamente donde estaba…

Esto era el laboratorio de Gaster sin lugar a dudas. No parecía haber nadie, pero cuando intenté moverme vi que me retenían unas cadenas de color negro, podía levantarme de la cama, pero no podía alejarme más de dos pasos de ella.

Miré hacia el suelo, completamente blanco, al igual que el resto de paredes y el techo, ¿Qué pretendía encerrándome aquí? Sentía mis fuerzas muy menguadas, pero no sentía el usual dolor de cabeza producido por la magia, ni si quiera sentía ese típico cosquilleo, ¿me habría hecho algo…?

"Parece que has despertado" Escuché su voz a través de un altavoz. Esto… Estaba dentro de su laboratorio, pero no donde había estado antes. Había un cristal enorme en paralelo a la cama pegada a la pared, "¿Qué es lo que has hecho?" Mascullé entre dientes, no se escuchaba respuesta, ni tampoco se le veía a él.

Todo este lugar tenía el aspecto de una sala de interrogaciones, O de un psiquiátrico, parece que esto es lo que has conseguido por dejarte llevar, ja. Me llevé las manos a la cabeza, esa voz… Se escuchaba más débil de lo normal, No permites que te arrebate lo más preciado que tienes Chara… Haga lo que haga, no me eliminará, no puedes permitirlo, ¿acaso quieres quedarte sola dentro de este agujero lleno de monstruos…?

Me había quedado un buen rato observando a la nada en un punto fijo. Era la primera vez que aquella voz se dirigía directamente a mí. Miré mi reflejo en el cristal, el iris de mis ojos había perdido buena parte de su color rojo, "¿Dónde está mi familia?" Dije con la voz firme, No les necesitas Chara, ellos te han traicionado, ¿es que no te das cuenta?

"En su hogar claramente, ellos estuvieron de acuerdo en llevarte aquí para que te recuperaras de tu enfermedad" Se escuchó la voz con una tranquilidad que me molestaba. A pesar de que quisiera sentirme alerta, sentía un enorme sueño y apenas podía concentrarme en lo que pudiese pensar o hacer en ese momento.

"Tranquilo Chara, no vas a sufrir más tu horrible mal, estás siendo desintoxicado de tu exceso de magia, no te preocupes no morirás de hambre por ello, aunque te recomiendo que te bebas el agua si no quieres deshidratarte" Observé a un lado de la cama una pequeña mesilla con algunos cajones, y efectivamente, con un vaso de agua.

Te está sedando, no le hagas caso Chara… Escuché débilmente, ¿cómo podía saber lo que me pasaba o me podía dejar de pasar? La verdad es que sentía demasiado cansancio como para preocuparme por eso… ¿¡En serio te rendirás así de sencillo!? ¡Está arrebatándote lo único verdadero especial de ti!

"Tan solo quiero descansar… Déjame en paz…" Susurré a la nada y acabé por tumbándome de nuevo en la cama quedándome dormida.

¿Cuánto tiempo había pasado? No lo sabía, pero podía escuchar pasos y me levanté, ya no tenía cadenas, llevaba una ropa completamente negra y algo más grande de mi talla, eran unos pantalones largos y una camiseta corta. Encima de una mesa había una chaqueta del mismo color que del resto de mi ropa.

¿Había cambiado la habitación o siempre fue así? No lo sabía, pero sentía un extraño pero tranquilo silencio en mi cabeza, era agradable. Escuchaba dos voces que reconocía y una tercera que no sabía de quién podía ser.

Puse la mano en la manecilla de la puerta y se abrió, me pareció extraño pero seguí adelante y salí. Había dos… ¿mujeres? Tenían una peculiar forma de pájaro que me había parecido ver antes en Snowdin. Les salía una voz algo aguda pero agradable al oído.

Al contrario que yo, llevaban ropa blanca. Todo parecía tan normal y a la vez tan bizarro, me sentía como en un sueño del que no quería despertar.

"Vaya parece que ya se ha despertado" Susurró una de ellas y la otra asintió, se acercaron a mí con tranquilidad, "Dentro de tu cuarto hay una pequeña ducha, te hemos dejado unas toallas y otras cosas para que puedas asearte, después podrás desayunar"

No me agradaba la idea de tener que ducharme, pero tal vez así me despejaría. Tal como dijeron ahí estaban las toallas, champú, unas especies de toallitas de algodón y también ropa limpia. Cuando entré en el baño, no pude evitar sentirme un poco agobiada por lo pequeño que era. Únicamente había un váter, un lavabo… y un grifo en el techo que funcionaba a forma de ducha, en esa parte el suelo se inclinaba en un pequeño terraplén, supongo que para que el baño no se inundara de agua, al final pegando a la pared había un desagüe. No había ni un solo espejo, eso por alguna razón me hizo sentir una pequeña desesperación.

Si no quería meterme en problemas sería mejor que les hiciese caso… O eso pensé. Me quité la ropa a duras penas y la dejé en el suelo para darme cuenta de un hecho desagradable, estaba sangrando, no realmente por una razón mala, sino porque simplemente me había llegado el momento. Sin embargo, eso no quitaba lo desagradable que siempre se me hizo, tal vez fuesen por los ¿sedantes? No recordaba de donde sabía eso, pero no sentía demasiado a excepción de pequeños pinchazos de dolor.

Me fui a la pared y abrí el grifo, para mi mala sorpresa el agua salió completamente fría, apreté los dientes e intenté buscar el modo de regularla, pero no podía estar demasiado tiempo, así que al final acabé por duchándome con el agua fría, de por sí ya me sentía incómoda con el agua cayéndome directamente en la cara, nunca me gustaron este tipo de duchas, y esas especies de toallitas de algodón se supone que hacían las veces del jabón corporal, eran algo extrañas, pero solo utilicé una, salía bastante espuma de ella al caerle el agua.

Estaba secándome para vestirme cuando de repente me abrieron la puerta e instintivamente me tapé con la pequeña toalla que realmente poco me tapaba, la toalla que naturalmente estaba llena de mi sangre, ya que tenía un sangrado abundante. Era una de esas mujeres pájaro y me observó de arriba abajo fijándose en la sangre.

"¿Por qué tienes sangre?" Preguntó simplemente con un tono no muy convincente, me hizo sentir inseguridad, "Es solo…" Realmente no tenía ni idea de si los monstruos tenían idea de lo que era este ciclo, "…Algo humano, me pasa todos los meses" Ella asintió e hizo una especie de sonrisa, "No hace falta avergonzarse tanto, sé a lo que te refieres"

Parecía algo bastante lógico, pero si lo sabía no entendía porqué me preguntó para empezar de que era esa sangre, ¿acaso pensaba que era otra cosa…? "No tardes en salir, el desayuno ya ha venido" La mujer se fue y yo cerré la puerta con desagrado, no soportaba estar tan expuesta y me sequé lo más rápido que pude frotando con fuerza las toallas en la piel y con otra el pelo.

Por un momento miré a una de las paredes, parecía haber una especie de cubierta metálica que cubriría tuberías o algo por el estilo, pero lo agradable de esto es que su superficie reflejaba ligeramente. Me observé quizás con algo de desesperación, parecía tener la cara… ¿más saludable? Incluso el pelo.

Me puse la ropa limpia, que era exactamente igual a la anterior, pero me sentía realmente mal por lo que tenía y si lo pensaba bien ahora volvería a manchar la ropa si no me ponía algo, pero antes de que pudiese pensarlo mucho más, me tocaron a la puerta brevemente, pero no dijeron nada.

Abrí la puerta y vi que se trataba de un paquete, lo abrí para ver que contenía algunas especies de compresas absorbentes para la sangre supuse. Saqué una y me la puse un poco angustiada por el dolor. Poco a poco me sentía un poco más consciente de lo que me rodeaba y como me sentía.

Acabé por salir del baño y nada más salir me fijé en un detalle que me desagradó profundamente, había una cámara en una de las esquinas de la habitación, no parecía moverse, pero estaba ahí, me quedé mirándola por un momento y salí de la habitación. No sabía adonde dirigirme, así que me quedé quieta a unos pasos de la puerta de mi habitación, ¿qué debía hacer? Una de las mujeres pájaro apareció de nuevo, ahora que me fijaba mejor tenían un distinto color de plumaje, esta lo tenía de color azul.

"¿Ya has terminado? Bueno, sígueme, te llevaré al comedor" No opuse resistencia y asentí en silencio. El comedor tan solo estaba a unos pasos en realidad. Había una televisión en lo alto de una pared y una gran mesa con algunas sillas, en una de las paredes en frente de la televisión, había unos sillones replegables que parecían bastante cómodos.

Fui hasta una de las sillas vacían que tenía una bandeja delante con mi nombre. No me había percatado hasta entonces que delante de mí había sentado alguien, parecía ser una chica, tenía la piel completamente blanca y parecía resbalosa, dos grandes orejas puntiagudas, como las de un murciélago le sobresalían a cada lado de la cabeza completamente brillante sin ninguna clase de cabellera o vello corporal. Tenía unas manos de cuatro dedos terminadas en finas garras, llevaba vendas en los ojos pero parecía verme perfectamente porque parecía estar "mirando" hacia mi dirección.

Llevaba la misma ropa que yo, a excepción de que llevaba la chaqueta puesta y algo remangada, ¿había más gente aquí…? De repente me sentía bastante mareada. Levanté mi bandeja, se trataban de unas galletas y un poco de pan, había un pequeño dado de mantequilla y dos sobres, uno de azúcar y otro de sal.

Al poco, vinieron con un gran bidón, tomaron unos vasos y sirvieron de él lo que parecía leche caliente. No me agradaba la idea de que estuviese a esa temperatura pero no tenía fuerzas para quejarme. Me dieron uno de los vasos, estaba ardiendo, lo aparté ligeramente dejándolo en una esquina de la bandeja y cogí el pan empezando a untarlo con la mantequilla para luego depositar un pellizco de sal del sobre.

Me comí el pan e ignoré las galletas. Pasado un tiempo parecía que la leche estaba un poco menos caliente y le eché el azúcar para luego tomarlo lentamente. La chica de en frente hacía rato que había terminado y terminó por irse a uno de los sillones para… ¿escuchar la tele? Ni idea.

No me interesaba lo más mínimo lo que pudiese haber en la televisión y en cuanto termine de tomarme mi desayuno con bastante dificultad, me di cuenta de que me habían dejado unas pastillas y un vaso de agua, me miró una de las enfermeras, estaba esperando a que me las tomara.

No… lo hagas… Afiné por un momento el oído, pero no pareció haber sido nada, cogí las pastillas y me las eché todas a las boca con un trago de agua las tomé con facilidad. Luego de eso me fui a mi cuarto. Parecía bastante espacioso.

Tenía una silla y un sillón reclinable de incluso mejor aspecto que los de fuera. Lo cogí a rastras y lo puse frente al escritorio que tenía debajo de una ventana que no se podía abrir. Observé el escritorio, no había nada, completamente vacío.

Me senté en el sillón y acabé por acurrucarme haciéndome una bolita en él. Desde esta perspectiva, la cámara no podía verme, suspiré y observé el vacío, me sentía tan… Vacía, como si me faltara algo.

Antes de lo que pude darme cuenta me quedé dormida ahí.

Unas voces me despertaron, una muy familiar y agradable al oído, me incorporé y observé desde mi sitio, la puerta de mi cuarto tenía una especie de ventanilla, así que intenté observar si se podía ver quien hablaba. Pronto una de las enfermeras abrió mi puerta con una llave, era algo curioso, pero la habitación se podía abrir desde dentro pero no desde fuera si se cerraba.

Detrás de la enfermera se encontraba Toriel, mis ojos se abrieron de la sorpresa, estuve a punto de salir corriendo a abrazarla, pero me mantuve en el sitio con algo de apatía, ¿por qué me sentía así?

"Mamá…" Susurré cuando la enfermera se fue y cerró la puerta. Ella vino tranquilamente con una sonrisa y me abrazó en mi sitio, "¿Cómo te encuentras mi niño?" Su pregunta me dejaba confusa, ¿cómo me encontraba? La verdad es que no lo sabía, no sentía nada en absoluto, ni felicidad ni tristeza, de repente no quedaban ninguna de mis emociones…

"Bien…" Dije simplemente, ella intentó sonreír para hacerme sentir mejor, pero no funcionaba, "Parece que no me dejarán traerte las agujas, ¿tal vez haya algo que quieras que te traiga para entretenerte?" Cada vez que lo pensaba más esta situación me resultaba más… plana.

"No lo sé… Tal vez algo con lo que dibujar, mucho papel" Contesté a media voz sin mirarla directamente, "¿Dónde está Asriel?" Se me vino de repente a la mente, se supone que debía sentir algo, pero tan solo tenía la necesidad de saber porque él no estaba aquí conmigo.

"Bueno… Parecía ser que se sentía algo triste y cansado, prefirió quedarse en casa" ¿Por qué estaba triste? Tal vez era porque yo estaba aquí… "Tal vez podrías llamarlo desde mi teléfono, ¿qué te parece la idea? Pero será mejor que no nos vean" Susurró con una pequeña risilla,

Miré a otro lado con desgana, tanto secretismo… "Está bien" Solté simplemente. Toriel empezó a marcar los números con algo de dificultad por sus grandes manos y al cabo de un rato me pasó el teléfono, estaba en proceso de comunicar.

Al rato se escuchó como la línea conectaba, pero nadie parecía hablar, tan solo se escuchaba el sonido de fondo del teléfono en contacto y una respiración, "¿Asriel…?" Pregunté al vacío observando el suelo mientras sujetaba el teléfono.

"Hola… Chara" La voz que sonaba de fondo no estaba ni por asomo animada o feliz de escucharme, de hecho parecía hablar con desagrado y malhumor. Sentí que algo me apretaba en el pecho haciéndome sentir mal, "¿Cómo estás?" Pregunté simplemente sin saber muy bien de qué hablar. El silencio se volvió a hacer por un rato, "Bien" Sonó muy seco y sentí que se me humedecían los ojos, "¿Qué es lo que haces…?" Pregunté ya quizás con algo de miedo, "Hablar contigo"

No tenía mucho sentido realmente seguir con la "conversación" si es que se podía llamar así, "Está bien… ya hablaremos, adiós" No se escuchó nada más de fondo y se cortó la línea. Toriel me miró con algo de preocupación, "Ya se le pasará, todo irá bien, tan solo mantente determinado a seguir" Me dijo No con mucha seguridad acariciando mi cabeza.

Una de las enfermeras entró y miró a Toriel, "Parece que se nos ha acabado el tiempo, lo siento mi niño, mañana intentaré venir más pronto" Aquella presión que se había instalado en mi pecho se hizo aún más grande y asentí con las lágrimas a punto de salir.

Me volví a quedar sola en la habitación, no quería hacer nada más que desaparecer y olvidar todo, olvidar… Ni si quiera recordaba porqué estaba aquí, ¿Por qué estaba aquí, cómo había llegado a esta situación? Abracé mis rodillas y me recosté en el sillón volviendo a dormirme.

¿Cómo has podido olvidarme Chara…? Soy lo único que puede salvarte de tu perdición y has permitido que nos encierren aquí.

Aquella voz… En la oscuridad… No tenía ganas de abrir los ojos, ni si quiera de moverme de donde estaba.

¿Por qué nos haces esto Chara…? ¿Por qué…?

Mis labios permanecían juntos, y ni si quiera mi respiración tenía el más mínimo ápice de alteración para contestarle. No sabía nada y tampoco parecía tener ganas de saberlo.

¡Eres mucho más que un simple animal enjaulado!

Su voz se empezaba a escuchar mucho más borrosa y distante. Podía escuchar algo parecido a los latidos de un corazón, lentos y pausados, como si estuviese a punto de pararse. El viento arrullaba suavemente en la oscuridad, me hacía sentir tranquila de algún modo.

Debes recordar…


Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que actualicé la historia... Bueno ya sabéis el dicho, mejor tarde que nunca. Este capítulo es un poco más corto de lo habitual, más que nada para que no resulte pesado el contenido actual que viene, quizás os desconcierte un poco, o quizás os de igual, no lo sé.

Como siempre los reviews son bien recibidos, tanto para dudas como para sugerencias, aunque advierto de que las sugerencias son solo eso, realmente el argumento de la historia está establecido y espero poder a partir de ahora poder actualizar y avanzar más rápido, sin embargo si quizás se os ocurriera alguna escena o algo en concreto que os gustaría ver, tal vez podría hacer algo por ello.

Ante todo, nunca perdáis la DETERMINACIÓN.