Twilight y sus personajes pertenecen a stephenie meyer, la historia es mía
Temas fuertes (violencia, violaciones, lenguaje, etc), que pueden fomentar pensamientos negativos a audiencias jóvenes. Se aconseja prudencia. Solo para mayores de 18.
—¿Qué hora es? —refunfuñó Alice a través del teléfono.
—Son las tres de la mañana.
—Algo me dice que esto no es una emergencia médica. —Bella suspiró sujetando con fuerza el teléfono.
—Edward se ha ido y… y estoy tan preocupada por él...
Su amiga bufó.
—Él no pertenece a nosotros, Bella, te advertimos que esto pasaría, quizás fue a comerse a un par de nuestra especie, que sé yo… —bostezó—, alégrate de que se haya ido.
—¿Y qué pasará cuando salga el sol? —Se estremeció ante el pensamiento.
—Es un vampiro —insistió—, te aseguro que sabrá cómo cuidarse.
—No —negó con la cabeza pese a que su amiga no podía verla—. Por favor solo ayúdame, confía en mí con esto, él es diferente.
—Ninguna criatura de esa especie es diferente, ellos no son como nosotros, Bella, dudo que siquiera tengan alma.
—Tan solo necesito saber si puedes ayudarme o no.
—Eres una cosa mandona —refunfuñó, los sonidos que siguieron a eso, indicaban que su amiga seguro se estaba levantando de la cama—. ¿Y quieres que me levante a esta hora?
—Por favor, Alice, es importante para mí —susurró con la voz temblorosa.
—Estás hecha un desastre —maldijo Jasper por lo bajo—. ¿Qué te ocurrió?
—Quizás vaya a enfermarme, no pasa nada, ¿podemos irnos ya? —suplicó mirando a sus amigos.
Ellos no parecían contentos en lo absoluto, ambos vestidos con pijamas, Bella lamentó haberlos sacado de su residencia, pero la verdad es que no se arrepentía por ello, lo único que ocupaba sus pensamientos en ese momento, era lo cerca que estaba de amanecer.
—Espero que ese chupasangre valga la pena el desvelo —refunfuñó su amigo.
Fue así que los tres se encontraron sumergidos en su búsqueda, la lluvia que aún azotaba la ciudad, no facilitaba las cosas, obstaculizando la visibilidad. Bella estaba tan preocupada, que poco escuchaba de la conversación de sus amigos, o sus quejas por dar vueltas sin un rumbo en particular. Los hizo detenerse en cada callejón, en cada rincón oscuro, los hizo llevarla a donde lo había encontrado, e incluso hasta los límites de la ciudad, y conforme las horas pasaban, la ansiedad se iba incrementando en sus tensos hombros. Cuando finalmente los primeros rayos del sol se abrieron paso entre las nubes que aún rondaban el cielo, la joven contuvo el aliento, sus ojos buscando frenéticos a Edward como si de alguna manera, él fuera a aparecer en cualquier momento.
—Tienes fiebre —regañó Alice mientras le retiraba el cabello de la frente. Bella cerró los ojos, dejando caer la cabeza contra el respaldo del sofá.
—Gracias por ayudarme a buscarlo —balbuceó, tratando de controlar el por demás ridículo sentimiento que se había instalado en su corazón.
—No tienes nada que agradecernos —dijo Jasper—, lo que me molesta es que el hijo de puta malagradecido no fuera decente ni siquiera para despedirse.
Algo le decía a Bella, que Edward no era un malagradecido, que él había salido contra su voluntad, él no podía irse así de simple. Había tenido la oportunidad de hacerlo, pero él parecía contento en casa, parecía disfrutar a su manera pasiva de su compañía, parecía incluso que le agradaba el lugar. Pero claro, sus amigos nunca entenderían eso, así que se ahorró los comentarios cerrando los ojos, realmente se sentía muy cansada y débil.
—Lamento haberlos desvelado, creo que tendré que reportarme enferma, aunque James me matará —gimió llevándose una mano a la frente perlada en sudor.
—Tu jefe lo entenderá al ver tu justificante médico —sonrió Alice de forma calculadora. Claro, ellos podían justificar hasta un dolor de cabeza—. Ahora, vamos a que tomes una ducha, las compresas frías ya no son suficientes con fiebre.
A pesar de la fiebre y el cansancio, Bella no se podía dormir. El sol estaba ya en todo lo alto, y aquello la tenía al borde de una crisis. Preguntándose en dónde estaba Edward, y más que nada, deseando que estuviera con bien. Quizás sus múltiples preguntas lo habían cansado, o el hambre finalmente había hecho de las suyas, llevándolo a buscar alimento. Y como otras veces le pasó, volvió a removerse incómoda ante el pensamiento. No podía imaginarse a alguien tan dulce como Edward, sujetando con fuerza a otra mujer para tomar de su sangre.
Bella gruñó cerrando los ojos, llamándose a sí misma de todo tipo de loca, no podía creer que esto le estuviera pasando, por favor, él solo era… nada. No era nada, era como si nunca hubiese existido y ella lo iba a tener que dejar ir.
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El macho olfateó de nuevo dando vuelta a la izquierda, justo al momento en que otra corriente de aire golpeó su nariz haciéndole por poco perder el rastro. Tenía ya todo un día fuera de la casa de Bella, y estaba a nada de amanecer otra vez.
Dudaba mucho volver a tener tanta suerte.
La noche pasada, cuando por la lluvia había perdido el rastro y el rumbo, había estado asustado de todos los sonidos que inundaban el lugar al principio, después, se había entretenido en un lugar lleno de humanos ruidosos, más que nada porque había detectado el aroma de otros de su especie. Y mientras él se había quedado boquiabierto al verlos caminar entre los humanos, interactuar con ellos, e incluso hasta alimentarse de ellos, se había hecho lo suficientemente tarde como para poder esconderse del sol.
Por suerte, había visto a un humano meter bolsas de basura en un enorme contenedor a las afueras de aquel lugar, lo que al final había resultado como su salvación. Y aunque el reflejo del sol lo tuvo hecho un ovillo, aunque en más de una ocasión intentaron abrir su escondite, había hecho acopio de todas sus fuerzas para mantener cerrado aquel lugar. Así que nada más desapareció el sol, había salido en busca de Bella.
Su rastro era muy tenue, casi imperceptible, pero estaba tan acostumbrado a su aroma, que podía detectarla, por lo que cuando llegó cansado y sin fuerzas a la casa, casi lloró de emoción. Revolviéndose incómodo, estiró la mano al picaporte pero al girarlo se dio cuenta de que estaba cerrado. Un montón de dudas lo asaltaron en ese momento. Quizás la hembra ya no lo quería en casa, quizás estaba tan enojada con él que no podía aceptarlo de vuelta. No sabía qué hacer para conocer su estado, cerró los ojos y no percibió nada, entonces recordó que a estas horas ella ya estaba dormida, suspirando, escaló con facilidad por el árbol viejo que daba a su alcoba, y a través de las ventanas, pudo ver su silueta dormida. Inclinándose hacia la ventana, intentó abrirla, sintiendo un enorme alivio al poder lograrlo, así que se deslizó con facilidad dentro de la habitación.
Y luego, cerró los ojos dejándose inundar por el aroma de la hembra, era intenso, con un toque de flores y frutas, aquella esencia era un fuego salvaje. El cuarto estaba lleno con su perfume, su fragancia estaba impresa en cada superficie. Hacía cosas extrañas en su cuerpo, cosas que le decían que ya se estaba acercando a los límites de su hambre, necesitaba alimentarse con urgencia.
Y de pronto, ella jadeó en su sueño antes de tallarse los ojos y girarse para mirarlo justo ahí en medio de la habitación, y aquello lo hizo sentirse como un maldito pervertido.
—¿Edward?
—L-Lamento haberme ido, ama. —Aunque estaban en total oscuridad, pudo ver perfectamente el momento en que sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Volviste —balbuceó, mirándolo con grandes ojos.
—Bella... Yo... ama, lo siento… —¿Qué se suponía que debía hacer? La joven se levantó lentamente de la cama, frotando sus brazos como si tuviera mucho frío.
—Pensé que me habías dejado —sollozó, y aquello se sintió como una daga directa en su corazón.
Acaríciala, imbécil. Tómale la mano, reconfórtala, gritó su mente.
Pero Edward no podía hacerlo.
Gracias por comentar.
