Capítulo 10: Enfrentando nuestro miedo


Saint Seiya ni sus personajes me pertenecen, son de propiedad exclusiva de Masami Kurumada.

Hola, sé que la trama se a visto lenta y escueta, pero solo será un capítulo más en donde las cosas estaran en término medio, será este capítulo el penúltimo, son 11 capítulos más un epílogo. Espero avancemos pronto, mi tonto cerebro colabora cuando se le da la gana, a si mismo los problemas, que gracias al cielo poco a poco estan resolviéndose, pero todavía quedan unos pocos fastidiosos. ¿Les ha pasado que las personas que aman son las que más los colocan en lios?

En fin, espero les guste el capítulo.

Saludos!


Shaka se vio asediado por la constante presencia del gemelo mientras estuvo hospitalizado. Decir que le desagradaba sería mentir, pero un sinfín de problemas y dudas lo rondaban, la principal de todas. ¿Quién se estaba haciendo cargo de la empresa y de los proyectos más importantes? Saga lo reñía en cada ocasión que se atrevía a preguntar, solo le decía que tenía todo controlado y no tenía nada de qué preocuparse, según él su única labor era la de recuperarse pronto. Le fastidiaba aquella habitación blanca, odiaba estar recostado sin posibilidad de siquiera poder colocar un pie fuera de la cama, era un suplicio que nunca espero vivir, pero a veces el destino dice otra cosa, y en esos momentos estaba viviendo una de sus peores pesadillas, sentirse un completo inútil debido a su "enfermedad". Saga fungía como su enfermera personal en todo sentido, Shaka tenía la leve sospecha de que en raras ocasiones regresaba a su hogar, pero a pesar de esas ideas Saga siempre se veía contento y bien aseado, no entendía como lo lograba.

Su presencia continua y la amena charla que le entregaba en los momentos más insólitos le hacían un poco más placenteras su estadía en el horrible lugar. Sus lesiones no habían sido tan graves, pero si lo suficientemente dolorosas y complicadas como para mantenerlo todavía en ese lugar. La contusión en su cabeza era lo que más parecía preocupar a su médico tratante, pero hasta ahora todo parecía estar en su lugar, al menos la poca razón que le quedaba, pues la cercanía de Saga no es como que le dejara pensar con total claridad. Su brazo y algunas costillas fueron otra de las partes afectadas, el hueso de su brazo derecho se había roto unos cuantos centímetros y tenía al menos tres fisuras en sus costillas, lo que era el causante del agudo dolor que percibía cada vez que respiraba, cuando el dolor se hacía más fuerte Shaka maldecía su necesidad vital por el oxígeno.

Aquel día por primera vez desde que despertara decidió abarcar el principal problema de conflicto entre ambos, aunque Saga no se imaginó que Shaka lo haría desde ese ángulo tan inesperado.

—¿Qué pasó con Aioros?, ¿Él no se molesta por que pases todo el día conmigo?

Saga frunció el ceño, ¿Cómo debía contestarle?, a pesar de todas las atenciones que le había brindado a Shaka y la dedicación a su cuidado todavía no había querido tocar aquel delicado tema. Sus instintos inmediatamente intentaron salir por la tangente como la solución más segura a su dilema.

—¿Por qué crees que se enojaría?

Fue el turno de Shaka de fruncir el ceño, odiaba que Saga le contestase con otra pregunta dando un rodeo innecesario, si quería una respuesta clara por parte del gemelo lo mejor sería ser lo suficientemente claro e incisivo.

—Tal vez porque ambos están juntos como pareja —dijo Shaka sarcásticamente mientras intentaba acomodarse en su lecho.

Saga se quedó helado por la afirmación tan directa hecha por Shaka, ni siquiera en la oficina se había atrevido a darle una definición a su relación con Aioros, y ahora le soltaba tal comentario.

—Yo…

—Si te sientes incómodo conmigo puedes irte, no quiero retenerte —si bien aquellas palabras salieron con firmeza de la boca del rubio, en su interior lo único que deseaba es que Saga se quedara un poco más con él.

Suponía que no podía seguir retrasando todo, Kanon ya se lo había dicho con anterioridad, las preguntas llegarían pronto y él tendría que estar preparado para enfrentarlas y poder mantener a Shaka a su lado.

—Aquello es un asunto muy delicado Shaka, más de lo que te puedes imaginar —pronunció Saga con un fuerte suspiro.

—¿Qué tan complicado puede ser? —cuestionó es aludido—, es normal que siendo tu pareja sienta algo de molestia por mi presencia.

Saga negó con una expresión cansada.

—Me vas a odiar después de todo esto.

—¿A qué te refieres?

Saga miró directamente a los límpidos y celestes ojos de Shaka, sin duda los ojos de la persona que amaba eran lo más bello que había presenciado, solía perderse con facilidad de la realidad cuando se sumergía en su profundidad, pero ahora necesitaba toda su concentración y cordura si iba a pronunciar las palabras que estaban destinadas a condenarlo. Su actitud no había sido la más limpia y ni siquiera una completa dedicación al bienestar de Shaka le aseguraba que este no fuera a explotar en ira y humillación, su actos habías sido infantiles y bajos.

—Sabes como soy Shaka —comenzó Saga no muy seguro—, hago muchas estupideces, en especial con las personas que quiero. En muchas ocasiones me has ayudado contra Kanon —dijo recordando al tonto de su hermano.

Shaka frunció el ceño sin comprender todavía.

Saga paró unos segundos para dedicarle una profunda mirada al rubio, Shaka se sorprendió por la titilante expresión de emociones. Miedo, culpa, confusión y mucho arrepentimiento, pero por sobre todo miedo. Shaka se preguntaba como en una sola mirada por parte del griego podía comprender una gran extensión de su corazón; interiormente sabía la respuesta, siempre se le había hecho sencillo leer a Saga en todos los aspectos, quisiera que fuera así o no, se complementaban de una extraña manera que hasta hace poco había funcionado, pero aquella relación se resquebrajó en el momento en el que uno de ellos decidió escuchar su corazón, y desde entonces todo había ido en picada directo al caos. Es cierto que entre el dolor del engaño y la agonía de la pérdida había culpado a Saga de todos sus problemas, pero ¿Dónde quedaban las palabras de él?, estuvieron juntos una vez, Saga se atrevió a abrir su corazón, pero él lo desechó vilmente por miedo, por las inseguridades que siempre ha tenido y nunca ha querido afrontar, bajo su fachada de seguridad y constantes planes había alguien que nunca había estado del todo consciente de su futuro y siempre había hecho lo mejor por encajar con los status y dogmas de la sociedad. Antes de conocer a Saga tenía muchos prejuicios arraigados producto de su formación familiar, trabajando con el griego y conociendo mucho más la cultura helena su mente fue aceptando poco a poco algunas cosas como naturales, entre ellas que el amor no se rige por el género, e irónicamente lo entendió el día que se dio cuenta de la fuerte atracción que comenzó a sentir por Saga, ahí fue que la lucha de conflictos interiores empezó su batalla hasta el día que compartieron el lecho, quería mantenerse alejado del griego, pero el desborde de su pasión y los sentimientos instalados desde hace mucho en su interior tuvieron el triunfo por sobre su razón, más su renuencia seguía intacta, fue allí que comenzó su calvario con el cambio de actitud de Saga y la llegada de Aioros. Parte también era su culpa, aunque le costase afrontarlo.

—Shaka —continuo Saga— eres lo más importante para mí, pero he cometido muchos errores. Entre ellos engañarte.

¿Engañarlo?, Shaka no sabía lo que Saga quería decir, pero…

—Lo que pasó entre Aioros y yo no fue más que un tonta actuación para darte celos, pero todo se salió de control.

Ahí estaba, siempre pensó que había una pieza que no encajaba del todo en el cuadro, ¿Cómo es que Saga tan rápido había encontrado a alguien más? ¿O cómo se enamoró de otra persona de la noche a la mañana? Su mente rápida y analítica saltó a la conclusión más obvia, todo lo que ambos habían vivido no había sido más que un juego. Pero Saga siempre había sido una persona muy emocional y preocupado de los suyos, es por eso que aquella actitud era anormal en sí, pero el dolor que sentía no le dejó verlo, mucho menos la actitud indiferente del heleno, hábito que solía adquirir cuando estaba muy molesto.

Saga fue directo. Shaka paseó su mirada por la cara del heleno, pero este mantenía un semblante agachado propio de la culpabilidad. ¿Sentía molestia por lo que había escuchado de los labios griegos?, no exactamente, exasperación tal vez, tanto por Saga como por él mismo, si hubiesen hablado con la verdad y claramente nada de eso se hubiese suscitado. Pero no existen ¿Y lo y si…?, son solo ideas que quedan en la mente, al final de cuenta lo único que en verdad valían eran los hechos, Saga cometió errores, él también, hubieron consecuencias, quizás él se llevó la peor parte, pero había visto a Saga atemorizado y demacrado, y desde que despertase no se había separado de su lado. Puntos extras, pensó Shaka, pero… ¿Era suficiente?, no estaba seguro, solo sabía que no podía odiarlo, a pesar del dolor que vivió, lo amaba.

—¿Quisiste hacerme daño en algún momento?

Saga parpadeó, no se esperaba tal cuestionamiento por parte del rubio, ¿Si alguna vez quiso hacerle daño?, ¡Claro que no! ¡Jamás!, el horror cubrió al griego, ¿Qué diantres estaría pasando por la cabeza de la persona que amaba?

—Sé que te cause dolor, pero jamás lo hubiese hecho adrede, apenas puedo perdonarme por saber que te hice sufrir.

Shaka plasmó una débil sonrisa en su rostro, una sola palabra podría arreglar o destruir todo, ya había tomado una decisión. Saga por su parte no comprendía los gesto de Shaka ¿Le estaba sonriendo?

—Actuaste guiado por la idea de que lo que estabas haciendo me haría cambiar de opinión, estuvo mal, pero lo hiciste sin malicia —Shaka se detuvo unos segundos ordenando sus ideas—, si digo que no estoy molesto todavía sería mentir, pero no puedo vivir pensando todo el tiempo en lo mismo. Has demostrado que estás arrepentido y eso es suficiente para mí.

Saga no podía creer la calma que destilaba Shaka, no se había enfadado, no le había gritado y por sobre todo no lo odiaba, se sentía aliviado por aquel milagro. Saga no era alguien muy creyente, pero agradecía a aquel se haya arriba que lo había ayudado. Pensó que todo lo que alguna vez pudo soñar con el rubio se volvería pedazos en el momento que pronunciara aquellas palabras tan nefastas, y ahora…

—Gracias… —Saga no pudo evitarlo, se aproximó hacia el rubio y le tomó las manos en un gesto de cariño, las manos de Shaka eran cálidas, aquel fue el primer pensamiento que pasó por la mente del gemelo, también eran suaves y de un exquisito color nacarado que tanto amaba en su persona. Avanzó unos cuantos pasos y unió su frente con la de Shaka, deseaba ver de cerca los bellos ojos que lo tenían condenadamente atrapado. El rubio se sonrojó ante la presencia del gemelo, el toque de Saga fue tan sutil que apenas resintió el contacto. Saga sonrió, no se aprovecharía más de aquel lapsus y buena voluntad del rubio, bastante tenía que pagar todavía que sumarle un pesar más a sus cuotas de culpa para beneficiarse del poco movimiento de este. Se alejó con resistencia.

Un nuevo capítulo se abría entre los dos, Shaka lo sabía, pero… ¿Qué es lo que Saga desearía para ambos?, desde aquel día donde lo había rechazado el griego no le hubo vuelto a decir que lo amaba, por su parte tenía claro sus sentimientos y esperaba que lo que Saga sintiera al final no fuera solo culpa. Decidió por ahora solo sonreír, ya tendría respuestas a todas sus otras interrogantes.

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Llegar a su casa era un alivio, pero…

—Saga déjame, yo puedo solo —el rubio reclamó por enésima vez al gemelo, solo intentaba levantarse para ir al baño, pero Saga actuaba igual que su sombra, lo dejaba solo para ir a la cocina y traerle algo de comer. Hacía dos días había salido del hospital con la orden de permanecer en cama y descansar. Saga se había tomado muy a pecho la orden del médico. Cuando se vio invadido por la presencia del gemelo no pudo protestar. Nunca se hubiera imaginado al gemelo instalado en su casa durmiendo en una de sus habitaciones, solo para mantenerse a su lado, le enternecía el gesto, sin embargo verse tan asediado lo fastidiaba. Estaba herido con algunos huesos maltratados y no podría moverse con facilidad por muchas semanas, pero no era un completo inútil. Shaka terminó por suspirar, sus vacaciones se habían ido al carajo con el accidente, le hubiera gustado descansar en un lugar montañoso cubierto de vegetación, pero no se podía hacer nada. Al menos Saga se había encargado de congelar su período de descanso, sin tener pérdida de ningún día.

Saga finalmente ignoró las palabras del rubio, tomó a Shaka por la cintura y lo llevó desde su cama hasta el cuarto de baño que se encontraba a solo unos pasos de distancia.

De esa manera transcurrió el día, con un Saga pendiente de Shaka, y un rubio levemente fastidiado por la invasión, pero que en el interior le agradaba el gesto del gemelo.

Dohko y Shion llegaron a la mañana siguiente. Shaka agradecía la visita, estaba contento de dejar el blanco hospital, definitivamente si volvía a la empresa haría que Saga cambiase el color de las paredes, no pensaba soportar aquel hostigante color.

Tuvieron un buen desayuno y Dohko hizo gala de sus habilidades culinarias, querían generar un buen ambiente para que Shaka pudiese curarse mucho más rápido, y por sobre todo el chino quería disculparse adecuadamente con quien consideraba parte de su familia.

Los cuatros se hallaban sentados en la sala de estar sobre el juego de sillones negros que a Shaka tanto le gustaba. Había decidido tomarse un café después del almuerzo que habían tomado.

Dohko mirando al interior de la taza reunió el valor para hablar.

—Hay algo de lo que tengo que hablar contigo Shaka —dijo Dohko en una primera instancia.

Todos los presentes colocaron especial atención.

—¿Qué sucede Dohko?

Dohko cerró los ojos unos segundos, para después instalar la seriedad en su rostro.

Lamento todo lo que hice, no debí involucrarme de esa manera tan irresponsable, ni instigar a Saga a actuar de esa forma.

Shaka se mantuvo en silencio, ahora entendía el semblante reticente que colocaba Dohko cada vez que lo veía a los ojos.

—No tienes porqué disculparte —dijo Shaka con sinceridad, nunca podría molestarse con él—, para empezar fui yo quien te pidió ayuda, y nadie tiene la culpa de que Saga sea un idiota.

Aquella acotación sacó una risa en Shion y una mueca en el gemelo, Dohko por su parte sonrió, se sentía aliviado de estar en buenos términos con el rubio, temía algún tipo de reproche por su parte, él se había criticado a cada segundo.

Todo parecía caber en su lugar, como en el final de un complicado rompecabezas, pero solo quedaba una pieza incierta, su relación con Saga, por las acciones del gemelo podía deducir que lo quería, él también lo hacía, pero no habían acordado nada concreto, ni siquiera habían hablado directamente de sus sentimientos, y eso estaba comenzando a colocarlo ansioso. Si no lograba resolverlo pronto sus emociones terminarían desbordándose.