Sealand

Amor prohibido –Soy muy joven todavía pero te quiero–

Cálido

Así se sentían las manos de Antonio cuando le tocaba por encima y por debajo de la ropa, así se sentía su corazón cada vez que le abrazaba o le besaba, tan cálido, tan único, tan especial, tan increíblemente agradable.

Tan prohibido, tan reprobable, tan mal visto*. Pero para lo que otros esta mal para Antonio y para él era su mayor alegría.

¡No era justo! Se decía Peter cada vez que esos encuentros tan efímeros y espaciados con España terminaban. Él ya tenía el cuerpo de un adolescente de dieciséis años, ya no era un niño ¿Por qué no podía estar con Antonio? ¿Por qué? Eran hombres, si eso era cierto pero también Finlandia y Suecia eran hombres y estaban juntos y la edad tampoco era un problema, España le había prometido que lo esperaría y estaba cumpliendo fielmente su palabra. Besos castos y algunas caricias bajo la ropa seria todo lo que recibiría hasta tener el aspecto de un joven de dieciocho años.

Mientras tanto, Peter tendría que conformarse con besos rápidos, citas a escondidas, caricias camufladas en abrazos, con verse una vez al mes –Peter va a casa de Antonio o Antonio va a la suya a ayudarlo con las reparaciones y arreglos de su hogar– con cantar las canciones que Antonio le enseña a medianoche cuando no puede dormir, con taparse con el cobertor imaginando que los brazos del español son su refugio en las noches de frio, con escribir canciones y poemas de amor para Antonio –cosas que le dirá cuando estén juntos sin esconderse– en sus horas de mayor soledad, frustrado por que el tiempo pasa muy lento y él crece muy despacio.

Sealand trabaja muy duro e intenta mantenerse ocupado para ahogar la rabia y la frustración que llenan cada rincón de su alma y llora cada noche incapaz de controlar su furia y tristeza al despertar de un hermoso sueño en el que España y él están juntos sin tener que esconderse, en que pueden amarse libremente sin temer los comentarios de los demás, sin prejuicios ni amenazas de que los separen si los ven juntos.

Peter sabe que no es el único que siente eso, sabe que Antonio también esta enojado, que también quiere decirle a todo el mundo que lo ama sin importar lo que digan o si están de acuerdo o no, sabe que Antonio tiene que hacer esfuerzos sobrehumanos por contenerse y no estrellarlo contra la pared para poseerlo de manera salvaje y desenfrenada, por no dejarle marcas en cuerpo, por no hacer nada que los evidencie ante los ojos de otros.

Peter seria capaz de esperar mil años para saber que se siente ser parte del reino del sol, solo reza para que el tiempo pase deprisa y poder estar y amar a Antonio como se merece pero mientras tanto ambos ahogan su rabia en el trabajo, tienen el recuerdo de las caricias del otro como una promesa mutua y silenciosa de que algún día estarán juntos sin importarles nada y los armarios de limpieza como únicos testigos de su amor clandestino.