10. 12 años. Sábado.
Cuando Harry llegó a la Madriguera ese día del mes de octubre, tenía la sensación de que iba a ser un buen día.
Nada había ido mal desde que se había levantado por la mañana. Era sábado, así que no tenía que trabajar, y se había quedado en la cama dando vueltas hasta bien entrada la mañana, cosa que hacía años que no había podido hacer. De hecho, había estado remoloneando hasta que había escuchado a Lily por la casa, y le había dado vergüenza seguir tumbado, momento en el que se había levantado para encontrarse a su hija en la cocina preparándole el desayuno "porque sí, papá, ¿necesito una excusa para hacerle el desayuno a mi padre?". O eso era lo que le había dicho la niña. Pero claro, Harry no era tonto, así que, como quien no quiere la cosa, le había propuesto a Lily ir de compras al callejón Diagon. A la niña se le había iluminado la cara, y había dejado su desayuno a medio preparar para ir a cambiarse de ropa y poder irse lo antes posible.
Así que Harry había pasado una mañana de compras. Había comprado todo lo que se le había ocurrido. Por ejemplo, pergaminos y plumas. Él seguía viéndole poca utilidad a esas cosas, donde estuviese un buen bic de ésos inagotables y un cuaderno, que se quitasen las incomodidades de la pluma y la tinta. Pero también tenía que admitir que no era lo mismo mandar por lechuza un folio que un pedazo de pergamino. No es que él escribiese muchas cartas, pero más valía estar preparado.
Poco antes de la hora de comer, volvió a casa con Lily para poder dejar las compras, y después de eso, se desapareció con ella, rumbo a la Madriguera.
Había reunión familiar.
Por eso, Harry estaba contento. Había tenido una buena mañana y por lo que él veía, iba a pasar una tarde igual de buena junto con su familia.
Empezó a extrañarse cuando Hermione salió a recibirlos al jardín y empezó a hablar sin parar siquiera para respirar. Eso no era muy normal.
- ...porque no te esperábamos tan temprano, Harry. Todavía no está la comida hecha, y no importa si estabas ocupado y te tienes que ir, puedes volver dentro de un rato...
- ¿Mione? ¿Estás bien?
Hermione se mordió el labio inferior, y ésa fue la segunda señal de alarma. Hermione estaba nerviosa, así que algo tenía que estar pasando. Algo grave.
- Nada, Harry, todo está bien, sí. – Uh, no. Harry no la creyó ni por un momento, y menos cuando intentó caminar hacia la casa, y la chica se colocó delante de él, cortándole el paso. Sólo los estaba entreteniendo.
La tercera y última señal de aviso de que su maravilloso día estaba a punto de irse al traste, vino de su derecha, donde estaba Lily. La niña dejó de mirar a su tía como si estuviese loca por no dejarlos entrar, y echó a correr hacia la puerta de la Madriguera sin que nadie se lo esperase.
Y el cataclismo ocurrió en ese momento. Justo cuando Lily abrió la boca.
- ¡Mamá!
Oh. Así que era eso. Ginny.
- Lo siento, Harry.
Harry no respondió. Sólo miró por encima del hombro de su amiga a la madre de sus hijos, y se dio cuenta de que el buen día se había ido a la mierda.
Había sido una tarde... Complicada, cuando menos. Harry se había quedado prácticamente en shock cuando había visto a Ginny, y eso a ella no podría haberle preocupado menos.
A eso de media tarde, y a pesar de que todavía quedaba la cena, Harry se había excusado diciendo que tenía que redactar unos informes, y que debía irse para aprovechar el tiempo. Y una mierda, lo único que él quería era irse de allí y dejar de ver cómo su ex mujer le restregaba en la cara que la única familia que Harry tenía era la suya. Eso, y lo bien que se lo había pasado en la cita que había tenido un par de noches antes con el golpeador de no sé qué equipo, un tal no-sé-qué-illi, que según El Profeta era su nueva conquista, pero que "oh, qué tonterías dices, sólo somos amigos". Risita coqueta. Ugh. Claro.
Cuando Lily lo miró con la mejor cara de cachorrito que pudo poner, y a sus diez años ya era toda una experta en eso, Harry tuvo que transigir. Un poco. Le preguntó a Molly si tenía una cama para su nieta, y Molly, que aparte de no ser tonta siempre tenía sitio en casa, nadie sabía cómo, le dijo que por supuesto, sin ningún problema.
Así que Harry volvió solo a casa, se tiró en la cama y se quedó mirando al techo. Pensando en qué estaba haciendo con su vida.
No tenía una mala vida, pensó. Tenía un trabajo que le gustaba, tenía una casa, tenía tres hijos a los que quería con locura. Tenía amigos y familia que lo querían. Siempre y cuando no estuviese Ginny por ahí.
Bueno, había que decir que ellos lo seguían queriendo. Ginny se había comportado como una niña pequeña y se había pavoneado delante de todos, llamándoles la atención y obligándolos a hacerle caso. Y Harry, que tampoco estaba en su día más fino, se había quedado mirando cómo ocurría eso con cara de tonto y la boca abierta, y no había hecho nada por evitarlo. Así que Ginny había ganado. Porque Harry había sido idiota.
Pero, a favor de Harry, había que decir que se había quedado estupefacto cuando la había visto allí, y todavía más cuando ella, como quien no quiere la cosa y sin que nadie le hubiese preguntado, había hablado de su fantástica cita con el golpeador con nombre medio italiano, o algo así. Justo en ese momento, Hermione lo había mirado con una de esas famosas miradas de pena que Harry sabía identificar al momento, y Harry se había dado cuenta de que uf, dolía. Hacía años que Ginny y él no estaban juntos, ya ni hablar de cuánto hacía que no estaban bien. Pero resulta que ahora ella tenía tiempo para tener citas y él gastaba el poco que le quedaba libre en cuidar de los hijos de ambos.
Y no había tenido una maldita cita desde... La última que podía recordar era la desastrosa cita con Cho Chang. Ni siquiera había tenido citas con Ginny después de la guerra, era como si lo único que le quedase por hacer en su lista de tareas pendientes fuese "casarse con Ginny, justo después de vencer al mago loco que lleva intentando matarme desde que nací". Hm, apunta eso como hecho.
Quizás ése había sido el problema. Que se habían casado porque era lo que tenían que hacer, lo que todo el mundo esperaba. No lo que ellos querían.
Uf, vale, podía entender eso. Pero, ¿en serio? ¿Cómo alguien que está años quejándose de que no tiene tiempo ni para ver a sus hijos encuentra antes a alguien que una persona que...? Bueno, Harry tampoco tenía mucho tiempo. Sí, vale, sí tenía más tiempo que antes, cuando Albus y James estaban en casa. Pero eso no quería decir que lo dedicase a sus relaciones sociales.
Mierda.
Cuando Harry llegó a una conclusión, y tomó una decisión, se dio cuenta de que se había abstraído tanto en sus pensamientos, que se había hecho de noche y ni se había dado cuenta. Y que tenía hambre. Mucha. Al fin y al cabo, apenas había probado bocado en la comida, gracias a su amigo el nudo en el estómago. O lo que fuese. Pero ahora el nudo se había deshecho y su estómago volvía a tener comunicación con su boca. Y ugh, cómo se quejaba. Harry tuvo que bajar a oscuras las escaleras y llegar hasta la cocina por la prisa que le estaba metiendo su barriga con los ruidos de queja, y casi se deja el dedo meñique del pie izquierdo contra la única mesita del vestíbulo cuando había pasado por él para llegar a su destino. Y eso que era el único mueble que tenía en esa parte de la casa, menos mal. Justo cuando había cruzado el umbral de la puerta, como por arte de magia, los ruidos habían cesado, y si no fuese porque verdaderamente estaba hambriento, se había preguntado a ver si su estómago tenía ojos o algo, por callarse en el momento en el que entraba la cocina. Pero en ese momento no le importaba.
Se acercó al frigorífico y por fin vio algo de luz cuando abrió la puerta. Buscó entre los estantes, sacó cosas, metió otras, y al final se decidió por el cartón de la leche. Eso, y una cantidad ingente de galletas del armario del desayuno. Y un par de bollos. Así que al final, fue más un desayuno que una cena, pero Harry tenía hambre, y a ver quién iba a meterse con su dieta, estando solo en casa.
Fregó lo poco que había ensuciado con un movimiento de varita y recogió los restos con otro, y volvió a subir a su habitación, esta vez con luz y con un poco más de cuidado, que apreciaba sus dedos meñiques de los pies, muchas gracias.
Se dejó caer sobre la cama y volvió a quedarse mirando al techo. Metafóricamente, dado que ya no había luz, y ver no veía nada, pero lo miró. Y cerró los ojos. Los volvió a abrir. Se levantó de la cama, la abrió y se metió dentro, se tapó con las mantas hasta la nariz, y cerró los ojos de nuevo.
Tic-tac, tic-tac.
Abrió los ojos, así como media hora después. No había conseguido dormir, pero, ¿a quién le extrañaba? En los últimos años se había acostumbrado a sobrevivir con las menos horas posibles de sueño. De hecho, sus ojeras ya podrían considerarse un tatuaje, y esa misma mañana había estado en la cama hasta no aguantar más. ¿Cómo esperaba dormirse a las...? Estiró la mano hacia la mesita de noche, y lo primero que alcanzó fue su despertador. Las doce y media.
Espera, ¿en serio? ¿Las doce y media? ¿Cuándo había llegado esa hora?
Suspiró sonoramente. No iba a poder dormir, lo sabía. Quizás era hora de empezar a cumplir lo que había decidido.
Se levantó de la cama y se acercó al escritorio, encendió la lámpara de mesa y, cuando por fin tuvo luz, buscó las cosas que había comprado esa misma mañana. Las plumas, la tinta y el pergamino. Se sentó en el escritorio con todo delante, y miró la pared que tenía enfrente, sin ver. Pensando.
"Querido Malfoy".
Ugh, ¿qué? No, así no iba a empezar una carta. Una nota. Un lo-que-fuese.
"Malfoy".
Bueno, sí, vamos mejorando, pensó Harry.
Al final, cogió un trozo de pergamino y una de las plumas, y abrió un bote de tinta, mojando la punta en ella. Y empezó a escribir.
"Malfoy,
Quizás sea un poco tarde, pero tampoco espero respuesta.
Hoy me he encontrado con Ginny. Hacía años que no la veía, y casi que mejor.
Ugh, todavía no sé por qué te estoy contando esto. ¿Crees que tendría que buscar un terapeuta?
Buenas noches,
H. P."
Sopló un poco para que se secase la tinta y se preguntó por milésima vez qué era lo que estaba haciendo. Pero antes de poder arrepentirse, sacó un trocito de cuerda del cajón del escritorio, y se levantó. Salió a la terraza, donde su vieja lechuza descansaba en un perchero. El animal lo miró con esos ojos, como si supiese todo lo que estaba pasando por la cabeza de Harry, y estiró una pata para que pudiese atarle la carta. Un bicho educado.
- Draco Malfoy.
Harry susurró el nombre del destinatario, y casi esperó que el ave no hubiese llegado a escucharlo. Pero al parecer, era vieja, pero no sorda. Antes de que Harry pudiese echarse para atrás, y probablemente por eso, la lechuza salió volando.
Harry sólo pudo volver a entrar en la casa, y caminó de vuelta a su habitación, arrepintiéndose ya por lo que acababa de hacer. ¿En qué momento de enajenación mental transitoria se le había ocurrido que era buena idea mandarle una lechuza a Draco Malfoy, de entre toda la gente?
El único consuelo que le quedaba es que no recibiría contestación hasta el día siguiente. Y con ese pensamiento se metió de nuevo en la cama.
No llegó a dormirse, se quedó en un estado de duermevela, y, cuando media hora después, el ruido de algo chocando contra su ventana le hizo abrir los ojos, se quedó algo desorientado. Entonces el ruido volvió a escucharse, y Harry se levantó de la cama, se acercó a la ventana y se le pasó todo el sueño de golpe. Era su lechuza. Oh, Merlín. Y traía algo atado a la pata. Harry esperó con todas sus fuerzas que su lechuza se hubiese perdido, o no hubiese podido entrar en la mansión, o cualquier cosa. Abrió la ventana y el pájaro entró, volando hasta quedarse sobre el respaldo de la silla. Y estiró la pata.
Harry la miró, la lechuza lo miró a él. Y así se quedaron varios minutos, hasta que Harry empezó a preguntarse cómo de profundo pueden llegar a ver las lechuzas dentro de una persona. Entonces el ave ululó, y sonó tan indignada que Harry tuvo que acercarse y coger la carta que traía. La abrió y nop. No se había perdido ni ninguna magia extraña le había impedido entrar en la Mansión Malfoy. Había hecho tan bien su trabajo que traía una contestación, del puño y letra de Draco Malfoy.
"Potter,
¿Los héroes no duermen por las noches? ¿O es que tienes algún problema de insomnio que no le has contado a tu terapeuta? Oh, espera, olvidaba que no soy tu terapeuta.
Parece mentira que tenga que ser yo quien te diga esto, pero... ¿Dónde has dejado tu lado muggle? Estamos en el siglo veintiuno, ¿no has pensado en comprarte un móvil? Es más sencillo para molestar a la gente a altas horas de la madrugada. Y más rápido.
Duérmete, Potter.
D. Malfoy".
Harry no pudo evitar imaginarse a Malfoy diciéndole eso cara a cara, y tuvo que reírse. Hasta por carta era tan... Malfoy.
Dejó la carta sobre el escritorio y volvió a la cama, y justo cuando se sentó sobre ella, la lechuza ululó de nuevo. Seguía mirándolo desde su posición en el respaldo de la silla, y Harry tuvo la sensación de que estaba a punto de lanzarse sobre él por algún motivo. Nunca había entendido cómo funcionaban esos bichos, pero podía asegurar que no quería ningún picotazo en la cara esa noche, y para eso, tendría que hacer lo que el ave quería que hiciese. Y tenía una ligera idea de lo que era.
Con un suspiro, Harry volvió al escritorio y se sentó en la silla de nuevo. El animal ni siquiera cambió de posición, aprovechó que el respaldo era lo suficientemente alto y miró por encima del hombro de Harry. Esperando a que el hombre hiciese lo que tenía que hacer.
"Malfoy,
De hecho, tengo uno. ¿Me estás insinuando que quieres mi número?
No puedo dormir. Creo que debería pedirle su número a mi terapeuta, para poder llamarlo en estas ocasiones.
Buenas noches,
Harry".
Con una sonrisa, le ató la nueva nota a la pata de su lechuza y la dejó salir por la ventana, de nuevo hacia la Mansión Malfoy.
No sabía qué era lo que estaba haciendo, pero podía jurar que lo que parecía era que estaba flirteando vía lechuza. O algo así. Se sentía como si hubiese vuelto a su adolescencia. O mucho mejor, dado que no temía por su vida.
Ugh, si alguien le hubiese dicho que iba a estar escribiéndole cartitas a Malfoy, nunca lo habría creído. Probablemente le hubiese recomendado que fuese a ver a un buen psicomago, de hecho.
Pero ahí estaba. Y era divertido.
Volvió a la cama. Sinceramente, no esperaba respuesta.
Así que unos treinta minutos después, cuando volvió a despertarse por el mismo ruido de antes, no supo muy bien si lo acababa de soñar o si de verdad su lechuza había vuelto. Se levantó de un brinco y abrió la ventana, y ahí estaba el bicho con plumas, con la misma mirada que parecía que te estaba viendo hasta el alma. Debería ponerle un nombre ya. Uno bonito, se lo merecía. Antes la llamaba Irwing, pero cada vez que el ave lo escuchaba, hinchaba todas las plumas y se liaba a picotazos con cualquiera que se acercase lo suficiente, así que Harry acabó por darse cuenta de que no le gustaba. Y dejó de llamarla por ese nombre.
Decidido, al día siguiente le recitaría a su lechuza nombres hasta que escogiese uno de su gusto.
Cogió la nota de la pata del animal, y en cuanto lo hubo hecho, la lechuza salió volando por la ventana todavía sin cerrar. Probablemente de vuelta a su percha. O a cazar. O lo que fuese que hiciesen esos bichos por las noches. La cosa es que le dejó a Harry bien claro que no esperaba respuesta. Bien. Cerró la ventana, se metió en la cama, y una vez ya dentro, bien acomodado y calentito, abrió la nota para leerla.
"Potter,
La gente de bien duerme a estas horas, o al menos lo intenta, así que deja de mandarme a tu bicho para que me ataque hasta que te conteste. Vas a pagar por todas las cicatrices que me queden de sus picotazos, avisado estás.
Si quieres el número de tu terapeuta deberías coger todo ese valor Gryffindor que se supone que tienes e ir a pedírselo en persona. O eso es lo que te diría él, si le preguntases.
Y ahora duérmete, o te mandaré un Desmaius vía lechuza, y no estoy del todo seguro de que se pueda, así que no me hagas cumplir la amenaza.
Buenas noches, espero que por última vez esta noche,
D. Malfoy".
Harry se rio. Podía imaginarse perfectamente la situación, Malfoy peleándose contra su lechuza, y luego contestándole mientras ella lo miraba igual de mal que lo había estado mirando a él.
Dejó la carta en la mesita de noche, y cerró los ojos para dormirse de una vez por todas.
Quizás... Sí, quizás sí había sido un buen día, después de todo.
N/A: Bueno, pues aquí me tenéis de nuevo :D. Con un capi que me gusta, ya me diréis si os gusta también a vosotros :). Además, es bastante larguito, así tenéis más para leer del tirón, heh.
El próximo va a ser algo más corto, pero no tan corto como otros, una cosa entre medias. Y no voy a adelantar nada, porque luego todo se sabe, y sh, que sea sorpresa.
Muchas gracias por leer y por comentar, los reviews me dan energías para escribir tras un día agotador. Gracias también a mi beta, ya sabéis.
Ahora, las contestaciones a los reviews de los que no tienen cuenta.
Mani: Jajaja me he imaginado esa escena, y me he tenido que reír. ¡Espero que este capi también te haya gustado! ¡Un besote!
Odette89: Ya sabemos que Ron y Draco... muy buenas migas no hacen jajaja ¡Muchas gracias! Aquí tienes el siguiente cap y espero que te guste tanto como el anterior :D
Lalalalalal: ¿Soy yo, o cada vez hay más "la" en tu nombre...? Jajajaja. Claro que te comento, a mí me gustan los reviews, así que supongo que a vosotros os gusta que os conteste, así que lo hago :D. ¡Espero que éste también te haya gustado! :)
Guest: A ver si consigues pronto recordar tu cuenta, que es una faena eso de tenerla y no poder entrar ):. Eso es lo que yo quería, que las cosas fuesen naturales, no importa que sea muy lento. No quiero un "aquí te pillo, aquí te mato" y pum, de repente estamos súper enamorados. Astoria es adorable, y los niños son amorrr... Jajaja. Aquí tienes un nuevo capi, espero que te guste :D.
Eso es todo, volveré pronto a traeros un capítulo nuevo :D. Besotes para todos.
Lavaos los dientes tras cada comida, y no comáis muchos dulces. Aunque estén ricos, ñamñam.
MayaT
