EL MANUSCRITO PERDIDO

X: LA TRAICIÓN

Prisión del Santuario

Lydia se encontraba aún en el suelo de la celda, de rodillas junto a los barrotes, con su cabeza apoyada en uno de ellos. Silenciosas lágrimas caían de sus ojos. No podía creer lo que acababa de suceder. ¡Acababa de encontrar a sus hermanos! A su verdadera familia. Por fin, después de muchos años y preguntas sin responder, ya sabía como había llegado a la familia de lord Castlehaven, y que había pasado con su verdadera familia.

¡Había sido tan increíble al principio! Pero incluso ella no podía negar que Aioros y Aioria tenían razón. ¡Cómo tenía ganas de abrazarlos! Malditos barrotes y maldita celda.

Lydia se levantó y se limpió las lágrimas de los ojos con el dorso de su mano, pensando que pronto Mu y sus hermanos volverían de los Doce Templos y la liberarían de esa horrible prisión. Sabía que Saori era una persona muy necia, pero sabía que podían hacerla entrar en razón.

Mientras pensaba en ello, escuchó un ruido en el suelo, como si alguien estuviera excavando debajo de ella, junto bajo la roca donde ella tenía sus pies. Dio un par de pasos atrás, hasta quedó con la espalda pegada en la pared.

-¿Qué sucede?- se preguntó en voz baja, mientras veía que la piedra donde previamente había estado de pie comenzó a moverse lentamente. Buscó con la mirada algo en el suelo de la celda para usar para defenderse, pero se dio cuenta de que estaba completamente vacía.

Pronto obtuvo la respuesta. Una de las piedras en el centro de la celda fue levantada, y debajo de ella quedó un hueco, en el que quedó apareció un niño pelirrojo, con traviesos ojos azules, que la miraba aliviando y sonriente.

-Menos mal que está bien, señorita Lydia…- dijo el niño, sin dejar de sonreír.

-¿Te… te conozco?- preguntó ella, manteniéndose sin separar su espalda de la pared.

-No, por supuesto que no- dijo el niño, brincando del hueco en el suelo hacia la celda, con una amplia sonrisa traviesa- me llamo Kiki, soy el aprendiz del caballero de Aries, Mu. Mucho gusto, señorita-

-Igualmente, Kiki- repitió ella, mirándolo extrañada- ¿qué haces aquí? ¿Porque…?-

Kiki miró la piedra que él había quitado, y se echó a reír.

-Escuché a mi maestro y a. señor Aioros hablando con el señor Death Mask- explicó Kiki- ellos dijeron que irían a hablar con la señorita Athena porque querían liberarla, así que yo me adelanté y lo hice por ellos. Supongo que no tendrá ninguna queja al respecto, ¿o sí?-

Lydia sonrió.

-Gracias, Kiki- dijo ella.

-Entonces sígame, por aquí, señorita Lydia- dijo Kiki, introduciéndose en el hueco, el cual era un túnel subterráneo debajo de la prisión. Lydia siguió al pequeño entre los túneles debajo de la prisión, hasta que por fin quedó libre de aquel horrible edificio, justo en la frontera del Santuario.

-¿Esta es la salida del Santuario?- preguntó Lydia, saliendo del túnel y sacudiéndose la ropa, al ver una estatua marcando los límites.

-Una de las salidas, señorita- dijo Kiki, sonriendo.

-Muchas gracias por sacarme de ahí, Kiki- dijo Lydia. Se volvió a ver su mano derecha, acomodándose la manga de su suéter sobre el antebrazo, para cubrir el tatuaje que había obtenido en la cámara de Arquímedes.

-Ya es libre, señorita- dijo Kiki, con una sonrisa triunfal.

-No, no me puedo ir así- dijo Lydia, mirando la tela de su suéter sobre su antebrazo- no ahora que he encontrado a mis hermanos, a Aioros y Aioria. Y no cuando Mu…- se detuvo, tragó saliva y suspiró- no, te lo agradezco, Kiki, pero creo que debería tragarme mi orgullo y entregarle esto a Saori. Ella tiene razón, no debería quedarme con esto, es muy peligroso, y ella lo puede proteger-

Kiki le sonrió, y Lydia también sonrió. El pequeño aprendiz de Ares estiró un brazo hacia el interior del Santuario, para acompañarla dentro, cuando alguien los interrumpió.

-Saori te encerró, y te trató de robar la gloria de tu descubrimiento- dijo una voz masculina, conocida para Lydia, haciendo que la chica diera un respingo de sorpresa- ¿y aún así quieres entregárselo-

Lydia sintió un hueco en el estómago, y miró a su alrededor. Miró a Kiki, que se puso tenso, en guardia, al escucharla también.

-¿Quién está aquí, Kiki?- dijo la chica en voz baja, y después alzó la voz- ¿quién anda ahí?-

La respuesta a su pregunta no le iba a gustar ni un poco. Justo cruzando la línea de la frontera del Santuario, a escasos metros de ella, se encontraba su némesis de toda la vida: Henry Northumberland, su molesto pretendiente de Inglaterra, estaba ahí frente a ella, con sus brazos cruzados y una sonrisa confiada.

-¿Henry?- dijo ella, incrédula. Lydia sabía muy bien que Henry tenía prohibido entrar al Santuario sin premiso. Dio un paso atrás: había visto que Henry tenía una pistola ceñida a la cintura. Con un movimiento rápido, empujó a Kiki para que quedara atrás de ella.

Apenas hubo pronunciado hecho esto, Henry sonrió, y señaló un auto color plateado que se estaba estacionando justo detrás de él. El auto estaba blindado, y tenía los vidrios polarizados, por lo que Lydia no pudo ver a sus ocupantes, pero ya sospechaba que Emmanuele estaba ahí.

-¿Qué hacen aquí, Henry?- dijo Lydia entre diente- sabes bien que Athena y los caballeros les prohibieron venir. Váyanse de una vez antes de que se den cuenta y me metan en problemas-

El golpe de la puerta del auto cerrándose la hizo volver la mirada. Emmanuelle Bellini había salido también del auto, y los dos recién llegados sonrieron maléficamente, provocando que Lydia diera otro paso atrás, empujando a Kiki también.

-Venimos por ti, querida Lydia- dijo Henry, con un tono de falsa preocupación que era casi sarcástico- tu padre está muy preocupado por la situación. Esos caballeros son unos desvergonzados, ¿no es así?-

Lydia lo miró sospechosamente, mientras que Henry señalaba sus ropas sucias, y se volvió a la torre donde hacía unos momentos había estado encerrada. Lydia se tomó la muñeca derecha y volvió a tirar de su manga para ocultar su marca. No sabía porqué, pero tenía un mal presentimiento sobre estos dos.

-Estoy muy bien, como pueden ver- dijo Lydia, ignorando lo que había dicho Henry- ahora, si me disculpan, tengo que…-

-Saori te robó tu manuscrito tan pronto como, y usó a sus caballeros para encerrarte en la prisión del Santuario… que terrible, ¿no?- dijo Henry, poniendo su mano sobre el mango de la pistola que tenía en la cintura, con una sonrisa amenazante. Lydia tragó saliva- creí que habías dicho que los caballeros eran "tan amables", que pena- añadió maliciosamente, usando las mismas palabras que Lydia había usado cuando defendió a Mu de él.

Kiki, que no estaba a gusto detrás de ella, le iba a responder, pero la chica lo detuvo con una mano, y miró enfadada a Henry.

-¿Cómo sabes eso?- dijo Lydia, entrecerrando los ojos sospechosamente- ¿acaso ustedes dos me han estado espiando?-

Henry iba a responder, pero Emmanuele habló primero.

-Ya basta de charlas, Lydia. Tu padre está enterado de lo que pasó aquí, te ordena que vengas con nosotros inmediatamente- dijo Emmanuele en un tono fastidiado, poniendo su mano en su cintura. Lydia se dio cuenta que él también tenía una pistola ceñida al cinturón- vamos, sube al auto. No tenemos tiempo que perder-

Lydia miró hacia el Santuario.

-No… no puedo- dijo Lydia, casi sin aliento- primero hay algo que tengo que hacer-

Cuando dijo esto, Henry se echó a reír.

-¿Acaso te creíste esa tontería de que esos dos caballeros dorados son tus hermanos perdidos?- dijo Henry, y se volvió a Emmanuele- ¿puedes creer algo tan ridículo?-

Kiki, quien no sabía ese detalle, miró a Lydia sorprendido. ¿Se referían a Aioros y Aioria? ¡Por supuesto! El pequeño aprendiz de Aries dio un paso adelanta, colocándose junto a la chica. Lydia, por su parte, no se dejó afectar por sus palabras. Conocía muy bien sus sentimientos: a ella no le quedaba ninguna duda de que era verdad.

-Parece que sí se la creyó- dijo Emmanuele en un tono burlón, con su mano en su cintura, muy cerca de la pistola.

-Y aunque esa tontería fuera cierta- continuó Henry- ellos están bajo las órdenes de Athena, y Athena es la Saori Kido, que te quitó tu descubrimiento y que te encerró. No tienes otra opción sino irte a donde los caballeros de Athena no te puedan encontrar-

Lydia miró nuevamente atrás, hacia el Santuario. Recordó la sonrisa de Mu, y sonrió también. Y sabía que no podía irse. No ahora que había encontrado a sus hermanos. Se miró la muñeca, cubierta por su suéter. Sabía que tenía que entregar eso a Saori, para que lo mantuviera a salvo en el Santuario. Sabía que, a pesar de que su método no era el mejor, la intención de Saori era proteger a la humanidad.

-Primero hay algo que tengo que hacer- repitió Lydia por fin, dándoles la espalda y comenzando a caminar de regreso a las Doce Casas, seguida de Kiki.

-Oh, no, no lo harás…- Lydia escuchó la voz de Henry detrás de ella.

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Prisión del Santuario

Mu se apresuró a regresar a la prisión, seguido de Aioros y Aioria. No sabía porqué, pero tenía la impresión de que algo malo había pasado. Una vez que salieron de los Doce Templos, Mu los teletransportó nuevamente a las celdas más altas, donde habían visto a Lydia la última vez.

Una sorpresa los esperaba: La celda estaba vacía, excepto por una enorme roca que había sido removida del suelo. Mu se acercó a los barrotes, y vio un gran agujero formado en el centro de la misma. No había rastro de Lydia o de nadie más.

-¿Qué sucedió aquí, Mu?- preguntó Aioria, viendo aquello- ¿dónde está Lydia?-

El caballero de Aries entendió que había sucedido. Entrecerró los ojos. Sabía muy bien quien era la única persona que conocía los túneles debajo de la prisión.

-Kiki…- dijo Mu entre dientes, y desapareció teletransportándose.

-Oye, Mu, espera…- dijo Aioria, en vano, pues Mu ya se había transportado a otro sitio. Se volvió a Aioros- ¿a dónde se dirigen estos túneles?-

-Supongo que a la base de la prisión, que está cerca de la salida oeste del Santuario- dijo Aioros, dándole la espalda para comenzar a bajar las escaleras- ahí es a donde se dirige Mu, vamos…-

Los dos hermanos se apresuraron a bajar, intentando alcanzar a Mu en la salida de la prisión. Ambos rogaban en silencio a los dioses para que ningún daño llegara a su hermana, ahora que la habían encontrado después de tantos años.

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Límite oeste del Santuario, junto a la prisión

Mu apareció junto a la estatua que estaba a un lado de la salida oeste del Santuario. Todo parecía tranquilo, excepto por una pequeña área de pasto manchado de sangre. Mu la tocó, seguro de que la persona a quien pertenecía acababa de estar ahí. Y fue entonces cuando lo sintió. Un débil cosmos, el cual reconoció enseguida.

-¡Kiki!- exclamó el santo de Aries, y se apresuró a correr al lado de su estudiante, quien estaba tumbado entre la hierba detrás de una enorme roca. Tenía una fea herida sangrante en la parte posterior de la cabeza, algunos de sus cabellos estaban manchados con sangre seca.

-Lo… lo siento, maestro Mu- dijo Kiki con debilidad, haciendo un gesto de dolor y cerrando los ojos- yo no pude detenerlos, le fallé-

-Dime que sucedió, Kiki- dijo Mu con un tono impaciente, haciendo que su alumno levantara la vista hacia él- dime dónde está Lydia-

-Yo la liberé del calabozo, maestro- dijo Kiki, bajando la mirada, pues se sentía culpable- porque los escuché, a usted y a Aioros, hablando con Death Mask de que querían dejarla libre. Por eso vine y la ayudé a salir por los túneles. Pero cuando salimos, ellos nos estaban esperando. La señorita Lydia trató de regresar al interior del Santuario, pero ellos nos atacaron, y se la llevaron por la fuerza-

-¿Ellos?¿quienes son ellos?- preguntó el santo de Aries. Antes de que Kiki pudiera responder, fueron alcanzados por Aioria y Aioros, quienes llegaron corriendo y se detuvieron en seco al ver los rastros de sangre y los golpes en el cuerpo de Kiki.

-¿Qué sucede, Mu?- preguntó Aioria- ¿dónde está Lydia?-

Aioros no dijo nada, solo miró lo que había pasado y comprendió. Puso su mano en el hombro de Aioria, y le lanzó una mirada para que guardara silencio.

-Kiki, responde- lo apremió Mu, en un tono firme, ignorando a los recién llegados por un momento- ¿quienes eran ellos?-

-Dos de los socios de la señorita Athena, que venían en un auto gris- dijo Kiki, mirando a su maestro a los ojos- un italiano, y un inglés-

-¿Henry?- preguntó Mu, apretando su mano empuñada, y Kiki asintió al reconocer el nombre de uno de los intrusos.

-Ambos me atacaron, creo que me golpearon con el mango de una pistola. Subieron a Lydia al auto y se fueron con ella- continuó el pelirrojo.

-¿Qué sucede, Mu?- dijo Aioria nuevamente- ¿qué significa esto?¿Dónde está Lydia?-

Mu asintió. Tomó a Kiki en sus brazos y se puso de pie. Vio que Milo, Death Mask y Afrodita también habían llegado poco después que Aioros y Aioria, enviados por el Patriarca por si eran requeridos. Mu miró a los presentes, y se volvió a Aioria para contestar su pregunta.

-Significa que Lydia está en peligro, y que tenemos que darnos prisa- dijo Mu. Se volvió al santo de Cáncer, y puso a Kiki en sus brazos- Death Mask, por favor, llévate a Kiki a las Doce Casas, y pide a Aldebarán que lo ayude. Los demás- añadió, estirando los brazos- aférrense bien a mí. Tenemos un vuelo que detener-

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Villa de Athena.

Shion y Dohko se habían quedado atrás, atendiendo a Saori, quien se había desmayado después de declarar que había que liberar a Lydia. El Patriarca la había levantado en brazos, y la trasladó a su habitación, donde la acomodó en su cama.

-¿Qué crees que sucedió?- le preguntó Dohko, mientras miraba a Shion.

-No lo sé, Dohko- dijo Shion, acomodando a Saori y asegurándose de que estuviera bien- pareciera como si un ser maligno se apoderara del cuerpo de Athena por un momento-

-Creo que eso no fue lo que pasó- los interrumpió Shaka, quien estaba de pie junto a ellos mientras atendían a Saori. Shion y Dohko se volvieron hacia él, sorprendidos, ya que no esperaban verlo ahí con ellos- creo que ya sé que fue lo que pasó. He escuchado hablar de eso en India. Hay un veneno, el veneno de Sushruta, que tiene propiedades que coinciden con lo que pasó-

-¿De que hablas, Shaka?- preguntó Shion.

-Sushruta describió hace muchos siglos el uso de un tipo especial de veneno- dijo Shaka- el cual permite a una persona controlar las acciones de otra que bebe el veneno. Así funciona: alguien te lo da de beber, y planta en tu mente una idea. La idea se queda en el subconsciente hasta que el veneno se activa, y controla las acciones de la persona envenenada por un par de horas. Eso debió haber sido-

-¿Pero cómo?- preguntó Dohko- ¿cómo pudo llegar a pasar eso? Se supone que todas las comidas que recibe Athena son probadas antes, para evitar el envenenamiento-

-El vino- dijo Shion, y Dohko lo miró extrañado- Death Mask reportó que, cuando Athena bajó a la ciudad a hablar con uno de sus socios, había tomado solamente un par de sorbos de vino-

Miraron a Shaka, y éste asintió.

-Eso debe ser. Athena se recuperará. Debe estar agotada por intentar resistirse a los efectos del veneno- dijo Shaka, mirando hacia la ciudad- solo recemos por que el poder que tiene Lydia, la esfera de Arquímedes, no haya caído en manos equivocadas…-

x-x-x

Aeropuerto de Atenas

Lydia fue llevada del Santuario contra su voluntad, y conducida al hangar del aeropuerto donde había llegado a Atenas unos días antes. Estaba horrorizada, no podía creer lo que había visto. Henry y Emmanuele habían atacado al niño que la había ayudado a escapar, golpeándolo con la pistola y dejándolo herido, y la habían forzado a subir al auto. No entendía nada de lo que estaba ocurriendo.

En el hangar privado del aeropuerto de Atenas la estaba esperando una persona conocida. El hombre los esperaba con los brazos cruzados, frente al túnel que lo llevaría al avión. Su padre. Le pareció extraño que, esta vez, no tenía su expresión seria de siempre. Mostraba una sonrisa, pero una puramente malvada, que nunca en su vida había visto. La chica se detuvo en seco al verlo, abriendo los ojos desmesuradamente, pero sus captores la obligaron a acercarse.

-Buenas noches, querida Lydia- dijo el hombre, quien a pesar de su sonrisa torcida, seguía pareciendo muy serio y peligroso- me da gusto que estés a salvo, y que los santos no te hayan lastimado-

Ella frunció el entrecejo, y se soltó de los hombres con un movimiento rápido. Éstos dieron un paso atrás.

-¿Tú eres quien ha provocado todo esto?- dijo Lydia, enfurecida, sin poder creer que su padre adoptivo estuviera detrás de todo lo que había ocurrido- ¿cómo te atreves a hacerme esto?-

-Por supuesto que fui yo, querida, con ayuda de Henry y de Emmanuele- dijo lord Castlehaven, como si fuera la cosa más obvia del mundo- sabes lo que quiero de ti, ¿no es así? Quiero la esfera de Arquímedes-

-Tus secuaces hirieron a un niño, ¿te diste cuenta?- dijo Lydia, ignorando la exigencia de su padre y de nuevo estirando la manga de su suéter para cubrir su antebrazo- te desconozco, padre. ¿Hasta donde eres capaz de llegar por esa esfera?-

Como respuesta, lord Castlehaven rió, provocando un escalofrío en el cuerpo de Lydia.

-¿Acaso creías que Saori Kido tendría las agallas para quitarte tu manuscrito y encerrarte?- dijo su padre- no, querida. Yo sabía que obtendrías la esfera de Arquímedes, y sabría que tenía que alejarte de los caballeros para poderla obtener de ti. Así que manipulé a Saori con un veneno de la India para hacerla quitarte tu manuscrito y encerrarte, y así provocar que regreses a mí con la esfera-

-¿Tú… manipulaste a Saori?- preguntó Lydia- ¿pero cómo…?-

-Yo me encargué de darle el veneno para que fuera más sencillo- dijo Emmanuele- y puse el pensamiento de quitarte el manuscrito en su mente-

-Todo fue parte del plan, niña tonta- dijo su padre, exasperado, como explicándole a un niño pequeño- llevo catorce años fraguando este plan para obtener la esfera de Arquímedes, desde que te recogí en ese mugriento orfanato a las afueras de Atenas-

Lydia apretó su brazo derecho contra su cuerpo. Si bien lord Castlehaven nunca había sido un padre cariñoso, tampoco había demostrado ser una persona malvada. Y le asustaba lo que había dicho: si había estado de acuerdo en que sus secuaces lastimaran a un niño o envenenaran a Saori, ¿qué harían con ella?

-Es inútil resistirte a mi voluntad, Lydia- dijo lord Castlehaven, extendiendo la mano hacia ella- será mejor que dejes de causar problemas y que me entregues la esfera, como la hija obediente que debes ser-

-Yo no soy tu hija- dijo Lydia en tono desafiante. El hombre se echó a reír.

-No me digas, ya sé que eres hermana de esos dos caballeros dorados…vaya coincidencia… ¿cuáles eran las probabilidades?- dijo lord Castlehaven echándose a reír- pero eso no importa. Es la esfera lo que quiero. ¿Sabes acaso porqué decidí adoptarte a ti, una sucia huérfana de Atenas?-

La chica tembló, anta las risas de los otros dos hombres.

-Solo te adopté como parte del plan para obtener la esfera de Arquímedes- continuó el hombre- tenías que ser tú: yo sabía que tú encontrarías la esfera y eventualmente me la entregarías Llevo catorce años tratando de obtener esa esfera… y una pobre niña tonta como tú no me lo va a impedir-

Lydia dio un paso atrás, pero se topó con la espalda contra la pared.

-No podías saber que yo la iba a encontrar- dijo Lydia, asustada- estás mintiendo-

-Yo conozco la profecía de la siracusana, Lydia- dijo lord Castlehaven, y comenzó a recitar la profecía que Lydia había escuchado tantas veces en sus sueños, de labios de Agatha, antes de su suicidio- "La esfera de Arquímedes solo será encontrada por una joven huérfana, nacida en el día que no existe, y al abrir el cofre, el tatuaje de la esfera marcará su piel como hasta hoy marcó la mía."-

-Tonterías- dijo Lydia- eso no significa que…-

-Tú naciste un veintinueve de febrero, que es un día que solo existe una vez cada cuatro años- la interrumpió el hombre, sonriéndolo malévolamente- busqué por todo el mundo niñas huérfanas que hubieran nacido en esa fecha. Hasta que te encontré. Y ahora tú cumpliste la segunda parte de la profecía. Abriste el cofre, y ese tatuaje marcó tu piel… no hay ninguna duda de que tú tienes lo que quiero-

Lord Castlehaven se acercó a ella sin que pudiera evitarlo, estiró su mano, y tomó la muñeca derecha de Lydia y la atrajo hacia sí mismo, haciendo que la chica gritara de dolor por la brusquedad del movimiento.

-¿Cómo te atreves a ponerle las manos encima?- dijo una voz. Los tres hombres se volvieron hacia la entrada del hangar. Ahí se encontraban los cinco caballeros dorados. El que había hablado era Mu.

-Mira, Lydia, llegaron los caballeros de Athena a defenderte- dijo Henry en tono burlón, tomándola de la barbilla y obligándola a levantar la mirada.

-No vienen a defenderla, Henry- dijo a su vez Bellini- vienen porque Athena quiere su descubrimiento también-

-Se arrepentirán de haberla siquiera tocado, malditos- dijo Aioria furioso, encendiendo su cosmo de manera amenazante- quita tus sucias manos de mi hermana-

Aioros, junto a él, no dijo nada, pero estaba igual de enfurecido que su hermano menor, y su cosmo estaba encendido tan amenazadoramente como el de su hermano.

-Vaya, creo que ellos serán los primeros en sentir el poder de la esfera de Arquímedes, ¿no crees, hija?- dijo lord Castlehaven, sin dejar de sonreír, volviéndose a Lydia.

Lydia sabía lo que hacía la esfera. Podía contener incluso el poder de los dioses. Podría robar a los caballeros de sus cosmos, dejándolos indefensos para pelear… y los otros ya habían demostrado de que eran capaces. Tenían armas, y no dudarían en usarlas contra ellos una vez que no pudieran defenderse.

-No, no lo hagas…- dijo Lydia, intentando zafarse, pero lo cierto es que no podía liberarse de las manos de aquel hombre y, desesperada, se volvió hacia los recién llegados, con sus ojos llenos de miedo- ¡corran!-

-Comenzaremos con uno de tus supuestos hermanos, ¿te parece?- dijo lord Castlehaven, ignorando a Lydia y rompiendo la manga de su suéter a la altura del antebrazo, descubriendo el tatuaje que tenía- dile adiós para siempre a tu cosmo, santo de Athena…-

Lord Castlehaven apuntó el brazo de Lydia hacia Aioria, y ésta dejó escapar un grito de desesperación, rogando que su hermano se quitara del camino. Un rayo de luz violeta surgió del tatuaje de Lydia directamente hacia Aioria, viajando a todos velocidad hacia él antes de que el caballero de Leo pudiera reaccionar. En el último momento, Milo se interpuso en el camino del rayo, y éste lo golpeó de lleno. El caballero de Escorpión dejó escapar un grito, y fue expulsado hacia atrás, llevándose a Aioria consigo.

-¡Milo!- exclamó Aioria, deteniendo la caída del santo de Escorpión- Milo, ¿estás bien?-

-Pon más atención en lo que haces, cachorro- le dijo Milo a su amigo, apretando los dientes de dolor- ya sé que esa chica es tu hermana, pero no tienes que perder la cabeza en la batalla-

Aioria asintió, pero Milo no sonrió tras decir esas palabras.

Lo que sucedió a continuación los sorprendió a todos. La armadura de Escorpión se fue desprendiendo del cuerpo de Milo, hasta que abandonó a su dueño por completo y se volvió a armar. Después de eso, regresó al Santuario con un brillo dorado. Milo cayó de rodillas, haciendo una visible mueca de dolor.

-¡Milo!- dijo Aioria, mientras que Milo seguía intentando ponerse de pie, sin éxito, y el santo de Leo se volvió al lord, quien los miraba riendo. Lydia respiraba agitadamente, como si lo que acababa de pasar le hubiera hecho gastar mucha energía- ¿qué le hiciste?-

-Yo no hice absolutamente nada, caballero de Athena- dijo lord Castlehaven, acentuando su sonrisa maléfica- fue la esfera de Arquímedes en en brazo de Lydia. Ahora contiene todo el poder del santo de Escorpión. Esto es muy interesante, ¿no lo creen?-

-Maldito…- dijo Aioria entre dientes, volviendo a encender su cosmo. El santo de Leo había decidido que esos tres hombres no saldrían ilesos ese día.

-No me digas que tú quieres ser el siguiente- dijo el hombre, aún deteniendo a la chica con relativa facilidad, a pesar de que ella seguía forcejeando con él para soltarse- después de que tu amigo se sacrificó por ti…-

-No…- dijo Lydia, aún intentando resistirse, aunque en vano. El hombre tiraba de ella con tanta facilidad como si fuera una muñeca de trapo- por favor, detente, no los lastimes-

-Mira bien, Lydia, para que veas como tus dos hermanos perderán sus poderes por tu propia mano- dijo Henry con una sonrisa malvada.

-Mientras que estés consciente, podemos usar el poder de la esfera para nuestra conveniencia- dijo Emmanuele.

-Maldición…- dijo Mu, apretando los dientes. A ese paso, no podrían rescatar a Lydia, y se quedarían todos sin sus poderes. Pensó en teletransportarse e intentar rescatar a la chica, pero lord Castlehaven la tenía bien sujeta, y los otros dos hombres tenían sus armas apuntando a ella todo el tiempo. Un movimiento equivocado, y podían lastimarla seriamente, o peor.

-No, Mu, espera- dijo Afrodita de pronto, bloqueándole el paso con su brazo, después de analizar la situación unos momentos- si no estoy muy equivocado, ya entendí que se puede hacer. Tengo una idea…-

-Espero que no involucre perder tus poderes, Afro- dijo Aioros con tono de preocupación.

-Yo también…- dijo Afrodita, sonriendo, fingiendo estar muy confiado, aunque se notaba que estaba muy nervioso. Tragó saliva, tomó una rosa roja en su mano derecha y se la puso en la boca- realmente espero que funcione-

-¿Afro?¿Qué pretendes hacer con esa…?- comenzó a decir Mu, pero Afrodita ya se había lanzado hacia lord Castlehaven- ¡Afrodita!-

-¡Afrodita, no!- exclamó Lydia, viendo el intento del santo de Piscis, que corría a toda velocidad hacia ella, mientras su padre reía maléficamente.

-Tonto, ¿no acabas de ver lo que pasó con tu compañero?- dijo lord Castlehaven. Nuevamente, apuntó el brazo de la chica contra él, y el rayo violeta volvió a surgir del tatuaje de Lydia y le dio de lleno a Afrodita, quien cayó pesadamente al suelo, boca abajo, a los pies de la chica. La armadura de Piscis lo abandonó casi de inmediato y, tal como lo había hecho la armadura de Escorpión, volvió al Santuario con un brillo dorado.

-Afrodita, ¿porqué?¿porqué hiciste eso?- dijo Lydia, queriendo inclinarse a ayudarlo a levantarse, pero su padre se lo impidió.

-De verdad lo siento muchísimo, Lydia, en serio- dijo Afrodita, levantando la cabeza e intentando levantar su tronco apoyándose en uno de sus brazos. Tomó la rosa roja de su boca con la otra mano, jadeando y apretando los dientes para aguantar el dolor de haber perdido su cosmo- pero te aseguro que es por tu bien…dulces sueños-

El brazo de Afrodita cedió ante su peso, y el santo cayó al suelo, totalmente debilitado.

-¡Afrodita!- exclamó Aioria.

-¿Porqué?- dijo Mu, sin entender la razón por la que Afrodita se lanzó al ataque con esa desventaja- ¿porqué hiciste eso?-

-Tonto- dijo lord Castlehaven- sabías lo que te iba a pasar, y aún así te lanzaste de lleno hacia tu derrota, y perdiste tu cosmo por apostar tan alto-

-No del todo, yo gané esta partida- dijo el santo de Piscis con debilidad, levantando la mirada y sonriendo socarronamente a los enemigos- mira…-

Afrodita señaló a Lydia. Y fue cuando todos se dieron cuenta de lo que Afrodita había pretendido al lanzarse así. La rosa que el caballero de Piscis llevaba en su mano se clavó en el brazo de Lydia, y ésta había caído al suelo, desmayada por el veneno de la misma.

-¡No!- exclamó Henry, enfadado y pateando al santo de Piscis, que seguía en el suelo sin moverse, empujándolo hacia donde se encontraba el resto de los caballeros- ¿cómo te atreves? ¡la hizo perder la conciencia!-

-¿Afrodita la envenenó con una de sus rosas?- dijo Aioria, frunciendo el entrecejo.

-No, Lydia ya había sido víctima de sus rosas una vez- dijo Mu, entendiéndolo todo- esa rosa solo la hará dormir por un rato. Espero que eso sea suficiente para que no puedan usar su ataque contra nosotros-

-¡Maldito!- exclamó lord Castlehaven, levantando a la chica inconsciente del suelo e intentando patear también al débil Afrodita. Mu se teletransportó a su lado, lo tomó y volvió a teletransportarse, llevando a Afrodita lejos del enemigo, dejando a su compañero junto a Milo. Éste se había sentado recargando la espalda en una pared, un poco alejado del resto.

-Tu sacrificio no será en vano, Afrodita- dijo Mu, mientras lo dejaba junto al santo de Escorpión.

Afrodita sonrió débilmente y asintió. Lord Castlehaven estaba enfurecido. Con Lydia inconsciente, no podía activar la esfera de Arquímedes. Pero pronto se compuso y sacó un arma de su cinturón.

-Bien, no importa si no puedo usar la esfera ahora- dijo el hombre, apuntando el arma a la frente de la inconsciente chica- nos llevaremos a Lydia, y ustedes no intervendrán, si no quieren que le vuele la cabeza-

-Jamás lo permitiremos- dijo Aioros, dando un paso adelante, colocándose entre Mu y Aioria, quienes junto con él encendieron sus cosmos de manera amenazante- ya perdimos a nuestra hermana una vez. No podemos permitirnos perderla de nuevo…-

Aioria asintió con firmeza, empuñando sus manos. Él y Aioros sabían que, después de que estos hombres se habían metido con su hermana, ninguno de ellos saldría con sus huesos intactos.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Lamento dejarlos así en suspenso, pero tenía que detenerme ahí. Ojalá no tenga que recurrir al búnker anti-tomatazos. Un abrazo a todos. Muchas gracias por sus reviews. Nos leemos pronto.

Abby L.