CAPITULO 10
PRESENTE
NUEVA YORK
Terry estaba completamente tenso cuando llegaron a su apartamento en la 5th ave esa noche… pero sentía un gran alivio ya que le había dicho a su esposa lo que ocurría con su coprotagonista. Indudablemente ella le dio el voto de confianza que él necesitaba, fueron juntos a ver la obra de teatro que había escogido. Después cuando llegamos ya muy noche, Candy se había puesto algo bastante sexi y muy seductor.
– Este es un regalo para ti… – dijo Candy mientras se quietaba la bata de seda color perfil – para que no te olvides que en tu casa tienes algo maravilloso – le guiño el ojo mientras se soltaba el cabello seductoramente. – y no pienses en otra cosa que no sea tu hermosa esposa.
La visión que está viendo era realmente tentadora y estaba sumamente excitado, nunca podría cambiar a su pecosa por nadie del mundo, mucho menos por la insignificante Andrea. Terry tomo a su esposa por la cintura y comenzaron a besarse apasionadamente mientras que ella lentamente lo desvestía… primero por su corbata y camisa, el sonido de la hebilla del cinturón abriéndose y sentir como el cierre de su pantalón se abría, ella con manos expertas lentamente le bajaba el pantalón y su ropa interior… ser desvestido por Candy era algo tan erótico como la primera vez a pesar que tenían más de una década ya de casados.
Debo de confesar que para la época que estábamos no éramos muy tradicionalistas con las normas y protocolos que se debía seguir en la cama, Candy era muy atrevida y yo no era un santo así que mutuamente nos dábamos acaricias muy atrevidas, besos y lamidas que te hacia subir hasta el paraíso y estar un éxtasis total.
Al finalizar la abrace con todo mi amor, tenía tanto miedo… miedo a perderla… perder a mi familia, sin evitarlo derrame unas lágrimas en silencio, sin darme cuenta que mis lágrimas habían caído en el cuello desnudo de mi pecosa.
– Terry… mi amor… no debes de tener miedo en confesarme tus cosas que suceden en el trabajo… la comunicación es el mejor remedio para los malos entendidos.
– Pecosa te amo tanto.
– Y yo a ti.
Unos días después un barco procedente de Inglaterra llegaba a NYC. En el viajaba mi madre Eleonor y El Duque… mi madre me había dicho que mi padre iba a venir a la premier de Cleopatra y Antonio, no había pensado en el Duque sino hasta el día de hoy.
– ¿Por qué estás tan nervioso? – Pregunto Candy con una sonrisa cuando vimos que a lo lejos el barco se acercaba al puerto. – ¿Estás nervioso por lo qué tu padre te va a decir?
– Pecosa, mi padre no desea verme realmente actuar en Broadway, sino recriminarme por haber utilizado el fideicomiso para pagar el apartamento y venir a vivir a NYC como autor de teatro. – Hizo un puchero triste – aun no comprendo porque se me ocurrió invitarlo a la premier cuando el Duque está sumamente enojado conmigo.
– Terry, por cierto, no le vayas a decir que llevamos a los niños al Hogar de Ponny y que los niños saben ya mi origen. Eso sí que le daría un infarto.
– ¡Es verdad! Y no prevenimos a Margaret ni a Richard.
– Cuando vaya a la escuela a recogerlos les diré que no comente nada referente a eso… sino tu padre me va a matar a mí también.
Media hora después Eleonor bajaba del barco sumamente sonriente y radiante y a lado de ella estaba el Duque de Grandchester, aparentemente sereno.
– ¡Terry! – Eleonor corrió donde estaba su hijo y lo abrazo con afecto. – Estoy tan feliz de verte nuevamente, deseaba tanto verte. – lo miraba como si no lo había visto en años.
– Yo también estoy tan contento de verte – se miraron a los ojos profesando su amor por unos segundos, después se dirigió a su padre – Duque – hizo una sencilla reverencia y segundos después le estrecho la mano – me alegro mucho que hayas venido a verme en mi nueva puesta de obra. – sonrió divertidamente.
– Yo también estoy feliz de verte Terry. Marquesa – saludo a Candy con un asentamiento de cabeza – es agradable verla nuevamente en su tierra madre.
– Gracias Duque, no he tenido la oportunidad de agradecer todo lo que ha hecho por nosotros… - se estrecharon la mano y Candy en un impulso lo abrazo brevemente.
– Si, por ejemplo –se rasco el mentón como pensando en algo – haberle entregado los pasaportes de los niños…
– ¡Richard! – Exclamó Eleonor con una cara seria.
– Luego hablaremos seriamente Terrence de varios puntos que quiero abarcar contigo. – dirigió la mirada a su hijo y Terry trago en seco.
Una vez llegando sus padres se instalaron en la habitación de huéspedes que Dorothy había preparado previamente y mientras Terry hablaba con su padre en privado, Eleonor conversaba con Candy en su habitación.
– Te he traído algo especial para la premier – dijo Eleonor sacando un hermoso vestido color champagne de diseñador y alta costura.
– ¡Se ve hermoso el vestido! – Exclamó observando el vestido admirada.
– Este vestido te hará verte como una verdadera Reina ante todos. – Candy observo la mirada de picara de Eleonor – Terry me comento todo referente con su coprotagonista y el lio que lo ha metido con su Director.
– De verdad, me sentía un poco insegura – saco la lengua como si fuera una chiquilla. – y no se me ocurre nada para decirle que ya no se meta con mi marido.
– He planeado una estrategia que no fallara y Richard me ayudará con lo que pienso hacer. – le guiño el ojo en complicidad.
– ¡Eleonor! Estoy tan feliz que hayas venido – La abrazo con afecto y alegría – y que hayas planeado algo en contra con esa arpía ponzoñosa, pero dime ¿Cuál es el plan? – quince minutos después Candy ponía la cara asombrada y con los ojos muy abiertos. – Es excelente la idea, pero… el Duque estará dispuesto a ayudarnos… no lo sé, posiblemente ahora está discutiendo con Terry en su despacho.
– No te preocupes Candy, le dije a Richard que si se enojaba con Terry o le reclamaba por cualquier cosa… no iba a permitir que se durmiera en mi lecho por todo un mes. – ambas mujeres soltaron una enorme carcajada.
– ¡Eso sí que es una gran amenaza! Supongo entonces que no debo de preocuparme porque quiera asesinar a Terry o a mí.
– Ricky, Maggie – dijo Candy cuando recogió a sus hijos al Colegio esa misma tarde – hoy llego de Inglaterra su abuelo el Duque y la Sra. Baker.
– ¡De verdad que alegría! – Los niños se entusiasmaron enormemente.
– Antes de llegar quiero que me prometan algo.
– Si, ¿Qué cosa? – Pregunto Maggie extrañada con la petición de su madre.
– Que no le comenten a su abuelo que pasaron sus vacaciones en el hogar de Ponny y mucho menos le digan que ya saben cuál es mi verdadero origen.
– ¿Mi abuelito sabe acerca de tu origen? – pregunto Ricky
– Si, él sabe, pero no deseo que le digan que ustedes ya saben – los niños asentaron con sus cabezas – ¿Me lo prometen?
– Claro mamá.
– ¡Abuelito! ¡Abuelito! ¡Estoy tan feliz de verte nuevamente! – Saludo Ricky llorando de felicidad al igual que Maggie cuando llegaron y también estaban feliz de ver a Eleonor aunque ellos aun no sabían que ella es su verdadera abuela. Y Richard había sido tajante en esa situación, sus nietos no sabrían la verdad referente a ella, cosa que la deprimía un poco, sin embargo estaba feliz de estar con ellos aunque sea como una amiga de la familia.
Dos días antes de la premier los familiares de Candy llegaron también a Nueva York, Annie y Archie sin los niños igual que Albert y Ángela, los niños tenían Colegio además eran muy pequeños para llevarlos al teatro y deseaban pasar tiempo con los Grandchester si estar vigilando a las niños, además iba a ser por pocos días.
– Albert estoy tan feliz de verte – decía Candy mientras abrazaba afectuosamente a su hermano, padre o abuelo adoptivo según como fuera la situación de su relación en ese día.
En ese momento bajaban del tren Annie y Archie junto con Ángela.
– ¡Annie! ¡Archie! – Los abrazo con afecto.
– Candy tenemos una sorpresa para ti. – dijo Ángela y los demás sonrieron.
– Una sorpresa para mí.
– Mira quien ha venido también a Nueva York. – En ese momento bajaba Patty con su esposo.
– ¡Patty! ¡Patty! – corrió donde estaba su amiga.
– ¡Candy! Que feliz estoy de estar aquí en Nueva York. – decía mientras se abrazaban afectuosamente. – tengo muchas cosas que decirte. Por cierto ¿Terry no vino?
– No, estos últimos días está ensayando fuertemente para la premier que será ya en dos días. – les platicaba a su amigos mientras se dirigían al vehículo.
– Entonces podemos platicar por largas horas como cuando estábamos en el colegio. – decía las chicas.
– Si aunque les comento que ya llego el padre de Terry y a invitado a su mejor amiga… a Eleonor Baker.
– ¿Eleonor esta con ustedes Candy? – pregunto Archie con una chispa especial en sus ojos y Annie le dio un codazo, todos comenzaron a reírse.
Broadway
– Muy bien señores, estamos a nada de nuestra premier. Deseo felicitarlos pues han hecho un excelente trabajo – dijo el director a finalizar los ensayos – muy buena suerte para el estreno. – cinco minutos después todos se retiraban ya a descansar después de un largo día de trabajo.
– Andrea, esta última semana has estado muy tranquila con Terrence, ¿Puedo preguntar a que se debe este cambio de actitud? – Pregunto Alexander con una mirada traviesa.
– Nada de eso, en la premier tengo algo planeado y quiero caerle de sorpresa y más delante de toda la prensa y público en general, quiero tomarlo desprevenido.
– Vaya, si que eres una chica muy mala. – Andrea sonrió y se pudo visualizar una chispa de maldad es sus ojos azules.
Pasado,
Verano de 1905
Palacio Grandchester.
Terry G. Grandchester. 9 años.
En el verano de 1905 la mano derecha de mi padre, Alfred Bates, alto, delgado, de gran personalidad con su traje siempre impecable y elegante se convirtió en mi mejor amigo. Por alguna razón que siempre desconoceré él nunca se caso y él me quería cómo su hijo propio, en su tiempo libre él me enseño a jugar muy bien el ajedrez, me llevaba a conocer Londres, platicábamos, jugábamos y lo quería mucho y claro está, lo respetaba también.
Alfred al ver que tenía cierta renuencia al aprender los protocolos de la aristocracia después de llegar del Colegio se ofreció hacer mi tutor después de haber terminado mis deberes escolares. Para mí eso fue perfecto porque él siempre había sido amable y cariñoso conmigo, él me enseñaba y también bromeábamos después de las clases, pero también me reprendía severamente cuando llegaba tarde a su clase, la puntualidad en los ingleses es estrictamente severa y cuando no me aprendía lo que habíamos hecho el día anterior y me preguntaba y no sabía la respuesta me hacía poner la palma de mi mano derecha y Alfred me daba un varazo.
Recuerdo que ya no era tan emocionante tener escoltas. Me sentía vigilado todo el tiempo excepto cuando estaba en el Colegio, mi escolta Carther observaba cada movimiento, no tenía privacidad… no podía salir a nadar o hacer alguna otra actividad sin que estuviera ahí y ni siquiera en mi habitación estaba realmente solo, un guardia estaba siempre atrás de mi puerta… siempre atrás de las puertas o a tres metros de distancia de mí. Es tan asfixiante que puedes volverte loco.
Pero comprendí tristemente que debo de tener escoltas a tres metros atrás de ti, porque la gente plebeya te ve como si fueras un criminal, porque a costa de ellos tú vives con tantos lujos y riquezas mientras que la pobre gente trabaja todo el día entero por algunas miserables libras y llevarse un pan a la boca, porque antes de gastar en ellos deben de pagar impuestos enormes para que nosotros vivamos como vivimos.
Muy pocas veces había ido a Londres a pesar que el Palacio se encontraba a una hora y media para llegar al Centro de Londres o a Westminster. Sin embargo aun cuando mi padre no salía del país y trabajaba en el Parlamento él en muchas ocasiones decidía no llegar, pasaba una semana en casa y luego se quedaba dos o tres días en el Hotel Savoy en Londres.
Aquel verano le pedí a mi padre que quería pasar mis vacaciones en Londres, así que mi padre rento por dos meses completos la misma suite enorme con cuatro recamaras que siempre había alquilado con anterioridad, conmigo fue mi nana Emilia y Jenny la mucama, y me alegre que Alfred estuviera ahí cómo mi tutor y amigo y también mi escolta Cather. Aunque pase unas hermosas vacaciones, tenía que cuidar mis modales siempre, comíamos en restaurantes con amigos y compañeros de trabajo de mi padre, la mayoría era gente aristócrata y tenía que poner en práctica todo lo que me habían enseñado mis tutores, cuando me equivocaba en algo aunque fuera muy sencillo, mi padre volteaba a verme discretamente y me daba una mirada de advertencia.
En algunos días no podía salir del Hotel, pero me la pasaba platicado con el Gerente quien era muy agradable e hice una agradable amistad, mi padre había dicho al Gerente del Hotel: Lo que se me ofreciera lo podía pedir, mi padre siempre había sido una persona esplendida con los regalos, así que si deseaba algo en especial inmediatamente lo traían sin objeción, fue entonces que me di cuenta del privilegio de ser hijo de un aristócrata.
Un día Alfred me llevo a comer a un restaurante exclusivo el cual yo no entendía que significaba la palabra "Exclusivo" había dos o tres familias que vestían elegantemente y el Hostess muy déspota le decía que ya no había mesas disponibles aunque una pareja dijo que había reservado el lugar con 3 días de anticipación, iban a festejar 25 años de casados y deseaban cenar en un lugar hermoso.
– Alfred creo que ya no hay mesas disponibles – comenté un poco desilusionado, no por mí, sino por ese matrimonio quien se veía completamente devastados por no pasar su aniversario de bodas en un elegante restaurante – y no creo que hayas hecho reservación.
– Mi Lord, ya verás que para nosotros habrá una mesa disponible y la mejor ubicación del restaurante. – Replicó Alfred muy formalmente.
Cuando llegamos con el Hostess inmediatamente nos hicieron pasar y me sorprendí de ver varías mesas desocupadas, volteaba alrededor contando las mesas vacías.
– ¿Extrañado mi Lord? No sé preocupe, este es un lugar exclusivo y solo la alta sociedad y la aristocracia pueden entrar sin preámbulos, ya ve que es un privilegio ser de sangre azul.
Las vacaciones de verano terminaron, a principios de curso había unos chicos que no me agradaban, en una ocasión me había peleado con ellos. Cuando llegue a casa mi madre me llamo la atención severamente por haber llegado del Colegio sucio y con la camisa rota. Ya en la tarde mi madre había salido con unas amigas y no regresaba hasta la noche. Me bañe y me cambie de ropa, era viernes y no quería pasar el fin de semana en el Palacio con la Duquesa así que se me ocurrió hacer algo que poco después lo lamenté profundamente, fui con Carther uno de las escoltas que tenia, era un hombre de pocas palabras y serio.
– ¡Carther! ¡Carther, me caí en la bañera y me lastime! – Le enseñe el moretón que me había hecho en la pelea con mis compañeros de clase en un brazo – mamá no se encuentra, salió con sus amigas ¿Puedes llevarme con mi papá?
– ¿No será mejor que lo lleve con un médico mi Lord? – Preguntó un poco serio viendo mi moretón que tenia.
– Prefiero que mi papá me diga si es necesario ir al médico, quizá no sea nada grave y podemos asustarlo por unos moretones, mejor que él lo valore ¿No crees? Además me gustaría pasar el fin de semana en Londres.
Llegamos al Hotel donde mi padre se hospedaba siempre y salude alegremente al Gerente del Hotel quien apenas había llegado de comer aquella tarde.
– ¿Está mi papá George? – Pregunté con una amplia sonrisa.
– No lo sé hijo, no he estado en toda el día, acabo de llegar. Es muy probable que Su Excelencia esté trabajando en el Parlamento todavía, aun es muy temprano.
– Bueno ¿No hay problema si me quedo en la suite, si está trabajando todavía? Carther mi escolta estará conmigo.
– Claro que puedes quedarte, sabes muy bien que siempre eres bienvenido.
– Gracias. – El Gerente me dio la llave de la suite y rápidamente subí, mientras Carther iba por mi equipaje.
Entre a la suite – Papá, papá ¿Estás aquí? – Pregunté un poco temeroso y vi el portafolio y el abrigo de mi padre sobre el sofá de la sala, y me imagine que estaba en su habitación dándose un baño como normalmente lo hace después de un día en el trabajo. Abrí la puerta de su habitación cuando vi a una señorita completamente desnuda sobre mi padre en el lecho gimiendo – Pap…
– ¡¿TERRY?! – Gritó sobresaltado mi padre y la señorita se cubrió con la sabana rápidamente y tapándose la cara con la almohada – ¡¿QUÉ ESTÁS HACIENDO AQUÍ?!
– Yo… yo… – me quede helado a ver la escena que estaba presenciando.
– ¡CIERRA LA PUERTA Y ESPERAME EN LA SALA! – Exigió enfurecido, cerré la puerta y me dirigí a la sala como me había ordenado mi padre y en aquel momento entro Carther con mi equipaje.
– ¿Sucede algo mi Lord? Se encuentra muy pálido.
– Encontré a mi padre en su habitación con una señorita – temblaba de miedo – estaban desnudos sobre la cama.
– ¡¿Qué?! ¡¿Su Excelencia esta aquí?! – Preguntó Carther asustado – ¡No puede ser…! ¡Dios mío! – Se derrumbo en el sofá agarrando su rostro con sus manos en forma de frustración. – Esperaba que aun no hubiera llegado del Parlamento ¡Dios mío! No puede ser.
En ese momento mi padre salió con la señorita, ella vestía elegantemente y se notaba un poco avergonzada.
– Carther – mi padre se dirigió a la escolta serenamente – puedes escoltar a la señorita con Jemes para que la lleve a su casa.
– Si Su Excelencia, inmediatamente la llevo, por aquí señorita. – ambos salieron de la suite y me quede a solas con mi padre, una vez que ellos cerraron la puerta el rostro de mi padre cambio drásticamente y se dirigió a mí.
– ¡¿Qué estás haciendo aquí en Londres?! ¿No deberías estar en el Palacio? – Preguntó furiosamente mi padre y su simple mirada me intimido.
– Yo… yo… le pregunte a Carther si podía pasar el fin de semana contigo aquí en Londres.
– Carther sabe muy bien que primero debe de informarme si puedes quedarte aquí en Londres y él no me comentó absolutamente nada. ¿Cuándo le avisaste? Ayer.
– ¿Ahhh…? Desde el miércoles.
– ¿Estás seguro Terry?
– Si – baje la mirada y mis manos estaban temblando. Y en ese momento entró Carther a la suite.
– Carther ¿Por qué está Terry aquí, sin mi permiso? – Preguntó con mirada fría.
– Su Excelencia – respondió la escolta nerviosamente – lo que sucede es que el muy Honorable Terrence tuvo un accidente en la bañera esta tarde, ofrecí llevarlo al médico pero…
– Mi hijo me acaba de decir que te aviso desde el miércoles que vendría a Londres.
– ¡No es verdad Su Excelencia! – Se sorprendió Carther y me miro directamente a los ojos pidiéndome con la mirada que dijera la verdad y yo simplemente baje la mirada.
– ¿Es verdad lo que me dice Carther? – Me preguntó mi padre con firmeza.
– No, no es verdad. – No tuve el valor de decir la verdad y mi padre me mando a mi habitación mientras que mi padre y Carther permanecieron en la sala un buen tiempo.
Los gritos de mi padre se escuchaban hasta la recamara, le recriminaba lo incompetente que había sido, nunca había escuchado a mi padre dirigirse de esa manera a un empleado, había escuchado antes regaños, malas palabras, gritos, pero no de esa manera, los empleados aguantaban trabajar con el Duque y la Duquesa porque el salario era excelente, a veces cuadriplicaba el salario que en otras mansiones, claro tenían que aguantar el mal carácter autoritario, déspota, sus malos días, sus gritos y frustraciones aunque la paga era buena.
Al día siguiente me enteré que mi padre había despedido a Carther, me quede helado y todo fue por mi culpa. Me sentí terriblemente culpable quería decirle a mi padre que había mentido, una vez jugando ajedrez con Alfred le platique lo que había sucedido y me dio a entender que no fue mi culpa realmente, mi padre se dio cuenta desde un principio que había mentido, sin embargo aunque el Duque se dio cuenta que no había dicho la verdad, Carther sabía bien que no podía llegar a la suite sin su permiso, era como pedir una cita con mi padre "No era increíble, soy su hijo, no un cliente". Fue entonces que Alfred muy discretamente y en forma confidencial me dijo que no podía decir a nadie la manera que había encontrado a mi padre y compañía, tenían que ser muy discreto con lo que había visto aquella tarde, el Duque no da explicaciones de nada a nadie y nadie puede cuestionar las acciones del Duque.
Desde aquella vez ya no pase mis vacaciones en Londres, en el futuro en mis vacaciones de verano mi padre decidiría mandarme a Francia a estudiar el idioma con otros chicos de mi edad, aquellos viajes no era de placer realmente, sino todo lo contrario tenía que estudiar muchísimo su cultura, sus costumbres, personajes históricos, nombres de la aristocracia francesa, y mi padre quien hablaba perfectamente el francés me dijo que al termino del curso quería que tuviera un dominio del idioma mínimo un 70%. En realidad no me gustaba mucho aquellos cursos de verano. En otros cursos de verano conocí varios países de Europa. Al igual tenía que aprender las palabras esenciales de cada idioma que íbamos a visitar, su historia y personajes de la aristocracia.
Ese año de 1905 los caballerangos me dijeron que Teodora estaba embarazada, en once meses tendría a su potrito, fue la mejor medicina a mi depresión en ese momento, mi padre ya no estaba mucho en el Palacio y cuando estaba las discusiones entre mis padres eran horribles, pues sus peleas se escuchaba hasta nuestra habitaciones, mi madre le recriminaba sus infidelidades, en ese entonces a mis nueve años conocí lo que significaba infidelidad, adulterio, desliz, y miles de palabras nuevas para mí en esa época, gracias a lo que había visto con mi padre y esa señorita en el Hotel de Londres aquel otoño.
Faltaba ya unas semanas para que Teodora diera a luz, era verano de 1906 pues estaba muy emocionado pues estaba de vacaciones y podría ver el nacimiento del nuevo potro. Así que una vez que me dijeron los caballerangos que faltaban pocos días decidí quedarme a dormir en la caballeriza donde estaba Teodora.
Hasta que un día en la mañana, todos estaban ya sentados en el comedor para el desayuno excepto yo.
– ¿Dónde está Terry? – Pregunto mi padre a Josefina y a Emilia mi nana, personal que había contratado cuando había nacido en Escocia, ellas conocían a mi verdadera madre y habían asistido cuando nací, un año después de que habíamos llegado de América, mi padre volvió a contratarlas. – Emilia puedes ir a su habitación y decirle que se apure en bajar.
– Si mi lord, enseguida lo traigo – decía Emilia subiendo rápidamente las escaleras y vio que no estaba en mi habitación y mi cama no había sido destendida. – Mi lord, el joven Terrence no se encuentra en su dormitorio.
– ¡¿Cómo es posible que no se encuentre?! – Varias doncellas, como mis escoltas personales me estaban buscando.
– Ya busque por todas partes mi lord. – decía entre varios subiendo y bajando y buscando en los alrededores del Palacio.
– Ya lo encontré – decía Stewart mi nueva escolta. – se quedo dormido en el establo. – mi padre abrió los ojos enormemente, cuando me vio que entraba a la sala.
– ¡¿Qué demonios estabas haciendo en el establo para quedarte a dormir ahí en un lugar tan sucio?! – preguntó observándome de cabeza a los pies.
– Lo lamento. – mi padre camino hacia mí.
– ¡Fue mi culpa Su Excelencia! – Dijo Stewart viendo la intención de lo que pretendía hacer mi padre y antes que mi padre me abofeteara giro su mirada a Stewart – yo le comente que en estos días Teodora iba a dar a luz y Terry me pidió que si podía ver cuando naciera el potro y yo le dije que sí… lo lamento Su Excelencia.
– Báñate inmediatamente, ¡Apestas a establo! Después le pides a Jenny que te dé de almorzar.
Por instrucciones de mi padre les dijo a los caballerangos que me avisaran cuando Teodora ya estuviera a punto de dar a luz y así lo hicieron, pues no deseaba que me quedara todas las noches esperando en el establo. Pasaron cuatro días cuando observe de lejos cuando nacía el hijo de Teodora eran las 4:30 a.m. fue una experiencia extraordinaria y muy emotiva para mí.
– ¿Cómo le vas a llamar al nuevo potro? – Pregunto uno de los caballerangos.
– ¡Royal King! Su nombre será Royal King.
19 de noviembre de 1906.
Duquesa de Grandchester.
Era un día como cualquier otro día, había perdido una gran suma con mis amigas en cartas y pequeñas apuestas, así que ese día sin que nadie me viera abrí la caja fuerte del despacho de mi marido, mil libras esterlinas no se daría cuenta de que faltaría ya que era un cantidad muy baja, además él no sabe que por un descuido de él de hace algunos meses me había enterado de la combinación de su caja fuerte, la escribí en una pequeña hoja, por si en alguna ocasión se me ofrecía y está era esa ocasión. Nadie estaba, mi esposo trabajando y los niños en la escuela.
No sabía lo que mi iba a encontrar en esa caja fuerte, lo primero que vi fue el "joyero damasquino" – ¡Es hermoso! – cuando me dijo la Princesa Helena. Mi suegra… pasa de generación tras generación en la casa de los Grandchester… sin embargo el día de mi boda o cuando fue el nacimiento de nuestra hija Caroline pensé que me lo iba a dar… o cuando nació nuestro hijo Edward… – lo abrí admirando los adornos de madreperla y las gemas incrustadas, adentro de él había una carta… leí el remitente: Eleonor Baker… América… con manos temblorosas abro la carta y comienzo a leerla. Me doy cuenta que a ella le había obsequiado el joyero y que se lo había devuelto…. Hace dos años y medio… justo en la fecha de cuando nació Edward… sin evitarlo mis ojos se llenaron de lágrimas… ahora comprendo su cambio de humor, antes tan cariñoso conmigo y ahora… dejo el joyero adentro de la caja fuerte y en un costado veo un libro encuadernado con pasta de piel comienzo abrirlo y veo que son recortes de Eleonor Baker… me entero que ella es una actriz de Broadway. Sigue su vida por medio de recortes de periódicos… hay cartas escritas por Richard… sin embargo ninguna de ella enviadas… donde expresa sus sentimientos por ella. Esas cartas fueron lo que más me dolieron.
Esa tarde cuando él llegó comenzamos a discutir terriblemente, le recrimine… sin embargo él.
– ¡Por dios Regina! Tú sabes perfectamente que nunca en mi vida te he amado, ¡Qué odie el día que me case contigo! El día que te hice mía por obligación… no entiendo porque te quejas si sabes que entre tú y yo no hay ningún amor… – te diste la media vuelta y te mire.
– Ese joyero significa lo mucho que amabas a esa americana, cómo pudiste darle ese joyero a esa mujer plebeya cuando es una reliquia familiar y su verdadero significado… y que para mí solo hay desprecio, malos tratos, humillaciones.
Al día siguiente, ya no pude más y agarre lo primero que se me cruzo a la mano y lo avente sobre la vitrina de la sala cayendo miles de platos de porcelana de siglos pasados, reliquias de antepasados. En ese momento llego Terry para ver lo que había pasado, había agarrado los platos de porcelana rotos entre sus manos y yo estaba atrás de él.
– ¿Qué hiciste Terruce? – fue lo primero que se me ocurrió decir.
– Yo, no hice nada, – En ese momento entro Richard y vio la vitrina destrozada.
– ¡Mira lo que tu hijo acaba de hacer! – Nunca me había pasado por la cabeza echarle la culpa a Terry, hasta ese día y nunca pensé que Richard se pusiera en contra de su propio hijo, producto de amor con aquella mujer americana.
– ¡Terruce que demonios hiciste! – Exclamó Richard enfurecido.
– Papá, papá te juro que yo no hice nada, yo vine a ver qué había ocurrido, te juro por dios que yo no tire esa caja a la vitrina te lo juro, yo nunca haría algo así.
Terry miraba directamente a los ojos de su padre y supe que Richard no se iba a tragar lo que yo le había dicho, era yo que había aventado ese objeto pesado a la vitrina por sus malditas humillaciones, pero cuál fue mi sorpresa, que Richard tomo bruscamente el brazo de Terry y lo zangoloteo hasta llegar a su habitación.
– Papá juro que yo no lo hice, fue la Duquesa. Yo no fui. – Suplicaba Terry con lágrimas en los ojos.
– ¡¿Le estás diciendo mentirosa a tu madre?! – Vi como llevabas a Terry a su habitación y comenzaste a pegarle con cinturón en mano, siempre había sido enérgico con la educación de sus hijos y justo, pero nunca lo había azotado de esa manera tan cruel y cuando Richard sabía perfectamente que Terry no había hecho nada, absolutamente nada. Sin embargo no había terminado ahí el castigo.
– Terry quiero que vayas a mi despacho, le pedirás disculpas a tu madre cinco veces. – Dijo Richard cuando terminamos de cenar.
– ¡¿Quieres que implore perdón de algo que yo no hice?! – dijo Terry completamente anonadado, la mirada del Duque era que no quería que se discutiera más y Terry lo sabía perfectamente, así que todos nos dirigimos al despacho del Duque.
– De rodillas. – había dicho Richard y Terry obedeció y fue entonces que Richard me dio "El poder de ser mala con Terry" ya que él lo estaba permitiendo, cuando Richard sabía la verdad.
Creo que fue ese día, justamente ese día que todos cambiamos para mal… yo me volví en una mujer déspota, fría y muy prepotente y con el nuevo poder de ser mala con Terry… quien pagara las consecuencias sería él de ahora en adelante. Pensando en el reencuentro de los daños… aquel día le hubiera gustado que Richard nunca hubiera existido, que no hubiera hecho lo que había hecho… por que fue él día que Terry cambio drásticamente.
Terry G. Grandchester.
– Duque de Grandchester, – Decía un Terry de 9 años cuando su madre había salido del despacho – nunca en mi vida volveré a pedirle nada, absolutamente nada. – trataba de contener las lágrimas, mis puños estaban apretados y después salí del despacho corriendo.
¿Cómo se atreve mi hijo a llamarme Duque de Grandchester y decirme semejante cosa? Te vas a tragar tus palabras y tu orgullo. – Golpeo fuertemente su escritorio.
Una semana después observaba que su hijo pasaba su tiempo libre todos los días con Teodora y con Royal King quien tenía apenas 5 meses de edad, lo limpiaba y lo alimentaba con dedicación.
– Terry, he decidido en vender a Royal King… a una excelente familia donde se dedican a entrenar caballos, va a ser todo un ganador de carreras ya que es un pura sangre. – Los ojos de Terry se abrieron en sorpresa.
– ¿Por qué? – Pregunte sorprendido.
– Yo te regale a Teodora, Teodora es tuya… más no a los potrillos que pudiera tener la yegua.
– Comprendo.
Yo no deseaba vender a Royal King, ¡Solo quería darle una lección a Terry! Así que traje a un vendedor y se intereso por Royal King y yo estaba impaciente de que Terry no viniera a decirme que no lo vendiera.
– John, dile a Terry que me diga que ¡No venda al potro! Y no lo voy a vender, solo quiero que me diga esas palabras.
– Terry, – llego John el caballerango mientras abrazaba tiernamente al potrillo, lloraba mientras tomaba su cabecita y después me iba con Teodora que estaba al lado de su cría.
– Perdóname Teodora, por alejar a tu hijo de ti… pero mi padre solo saber separar a sus hijos de sus madres… perdóname. – luego me acerque al potro nuevamente – Royal perdóname por favor – lloraba inconsolablemente.
– Terry, solo dile a tu padre que no lo venda… y él no lo venderá, solo díselo. – decía el caballerango.
– ¡No, nunca! Nunca le voy a pedir nada al Duque de Grandchester. ¡Nunca más en mi vida! – Salí del establo corriendo.
Los señores estaban ahí ya… y no hice nada para evitar la compra. Me había paralizado ya que había escuchado a mi hijo decir eso. Tome un minuto y fui a buscarlo, me tarde mucho tiempo en encontrarlo…
Royal King se va… y ya nunca más lo podre volver a ver más… tengo que despedirme de él por última vez – decía mientras subía temerosamente a un árbol, quería verlo por última vez así vi un árbol robusto y muy alto, no sé cómo pude subir hasta que agarre de una rama y después otra, lentamente escalaba y escalaba hasta que pude ver el camino y donde los nuevos dueños subían a Royal King a una carreta. – Me levante sobre la rama, la rama era gruesa… – ¡Adiós Royal King! – Agitaba mi brazo mientras lloraba, adiós Royal… prométeme que serás feliz… – unos ojos grises lo estaban observando, sin embargo decidió dejarlo en su soledad. Cuando Royal King ya no se podía ver más me senté por primera vez en la rama del árbol y ahí me di cuenta que la vista era realmente maravillosa. En ese momento decidí que iba a aprender a escalar los arboles… por la vista, el viento sobre mi rostro, pero sobre todo porque deseaba alejarme de la gente que me rodeaba.
– ¿Quieres ir a Francia o a Suiza estas vacaciones de invierno? – Pregunto el Duque a su hijo.
– Me da igual, lo que usted decida "Duque de Grandchester" – desde ese momento ya no me nacía decirle a mi padre… papá, de ahora en adelante sería simplemente el Duque.
Mi madre, la Duquesa siempre iba al Colegio, en varias ocasiones la felicitaban de mi buen aprovechamiento académico en el Colegio, siempre salía con honores al finalizar el año, pero en otras ocasiones el Director del Colegio llamaba a mi madre para decir que mi comportamiento era terrible, me peleaba con los compañeros de clases, hacia maldades y travesuras.
– ¡¿Puedes explicarme que significa esto?! – Gritaba mi madre aventando el citatorio del Director para decirle que estaba suspendido del Colegio por una semana completa.
– Lo lamento – dije cuando desprevenidamente la Duquesa levanto su mano y lo dejo caer pesadamente en mi rostro. Era la primera vez que la Duquesa me abofeteaba, antes simplemente me daba una severa llamada de atención, antes mi mirada era de miedo, ahora tenía una profunda ira de impotencia, sabía perfectamente que si le gritaba o hiciera cualquier comentario me iría peor.
– ¡Eres una vergüenza y un deshonor para la familia! ¡Dios mío! ¿Cómo es posible que el hijo del Duque de Grandchester haya cometido tan grande falta para que sea suspendido? – Gritaba la Duquesa cansada de ir al Colegio a escuchar el terrible comportamiento del hijo ilegitimo de su esposo.
– ¡No fue mi culpa madre! Michael fue quien comenzó todo, ¿Por qué no me crees?
– ¿Acaso me has dado motivos para creerte alguna vez? – Terry guardo silencio y miro a su madre lleno de furia y odio. – Solo espera que tu padre regrese del Parlamento esta tarde. – y con esas palabras sabia de lo mal que le iba ir cuando su padre regresara del trabajo. – ¡Ahora retírate a tu habitación!
Hice una reverencia y salí caminando tranquilamente, cuando cerré la puerta del estudio y ya no vi a mi madre corrí por los pasillos de esa gran residencia. Recuerdo que las lágrimas recorrían libremente por mi rostro pero sin omitir rudo alguno, solo sentía que la respiración me faltaba y suspiraba amargamente.
– Tu madre me ha comentado que fue hoy a visitar al Director del Colegio para avisarle que te suspendieron del Colegio por una semana completa – Comentó mi padre visiblemente molesto y con una mirada terrible que me hacía temblar todo el cuerpo y haciendo bajar la mirada al suelo.
En esa ocasión mi padre nuevamente me obligo a pedirle disculpas a mi madre arrodillado por haberla pasado un mal momento en la mañana, eso era lo que más me dolía, más que los azotes, me sentía terriblemente humillado.
¿Por qué mi padre me hacia esto? ¿Por qué me odiaba tanto? Pero el castigo no termino ahí. Me pidió que fuera a su despacho, la simple idea de escuchar que lo esperara en su despacho me paralizo completamente. Mi padre continúo con su castigo con verdadera saña mientras me mordía los labios llenos de dolor e impotencia.
CONTINUARA…
Lamento realmente la demora de no haber actualizado antes, no tengo escusas… besos y saludos. Gracias a todas las chicas que me leen.
