Capítulo 10: Entre trofeos


- ¿Y, Sue, algo interesante en la biblioteca? –preguntó James en tono burlón mientras almorzaban.

Habían ido a buscar a Sue con Tom, luego del encuentro con Rose y sus amigas en la sala común. Luego de un par de forcejeos, la chica había aceptado ir al Gran Salón.

- Para tu información, James, siempre hay algo interesante. Que tú le tengas fobia, no significa que los demás también, ¿no es cierto Tom?

El aludido se lo pensó unos segundos, mordiendo el tenedor de forma pensativa, y luego dijo:

- "Útil", bueno, lo acepto… "Importante", también… ¿pero "Interesante"? Mmm... No, Sue. –y siguió con su almuerzo.

- Gracias, Tom. –dijo James sonriente. - ¿Te quedaste sin seguidores, Brown?

- A diferencia tuya, yo no necesito seguidores para ganar una discusión, Potter.

James la miró sorprendido.

- Golpe bajo, Sue.

- Sí, lo se. –ésta le sonrió.

- Perdiste, James, otra vez será. –lo consoló Tom.

- Ahora me bajaron los ánimos… -comentó James fingiendo estar triste. – Sólo hay una forma de arreglarlo.

- ¿Estás pensando en una broma?- preguntó Sue. James asintió feliz. – Excelente. Tengo que practicar unos cuantos hechizos que me gustaron, y ustedes aprenderán, por supuesto.

- Como quieras. –James le restó importancia al hecho. Estudiar de Sue era más sencillo que leer los libros.

- Chicos… -comentó Tom-… algún día deberían plantearse sus métodos de estudios seriamente.

Tanto Sue como James pusieron cara de sorprendidos, fingiendo inocencia.

- No entiendo a qué te refieres, Tom. Son perfectamente normales. –respondió Sue.

- En serio, ¿de que hablas Tom? –preguntó James fingiendo confusión.

Tom negó con su cabeza divertido, mientras se volvía a concentrar en su almuerzo. Un rato después, los tres iban camino a su sala común a relajarse un poco y de paso, buscar los libros para Transformaciones.

- ¿Pero a quién le hacemos la broma? –preguntó Tom, como pensando en voz alta.

- ¿No era que no te gustaban nuestros "métodos de estudio", McKenzie? –preguntó Sue, mordazmente.

- Yo dije que no me parecía la mejor forma de estudiar, no que no me gustaran las bromas.

James soltó un suspiro de alivio.

- Que suerte, chico. Pensé que te habíamos perdido.

Tom se rió y repitió la pregunta, mientras pasaban por el agujero del retrato.

- En serio¿a quién?

- Podemos hacerla en general… no sé… inundar un pasillo, tirar bombas fétidas… algo básico. –dijo James.

- ¡Pero yo quiero practicar hechizos! –protestó Sue, mientras se sentaban y guardaban sus libros, que habían dejado tirados encima de unas mesas. Les pasó los libros a los otros chicos.

- Sue, -preguntó intrigado Tom- ¿Por qué no le pones nombre al tuyo?

- Sencillo. –le contestó James- Es la única loca que se dedica a hacer anotaciones "aclarativas" en todas las hojas. Los seres normales intentamos no tocar el libro.

Tom rió, y luego miró a Sue, esperando su respuesta.

- Muy gracioso, James. –Sue lo miró con enojo. Luego sonrió. –Pero bueno, la verdad es que James tiene razón. Es por eso que no lo hago, Tom.

En ese momento el retrato de la sala común se abrió y por él entró Rose, que parecía estar un poco malhumorada.

- Rosie… -la llamó James. Ésta pareció no escuchar, y se dirigía a los dormitorios. –EH! ROSIE!

Rose se dio vuelta.

- ¿Qué sucede, James?

- ¿Por qué esa cara, Rosie¿Malfoy de nuevo? Cuéntale a tu primito. –dijo, mientras sonreía y palmeaba la butaca a su lado.

Rose le sonrió y se sentó.

- ¿Recuerdan que me castigaron? –Los demás asintieron. –Bueno, hoy, al final de todas las clases, tengo que limpiar el Salón de Trofeos con Malfoy.

- Ah, no es para tanto. –dijo Sue. – Nosotros la venimos manteniendo limpia desde primero, no será tan difícil.

Todos rieron. James miró a su prima y preguntó:

- Rosie, tenía la duda¿quién empezó la pelea?

- Malfoy. –Luego añadió con justicia. – Pero yo se la seguí. Debí haberle contestado y terminarla ahí. No debí haber volado…

- Sé positiva, Rose. –le dijo Tom. –Podrás romperle la cabeza con un trofeo y hacer que parezca un accidente.

Rose sonrió mucho más animada.

- Bueno, mejor nos vamos yendo. –dijo Sue. –Vamos a llegar tarde, no quiero hacer enojar a McGonagall ni perder puntos.

Se despidieron de Rose y salieron por el retrato.

º º º

Los alumnos de tercero estaban concentrados en transformar sus propios sombreros en tazas de té. Aunque había tres excepciones: los alumnos Brown, Potter y McKenzie, que habían logrado dominarlo a la perfección, y ahora se entretenían dando divertidos diseños a sus tazas.

- Miren esto, -dijo James. Murmuró el hechizo, golpeando levemente su sombrero (que estaba sobre el escritorio). Éste se transformó en una taza con la cara de Bullstrode, que tenía la manija en lugar de nariz.

Los otros dos miraron la taza divertidos.

- Pero la manija no tendría que estar en la nariz… mejor así. –Sue hizo lo mismo que James, pero esta vez, la cara de Bullstrode apareció de tal forma que la manija estaba ésta vez en el lugar de los labios.

- Pero si lo hacemos así… -comenzó Tom, pero fue interrumpido por la Profesora McGonagall, que había levantado la taza de Sue y la miraba detenidamente. Era difícil adivinar si le estaba causando diversión o no. Luego miró la de James.

- ¿Algo que decir, Potter, Brown, Mckenzie? –preguntó McGonagall.

James carraspeó.

- Si lo que le preocupa es que no nos salió demasiado parecida, no se preocupe, deformando un poco la taza lograremos un retrato fiel.

Tom y Sue tosieron intentando ocultar su risa. A McGonagall le temblaron un poco las comisuras de los labios, pero luego los apretó firmemente.

- Cinco puntos menos para Gryffindor por cada uno. –A Tom y Sue se les paralizó la risa. – No puedo tolerar que se burlen de los profesores. Y ahora, hagan el favor de comportarse.

Finalizada la clase, los tres salieron del aula, y James comenzó a despotricar indignado.

- ¡Quince puntos! Y sólo por hacer un chiste que encima le causó gracia… esto es abuso.

- No, es ser aguafiestas. –comentó Tom.

- Da igual, chicos, cambiemos de tema. –dijo Sue. Conociendo a James, era capaz de pasarse horas protestando. - ¿Qué hay de la broma? –Al ver que James abría la boca, Sue lo interrumpió. – Y no, James. No se la haremos a McGonagall.

James la miró enojado, pero luego se le iluminó la cara.

- Se me acaban de ocurrir dos víctimas. Sue¿somos capaces de aprender encantamientos locomotores antes del final de las clases de hoy?

º º º

- Estúpido Malfoy, encima que él empezó la pelea, llega tarde. –Rose murmuró enojada mientras miraba su reloj.

Llevaba esperando cinco minutos, y como no pensaba empezar sola, se había sentado en el suelo. En ese momento escuchó un ruido cerca de una de las esquinas de la habitación, detrás de una gran repisa con copas. Se había acercado a investigar cuando la puerta se abrió bruscamente, y por ella entró Scorpius.

- Llegas tarde. –le dijo fríamente.

- Sí, yo también me alegro de verte, Molly.

Rose lo ignoró.

- Yo limpio de este lado, tú del otro.

Llevaban media hora limpiando cuando Scorpius carraspeó para llamar la atención de Rose.

- Eh… Molly, escucha… -Rose siguió limpiando. – ¡Molly! –Rose lo ignoró nuevamente. – De acuerdo, ¡Rose Weasley! –Rose se dio vuelta y lo miró atentamente.

- ¿Decías?

- Escucha, siento haberte hecho caer de la escoba.

- En realidad eso no fue tu culpa. La parte mala fue la de insultarme, por si lo habías olvidado.

- ¡Tú también me insultaste otras veces!

- Eres un idiota, no sirves ni para pedir disculpas. –Y se dio vuelta y siguió limpiando.

Scorpius le dio una última mirada asesina y volvió a su trabajo. Se agachó a limpiar su trapo, cuando escuchó un estruendo. Dos trofeos que había estado limpiando se cayeron al suelo, ensuciándose un poco.

- ¿Por qué hiciste eso, Molly?

Rose, que seguía limpiando sus copas y pensaba que a Scorpius se le habían caído los trofeos, se dio vuelta.

- ¿De qué hablas?

- Los trofeos, se cayeron, solos no se mueven, tú los tiraste.

- No digas idioteces, yo ni me moví. –y siguió limpiando.

Scorpius murmuró un "idiota" y levantó los trofeos que se habían caído.

- ¿Por qué no admites que fuiste tú, Molly? No somos muchos aquí dentro. Si yo no fui, fuiste tú.

- Lamento no apoyar tu increíble deducción, Malfoy, pero yo no fui.

- Sí que fuiste tú.

- Que no.

- Que sí.

- ¡Que no!

- ¡Que sí!

- ¡Que no!

- ¡Que sí!

- Malfoy, eres… AAAAHH! –Rose miraba aterrorizada señalando un punto detrás de Malfoy.

- ¿Qué demonios te… AAAAHH! –Scorpius se había dado vuelta y lo había visto: tres trofeos caminaban hacia ellos. Sí, caminaban, o algo así, dando tumbos.

- ¡Malfoy haz algo!

- Sí, por supuesto que haré algo. –Y acto seguido se fue corriendo por la puerta, sin mirar atrás.

- ¡No me dejes aquí con tres trofeos asesinos! –Y se fue corriendo también.

Una vez que se fueron los dos chicos, otros tres salieron de atrás de una repisa, en una esquina.

- Pobres, creo que les dimos un susto bastante grande. –dijo Sue, con un asomo de preocupación en la cara.

- Bah, no es para tanto. –James le quitó importancia. – Así aprenderán a que no deben pelearse.

- Yo diría que lo único que aprendieron es que deben correr si los trofeos te persiguen. –comentó Tom.

- Por cierto, muy buena idea eso de tirar el trofeo. –dijo Sue. - ¿Quién fue?

- Yo no. –dijo James.

- Yo tampoco. –dijo Tom.

- Pero yo tampoco. –dijo Sue.

Los tres se miraron confundidos. De repente se escuchó otro estruendo y cayó otro trofeo. Y otro. Al tercero, los tres amigos decidieron que por la seguridad de sus cabezas, era mejor volver a la sala común, por lo que también se fueron corriendo.

"Esto de usar tan sólo un segundo el Wingardium Leviosa y luego dejar caer los trofeos está increíble", pensó Albus, que se estaba riendo detrás de una estantería.