Harry Potter pertence a J.K. Rowling, yo sólo juego un ratito con ellos para crear una historia enredada. Y seguirá así hasta que Rowling decida leer mi fic y diga: ¡Debes tenerlos! XD

¡Bueno! Aquí viene un capítulo... uhm... interesante. En este capítulo y el siguiente se van a confirmar las últimas sospechas de quienes las tenían. ¿Qué puedo decir? A veces soy una escritora muy obvia...

Un secreto de tres

Por:
PukitChan

El futuro nos tortura y el pasado nos encadena.
He ahí por qué se nos escapa el presente.
—Gustave Faubert.

Día seis. De la añoranza y el olvido.

Para cuando logró abrir sus ojos ya era más de medio día. Observó en silencio el rostro de Draco, pensando en que finalmente había llegado aquello que tanto habían evitado durante seis largos años, desde aquel momento inadecuado, ridículo pero inesperadamente bueno, cuando Harry había aceptado ser el amante furtivo de Draco Malfoy. Por supuesto, no había sido nada fácil. Tuvieron que soportar demasiado, muchos golpes, discusiones y momentos llenos de tensión donde poseyeron la irresistible oportunidad de mandar todo a la mierda y decir que no fue nada más que un desliz provocado por la edad. Pero nada de eso pasó y al final lograron encontrar un punto medio para ambos: la hermosa casa que Luna Scamander les ayudó a conseguir en un interesante barrio muggle.

Por supuesto, eso no evitó las heridas. Sin embargo, lo que sentían parecía ser más fuerte que los dolorosos y a veces hasta crueles momentos que podían encontrar. A Harry le sorprendió más de una vez descubrir que vulnerable se había vuelto ante Draco, a cada dura crítica sin fundamento que aparecía cada tanto en el Profeta hablando sobre el rubio, sus movimientos y sus acciones. Incluso existían noches en las que, cubierto de sudor y pánico, despertaba al lado de Ginny pensando únicamente en Malfoy: en su sonrisa arrogante, en la forma en la que arqueaba la ceja y la curiosa forma en la que se sobre entretenía mirando la cocina muggle funcionar.

El correo que se enviaban mutuamente comenzaba a ser la única forma en la que se conectaban en largos períodos de ausencia. Y esas cartas, las que comenzaron como una inocente pregunta de "¿cómo estás?" terminaron siendo infinitos "Te extraño…" "Te necesito" "Veámonos pronto…" y "¿Podemos encontrarnos hoy…?"que también fueron pequeñas astillas que se enterraban en su piel cada tanto.

En algún momento de su vida, Draco Malfoy había pasado a ser parte imprescindible de ella. Y sabía que Ginny también lo había notado, cuando las pláticas comenzaron a ser menos frecuentes y el deseo sexual hubo disminuido. Claro que su esposa no era en absoluto tonta; de hecho, ésa era una de las cosas que tanto había querido de Ginny: ser una mujer lista, capaz de entender por su propia cuenta lo que ocurría frente a sus ojos y mostrarse valiente ante todo, no dejándose doblegar fácilmente. Pero increíblemente, ella aguardó a Harry de la misma manera en la que lo había hecho durante la guerra: con una fidelidad admirable, confiando en que el moreno regresaría siempre a ella, como si fuese el refugio que el mago necesitara desde siempre.

"A veces, cuando amas a alguien, tienes que entrecerrar un poco los ojos" se replicó filosóficamente Harry, pese a que no era muy adepto a ese tipo de pensamiento. Se dejó caer sobre la cama nuevamente, rodeando con sus brazos el cuerpo de Draco, para sentir su calor y la suavidad de su cuerpo. No tenía, ni quería moverse de ese lugar, al menos no aún, no en ese momento, porque sabía lo que pasaría más adelante cuando el mismo tiempo los obligara a destruir aquel instante, y ver cómo las cosas se desmoronaban poco a poco era más doloroso de lo que admitiría.

Unió su frente a la del rubio, a quien sintió respirar sobre su piel con los ojos cerrados, pero cuyas manos se aferraron tan fuerte a su espalda, que Harry entendió que también estaba despierto pero fingía dormir: al igual que él, no quería destruir esa última fantasía que pronto acabaría porque, después de largo tiempo discutiéndolo, de decisiones estúpidas, titubeos, miradas cobardes y argumentos que no acaban de ser del todo sólidos, era lo que escogieron.

Las palabras no eran necesarias. ¿Por qué tendrían que serlo? A veces éstas no era la única forma en la que la comunicación podría surgir entre ellos: las miradas, las caricias y las sensaciones eran como un mudo lenguaje que habían creado. Porque ambos aún recordaban aquel momento, meses atrás, cuando se encontraron en el andén 9 ¾ con sus respectivas familias. De todas las ironías posibles que la vida les había ofrecido, su favorita era que tanto Albus como Scorpius habían nacido en el mismo año y por lo tanto, era inevitable que coincidieran en Hogwarts.

Como si para ellos fuera un destino ineludible el correr el uno tras el otro, Draco había mordido sutilmente su labio inferior cuando vio llegar a los Potter al andén. El descaro de Harry le ocasionó una sonrisa, porque lo vio usando una camisa que el rubio había escogido especialmente para él. Una fugaz mirada hacía abajo descubrió a los hijos del hombre que quería: James, Albus y Lily. Tenía que reconocer que no era lo mismo observarlos en persona que solamente a través de fotografías en movimiento. Eso los hizo tan reales que sintió un doloroso palpitar en su pecho, motivándolo a abrazar con cariño y tristeza a Scorpius. Al mirarle, descubrió sus facciones ocultando las apenas visibles de Astoria, de similar manera en la que Albus tenía las de Harry.

Entonces, sintió envidia. Envidia a su propio hijo que ahora tenía el camino libre. Se preguntó qué hubiese pasado si Harry, hacía tanto, habría aceptado su amistad. ¿Estarían ellos, ahí, en ese momento? Aquellas dudas se esfumaron cuando sintió miradas sobre su nuca: al voltear sus ojos se conectaron inmediatamente con los verdes, que brillaron como siempre lo hacía cada que lo miraba.

Y ahí estaban ellos, un par de idiotas mirándose, deseándose en silencio con tanta intensidad que parecía una blasfemia que nadie se hubiese percatado de ello. Retando en silencio al destino, porque alguien observador no tardaría demasiado en notar que aquel no era un brillo de rivalidad o de odio, si no de amor. Fue ese día cuando Draco terminó de comprender una parte de la personalidad de Harry: amaba los desafíos. Y el que se miraran, que se transmitieran tantos sentimientos sin ser descubiertos, era un reto tentador… y excitante.

Incluso, mientras sus hijos daban las últimas señales de despedida al ver el tren partir, Draco se animó a mirar una vez más a Harry pese a que estaba rodeando con sus brazos a Astoria. Éste, muy discretamente —tenía que admitirlo—, le guiñó un ojo y se relamió los labios. Maldito Potter, lo ponía bien cachondo hasta en situaciones tan poco adecuadas como ésa. Pero se las pagó en la cama, como todas las veces que le precedieron y continuaron después de ésa, donde Harry coqueteaba con él en la distancia.

Tenían que admitir que aquellos eran buenos recuerdos que quizás en algún futuro les ayudarían a salvarse de lo que sentirían. Sí, la melancolía quizás inundaría sus vidas durante algún tiempo, pero eso no podría ser siempre, ¿cierto? Nada podría doler durante tanto tiempo…

Draco se movió exclusivamente para rodear con más fuerza el cuerpo de Harry, acercándose a sus labios para rozarlos sin llegar a besarlos. Se limitó a sentir la presencia del auror sobre la propia, a disfrutar la manera en la que sus pies se enrollaban y ambas pieles respondían a la contraria. La forma en la que sus respiraciones parecían adquirir el mismo ritmo era tranquilizante, como un consuelo que sabría que no llegaría tan pronto. Pero bueno, se decía que nadie sufre de amor sino del desamor.

En un rito de toques y sonrisas, pequeños y silenciosos jadeos, se reencontraron una vez más. Sólo cuando parecieron satisfechos de besarse y explorarse, fue cuando se animaron a mirarse fijamente a los ojos primera vez en todo el día.

—¿Te escondías acaso, Potter? —preguntó el tono divertido y agitado de Draco.
—Como tú, Malfoy —respondió a ese desafío, el que nunca había dejado de surgir entre ellos. Él sonrió y miró a su alrededor, la habitación en la que estaban, donde poco a poco y con el pasar de los años habían creado un pequeño santuario silencioso en el que podrían convivir sus pertenecías, nombrándole hogar.
—Tenemos que… levantarnos a hacer los últimos ajustes.
—Podríamos hacerlo rápidamente con magia… —comentó Harry, pero Draco negó reiteradamente, ganándose así una sonrisa comprensiva de su parte.
—Esto no.

...


...

Astoria Malfoy acarició con ternura los bordes de la fotografía que reflejaba un momento cualquiera de su vida: estaba sentada en el jardín de Malfoy Manor, con un pequeño Scorpius sentado en sus piernas. Draco, a su lado, colocaba la mano en el hombro de su esposa, esbozando una sonrisa digna, atractiva y misteriosa. Aquel había sido un verano hermoso, pese a que Draco ya había comenzando a comportarse de manera extraña.

Conocía a su esposo desde que lo miraba caminando en los pasillos de Slytherin, cuando lo acompañaba Pansy Parkinson. Lo recordaba de aquellas solitarias noches en la sala común platicando con quienes serían seguramente sus amigos, aunque en aquel entonces Draco no parecía ser demasiado al hombre que ahora era. Ella lo miraba en silencio y sabía que no era la única que lo hacía. Inclusive en aquel entonces Daphne, su hermana, le había animado a que se acercara al rubio.

Una tierna sonrisa se asomó en sus labios. ¡Qué tiempos! No es que ella fuese precisamente una chica tímida, pero tampoco estaba tan loca como Parkinson. Entonces, vino la guerra, los momentos duros, ver a Draco sufrir y tener paciencia. Él la había visto y clavó sus ojos grises en los de ella más de una vez, pero parecía ser más un acto descuido que con real intención. Pocos años después de eso, la casualidad lo llevó a toparse con Draco Malfoy en el callejón Diagon. Y entonces, su historia realmente comenzó.

Conocer verdaderamente a Draco había sido una faena, ya que no era alguien que confiaba fácilmente en las personas y sin duda, tenía razones de sobra para ello. Quizás ni Astoria misma supo cuánto logró sanar al rubio en aquel tiempo, regresándole un poco de lo que había perdido. En ella, Draco había encontrado una persona que logró ayudarlo y levantarlo, que lo quiso y que también le permitió quererle a su manera. Ella fue la mujer que escogió como su esposa.

Astoria no negaba que su vida al lado de Draco habría sido la que cualquier mujer desearía. Tenía una personalidad fuerte que resaltaba en cualquier lado al que ella entraba, era una muchacha hermosa y culta, criada en el noble seno de una familia de sangre pura que supo mantenerse siempre firme; nadie negaba el por qué el imperio Malfoy la había escogido para pasar a formar parte de él… y los de Slytherin brillaban por su astucia.

Astoria Malfoy no era estúpida. Al inicio, pensó que el distanciamiento de Draco se debía más por sus empresas que por otra cosa. Luego de un tiempo, comprendió que se debía a otra persona ¿quién? ¿cómo? ¿por qué? Eso no lo sabía… simplemente el cariño con el que éste veía a Scorpius le había impedido ser del todo objetiva. Ahora, pensándolo con detenimiento, se preguntaba si realmente era perteneciente de Slytherin.

…porque no estaba segura si había sido astuta al permanecer al lado de Draco pese a que presentía lo que ocurría o simplemente era demasiado cobarde para enfrentarlo. O tal vez, sólo lo amaba.

...


...

Sentando en el suelo alfombrado, con una caja de cartón abierta y medio llena a un lado, acompañado de un silencio que apenas era interrumpido de vez en cuando por los sonidos provenientes de la habitación de al lado, Harry suspiró. Entre sus manos mantenía una pequeña tela que dibujaba una enorme "S" proveniente, claro está, de la casa de las serpientes. Era gracioso recordar que él era quien había adornado la habitación de Draco de los colores de Slyhterin, como de similar manera el rubio lo había hecho con suya y los colores de Gryffindor. Había sido una idea de Luna, diciendo que eso mejoraba la aceptación… lo cierto es que Harry no sabía sí aquello en verdad había funcionado pero ahora era un dulce y doloroso recuerdo.

Con parsimonia comenzó a guardar cada pequeño detalle que el mismo Draco había agregado a su estancia, cosas como libros, imágenes, corbatas arregladas pulcramente y hasta un bolígrafo muggle que no sabía de dónde lo había sacado pero que vio varias veces siendo usado por los dedos de Draco mientras la pluma mágica anotaba algo en un pergamino. Arrancó cada detalle, movió pedazo a pedazo lo que ellos habían formado en esa habitación hasta que después de un rato en ésta no quedo nada más que una cama reluciente, algún mueve que acompañaba la estancia y las ventanas sin cortinas permitiendo el sol vespertino entrar despiadado sobre la habitación.

Al sostener la pequeña caja sobre sus manos, girar la cabeza y mirar la habitación vacía no pudo dejar de exclamar un quejido de una dolorosa ausencia que comenzaba a pesar más y más… ¿así que eso se supone debía sentir?

—Harry…

El aludido giró su rostro, cerrando los ojos un momento como si con esto impidiera que la tristeza que destellaba en ellos se borrara de un instante a otro. Draco, de pie a unos pasos detrás de él, también cargaba una caja, aunque en ella el moreno alcanzó a distinguir una banderita ridícula que le gustaba mucho, la sudadera vieja que había usado cuando fue capitán del equipo de quidditch y hasta le parecía alcanzar a observar la snitch que usaban cuando decidían jugar partidos amistosos entre ellos.

Draco por su parte, parecía más pálido de lo habitual y hasta le pareció ver que sus manos temblaban levemente. Pero sus labios, Merlín, esos labios tan adictivos, ahora estaban hinchados y quizás hasta lastimados, señal inequívoca de Draco había estado mordiéndoselos.

—¿Estás bien, Draco? —preguntó Potter, avanzando descalzo hacia el rubio, quien sólo asintió.
—He… terminado de limpiar tu habitación… ¿Tú… también?
—Sí… —respondió lacónicamente.

Se observaron en silencio.
—¿Vamos al piso de abajo? —aventuró finalmente Harry, dejando las cajas en ese lugar ya que, después de todo, llegarían al desván. Algo estúpido, pensaron sin que las palabras llegaran realmente a salir de sus labios, era tan… imbécil hacer eso, era como enterrar una parte de ellos, esconderse hasta de sí mismos y después sencillamente… dejarlo todo atrás y olvidarlo.
—Vamos —respondió Malfoy, luego de un rato, imitando los movimientos de Harry al avanzar por las escaleras, ésas que tanto habían soportado de ellos, como cuando, corriendo por la casa, se habían caído juntos en ella y terminaron riendo hasta llorar. O esas noches apasionadas donde no alcanzaron a llegar a la cama y los escalones habían sido su improvisado lecho.

¿…Así que era más fácil escapar? ¿Quién había dicho esa mierda?

De todos los lugares, el centro de la casa fue el más difícil de todos de desalojar, sencillamente porque ahí era donde ambos convivían de un modo sobrehumano. Fue en esos sofás donde habían pasado sus tardes, recostados el uno sobre el otro, hablando de los asuntos importantes del ministerio y el mundo mágico hasta las típicas tonterías del clima. Fue sobre esa alfombra, enfrente de la chimenea, donde habían hecho tantas veces el amor. Fue ahí también donde se sentaron a comer cualquier cosa, donde pelearon, gritaron, maldijeron y amaron todo lo que ellos eran. Fue ahí donde aprendieron que necesitaban tanto el uno del otro, que esa casa dejó de ser simplemente un refugio y se volvió un lugar donde tejieron su existencia, llena de detalles que nadie más sabría excepto ellos. Hasta los objetos que Luna les había obsequiado habían perdido su gracia para transformarse en algo que podría ser digno de odiar…

Ahí estaba, lo que ellos habían creado, siendo destruido por sus propias manos. Y dolía, maldita sea, dolía tanto que no podía compararse con nada… hería ver como sus manos guardaban todo, desapareciéndolo. Lastimaba ver como todos sus recuerdos se escapan de sus manos como granos de arena…

…al llegar la noche, decidieron dormir frente a la chimenea, abrazados el uno frente al otro, en una habitación vacía. La oscuridad era densa, debido a que ni siquiera tuvieron la molestia de buscar alguna luz de los iluminara. Todas las cajas y objetos fueron llevados al desván, que permaneció después de eso, cerrado bajo llave.

Y mientras hacían el amor, agitados, angustiados sofocados y aún amándose en el silencio, alguien derramó una lágrima… ¿o fueron muchas? ¿Quién fue de ellos? ¿Draco o Harry?

Quizás fueron ambos los que lloraron esa noche.

"…Todavía creo que nuestro mejor diálogo ha sido el de las miradas."
—Mario Benedetti.

...


...

Notas finales:

¿Qué dicen? ¿Ya han descubierto lo que sigue en esta historia o aún no está del todo claro y planean esperar hasta el siguiente capítulo para descubrirlo? ¿Me odian? xD Jajajajaja.

Bueno, en este capítulo, pensé mucho sobre Astoria. Dado que no se mencionó mucho sobre ella, ideé una forma de cómo manejarla. Me parecía justo que ella también apareciera en la historia, porque a fin de cuentas, es la esposa de Draco. Imagino que sólo una mujer tan atenta con la familia, pero que no tuviera muchos prejuicios sobre Draco, mortífagos y pasados, calzaria bien con él. x3

Como habrán notado, no soy de esas escritoras que odien a Ginny y Astoria, al contrario, me caen demasiado bien. Tampoco quiero hacerlas pasar como victimas. En esta historia, todos tienen un pequeño gramo de responsabilidad y sus motivos. ¿Cómo decirlo? Es un secreto a voces que nadie dice realmente en voz alta. No pueden negarlo y afirmarlo. Nadie podría ser totalmente el villano, ya que todos son una pizca de personas. Con sus virtudes y defectos. Gracias a Violet Strawberry y Regina-Ryddle por los comentarios. ¡Son un amor, chicas! *-*

Ya saben, cualquier queja, comentario, maldición imperdonable a un review de distancia. Gracias a las personas que siguen esta historia, a las que leen y los que se toman la molestia de dejar un comentario para con la escritora. Nos leemos :3