División
Jamás en la historia se pensó que se unirían, parecían la pareja perfecta, durante los siguientes siglos lo demostraban, se amaban, hacían todo juntos, no podían vivir sin el otro. Aunque Xibalba hacía trampa en las apuestas, La Catrina se lo perdonaba, aunque intentó varias veces que él no lo hiciera, nunca lograba hacerlo entrar en razón. No todo era perfecto, su amor importaba más que los defectos.
Ninguno de los dos se percató que habían caído en la rutina matrimonial. Se le estaba poniendo fastidiosa a Xibalba, levantarse, comer, gobernar el reino, volver a comer, atender a peticiones de los muertos, visitar al Hombre de Cera, para admirar los acontecimientos que se escribían en el Libro de la Vida, e irse agotados a la cama. Ya no hacían el amor como antes, La Catrina estaba tan agotada de todo el trabajo, más que todo atender a peticiones de sus súbditos, principalmente la familia Sánchez, la cual era su favorita, por haber en su mayoría toreros. Xibalba se sentía muy celoso, ver como aquellos toreros ''coqueteaban con La Muerte'' lo hacían hervir de rabia, parece que ellos no tomaban en cuenta que el era ahora su esposo y no esperaba que ningún hombre, ni aunque fuera mortal, posara sus ojos en ella.
Cansado de la rutina, Xibalba se escapaba por las noches a escondidas de su esposa hacia el nuevo bar que habían creado en el mundo de los dioses, ahora que el mundo estaba cambiando, los dioses también estaban cambiando sus costumbres, así que, el bar fue algo que disfrutaron muchos de ellos cuando se inauguró. El rey de los muertos le agradaba ir, se la pasaba toda la noche bebiendo grandes cantidades de licor, bromeando con los otros dioses, y cuando llegaba casi la madrugada, regresaba a su hogar y se acostaba en su cama sin que La Catrina se diera cuenta. Al amanecer, La Catrina trataba de despertar a su esposo, pero éste siempre le decía que se sentía muy agotado, se levantaba muy tarde y a ella le preocupaba su situación.
-¿Estás bien, amor mio?- le preguntó La Catrina una tarde de esas cuando lo vio salir de la habitación.
-Si, solo estoy muy cansado del trabajo, mi amor.
-Deberías ver a Tlazolteotl para que revise tu salud.
-No es necesario, mi amor. Solo necesito descansar.
Le dio un rápido beso y se fue a comer algo dejando a La Catrina en dudas. Presentía que algo le estaba ocultando Xibalba, ya abría tiempo de averiguar que era.
Si las circunstancias hubieran sido de otra manera, tal vez seguirían juntos, aunque Xibalba hacia trampa en alguna de sus apuestas ella siempre lo perdonaba, sabía que su esposo no sería el hombre más perfecto de todos, pero lo siguiente que pasó fue algo tan imperdonable que La Catrina no tuvo otra opción.
Habían viajado al mundo de los mortales, Xibalba le propuso una apuesta a su esposa, el premio: si La Catrina ganaba Xibalba le tendría que contar su secreto que tanto le ocultaba, si Xibalba ganaba La Catrina no se entrometería en su vida privada. A ella le parecía raro, pero pensando, que ganaría, aceptó.
La apuesta consistió en ver que joven muchacho ganaría en una batalla, si el soldado que entrenaba duro para poder luchar contra los criminales, o el criminal de gran fuerza y tamaño el cual apenas se estaba ganando su nombre entre los criminales. Los pocos que lo conocían, lo llamaban el Chakal, era un criminal buscado por asaltar dos pueblos, Xibalba había apostado a que ganaría, La Catrina apostó a que ganaría el soldado.
Xibalba temía perder, así que a escondidas de La Catrina, envió a su serpiente de dos cabezas a asesinar al soldado que murió enseguida. Entonces, Xibalba tomó la forma del soldado y se dirigió a la batalla, esperando a que La Catrina no lo reconociera. Pero para suerte de él, La Catrina no estaba presente, ella se había marchado a su tierra por alguna razón.
Llegó hasta mitad de un desierto donde encontró al Chakal, recientemente había robado otro pueblo, Xibalba se bajo de su caballo y lo retó a una batalla, el Chakal simplemente se rió y empuñó su espada hacia él.
La batalla había comenzado, Xibalba hacía que pareciera difícil para el Chakal, hacía buenos movimientos y por más que el Chakal lo golpeaba, él no sentía ningún daño. No quería que fuera tan fácil, se tomaba la pelea muy en serio durante el principio, usando su propia espada le propinaba movimientos que eran imposibles de esquivar a el Chakal.
-No podrás ganarme, con esta medalla de la vida eterna, no puedo morir ni ser lastimado- comentó Xibalba mostrandole su medalla.
El Chakal al ver esa medalla, un inmenso deseo de poseer esa medalla se poseyó de él, golpeó varias veces a Xibalba hasta hacer que su medalla se le cayera, entonces se la colocó sintiendo el poder de la medalla, golpeo brutalmente a Xibalba hasta dejarlo en el suelo moribundo. Secretamente, lo estaba haciendo apropósito para que se viera real y dejar ver que Chakal había ganado, una vez hecho esto, Chakal se marchó dejándolo solo en el suelo y Xibalba regresó a la Tierra de los Muertos arreglándose un poco para que no se notara su trampa, los golpes le dolían, pero pronto el dolor desaparecía, aunque no tuviera la medalla, al ser un dios no podía sentir daño por ningún mortal.
Cuando llegó a la Tierra de los Muertos, su esposa aceptó la victoria de Xibalba y prometió no entrometerse en su vida privada.
Así que esa misma noche, Xibalba se fue al bar a celebrar, bebió licor toda la noche hasta que sintió las ganas de marcharse. Cuando llegó a su hogar se encontró con una sorpresa: La Catrina lo estaba esperando en su habitación sentada en una silla en medio de esta, reflejando una cara de furia en su rostro con los brazos cruzados.
-Así que a eso ibas cada noche.
-No tengo idea de que estás hablando- se excusó Xibalba.
- Si lo sabes. Puedo oler el licor desde aquí- refunfuñó La Catrina.
-Estás rompiendo tu promesa.
-Rompiendo mangos. ¡Hiciste trampa!- exclamó La Catrina con gran fuerza en su voz.
Como era de esperarse, Xibalba negó haber hecho trampa, hasta que ella le mostró en sus narices las evidencias de su trampa. El informe del soldado de la hora de su muerte, unas horas antes de la batalla con el Chakal. La Catrina estaba muy disgustada, y además, decepcionada con él, no podía creer que le haya ocultado su secreto como si ella no importaba nada, las promesas que se hicieron en su matrimonio valían nada en ese momento.
-Esto no te lo voy a perdonar nunca Xibalba- sollozó La Catrina. Te me largas enseguida de aquí. No quiero volver a verte en mi reino nunca.
-Es mi reino también- soltó Xibalba
-Ya no más Xibalba. A partir de ahora, serán divididos la Tierra de los Recordados y la Tierra de los Olvidados, así como nosotros.
Cerró los ojos por un momento tratando de contener las lagrimas y exclamó-¡Te destierro a la Tierra de los Olvidados!-
Dicen que cuando alguien siente mucha ira, la persona tiende a tomar malas acciones de las que al final puede arrepentirse. En este caso, Xibalba estaba lleno de ira por el disgusto de La Catrina, así que antes de irse, al llegar a la puerta, se volteó a verla y le gritó:
-¡Nunca debí haberme casado!
Y se fue golpeando fuertemente las puertas. La Catrina no lo resistió más y cayó en el suelo a llorar, estaba mortificada. Le dolía demasiado lo que hizo, pero debía de ser firme en su decisión.
Xibalba al regresar a su antiguo hogar, lo sentía más frío y solitario que nunca, estaba tan acostumbrado a la compañía de La Catrina que regresar allí lo hacían sentir incomodo. Sin embargo, debía comenzar a acostumbrarse a esa soledad de nuevo, estaba comenzando a darle la razón a su hermano, nunca iba a ser feliz con La Catrina.
