"Toma mi mano… let's play a game"
Empezó a correr tan pronto como había salido de la casa de los Uzumaki; el tiempo era muy valioso e importante, era crucial que no demorara tanto. Se preguntaba por qué lo había contactado a él, aunque claro estaba que no le molestaba en lo absoluto. Ambos se conocían muy poco, pero si en este tipo de situaciones él había aparecido en la mente de ella significaba que confiaba y contaba con él. No podía dejar sola a su compañera. Tal vez podría tratarse de la persona que dejaba las rosas anónimamente afuera de su puerta, y si la pelirrosa había depositado su confianza en él, no quería defraudarla, especialmente cuando se trataba de la seguridad de ella.
En el momento que divisó la tienda a la que había entrado previamente días anteriores en compañía de la pelirrosa, bajó la velocidad y empezó a caminar. Apenas empezaba a bajar el sol. Cuatro locales antes de llegar a la tienda pararon en seco al pasar por un negocio donde las paredes eran de vidrio, polarizadas, e impecablemente limpias. Eran tan relucientes que su reflejo se podía observar con claridad, y se dio cuenta que su uniforme estaba un poco desordenado, al igual que su cabello. El viento le había dado un nuevo peinado, el cual parecía que hubiera acabado de levantarse. El cuello de su camisa estaba chueco y el suéter tenía los botones abrochados fuera de orden. Al buscar su teléfono recordó que se encontraba guardado en su mochila… y al descolgársela se dio cuenta que estaba medio abierta. Rogaba porque nada se le hubiera extraviado en el trayecto.
Todo esto era de esperarse, había salido corriendo de la casa de su amigo sin darse una mirada antes de salir. En el camino se abrochó los pocos botones que pudo y la camisa ni atención le prestó. En cuanto a la mochila… la agarró y salió disparado.
Se pasó su mano por el cabello tratando de arreglarlo un poco, se acomodó los botones y el cuello de la camisa. Después sacó su teléfono, cerró su mochila y se la colgó en el hombro; y nuevamente retomó su camino. Afuera de la puerta del local había una banca que se encontraba ocupada por dos personas, y rápidamente les dio una mirada sigilosa. En un extremo se hallaba un señor algo mayor, quien sostenía el periódico del día en sus manos. La otra persona era alguien que parecía ser un estudiante que leía una revista, su vestimenta parecía ser un uniforme, el cual no pudo reconocer a simple vista, sólo alcanzó a ver que el muchacho tenía el cabello corto. Detuvo sus pasos en la entrada de la tienda y las puertas automáticamente se deslizaron para darle el pase.
Apenas había puesto un pie en la tienda, empezó a buscar con su vista la inconfundible y muy conocida cabellera rosa de su compañera. No le tomó mucho tiempo encontrarla, pues se hallaba cercas de la caja registradora, en el área de golosinas ubicada en la entrada.
Los ojos de la pelirrosa miraban hacia abajo y una de sus manos eran bloqueadas por el estante, el cual no era muy alto, cubriéndola del cuello para abajo. Tal vez buscaba algún dulce para calmar sus nervios, pero Sasuke al sentir algo vibrar en su pantalón supo que no se trataba de eso. Decidió no revisar su teléfono, al fin y al cabo, ya se encontraba en la tienda, aunque ella aún no lo supiera. Avanzó cautelosamente hasta quedar enfrente de ella del lado contrario del estante, mirándola de frente sin que ella hubiera notado la presencia de él. Sus ojos verdes seguían posados en su teléfono, en espera de alguna respuesta que pudiera tranquilizarla. Después guardó su teléfono en un bolcillo que tenía su falta, y pasó su mano por los chocolates.
Sasuke posó su dedo índice en la frente de ella, y al entrar en contacto con la piel de él Sakura se sobresaltó y subió su vista con rapidez. El Uchiha delicadamente deslizó su mano para quitar el flequillo que cubría ligeramente los ojos de ella y pudo notar el alivio en el rostro de la pelirrosa al darse cuenta que se trataba de él. Sakura le sonrió, aminorando la rigidez que su rostro había mostrado al sentir el tacto de su compañero. Se encontraba aliviada y sorprendida con la rapidez en la que había llegado el muchacho.
Sasuke se dio media vuelta y caminó alrededor del estante, seguido por los ojos de la pelirrosa hasta llegar al lado de ella. Uno al lado del otro, aun sin decir ninguna palabra el muchacho se inclinó un poco para llegar a la estatura de ella. Pasó su mano por los chocolates, fingiendo algún tipo de interés y después se acercó al oído de ella –Toma mi mano –le dijo rosando su brazo derecho con el de ella, quedando a escasos centímetros de distancia. Dudaba si Sakura aceptaría, pero esa era una de las pocas ideas que se le vinieron a la mente en el corto periodo de tiempo que había tenido para pensar. La más sensata y convencible, pero ¿qué pensaría ella?
Sakura al sentir el rose de él, automáticamente como si hubiera sido un reflejo alejó su brazo, pero al escuchar las palabras de Sasuke con sus dedos buscó la mano de él, y en escasos segundos sus dedos de habían entrelazado. Sakura se ruborizó y fijo su mirada en los dulces, pero Sasuke alcanzó a notar el ligero cambio de color en el rostro de ella, dibujando una sutil sonrisa en su cara. Le causaba un poco de gracia la inocencia de la pelirrosa.
–Ya pagué –dijo Sakura levantando con su mano libre una bolsa con víveres. El muchacho dirigió su mirada hacia la bolsa y decidió quitársela con amabilidad sin darle ningún tipo de aviso. Ella estuvo a punto de negarse, pero Sasuke con la mirada le hizo entender que lo dejara a él dirigir. Después de todo, él no sabía si podían seguir siendo observados por quien la acechaba.
Aun tomados de la mano salieron de la tienda. El sol ya se había escondido casi por completo, dejando el cielo manchado de rosa y naranja. Al pasar por la banca el estudiante los miró de reojo. Detalle que no había pasado desapercibido por Sasuke, haciéndolo soltar la mano de Sakura, desconcertándola un poco, para después abrazarla por la cintura, reduciendo por completo el poco espacio que quedaba entre ellos. El Uchiha le dio una mirada hostil al muchacho que se encontraba sentado en la banca, quien se remitió a continuar con la lectura de la revista, sin dejar escapar ningún tipo de gesto por su parte.
Al haberse alejado un poco de la tienda Sasuke volvió a tomar la mano de la pelirrosa, soltándola de la cintura – ¿Era el de uniforme? –preguntó mirando hacia adelante.
–No estoy segura… –respondió en voz baja y con la mirada en sus pasos. Aun se encontraba un poco nerviosa –los dos llevaban siguiéndome un buen rato –prosiguió con su relato levantando la cabeza poco a poco –Tal vez no me estaban siguiendo… –dudó un poco –pero tenía mucho miedo –dijo cerrando sus ojos fuertemente y aumentando la fuerza con la que sostenía la mano del muchacho.
–Tranquila, –Sasuke soltó la mano de la pelirrosa lentamente –yo estoy contigo –y posó delicadamente su brazo en el de ella, invitándola a descansar su cabeza en los hombros de él, lo cual ella no captó al instante y continuaron caminando en silencio, hasta que Sakura decidió romperlo.
–Discúlpame por haberte molestado –dijo la muchacha manteniendo su mirada hacia adelante –no quería…
–No hay nada que disculpar, –musitó Sasuke de igual forma que ella viendo el camino en frente de ellos –los amigos siempre se ayudan…
¿Había escuchado bien o era una broma de sus oídos? Había dicho amigos ¿Acaso ya la consideraba como una? Sakura al escuchar esas palabras volteó a verlo un poco hacia arriba y le sonrió con inmensa alegría, a pesar de que él seguía con la vista hacia el frente. Ella no logró ver ningún gesto por parte del muchacho, pero eso no importaba, las palabras habían sido más que suficiente. Después de las últimas palabras del Uchiha la pelirrosa se sintió rodeada de una tranquilidad que la hizo inconscientemente dejar caer su cabeza poco a poco en los hombros de su amigo.
–Gracias Sasuke –dijo ella aun con la sonrisa plasmada en su rostro. Él la miró de reojo al sentir la cabeza de ella descansar sobre sus hombros, y un ligero rubor cubrió sus mejillas.
Al aproximarse al edificio donde vivía Sakura la oscuridad ya se había apoderado del cielo y Sasuke dudaba en que sería lo mejor para ella, ni siquiera sabía si alguien ya se encontraba en la casa de la pelirrosa. En la noche tal vez se quedaría indefensa, no sabía si en este preciso instante podían estar acechándola. No quería dejarla sola, pero tampoco quería que se sintiera obligada a tenerlo en su casa al ser ya de noche. No debía darle muchas vueltas al asunto, ella sería quien decidiría qué es lo mejor.
Una vez afuera de la puerta del departamento el pelinegro se preparaba para despedirse mientras ella entraba a su casa –No dudes en llamarme si necesitas algo –le entregó la bolsa y ella la tomó, pero cuando él se dio la media vuelta para marcharse fue detenido rápidamente por la mano de ella, quien lo había agarrado del brazo.
– ¿Quieres algo de tomar? –le ofreció ella soltándolo al instante, como si el simple hecho de tocarlo la hubiese quemado sus dedos. Sasuke comprendió que ella no quería quedarse sola, y aceptó; él tampoco quería dejarla sola.
–Agua, por favor –respondió él. Ambos entraron a la casa. Sakura lo invitó a tomar asiento en la sala mientras había ido a la cocina en busca de un vaso para servirle agua a su invitado.
El lugar se encontraba en absoluto silencio, a excepción del chorro de agua que se escuchaba caer desde la cocina. Sasuke pensaba que ya era un poco tarde para que nadie estuviera en casa. Al menos él sospechaba que nadie se encontraba en la vivienda, pues todo era completo silencio y tranquilidad ¿Acaso no vivía con algún adulto? Escuchó los pasos de Sakura salir de la cocina y aproximarse a la sala, prendió una lámpara y después se acercó a Sasuke. Él volteó a verla y ella le extendió el brazo para que tomara el vaso.
–Let's play a game… –sugirió la pelirrosa mientras Sasuke se terminaba de tomar el vaso de agua.
– ¿Jugar? –preguntó un poco desconcertado dejando el vaso vacío en la mesita de centro.
–Sí, –afirmó la muchacha –se llama "Two truths and a lie" o "Dos verdades y una mentira" –le respondió para finalizar con una sonrisa, a la cual era imposible negarse. Las reglas parecían ser demasiado explicitas. El mismo título lo decía –Yo empiezo –se ofreció la pelirrosa acomodándose en el sillón. Sasuke, que estaba aun lado de ella, se alejó un poco al ver que ella se quitó sus zapatos y subió sus piernas al sillón. Los dos aun llevaban puesto el uniforme, pero Sakura era demasiado cuidadosa y se había puesto un cojín encima de su falda, no dejando ver nada. –Mi pasatiempo favorito es hornear, especialmente si alguien me pide algo. Me encanta ver sus caras de satisfacción y alegría cuando les gusta lo que horneo. –dijo riendo un poco al recordar a su amigo el rubio –Soy hija única, mis padres me consintieron mucho cuando era pequeña, pero ahora piensan que soy un adulto y que no hace falta que me consienta como antes. –Deslizó su vista a sus manos, con las cuales jugaba un poco y después prosiguió –Y tengo planes de regresar a vivir a Inglaterra en cuanto me gradúe –finalizó recargando su cabeza en el respaldo del sillón.
–Supongo que es mi turno… –articuló Sasuke con un poco de duda en su voz – Mi animal favorito son los gatos; los que son completamente negros o todos blancos me gustan mucho, pero todos me gustan. Una vez tuve un gato negro con un circulo blanco en su panza, se llamaba Tsuki –dijo soltando un ligero suspiro. –Cuando estaba en la secundaria formaba parte del equipo de fútbol, y en un partido que tuvimos me fracturé el brazo; tuve que estar dos meses sin poder ir a las practicas y jugar en los partidos. –lanzó un bostezo y después continuó –Cuando era niño quería ser doctor –dijo para después recargarse en el respaldo del sillón al igual que la pelirrosa.
¿Qué podría ser verdad… qué podría ser mentira…?
Ambos se miraron fijamente a los ojos por escasos segundos, pero ninguno cedía ante la presión del otro… hasta que ya no pudieron más y se soltaron riendo. Más Sakura que Sasuke, el muchacho aun podía mantener un poco más su compostura.
– ¡Yo quiero adivinar primero! –se ofreció como voluntaria levantando su mano como si estuviera en el salón de clases. Sasuke soltó una sutil risa al ver la forma en la que su amiga actuaba; realmente se metía de lleno en el juego, y él no se oponía en lo absoluto a que ella fuera primero. Es más, quería ver que tan buena era adivinando –Como es tu primera vez, te daré tiempo para que pienses –explicó Sakura. A pesar de que Sakura le había dado más tiempo al Uchiha para analizar sus opciones, él sentía que necesitaba aún más tiempo. Todas las respuestas parecían verdaderas y muy convencedoras. El hecho de que llevaban poco de conocerse era lo que lo hacía aún más divertido.
¿Qué pensaría la pelirrosa de él? ¿Qué sería verdad… qué sería mentira?
