LA INMORTALIDAD TE QUEDA

SUMARIO: Post-Amanecer. Aro continúa la persecución, los Cullen, en especial Bella son más peligrosos de lo que pensaba, ella para salvar a su familia enfrentará el dilema de ceder a los deseos de un vampiro siniestro y hermoso, aunque implique no volver a enfrentar la mirada de su amado. ¿Mala suerte o predestinación?

ALERTA: SPOLIERS de Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse y Amanecer.

DISCLAIMER: Edward y Bella con todos sus personajes asociados son propiedad de Stephenie Meyer, la trama y desvaríos son míos. Los textos de libros originales a que hago referencia están citados entre comillas en cursiva.

Clasificación: M. Atención, lenguaje y situaciones de adultos.

Les dejo nuevo capítulo, personalmente, es de mis preferidos.


CAPÍTULO 9 - EL VIAJE

Las luces y reflectores del club nocturno en pleno centro de Atlanta bullían en medio de la multitud.

Dos hombres fuertes y atractivos, los dos de cabello negro, uno largo y el oro corto, estaban sentados ante la barra del bar, simulando beber de unos vasos rebosantes de whisky.

Enfocaban su atención en las chicas solitarias, abundaban, buscando aventuras temporales en medio de la noche. Dos amigas se burlaban y reían desde una de las mesas y salían eventualmente a la pista a bailar juntas, ya parecían borrachas. Eran las presas perfectas en su cacería, solas, perdidas por el licor en su sangre lo que les daba un sabor especialmente agradable, buscando aventuras.

Los dos hombres se pararon y fueron a la pista a unirse al baile de las chicas, fueron recibidos con sonrisas, su hermosura les abría las puertas ante sus presas, su olor, su mirada aunque estaba cubierta por los lentes de contacto, les daban un aire hechicero imposible de eludir para cualquier humano, hombres o mujeres, quienes les miraban, admiraban y repelían al mismo tiempo por igual.

Las chicas se comenzaron a insinuar sensualmente a los hombres rozándoles con descaro, ellos olían su excitación, querían más que aventuras, querían sexo.

Sin siquiera decirse una palabra ambos hombres tomaron a las chicas por los hombros y las llevaron al callejón solitario de la parte de atrás del club, ellas entusiasmadas les besaban en las partes de su cuerpo al alcance de sus bocas.

Se alejaron hábilmente el uno del otro, Félix se quedó con la chica detrás de unos contenedores de basura y Demetri llevó a la suya al lado de unos inmensos tanques de gas.

Félix besó con desesperación a la chica mientras ella entusiasmada trataba de levantarle la camisa, lo logró un tanto, sorprendiéndose de ese pecho fuerte y musculoso, extrañamente frío, pero muy sensual. Él no se contuvo más, de inmediato se dirigió a su cuello, la engañó con unas caricias simples hasta que la ponzoña se comenzó a derramar de su boca y la mordió con presteza, con maestría, sin derramar una sola gota, sorbiendo su sangre mientras ella sólo podía soltar un débil grito.

Demetri sintió las piernas de la chica rodearle la cintura, reaccionó con asco ante ese cuerpo pero con ansia ante su sangre, nunca había pensado en tener sexo con una humana, lo consideraba degradante, pero la chica trató de soltarle el cinturón del pantalón con presteza mientras con palabras que consideraba sensuales le hacía saber que no tenía ropa interior y estaba lista para recibirle.

A pesar de la repugnancia que sentía quiso experimentar, finalmente eran todo un acontecimiento en el mundo vampírico las noticias sobre las consecuencias de tener sexo con humanas, las posibilidades conocidas ahora eran grandiosas en caso de que fuera capaz de mantenerla viva después de eso; pensó en lo grandioso de tener un hijo, algo que nunca hubiera imaginado.

Intempestivamente sacó su miembro y embistió con fuerza en el centro de ella, mientras un grito ahogado salió de su pecho cuando a su vez le comenzaba a succionar la sangre del cuello. El placer se multiplicó sorpresivamente para él ante las múltiples sensaciones; cuando eyaculó la chica ya estaba muerta, todo había sido muy rápido y la sangre dejó de ser cálida pronto. La soltó, la había dejado seca, se había desangrado por la mordedura en el cuello y por su vagina desgarrada.

De dio cuenta de que le era imposible pensar en un hijo, ninguna humana seria digna de que se lo engendrara y definitivamente, nunca podría renunciar a beber su sangre, más placentero, mucho más por lo que acababa de vivir, que el sexo. No sobreviviría, ninguna.

Rápidamente y con habilidad ambos arreglaron los cuerpos para después dejarlos en el contenedor de basura y se alejaron satisfechos. Las ratas rápidamente comenzaron su festín con los cuerpos vacíos de sangre.

Félix y Demetri habían dejado un rastro de muerte a lo largo de las ciudades que habían atravesado para llegar a la Península de Olympic, sabían que debían saciarse de sangre humana hasta que entraran en territorio de los Cullen, donde les estaba vedado.

De Florencia a Roma, de Roma a Atlanta y de Atlanta a Seattle, las noticias señalaban los casos de misteriosas desapariciones y cuerpos irreconocibles encontrados, eran cuidadosos, rara vez dejaban evidencia y habían encontrado la forma de engañar a los forenses aparentando diferentes causas de muerte, diferentes formas de desangramiento, ninguna policía europea o estadounidense podría nunca llegar a concatenar los crímenes como cometidos por unas personas especialmente, siempre quedaban como casos aislados y sin resolver.

Estas habilidades eran parte de ser un Vulturi, amaestrados en el arte de la muerte a través de los siglos, jugaban con las causas y las consecuencias para confundir, para crear mitos y destruir otros, para que los humanos temieran a aquello a lo que no debían temer y dejaran existir con placidez aquella especie que sí les diezmaba, en la que no creerían nunca y por lo tanto, contra la cual estarían por siempre, totalmente, indefensos.

Habían sido proveídos de una buena cantidad de ropa moderna y podían aparentar perfectamente algo de normalidad, aunque no dejaban de ser aterradores para quien les mirase fijamente, aunque usaran lentes oscuros o de contacto y guantes de cuero para ocultar sus ojos rojos y sus frías manos.

Félix recreaba en su mente con ansia el rostro de Bella, el anhelo cruel que su sangre le había dejado grabado cuando la conoció como humana y el deseo fulgurante que había dejado como huella en su cuerpo la primera vez que la había visto como vampira.

Ocultaba sus pensamientos a Demetri, quien seguía las reglas al pié de la letra y ante cualquier indicio de que Félix estaría dispuesto a quebrantarlas, lo hubiera detenido. Quizá le obligaría a suspender sus planes para obtener a Bella o a suspender la misión para tomar medidas; aunque Félix sabía que Aro estaba al tanto de todo, no sería de mucho agrado para Marco y Cayo conocer detalles adicionales del trabajo que deberían emprender y si Demetri regresaba solo, corrían ese riesgo.

Demetri estaba distraído mientras conducían un auto de alquiler por la ya lluviosa carretera a Forks.

—No será nada agradable prescindir de la sangre humana después del banquete que nos hemos dado —le expresó Félix.

No era que tuvieran mucho de qué hablar, ya tantas décadas de trabajo juntos, les dejaba exhaustos de tanto conocerse el uno al otro, sin despertarse mutuamente el menor interés.

—Es cierto —le contestó Demetri reflejando su desagrado en la voz —no entiendo el por qué quiere Aro realizar esos experimentos con nosotros, ni siquiera admira o toma como ejemplo a esos vampiros que sobreviven con sangre de animal, someternos a ello es de lo más trágico, seguro trata de darnos alguna lección o algo por el estilo, lo cual es innecesario, siempre hemos cumplido sus órdenes.

—No sé cuales sean sus motivaciones, imagino que las iremos conociendo poco a poco, en la medida en que nos vaya guiando en la búsqueda de la información que desea; sin duda, si él fuera más explicito respecto a lo que quiere lo podríamos hacer más rápido.

»Esos Cullen no nos suponen ninguna dificultad, el escudo de Bella no la protege de ataques físicos, son tan vulnerables a nuestra fuerza como cualquiera otros vampiros, y nosotros hemos luchado más, sabemos más de las guerras, tendremos ventajas si obramos eliminándolos individualmente, ojalá Aro nos lo permita —dijo con un dejo fiero y ansioso de muerte en su voz.

Demetri sonrió levemente mirándolo con su visión periférica, Félix no le engañaba, por supuesto, sabía a qué iba desde el principio, ese conocimiento era un as bajo la manga que se reservaría para obtener ventajas frente a Aro, era competitivo y Félix se había ido convirtiendo más en un estorbo que en un aliado, si resultaba molesto sólo le bastaba equivocarse para delatarlo y quitarlo de en medio.

—Seguramente podrás saciar tú sed, Félix, de lo que quiera que sea que tengas sed, por supuesto, imagino que no es sólo un ansia de sangre o de venganza lo que te motiva… —le expresó con sarcasmo.

—Muchas cosas me motivan Demetri, entre otras, por supuesto la sangre y la venganza.

Pero él pensaba en otra cosa, en unos ojos encendidos por el fuego interno del deseo que se le entregaba sin reservas, una mujer espectacularmente hermosa, con un cabello caoba espeso reluciente y un rostro blanco perfecto enmarcado por uno ojos rojos en los que se veía reflejado.

Ya estamos cerca, deben estar esperándonos.

Félix atrapó aire con ansiedad, sin necesitarlo. No era de los que se emocionan, le era absurdo pensar en sensibilizarse después de tantos años sin un corazón y sin nada en lugar de éste, pero sintió el anhelo incomprensible de verla de nuevo, de que sus ojos le recorrieran con esa curiosidad, esa valentía y esa fuerza que siempre manifestaba.

Edward era el único obstáculo, un obstáculo que tendría que ser salvable en algún momento, si se unía a los Vulturis por ejemplo, debía abandonar su familia, y Bella seria el premio que Aro debía otorgarle, lo merecía por siglos de servicio incondicional y leal, por siglos de oscuridad, en medio de los cuales, atisbaba un halo de luz.

Se sentía capaz de consumir sangre animal mientras lograba aquello, se sentía capaz de muchas cosas con tal de lograr aquello. Bella era mujer para un verdadero vampiro como él —pensaba —no para un medio vampiro "vegetariano" con dejos de una moralidad enmohecida y detenida en el tiempo.

Él era un verdadero representante de la raza, fuerte, inmisericorde, con la certeza de su propia superioridad sobre los humanos y sobre cualquier otro espécimen mítico que deambulara por el planeta, eran dioses y como tales, deberían comportarse, y como tales, deberían tener a sus correspondientes diosas, a su diosa personal: Bella.

En medio de la noche y de los frondosos árboles el lujoso auto se acercaba a una casa amplia de grandes ventanales, con todas las luces encendidas.

Muy cerca, se escucharon los aullidos de los lobos.


Próximo capítulo: LOS PREPARATIVOS.


Gracias a quienes siguen mi historia y quienes la leen la comentan, les dejo mi corazón en cada capítulo.

Un beso,

Saranya.x