Quiero darle créditos a mi Isela preciosa, por prestar su historia para hacer mi adaptación. A Rumiko Takahashi por crear tan hermoso anime, y por permitirme usarlos en esta adaptación. Acá les traigo otro capitulo, voy a tratar de actualizar cada tres dias.. Pero antes necesito arreglar lo de mi cupo en la universidad y tener horario de clases y ya depende de como este sea me tendrán aqui mas seguido y cumpliendo con sus expectativas.
-Historia Normal-
-Diálogos-
-Pensamientos-
Una de las pocas o muchas cosas que aprendí de mi madre, fue a desconfiar. Ella siempre decía que no podía creer en las personas, porque ellas tarde o temprano se van y entonces te quedas sola. Supongo que en gran parte se debe al abandono de mi padre. No la culpo, pero me transmitió sus miedos e inseguridades. Me enseño que solo puedes fiarte de ti mismo y que siempre hay que desconfiar de los demás. Inuyasha nunca prometió nada, nunca hizo juramentos de amor, era alguien que iba y venía y que se ajustaba a mi forma arisca. Sin embargo, justo ahora me doy contra la pared, Sesshomaru parece sincero y eso me hace sentir culpable.
— Como quieras. — Murmura Inuyasha con indiferencia. — Tú sabes lo que haces.
— Lo sé. — Afirma Sesshomaru. — ¿Como va el negocio?
Retrocedo y me desconecto de su conversación. Cierro los ojos y medito sus palabras. Me molestaba la forma tan despreocupada en la que Inuyasha se refiere a "sus chicas", es un patán que no toma en serio a ninguna mujer, pero más me irrita saber que he sido parte de ellas. ¡Es un cerdo! Sin embargo, lo que ha dicho Sesshomaru me ha dejado de piedra. ¿Va en serio conmigo? ¿A pesar de que salí con su hermano? ¿A pesar de mi comportamiento extraño? ¿A pesar del caos que soy? Suspiro mientras niego con un movimiento de cabeza. Me paso las manos por el pelo y abro los ojos al escuchar que la puerta se abre. Es Sesshomaru.
Abre por completo la puerta, no dice nada, parecer estudiar mi expresión, y yo no puedo evitar que mi cara refleje la incredulidad y desconcierto por todo lo que acabo de escuchar. Inuyasha es un autentico idiota, del que no deseo saber nada nunca, pero es hermano de Sesshomaru, de cierto modo tendría que verlo o estar relacionada con el. Claro, eso en caso de que Sesshomaru quiera que siguiéramos viéndonos, podría mandarme al demonio en este momento y creo que lo entendería. Fue muy inmaduro de mi parte esconderme y no dar la cara.
— Lo siento. — Digo con sinceridad haciendo una mueca de arrepentimiento. Sesshomaru no dice nada y eso solo aumenta mi aflicción. Desde luego que no ha sido mi intención hacerlo sentir mal, pero soy consciente de lo que he hecho. Soy una tonta. — Quizás debería irme. — Murmuro intentando avanzar.
— No. — Dice apoyando las manos en los laterales del marco de la puerta, bloqueándome el paso. — ¿No recuerdas lo que te dije? — Desde luego que lo recuerdo. "No te dejaré ir".
— Quizás haz cambiado de idea. — Digo sin resentimiento.
— Kagome. — Dice con expresión seria. No me gusta cuando pone cara de malo.
— Creo que esto no es una buena idea, Sesshomaru. — Bajo la mirada. Me siento terrible. Él ha sido muy sincero y yo solo una cobarde e insegura que siempre intenta hacer lo que mejor sabe hacer. Huir.
— ¿Crees? — Pregunta mientras entra en el reducido espacio y corre el pestillo de la puerta. Siento el calor que su cuerpo emana, estamos a escasos centímetros. — ¿Realmente lo crees? — Por supuesto que no, para lo creo, pero...
— Soy un caos. — Confieso. Niega despacio.
— Ven aquí. — Tira de mí y me abraza sin decir más. Paso mis brazos por su dorso hasta aferrarme a su espalda, mientras sus manos acarician mi pelo.
— Lo siento. — Repito contra su pecho, cerrando los ojos y disfrutando de la comodidad de estar entre sus brazos.
— No pasa nada. — Se que si pasa, lo vi en su expresión, en sus ojos, así como también lo percibí en su voz. Estaba molesto, muy molesto.
— Pero...
— Tranquila, mi princesa. — Esbozo una ligera sonrisa y me aferró más a el.
— ¿Sigo siendo tu princesa? — Pregunto intentando romper la tensión. Me suelta y levanta mi rostro.
— Por supuesto, eso no cambia. — Acaricio su mejilla y suspiro. — Pero debo castigarte, ¿lo sabes? — ¿Castigarme?
— Espera... — Me levanta de la cintura y me coloca sobre el lavamanos. — ¿Sesshomaru? — Sus ojos arden de deseo. Es demasiado que me deja sin aliento. Una de sus manos me sujeta y la otra comienza a desabrochar sus pantalones. ¡Madre mía! — ¿Que haces? — Balbuceó.
— Hacerte mía. — Murmura con voz grave y sensual. Me agito al instante e intento bajar, no porque no quiera, sino porque estoy en horario de trabajo y no es buena idea.
— Sesshomaru. — Me aprisiona con su cuerpo y niega. — Estamos en un baño. — Que escusa tan patética. Sus labios se curvan y suaviza su expresión.
— En el baño o donde sea, mi princesa. Te necesito justo en este momento.
¡Mierda!
Separa mis piernas y se coloca entre ellas para comenzar a besarme. No tiene caso resistirme yo también lo deseo. Sus manos levantan mi falda con un movimiento descuidado y veloz.
— ¡Sesshomaru! — Gimo cuando su pulgar roza mi centro.
— Me fascinas, Kagome. — Retira mis bragas y jadeo cuando lo siento rozar mi entrada.
— ¡Se... Sesshomaru! — Gimoteo al percatarme de algo. — ¿Y el condón? — Pregunto con un hilo en la voz.
— No hay tiempo. — ¿Qué?
Soy incapaz de protestar, su boca se abalanza sobre la mía al mismo tiempo que me penetra con violencia. Mis manos desesperadas buscan un punto de apoyo, mientras las suyas se mantienen fijas sobre la superficie de mármol. Sujeto uno de sus brazos y con la otra mano me aferró al borde de la superficie. Golpea con fuerza mi centro, es duro y salvaje como en su escritorio, pero hay algo más.
Puedo saber lo que intenta hacer, o mejor dicho, probar. Lo comprendo y no lo culpo. Sus estocadas frenéticas, sus labios apasionados y la tensión que destilan me lo indican.
— Sesshomaru. — Jadeo loca de deseo. No duele, pues a pesar de que no es contenido y de que esta dejándose llevar, se mantiene al cuidado de mí.
— Dime que eres mía. — Murmura con voz agitada. — Di que eres solo mía. — ¡Lo sabía! Intenta comprobar que le pertenezco. Mi comportamiento le ha dejado entrever que aun siento algo por su hermano y desde luego que a nadie le gustaría eso.
— Sí. — Digo con firmeza.
— ¿Sí que? — Gruñe. Sonrió ante su urgencia y en respuesta me penetra con violencia. — Dímelo, Kagome. — insiste.
— Soy tuya, Sesshomaru. — Jadeo desesperada al borde del precipicio al que me arrastra cada vez que me toca. Desde luego que soy suya, no tengo dudas.
— ¡Mía, Kagome! ¡Eres mía! — Gruñe contra mi cuello y de nuevo toma mi boca.
— ¡Sesshomaru! — Grito al sentir la bruma del orgasmo invadir mi mente y sacudir mi cuerpo con deliciosos espasmos. Al mismo tiempo me percato de la tibieza de su esencia que se desbordan en mi interior.
— Mi princesa. — Susurra mermando la fuerza con la que entra en mí. — Mía. — Repite sosteniendo mi rostro. Paso mis manos entre sus cabellos y sonrió.
— Tengo el trasero adolorido. — Me quejo y el deja escapar una carcajada. Me derrito al ver su rostro relajado y al escuchar el precioso sonido que sus labios emiten. Sesshomaru Taisho ríe.
— Mi princesa es demasiado sincera. — Le doy un golpe en el hombro.
— Esta frío. — Se mueve y sale de mí. Arregla su ropa y toma una toalla. Limpia la parte interna de mis muslos. Suspiro y niego. Soy una tonta, hace tiempo que deje las anticonceptivas.
— No pasa nada. — Dice al ver mi expresión preocupada. ¿No pasa nada? ¿Debe bromear?
— Sí, pasa algo, señor Taisho. — Digo con ironía. Sonríe. Tira el papel en el cesto y me toma en brazos.
— Puedo hacerme cargo. — ¡Mierda! Su cara me indica que lo dice en serio. Cosa que me hace entrar en pánico. — ¿Qué?
— Estas loco. — Lo recrimino. Se acomoda en su silla y me coloca sobre sus piernas.
— Regularmente no suelo serlo... — Dice pensativo.
— Sí, ya sé que te lo contagió. — Farfullo y eso lo hace reir. Me encantaría quedarme todo el día sobre sus piernas, pero tengo que regresar al trabajo. — Creo que debería irme.
— ¡Hey! — Protesta a la defensiva.
— A trabajar. — Aclaro.
— No vayas. — Murmura acercando su boca a mi cuello.
— No puedo. — Gimoteo sin lograr escapar. Tengo sus labios sobre mi piel y eso me hace perder el hilo de mis pensamientos.
— Quédate toda la tarde conmigo.
— ¿No tienes trabajo?
— Puedo cancelarlo.
— Pero yo no, si no me reporto... — Como si la hubiera invocado, mi teléfono comienza a vibrar. — ¡Mierda!
— ¿Quien es? — Pregunta.
— Mi jefa.
— ¿Como lo sabes? — Me encojo de hombros mientras me pongo de pie y corro hasta el baño, donde la he dejado. Tomo la bolsa y saco el móvil.
— ¿Kagome? — Grita molesta. ¡Bruja!
— Si, soy yo. — Respondo mientras salgo y veo a Sesshomaru observarme con atención.
— ¿Hiciste lo que te pedí? — ¡Mierda!
— Voy en camino.
— ¿Aun no? ¿No te dije que era urgente?
— Sí, pero...
— Solo hazlo.
— Si, si. — Cuelgo y pongo los ojos en blanco.
— ¿Tu jefa?
— Sí. La odio. Es una bruja.
— ¿Tanto asi? — Pregunta divertido.
— Sí y le gustas. — La sonrisa se le ha borrado de la cara y noto como se pone tenso. — ¿Lo sabías? — Se encoje de hombros y se pone de pie.
— Me encantaría que te quedaras conmigo.
— No puedo.
— Lo se. Pero tienes un castigo que pagar.
— ¿Que?
— Por intentar huir. — Lo miro suplicante, pero tiene razón.
— ¿Que quieres que haga?
— Que te quedes esta noche conmigo. — Esbozo una sonrisa boba. ¿Eso es su castigo?
— ¿Seguro? Ronco y hablo dormida.
— Eso es mentira. — ¡Mierda! Se acerca y me toma de la cintura. — Por favor, Kagome, no intentes huir de mí. — Su petición es sincera y me siento anonadada.
— De acuerdo. — Acaricia mi mejilla y asiente.
— Te llevara el chofer, Kagome.
— ¡No! — Arruga el ceño. — Sería raro.
— Es solo cortesía.
— Tengo mi auto.
— No tienes auto. Se quedará como rehén.
— ¿Que? — Este hombre esta chiflado.
— Garantía de que pasaras la noche en mi casa.
— Pero...
— No hay peros, princesa. Y sobre la cena, es el próximo viernes.
— ¿Viernes? — Asiente. — ¿A qué hora?
— Te recojo a las 4. — No puedo.
— Pero...
— Yo me encargo de tu jefe. — Sonrió con ironía y niego.
— No puedes hacer eso. ¿Que va a pensar? — Si no es que ya piensa algo respecto a nosotros.
— Nada. Que necesito un poco de ayuda con las pinturas que compre.
— Sesshomaru... — No, definitivamente no es buena idea.
— Tu déjamelo a mí. — Que el se haga cargo, me da más miedo. Este hombre es un controlador.
— Llegamos, señorita. — Anuncia el hombre abriendo la puerta. Suspiro y niego.
— Gracias. — Digo a regañadientes. — No tardo.
Sesshomaru ha enviado a su chofer a recogerme en la oficina, me ha llamado para decirme que tengo una hora para estar lista y en la puerta de su casa.
— ¿Y eso? — Dice Sango observándome con curiosidad. Está en la entrada del edificio y me ha visto bajas del auto.
— Mi transporte. — Respondo con ironía mientras le quito una de las bolsas que lleva en las manos.
— ¿Sesshomaru? — Asiento mientras entro al edificio. — ¿Por que?
— Es mi castigo. — Me mira como si estuviera loca. Suspiro. — Es que... Inuyasha fue a su oficina cuando estaba ahí.
— ¿Que? ¿Lo sabe?
— No. — Su alegría se desinfla.
— ¿Por que no?
— Me escondí en el baño. — Pone mala cara y niega. Las puertas del elevador se abren y entramos.
— ¿Por que? — Me encojo de hombros.
— No sé.
— ¡Ay amiga!
— Lo sé. Soy una tonta.
— ¿Y que hacia Inuyasha?
— Sabe que Sesshomaru esta saliendo con una de sus "chicas".
— Pero no sabe que eres tú.
— Exacto, además...
— ¿Que?
— Sesshomaru dijo que yo valía la pena. No sé.
— Es evidente que le gustas.
— Supongo. Pero...
— Ese tipo esta loco por ti.
— Sí. — El mismo me lo ha dicho y comienzo a creer que dice la verdad.
— Quiero uno así.
— Es mío. — Bromeo mientras salimos del elevador.
— Entonces... ¿Están en una relación?
— No sé. — Arruga la cara. — No creo que él sea un hombre de relaciones serias.
— No entiendo.
— Mírame y míralo.
— ¡Ay no! ¿Te sientes acomplejada? Con Inuyasha nunca fue así.
— Es distinto.
— ¿Por que?
— Sesshomaru es un hombre mas formal y serio. Debe tener muchas mujeres que gusten de él...
— ¿No te has visto en un espejo?
— Sango. Sabes a lo que me refiero.
— Él sabe donde vives, donde trabajas... — Pero no conoce a mi familia, a mi madre y su historial.
— Como sea.
— ¿Y entonces? ¿Por que sales con el? ¿Es por Inuyasha?
— No. — Me mira interrogante. — Creo que me gusta. — Admito.
— Me lo imagine.
— Lo cierto es que no tengo idea donde terminen las cosas, no sé si de verdad me esta tomando en serio...
— No porque Inuyasha sea un idiota, Sesshomaru tiene que ser igual. ¿A que le temes, Kagome? ¿A que hayas encontrado tu príncipe?
"Más bien a que termine convirtiéndose en sapo".
Hasta yo quisiera un hombre asi, mierda le tengo envidia a Kagome, pero no envidia mala si no buena pues... Yo quiero un hombre asi pero aja en esta vida solo hay sapos disfrazados de principes y eso es muy triste... Tratare de estar actualizando cada tres a cinco dias... Depende como me rinda el tiempo... Pero no les voy a quedar mal esta historia va para largo... No se chicas recomiéndenla me parece que tiene muy pocos comentarios, quisiera ver comentarios nuevos de personas nuevas... Mas personas que se sumen a leer esta maravillosa historia.
Las quiere
PandicornioAzul.
