Advertencias: Incesto. Si no les gusta la temática, es mejor no leer.
Clasificación: M.
.
.
TWINS GAME
By: Nahi Shite
10.
Edades: 17 años.
.
Himawari se removió en el asiento y desvió la mirada, fingiendo estar muy entretenida disfrutando del té. Los profundos ojos dorados de la muchacha al otro lado de la pequeña mesa le hicieron sentir absurdamente incómoda.
—Entonces —la oyó empezar con una pequeña entonación—, ¿me vas a decir qué es lo que te tiene tan nerviosa y trastornada últimamente, Himawari, o tendré que sacárselo a puñetazos a alguien?
—No… —carraspeó, maldiciendo un poco la aguda lectura que poseía su mejor amiga sobre ella—No me pasa nada —comió un dango, queriendo lucir despreocupada.
—Ajá, y esos dangos no afectan mi peso.
Himawari rió. —Chou… pero si estás preciosa —lo dijo honestamente. Su amiga era hermosa; a sus diecisiete años y después de dejar atrás la obesidad infantil, Chouchou estaba más alta y atractiva que cualquiera… Además, poseía esos ojos que ella secretamente adoraba y aquella piel morena tan exótica en un sitio como Konoha. Aun así, siempre estaba insistiendo con su peso… y bien, Himawari suponía que era algo bueno en cierto modo. Miró disimuladamente su propio estómago: ¿sería que tendría que ir empezando a hacer dieta también?
—Lo sé, pero nunca es malo tener moderación con esos dangos y rollitos de canela que tanto nos alocan —ella señaló despectivamente hacia su plato vacío y Himawari se sonrojó; había comido demasiados—; Cuenta la leyenda que Anko-sensei tenía cintura.
—Hehe —rio un poco avergonzada, jugando con la pequeña coletica alta de su cabello, la que usaba desde niña.
Chouchou tomó un sorbo de té y cerró los párpados antes de soltar un suspiro de satisfacción. Ambas amaban ese té, esos dangos y esos rollitos de canela… Amaban esa vieja tienda. Eso fue lo que las había llevado a reunirse años atrás.
—Pero no me cambies el tema —volvió a mirarla—. ¿Qué te tiene tan nerviosa y en las nubes? Me lo he estado callando todo este tiempo, pero estoy empezando a preocuparme, Himawari.
—No tienes que estar preocupada —mintió—, no hay motivos.
—¿Ah, no? —su ceja ascendió—Entonces explícame de nuevo por qué usas cuello de tortuga en pleno verano, ¿no fue porque te hicieron un corte en tu última misión? ¡claro que voy a preocuparme por algo así! Sea lo que sea que te pase, está afectando tu enfoque en la batalla… y te puede costar la vida.
Himawari bajó la mirada y tamborileó los dedos sobre la madera, sintiéndose avergonzada por haberle mentido… ¿Pero qué se suponía que debió decirle? ¿Qué Bolt la había empujado a una ardiente sesión de besos antes de salir de casa esa mañana y que había succionado tanto la piel de su cuello que le había dejado un chupetón? ¿se suponía que debía haberle dicho eso, la verdadera razón de su vestimenta? No pudo, no podía…
Era demasiado.
Así que se limitó a sonreír tenuemente, de esa manera en la que el padre de Inojin solía hacerlo. —Lamento haberte preocupado —se disculpó suavemente—. Te prometo que estaré más concentrada en adelante, Chou.
Ella la miró un instante con una mueca de desconfianza, pero luego suspiró. —¿Segura que no es nada? Puedes contarme lo que sea.
—Lo sé. Y lo hago.
"Todo menos esto"
—Bien —la joven Akimichi golpeó la taza de bambú contra la mesa, anunciando que había terminado la bebida—, supongo que tendré que creerte.
—Gracias —casi suspira de alivio, pero se contuvo.
Ambas estuvieron sumidas en un cómodo silencio antes de que la morena volviese a hablar. —¿Y qué piensas hacer con el asunto este de Bolt?
Himawari casi se atraganta con su té. —¿Q-qué? —carraspeó—¿Qué pasa con él?
—¿Cómo que qué? Este viernes es ascendido a jounin —frunció el ceño—. No me digas que lo olvidaste, mujer de las nubes —le picó la frente. Y Himawari sonrió por la pequeña broma: era ella quien literalmente era una mujer de la nube, de Kumogakure no sato para ser precisos.
—Auch —se sobó la frente—, n-no lo olvidé.
Sí lo había hecho.
—Bueno —Himawari vio sus dedos bailoteando impacientes sobre la mesa—, ¿y qué le vas a regalar?
—Uhm… No sé, quizás sólo lo lleve a comer ramen —susurró, y la oyó murmurar algo como:
—Que hermana simplona del ramen.
Así que agregó: —O algo que Nii-san desee, aún no lo sé.
Chouchou suspiró, ella parecía decir que era un caso perdido. —Pues tienes cuatro días para pensártelo —Himawari la observó ponerse de pie y colocar algunas monedas sobre la mesa—; Debo irme ahora. Parece que tu padre tiene una misión para el InoShikaCho —dijo sonriendo.
Ella le devolvió la sonrisa. —Esfuérzate.
Y luego… se quedó sola.
—Uzumaki Hyüga Bolt.
Himawari sintió una punzada de orgullo a la vez que la mano de su madre apretaba suavemente la suya. Ambas se sonrieron.
Los ojos azules de su padre brillaban con un sano sentimiento paterno. Bolt estaba inclinado frente a él respetuosamente, con los parpados cerrados y las manos estiradas. El hokage prosiguió:
—A partir de hoy eres un ninja de élite, un jounin de Konoha. Felicidades´ttebayó —dijo, para seguidamente hacer entrega del brazalete distintivo; uno de un bonito color negro, con el símbolo de la aldea bordando en el medio.
—Gracias, hokage-sama —Himawari vio a su hermano gemelo inclinarse un poco más y después erguirse, colocando el accesorio en su brazo izquierdo, con una sonrisa en el rostro.
Ella podía sentir lo feliz que él estaba. Ella también estaba contenta de que al fin su auto-imagen de chico problema hubiese desaparecido… Él era un precioso y muy poderoso shinobi y, como tal, debía sentirse.
Le alegraba que se le hubiese adelantado en el ascenso.
Después de una pequeña ceremonia, su madre se había lanzado sobre él para mimarlo y, luego, toda su generación se acercó, llenándolo de felicitaciones y presentes; dibujos, pinturas, kunais, shurikens, ramen, flores, pergaminos finos y –el que más llamó la atención de Bolt- un manuscrito antiquísimo de un clan ancestral.
El Uchiha.
—¡Wow, Sarada, es increíble´ttebasa! —el rubio estrechó en un fuerte abrazo a la muchacha, notablemente emocionado, y Himawari sintió un leve dolor en el pecho mientras tocaba disimuladamente el bolsillo de su chaleco chunnin.
—Sí, te fajaste, Sarada.
—Aunque será muy problemático leerlo todo…
—No empieces, Shikadai, ¡es algo único!
La azabache se acomodó las gafas. —Es cierto, no tiene valor. Así que cuídalo, baka.
Para entonces, Himawari ya había salido de la habitación; Bolt la observó de reojo.
—¡Ey! —Himawari respingó ante el saludo y, rápidamente, se apresuró a ocultar el objeto que estaba observando entre sus rodillas, apretándolo contra el pasto.
Limpió fugazmente sus mejillas, sorbiendo tímidamente su nariz. —Ey —respondió, sin girar a verlo. Pronto lo sintió sentándose a su lado. Observó la cascada, pero sabía que los ojos azules de Bolt se mantenían en ella.
Estaban en su lugar secreto. Allí había escapado, como siempre.
—¿No… No vas a felicitarme? —escuchó su voz ronca y suave, propia de alguien que ya se transformaba en hombre—¿E-estás enojada? ¿Pasó algo? —él parecía ansioso, aunque se esforzaba en ocultarlo, pero sus rápidas preguntas continuas lo delataban—¿Por qué saliste corriendo tan de repente´ttebasa?
Himawari bajó la mirada, apretando algo de hierba entre los dedos. —Lo siento… —murmuró.
Bolt hizo un gesto con los labios, y ella pensó que iba a mencionar algo sobre su nariz roja o sus mejillas aún húmedas, así que se sonrojó un poco, pero no fue así. Él dirigió la mirada hasta sus piernas juntas.
—¿Qué tienes ahí? —preguntó curioso—¿Estás escondiéndome algo? —frunció el ceño—¿Es mi regalo´ttebasa?
—¡No! —lo miró alarmada—¡N-No es nada!
—Si no es nada, ¿por qué lo escondes? —él sonrió divertido—Anda, Himawari, déjame ver, no seas así´ttebasa.
Bolt se estiraba para husmear bajo sus rodillas, pero ella alejaba sus manos con rapidez. —No, Nii-san, quieto…
—Al menos dime si es para mí´ttebasa —insistió— y no preguntaré más, lo prometo.
Se lo pensó un poco. —Sí… —confesó—, ¡pero te compraré algo mejor, sólo espérame un poco! —exclamó, sacando velozmente el acolchado presente y lo abrazó con fuerza, impidiéndole mirarlo.
—¿Algo mejor? —él parpadeó—¿Por qué? Sólo déjame verlo´ttebasa.
Y Bolt era un jounin y el hijo del huracán amarillo y el nieto del relámpago de Konoha… y Himawari había sacado un lado más Hyüga, no tan atrevido, un poco más calmado. Sólo pudo pegar un chillido de sorpresa cuando él se lo arrebató, queriendo morir de vergüenza; él observaba la pequeña cosa verde con toda la atención y empezó a apretarla curiosamente.
—¿Qué…? —giró a verla, pero no terminó la pregunta. De igual manera, ella contestó tímidamente, usando su pulgar para hacer un pequeño huequito en la tierra.
—Es un monedero de sapo… como el de papá.
Bolt soltó un ligero silbido de oh~ y lo miró divertido, notando que tenía el ojo derecho más grande que el izquierdo y una cola algo… peculiar. "¿Es un sapo o un renacuajo´ttebasa?".
—P-pero te daré algo mejor, así que devuélvemelo, por favor.
—¿Tú lo hiciste?
Himawari se sonrojó, pero asintió ligeramente. —Sí… —se había pasado prácticamente toda la semana en ello, día y noche, pero no era tan hábil como su madre en esas cosas.
—Entonces no lo devolveré —él avisó, guardándolo calmadamente en el interior de su chaqueta.
—¿Qué? Pero Nii-
—Himawari —la interrumpió, mirándola—, es el regalo que más he esperado hoy… y es mi favorito. No voy a dártelo ni aunque te arrodilles y me lamas los zapatos´ttebasa.
—Pero… —su susurro fue triste—no es tan bueno como un manuscrito súper antiguo…
—¡¿Es por Sarada?! —exclamó fuertemente, pero luego carraspeó un poco al ver que ella respingaba—Digo… que si es por el manuscrito, apenas lleguemos a casa puedo quemarlo, no me importa en lo absoluto.
—No —Himawari lo miró alarmada—, no puedes hacer eso. Fue un obsequio de Sarada-san.
—Pero este es un obsequio tuyo, Himawari —dijo firmemente, tocando su pecho en el lugar exacto donde había guardado el sapito—, y me gusta mil veces más.
Ella se ruborizó de manera adorable y sus ojitos azulados se cristalizaron un poco, justo como si fuese una niña pequeña. —¿De veras te gusta?
Él asintió con fuerza. —Mucho —aseguró—, no sé porqué te avergonzaba dármelo frente a los demás´ttebasa.
—Es que…
—Aunque, bueno… —se rascó la mejilla, y Himawari notó un pequeño color rosa adornando las marcas en sus mejillas—supongo que es mejor así.
—¿Así? —preguntó curiosa.
—A solas.
Himawari abrió los ojos con sorpresa. —Ah —dijo suavemente.
—Sí… —Bolt mantuvo una mano en el suelo, con la que se sostuvo, mientras la otra fue a parar en la cálida mejilla femenina, y se inclinó un poco hacía ella para depositar un beso justo en su boca—Gracias´ttebasa.
—P-pero sus ojos… —balbuceó torpemente, tornándose increíblemente roja.
Él la interrumpió con un segundo beso ligeramente más lento. —Son perfectos.
—¿Y qué hay de su cola…?
Bolt ladeó la cabeza, besándola más profundamente. —Es única.
Himawari se sostuvo de sus hombros, apenas notando que él lentamente la iba recostano en el pasto. —Bolt…—murmuró suavemente, un poco perdida en la sensación de la lengua cálida recorriéndole el labio con calma.
—Y te esforzaste mucho haciéndolo… —sintió su mano grande bajar hasta su nunca, antes de chocarse delicadamente contra el suelo, él le protegió gentilmente con su palma—Claro, eso es lo que estuviste haciendo todas estas noches…
—Bolt —ella lo empujó un poco, rogándole en silencio que parara, suplicándole con la mirada.
Lo vio chasquear la lengua. —Joder… sólo déjame besarte un poco más, Himawari —él se presionó ligeramente contra su cuerpo, apenas rozándolo, con uno de los codos sosteniendo su propio peso a un lado de su cabeza—¿está bien? Sólo un poco´ttebasa.
Bolt la besó con calma, con tanta ternura y tan lentamente que sólo pudo suspirar contra su boca. Él no estaba ansioso ni desesperado, no había pasión ni fogosidad y, sin embargo, explotaban fuegos artificiales y se sentía mejor que nada.
Ella acarició gentilmente sus mejillas, repartiendo también dulces besos en su boca.
Ese día sintió en carne propia la parte más ligera de su hermano, su actitud más pasiva y tierna. —Felicidades por tu ascenso… —le susurró, viendo el brillo en sus ojos y su sonrisa satisfecha.
Después… después sólo lo besó por una eternidad.
