Capítulo 10: La nueva estrategia, alianzas peligrosas.
Después de tanto movimiento incómodo de la manilla de la puerta, esta nunca se abrió. Calmando un milímetro de los nervios que acechaban a Tomoe y Nanami. Mikage se rindió y bajó al primer piso confiado de que ambos habían escuchado su llamado. Al sentir como cada vez más se alejaba de la habitación, sus latidos iban regresando a la normalidad, el joven que estaba encima se fue moviendo lentamente para separarse de ella. Se levantó de la cama y caminó hacia la puerta algo nervioso.
—Esto no se acaba aquí —advirtió él antes de salir por la puerta.
Momozono se puso como un tomate. Ni ella creía lo que acababa de ocurrir, sus clases de matemáticas habían acabado en un acercamiento muy revelador, aún sentía las grandes manos del peli plateado sobre su espalda haciendo presión mientras la besaba, haciendo que su piel se erizara. Soltó un fuerte suspiro y se recostó sobre su cama a brazos abiertos manteniendo el semblante fijo hacia el techo. Un momento que ya anhelaba hace algún tiempo acababa de cumplirse. Sonrió bajo las sábanas mientras jugaba con ellas, se sentía una tonta, pero una tonta feliz.
[…]
En una seleccionada cafetería de Tokio, dos mujeres disfrutaban de un cappuccino en la terraza mientras charlaban de la vida. Ambas llamaban mucho la atención de quienes pasaban por ahí por su belleza.
—Y bien, ¿Qué piensas hacer con Tomoe? —le preguntó Kayako Hiiragi muy seria.
—No voy a rendirme —dijo Yukiji luego de dar un sorbo a su taza.
Kayako la contempló preocupada.
—Soy tu amiga, pero debo decirte que con Nanami Momozono en el camino tu misión será muy compleja —admitió la ex de Kirihito— Ella fue capaz de quitarme a mi novio, no creas que una cara y cuerpo bonito será suficiente. Tendrás que ser muy astuta.
Yukiji sacó un labial rojo de su cartera y volvió a remarcar sus labios que estaban algo desmaquillados por beber tanto café. Su rostro pensativo lo decía todo, Kayako tenía mucha razón en sus palabras. Además, Momozono tenía la gran ventaja de vivir junto a él y además ser su compañera de clases.
—Ella no es impedimento para mí. Toqué el corazón de Tomoe mucho antes y puedo volverlo hacer. Eso quedó demostrado en tu fiesta —respondió bastante segura— Con tan solo acercarme fue suficiente para que él se lanzara hacia mí. Ella tendrá sus cosas buenas, pero yo fui la primera en todo para él.
Kayako suspiró algo cansada, pues su amiga tenía una gran autoestima a pesar de conocer la realidad. Aun así, Nanami le desagradaba lo suficiente como para apoyar en lo más absurdo a Yukiji.
—Bueno, si la invité a mi fiesta fue tan solo para que los viera a ustedes juntos —admitió Hiiragi mientras reía de forma pícara, luciendo sus malas intenciones.
—Y sirvió bastante, pero no fue suficiente —Yukiji se observó en el espejo mientras daba sus declaraciones—. Me acercaré a Tomoe lo más que pueda, tanto, que no dejaré entrada alguna para Nanami Momozono en su vida.
[…]
Ya era lunes y el comienzo de una nueva semana, cada vez quedaba más poco para los exámenes y la cansada cara de los estudiantes lo demostraba. Instalados en la escuela, la revelación de bajas calificaciones puso al salón entero de cabeza, a excepción de algunos como Tomoe quien era uno de los más brillantes de la clase. Una hilera de hombres que pasaban la puerta de la sala venía desde la mesa del peli plateado quien de brazos cruzados se negaba todo el tiempo. En eso, Nanami junto a Ami y Kei entraron en el preciso momento de la escena.
—Vamos Tomoe, ayúdame a pasar matemáticas —le pidió uno de rodillas.
—Estudia conmigo por favor —suplicó el de atrás.
—Lo siento, estoy muy ocupado para hacer clases particulares.
Respondió él, sin mostrar misericordia. Sin avisar, Kirihito apareció a sus espaldas y golpeó despacio el hombro del muchacho para llamar su atención.
—Vaya amigo, no tienes tiempo para ellos pero si para darle clases privadas a Momozono —soltó Mori intencionalmente para que todos en la sala escucharan.
Y lo consiguió, hasta el que iba pasando por fuera se detuvo a escuchar el chisme. Se escucharon fuertes murmullos de las jóvenes, mayoría fans de Tomoe y otros hombres celosos por Nanami. Ella tan solo agachó la cabeza, y se acercó a Kirihito molesta.
—No hables estupideces, harás que la gente crea cosas que no son —lo regañó, estaba muy molesta. Mori retrocedió unos cuantos pasos sorprendido, aunque no perdió su toque de gracia. El cuchicheo aumentó.
— ¿De qué hablas? Si existe alguien a quien no le haría clases es a Momozono, es tan campesina que no sé cómo puede vestirse sola —se defendió Tomoe arruinando por completo el momento. Nanami lo miró con odio y gruñó mientras apretaba sus puños.
— ¡Tomoe idiota! —le gritó Nanami a todo pulmón, Ami se acercó a ella para sujetarla de un brazo y evitar que hiciera alguna locura, aunque tal acto estuvo demás, ni por su cabeza habría pasado agredir al joven por muy grosero que llegara a ser.
A pesar de todo, el descarte había sido casi perfecto. Toda la clase convencida del "odio mutuo" que existía entre ellos comenzó a ignorar los rumores y prestar atención a sus propios asuntos. Mori no entendía a qué jugaban ambos, aunque Nanami no parecía fingir su enojo y eso le asustaba. El de cabellos negros decidió frenar el conflicto dejándolo en el aire mientras tomaba asiento en su pupitre de brazos cruzados, de cierta forma le molestaba esa complicidad que Nanami y Tomoe se entregaban creyendo que nadie más podría notarlo.
Observaba a la castaña y podía apreciar el color rosa en sus mejillas al pelear con su amigo, si bien en el fondo él sabía sus sentimientos le fastidiaba tener que presenciarlos de manera tan obvia. Por otra parte Tomoe no parecía mostrar interés en la joven, aun así, Momozono no se movía de su lado. Pasando todo el conflicto, Kurama parecía no importarle nada de lo que ocurría a su alrededor, más bien, la revista que leía con su cara en la portada le era más divertido que cualquier cosa, en eso, una Ami muy nerviosa se acerca casi en cuclillas para llegar a su mesa, cada paso era más perturbador. El cantante notó la inesperada presencia de la muchacha en frente de él y por unos segundos le quitó la vista a su portada del mes.
—Bueno…has estado ocupado —balbuceó Nekota con la lengua enredada, empezando la conversación de la forma más extraña.
—Sí. Pero así es mi trabajo.
Kurama no parecía entender que Ami no era una periodista que quería entrevistarlo para la televisión para dar esas breves declaraciones.
—Por eso, si quieres yo…—la muchacha tragó saliva—…puedo ayudarte.
El joven levantó una ceja sin entender aún.
— ¿Ayudarme con qué?
Sin querer, siempre terminaba siendo un tanto desagradable. A pesar de eso, Nekota no desistía.
—Yo puedo ayudarte con los estudios, tengo toda la materia ordenada para que puedas aprobar bien los exámenes —esta vez lo dijo más fluido, dejando en claro sus intenciones.
Shinjirou se mostró sorprendido, puesto que breves veces había intercambiado palabras con ella para que se ofreciera a ayudarle de esa forma. Sin embargo, el hecho de ser un artista famoso le traía muchas ventajas y entre una de ellas era que los maestros siempre le entregaban facilidades sobre todo a la hora de los exámenes. Teniendo ya casi lista la respuesta con rechazo en la punta de su lengua, observó nuevamente a la joven, su rostro ansioso y su mirada cohibida como si hubiera hecho el sacrificio más grande en toda su vida para acercarse a él, quizás permitir que lo ayude no sería tan malo, más bien, lo veía como un acto de caridad, algo un tanto estúpido y frívolo pero para él una buena acción.
—Está bien, ven a mi casa hoy a las seis de la tarde te espero para que estudiemos —concluyó Kurama con autoridad absoluta, fijando todo sin consultar.
— ¡Muy bien! Ahí estaré —contestó Ami muy contenta, sin prestarle atención a lo demás.
—Genial, haremos una fiesta en nuestra casa —agregó Mizuki con entusiasmo, apareciendo de la nada.
—Idiota. Nadie hará nada, todos estudiaremos y tú deberías hacer lo mismo —Tomoe no parecía a gusto con la loca idea de su compañero.
Mizuki puso cara de perrito abandonado, mientras Nanami largaba un suspiro imaginando lo pesado que se le vendrían los exámenes.
[…]
Ya en la tarde, las clases habían concluido y todos salían cansados de la escuela. Ami y Nanami se pusieron de acuerdo para irse juntas ya que ambas irían al mismo lugar, caminaron en compañía de Mizuki quien no tenía nada más que hacer. Los tres se fueron conversando de la vida y hasta pasaron por unos helados para hacer algo de tiempo mientras Kurama se desocupaba en los ensayos de su disquera para que fueran las seis. Llegaron una hora antes y descansaron en los sillones, en eso, Tomoe bajó al primer piso y fue directo a la cocina por algo de helado, siendo seguido por Nanami.
— ¡Oye! Ese es nuestro helado —lo regañó ella.
Tomoe giró su rostro para observarla e ignorándola siguió sacando un pedazo para dejarlo caer en un vaso pequeño, haciendo que la joven se irritara más.
—No seas egoísta, que si yo no cocinara tú no comerías —se defendió él y luego continuó con un toque de maldad —Aunque mirándote quizás debería dejar de cocinar.
— ¡Estúpido! —se acercó a la caja de helado y la cerro impidiendo que sacara más.
Tomoe soltó una carcajada y con uno de sus dedos sacó un poco del vaso y lo puso en el borde de la boca de Momozono para seguir con la humorada. Al sentir el frío en su boca retrocedió sorprendida ante el acto extraño del muchacho. Lo siguiente fue cuando la acorraló contra el refrigerador y con su lengua quitó el rastro de helado de su rostro despacio mientras la sostenía de la cintura con fuerza.
—Yo hago lo que quiero, si vuelves a insultarme te castigaré nuevamente —le susurró él al oído luego de su atentado provocador.
¿Castigo? Pensó ella, ¿A eso le llamaba castigo? Aunque parecía serlo, todo su enojo había desaparecido como si el viento se lo hubiera llevado. Sin embargo, no quería entregarle la victoria nuevamente.
—Puedes comer, pero solo un poco —dijo antes de salir de la cocina con indiferencia. Sabía que si se quedaba unos minutos más algo raro ocurriría con él.
[…]
Eran las seis en punto y la puerta principal hizo ruido al abrirse, era Kurama quien acababa de llegar. Al encontrarse con todos en el salón estudiando los observó con extrañeza, luego, miró a Ami que parecía haberlo estado esperando todo ese rato.
—Hola, vamos a mi cuarto —dijo en voz de orden, dejando a todos impactados ante tal atrevida iniciativa.
— ¿A tu cuarto? —tartamudeó Nekota con la cara roja.
— ¡Mejor estudiemos todos juntos! —exclamó Mizuki a quien no le parecía la idea. Aunque su idea duró poco ya que Nanami le lanzó una mirada asesina —pensándolo bien, mejor váyanse.
Kurama hizo un gesto con la cara haciéndole que suba las escaleras, parecía el dueño de un fundo. Mientras Ami subía a paso lento, cada escalón hacía que su corazón más se acelerara. Nanami por su lado cantaba victoria por el gran logro de su amiga, estarían solos en la habitación y tendrían un momento, aunque al mismo tiempo le comenzaba a preocupar ya que no conocía del todo a su compañero, era con quien menos pasaba tiempo.
— ¿Estás preocupada verdad? —le preguntó Mizuki. La muchacha abrió ambos ojos, al parecer el joven podía leer sus pensamientos.
—Creo que sí, quizás cometí un error dejando que se vayan solos…
Mizuki negó con la cabeza con una sonrisa tranquilizante.
—Kurama parece un chico desordenado, pero en materia de mujeres es un cero a la izquierda. Dudo que trate de hacer algo, menos con Ami que es muy especial.
—Puede que tengas razón —concluyó Momozono.
La seguridad en como Mizuki hablaba del cantante estrella, hacía que la joven dejara de pensar tanta cosa negativa. Luego, terminaron por ignorar el tema por completo y siguieron con sus estudios, Mizuki también era un gran apoyo como tutor a la hora de prepararse para un examen, mientras Tomoe haciendo como si no le interesara subió a su cuarto.
[…]
Del cuarto de Shinjirou no venía ruido alguno, parecía que un silencio apocalíptico liberaba toda la tensión. El muchacho observaba su cuaderno sin entender absolutamente nada, y la timidez de Ami lo hacía aún más complejo. El comenzó a impacientarse y jugueteaba con su lápiz tratando de dar a entender que ya se estaba aburriendo. La joven respiró profundo y apretó ambos puños, debía dejar de ser tan tonta y atreverse a hablar de forma normal de alguna vez por todas, al menos en ese instante que estaban solos.
—Si hay algo que no entiendes debes consultarme, no tengas pena —dijo Ami, con toda la valentía que traía. Pareciera que decir ese par de cosas había gastado toda su energía.
— ¿Qué pasa si te digo que no entiendo nada? —preguntó Kurama en tono de burla, aunque en el fondo era verdad.
Nekota se puso totalmente roja, mientras él parecía divertido.
—Lo-lo siento…partiremos desde el principio, ¿Qué materia entiendes menos? —Ami sonaba nerviosa.
—Bueno, ciencias es mi némesis —concluyó muy seguro con voz nostálgica.
—Bien. Partiremos con eso.
Abrió el libro de ciencias y le pidió a Kurama que le prestara toda la atención, era buena explicando, pero era mucho lo que había que aprender así que el tiempo debía ser bien utilizado. Con el pasar de los minutos, Kurama parecía ir entendiendo más, cosa que se iba reflejando en las preguntas que le hacía la joven para comprobarlo. Poco a poco se iban "soltando" más las cosas, aunque Ami no perdía su complicada forma de comunicarse ante el chico. Cumplieron una hora con ciencias y todo parecía más en orden.
— ¿Puedes enseñarme matemáticas ahora?
—Claro, voy por el libro —Nekota se levantó rápido y entusiasmada para ir por el cuaderno de matemáticas que estaba sobre la cómoda, fue tan repentino el movimiento que no se fijó en su propia mochila acostada sobre el suelo haciendo que tropezara. Lo peor, es que su falda se levantó tanto al punto de mostrar su ropa interior.
Kurama parecía muy incómodo con la situación, solía recibir ropa interior en su cara, pero no de esa forma. Al mismo tiempo la creía muy inocente al verla de esa forma, se levantó de su puesto y le estiró una mano para ayudarla a levantarse.
—Eh, vamos más despacio, que no quiero que te caigas a cada rato —bromeó el joven, haciendo que ella más se incomodara. Al notar que su juego no había caído bien, sintió algo de arrepentimiento.
Ami volvió a su puesto muy avergonzada y con la mirada gacha, pues su orgullo estaba por los suelos. Más allá de haber mostrado sus calzones justo ese día se le había ocurrido usar los más vergonzosos, con un corazón. "Debe creer que soy una tonta", pensaba ella.
Con culpabilidad, él caminó hacia uno de sus cajones y de ahí sacó su más reciente trabajo musical, revisó que estuviera en perfectas condiciones y se lo entregó a la muchacha, quién no lo podía creer.
—Ten, sé que te gusta mucho mi música —se lo regaló con una enorme sonrisa, parecía una de las tantas escenas de los gloriosos sueños que solía tener Nekota con el cantante.
—No puedo creerlo —Ami se quedó en frío leyendo la portada del disco.
Fue tanta la emoción, que rompió en llanto asustando al joven que creía haber hecho una buena acción.
—E-espera…—titubeó él— ¿Acaso no te gusta?
— ¡Claro que sí! Esto es como un sueño, me siento muy feliz —exclamó Ami secándose las lágrimas con su brazo derecho, una tierna sonrisa terminó por convencerlo.
—Me alegro —Kurama le devolvió la sonrisa.
Luego de ese vergonzoso pero victorioso momento, siguieron estudiando.
[…]
Del primer piso, se sintió un grito desesperado.
— ¡Reprobaré ciencias! —lloriqueó Nanami mientras se tironeaba las mechas.
— ¡Por ningún motivo! Solo esfuérzate más —la regañó Mizuki tratando de que no se quedara calva.
Tomoe bajó de su habitación con una mano puesta en su cabeza y con cara de muy pocos amigos.
— ¿Por qué tanto escándalo? ¿Acaso tienes hambre? —le preguntó a Momozono, esta reaccionó molesta.
—No es eso. Nanami tiene problemas para comprender ciencias —explicó Mizuki, algo cansado.
El de cabellos plateados miró con gracia a la muchacha que no parecía muy contenta. Se acomodó en medio, entre Mizuki y Nanami, tomó el cuaderno que estaban utilizando y le echo un par de miradas mientras los demás lo observaban sin entender nada. Hasta después de un minuto, abrió otro cuaderno y con un lápiz desocupado anotó tres fórmulas.
—Si no te aprendes estas fórmulas te será imposible sacar la probabilidad genética —se explicó Tomoe muy serio y convencido.
Momozono tomó el libro y comenzó a leerlo.
—Vaya, ¡Debí partir con eso! —comentó Mizuki muy divertido mientras Nanami lo observaba con ganas de asesinarlo.
Tomoe se palmeó el rostro, dejar las cosas en manos de su compañero había sido una mala idea. En parte eso lo había hecho sentirse un poco culpable, ya que los exámenes venían pronto y la muchacha no estaba tan preparada. La responsabilidad lo estaba poniendo inquieto, se acomodó más y decidido quiso ayudar.
—Bien, creo que no son capaces de hacer nada sin mi ayuda. Mizuki, eres libre, ve a cazar mariposas o algo…
Aunque no pareciera, el recién liberado parecía contento. A pesar de que le había puesto muchas ganas para ayudar a la castaña, su esfuerzo había sido casi en vano. Y como había pasado hace poco, nuevamente estaban solos aunque no podrían repetir la misma escena que la otra vez.
Y como lo pensaba, estudiar con Tomoe parecía ser mucho más factible que con otra persona. El chico tenía poca paciencia la mayor parte del tiempo, pero con ella se tomaba la molestia de ser más tranquilo y dejar que aprenda a su ritmo, aunque sin perder su nivel de exigencia a la hora de aprenderse las cosas. El reloj corría y el aprendizaje aumentaba.
[…]
Ya eran las diez de la noche y era hora de que Nekota partiera a su casa, y así fue. La joven bajó las escaleras junto con Kurama quien la acompañaría hasta la puerta, se despidió de su amiga Nanami aún con las mejillas rojas y se fue con una gran sonrisa en su rostro. Todos se quedaron mirando muy curiosos, inquietando al cantante.
— ¿Podría saber qué sucedió entre ustedes dos? —preguntó Mizuki sin filtro alguno.
Shinjirou se inquietó mucho al sentir tal presión sobre él.
— ¡Cállate idiota! Un artista no tiene por qué compartir su intimidad —se defendió.
—Pero yo igual quiero saber —Nanami se unió poniendo cara de cachorro abandonado, lo cual no resultó.
—Ya va, déjenlo. Si él quiere jugar con Ami es su problema —dijo Tomoe mientras ordenaba todo para ir acostarse.
Al decir eso, Momozono reaccionó muy mal.
— Ami es mi amiga y jamás permitiría que jugaran con ella, ¿Acaso tu juegas también con las chicas?
Mizuki y Kurama se miraron de reojo con algo de miedo, la situación comenzaba a ponerse tensa y lo que menos querían era presenciar una batalla campal entre ellos dos.
— ¡Traje bocadillos! —exclamó Mikage quien por sorpresa acababa de aparecer por la puerta lleno de bolsas, su expresión feliz y emocionada no duró tanto al ver el rostro de los demás.
Definitivamente, era un mal momento. Los bocadillos fueron ignorados por completo, cada uno caminó a su cuarto luego de ordenar la sala principal dejando a Mikage con ganas de comer unas golosinas, a este no le quedó más remedio que irse a su cuarto cabizbajo y un tanto amurrado por el mal carácter que tenían esos chicos cuando algo no les parecía.
[…]
Una nueva mañana, aunque los problemas del día anterior parecían no haberse olvidado. Ni Tomoe ni Nanami se dirigieron la palabra en todo el camino a la escuela, lo peor de todo, es que hoy era el gran examen de ciencias. La muchacha iba muy nerviosa, aunque memorizándose todo lo que había aprendido el día anterior, a ratos la pequeña discusión con Tomoe la sacaba de sus pensamientos, le molestaba que fuera insensible la mayor parte del tiempo. Al llegar, cada uno se fue por su lado. Momozono se reunió con Ami y Kei y repasaron lo último antes de que el maestro llegara a la sala a tomar la prueba.
— ¡Bien alumnos! Tomen sus lugares que el examen va a comenzar —señaló el respectivo profesor antes de ir repartiendo las hojas a cada persona.
La prueba tomó alrededor de dos horas en total, la gran mayoría salió con un peso menos y Nanami no era la excepción. Entre tanto relajo, cuando vio salir a Tomoe del salón se acercó a él.
—Gracias, si no hubiera sido por tu ayuda jamás habría respondido todo —le dijo ella con algo de vergüenza.
Tomoe se cruzó de brazos sin perder el orgullo.
—Pues bien, pero aún espero mis disculpas por lo de anoche.
— ¿Disculpas por qué? —preguntó Momozono.
— ¡Por increparme diciendo que juego con otras chicas!
—Ah…era eso, pues perdón.
"No parece haberlo dicho tan en serio" pensó él. Sin embargo, no quería seguir peleado con Nanami.
—Además, cuando elijo a mi presa no le quito los ojos de encima —se justificó usando nuevamente su dialecto algo cavernícola, pero al mismo tiempo intimidante.
Nanami sintió tanta vergüenza que sentía como su sangre hervía lentamente, el calor se apoderó de su rostro y de seguro pronto se ponía colorada. No sabía muy bien cómo reaccionar ante esas atrevidas insinuaciones del muchacho. A su mente regresó como él acariciaba su espalda con fuerza como si no quisiera soltarle jamás, su piel se erizó con tan solo pensarlo un par de segundos.
—Déjame pagar por tu gran ayuda con mis estudios —le dijo aún con nervios. Tomoe la miró con extrañeza.
— ¿De qué hablas?
—Te…te invito a comer algo como agradecimiento, ¿Aceptas? —el interior de Nanami estaba lleno de explosiones, parecía haberlo invitado a un cita.
El suspensivo silencio de Tomoe la estaba matando por dentro, aunque luego una inesperada sonrisa en el rostro del joven la calmó un poco más.
—Me parece, es lo mínimo que podrías hacer para recompensarme.
—Bien, es un cit…perdón, te esperaré en cinco minutos en la salida para evitarnos problemas —tartamudeó Nanami tratando de explicarle, pero las cosas no salieron como ella tenía previsto.
A lo lejos, venía Kirihito con dos amigos de otras aulas. Cuando Tomoe nota que se viene acercando, abraza a Nanami por el cuello apoyando su brazo y comienza a caminar con ella llamando la atención de toda la escuela.
— ¡Pero qué haces! Nos están viendo todos —reclamó Nanami muy avergonzada, aunque muy en el fondo se sentía bastante bien. Parecía como si fueran dos novios enamorados caminando sin importarles nada más.
Kirihito los observó con mucha molestia, estaba tan furioso, que arrugó por completo su comprobante de matrícula. Mientras las amigas de Nanami se mostraban muy sorprendidas, aunque contentas.
Ya se habían alejado de la escuela lo suficiente, aun así, él no tenía pensado soltarla. Siguieron caminando un par de cuadras más hasta que Momozono no pudo aguantar más la presión.
— ¿Por qué hiciste eso? —preguntó, aun con el brazo de Tomoe encima de ella.
—Tenía ganas, ¿Algún problema con eso? —respondió haciéndose el como si nada.
— ¡Claro! Todos nos vieron, y es raro viniendo de ti.
El muchacho frenó el caminar y quitó su brazo de encima, fue extraño, pero por un momento Nanami se sintió vacía al perder el contacto directo con él.
—Ya te dije, eres mi presa y hago lo que me plazca —se acercó peligrosamente hacia ella a tal punto de ponerla muy nerviosa.
— ¡Está bien! Ya entendí, no te acerques así por favor.
Tomoe carcajeó muy divertido al verla tan inquieta.
—Bien, ¿Qué te parece mejor? ¿Comer pizza o hamburguesa? —le preguntó mientras pensaba en dos destinos ya previstos.
—Hamburguesas me parece bien.
Tomaron la calle más cercana y llegaron a un local de comida rápida muy popular en la ciudad. El ambiente era agradable ya que no había tanta gente, por lo que la atención fue rápida. Luego de tomar asiento fueron inmediatamente atendidos, a los cinco minutos ya se encontraban comiendo. Aunque el silencio era el peor aliado de esa "cita" y Nanami tendría que luchar para evitarlo.
— ¿Por qué me has invitado si aún no sabes si has aprobado todo? —para su sorpresa, Tomoe había partido la conversación.
Nanami comenzó a ponerse nerviosa.
—Bueno…en verdad, tenía deseos de salir contigo —lo dijo, aunque en su cabeza su conciencia la regañaba por ser tan reveladora. Se estaba arrepintiendo de ser tan sincera.
El muchacho se lo tomó con gracia.
— ¿Eh? ¿Acaso te gusto? —preguntó divertido.
Parecía una escena de comedia, ¿no era obvio?, pensaba ella. Por algo siempre estaba haciendo estupideces, o se metía donde no debía, o simplemente, aguantaba todas las estupideces que él terminaba haciendo. Razón suficiente para creerlo. Quizás, él se negaba a saberlo. Ella decidió no responder, solo le dio otro mordisco a su hamburguesa.
—Pero que hambrienta eres, al menos dime que no quieres responder.
— ¡No es eso! —se defendió Momozono con la cara roja— No es tan sencillo de explicar.
La joven sujetó su hamburguesa con fuerza haciendo que la mitad de los ingredientes cayeran al plato. Tomoe carraspeó impaciente, al notar que ella no diría nada decidió volver a insistir.
— ¿Estás enamorada de mí?
Como un balde de agua fría, le preguntó. Momozono sintió como su respiración se agitaba y la temperatura de su cuerpo iba aumentando poco a poco. Algo en su pecho le decía que las cosas no iban a salir bien. El pudo notar la incomodidad en la muchacha, no era menos, la pregunta era bastante atrevida. A pesar de todo, encontraba muy tierno verla de esa forma, claro, no se lo contaría a nadie. Siguió observándola mientras se retorcía en vergüenza, apoyó su rostro sobre una de sus manos y la contempló un poco más, Nanami parpadeó seguido y secó un poco de sudor a causa de los nervios. Sentía que el corazón se le saldría del pecho, hasta el apetito había perdido, algo casi impactante.
— ¿Y qué si lo estuviera? —respondió ella con todo el valor que tenía, como si una parte de su interior deseara probar qué sucedía si alguna vez no ocultaba sus sentimientos. Al segundo de preguntar, sintió mucho arrepentimiento pero ya era demasiado tarde.
—Vale, solo estaba bromeando…
Tomoe trató de zafarse, detestaba esas situaciones donde tenía que poner su futuro a función de algo, le traía pésimos recuerdos, aunque para su mala suerte Nanami no tenía lo mismo en mente.
—Yo no he bromeado. Soy tu presa, ¿O no?
Se escuchó fría y muy decidida, se había aburrido de ser la chica asustada por un momento. Sintió que era la ocasión indicada, estaban solos y era casi imposible que Mikage les interrumpiera de nuevo.
—Entonces, si dices estar tan enamorada de mí —dijo Tomoe con un rostro serio— No quiero verte cerca de Kirihito ni de otros idiotas, eres mía, ¿De acuerdo?
¿Pero a qué estupidez he llegado por todo esto? Se preguntó Momozono antes de sellar tal trato. El parecía estar a gusto con los sentimientos de la joven, pero lo que la estaba matando por dentro era saber lo que él sentía.
— ¿Y tú? No te acercarás a otras chicas. —sintió que debía aprovechar, no pudo callar.
Tomoe sonrió, asustando de cierta forma a Nanami.
—Trato hecho —dijo antes de extender su mano para estrecharla.
La muchacha hizo lo mismo, cerrando el acuerdo. El resto de la tarde concluía bien en una cita exitosa con un trato prometedor. Alrededor de las siete Tomoe y Nanami caminaron a paso lento hacia la casa muy incómodos pensando en lo interrogados que serían al llegar por los demás.
[…]
Kirihito descansaba sobre su cama con la vista hacia el techo pensando qué fechoría le podría estar haciendo Tomoe a Momozono. El agradable silencio lo mantenía calmado, aunque sin esperarlo una de las sirvientas de su casa tocó a su puerta. Muy amablemente le permitió entrar, aunque lo que se le informó no parecía ser de su gusto.
—La señorita Kayako lo espera en la sala.
Se levantó de su cama con una expresión depresiva, si había alguien que no quería ver en ese momento era su problemática y celosa ex novia. Aunque algo en su interior le hizo bajar, tenía el leve presentimiento de que debía hacerlo. Cuando llegó a la sala se encontró con la muchacha que lucía algo incómoda y a su lado, Yukiji con la misma expresión. Se acercó a ambas con una ceja hacia arriba sin entender lo que estaba sucediendo.
—Bien. Me toman por sorpresa…
—Escucha, mi amiga quiere hablar de un tema de interés contigo —dijo Kayako, evitando que Kirihito comenzara con sus bromas de mal gusto.
El muchacho guardó silencio y observó a Yukiji, concentrado.
—Sé que mueres por Nanami, cosa que no entendemos —se miró con Kayako de forma sarcástica—. Iré al grano, hagamos un trato que nos beneficie a ambos, así yo podré quedarme con Tomoe.
Kirihito se cruzó de brazos mientras ambas chicas esperaban una respuesta concreta. Lo siguiente fue una enorme carcajada por parte del moreno, desconcertándolas a las dos.
— ¿Crees que te necesito para conseguir a Momozono? No seas tonta —respondió a Yukiji— Sobre Tomoe, solo tienes que ser más osada.
—No me entregaré como un trozo de carne —se negó.
—Pues entonces vas a perder —insistió Mori —Debe dolerte, pero Nanami no necesita hacer esas cosas para tener la atención de muchos chicos…
— ¿Puedes ser más amable con mi amiga? —se metió Kayako un tanto molesta por el trato que le daba su ex novio.
El joven refunfuñó ya aburrido de la presencia de ambas, sin embargo, Yukiji no pretendía irse aún.
—Sé que temes que Tomoe se quede con Nanami, no seas idiota. Si no unes fuerzas conmigo vas a perder tú, te lo aseguro, yo podría sacarlo del camino y tú serías el pañuelo de lágrimas —dijo la muchacha fingiendo voz trágica.
Pasaron unos segundos para que Kirihito lo pensara mejor. Ultimamente Tomoe estaba representando un grave peligro para sus objetivos, cada vez más cerca de Nanami. De tan solo pensar en ambos le ponía la sangre a hervir. Quizás hacer un trato con las chicas no era tan mala idea, como matar dos pájaros de un tiro. Con su amigo en el camino había logrado avanzar al menos un poco para acercarse a Momozono y sin él merodeando sería más beneficioso. Rascó su cabeza y lo pensó un poco más, sabía que si era descubierto la castaña lo odiaría de por vida, aunque se sentía dispuesto a correr el riesgo. Le descolocaba pensar lo mucho que le atraía, hasta el punto de hacerlo tomar decisiones inmaduras.
—Bien, tú ganas. Es un trato —Kirihito estrechó su mano con la de Yukiji mientras Kayako sonreía satisfecha, aunque muy en el fondo aún sentía algo por el muchacho.
—Sabía que entenderías, ya verás que pronto la situación se pondrá de nuestro lado —le aseguró Yukiji, para luego comenzar a contarle lo que tenía planeado. El joven pidió unas bebidas y se acomodaron a hablar del tema los tres.
Continuará…
¡AL FIN LIBRE!
Terminé con todos mis exámenes así que tengo tiempo de sobra, lamento haberles hecho esperar tanto. Sé lo molesto que es esperar por una actualización pero lamentablemente la vida de estudiante es algo compleja en estas fechas XD, pero no me olvido del fic ni de ustedes. Traté de responderle a cada uno, para los que escriben sin cuenta no me queda más que decirles GRACIAS, LOS QUIERO, SON GRANDES pues con sus lindos mensajes me motivo a seguir con esto, y bueno eso va para todos los que se dan el tiempo. Ahora que me desocupé podré actualizar más seguido, así que puedo decir con certeza que nos leemos pronto.
¡Saludos y Abrazos a todos!
Kaya.
