Digimon no es mío. ¿Saben si lo fuera? Me encerraría en una habitación con TK a hacerle cosas que solo Dios sabría :D
Advertencias: Universo Alterno
Mejor que las drogas
Dolor
Al momento en que dejaron el establecimiento, TK cayó en la realidad: no podía llevar a Kari al hospital, él no estaba en todas sus facultades… por no decir que estaba levemente perdido a causa de la droga que había ingerido minutos antes.
Había tomado a su amiga en brazos y cruzado hasta la casa de su amigo Ken entrando por la puerta trasera, la cual siempre estaba abierta.
Kari no estaba inconsciente pero en su rostro se notaba la incomodidad y el dolor que sentía. No quería dejarla en el suelo, estaba seguro que caería por el mareo del golpe.
Inmediatamente luego de que la acostó en la cama de Ken, una figura entró por la puerta hecha una fiera. Y realmente… daba miedo.
- ¡¿Qué le paso a mi hermana, maldición? – gritó Tai, sujetando a TK por la remera con fuerza. No le importaba que fuera el maldito capo de la droga de Odaiba y que todo mundo le temiera, era SU hermanita la que estaba herida y creía haber escuchado que había sido por SU culpa. Si eso fuera verdad… ah, no podía describir exactamente en qué estado terminaría TK o, en todo caso, quien sea que fuera el culpable.
- S-se ha golpeado la cabeza, no es nada g-grave, Tai… - respondió Takeru a duras penas, la presión que estaba ejerciendo su amigo le estaba cortando la respiración; pero no pensaba soltarse, se lo merecía.
- Taichi, suelta ya a mi hermano – exigió Matt entrando segundos más tarde y dirigiéndose directamente a separar el foco de pelea que estaba por formarse; por lo menos no por parte de TK pero Tai… era capaz de matar a cualquiera que dañara de alguna forma a su hermana.
- Tai – murmuró Kari incorporándose en la cama, sujetándose la cabeza con las dos manos – Suéltalo, estoy bien… - aunque se notaba a kilómetros de distancia que no era así.
Como acto reflejo, las manos del Yagami apartaron al rubio de su camino y se acercó a su familiar.
- ¿Te duele mucho? Puedo llevarte al hospital… - Tai pronunciaba las palabras con una ternura nunca vista en él. Sorprendió enormemente a Matt y TK, sin contar a Cody, Joe e Izzy quienes aparecieron al enterarse del revuelo.
- Sabes que no puedes – replicó Cody desde la puerta.
Taichi lo pensó y maldijo en voz baja. Era verdad, no podía. Miró a cada uno dentro del cuarto y pensó en cual no estaría tan drogado como para llevar a atender a Hikari pero no encontró a ninguno apto. Incluso, se descartó a él mismo.
- En serio, Tai… no me duele mucho… - continuó la chica, intentando convencerlo – Solo… quiero ir a casa…
El moreno asintió y volvió la vista a Matt, quien metió la mano derecha dentro de su campera.
- Yo los llevo, vamos.
Taichi sujetó con fuerza el cuerpo de su hermana y ella se acurrucó contra su pecho, tal y como hacía cuando eran más pequeños y él quería demostrarle cuan fuerte era. Qué tiempos aquellos.
- Quiero ir – fue la firme afirmación de TK.
- No – la respuesta de Tai fue aún más invariable que la del otro. Ya suficiente había hecho.
Y, sin decirle más, las tres personas salieron de la casa dejando a cuatro en silencio.
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- En serio, Tai, no me duele y no fue culpa de TK ¿quieres parar ya de insultarlo? – pedía Kari sin moverse de su posición nupcial entre los brazos de su hermano pero harta de los comentarios hirientes hacia su amigo rubio. No sabía qué razón había llevado a Takeru a reaccionar como lo había hecho pero, en esos dos meses en que mínimamente lo había conocido, había entendido que no saltaría así por cualquier cosa. Luego lo averiguaría, por ahora solo quería tomar una aspirina para que se le pasara el dolor de cabeza y dormir, a lo sumo, unas 32 horas.
- Ese idiota… no me importa que se pelee con todo el mundo pero que no te involucre en sus golpes… - continuaba despotricando el moreno.
- ¿Sabes porque comenzó a golpearlo? – inquirió Matt desde el asiento del conductor, observándolos por el espejo retrovisor.
Hikari negó con la cabeza logrando solo que la molesta puntada de dolor se incrustara en su cráneo.
- Bueno, no es raro… TK siempre fue peleador, como nadie se anima con él en una pelea, le encanta provocarlas… aunque me llama un poco la atención que fuera con un chico con el cual nunca había tenido problemas, no creo que sepa cómo se llama siquiera… - Yamato fue sacando conclusiones en voz alta mientras cruzaba las calles con tranquilidad. Si bien ya eran altas horas de la noche, nunca se podía saber si aparecerían dos locos corriendo picadas en el medio de la ciudad o si encontrarían a algún muchacho alcoholizado. – ¿Puedo preguntar… que estabas haciendo con ese chico, Kari?
- Solo hablaba, cursó tres años de secundaria conmigo, luego dejó la escuela para trabajar con su padre.
- No, no me refiero a quien era, dime las acciones… ¿Qué estaban haciendo?
- Eso Matt – insistió ella – Solo hablando, riendo, él estaba tomando cerveza. Yo quise sacar mis cigarrillos y él me ofreció del que tenía…
Los sentidos se ambos adolescentes se dispararon y volvieron la vista a la muchacha, quien se sintió intimidada ante la repentina atención.
- ¿Y tú lo aceptaste?
- Sí.
- ¿Y TK te vio?
- No se…
- ¡Por eso estaba furioso! Kari, lo que probaste era marihuana.
La Yagami se alejó del cuerpo de su hermano sin quitar la vista del rubio Ishida. ¿Qué demonios…?
- ¿De qué mierda hablas?
- Te ahogaste cuando lo fumaste, ¿verdad?
- Sí…
- Ahora entiendo porqué TK estaba así. Él sabía lo que era, por eso reaccionó así… para él era un desconocido dándole droga a su amiga…
La castaña perdió el habla por un par de segundos. Ambos varones se abstuvieron de pensar cualquier cosa. ¿Qué estaría pasando por su mente? Tal vez tenía alguna pregunta, duda… nunca esperaron escuchar un:
- Él la conoce muy bien, ¿verdad?
El corazón de Tai se detuvo al escuchar eso. Matt estacionó el auto frente a la casa Yagami y suspiró chocando su frente con el volante. No quería ser él quien lo dijera, todavía alojaba la esperanza de que TK juntara valor y le contara de sus problemas y negocios con la droga, pero… parecía que no iba a ser así.
- Sí – respondió girándose para enfrentar la mirada neutra que le regalaba Kari. – Desde hace un largo tiempo…
Tras un lento asentimiento, la mente de Hikari comenzó a divagar.
Así que… sí era verdad. Siempre había sido verdad… Qué bien le había mentido, cuantas falsedades en las cosas que le había hecho creer… ¿Acaso todo había sido una mentira? Su buena onda, su amistad, sus ratos juntos, las cosas que hablaban… ¿Qué había sido verdad? ¿Qué había sido inventado? ¿Podría volver a creerle? ¿Podría volver a verlo como un "amigo"?
Lamentablemente, las lágrimas inundaron sus ojos. Pensar que lo único que ella había considerado como felicidad en esos últimos dos meses… podía ser una mentira era… demasiado doloroso. Aún más que el pensamiento que invadía su cabeza desde hacía unas semanas.
Ya que se confesarían algunas cosas, era mejor aclarar otras…
- Ustedes… - siguió Kari, con las lágrimas ya resbalándoles por la mejilla y la voz entrecortada – Ustedes también la conocen bien ¿cierto?
La mano de Tai se cerró alrededor de la de ella y su masculino rostro se escondió en su delicado cuello… avergonzado. Siempre había evitado el pensamiento de qué diría su hermana cuando se enterara… había hecho mal, ahora no sabía qué demonios decir ni que mierda hacer.
- También – replicó Yamato al ver que el peor miedo de su reciente mejor amigo se volvió realidad, dejándolo sin habla.
Kari volvió a asentir, intentando aguantar el llanto. ¿Todos se habían puesto en contra para ocultárselo? Al demonio todo.
Con tranquilidad alejó la cabeza de su hermano de su cuello y soltó su mano utilizando bastante fuerza, ya que Tai no quería dejarla ir. En silencio se bajó del auto y entró a su casa con la llave que siempre dejaban escondida debajo de la alfombra de la puerta de entrada. No esperó que el otro Yagami entrara sino que cerró la puerta con seguro y la tiró sobre la mesa del comedor. Arrastró sus pies por pequeño corredor hasta llegar a su oscura habitación. La cama. Era el único lugar en el mundo que anhelaba en ese momento.
Al momento en que su cuerpo chocó con la superficie mullida del colchón, abrazó su suave almohada y escondió su rostro en ella para echar a llorar con desesperación contenida.
¿Por qué la vida tenía que ser así?
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:O
Y ahora? Que sucederá? Chan channnn :)
Dejen reviews amigos :D
¡Besos enormes!
Hikari x Takeru
