Cohete a la Luna

Capítulo Diez

Arnold va hacia Arriba


...

Un par de ojos cafés siguieron a Arnold mientras salía de la oficina de Greg, carpeta en mano, y se dirigía a su lugar. La chica soltó un resoplido. 'Ahí va, el nuevo favorito de los jefes'. Deb y Greg estaban encantados con él; con sus conocimientos y su disposición. Daphne se burló de nuevo cuando el joven de corto cabello rubio llegó a su escritorio y se inclinó para buscar algo entre sus cosas.

Era increíble cómo la percepción general del chico había cambiado. Él, quien vino a Mueller hacía cuatro meses, una semana después que el resto de los recién contratados, trayendo consigo la ignominiosa fama de haber renunciado a su previo empleo por causa de ideales anticuados, y que había terminado haciendo trabajo voluntario en algún momento de su vida, le había dado la vuelta a la tortilla y ahora era obvio que él estaba destinado a más grandes y mejores cosas. Arnold era ahora parte del círculo más cercano de Deborah; tomaba parte en las reuniones semanales del Departamento y hacía trabajos especiales.

Se rumoraba que su cercanía con uno de los más altos ejecutivos e inversionista minoritario de la empresa tenía mucho que ver con ello, pero Daphne sabía que no era así. Sabía que si ese fuera el caso Arnold habría hecho su movimiento antes. También sabía que Helga Pataki no sabía que él trabajaba allí, sino hasta después de un tiempo; ella lo había escuchado de la misma rubia una vez que la oyó hablando con Grace.

Daphne se volvió a ver a su compañero de nuevo, quien seguía buscando en su escritorio. Mantuvo sus ojos en él, mirándolo fijamente. Arnold no era tan alto, pero estaba bien formado, aunque no era demasiado musculoso. El traje gris que llevaba le venía ajustado en sus brazos, lo que hacía obvio que se ejercitaba. No estaba nada mal, Daphne pensó de nuevo, silbando dentro de su cabeza, recargándose en su flexible asiento para admirar su espalda y trasero mientras él se movía para dirigirse a la oficina de Greg de nuevo.

A este ritmo estaría a cargo de un equipo de trabajo muy pronto. Su novia debía sentirse muy orgullosa - pensó con desdén - Claire, la muy hipócrita. Actuaba como si fuera la reina de los desamparados; la más virtuosa de las novias, pero en realidad no era más que una perra manipuladora. Nunca seguía su camino sin tomar ventaja de cualquier situación que se le atravesara.

Claire podía ser vista de vez en cuando en la oficina debido a sus asuntos con el Departamento de Asistencia Social. Por supuesto, subía al piso 29 también, para demostrarles a todos que ese prodigio rubio llamado Arnold era suyo y sólo suyo; y por supuesto, para echar un vistazo a los alrededores y absorber todo lo que pudiera, algo que para ella parecía nunca ser suficiente.

Daphne gruñó entonces. ¿Cómo desearía que su buena estrella decayera; que Arnold conociera a otra chica y la dejara pero eso no parecía muy probable. Arnold parecía inmune a los encantos de las chicas más guapas de por aquí y su única debilidad parecía ser Helga, quien también venía a visitarlo a su lugar de trabajo de vez en cuando. Pero Helga no estaba interesada en él. Además Helga era el punto débil de un montón de hombres alrededor, Henry incluido. Ese viejo jefe que siempre estaba exigiendo su atención, incluso cuando hubiera más gente alrededor.

La joven abogada solía despreciar a las perras en general. A dondequiera que iba siempre había semejantes especímenes alrededor. La oficina no era la excepción. Pero ella sabía que había "perras" y "Perras", y Helga estaba entre éstas últimas. No cualquiera podía pasar de ser una simple asistente a la C-suite en un lustro, y mucho menos robarse el corazón del jefe. No, Helga no era 'cualquier perra', sino 'La Perra', alguien digna de imitar. Ella era admirada y odiada a la vez. Los hombres la miraban con respeto; admiraban su cerebro, su ingenio y su físico; y las chicas... las chicas eran más complicadas...

Las chicas la admiraban por el poder que tenía; por el lugar que se había ganado con sus propios méritos, y por – después de todo - su simpatía. Pero también la odiaban y las razones detrás de ese odio eran más diversas.

La odiaban porque una mujer exitosa siempre era odiada. La odiaban porque era malvada - ¿o de qué otra manera podía ser llamada cuando aceptaba las atenciones de Henry ahora cuando la difunta señora Mueller la había amado como a una hija en el pasado? Eso era inmoral. Pero eso no era todo...

Increíblemente, la razón detrás del mayor odio que recibía provenía de las chicas que la odiaban porque era un dolor en el trasero para Dick; y el trasero de Dick era una de las cosas más admiradas y deseadas en todo el edificio y en gran parte de Midtown.

Daphne sacudió la cabeza. A veces su mente no podía procesar todo eso. Muy bien, ella admitía que el aceptar las atenciones de Henry cuando se había estado en estrecha amistad con su difunta esposa era perverso; pero también entendía que Henry estaba vivo y era un hombre con necesidades; un hombre todavía atractivo que además era riquísimo. No podía culpar a Helga cuando ella, y la mayoría de las mujeres que conocía, actuarían de la misma manera. Esas eran simplemente demasiadas cualidades en un hombre para ser ignoradas. Tantas que se podía pasar por alto fácilmente sus defectos, tales como haber conocido a su mujer, su edad y una más que posible falta de vivacidad en la cama. Era su elección después de todo; su elección y la elección de algunas otras mujeres que compartían su cama, según se rumoraba.

Hablando de raro, Daphne rodó los ojos.

Y en cuanto a Dick, bueno, para su mucho pesar, él tenía que vivir con ello; con el riesgo constante que la existencia de Helga significaba para su futuro. Él debía rogar a los cielos para que Helga no quedara embarazada con el hijo de Henry, porque si lo hiciera él tendría que decir adiós no sólo a sus esperanzas de ser su sucesor, sino también su heredero. Pobre Dick, pensó la chica, el joven no lo tenía nada fácil.

Hablando de Dick, Daphne tenía que aceptar que a pesar del desdén que demostraba ella no era completamente inmune a sus encantos, pero para ser sincera como que le tenía un poco de miedo. Admitía que era guapo, aunque la definición de guapo no encajaba en él por completo. Era alto, delgado, atlético, pero su presencia era más ominosa que placentera. Sus encantos venían más de su latente masculinidad que de su guapura.

'Apenas veo a Dick y todo el estrógeno se me alborota. No puedo pensar con claridad'. Solía decir Nadia, la chica que se sentaba a su lado. Daphne respondía con una mueca 'Lo bueno es que no ves su pito o estarías perdida.' Nadia se sonrojaba y luego se echaba a reír nerviosamente.

Daphne estaba segura de Nadia no era el única que reaccionaba de esa manera a la cercanía del Heredero. Ya había sido testigo de que muchas chicas se ruborizaban furiosamente ante su presencia; se reían como adolescentes estúpidas, algo que el joven antes mencionado solía ignorar; y sin embargo, a veces parecía divertirse a sus costillas, disfrutaba viendo su predicamento, incluso a veces lo agitaba, pero eso era todo. Dick nunca salía con empleadas. Sus citas solían ser gente de afuera; mujeres jóvenes extremadamente atractivas casi siempre; chicas ricas por supuesto.

Daphne se volvió a ver a su compañero de trabajo otra vez cuando salió de la habitación, se dirigió a su escritorio donde hurgó por un rato. Finalmente se enderezó, cogió una pila de carpetas y comenzó a moverse de nuevo, hacia ella, en su camino hacia la escalera. La chica se volvió hacia su propio escritorio mientras el rubio se acercaba, y luego levantó la vista casualmente. Él le sonrió y ella le devolvió la sonrisa cortésmente; luego avanzó hasta el final del pasillo, abrió la puerta y desapareció detrás de ella. Iba, sin duda, hacia arriba a ver a la jefa de todos ellos.


X X X

Arnold abrió la puerta y se encontró con el piso decorado en rojo y negro que ya había llegado a conocer de memoria. Una Sala de Reuniones era la primera puerta a la derecha; a continuación estaba la oficina de Deb, la de Helga, la de Henry, que estaba situada en el fondo; la Sala de Juntas del Consejo era la siguiente, a la izquierda; luego la oficina de Dick. Luego había un salón de descanso; la sala de café y un almacén, todo rodeando la sala donde se encontraban las secretarias.

Habían pasado cuatro meses desde que comenzó a trabajar para Mueller y podía decirse que estaba feliz. Resultó que Helga había tenido razón; Mueller era un buen lugar para estar, a pesar de todo el chismerío. Él sabía que sólo debía tener cuidado, la gente siempre estaba observándolo todo. Incluso acababa de presenciar a Daphne haciendo lo que hacía mejor antes de dejar el piso 29.

Arnold saludó a las chicas y le sonrió a la secretaria de Deb cuando pasó por su escritorio.

"Deb está en la oficina de Dick," ella pronunció antes de que llamara a la puerta "Pero puedes pasar y esperar ahí adentro."

"Gracias," Arnold asintió, siguiendo adelante, pero luego hizo un alto y se dio la vuelta "Pensé que Dick estaba en Brasil"

"Regresó ayer por la noche," la mujer informó "Pero me temo que se nos va de nuevo." Abrió los ojos y dejó escapar una sonrisa de simpatía. "Tan pronto como la próxima semana."

"¿A la India?" -preguntó Arnold, recordando a Helga burlándose de él hacía algunos meses.

"Sí, a la India." Confirmó con un tono que casi decía: 'Pobre Dick,' al final.

'Pobre Dick de hecho' Arnold pensó.

Tan poco como su trabajo tenía que ver con el de Dick – o con el de Helga en cualquier caso- él podía decir que los altos ejecutivos no la tenían fácil. Incluso la carga de trabajo de Deb era intensa y ella no tenía que viajar la mitad del tiempo como lo hacían sus pares. Su trabajo consistía en asistir a los tribunales y proteger a Mueller Enterprises previniendo problemas de cualquier índole. Pero Helga y Dick viajaban mucho para mantener a la empresa funcionando al máximo; probablemente pasaban más noches en habitaciones de hotel que en sus propias camas. Helga había estado fuera la mayor parte del mes pasado y acababa de volver la semana pasada. Dick pasó las últimas tres semanas en Brasil. Ahora él se dirigiría a la India por probablemente una cantidad similar de tiempo.

Si no fuera porque ya lo sabía, en sus inicios en Mueller Arnold pudiera pensar que la gente simplemente andaba por ahí para que él la conociera, pero ahora estaba más consciente del trabajo que cada quien hacía, y de los acontecimientos de la empresa en general.

Para empezar, Mueller había comprado dos de las tres empresas propuestas por Helga en mayo pasado. Dick y su equipo estaban viajando para hacerse cargo de ellas. Helga lo había hecho ya, financieramente hablando. Ahora Helga viajaba en sus viajes ordinarios para mantener el control del imperio – según le había dicho ella misma - dando de capital importancia a los focos rojos del Conglomerado; haciendo acto de presencia para que la gente de todo el mundo tuviera siempre fresco en sus mentes que tenían un jefe que esperaba lo mejor de ellos.

Dick, en cambio, salía a tomar bajo su mando las nuevas posesiones; su equipo era más agresivo. Arnold imaginaba que la gente en el extranjero los veía como una horda de salvajes y rubios sajones que llegaba a avasallarlos y apoderarse del mundo que conocían.

La verdad es que poca diferencia con esos viejos cuentos esos viajes tenían. Él en realidad iba a subyugar, cortar cabezas, y poner un nuevo gerente, un cónsul satélite, alguien que le fuera leal. Luego veía lo que estaban haciendo, cómo lo hacían y cambiaba todo lo que era necesario ser cambiado según su criterio.

Visto desde lejos, en realidad parecía una especie de terrorismo. Arnold había visto esas situaciones suceder antes; el miedo y la inestabilidad causada cuando una empresa cambiaba de dueños. Tenía que ser algo con lo que era difícil lidiar, pero Dick y su equipo parecían disfrutarlo.

Arnold se sentó y puso sus papeles sobre el escritorio; los comprobó de nuevo, para asegurarse que los informes estuvieran completos. Deb parecía satisfecha con su progreso y el propio Arnold se sentía bien. Sabía que Greg también lo apreciaba. Exhaló.

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Sus pensamientos volvieron a la llamada que había recibido temprano del Departamento de Recursos Humanos. El jefe le había llamado directamente, pidiéndole una cita para las 4:45. Arnold frunció el ceño. No tenía ni idea de por qué querían verlo. No quería a preocuparse, pero... ¿Estaba en problemas? ¿Era algo que tenía que ver con sus papeles? ¿Habían obtenido alguna mala referencia de él, de su trabajo anterior?

Incluso cuando sabía que no tenía sentido preocuparse no podía evitarlo. Realmente se sentía a gusto aquí; estaba llegando a amar a su trabajo; no había nada no ético en el tipo de trabajo que estaba haciendo - incluso cuando en el fondo todo se trataba de dinero y de crecimiento.

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"¿Cuál es el problema con que todo se trate de 'dinero' al final?" Helga le había preguntado una tarde que lo invitó a su oficina; se habían topado el uno con el otro en el piso 30. "Esto es una empresa después de todo, Arnold. A pesar de todas las filosofías bonitas que hay por ahí, el propósito de su creación es maximizar los beneficios."

"Bueno, cuando piensas en la cantidad de dinero que una empresa como ésta maneja no puedes dejar de pensar que es... indecente."

"¿Indecente?!" ella tiró la carcajada "¿Y te ruborizas cuando lo dices?" lo miró con diversión "Mueller no es nada comparado con otras empresas, Arnold; somos menos que una mosca. Hay miles de empresas mucho más grandes que nosotros y me pregunto por qué tú -o cualquier otra persona - espera que sintamos vergüenza porque somos productivos, porque ganamos dinero; un montón de dinero, por cierto. También creamos empleos. ¿También esperas que sintamos vergüenza porque creamos empleos? Hay más de setenta mil personas en todo el mundo que trabajan en una empresa con la M de Mueller en sus letreros y puertas de entrada? Quiero decir setenta mil empleos directos. Esos son miles de padres, madres, chicos y chicas como tú y yo a quienes Mueller ofrece un trabajo que les permite vivir 'decentemente'.

"Pero eso es demasiado dinero para un pequeño grupo de personas?

"¿Qué pequeño grupo de personas?" ella se burló otra vez "¿Los setenta y cuatro mil empleados?

"No, no los empleados, ¡Los propietarios!"

"Los propietarios, ¿eh? ¿Tienes idea de cuántos propietarios estás hablando?"

"Bueno, Henry, Dick, tú y un par más..."

"¿Por qué estamos hablando de esto?" -se preguntó en voz alta "No hay 'un par más'... Hay... vamos a ver," ella empezó a contar con los dedos. "Es Henry... Jerry, Glen... luego Brenda, Fred y Mathias y su hermano, quienes no forman parte del Consejo; luego Dick y yo... la familia Charles... la familia Monroe, los Lowes, - y luego están los cientos de compradores de acciones que no tienen una cara identificable..."

"Está bien, lo entiendo", él levantó sus manos, "Aun así es un pequeño grupo de gente"

Helga rodó los ojos

"Donamos una buena parte de lo que ganamos..."

"¿Cuánto? ¿Unos cuantos miles que ayudan a comprar gafas para un distrito escolar?"

Helga sonrió, pero sus ojos lo observaron con algo que parecía compasión.

"Supongo que no puedo quitar de tu mente esos prejuicios", exhaló "pero te estás poniendo en vergüenza, Arnold."

"¿Yo?" replicó con desdén.

"Tú, ¿Quién más?... Pero no te preocupes," le guiñó un ojo "Muy pronto habrá una Fundación que sería propietaria también. ¿Seremos buenos entonces? ¿Conseguiremos tu perdón?"

"¿Cómo te convertiste en accionista?" siguió, ignorando su burla.

Su mirada se volvió curiosa entonces.

"A veces te pareces tanto al Arnold de antes; a ese terco y obstinado niño..."

Arnold frunció el ceño. Él ya se había dado cuenta. Se estaba convirtiendo en su viejo yo. No sabía por qué, pero desde el día en que se reunió con ella para el almuerzo una gran parte del viejo Arnold había aflorado. En algunos aspectos se sentía como un niño otra vez; terco, temerario, con el corazón lleno de emoción y entusiasmo. No se había sentido así en mucho tiempo. Se preguntaba si tenía algo que ver con Helga, con que estuviera cerca de nuevo; porque, sin consideraciones a lo que pensó cuando la vio de nuevo, esta Helga era la vieja Helga: la que estaba siempre retándolo, la que desdeñaba sus logros y sus creencias, la que lo hacía sentirse inadecuado, aun cuando no había dicho ni una palabra, y actuaba toda formal, y lo más que se permitía era mirarlo -como en este momento - con conmiseración.

Porque si iba a ser sincero tenía que admitir que era él quien ponía a prueba su paciencia con todos esos cuestionamientos absurdos; y ella nunca perdía su buena disposición a pesar de que él estaba, de hecho, exhibiendo prejuicios y una grandeza moral que no le correspondían.

"No vas a hacerme sentir culpable por ser quien soy, Arnold. Por tener una mejor vida que la mayoría de las personas. He trabajado duro y me lo he ganado. Tomé riesgos y recibí golpes y recompensas por igual..."

Arnold había soltado un resoplido burlón en ese entonces, pero a medida que pasaban los días se daba cuenta de que ella tenía razón. Al verla a ella, o a Henry en cualquier caso, o a Deb, haciendo las cosas a su manera se dio cuenta de Helga sabía de lo que hablaba. No tenían todos la misma recompensa. No podía ser. Sería injusto. Si los riesgos que Henry tomaba eran más grandes era lógico esperar que sus recompensas -o fracasos- fueran proporcionales. Él mismo era una prueba viviente de ello; él fue un estudiante comprometido, y había sido un empleado diligente también. Había merecido los honores y reconocimientos que había recibido en su carrera y que otros estudiantes o empleados no tuvieron. Y no había ninguna vergüenza en ello. ¿Por qué era tan difícil de aceptar? Las personas que pensaban en grande, que tomaban riesgos, que ponían más esfuerzo, obtenían mejores premios. Su orgullo estaba justificado. ¿Por qué la gente los cuestionaba? Ellos se habían puesto en la línea de fuego. No había ninguna vergüenza en ello.

Algunas caras vinieron a su mente entonces. Sus maestros, algunos ex jefes, políticos, personalidades públicas, Mr. Presidente, Assange, La Madre Teresa... Henry... deslizando furtivamente su brazo en la cintura de Helga...

"Arnold – ya estás aquí!" La voz de Deb lo sacó de su contemplación. Él reprimió una sacudida de cabeza, - y el torbellino de emociones dentro de su estómago.

"Sí. Me temo que llegue temprano."

"No, estuviste a tiempo." Ella desestimó sus palabras "Reunirme con Dick no estaba en mi agenda. Lo que me hace darme cuenta de que tú, de hecho, estás bastante a tiempo..." murmuró, pero luego se detuvo. Arnold no preguntó más. Ya estaba acostumbrado a sus susurros incomprensibles. Continuó mostrándole los avances de los casos que habían estado trabajando últimamente.

Arnold se dio cuenta de que a medida que checaban cada expediente, ella iba poniéndolos a un lado en lugar de devolvérselos como solía hacer. Frunció el ceño; su acción trajo de vuelta a su mente su próxima cita con RH en el piso 26. Se sentía muy poco prometedora ahora. Se preguntó si debía preguntarle al respecto. ¿O debería ir en busca de Helga por información?

Helga... esta mañana se veía deslumbrante en un vestido blanco que hizo que todas las cabezas se volvieran en su dirección. Era sólo un vestido. No tenía escote bajo, ni era demasiado corto. Eran sólo ella y su vestido. Lucía competente, lucía hermosa, feliz... lucía satisfecha.

Arnold vio Deb asintiendo mientras leía su informe en el último archivo.

"Muy bien", ella pronunció demasiado ceremoniosamente para gusto de Arnold cuando cerró el archivo y lo puso en la parte superior del montón. "Ya no eres responsable de esto. Vamos a hablar de tu futuro."

La sangre de Arnold se fue a sus pies. Estaba seguro de que palideció visiblemente.

"¿Mi futuro?" dejó escapar una risa débil. "¿Vas a despedirme?" añadió, tratando de mostrar que no le afectaba

"¿Despedirte?!" Deb alzó las cejas, sorprendida "¿Por qué habría de hacer eso?"

"Recursos Humanos me llamó..."

"Ah – eso" ella sonrió, luego sacudió la cabeza con indolencia "No, eso es un... formalismo. No es mi asunto, sin embargo. No puedo hablar de eso. Tienes que esperar a reunirte con Frank..."

"¿Por qué no me lo puedes decir?"

"Porque involucra algunos… aspectos que sólo competen a Recursos Humanos." Ella lo miró fijamente "¿Estás preocupado?" -preguntó "porque no tienes nada que temer. Tu posición en la empresa no está comprometida..."

"¿Estás segura?" se inclinó hacia adelante "Quiero decir, si la empresa no me necesita yo ..."

"Ese no es el caso, Arnold. De hecho tengo que admitir que también fui convocada... Y me doy cuenta de que te puede afectar en cierta medida, de hecho… afectar tu..." se interrumpió "Mejor me detengo. No tengo autorización." Exhaló "En su lugar, voy a decirte..."

"¿Es tan serio?"

"Increíblemente, cosas como ésas necesariamente lo son."

"¿Tiene algo que ver con Helga?"

"¿Con Helga? ... No, en absoluto," ella frunció el ceño, buscando en su rostro con interés "Tú no tienes nada que ver con Helga, ¿verdad?" una sonrisa burlona apareció en su rostro "Ese… asunto... entre ustedes fue cosa de niños, ¿no?"

"No hubo ningún asunto entre nosotros," Arnold respondió con un bufido, ocultando sus ojos de ella.

"Oh, es cierto. Era sólo Helga la que estaba loca por ti, ¿verdad? No al revés."

"Yo..."

"No te preocupes," se encogió de hombros, volviéndose hacia su escritorio de nuevo para abrir una de sus propias carpetas. Una pequeña sonrisa todavía adornaba su rostro. "No tiene nada que ver con Helga. Y siendo que no es de mi incumbencia no digo más." Hizo una pausa "Pero esto, de hecho, sí es de mi incumbencia y me temo que vamos a tener que arreglárnoslas sin ti por algún tiempo..." "¿Qué?" Arnold quiso preguntar pero Deb continuó sin detenerse. "Tomate un par de días para prepararte. Necesito que estés al día con las últimas políticas y regulaciones porque la semana que viene te vas a la India."

"¿Con Dick?" Deb asintió. "¿Qué pasa con Ralph?"

"Sabes que Ralph acaba de regresar de Brasil," Arnold asintió. "Acaba de pedir un permiso. Al parecer que está teniendo... problemas que no son asunto nuestro." Ella lo miró "Me dijiste que no tenías problemas con viajar, ¿verdad?"

"S... sí, por supuesto," asintió.

"Bien. Espero que tu novia sea comprensiva." Deb sonrió

"No debería ser un problema." Arnold le aseguró.

"Así lo espero." Ella exhaló "Bueno, ya sabes que la biblioteca se encuentra en la planta 28, por la Sala de Reuniones. Creo que todo lo que necesitas está allí, si no, me puedes pedir a mí o al Departamento de Compras lo que necesites. Se lo diré a Dick ahora mismo. Dick acostumbra... discutir estrategias de antemano. Necesitas estar presente en sus reuniones para tomar nota y prevenir sorpresas; para saber de qué se trata todo y... creo que eso es todo". Deb terminó su rápido discurso con una larga inhalación.

"¿Cuál es mi misión en el equipo?" Arnold tenía una idea ya, pero quería aclarar las cosas antes de embarcarse en esta aventura.

"Consultor, asesor. Dick propone su plan. Tú le dices lo que se puede hacer, lo que no, y lo que podría hacerse para arreglar los nos. Ese es tu principal trabajo allí."

"¿Se puede hacer eso a Dick?" Arnold preguntó con una sonrisa cautelosa.

Deb dejó escapar una risa "Por supuesto que sí. Dick no es el ogro que ustedes creen. Sólo necesitas..." hizo una pausa, recostándose en su silla y mirando al techo "Mira... Dick es..."

"¿Difícil?"

"Yo diría que especial. Mi consejo es que plantes tus pies firmemente en el suelo y no te dejes intimidar. Sé conciso, no vaciles y él lo entenderá. Confío en ti."

"¿Él lo entenderá?" Arnold levantó una ceja.

"Tú eres un hombre inteligente, Arnold. Dick es un hombre inteligente también. No encuentro otra palabra para describirlo... Ustedes, los hombres, tienen sus propios códigos... no sé qué otro consejo darte sin meterme demasiado en su... espacio… personal. Tienes razón. Dick puede ser difícil, pero depende de ti que las cosas funcionen".

"¿Sólo de mí? ¿No es su responsabilidad también?"

"Sé que lo que te digo parece ser una responsabilidad enorme, pero no es la gran cosa. No quiero que te predispongas contra él; no funcionaría. Yo confío en ti. He visto tu manera de tratar con la gente de aquí. Has tratado con Helga, quien también puede ser difícil a veces, durante mucho tiempo. Eres cortés y paciente... "

"Y Dick es abrasivo."

Ella hizo una pausa.

"Voy a citar a Henry aquí. 'Dick es tremendo, pero es nuestro Dick'. Es nuestro Dick, Arnold. Él va a hacer lo correcto."

'Va a hacer lo correcto...'

"¡Fácil entonces!" Arnold dijo, tal vez demasiado expresivamente, poniéndose de pie "Yo siempre trato de hacer lo correcto también."

"Estoy segura de que así es." Deb asintió como despedida y luego añadió. "¡Buena suerte con tu novia esta noche!"

"Sí - gracias" Arnold cerró la puerta recordando que iba a soltarle la noticia de su viaje esta noche. Por lo menos no iba a viajar con Helga o realmente necesitaría de esa buena suerte. Con una sensación de desasosiego en el estómago, Arnold tomó una decisión repentina y en lugar de caminar hacia las escaleras avanzó por el pasillo hacia la puerta que llevaba el nombre de Helga. Estaba necesitando un poco de dulzura después de la noticia que acababa de recibir. Él iba a estar trabajando con Dick, - y RH quería verlo.

'Vamos Arnold viejo amigo, puedes hacerlo. Sera pan comido'.

Al ver que no había secretaria en su puesto, él siguió caminando, envalentonado, y llamó a la puerta; un amortiguado 'pase' llegó desde el interior. Arnold giró el pomo, ya visualizando a una hermosa rubia con un vestido blanco que lo estaba esperando con una gran sonrisa y los brazos ya listos para envolverlo en su perfume fresco.

"¡Arnold!" Helga exclamó. Arnold se quedó helado.

"Oh, lo siento. No sabía que estabas ocupada. Tu secretaria no está aquí, así que pensé..."

"¡Oh, mira quién está aquí! ¡Es tu amiguito!" Henry se levantó de su lugar en el sofá y extendió la mano para ayudar a Helga a levantarse también. Habían estado cerca; demasiado cerca para ser casual. Arnold seguía petrificado e incapaz de hablar y permaneció allí, viendo su intercambio "Me alegro de ver que mantienes a tus amigos cerca, Edelweiss".

"Yo siempre lo hago." Helga respondió riendo como una niñita, volviendo la cara hacia arriba para encontrarse con la de Henry. El hombre dio un suave beso en la punta de la nariz y Arnold se dio la vuelta. No quería ver.

"Supongo... que vendré luego." Él encontró su voz finalmente.

"Tonterías," Henry habló alegremente "Estaba a punto de irme de todos modos." Se volvió a Helga. "Así que estarás aquí cuando vuelva, ¿verdad?"

Ella asintió con la cabeza. "Voy a estar aquí. Tengo un montón de cosas en que pensar. Pero deberías llamarme para tener el coche listo."

"No me gusta que conduzcas."

"Pero a mí me encanta conducir. Ahora vete - Quiero hablar con Arnold."

"Bueno, Arnold," Henry se volvió hacia él; una sonrisa jovial en su rostro. Arnold no lo había visto tan cerca desde hacía tiempo. Era cierto que parecía más joven que setenta y cinco. Su traje gris claro estaba tan bien cortado como siempre. Esa gentil sonrisa era tan ambigua que lucía amenazante ante los ojos de Arnold. "Es toda tuya." Dijo. Arnold se preguntó si sus ojos azules brillaron con burla cuando habló. Él asintió y murmuró algo que no recordaría un minuto después cuando Henry ya se había ido.

"Entonces," Arnold estaba todavía viendo la puerta negra cuando Helga habló. Se dio la vuelta para ver como ella se sentaba detrás del escritorio, cruzaba las piernas y se recostaba en su cómodo sillón, tocándose con un dedo los labios de color mandarina que sonrían juguetonamente. Arnold tragó saliva. Era una vista espectacular. "¿Qué hay de nuevo, viejo?"


No poseo Oye Arnold! Craig Bartlett y Viacom lo son. No poseo ninguna otra MR mencioanda aquí.

Vendré mañana a corregir faltas de ortografía y palabras pegadas otra vez. Esto es un lío!

Una disculpa porque dije mediodía y ya son las diez y media pm. :(

Gracias por leer y toda mi gratitud a quienes dejan reviews: MarHelga, Geraldine Hatch, Guest, TurquoiseGirl, Sweetsol, GRIMMM, Mimi chan, Raven Granger. Recibir su feedback es gratificante.

December 3, 2014. ¡Se nos acaba el año!